Un paseo de medio siglo por las nubes

Iván Gómez | 5 de febrero de 2018 a las 22:02

LOCAL-AEROPUERTO DE ALMERÍA

Con la ayuda de su bastón, Carlos Revilla Palacio recorre con calma el interior del Aeropuerto. Repasa la estructura de cada instalación con cierto interés, explorando de arriba a abajo cada recoveco en busca de defectos y vicios ocultos que sólo unos pocos privilegiados pueden apreciar dónde los demás sólo ven paredes y techos. Podría parecer un octogenario que pisa por primera vez una terminal y al que sobrecoge la aviación, pero nada más lejos de la realidad. Este ingeniero aeronáutico sevillano, pero afincado en Aguadulce desde los años sesenta, ha dedicado más de media vida a la construcción, consultoría y explotación de hasta medio centenar de aeropuertos de dentro y fuera de España. Uganda, Jamaica, Costa Rica, Colombia, Argentina, Cuba y Bahamas son sólo alguno de los destinos en los que ha trabajado con Aena y como profesional independiente para otras empresas. LOCAL-AEROPUERTO DE ALMERÍAEn nuestro país dirigió el de Alicante, la ampliación en Melilla y fue uno de los asesores de la reforma de Barajas con motivo del Mundial del 82. Pero todo empezó en Almería, en el paraje conocido como Los Albardinales sobre el que construyó, junto a dos ingenieros más, el aeropuerto de El Alquián entre 1966 y 1968. Lo hicieron, además, al terminar la carrera, con sobredosis de ilusión, pero sin experiencia. Fue su primera encomienda del Gobierno y no estuvo exenta de frenos y obstáculos como la escasez de agua procedente del pozo de Valeriano y de electricidad que obligaba a trabajar con generadores autónomos de energía. El cemento llegó desde Rumanía y Polonia en barcos al Puerto de la capital. Fue el director de las actuaciones, jefe de mantenimiento después y con la Transición asumió la dirección en 1981, siendo el primer responsable civil al desvincularse el organismo de la dependencia del comandante aéreo de Almería. Esta semana ha vuelto a recorrer los pasillos y pistas del aeropuerto en compañía de su director actual, Pablo Lázaro Melgar, con motivo del cincuenta aniversario de una instalación que ha sido, es y será vital para el progreso económico y social de la provincia. Pasado y presente analizan los retos de futuro de una infraestructura que se ponía en funcionamiento el 6 de febrero de 1968 después de una inversión de 349,3 millones de pesetas por parte del Ministerio del Aire. Las expropiaciones las había sufragado el Ayuntamiento de la capital. El director de aquellas actuaciones que se adjudicaron a la empresa francesa Dumez en diciembre de 1965 recuerda que se construyó con recursos limitados y turnos de trabajo de hasta once horas entre lunes y sábado. Los operarios sólo descansaban los domingos y festivos y no tenían vacaciones y aún así se inauguró con meses de retraso sobre lo previsto. La falta de rodaje de los tres ingenieros al cargo -tanto Carlos Revilla como Juan Valverde y el ayudante José Luis Sánchez- se compensó con la dilatada trayectoria de Dumez y de su jefe de obra Marcos García Cruzado. El entonces alcalde de Almería, Guillermo Verdejo, quiso aprovechar la profesionalidad de la empresa francesa y les encargó durante su estancia en El Alquián la pavimentación del Paseo del Generalísimo que completaron en una sola noche con maquinaria y planta del aeropuerto.

Eran otros tiempos y no contaban con la tecnología ni maquinaria de hoy, reconoce el ingeniero de uno de los principales actores del potencial turístico de Almería. En estos cincuenta años de historia han sido más de 27,2 millones de pasajeros, de los que un 62,7% en el último ejercicio se movieron en vuelos con el extranjero. Carlos Revilla dirigió el aeropuerto durante una época de crecimiento pausado y constante, si bien muy alejado de registros posteriores como los que llegaron en la primera década del actual siglo en la que se alcanzó el millón de pasajeros. “Entonces el tren era muy bueno y barato, mucho mejor que el de hoy, y los vuelos estaban al alcance de pocos y todavía había cierto miedo a coger el avión”. Con la consolidación de las conexiones domésticas a Barcelona y Madrid, la irrupción de líneas con destinos europeos y la permuta de aeronaves pequeñas LOCAL-AEROPUERTO DE ALMERÍApor las de 80-90 plazas la dinámica cambió y el uso de la aviación comercial se extendió a mayores cuotas de población. Si en 1968 operaron 1.372 aviones (una media de cuatro diarios) y se movieron 17.843 pasajeros, en el último ejercicio han sido 12.218 aeronaves (más de 30 cada día) y poco más de un millón de usuarios con destino o llegada en Almería. En los ochenta eran en torno a 200 trabajadores, recuerda el director de aquella primera obra del aeródromo de El Alquián, a quien gustaba y mucho quedarse a comer con la veintena de bomberos que entonces tenía el servicio de extinción porque disponían de un cocinero de primer nivel. Hoy son más de 400 profesionales para medio centenar de empresas. En sus diálogos de altos vuelos, Pablo y Carlos, último y primer gestor del aeropuerto, no sólo comparten cargo, anécdotas y compañeros en común, sino que además, al igual que el resto de trabajadores que han pasado por el aeropuerto, los que continúan y los que vendrán, tienen un mismo objetivo, el que hizo posible su puesta en marcha hace ya cinco décadas: contribuir al desarrollo social y económico de Almería. Las comunicaciones aéreas han servido para romper el secular aislamiento provincial y han sido uno de las herramientas de desarrollo del destino turístico. Aunque no se ha logrado canalizar la vieja aspiración de exportar las frutas y hortalizas, pese a los intentos en la década de los setenta. En 1977 se enviaron a países europeos casi 670.000 kilos, pero después fue a menos. En 2017 se han movido dos toneladas de carga, pero no del sector agroalimentario, cuya asignatura pendiente es exportar por avión y ferrocarril. El resto de ámbitos provinciales sí han tenido la respuesta del aeropuerto que necesitaban, más allá del turismo, como ocurrió con el cine.

Durante la construcción del aeródromo, en pleno movimiento de tierras, sus obras lo convirtieron en escenario del séptimo arte. El aeropuerto no estuvo ajeno a la vorágine cineasta de aquellos años, tampoco lo es hoy cuando recibe cada año a decenas de directores, localizadores e intérpretes de la industria audiovisual con rodajes de películas, series y todo tipo de anuncios, recibiendo en pleno despeje de terrenos, antes de su puesta en servicio, la visita de Brigitte Bardot, Yves Montand, Clint Eastwood o Lino Ventura, entre otros. El aeropuerto fue plató al aire libre para simular pistas LOCAL-AEROPUERTO DE ALMERÍAen el desierto y en lugares exóticos. Carlos Revilla recuerda la llegada habitual de aquellos actores de reconocido prestigio, entonces en líneas regulares, si bien hoy las productoras disponen vuelos chárter. También rememora con cierta frescura pese al tiempo que ha transcurrido la primera visita del entonces Rey Juan Carlos I a bordo de un caza que pilotaba. Se dirigía hacia unas maniobras en el Levante, en la zona de Carboneras, e hizo escala casi sin avisar. La inauguración también tuvo sus anécdotas. Un día antes del aterrizaje de Franco, cuando todo el aeropuerto se vestía de gala con banderas nacionales y retratos del jefe de Estado, se produjo la avería del ascensor de la torre de control que se había previsto en el itinerario por las nuevas instalaciones del general. La solución fue colocar a uno de los trabajadores más vigoroso y corpulento debajo en la sala de máquinas por si volvía a fallar el ascensor recurrir a accionarlo mediante un proceso manual. Cuando bajaron a ver al operario estaba custodiado por un agente de la Guardia Civil que lo apuntaba al desconocer cuáles eran sus intenciones. Pero más tensa fue, según relata Revilla, la jornada en la que coincidieron en el recinto los seguidores de La Pasionaria Dolores Ibárruri y los de Blas Piñar de Fuerza Nueva. Los símbolos del comunismo y la extrema derecha tenían distintos vuelos, pero la falta coincidencia en los ochenta obligó a reforzar la seguridad del aeropuerto.

El golpe de Estado de Tejero en 1981 fue otro episodio de cierta incertidumbre y nerviosismo que tuvo que afrontar durante su mandato. Tuvo que volver al trabajo una vez que se había cerrado y hacer guardia toda la noche con unos invitados inesperados. Agentes de la Benemérita se pasaron allí la madrugada porque en la sala de autoridades había televisión, un privilegio del que carecían aún los cuarteles. Esa noche fue la única en la que se tuvo muy presente la caja fuerte. El actual director le preguntó esta semana al ingeniero aeronáutico por una leyenda que decía que todos los trabajadores tenían en ese cofre blindado una acreditación de su rango militar para emergencias. Y Carlos Revilla se lo confirmó. Esa documentación se mantuvo hasta que el aeropuerto dejó de ser dependencia del Ministerio del Aire y del comandante aéreo de Almería, Luis Páez Giménez. En aquellos años el aeropuerto abría un máximo de doce horas y contaba con plantilla de siete controladores. Había quiosco de prensa y tienda de LOCAL-AEROPUERTO DE ALMERÍAsuvenir, sobre todo cuando se multiplicaron los chárter desde medio mundo, de Noruega a los Estados Unidos o Rusia. Pero la infraestructura poco tenía que ver con las modernas terminales e instalaciones actuales. Así lo reconoce el que dirigió la actuación inicial del campo de vuelos y su primer edificio. Valora el buen diseño y las decisiones adoptadas en las sucesivas actuaciones de mejora, una primera en 1995 en la que se invirtieron 1.900 millones de las antiguas pesetas y otra posterior para ampliar su capacidad a casi 3 millones de pasajeros anuales completada en 2010 con 37 millones de euros de coste. “Hoy es un aeropuerto de calidad y buen gusto, mucho mejor organizado que la mayoría en los que he trabajado. Bonito y sencillo, con una luz agradable”, comentaba durante su recorrido por las oficinas el primer director civil. “Las compañías están muy contentas y eso para nosotros es un buen síntoma”, replica Pablo Lázaro, antes de mostrarle la nueva terraza al aire libre de la sala de embarque. Con vistas al mar y a las pistas y con un bar, un regalo para cualquier usuario, más aún si es fumador. Es otra de las mejoras recientes y todavía queda alguna más en cartera. El aeropuerto está remontando el vuelo después de una travesía por el desierto de la aviación ocasionada por la crisis económica. Gracias a su esfuerzo y tesón y al de cientos de trabajadores que han pasado por sus instalaciones en estos cincuenta años. Lo reiteran. Y siguen su paseo de medio siglo por las nubes.

Los hitos del aeropuerto 

1947
Plan Social de Almería
Las actividades aeronáuticas en la provincia comenzaron en 1911 y el primer aeródromo municipal se abrió en 1932 en llanos desérticos deTabernas. El punto de partida del actual aeropuerto data de 1947 con el Anteproyecto del Plan Social de Almería en el que ponían en valor su importancia para la exportación de productos agrícolas. Entonces el tren eran 12 horas a Madrid, las carreteras a Granada y Málaga impracticables. Se quería romper el aislamiento secular de la provincia. En 1951 se reunieron los presidentes de la Cámara de Comercio y el Sindicato Vertical de Productos Hortícolas con alcalde y gobernador civil para organizar la adquisición de los terrenos y el encargo del proyecto. El Ayuntamiento abanderó esta demanda y promovió la creación de la Junta Técnica Mixta entre la administración local y el Ministerio del Aire.

1954
El primer proyecto fallido
El primer proyecto del aeropuerto se aprobó el 9 de septiembre de 1954 y su ubicación comprendía los terrenos entre los kilómetros 6 y 9 de la carretera de Almería a Níjar. Se ubicó hasta el cartel y se procedió a la expropiación, pero después tuvo que ser desechada esta localización por nuevas necesidades técnicas operativas. Es entonces cuando se opta por el paraje conocido como Los Albardinales, a 6 kilómetros de la capital, con acometidas de energía eléctrica cercanas y fácil acceso por carretera. El suelo era municipal, había sido expropiado por el consistorio en 1954.

1964
Plan General de Aeropuertos
El impulso definitivo se produjo con la inclusión del aeródromo de El Alquián en el Plan General de Aeropuertos y Rutas Aéreas 1964-1967, gracias a las gestiones del gobernador civil, Gutiérrez Egea, del cuerpo de interventores del Ejército del Aire y el presidente de la Cámara de Comercio, Juan Navarro Hanza, quien contaba con la ayuda de su hermano con un destacado cargo en Aviación Civil.

aeropuerto Almer’a1966
El comienzo de las obras
La primera orden ministerial data del 10 de febrero de 1965. En este documento se aprueba el actual emplazamiento y establecimiento del Aeropuerto de Almería. Dos meses después se declararon las servidumbres aeronáuticas y ya en septiembre la denominación oficial que daría paso a las obras. El 15 de diciembre de 1965 se adjudican por 148,7 millones de pesetas los trabajos del campo de vuelo a Construcciones Dumez SA. Dos son los ingenieros responsables, Carlos Revilla y Juan Valverde, con el ayudante José Luis Sánchez.

1968
Inauguración y primer vuelo
Una avión del Ejército del Aire fue el primero en aterrizar el día de su inauguración. Viajaba el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, acompañado por personal de prensa. Poco después, a las 11:40 horas, lo hizo un DC8 de la compañía Iberia con el general Francisco Franco, jefe del Estado. Durante parte del trayecto ocupó el puesto de copiloto. Descubrió una placa conmemorativa y pasó revista a las tropas. El aeropuerto se vistió de honores y resonaba el himno nacional. El obispo Suquía procedió a la bendición. Franco se desplazó después a inaugurar los 27 bloques de vivienda pública del barrio de la Paz que entonces pasó a llamarse las 500 Viviendas. Dos días más tarde tuvo lugar el primer vuelo comercial, un Fokker, bajo el nombre de Río Ebro, que cubría la nueva línea con Madrid y llegó con las 38 plazas ocupadas.

1970
Hacia la internacionalización
Después de la inauguración, en abril de 1968 el vuelo con Madrid pasa a ser diario y en noviembre se pone en marcha una conexión con Murcia y Barcelona con un Convair 440. El desarrollo turístico de la provincia permitió la apertura de líneas con otros países. En verano de 1970 se inaugura la primera línea regular con el extranjero que hacía servicio con París a través de Valencia sólo los domingos. En la primavera de 1974 se pone en funcionamiento la primera conexión sin escalas con el extranjero. La opera British Airways, uniendo Almería con Londres desde abril a otoño. En aquel verano se inician los chárter con distintas ciudades europeas. Se pasó de 11.258 visitantes en 1971 a 54.450 el año de la ruta con Reino Unido. En 1975 son 80.220 turistas europeos los que pasan por el aeropuerto frente a 94.976 pasajeros nacionales.

1990
Ampliación y consolidación
Las rutas nacionales se refuerzan en los ochenta y se reciben vuelos Alemania, Reino Unido, Noruega, Holanda, Bélgica que se alojan en hoteles de Roquetas y Mojácar. Se hace necesario un nuevo impulso inversor en la ampliación de las pistas, terminal y estacionamiento de aeronaves. La inversión alcanza los 1.900 millones de pesetas a lo largo de los años noventa.

1999
Aterrizaje de Air Nostrum
En la primavera de 1994 ve la luz en Valencia una nueva compañía de aviación regional que estará muy ligada al desarrollo aéreo de la provincia, Air Nostrum. Tres años después pasa a ser la filial de Iberia, un crecimiento por el que aterriza en El Alquián en 1999 con vuelos a Madrid y Barcelona. En los Juegos Mediterráneos amplió su capacidad en 20.000 plazas.

2007
El millón de pasajeros
Con un crecimiento pausado pero constante el Aeropuerto abre un nuevo edificio de salidas en 2009. En 2002 entraba en servicio la terminal de mercancías. Fue en el año de los Juegos Mediterráneos cuando se superó la barrera del millón y el mejor registro llegó en 2007 con 1,2 millones de viajeros. La crisis truncó la tendencia al alza y poco a poco se remonta el vuelo.

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