Diplomados en supervivencia

Iván Gómez | 21 de octubre de 2013 a las 11:59

La primera lección es la más importante para aclarar conceptos y evitar malentendidos. La palabra “guerra” no existe en el lenguaje de las Naciones Unidas y, mucho menos, en el de un Ejército como el español que cada vez que acude a un “conflicto armado” lo hace en operaciones militares de estabilización (Afganistán) o de apoyo a la paz (Líbano). Y es que nuestras Fuerzas Armadas siempre han destacado allí donde el Gobierno las ha enviado por ser las más humanas y ejemplares, siendo España uno de los pocos países del mundo sin denuncias por la más mínima vulneración de los derechos humanos en sus misiones internacionales. Hay miles de ejemplos, del que sólo citaré uno. En Bosnia se premió su despliegue con una Plaza de España, mientras que se cuestionaba la estrategia de intervención de otros países. La BRILEG Rey Alfonso XIII, la brigada más joven y la que más vínculo tiene con Almería, es todo PA021147un referente fuera de nuestras fronteras. A partir de ahí se sucedieron en cascada todo tipo de consejos, trucos y sensaciones para una treintena de periodistas y corresponsales de medios nacionales, regionales y locales, entre los que estaba Diario de Almería, impartidos por el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra a través de la Escuela de ¿Guerra?, cuya sede se encuentra en el madrileño Argüelles. ¿Cómo hacer un torniquete o una reanimación cardiopulmonar? ¿Cómo ponerse un traje NBQ en un ataque químico? ¿Cuál es la distancia de seguridad ante el disparo de las diferentes armas? ¿Cómo embarcar y comportarse en un Chinook o en un Super Puma? ¿Cómo actuar si entras en un campo de minas? A los cientos de interrogantes que se le pueden plantear a un profesional en una zona de conflicto, el Ejército fue aportando durante la primera semana de octubre otros cientos de soluciones, siempre bajo la premisa de que la autoprotección se suele fundamentar en el “sentido común” como repetía el teniente coronel Carlos Enrique Benito. La Escuela de Guerra lleva diez años realizando una labor pedagógica con la que ofrecen conocimientos y habilidades a los profesionales de los medios de comunicación con el objetivo de facilitar su trabajo y, por tanto, de contribuir al derecho a la información de los ciudadanos, e incluso salvando vidas. Las jornadas incluyeron formación en materia de prevención sanitaria y soporte vital básico, conocimiento armamentístico y de vehículos de combate, conducción y mantenimiento de todoterrenos, supervivencia en áreas contaminadas, maniobras de vuelo táctico diurno y nocturno en helicóptero, empotramiento en unidades militares, sensibilización de minas y artefactos improvisados (IED) y un sinfín de talleres prácticos y teóricos imprescindibles para sobrevivir en situaciones de riesgo y no sólo en zonas bélicas.

Trucos como, por ejemplo, la posibilidad de sustituir el líquido de frenos y el anticongelante por agua y vino o arreglar una rotura en el radiador retirando la tapa de acceso del circuito y echando pimentón, especia muy común en los países árabes que se aloja directamente en el lugar de la fuga. Y la necesidad de contar con loctite o cinta americana en el kit de supervivencia junto a la manta térmica, las cerillas antihumedad, la linterna y la brújula. El pegamento no sólo sirve para pegar piezas de la indumentaria, sino que además puede ser usado, siempre en caso de emergencia, para sellar las heridas o para suplir al odontólogo a la hora de sujetar un pieza dental. Lo de la cinta americana va mucho más allá. Si se acabaran las reservas, el Ejército español, 20130930_175629que se ha situado a la vanguardia en ciertos aspectos, estaría contra las cuerdas. Con la cinta se pueden prácticas primeros auxilios a la hora de hacer un cabestrillo o montar una camilla para el traslado de un herido con dos tubos y una camisa e incluso sirve para tapar un orificio de bala o metralla, por no hablar de lo necesario que es este producto cuando el vehículo falla. La clave está en la creatividad, la que uno pueda tener en el peor de los escenarios cuando el cielo se te nubla. La instrucción también permitió desmontar mitos cinematográficos, sobre todo de la factoría Hollywood, como el de las minas antipersona que duran segundos eternos y te permiten poner a salvo la vida de los que te rodean. Los artefactos más habituales estallan cuando se pisa la espoleta, la parte que queda en superficie y activa el mecanismo, y no hay más. Existen más de diez millones en Afganistán e Irak y se calcula que el año pasado se produjeron hasta 4.000 accidentes en 68 países. Sin embargo, los profesionales del Centro Internacional de Desminado de la Academia de Ingenieros, en Hoyo de Manzanares, tienen claro que la principal amenaza hoy son los artefactos explosivos improvisados (IED) que los talibanes llevan más de diez años fabricando con el único objetivo de matar efectivos de las tropas aliadas. Los iniciadores que utilizan hoy en día pueden ir desde una caja de cerillas vacía a botellas de plástico. En carreteras de Afganistán están por todos lados, lo que ha obligado a algún convoy del Ejército a tardar días en completar una ruta de varias horas. En apenas diez metros se han encontrado hasta siete explosivos caseros, artefactos que pueden ser descubiertos por determinados indicios que se explicaron en una sesión de carácter eminentemente práctico a pie y en vehículo.

La distinción del material bélico también tuvo su propio apartado en el curso, sobre todo a efectos de autoprotección. La distancia de seguridad del disparo de una pistola son 50 metros, alrededor de 300 metros el de un fusil y de 600 a 1.200 en el caso de las ametralladoras (pobre del que diga “metralletas”). Un misil contra carro puede llegar a impactar a una distancia de cinco kilómetros. Por no hablar de los francotiradores o de las municiones capaces de PA011035atravesar un vehículo blindado. A la hora de inventar nuevas armas, tal y como explicaba el coronel Víctor Carrillo, “la maldad humana no tiene límites”. Eso sí, en las zonas de conflicto resulta imprescindible la utilización de elementos como el casco o el chaleco antibalas-antifragmentos que en la Segunda Guerra Mundial habrían salvado millones de vidas. Siempre que haya un disparo, en su mayoría son perfectamente reconocibles, hay que buscar un abrigo que puede ser un muro compacto o un pozo/agujero. De nada sirve refugiarse detrás de un arbusto cuando es un arma de tiro tenso o dentro de un vehículo si se trata de una de tiro curvo. Un consejo en caso de bombardeo: dónde ha caído un proyectil no caen más, al menos en teoría. Podría ocurrir con algo de mala suerte porque en determinados escenarios “la seguridad total no existe “.Y nada mejor que comprobarlo en pleno despliegue militar, el desarrollado por la 1ª Compañía del Batallón Filipinas del Regimiento de Infantería Ligera Palma nº 47 en el campo de maniobras Los Alijares a las afueras de Toledo. La treintena de periodistas nos empotramos en las diferentes secciones en el transcurso de la Operación Degollada consistente en el rescate de una familia retenida por la insurgencia en un poblado del país imaginario de Zumendia. Después del montaje a oscuras del vivac cuando caía la noche, con el correspondiente saco de dormir y su funda, llegó el momento de ser testigos de una experiencia inolvidable. Más de cinco kilómetros a pie en la unidad de mando y control conociendo in situ cómo coordinaba la misión el capitán Javier Campos. Después de recibir las correspondientes instrucciones en el COP Sisla, un puesto avanzado similar al que tienen las tropas españolas en sus misiones por el mundo, los efectivos se desplegaron con los profesionales de la información empotrados hacia la zona de combate denominada Casas de Legua.

En vivo y en directo. Tocó andar, correr, cubrirse tras los arbustos, sudar, esconderse y reptar como un militar más con todo lo que una operación conlleva de oscuridad, cansancio, nervios y, sobre todo, silencio. Siempre siguiendo los pasos del soldado asignado, pisando en el mismo sitio, sin perder de vista su galleta (placa con nombre en casco o uniforme) y atendiendo a sus apresuradas indicaciones cuando se producían las escaramuzas. Bajo la luz de la luna se completó el complejo rescate de los tres cooperantes de una minoría étnica que estaban amenazados por una población hostil y tocó volver al campamento. Ya eran casi las tres de la madrugada. Todos volvimos a las tiendas a descansar con el aviso de que sólos no podríamos ni tan siquiera salir al baño. Había que avisar a pesar de que el perímetro estaba asegurado. Nada más conciliar el sueño llegó lo único inesperado: el atronador sonido de una explosión y de los IMAG1542disparos de los fusiles que parecía entrar por los recónditos huecos de un vivac completamente a oscuras. Todos protegidos corriendo hacia los refugios, esa era la teoría. En la práctica se dieron chalecos sin abrochar, cascos del revés, algunos descalzos o con los zapatos sin atar, arrasando con todo lo que encontraron a su paso porque no había tiempo para lentillas e incluso algún efectivo, también en la plantilla militar, tuvo más sueño que miedo. Una vez repelido el ataque volvió el silencio en torno a las cuatro y media de la mañana y por fin tocaba dormir. Nada menos que ¡dos horas y media! A las siete se desayunaba sí o sí. Para los periodistas fue una noche, los efectivos del Batallón Filipinas llevaban así un par de días, casi sin pegar ojo en una situación de nervios y estrés permanente. También ellos aprendieron algo, como lidiar cuando les toca responder y, en definitiva cargar, con un periodista empotrado. El traslado a la base se hizo en un helicóptero Chinook de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), en cuya base se plantearon nociones básicas de embarque: dos filas, rodilla al suelo, mochila en el lado interior y nada de colgantes o cualquier otra prenda que pudiera ser atraída por las hélices. Y lo más importante, si suena el timbre tres veces hay que meter la cabeza entre las piernas porque se va a producir un impacto y cuando se mantiene de forma continuada es el momento de rezar. Mientras los motores calientan la tripulación prepara la rampa de acceso y son los encargados de dar las instrucciones para entrar y salir a toda máquina, una enseñanza fundamental para los profesionales de los medios de comunicación que se desplazan a zonas de crisis porque tarde o temprano necesitan familiarizarse con el traslado en helicóptero.

Después del vuelo táctico diurno se realizó otro nocturno en el que se utilizaron las gafas de visión nocturna (GVN), más conocidas por los videojuegos que por su uso anterior al ser un grupo de periodistas, en su mayoría, nacidos en las generaciones posteriores a la mili. Además de Chinook, las FAMET cuentan con Super Puma o Cougar y con los Tigre HA28 y para finales de 2014, tras la reprogramación, se incorporarán nada menos que 22 NH-90, entre los más PA011095sofisticados del mercado a la base de La Rioja. En Afganistán seguirán desplegados hasta noviembre tres helicópteros de cada modalidad y la mayoría de los accidentes no ocurren por los ataques de la insurgencia sino por el polvo que se levanta en el aterrizaje y despegue. En ese país que sufre al régimen talibán llevan más de cinco años de empleo los aviones drones, siendo el valor de cada uno superior a los 1,5 millones de euros. Una vez aprendido el comportamiento en vuelo tocó el aprendizaje de conducción de todoterrenos, el vehículo más común en estas misiones. Los monitores de TEPESA en Brunete realizaron ejercicios de conducción y casi de vuelco (a tres ruedas) en caminos impracticables, de simuladores de accidente y de reparación en casos extremos. Otra de las partes prácticas fue presenciar in situ el estallido de varias granadas, con las consiguientes medidas de precaución, y de otra misión real realizada por los alumnos de la Academia de Infantería situada frente al Alcázar de Toledo. De nuevo empotrados en unidades de combate y en esta ocasión me tocó cruzar por una tubería de menos de un metro de diámetro alrededor de veinte metros en el seguimiento de los efectivos de un edificio libre a otro con presencia enemiga. Emplearon botes de humo y pañuelos de colores para comunicarse sin necesidad de tecnología ni radio en un asalto urbano.

Las clases teóricas, con sus correspondientes dossieres, ocuparon un tramo significativo del seminario y destacó, entre otras ponencias, la de Cultural Awareness, lo que vienen siendo las relaciones con el entorno en el que se asientan las tropas. En Afganistán conviven 81 etnias, de ahí la importancia de conocer el mapa de religiones y la percepción PA031189cultural antes de iniciar operaciones contra el yihadismo. La gestión del estrés o el tratamiento contra quemaduras, mordeduras de serpiente, malaria, hepatitis o paludismo fueron algunas de las cuestiones abordadas en la visita a la Escuela Militar de Sanidad (EMISAN). También se detalló como comunicarse con un PIO/PAO, oficiales al frente de las relaciones con los medios en las misiones internacionales con el testimonio del teniente coronel Mejía Fernández de Velasco que relató la experiencia reciente en Mali. Cerraron las X Jornadas de Corresponsales de Guerra tres profesionales experimentados como José Antonio Guardiola (TVE), Miguel Ángel de la Fuente (TVE) y Rosas Meneses (El Mundo). Y es que no faltó casi de nada en una instrucción de aula, pero también de campo y botas sucias, que por décimo año consecutivo impartió la Escuela de Guerra, en colaboración con el Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra, para enviar “ahí fuera” a una treintena de diplomados en supervivencia en el peor de los escenarios posibles.

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