Barrios pobres, urnas vacías

Iván Gómez | 20 de febrero de 2017 a las 13:03

Barrio pobre, urna vacía. Son los agujeros negros de la democracia, distritos en los que falta de todo y más aún ilusión y ganas para ir a votar con la intención de que algo cambie. Condenados al olvido y sometidos a una exclusión social crónica, las zonas más degradadas de las ciudades son las que menos se movilizan en las elecciones. En el estudio que acaba de publicar el Observatorio Social de La Caixa se refleja la coincidencia milimétrica de los barrios marginales con las secciones electorales en las que la mayoría de habitantes no ejerce su derecho al sufragio. Andalucía con uno de los índices de pobreza más altos de Europa, con un 22% de sus familias sin recursos (más de dos millones según el informe de la Fundación Foessa), es la INTENCIÓN DE VOTO BARRIOS DEPRIMIDOS 1-GRAND(53078499)región que concentra mayores datos de abstención, casi la mitad de los 75 puntos negros que se localizan en España, y Almería no es ni mucho menos una excepción. Secciones electorales como la de El Puche y La Chanca se han colado entre los entornos más abstencionistas de nuestro país con un 77 y 71% en los comicios municipales de 2015 y del 72 y 68% en las generales del siguiente ejercicio. Siete de cada diez vecinos no acudieron a la cita con las urnas, lo que evidencia la correlación directa entre pobreza y participación en los procesos electorales. “Son personas que en su mayoría carecen de cualquier conocimiento sobre política y que, además, se sienten excluidos de la propia vida social de su ciudad y tampoco esperan cambiar nada con su voto”, argumenta Manuel Trujillo, coordinador de la Unidad de Estadística del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) y autor del estudio junto al investigador de la Universidad de Deusto Braulio Gómez. Si bien El Puche y La Chanca figuran en el ranking estatal de los entornos más abstencionistas, por detrás de zonas tan estigmatizadas como la Cañada Real de Vallecas (Madrid) o el Polígono Sur de Sevilla, hay otros barrios de la capital que sin estar en la parte alta de la tabla presentan un elevado nivel como Los Almendros y La Fuentecica y sin salir de la provincia el ejidense de Pampanico-Tarambana.

El colectivo gitano concentra buena parte del abstencionismo en España y lo mismo sucede con los inmigrantes, dos grupos de población con fuerte presencia en los barrios más degradados. Están fuera de la democracia. De ahí se desprende la teoría de la participación esgrimida por los responsables la investigación al sostener que “la participación electoral es contagiosa, por tanto, la concentración de personas sin derecho a voto en los espacios de exclusión estaría potenciando un entorno abstencionista perjudicial para la inclusión política de los más desfavorecidos”. Hay planes específicos de vivienda, salud y empleo con los que erradicar la pobreza, pero no se articulan medidas para incrementar el capital social y empoderamiento político. OLYMPUS DIGITAL CAMERAOtro de los razonamientos del estudio es que los nuevos movimientos sociales y políticos que han transformado los sistemas locales, autonómicos y estatales en los últimos años se han desarrollado al margen de las zonas con menos recursos y los vecinos de estos barrios no han sentido atracción por la nueva oferta electoral. Lo han podido comprobar porque ya hicieron una radiografía inicial para la Fundación Alternativas con datos de las elecciones de 2008 en las que no existían los partidos emergentes y se daba la misma situación que ahora. La evolución es la misma pese a la ruptura del bipartidismo y las fuerzas emergentes que parecían que iban a canalizar las aspiraciones de las clases medias y bajas. La fragmentación del escenario político no ha animado a la participación en las zonas más desfavorecidas y, de hecho, han sido más participativos los barrios en los que históricamente se ha votado mayoritariamente al Partido Popular. “La nueva política no ha sido lo suficientemente innovadora y creativa para atraer a las urnas a los ciudadanos que viven en los barrios marginales”, argumenta Trujillo.El licenciado en Estadística por la Universidad de Granada afirma que la participación electoral es un mecanismo que puede corregir las desigualdades económicas y hace especial hincapié en la posibilidad de darle un vuelco al resultado de las grandes ciudades de cambiar esa dinámica abstencionista. No interesa. Ni tan siquiera los nuevos partidos que se han nutrido de las asambleas ciudadanas han conseguido que su mensaje penetre en las zonas más degradadas.

Más allá del relato ideológico y del programa electoral en el que sí se incluyen medidas para erradicar la pobreza y paliar las necesidades de los que tienen menos recursos, ni las formaciones históricas ni las emergentes, según entienden los investigadores, han sabido incorporar a los vecinos de los barrios marginales a la vida política. No se sienten partícipes de la sociedad y menos de los procesos democráticos y recurren a las instituciones como si se tratara de un proveedor externo de los servicios municipales sin llegar a tener nunca la percepción de que su voto puede resultar útil para transformar su barrio o la ciudad. Cuando se dibuja el drama de la exclusión social, se alerta sobre todo del escenario de privación múltiple que afecta al abstencion almeriaplano económico social de los excluidos, sin embargo, no se tiene en cuenta la exclusión política que sufren los más débiles de la sociedad. Y eso supone un grave perjuicio para la democracia porque cualquiera de sus definiciones, desde la más minimalista la más resultadista, entiende como un principio esencial del sistema el derecho a la participación electoral de todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. En la capital la abstención fue del 41% en las municipales de 2015 y del 32,9% en las generales de 2016, ligeramente superior que en el conjunto de la provincia. En las zonas más desfavorecidas esta proporción de los que no votaron se llegó a duplicar, un claro síntoma de que existe una relación causal entre vivir en una sección electoral y otra pese a estar dos calles más arriba. La desafección hacia la política unida al sentimiento de ineficacia genera un profundo desapego entre los ciudadanos que se sienten más desconectados de la vida social. Entre las recetas del estudio con las que revertir esta situación se plantean talleres o iniciativas en los barrios que están fuera de la democracia para llevar a cabo una estrategia de empoderamiento político, poner herramientas para saber cómo influir en la toma de decisiones a través del voto sin caer en el clientelismo y que sean ellos mismos los que decidan. Las experiencias en otros países han demostrado que favorece la cohesión social y participativa que tomen el mando en el gobierno local de los barrios.

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