Cuando la Legión volvió a la guerra

Iván Gómez | 9 de enero de 2018 a las 12:07

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La Legión cumplirá a finales de mes 98 años de historia, después de ser creada por el Real Decreto del 28 de enero de 1920 por el entonces ministro de la Guerra José Villalba Riquelme con el nombre de Tercio de Extranjeros. Nació para hacer frente a la dureza de los combates del Rif (Marruecos) y después vinieron la Guerra Civil, la de Ifni -con el trágico episodio de la XIII Bandera en Edchera el 13 de enero de 1958- y la Marcha Verde del Sáhara. Los legionarios entraron en combate por primera vez en enero de 1921, cayendo el cabo Baltasar Queija de la Vega en Beni Hassan, el hecho que inspiró la letra del Novio de la Muerte, y se mantuvieron en el frente hasta los años setenta. Después vino un periodo de paz, adiestramiento y 28-01-2008 8-15-03_0017reajustes internos, como los del reclutamiento, cuando peligraba su continuidad. Y entonces llegó Bosnia para marcar un antes y un después en su historia. La Legión volvió a la guerra y se convirtió en un referente del ejército español. Había muchos soldados jóvenes que no habían escuchado un tiro de verdad en su vida, sólo habían sido desplegados en maniobras. Y en su camino se cruzó el teatro de operaciones internacionales más complicado. La Resolución 776 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue un hito para la Legión. En su intento de acabar con la primera contienda en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial, la de los Balcanes, recurrió a una unidad que parecía estar condenada a su desaparación. Lo reconocía el propio general Francisco Javier Zorzo en un seminario sobre misiones internacionales en Almería: “La Legión estaba en entredicho con la amenaza real de disolución si hubiéramos fallado”. Pero no fue así, sino todo lo contrario. Un año después del despliegue recibieron el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional a los entonces ‘cascos azules’ de Bosnia y el cariño de la población aún se mantiene, también el recuerdo de los 24 fallecidos, con la plaza de España en Mostar sobre la antigua línea de frente bélico de la ciudad.

Las encomiendas desde entonces se han ido sucediendo y unidades de la Legión han formado parte de 24 contingentes desde 1992. En la actualidad hay dos despliegues en Mali e Irak de los efectivos de la Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII, la más joven del Ejército de nuestro país asentada desde 1995 en el cuartel general de Viator. La primera a Bosnia fue de las misiones de paz más difíciles de Naciones Unidas para garantizar la llegada 26655516199_7504d404d0_ode ayuda humanitaria a la población. España sólo había enviado observadores de paz de la ONU en África y Centroamérica a finales de los ochenta, pero no se había enfrentado nunca a un conflicto bélico. Entre noviembre de 1992 y septiembre de 1993 se desplegaron dos agrupaciones, la Málaga y la Canarias, más de dos mil hombres en una aventura que no esperaban. La primera rotación embarcó en el puerto de Almería en noviembre del año de la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona con el objetivo de mantener infraestructuras vitales para la población como la arteria señalada por el río Neretva. Pasó de denominarse ruta de la muerte a ruta de la vida y los españoles. La segunda llegó en abril de 1993 y fue más convulsa al mediar entre milicias de un país desgarrado por el fanatismo. Supuso el bautismo de fuego de la Legión después de años de estabilidad y consolidó su potencial y capacidades militares.

“Estuvimos volcados con la gente, le dábamos la mitad de nuestra ración” 

El cabo mayor legionario José Antonio Pinto ha participado en tres despliegues en Líbano, dos más en Afganistán, otro en Irak y también en Kosovo. Pero antes de todas esas misiones de paz se enfrentó a la primera a finales de 1992, hace 25 años, al partir con la Agrupación Táctica Málaga a Bosnia a OLYMPUS DIGITAL CAMERAdefender a la población de este rincón de los Balcanes de un conflicto bélico que provocó miles de muertes injustas. Pinto era cabo primero entonces y se ofreció para estar en la primera rotación sin pensárselo. Destaca el “carácter humanitario” de la misión que desempeñaron como cascos azules y señala que desde el primer momento “estuvimos muy volcados con la gente que lo estaba pasando muy mal”. No se podían mantener al margen de la situación: “Les dábamos la mitad de nuestra ración”. José Antonio Pinto asegura que el carácter de los españoles ayudó mucho, “nos hacía empatizar con la población y aprendíamos hasta sus frases habituales”. Aún hoy recuerda alguna y desde hace un cuarto de siglo no ha pisado suelo bosnio. Recibían regalos de los vecinos en el campamento de Jablanica en el que estaban desplegados y correspondían con presentes que les mandaban sus familias para los críos desde nuestro país.

“Los españoles éramos los únicos que podíamos ir por cualquier zona hostil, agradecían nuestra imparcialidad y nos respetaban”, asegura con la satisfacción del debe cumplido el cabo mayor. Se 28-01-2008 8-12-14_0013se comenzaba a forjar la leyenda de la Legión a la que Bosnia situó en el mapa, prestigió y consolidó. “Era la primera vez que salíamos fuera y estuvimos a la altura”. El legionario asegura que ha sentido más peligro en otras misiones como la de Afganistán e Irak, si bien recuerda episodios difíciles de olvidar. “Un día pasabas por una casa y veías a una familia en la puerta y al día siguiente volvías y sólo había piedras”. En la antigua Yugoslavia había un nivel alto de inglés y siempre se hacía viable la comunicación. Con los familiares en España se podían llamar casi todos los días. Había cabinas y tarjetas, lo que no tenían era apenas tiempo. “Se nos pasó el tiempo muy rápido porque teníamos un volumen de trabajo muy alto”, concluye.

“Cuando tocaba el relevo, el pueblo nos despidió llorando en Jablanica” 

El subteniente José Manuel Pérez Hernández era a mediados de 1993, cuando formó parte de la Agrupación Táctica Canarias que se desplegó en Bosnia, un joven sargento que habían trasladado a montaña en Barcelona. Pese a no estar destinado en la Legión y a las crudas noticias que llegaban sobre el conflicto de los Balcanes, quiso estar con los cascos azules españoles en la segunda de las rotaciones. Formó parte junto a legionarios de Ceuta, Ronda y una mayoría de Fuerteventura de un contingente que vivió una de las etapas más complicadas de la guerra de Bosnia. “En la segunda agrupación había más riesgo e inseguridad que en la primera. En Mostar nos tiroteaban un día sí y OLYMPUS DIGITAL CAMERAotro también y teníamos que cruzar la línea de contacto de croatas y musulmanes para que vieran que estábamos allí”. El subteniente recuerda que iban guarecidos con el BMR y hacían fuego contra el vehículo durante el cambio de zona, a veces hasta francotiradores escondidos en edificios. “Éramos cascos azules y no podíamos casi defendernos de los ataques”. Fue un encargo de envergadura, el de la OTAN, y los enfrentó a situaciones que no han vuelto a vivir. “Ví el lobo más de una vez, para mí fue la misión más difícil, la segunda vez que fui a Bosnia ya estaba más relajado, pero nuestra agrupación tuvo muchas bajas”, argumenta. Uno de los momentos más delicados fue el fallecimiento de Muñoz Castellano. “Las familias estaban muy preocupadas y hablábamos casi todos los días. Queríamos trasladarles menor riesgo del que había y a veces era imposible. Una noche hablando con mi mujer pegaron un petardazo en la base y algo me inventé para decirle que no había sido nada”, añade. El entonces sargenteo se vio apuntado por Kalashnikov más de una vez.

Como una tarde en una plaza en la que se vivió una situación de tensión al pedir a unas milicias que liberasen a un grupo de personas que iban a embarcar. Al final todo se solventó con el reparto de tabaco. Pérez Hernández tenía un puesto de tiro Milan contra carro en un BMR. Asegura que recogían a familias que habían sido expulsadas de sus casas y ayudaban en todo lo que podían. “Hacían lo que querían, ni derechos humanos ni teniente pérez 1nada”. El subteniente daba comida y otros productos (champú y pasta de dientes) a una pequeña niña que se llamaba Yasmina. “Hablaban inglés y chapurreaban español. Nos querían mucho. El día que tocaba el relevo de la Agrupación Madrid, el pueblo nos despidió llorando en la explanada del Museo de Jablanica”. Al legionario Pérez Hernández le regalaron unas babuchas que hoy conserva. Años más tarde, en 1996, volvió a Bosnia y junto a otros compañeros de aquel contingente volvió al pueblo a vér como estaba, pero no reconocieron a nadie de los de antes. La niña tampoco estaba. “Era de Sarajevo y estaba refugiada en un polideportivo. Nunca más la volví a ver”, asegura. La relación de la Legión con los Balcanes fue especial e intensa. José Manuel Pérez Hernández destaca el carácter humanitario de aquella operativa que marcó un antes y un después. “Era algo nuevo para nosotros. La primera misión generó mucha ilusión y a la Legión nos consolidó nuestra actuación allí”, argumenta. El subteniente estuvo cerca de seis meses, de abril a octubre de 1993. “Me quedo con el cariño de la población, diferente al de otras misiones, y con el compañerismo que se creó entre nosotros”.

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