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Historia(s) de España

Manuel J. Lombardo | 17 de diciembre de 2012 a las 19:50

Coinciden estos días la publicación de dos libros y dos packs DVD que contribuyen desde distintos ámbitos a la construcción y revisión de la Historia del cine y la televisión españoles

Mis alumnos de Historia del Cine Universal de la FCOM de Sevilla saben bien de mi devoción por el manual Un siglo en sombras (luego reeditado por Paidós como La cultura del cine), del profesor de la Universitat Jaime I de Castellón y editor de la revista Archivos Vicente J. Benet, suerte de biblia metodológica para el estudio de la historia del cine desde una perspectiva sintética, múltiple y transversal. A la manera de entender, explicar y analizar el cine de Benet le deben por tanto lo mucho o poco que hayan asimilado de un discurso capaz de establecer puentes entre el cine de los orígenes y su estética de atracciones y esta era digital de sensaciones y espectáculo o de retorno a una cierta mirada radical.

Si la Historia del cine mundial desaparece hoy de los planes de estudios universitarios, aún resiste por fortuna la del cine español, de manera que sus alumnos y docentes deberían estar de enhorabuena con la publicación de El cine español. Una historia cultural (Paidós), en el que Benet acomete, con el habitual rigor metodológico y claridad expositiva, la no fácil tarea de historiar y pensar nuestro cine desde una perspectiva que recoge la herencia historiográfica para someterla a una revisión a la luz de la historia cultural.

Tal y como apunta el autor en su prólogo, “el cine refleja nuestra sociedad y, a partir de ella, los valores, las ideas, los iconos, las visiones de mundo y las fantasías que han servido para reconocernos. Y, por supuesto, los acontecimientos históricos, las resistencias y los traumas producidos por la incorporación de España a la senda de la modernidad”. Partiendo de esta idea, Benet se propone acudir a las películas como documentos, como productos culturales útiles para entender el modo en que la sociedad española ha querido reflejarse en cada momento, pero también, necesariamente, como textos (con un estilo, una forma, unos formatos dentro de un determinado contexto industrial, tecnológico y de recepción) que revelan los valores de una sociedad y que, evidentemente, están conectados con otras manifestaciones artísticas de su tiempo.

Benet busca trascender con este libro ciertas ideas esencialistas respecto al cine español (la picaresca, el humor negro, la mística, el esperpento…) partiendo de un concepto, el modernismo vernáculo, en el que las señas de la Modernidad (de la que el cine, como otros medios de masas, es hijo natural) se funden con determinadas tradiciones locales específicas; alianza clave para entender el carácter híbrido y sintético del cine español, cuya españolidad “se desprenderá del análisis de soluciones estilísticas concretas en las tensiones que se derivan de la instalación de la modernidad”: la españolada como sello del cine como fenómeno popular, la propaganda durante el Franquismo, la adaptación de las tendencias del realismo y las formas autorales en los cincuenta, el choque entre tradición y modernidad en el desarrollismo, el conflicto entre identidad y memoria en la Transición o el repliegue hacia los modelos de imitación transnacionales en los tiempos actuales de los conglomerados audiovisuales y la crisis y la ansiedad galopantes.

En uno de estos periodos clave de nuestra historia se sitúa precisamente el estudio monográfico de Manuel Palacio La televisión durante la Transición española (Cátedra), un enjundioso volumen que, como el trabajo de Benet, articula y desarrolla la tesis de la televisión, por entonces exclusivamente pública, como “parte esencial de la conformación de la opinión pública, los mecanismos de socialización de los ciudadanos, el ordenamiento del universo simbólico e instrumento determinante en el proceso político y cultural acontecido en este periodo”. Dividido en dos grandes bloques (uno dedicado a aspectos históricos y el otro “vehiculado a partir de las políticas de memoria y de creación de los discursos y narrativas”), el libro recorre, analiza y sistematiza la programación de las dos únicas cadenas de la época, la primera como reflejo de las reglas de la cultura de masas, el entretenimiento y lo público, la segunda más volcada hacia el ámbito cultural, para llegar a la conclusión de que en la televisión de la Transición, antes incluso de la muerte del dictador, convivieron modelos e ideologías mucho más heterodoxos de lo que pudiera pensarse, desde los rescoldos del ideario propagandístico del régimen, a propuestas de sesgo izquierdista que sentaron las bases de “pluralidad democrática” que estaban por venir. Una verdadera edad de oro de libertad creativa por la que desfilaron los últimos discursos de Franco y los primeros saludos navideños del Rey Juan Carlos, Arias Navarro, Adolfo Suárez o Felipe González, una erotizada Rocío Jurado y un resistente Manolo Escobar, las ficciones de Mercero, el subversivo programa infantil Cuentopos, las originales adaptaciones de clásicos de Fernán Gómez, el Un, dos, tres, los telediarios de Ladislao Azcona, las aventuras de Curro Jiménez, los debates de La Clave, Vivir cada día, Popgrama, el A Fondo de Martín Soler o las grandes series como Cañas y Barro o Fortunata y Jacinta, cuyas imágenes forman parte del documental Las lágrimas del Presidente que acompaña la edición.

Oficialismo y marginalidad

Si el cine español ha tenido alguna vez un proyecto sólido, unificador y duradero ese fue el NO-DO, nacido en 1943 y clausurado en 1977, plataforma oficial de propaganda del Franquismo a partir de un formato prácticamente inmutable que buscaba, como recuerdan Rodríguez Tranche y Sánchez-Biosca, “agitar a las masas, mantener bien presentes los emblemas esenciales del Régimen y focalizar los intereses de la población hacia su lucha por la vida cotidiana configurando un paisaje común de ambientes y sentimientos”.

Divisa, Planeta y TVE editan ahora conjuntamente un monumental cofre con 10 DVD y un libro ilustrado que recoge la serie de televisión Los años del NO-DO, un recorrido año a año por la España del NO-DO que reelabora y selecciona cronológicamente los noticiarios y documentales originales en un formato para la ocasión: 1.870 minutos de imágenes y locuciones que, más allá del alimento de la nostalgia, devuelven la imagen fidedigna de aquella España ideal e imaginada.

Justo en los estertores del franquismo y el NO-DO, un joven pintor de Tarrasa, Antoni Padrós, empezaba a rodar de manera clandestina y en 16mm sus primeros cortos, muestras iconoclastas del underground catalán que, lejos de los preceptos de la Escuela de Barcelona, se abría paso desde la irreverencia, el amateurismo, el activismo político y la mezcla de referentes cultos y populares en una obra radical e insólita que encabalga perfectamente el tránsito de un régimen a otro desde la independencia más absoluta. Cameo y la Filmoteca de Catalunya recuperan ahora en 4 DVD (Antoni Padrós. El cine y sus márgenes) la práctica totalidad de sus trabajos, sus cortos (Alice has discovered the Napalm Bomb, Dafnis y Cloe, Pim, pam, pum, revolución, Ice Cream, Swedenborg), y sus dos largos, Lock-out (1973) y Shirley Temple Story (1976), ejercicios excesivos e inclasificables protagonizados por Rosa Morata que funcionan como el perfecto contraplano de la oficialidad visual de la España de la Transición y en sintonía con la libertad formal del cine moderno europeo de la época. El pack se completa con una entrevista a Padrós, un libreto con textos de Xosé Prieto y el último mediometraje del autor, L’home precís, un canto de cisne de no menos insólita inspiración culta centroeuropea.