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El nuevo canon documental

Manuel J. Lombardo | 7 de septiembre de 2014 a las 11:57

THE MAN WITH A MOVIE CAMERA (1929), directed by Dziga Vertov.

‘El hombre de la cámara’ de Vertov encabeza la lista de los 50 mejores documentales de la Historia elaborada por más de 300 críticos y cineastas de todo el mundo para la revista ‘Sight & Sound’

La era digital no ha hecho sino acrecentar esa desatada pasión por las listas unida a la historia de la cinefilia. Listas de mejores películas, de mejores películas por géneros, países, épocas, directores, estilos, etc. Elaborar listas forma parte de esa autoafirmación cinéfila que busca asentar un canon, repensarlo al poco tiempo, cuestionarse los propios gustos y fobias dentro de esos cánones, afirmar, en definitiva, el carácter mutante e inestable de unos criterios que, más allá de las letras mayúsculas de los libros de Historia, sirven para entender la relación cíclica de los críticos y los aficionados con sus objetos de amor y culto.

Los anglosajones han sido siempre muy proclives a mantener viva esta pasión por las listas, y el BFI, a través de su revista Sight & Sound, el que más visibilidad ha conseguido dar a sus World Polls: encuestas entre centenares de críticos y cineastas de todo el mundo que producen, década a década, un nuevo canon que viene a sustituir (o no) al anterior, desplazando poco a poco la vieja ortodoxia por una nueva y abriendo un nuevo foco de debate y disensión.

Si en el verano de 2012 publicaba la última lista con las 100 mejores películas de ficción, que situaba por primera vez en lo más alto a Vertigo, de Hitchcock, hace apenas una semana aparecía una nueva con los 50 mejores documentales, lista que añade un elemento más para la controversia a la vista de cómo se ha modificado y desplazado el concepto de “documental” de un tiempo a esta parte. Muy significativa (e irónica) al respecto es la elección única que ha hecho el norteamericano James Benning, conocido por sus trabajos minimalistas sobre el paisaje, la duración y la mirada. Para él, el mejor documental de todos los tiempos no es otro que Titanic, de James Cameron, “un sorprendente documento de malas interpretaciones”, a lo que añade la no menos interesante coletilla “todas las películas son ficciones”.

No encontraremos ningún filme de Benning entre los seleccionados, tampoco de otros autores incontestables como Epstein, Grierson, Ivens, Ford, Brault, Perrault, De Seta, Van Der Keuken, Philibert, Depardon, Kramer, Loznitsa, Cavalier, Dwoskin, McElwee, Sokurov, Perlov, Panh, Berliner o Farocki, nuevos elementos para el descrédito y la discusión de los límites de la ortodoxia geopolítica de un término del que todavía hoy resulta complejo sustraer tópicos e inercias en su distinción y matices con la ficción o con el cine experimental. Nunca lloverá a gusto de todos, pero de toda lluvia surgirán más charcos en los que meterse, que es de lo que se trata.

Sea como fuere, El hombre de la cámara (1929) ocupa el lugar de privilegio tanto para críticos como para cineastas. Sinfonía urbana, lección de montaje, artefacto de vanguardia autorreflexiva sobre el poder del cine, el filme de Dziga Vertov parece haber concitado el consenso como quintaesencia del potencial de la máquina trabajando sobre la realidad, sin guión previo ni personajes, midiendo los ritmos y flujos de la vida urbana al compás de un invento de su tiempo.

Tampoco sorprende demasiado encontrar Shoah (1985), de Claude Lanzmann, en el segundo puesto, un filme destinado a permanecer como testimonio in absentia del horror del exterminio judío en los campos nazis, una obra monumental cincelada sobre el poder evocador de la palabra sobre el tiempo y los espacios del vacío.

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La lista prosigue con Sans soleil (1983), de Chris Marker, otro magistral ejercicio ensayístico; Noche y niebla (1955), de Alain Resnais, también sobre la memoria de los campos; The thin blue line (1988), de Errol Morris, o cómo documento y ficción caminan juntos de la mano para reconstruir un crimen y resolverlo desde las imágenes; Crónica de un verano (1960), de Rouch y Morin, sociología nouvelle vague; Nanook el esquimal (1924), lección antropológica del maestro Flaherty; Los espigadores y la espigadora (1999), de Agnès Varda, puerta de entrada al documental en primera persona del siglo XXI; o Don’t look back (1967), de Don A. Pennebaker, modelo del direct cinema con Bob Dylan como protagonista.

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Del puesto número diez hacia abajo hay en esta lista nombres reincidentes como los hermanos Maysles (Grey gardens, Salesman y Gimme Shelter), Werner Herzog (Grizzly man y Lessons of darkness), el chileno Patricio Guzmán (Nostalgia de la luz y La Batalla de Chile), Frederick Wiseman (Titicut follies y Welfare) o los británicos Humphrey Jennings (Listen to Britain y A diary of Timothy) y Peter Watkins (The war game y Culloden).

También títulos clásicos e incontestables como Trabajadoras saliendo de la fábrica Lumière (1895), À propos de Nice (1930, Vigo), El triunfo de la voluntad (1935, Riefenstahl), Night mail (1936, Watt y Wright), La sangre de las bestias (1948, Franju), Moi, un noir (1959, Rouch), Primary (1960, Drew), Walden (1969, Mekas), Le Chagrin et la pitié (1971, Ophuls), Harlan County (1976, Kopple), D’Est (1993, Akerman), Los Angeles plays itself (2003, Andersen) o Fraude (1975, Orson Welles), germen de todos esos falsos documentales que protagonizarán el tránsito de un siglo desde la ironía autoconsciente.

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Los cines del mundo también tienen cabida en esta lista: La maison est noire (1963, Farrokhzad) y Close-up (1989, Kiarostami) representan a Irán, The Emperor’s Naked Army Marches On (1987, Hara) a Japón, la monumental Al Oeste de los raíles (2002, Bing) a la China en transformación de nuestros días, La hora de los hornos (1968, Solanas) al cine argentino más combativo y político, y la israelí Vals con Bashir (2008 Folman) a una heterodoxia en la que el documental puede llegar a convivir incluso con la animación. Apenas dos títulos españoles forman parte de los 50 escogidos: el fundacional Tierra sin pan (1930), de Luis Buñuel, y El sol del membrillo (1993), de Víctor Erice.

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No parece haber discusión en el hecho de que las Histoire(s) du cinéma (1998) de Godard figuren en esta o en cualquier otra lista, pero sí sobre que ese modelo oscarizable de documental-espectáculo, del que aparecen aquí Roger and me (1989, Moore), Hoop dreams (1994, James), Capturing the Friedmans (2003, Jarecki), Man on wire (2007, Marsh) o la reciente The act of killing (2012, Oppenheimer), haya desplazado a algunos de esos grandes nombres que antes mencionábamos. El debate está servido.

 

Cult fiction

Manuel J. Lombardo | 29 de octubre de 2012 a las 23:30

De entre las listas de los directores que han participado en la World Poll 2012 organizada por la revista Sight & Sound, la de Quentin Tarantino es sin duda una de las más singulares e iconoclastas en su reivindicación, tal vez como enésimo gesto gamberro o provocador, de diez filmes entre los que se incluían algunos títulos poco ortodoxos o condenados a no aparecer nunca en este tipo de eventos legitimadores de la excelencia o el canon cinematográfico de consenso: a los previsibles y respetables Luna nueva, de Hawks, La gran escapada, de Sturges, El bueno, el feo y el malo, de Leone, Apocalypse Now, de Coppola, Taxi driver, de Scorsese o Tiburón, de Spielberg, se unían sin embargo otros como Los picarones, de Michael Ritchie, Carrie, de Brian De Palma, Querido profesor, de Roger Vadim, El expreso de Corea, de John Flynn, Carga maldita, de William Friedkin y Movida del 76, de Richard Linklater, la mayoría de ellos títulos y cineastas marginales de una década de los setenta en la que Tarantino parece querer reivindicar esa otra historia paralela del cine marcada por el concepto de culto y por la búsqueda y revisión de pequeñas perlas escondidas entre el gran cine.

El propio cine de Tarantino es una buena muestra de cómo ese cine de culto, ese “cine disidente del gusto mayoritario, afín a la sensibilidad contracultural, flor rara en las zonas de sombra de la serie B”, un cine que trabaja en la periferia la producción estándar, un cine eminentemente de género, de bajo coste y que convoca a sus seguidores a una suerte de religión o secta, puede formar parte de un palimpsesto de apariencia y modos mainstream que se nutre de esos guilty y no tan guilty pleasures que van del chambara japonés al disaster film, de las road movies existenciales al manga más erótico y violento, del spaghetti western más delirante a la blaxploitation más reivindicativa y contracultural, del giallo al cine de alto voltaje erótico, del péplum a las series de televisión de referencia, del cine de autor más severo a la animación adulta.

De todo ese cine se sesiones de madrugada, VHS de videoclub de barrio y comunidades fieles y organizadas en constante mutación nos da cuenta este libro editado conjuntamente por Calamar y el Festival de Sitges, un certamen que se ha convertido en una suerte de correlato del cine tarantiniano al aglutinar y legitimar a los sectores más extremos del cine de culto en un evento oficial que ha ido alcanzando año a año estatus de cita obligada para espectadores de gustos más centrados y civilizados.

Un libro colectivo y desigual, tal vez algo apresurado y urgente y, en ocasiones superficial o redundante en su acercamiento al fenómeno cult, en el que Jordi Costa pone la nota de orden, distancia y sensatez en un prólogo ejemplar que resume las ideas esenciales que luego cada autor (los propios editores del volumen, Ángel Sala y Desirée de Fez, Miqui Otero, Jodri Battle, Quim Casas, Sergi Sánchez, Roberto Cueto, Rubén Lardín, Jesús Palacios, Diego López, Jordi Sánchez, Fernando de Felipe, Noel Ceballos, Gerard Casau o Violeta Kovacsisc) desgrana por apartados, filias, subgéneros, metagéneros y demás categorías, etiquetas y matices tan del gusto de esos fans incondicionales que parecen haber cambiado los pases de medianoche y las sesiones festivas para ver The Rocky Horror Picture Show, Cabeza borradora o Troll 2 por una nueva entidad virtual siempre interconectada e interactiva que redefine y busca nuevas rarezas psicotrónicas entre los flujos del ADSL.

El libro se completa con dos anexos que tal vez sean lo más valioso del volumen: una lista de 100 filmes de culto imprescindibles, Diamond Flash incluida, y una selección personal, como no podía ser de otra manera, de los 5 títulos de culto preferidos de un centenar de cineastas, críticos y especialistas. Buen papel, diseño atractivo y abundantes ilustraciones marca de la casa Calamar.

Neoculto. El libro definitivo sobre el cine de culto – Ángel Sala y Desirée de Fez (eds.) – Ed. Calamar/Festival de Sitges – 222 págs. – 18 euros

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La bestia de la noche amarilla (1971) – Eddie Romero – Versus/Cinema Bis – 12,95 euros

El fanático del cine de culto no conoce fronteras si de descubrir una nueva perla psicotrónica escondida se trata. El cine filipino dejó esta terrible versión de serie Z de El increíble Hulk distribuida internacionalmente por Roger Corman, pagada y protagonizada por John Ashley y firmada por Eddie Romero en un “tenebroso Technicolor” de 1971, año glorioso no precisamente por esta cinta con bestia, maldición y transformaciones de poco susto y mucha risa. Todo muy bien explicado en los extras por Paco Fox y José Viruete, tan o más frikis que la película.

 

Noche en el tren del terror (1985) – Jay Schlossberg-Cohen – Versus/Cinema Bis – 12,95 euros

Con un guion del oscarizado Philip Yordan (Johnny Guitar), Noche en el tren del terror es carne de VHS de videoclub ruinoso: un empalme de tres películas previas prologadas por un debate entre Dios y el Diablo, tres relatos delirantes en unos años ochenta de felpa, neones y sintetizadores desafinados. Lo divino, lo humano, lo discotequero y lo demoniaco muy mal contado y expuesto y peor descifrado en los extras por Naxo Fiol, Víctor Olid y Aratz Juanes, autores del libro de revelador título Malas pero divertidas.

 

Sherlock Holmes – Colección Arthur Wontner – 4 títulos – 2DVD – Versus/Cinema Bis – 15,95 euros

Las aparatosas versiones de Ritchie y la más que seductora serie de la BBC prolongan la tradición libre y apócrifa de adaptar a los personajes y misterios de Conan Doyle a la pantalla. Aquí se recuperan ahora las primeras versiones sonoras, El cardenal durmiente (1931), La marca de los cuatro (1932), El valle del miedo (1935) y Estrella de plata (1937), de la serie británica protagonizada por Arthur Wontner, un Holmes sobrio entre escenarios de cartón piedra y un cierto hieratismo estilístico que más que molestar, tiene su encanto.

 

El monstruo asesino / Esposas de alquiler – Frank R. Strayer – Versus/Cinema Bis – 12,95 euros

Siempre a la sombra del cine de terror de la Universal en la década de los 30, Frank R. Strayer facturó en esa misma época infinidad de títulos de muy bajo presupuesto en compañías independientes de la poverty row. El monstruo asesino (1932) se alinea junto a todos aquellos títulos del ‘Dark House Mistery’ protagonizados por casas misteriosas, herencias con trampa e intrusos amenazantes “con forma de animal, monstruo o maniaco fugado”. Esposas de alquiler (1930) sigue una misma línea, aunque en clave de comedia de misterio.

 

Uno entre 846 (así habla el amor)

Manuel J. Lombardo | 20 de agosto de 2012 a las 18:24

Publicada ya la lista completa con los 846 críticos, historiadores, profesores, programadores o distribuidores que han participado en The Greatest Films Poll 2012 organizada por la revista británica Sight & Sound, toca hacer balance de mi lugar en el mundo de la crítica y sus encuestas.

Tan sólo una de mis propuestas, Minnie and Moskowicz (Así habla el amor, 1971), de John Cassavetes, aparece con mi único voto, lo cual, a qué negarlo, me llena de orgullo y satisfacción. Sólo ante el peligro.

Con dos votos, el mío y el de otro crítico amigo, aparecen ya Seven chances (Siete ocasiones, 1925), de Buster Keaton, y Elephant (2003, aunque los del S&S se empeñen en poner que es de 1989), de Gus Van Sant: el prestigioso académico británico Richard Dyer en el primer caso, y el escritor y cineasta sueco Stig Björkman en el segundo. Dos cabalgan juntos.

Tres de mis películas también aparecen en las listas de otros 5 críticos, o sea, con 6 votos: Birds (Los pájaros, 1963), de Alfred Hitchcock, French Cancan (1955) y Wagon Master (Caravana de paz, 1955), de John Ford. Entre mis ilustres co-votantes, los siempre admirados Tag Gallagher y Santos Zunzunegui.

7 votos tiene Sicilia! (1999), de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, cuyo aprecio comparto también de nuevo con Zunzunegui o con el crítico argentino Quintín.

Más concurrida está la elección de La Mamain et la putain (La madre y la puta, 1973), de Jean Eustache, que cuenta con 24 votos además del mío y que se ha situado en la muy honrosa 59ª posición de la lista.

El camarote se abarrota ya de votantes, hasta 30, en el caso de Histoire(s) du cinéma (1987-1998), proyecto televisivo de Jean-Luc Godard que, por lo visto, ha desafiado normas y restricciones para alzarse al puesto 48 de la lista.

Y para terminar, ahí donde nuestro gusto ha coincidido con el de una gran mayoría de críticos del mundo, a saber, donde somos poco o nada originales, uno más de la manada, Sunrise (Amanecer, 1927), de Friedrich W. Murnau, se lleva el nuestro y 92 votos más para colocarse como la 5ª mejor película de todos los tiempos en esta encuesta que si acaso sirve de algo es para husmear en las listas de los demás y para descubrir alguna perla de la que no tuviéramos noticias. Quién sabe.

‘Vertigo’ en las alturas del nuevo canon

Manuel J. Lombardo | 7 de agosto de 2012 a las 7:15

La cinta de Hitchcock desplaza por primera vez a ‘Citizen Kane’ en el Top 10 de las mejores películas de todos los tiempos en la encuesta mundial de la revista británica ‘Sight & Sound’

El pasado día 2 se daba a conocer la esperada encuesta que convoca cada década la prestigiosa revista británica Sight & Sound entre la crítica especializada y los cineastas de todo el mundo para determinar las 50 mejores películas de todos los tiempos, una encuesta en la que han participado 846 críticos, historiadores, programadores o distribuidores y 358 cineastas en activo y que lleva celebrándose desde 1952, año en el que Ladrón de bicicletas se alzaba con el primer puesto, un lugar que, desde entonces y hasta la actual, en la que la fascinante e inagotable Vertigo ha quedado finalmente en primer lugar con 191 votos, iba a ocupar ininterrumpidamente Ciudadano Kane.

Asistimos, por tanto, al primer gran cambio en la cumbre de este influyente y mediático canon crítico desde 1962, un cambio que, en todo caso, parece afectar tan sólo a la primera posición y no tanto a los títulos y directores que habitualmente han formado parte de sus listas.

Así, en la de 2012, Ciudadano Kane ocupa el segundo lugar (157 votos) seguida de Cuentos de Tokyo, de Yasujiro Ozu (107), La regla del juego, de Jean Renoir (100), Amanecer, de F. W. Murnau (93), 2001: Una Odisea del espacio, de Stanley Kubrick (90), Centauros del desierto, de John Ford (78), El hombre de la cámara, de Dziga Vertov (68), La Pasión de Juana de Arco, de Carl T. Dreyer (65) y 8 y medio, de Federico Fellini (64).

De este top 10 puede extraerse un primer y sencillo balance que nos habla de tres cintas pertenecientes a los estertores del cine mudo (Amanecer, La Pasión de Juana de Arco, El hombre de la cámara), tres títulos norteamericanos que desbordan los límites del clasicismo desde el interior del sistema de los estudios (Ciudadano Kane, Centauros del desierto y Vertigo), una cinta que representa la mejor tradición autoral europea (La regla del juego), dos filmes hijos de la modernidad o la reflexividad autoconsciente (8 y medio y 2001) y, finalmente, una muestra de la sensibilidad humanista y el estilo depurado oriental de un autor tan singular e influyente como Ozu (Cuentos de Tokyo).

Avanzando en el top 50, encontramos: 11. El acorazado Potemkin (Eisenstein); 12. L’Atalante (Vigo); 13. Al final de la escapada (Godard); 14. Apocalypse Now (Coppola); 15. Otoño tardío (Ozu); 16. Al azar Balthasar (Bresson); 17. Los siete samuráis (Kurosawa) y Persona (Bergman); 19. El espejo (Tarkovski); 20. Cantando bajo la lluvia (Donen); 21. La aventura (Antonioni), El desprecio (Godard) y El Padrino (Coppola); 24. Ordet (Dreyer) e In the mood for love (Kar-wai); 26. Rashomon (Kurosawa) y Andrei Rublev (Tarkovski); 28. Mullholland Drive (Lynch); 29. Stalker (Tarkovski) y Shoah (Lanzmann); 31. El Padrino II (Coppola) y Taxi Driver (Scorsese); 33. Ladrón de bicicletas (De Sica); 34. El maquinista de la General (Keaton); 35. Metrópolis (Lang), Psicosis (Hitchcock), Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce 1080 Bruxelles (Akerman) y Sátántángo (Tarr); 39. Los 400 golpes (Truffaut) y La dolce vita (Fellini); 41. Te querré siempre (Rossellini); 42. Pather Panchali (Ray), Con faldas y a lo loco (Wilder), Gertrud (Dreyer), Pierrot le fou (Godard), Play Time (Tati) y Close-up (Kiarostami); 48. La batalla de Argel (Pontecorvo) e Histoire(s) du cinéma (Godard); 50. Luces de la ciudad (Chaplin), Cuentos de la luna pálida de agosto (Mizoguchi) y La Jetée (Marker).

De esta lista también puede deducirse a vuelapluma la querencia crítica por autores como Dreyer, Tarkovski y Godard (tres y cuatro títulos cada uno entre los 50), así como la escasa presencia de películas del siglo XXI, del que apenas aparecen In the mood for love, del hongkonés Wong Kar-wai, y Mullholland drive, de David Lynch.

Muy estimulante dentro de este canon poco variable es la presencia de autores poco habituales como Chantal Akerman, única mujer del top 50, Béla Tarr, Abbas Kiarostami o Claude Lanzmann, cuya monumental Shoah tiene el privilegio de ser, junto a El hombre de la cámara, Histoire(s) du cinéma y La Jetée, uno de los contados documentales o filmes de no-ficción de la lista.

A la espera del top 100 y la lista personal de críticos y colaboradores, que se publicarán en próximas semanas, Sight & Sound también ha adelantado el top 10 de los cineastas, entre los que se encuentran Woody Allen, Nuri Bilge Ceylan, Quentin Tarantino, los hermanos Dardenne, Terence Davies, Guillermo del Toro, Martin Scorsese, Olivier Assayas, Michael Mann, Guy Maddin, Francis Ford Coppola, Mike Leigh o Aki Kaurismäki. Para ellos, Cuentos de Tokyo es la merecedora del primer puesto, seguida de 2001, Ciudadano Kane, 8 y medio, Taxi Driver, Apocalypse Now, El Padrino, Vertigo, El espejo y Ladrón de Bicicletas.

La lista para ‘Sight & Sound’

Manuel J. Lombardo | 9 de mayo de 2012 a las 7:11

Nuestro enlace internacional en Valladolid, el gran Álvaro Arroba, nos ha colado a unos cuantos colegas sevillanos (Alfonso Crespo, Santiago Gallego, Paco Algarín y un servidor, que es de Jaén) en la prestigiosa World Poll que la revista británica Sight & Sound realiza cada década para sondear esas “10 mejores películas de todos los tiempos”, una selección que,  a lo sumo, dará que hablar a los cinéfilos y a los propios críticos durante unas cuantas semanas, sobre todo para insultarse o desprestigiarse entre ellos, como debe ser.

Un auténtico suplicio autocensor cuyos frustrantes y tal vez poco originales resultados dejo aquí a la espera de reclamaciones. Como toda lista personal, se explica sola. La cosa va en estricto orden cronológico y los títulos en su idioma original.

Seven chances (1925, Buster Keaton)

Sunrise (1927, F. W. Murnau)

Wagon master (1950, John Ford)

French Cancan (1954, Jean Renoir)

The Birds (1963, Alfred Hitchcock)

Minnie and Moskowitz (1971, John Cassavetes)

La maman et la putain (1973, Jean Eustache)

Histoire(s) du cinéma (1988-1998, Jean-Luc Godard)

Sicilia! (1999, Jean-Marie Straub & Danièle Huillet)

Elephant (2003, Gus Van Sant)