Archivos para el tag ‘José Luis Guerin’

Un hombre nuevo

Manuel J. Lombardo | 24 de marzo de 2013 a las 16:29

Se repone en salas la flamante copia restaurada de ‘El hombre tranquilo’, la mítica película de John Ford, editada también en Blu-ray con motivo de su 60º aniversario

Ya pueden tirar todas las copias de El hombre tranquilo (The Quiet Man) que tengan en casa, ya sean en VHS, Laserdisc, DVD o Blu-ray. Ninguna de ellas le hace justicia o respeta el formato y, sobre todo, el brillante Technicolor, del original de 1952 dirigido por John Ford, uno de los filmes más emblemáticos de la historia del cine, como bien se encargó de evocar José Luis Guerin en su hermoso ensayo documental Innisfree.

Si el DVD o el Blu-ray han acercado al cinéfilo contemporáneo hasta las películas más olvidadas o arrinconadas del canon de la Historia del cine, no siempre lo han hecho con el necesario rigor filológico que demuestre realmente un respeto por la cinematografía y sus componentes. Formatos incorrectos, copias mutiladas, colores desvaídos, doblajes infames, subtítulos poco rigurosos o ausencia flagrante de materiales adicionales, no digamos ya de carácter crítico, han sido y son constantes en la edición de DVD/Blu-ray, cuyo negocio pasa hoy por horas bajas con el crecimiento y la implantación de las plataformas de exhibición online que parecen destinadas a desterrar el fetichismo de la posesión que ha acompañado a la cinefilia en las tres últimas décadas.

Ninguna de ellas podrá competir con ediciones Blu-ray como la de The Quiet Man, que ha corrido a cargo del pequeño sello Olive gracias a la colaboración de Paramount y los herederos de John Wayne, un prodigioso trabajo de restauración y remasterización digital (con un escaneo a 4K) a partir del negativo original (un negativo triple: uno para el color verde, otro para el rojo y otro para el azul), que nos devuelve el filme de Ford, con fotografía de Winton C. Hoch, en unos tonos, unos colores, un grano, unos contrastes, unas atmósferas y unos matices que no habíamos visto hasta ahora.

Estamos, por tanto, ante una película nueva por más que nos lo sepamos de memoria, una película que nos permite ahora evadirnos de la narración, de su deliciosa historia de amor, regreso, amistad, redención y peleas de pub, para deleitarnos en esos maravillosos colores de una Irlanda idealizada y arcádica, materia cromática, visual y casi táctil que permite contrastar los escenarios naturales y los decorados de estudio, el deslumbrante pelirrojo del cabello de Maureen O’Hara, unos cielos azules de fantasía céltica, el aire que corre entre los personajes, el color de los ojos de los actores o la propia textura de los tejidos de un vestuario que parece tan vivo como hace 60 años.

Quedan ahora dos nuevas tareas en manos de nuestros empresarios cinematográficos: la primera, editar convenientemente en España este Blu-ray que hasta ahora sólo circula en el mercado internacional, con extras que incluyen un making of de 28 minutos conducido por el popular crítico Leonard Maltin y un libreto de 36 páginas con textos de Joseph McBride, autor de una de las biografías de referencia de Ford; la segunda, prolongar y expandir la brillante iniciativa de los Cines Verdi de Madrid y Barcelona, que proyectarán la copia restaurada en sus salas desde el pasado día 15 de marzo. Estoy convencido de que será un pequeño gran éxito. De no ser así, es que no queda ya esperanza alguna para la cinefilia.

 

La memoria sin dueño

Manuel J. Lombardo | 16 de abril de 2012 a las 22:23

El proyecto yourlostmemories.com pretende devolver a sus propietarios el material familiar anónimo de Super-8 encontrado por azar

Una de las aportaciones más interesantes de los pequeños dispositivos y cámaras digitales al panorama del cine contemporáneo ha sido la legitimación artística y estética de ciertos formatos que, hasta no hace mucho, circulaban en paralelo, por carreteras secundarias y marginales, a la Institución cinematográfica, cuya autopista principal ha estado siempre saturada por la ficción y sus convenciones y estructuras de producción.

La voluntad de volver a testimoniar y documentar el mundo o de inscribir el yo en un discurso elaborado con materiales propios, devolvía al cine amateur, tan viejo como el propio cine, un valor y una categoría de visibilidad que, hasta entonces, apenas trascendía el ámbito íntimo y familiar.

Aquellas películas en Super-8 de bodas, bautizos, comuniones, comidas, viajes, excursiones o reuniones familiares al alcance de unas cuantas familias o aficionados, se multiplican hoy en un archivo infinito de nuestro tiempo registrado por pequeñas cámaras, móviles, web cams o tabletas que las nuevas tecnologías digitales permite catalogar e incluso editar y manipular en prácticas de apropiacionismo.

Un título reciente de nuestra cartelera, [REC]3, extrae buena parte de su singularidad discursiva de su intento de afrontar el exploit zombi desde unos códigos de puesta en escena que simulan tantos vídeos caseros o pseudoprofesionales de boda, paradigma kitsch de la imagen-recuerdo de nuestra era, como estrategia paródica y autoconsciente para insuflar un plus de “realismo” que airee o regenere sus formas y convenciones.

Estos días teníamos noticia también de la aparición de un portal web español, yourlostmemories.com, cuyo objetivo pasa precisamente por la recuperación y la legitimación de este tipo de material casero y familiar, íntimo y privado, en un proyecto inicialmente destinado a devolver a sus propietarios o a sus protagonistas las películas anónimas encontradas en mercadillos de segunda mano o anticuarios de todo el mundo.

Más allá de su altruismo y de su voluntad solidaria, yourlostmemories.com nos interesa especialmente como incipiente gran archivo de la historia íntima de España, como gran arca virtual de imágenes perdidas, innobles y no oficiales que bien pueden devolvernos el perfil de un tiempo, unos rostros y unos lugares que, en su propia condición anónima, destilan una poesía de lo cotidiano que, unida al propio desgaste del material como consecuencia del paso del tiempo o a los modos amateur de sus gestos, desprenden un valor documental y testimonial repleto de encanto e interés en sí mismo.

Yourlostmemories.com nos conecta también con una de las prácticas y vetas más estimulantes de la creación visual y audiovisual contemporánea, aquella que trabaja a partir del found footage o material encontrado (los Conner, Forgács, Cornell, Grifi, Jacobs, Baldwin, Berliner, Khlar, Gehr, Frampton, Rosenblatt, Arnold, Müller, Gianikian y Ricci-Lucchi o Tcherkassky), y de la que en España tenemos algunos buenos ejemplos como Tren de sombras, de José Luis Guerin, que reconstruye y recrea las texturas y el modo de enunciación de viejas películas caseras que nunca existieron para su discurso reflexivo sobre el cine y la memoria, o Un instante en la vida ajena, en la que José Luis López Linares editó el portentoso material amateur filmado por la aficionada Madronita Andreu para descubrirnos la España de los 20 a los 80 (Semana Santa y Feria sevillanas incluidas) en unos tonos y unos colores que nos acercan aquel tiempo con una fuerza y una frescura inusitadas que en nada se parecen a las imágenes institucionales en blanco y negro del NO-DO que han conformado la memoria de los españoles.

Yourlostmemories.com no es ajeno a esta reutilización libre y creativa del material encontrado, y en su web se pueden ver también algunos remontajes realizados por Isabel Coixet, Isaki Lacuesta o el sevillano Daniel Cuberta, quien en Faces somete a un ejercicio de ritmo casi estroboscópico a unas imágenes familiares tras las que se esconde una insospechada emoción fotogénica.

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Y ahora, las habituales recomendaciones músico-cinematográficas de la semana:

Richard Galliano (Quintet) – Nino Rota – Deutsche Grammophon – 57 min. – 18 euros

Con motivo del centenario de Nino Rota (1911-1979), el acordeonista Richard Galliano se suma a los homenajes con nuevas versiones jazzísticas de sus inolvidables melodías para el cine de Fellini, ejecutadas por un quinteto de lujo formado por John Surman, Dave Douglas, Boris Klozov y Clarence Penn. Juntos hilvanan un delicioso continuum rotiano que desarrolla libremente los temas de La Strada, I vitelloni, Las noches de Cabiria, Ocho y medio, La dolce vita, Guilietta de los espíritus y Amarcord con el eco del vals y el tema de amor de El padrino como motivos de referencia.

 

La Conquête – Nicola Piovani – Editions La Marguerite – 30 min. – 12 euros

Si hubiera que nombrar a un legítimo heredero del legado musical de Nino Rota en el cine italiano y europeo, ése es Nicola Piovani, poseedor de un talento natural para la melodía y los aires populares que, unidos a su gusto por las formaciones de cámara, resucitan una parte del inimitable espíritu ligero, luminoso y emotivo del compositor milanés. Su música es lo mejor de La conquête, biopic de la escalada al poder de Sarkozy que suena a puro circo (mediático y político) gracias a sus marchas y ritornellos orquestados con frescura, gracejo y ocasional tono sombrío.

 

El hombre del brazo de oro (1955)  – Otto Preminger – Versus – Video-ensayo de Gerardo Sánchez / Texto de T. Fernández Valentí – 12 euros

El hombre del brazo de oro tiene su hueco en la historia de Hollywood por ser una de las primeras cintas en tratar de forma abierta la adicción a las drogas, asunto que le costaría a un independiente y provocador Preminger no pocos problemas con la censura. Con un Frank Sinatra pasando el mono, un memorable score jazzístico de Elmer Bernstein y los créditos de Saul Bass, la película, basada en la novela de Nelson Algren, resiste el paso del tiempo por encima de su tono moralista. La copia de Versus es estupenda y los extras, muy didácticos.

 

Flic Story (Historia de un policía) (1975) – Jacques Deray – Avalon –  Textos de Ramón Alfonso – 15 euros

Título emblemático del polar francés de los setenta, Flic story reunía a Alain Delon, también productor de la cinta, y a Jean-Luc Trintignant, en una persecución de tintes casi obsesivos entre un policía y un sangriento criminal en la Francia desocupada de finales de los años 40. El artesano Deray (Borsalino) se pliega a sus estrellas y aplica una cierta frialdad seca a una puesta en escena demasiado deudora de sus decorados. No es Melville, pero merece la pena asomarse de nuevo a un género con modos y respiración propios. Sin extras.

 

 

Cuaderno de viajes y retratos

Manuel J. Lombardo | 3 de abril de 2012 a las 7:00

Guest. José Luis Guerin. Versus. 127 min. Libreto con entrevista y textos de Quim Casas, Carlos Losilla, José E. Monterde y Jenaro Talens. Extras: Ensayo visual de Alberto Bermejo (12 min.). 18 euros

“Llego a una ciudad desconocida y callejeo cámara en mano, sin otro rumbo ni idea preconcebida más que la de una predisposición abierta al encuentro, a la revelación latente en lo fortuito”. Durante un año, de septiembre de 2007 a septiembre de 2008, José Luis Guerin aceptó acudir a cuantos festivales le invitaran a presentar su última película, En la ciudad de Sylvia, con el propósito de filmar imágenes y sonidos de los lugares y las gentes que se cruzaran en su camino, apenas provisto de una pequeña cámara digital y acompañado de un reducido equipo de rodaje.

El resultado de ese proceso, reelaborado, depurado y ensamblado durante meses en la sala de edición, pudo verse en 2010 en el Festival de Venecia, punto de partida y final del viaje: Guest, una película que organizaba aquellos registros bajo la forma de un largometraje impulsado por la idea del esbozo, los ecos y las resonancias, una pieza abierta, viajera e inacabada que, en su pequeño gesto, acababa por trascender su formato, su carácter diarístico sin pistas ni orden cronológico, en un gran mapa subjetivo del mundo observado por un cineasta preocupado por las esencias, un cineasta que ha hecho de su trabajo, desde Innisfree a Unas fotos…en la ciudad de Sylvia, de Tren de sombras a su reciente correspondencia fílmica con Jonas Mekas, de En construcción a la videoinstalación La Dama de Corinto, un ejercicio constante de interrogación sobre el acto de filmar y sobre la propia forma cinematográfica expuesta a sus procesos de espejismo y construcción.

Guest se mueve entre el diario filmado, el cine directo y la búsqueda de cierta poesía de lo cotidiano. Es, sobre todo, un filme de apuntes y bocetos (como los que el propio Guerin realiza en su cuaderno) que apenas organiza una de las muchas películas que podrían haberse construido a partir de sus materiales. Guerin se sitúa, expectante, a veces haciéndose el ingenuo, ante el propio reto, atento a lo azaroso, pendiente (o incitador) de las palabras, los gestos y los rostros, siempre singulares, de sus interlocutores, que no son nunca esas gentes del cine que lo reclamaban sino aquellos personajes anónimos que nada tienen que ver con la farándula festivalera, las presentaciones o las ruedas de prensa.

Guest se fragua así en los márgenes del motivo que impulsa ese viaje de invitado a gastos pagados, fuera de programa, en el terreno de lo imprevisible, en el retrato de la vida (también marginal) que transcurre y fluye lejos del mundo del cine: en las grandes plazas de Bogotá o México D.F., en las azoteas y cuartos de La Habana vieja, en las calles de Macao, Sao Paulo, Manila, Santiago de Chile o Hong Kong, en los arrabales enfangados de Lima, en los descampados de las afueras de Jerusalem, en las habitaciones, todas parecidas, de tantos hoteles, en un pequeño restaurante en Nueva York, donde Guerin escucha las sencillas enseñanzas del maestro Jonas Mekas, o en la cafetería o la sala de cine en las que la también cineasta Chantal Akerman proclama, algo exaltada, sus ideas sobre el asunto judío o desenmascara a viva voz las supuestas fronteras entre el documental y la ficción.

Sin embargo, Guest no es, aunque también, un viaje antropológico por el mundo y su perfil menos grato y degradado, sino un viaje por el propio cine como herencia y como proceso de construcción de algo nuevo. Cual flâneur cámara en mano, Guerin va anotando y tejiendo motivos y ecos (nubes, predicadores, tipos solitarios o iluminados), interrogando a sus propias imágenes, a veces descompensadas, en ocasiones dilatadas en exceso, para relacionarlas con la historia (personal) del cine (Los viajes de Sullivan, Jennie, Las señoritas de Rochefort), para hacerlas dialogar, secreta e íntimamente, con los flujos de la melancolía que atraviesan todo ejercicio de escritura en primera persona. Ante la hoja en blanco, ante el gran e inabarcable lienzo del mundo en movimiento, Guerin va buscando anclajes, líneas invisibles, trazos y figuras musicales, rimas consonantes y asonantes, ecos que resuenan a miles de kilómetros de distancia, imágenes que fijen y cristalicen la fugacidad de la vida, que restituyan la dignidad perdida de los parias, imágenes con las que dialogar para reconocerse como algo más que un mero turista, como algo más que un observador neutral y distante.