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La vibración del rostro

Manuel J. Lombardo | 11 de abril de 2016 a las 9:39

El Apocalipsis según Ferrara

Manuel J. Lombardo | 29 de marzo de 2012 a las 12:35

El cine reciente le tiene ganas al fin del mundo: El incidente, de M. Night Shyamalan, Melancolia, de Lars Von Trier, The Turin Horse, de Béla Tarr, Take Shelter, de Jeff Nichols, Contagion, de Steven Soderbergh, 4:44 Last day on Earth, de Abel Ferrara.

De todas estas películas, la de Ferrara es la que lo afronta más íntimamente y más a ras de asfalto, lejos del género, en formato de cámara, con apenas cuatro duros, dos actores y casi un único escenario.

Una pareja (Willem Dafoe y Shanyn Leigh) encerrada en su loft neoyorquino decide que la mejor manera de apaciguar la angustia es abrazarse, follar, pintar, meditar, escuchar rock, meterse (o no) la última raya o despedirse de amigos y seres queridos a través del Skype. Una terraza abierta a la calle y las pantallas (la televisión, el ordenador, el vídeoportero) son las ventanas a través de las que se comunican con el exterior. El tráfico sigue, los viandantes pasean como de costumbre. Ocasionalmente, alguien se suicida desde una escalera de incendios. Un repartidor de comida china le pide a la pareja que les deje usar su ordenador para despedirse de los suyos.

El Apocalipsis es un estado de ánimo, una silenciosa, lenta e invisible invasión de la angustia, una normalidad sorda e indiferente.

Ferrara decide explorar los cuerpos de sus intérpretes, filmar el espacio, la duración y la cotidianidad, a veces en calma, otras furiosa, de esa despedida, buscar los encadenamientos (en su cine, siempre literales, siempre sugerentes) entre las formas del exterior, entre las apariencias de un mundo en cuenta atrás, y el potencial de la lente y el montaje como herramienta para la abstracción: luces, manchas, fundidos.

Suspendida en su propio tiempo de sueño febril, metafísico e hipnótico, 4:44 Last day on Earth busca, como la mujer de la pareja, refugio en el gesto creativo, un último aliento de humanidad en el roce y la comunión de los cuerpos, pero también, ay, en las pantallas que emiten imágenes o comunican con los seres queridos.

Apenas una gran mancha verdosa, una suerte de aurora boreal fuera de sitio, anuncia en el cielo la cuenta atrás. Pronto se apagarán las luces, la electricidad y las pantallas: el blanco infinito y deslumbrante del vacío.