Médicos contra la violencia de género

Iván Gómez | 22 de enero de 2018 a las 13:53

RG201117- ENTREVISTA DOCTORA DOLORES FELICES - VIOLENCIA DE GENERO

“Me caí y me dí con el frigorífico”. Una paciente, de mirada esquiva y lágrima fácil, relataba hace unos meses a su médica de cabecera un accidente doméstico. Pero algo no cuadraba. La mujer tenía heridas en la frente y en la nuca, señales de dedos y más de un hematoma en la espalda. Era otra víctima de malos tratos que prefería ocultar la dura realidad de la violencia de género, pero afortunadamente su doctora sospechó del testimonio y medió para que rompiera su silencio. El papel de los profesionales médicos en centros de salud y hospitales no se limita a sanar las heridas físicas y emocionales de las pacientes y va mucho más allá. Pueden salvar la vida de mujeres en situaciones de máximo riesgo que no se atreven a denunciar porque viven el miedo con mayúsculas. Un insulto y un golpe generan daños psicológicos irreversibles y sitúan a la violencia de género como un problema de salud pública que también se debe combatir desde los consultorios y clínicas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que una de cada cuatro mujeres sufre maltrato y se diagnostican sólo el 11% de casos reales.

Los médicos y enfermeros de los centros sanitarios públicos de la comunidad andaluza cuentan con dos protocolos de actuación desde 2008, uno dirigido a profesionales de atención primaria y otro para los que trabajan en las urgencias, además de una guía rápida. Estas pautas se han ido curso para detectar malos tratosactualizando y revisando en los últimos años con el objetivo de ayudar al facultativo a identificar a las víctimas de los malos tratos y mejorar la atención y seguimiento tanto de las mujeres como de sus hijos y familiares. En Andalucía en 2016 se emitieron más de 4.400 partes de lesiones a los juzgados de Andalucía (4.856 en 2015). En la provincia han sido 530 las sospechas de violencia de género enviadas a la justicia desde los centros de atención primaria y hospitales durante el pasado año, lo que se traduce en más de un parte diario y diez a la semana. Y no se trata de formular una notificación. La coordinación de los sanitarios con la Policía, Instituto Andaluz de la Mujer, la Fiscalía y el Juzgado de Guardia es vital para reducir los riesgos y evitar secuelas físicas y psicológicas. “Lo prioritario no es el parte judicial, es acompañar a la mujer en su proceso de cambio de vida”, argumenta Dolores Felices, médica de familia de la Unidad de Gestión Clínica Alcazaba. Es una de las profesionales almerienses de la Red Andaluza de Formación contra el Maltrato a las Mujeres, una quincena en la provincia y en torno a 150 profesionales en toda la comunidad. Entre los años 2010 y 2015 este equipodenominado Formma facilitó actividades de concienciación a más de 17.400 profesionales del SAS.

La doctora Felices González explica que en el Distrito Almería, en el que trabaja junto a una enfermera del centro de salud Plaza de Toros y otra del de El Puche, han formado este año a 122 sanitarios en sensibilización y otros 17 en formación básica. El año anterior fueron 33 sanitarios los que se instruyeron en atención a víctimas de violencia de género y 13 en 2015. Al no estar liberados los formadores, van siempre con el tiempo justo y los cursos no van al ritmo que debieran. Esta red que se puso en marcha en 2009 tiene en sus filas médicos, enfermeros y psicólogos -de la plantilla del SAS- y el aprendizaje es obligado. Así lo establece el protocolo que deben conocer todos los profesionales de Andalucía porque no consiste sólo en notificar una situación al juez. Tienen que manejar los tiempos para que la mujer no corra ningún riesgo innecesario y estar siempre a su lado. De ahí la importancia de la coordinación entre los centros y con los servicios sociales. “A veces se aplaza el parte porque la mujer no está preparada para dar el paso y no habrá denuncia si saber que sus hijos o padres están seguros”, añade la doctora. Eso sí, cuando el peligro es evidente y extremo se actúa de oficio sin importar que la paciente no esté de acuerdo. Son cuestiones que no se aprenden en las facultades de Medicina y que se abordan en los cursos. De hecho, el teléfono de los formadores está siempre abierto por si al resto de sus compañeros de los hospitales y consultorios les surgen dudas a la hora de diagnosticar un posible caso o sobre su abordaje.

Una de las claves de la actuación sanitaria con las víctimas de malos tratos es preguntar abiertamente al más mínimo síntoma o indicio. Así lo indica el protocolo regional que es de obligado cumplimiento y enumera actitudes que pueden evidenciar estas situaciones. Si la mujer es hiperfrecuentadora de 171122 Toyo Actos contra la VG 02.JPGlos servicios médicos ya se daría una primera señal. Dolores Felices explica que también suelen existir infecciones urinarias de repetición como constatación de que estaría manteniendo relaciones sexuales no deseadas. Si la paciente deja de acudir de buenas a primeras y era habitual su visita es otra sospecha, así como también puede serlo un aborto. Tienen un perfil de mujer temerosa, que se culpa de todo, con baja autoestima, depresión, ansiedad, insomnio y descuidada físicamente. “Sufren un malestar generalizado y cambian de actitud cuando vienen acompañadas de su pareja”, añade la doctora. Las lesiones que presentan (fracturas, contusiones, una quemadura de cigarro o perforación de tímpano) a veces no coinciden con la causa que exponen y casi siempre alegan accidentes domésticos. De ahí que el criterio del facultativo resulte determinante. Prestan atención a todos los detalles, incluso la forma de acudir y actuar a la consulta.

El adiestramiento del personal de los centros de atención primaria hace especial hincapié en el trabajo con la paciente cuando niega la dura realidad del maltrato. “Tenemos la ventaja de que si pregunto y pone resistencias puedo citarla otro día y volver a intentarlo. Eso no puede hacerlo un médico de urgencias”, añade la facultativa. Actúa como una detective que intenta generar un clima de confianza para que la víctima reconozca la situación y se preste a tomar medidas drásticas. “Siempre recuerdo a los médicos que es importante cerrar a tiempo la entrevista, antes de que pueda sentirse presionada y no vuelva”. La médica de familia intenta que las mujeres reflexionen sobre sus hábitos de vida y que entiendan que la situación es insostenible. “Si te insultan y menosprecian cada día se normaliza la violencia y ni siquiera lo perciben el maltrato”, asegura. Con confidencialidad y explicando siempre los recursos disponibles, el personal sanitario debe conseguir poner a salvo a la mujer y que no se sienta sola bajo ningún concepto. “En ocasiones la víctima suele estar esperando que alguien le pregunte y se interese por ella”, concluye la doctora.

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