Ecologistas en Acción contra las corbetas

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

 

LA VENTA DE CORBETAS A LA PETROMONARQUÍA SAUDÍ: UNA MALA ELECCIÓN MORALMENTE INACEPTABLE

HAY ALTERNATIVAS A LA INDUSTRIA MILITAR

La decisión del gobierno español de vender cinco corbetas al trono saudí, que con seguridad serán empleadas en la guerra contra el pueblo yemení, es éticamente rechazable, a pesar de la pretendida justificación de que creará una importante carga de trabajo en los astilleros de Navantia de San Fernando y Ferrol.

No se trata solamente de un contrato por 2.000 millones de €, sino de todo un programa de colaboración bélica con este gobierno autocrático, que pasa por la creación de una compañía conjunta, Industria Militares de Arabia Saudí, la remodelación del puerto de Yeda, el mantenimiento de los buques y la instrucción de los marinos saudíes en San Fernando. Y se une a la constante venta de piezas de artillería, municiones y bombas por parte del Gobierno a Arabia Saudí.

Asistimos a un grave conflicto entre el derecho al trabajo en las empresas de construcción naval de la Bahía de Cádiz y los derechos fundamentales a la vida y a la libertad de los receptores y víctimas de ese equipamiento bélico. No podemos actuar como colaboradores necesarios en la masacre que perpetra Arabia Saudí contra Yemen, que ya arrastra un desolador balance de 10.000 muertos desde 2015. Además, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y las Naciones Unidas han documentado presuntos crímenes de guerra de la coalición encabezada por Arabia Saudí en Yemen, un conflicto en que ha habido decenas de bombardeos ilegítimos y criminales de hospitales, escuelas, mercados y mezquitas.

Esta connivencia del Gobierno español con la violación de los derechos humanos se incardina en una escalada del presupuesto de Defensa para este año, que aumenta un 11 %, incluyendo el pago de los Programas Especiales de Armamento, y una creciente militarización de la sociedad, que tiene su reflejo en la obligatoriedad de la asignatura “Conocimiento de la seguridad y la defensa nacional en los centros educativos” en la enseñanza primaria.

Es incomprensible y rechazable la aprobación que ha suscitado este contrato de armamento en los sindicatos y algunas fuerzas de izquierda, como el alcalde de Cádiz, Jose Mª González, cuando existen alternativas de empleo civil a la construcción naval militar. Una mínima conciencia solidaria y un obligado compromiso por la paz exigen de las fuerzas progresistas la búsqueda de alternativas al paro endémico del sector de la construcción naval que no pasen por reforzar la fabricación de instrumentos de agresión bélica.

La dicotomía entre fabricar artefactos bélicos o productos para el uso civil tiene respuesta adecuada; de esta forma, dejaríamos de actuar como colaboradores necesarios en la masacre que perpetra Arabia Saudí contra Yemen. La deconstrucción naval y la energía eólica off shore son las dos alternativas necesarias para el mantenimiento y ampliación de la “carga de trabajo” en los astilleros de Cádiz, que harían innecesaria la deriva belicista de construir instrumentos de violación de los derechos básicos de las personas.

El PEMAR (Plan Estatal Marco de Residuos) identifica una oportunidad real de hacerse con un mercado casi virgen: el reciclado ecológico de buques (deconstrucción naval), evitando achatarramientos infames como ha perpetrado Turquía con el portaaviones Príncipe de Asturias. Este desguace sin las debidas condiciones se ha adjudicado en 2,4 millones de €, una cantidad que hubiera venido muy bien a las depauperadas arcas de Navantia. Y en el caso de la energía eólica off shore, entraríamos a formar parte de la cadena de valor de esta energía limpia: construcción, equipamiento, instalación, mantenimiento, suministro, reparación, … de aerogeneradores en el mar, una oportunidad desaprovechada en Navantia, que solo se limita a la construcción de subestaciones y estructuras de soporte a los parques eólicos marinos.

De esta forma, contribuiríamos a desarrollar una cultura de paz, resolveríamos déficits ambientales importantes y ofreceríamos un buen puñado de puestos de trabajo para hacer sostenible a la construcción naval y conseguir descender las escandalosas cifras de paro que padece nuestra población. Y pondríamos coto al escandaloso incremento de las exportaciones de armas que sigue nuestro país.

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía – delegación de Cádiz

Ecologistas en Acción

Cádiz, 22 de Abril de 2018

Buenísimo

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

LA ORQUESTA DEL TITANIC. EDUARDO FLORES EN EL DIARIO BAHÍA DE CÁDIZ

Hacía tiempo ya que un buen amigo -uno terrible, sin embargo- me recomendaba la lectura de Juan Goytisolo. Malo como soy para aceptar tales sugerencias fui postergando la invitación hasta el fallecimiento del autor del reto literario que es el Don Julián.

Y aquí me veo ahora, tan embrujado como perdido, cazando mariposas en una jaula para tiburones, fuera de Cádiz -una vez más y muy probablemente para siempre-, aplicando un pensamiento que sea una visión sobre la ciudad que siempre fue mi lugar de nacimiento y mi tortura -no subo a un bus de línea sin mis ansiolíticos-. Sea quizá por ello por lo que me siento tan cercano a la figura, esquiva y lúcida, tan viva en lo que muchos sabemos que son sus últimos años, la figura del maestro Sopranis.

Cádiz está condenada a la muerte por asfixia. Se escribían titulares no hace mucho acerca de un tsunami por llegar. No sabíamos -no queríamos saber porque el ejercicio es más bien cansado- que el tsunami ya había inundado las calles. Un plano cenital nos muestra la tragedia de un trazado urbano en el que sobre los adoquines fluyen torrentes de confusión ante un final siempre ilusoriamente próximo y que no es más que presente.

Siempre creí -ay, emplear este verbo en pasado, qué cabronada-, que la cultura, sí, la cultura, las artes, eran el camino, como esa semillita de papá en mamá, que germinaba individualmente, en favor de una colectividad que se enriquecía tras el proceso de las lluvias y las recogidas. La cultura. Eso creía. La cultura germina mal en Cádiz. Campo de batalla por extensión andaluza, batalla por la nada de la izquierda española (no olvidemos, la que se escondió cuando lo del desagradable y sus moros hambrientos de conejos españoles). Nada de pensamiento, muy poco de ideología, compromiso cero. Cuando se enfrenta la tibieza generalizada el discurso o se es chauvinista o -ay, pecado mortal del gaditano- derrotista.

La intelectualidad gaditana apesta. Y nada de ello tiene que ver con el conocido olor del abono, que tiene más de promesa que de escatológico. Apesta por lo accesorio de la actividad intelectual en favor del ego desmedido. El pensamiento más crítico e independiente no es más que el producto de una ambición mayor. Una ambición incomprensible por otro lado. Cuando se comprende, cuando se dan esos extraños casos, a uno se le escribe en las mientes cuanto pueden esconder de oscuro nombres como el de Juan José Téllez, tan amado él por todos, tan acomodadamente apalancado (¿Dónde?) para -con una prosa brillante y no menos elocuente- hacer periodismo de izquierdas.

A pesar de los casposos montieles que se resisten, los García-Máiquez de ridículo catolicismo, sí, de estos supervivientes al cambio -cobijados bajo el Fénix del descrédito-, ¿dónde dejar a Fernando Santiago, eco permanente, vocero de sí mismo con la voz de los demás, siniestro e insidioso como el vuelo de un mosquito en la oscuridad de la noche en un dormitorio? el surgimiento de otros nombres y otros alientos poco o nada sugieren que uno pueda tomar sin suspicacias.

El cambio en la cultura sólo ha servido para desplazar laureles. La ambición -una que servidor no termina de comprender- se mantiene. Léanse los nombres al alza -¿dónde estaban, por qué aparecen ahora? Los egos también son otros, los de los que saben que se ha izado la bandera a la que pueden soplar sin temor.

Salva al equipo de gobierno en el Ayuntamiento la aparente -sólo aparente- honestidad -lo mismo o más bien, ingenuidad-. Eso sí, en Dinamarca, es sabido, huele nada más que regular. Iniciativas hay y movimientos paralelos también hay, actividades como comisariadas políticamente desde algún lugar tan remoto como Madrid, de las que no resulta nada difícil percibir el sutil aroma de un horno en plena faena. Este medio mismo, en el que precisamente se hacen públicas estas palabras, ¿no es acaso sospechoso de lo que sea? A mí sí me lo parece. Cada vez más.

Ni Podemos ni nada puede salvar Cádiz. Olvídenlo, Cádiz ya tiene dueño. Es esa burguesía con casita en Roche de cuando tocó mamar y se mamó. La misma burguesía de afán aristocrático que abunda en las redacciones de Diario de Cádiz y La Voz (el quiero y no puedo -periodistas los llaman- de los que se codean con los que pueden y no quieren porque para qué); la misma burguesía que se ha vestido de progre en los últimos años para no hacer más que reconstruir barrios de tradición obrera en favor de la expulsión de los “gitanos”. Mejoras: desplazados: gueto del Ríos San Pedro: el pueblo de los muertos, Puerto Real: La Isla de León: resistente por lo militar.

Elijan entre la infravivienda o la esclavitud; o entre la infravivienda y la fuga. Elijan Cádiz o vivir. No lo harán. Son felices así. La izquierda gaditana más reivindicativa gusta del pisito en Ciudad de Santander o en la Avenida o en el Paseo. No es realmente una izquierda de poso obrero; ésa izquierda combativa que se encarna, por decir, bajo la piel morena de una Teresa Rodríguez. Se intuyen no pocas intrigas en los píxeles del morado podemita que a duras penas se resiste a lo inevitable en una ciudad carca y entregada a la peor lectura de la palabra carnaval; la ciudad siempre bajo el palio; el sueño húmedo de un distópico Pemán.

Privada de toda iniciativa industrial, de espaldas a la ya irreversible incapacidad comercial por vía marítima, Cádiz ya no es de los gaditanos, si alguna vez lo fue: su orografía es tan insensiblemente neoliberal como la literatura que se exporta: por decir, La maniobra de la tortuga, de Benito Olmo, tan horrenda como vacía; estupenda representante de un momento literario que es de todo menos literario.

Pensará el lector que cuanto lee en estas líneas se distancia tanto de la crítica constructiva que el abajofirmante ha de ser un tipo atroz y cargado de odio. Nada que responder al respecto, lo mismo voy a asentir: cada vez soy una criatura más despreciable. Si acaso la invitación a contradecir con datos reales que lo dicho no responde a la realidad de la que yo afirmo no se puede esperar -mis disculpas- ninguna esperanza.

Quédese con su Cádiz, gaditano o gaditana. Su ciudad hace milenios que se hunde. Nadie le reprochará permanecer hasta la última ola, como la orquesta del Titánic. DIARIO Bahía de Cádiz Eduardo Flores

Convención del PP

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Lectura de “La canción del pirata”

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Busca al Chaquetilla

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Ascensores. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

 

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” dejó establecido Groucho. La alcaldesa de San Fernando lo aplica a rajatabla. Convoca a los medios para hacerse la foto en un ascensor y luego se molesta porque lo publican. Esto de la política es igual en todos sitios y con todos los partidos, da lo mismo si la que fuera alcaldesa de Puerto Real inaugurase una marquesina, si en Rota inauguraron una rotonda o en Cádiz un semáforo. El caso es aparentar. Cavada tiene, por si fuera poco, en su socio de gobierno al ejemplo evidente de aquel que solo vive para las fotos. Se dice en San Fernando que cuando alguien entra en un photomaton la máquina pregunta “la quiere solo o con Fran Romero”, concejal andalucista de no se sabe qué organización que se mueve por La Isla acompañado por una corte de aduladores pagados con dinero público cuya única función consiste en sacarle fotos al preclaro líder. Como las elecciones municipales están próximas Patricia Cavada ha copiado la costumbre de su socio de gobierno con el añadido de los malos modos cuando alguien le afea que se moleste porque los medios han sacado la información para la que fueron convocados: la inauguración de un ascensor con el delegado de Fomento de la Junta de Andalucía. Somos muy malos y no comprendemos la grandeza de Cavada , se trataba de un empeño hercúleo que precisaba de toda una corte de corifeos y turiferarios a mayor gloria de la Gran Lideresa Cañaílla,siempre preocupada por sus vecinos, siempre tolerante, dispuesta recibir críticas con una sonrisa, desvelada por el interés general, heredera de Pablo Iglesias y su lucha por los desfavorecidos, diligente gestora. Si alguien le dirige una crítica responde con una sonrisa. Faltaría más. Para eso estamos en democracia, para que los ciudadanos puedan opinar .

Toda esta secuencia me recuerda a Woody Allen en la escena del ascensor de “Misterioso asesinato en Manhattan”: claustrofia y un cadáver, el colmo del neurótico.

Fernando Santiago

A ver si Ábalos aprende a hablar

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Así lo dejaron los colegios católicos

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

El tristísimo manto de la marmota. Soledad Gallego en El País

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Tened cuidado con no convertir en nimiedades cosas que son consecuencia de una gran herencia de ordenada libertad, reclamaba a sus discípulos un gran diplomático estadounidense. Mucho cuidado, nos diría hoy, con convertir en trivialidades cosas que forman parte de los esquemas ordenados de libertades en nuestro país: el caso Cifuentes, por ejemplo, no es una nimiedad; la llamada ley mordaza, que permite encarcelar a personas cuyas expresiones pueden ofender, pero que no están incitando a hechos violentos concretos, no es una minucia; que los responsables de la Generalitat en Cataluña (el Estado) dieran instrucciones a un cuerpo armado, como los Mossos, para que facilitara la actividad de quienes iban a desobedecer a los tribunales no es un detalle irrelevante. Y no se pueden convertir en nimiedades porque afectan a principios básicos de los acuerdos de convivencia.

Hay dos cosas que se aprenden pronto en periodismo: es mucho más útil para la sociedad plantear la crítica sobre la acción del Gobierno (sea estatal o autonómico) que sobre los errores de la oposición y es importante lograr que los problemas políticos se planteen en términos exactos, no en el marco confuso en el que los interesados quieran confinarlo.

El Partido Popular, en el Gobierno, es un especialista en convertir todo lo que le hace objeto razonable de crítica en nimiedades. Los portavoces populares quieren reducir ahora lo ocurrido en la Comunidad de Madrid a un caso de malas prácticas administrativas. Pero el llamado caso Cifuentes es mucho más que todo eso porque Cristina Cifuentes no es una ciudadana particular que padece irregularidades administrativas ajenas a su voluntad, sino la presidenta de la Comunidad de Madrid, un cargo político en el que maneja un presupuesto de casi 20.000 millones de euros, y que se ha beneficiado de documentos públicos que, según todos los indicios, han sido manipulados ilegalmente. Hasta hace poco un juez podía condenar en Madrid por delito de estafa o receptación a una persona que utilizara un abono transporte ajeno o que manipulara el documento para cambiar la foto. Y aun ahora, sin pena de cárcel, la multa es cuantiosa. El máster ficticio de la señora Cifuentes no puede esconderse bajo la niebla de la nimiedad, salvo que demos por bueno que una marmota gigantesca ha caído sobre este país: ¿cuantos días iguales hay que soportar antes de salir de este bucle? ¿Cuánto va a mantener Ciudadanos a los madrileños atrapados en el tiempo, como si esta ciudad fuera el diminuto condado de Punxsutawney y todos sus habitantes Bill Murray? ¿A qué hay que esperar para que Ángel Gabilondo devuelva el pulso, hasta las próximas elecciones, a una comunidad cansada y triste?

¿Cuánto va a mantener Ciudadanos a los madrileños atrapados en el tiempo, como si esta ciudad fuera el diminuto condado de Punxsutawney y todos sus habitantes Bill Murray?

Es cierto que el Partido Popular se ha encontrado en esta legislatura, porque así lo ha querido (o porque su presidente, Mariano Rajoy, pensó que era la única manera de conservar el poder), en una situación extraña, sin mayoría parlamentaria y sin acuerdo suficiente de gobierno, pero la estrategia adoptada a continuación ha agravado los problemas en lugar de aliviarlos. El PP ha renunciado a ocupar la agenda política con la acción de su Gobierno y nos ha metido a todos en una secuencia agotadora. Conste sin embargo que su obligación sigue siendo actuar, tomar la iniciativa política y demostrarnos que tiene algo que decir para salir del día de la marmota, en Madrid, en Cataluña y en donde sea. Es tristísimo que un Gobierno, sujetado con pinzas por Ciudadanos, que solo parece pensar en sus intereses electorales, sea incapaz de plantear sus propias opciones y de debatirlas públicamente con todo aquel que lo desee. Tristísimo un Gobierno que convierte en nimiedad parte de la buena herencia de libertades ordenadas.

AP

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Sobre los colegios públicos

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Ponme un guasap. Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018

Como si fuese uno de esos juegos adolescentes de expectativa y realidad, eso de «cuando lo pides en Aliexpress / cuando lo recibes», el mirador Entrecatedrales lleva desafiando al tiempo y al espacio desde 2009. Primo hermano y contemporáneo de otros mamarrachos construidos en nuestra ciudad, tiene la ventaja de estar ubicado en uno de los sitios más hermosos de la ciudad, pero sufre, igual que el polideportivo del centro histórico –con históricas goteras– o el de Astilleros –inaugurado tantas veces que se desconoce la fecha exacta de su nacimiento–, o el Teatro del Títere –al que tuvieron que cambiar el recubrimiento de fachada en más de una ocasión antes de su apertura– o nuestra bestia negra, la pérgola de Santa Bárbara, del mal de la crisis económica y la megalomanía de los últimos años del gobierno del Partido Popular. Forman entre ellos el conjunto arquitectónico que podríamos llamar «del dicho al hecho» y comparten, además de la mala factura de los proyectos, los peores materiales posibles para su ejecución.

Por si usted no se acuerda –tampoco se preocupe demasiado– el mirador Entrecatedrales llegó a ser finalista de los Premios FAD de Arquitectura y del Premio Europeo del Espacio Público Urbano en 2010, cuya web recoge –con faltas de ortografía, por cierto– el proyecto tal y como fue concebido por Alberto Campo Baeza. Mármol, piezas de lumaquela que combinaban con la piedra ostionera, vigas de acero sobre una retícula de pilares metálicos y todo tratado con una «pintura blanca que les protege de la corrosión del salitre»; adoquines biselados que minimizaban el riesgo de resbalones, y un perímetro de perfiles metálicos formando una barandilla. Eso, al menos, es lo que dice la descripción teórica –Aliexpress, el deseo–; y luego está la realidad. Esa realidad que desde el primer día se había empezado a oxidar, a deteriorar, a dejar al descubierto las mellas en la desdentada terraza, desde la que el mar se imponía como único valor –indiscutible, pero único– del mirador. Un millón y medio de euros fue lo que costó.

Infrautilizado, abandonado, deteriorado, se presenta como sombra de lo que pudo haber sido y no fue, como restos del naufragio de nuestro infortunio. Refugio de vándalos, vertedero de noches sin fin, y finalmente, tumba de la última víctima de la calle; como una macabra mueca del destino, el mirador Entrecatedrales languidece atrapado entre el pasado esplendoroso de las dos catedrales y el presente incierto en el que nos movemos. Patrimonio lo llaman, y nos escuece a todos cuando lo llaman así, porque eso sí, la conciencia ciudadana funciona también por el patrón expectativa/realidad. La conciencia ciudadana y la conciencia política, que lejos de procurar el mantenimiento de las infraestructuras urbanas y de los restos arqueológicos que aparecen por cada esquina, se ha conformado con encogerse de hombros como si la cosa no fuese con ellos. El deterioro no sólo del mirador de Campo Baeza, sino de los pabellones deportivos, de la pérgola de Santa Bárbara, de las mismas papeleras que tienen en la puerta del Ayuntamiento –¿están o son oxidadas?–, de las farolas, de las aceras, de los parques… siga, siga usted que se seguro que se ha fijado más que yo, empieza a ser preocupante.

Y lejos de tomar cartas en el asunto, nuestro Ayuntamiento vuelve a hacer un castillo de naipes activando un «Protocolo de Actuación para la conservación y protección del Patrimonio Histórico de la ciudad» que sirve, al parecer, para «garantizar la conservación de todos aquellos elementos heredados del pasado, además de convertirse en un instrumento de actuación para su conservación, protección y cuidado». Pues qué bien el protocolo, que incluye, además, la participación ciudadana. Y de esta manera, seremos los ciudadanos y ciudadanas, vecinos y vecinas, lo que podremos alertar sobre el deterioro o sobre algún problema detectado en el patrimonio histórico de la ciudad.

Así, si va paseando y se encuentra con que, en los restos arqueológicos de la plaza de Varela hay unos niñatos haciendo parkour –por decir algo–, o que los cañones de San Carlos sirven de apoyo para los restos de un botellón, pues le hace usted una foto y la puede enviar por correo electrónico o por whatsapp a la Delegación correspondiente, y tan contentos todos. Usted, porque ha hecho la foto –y el trabajo que debería hacer la administración– y el Ayuntamiento, porque le ha dado participación ciudadana y porque con esto se lava la mala conciencia del abandono al que ha estado sometiendo a la ciudad. Del correcto funcionamiento de este protocolo se encargará un comité de seguimiento que va a vigilar, no ya el estado del patrimonio –que eso lo tiene que hacer usted– sino el grado de progreso del plan estratégico. Nada dice de la actuación directa sobre el elemento deteriorado, ni sobre la protección y el mantenimiento de los mismos. Pero el primer paso, ya está dado. Como ve, todo son ventajas. Tiene usted a su disposición un número de teléfono para hacer todo tipo de denuncias, mediante whatsapp, –aún no se ha formado un grupo, pero déle tiempo– además. Así que, coja su móvil y piense que puede ir dejando de buscar Pokemons para empezar a buscar desperfectos en la ciudad, que va a estar la mar de entretenido. Lo mismo de eso se trataba.

 

Lo de ayer

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

Cavada contra Manzorro

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

Aparcamiento en la Glorieta

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

El doctor Ramoní

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

¿Qué me pasa , doctor? Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

 

A Emilio López le gustaba referirse a algunas personas según la versión popular de su nombre. De esta manera el periodista Augusto Delkáder era Augusto Del Carmen y el concejal Ignacio Romaní era Ramoní, en una mezcla con el portentoso segunda de Los Mafiosos. Al concejal del PP no le gusta la broma, según me dijo, lo que hace más divertido utilizarla , que para algo se dedica a la política. Ramoní era un empleado de la Universidad Católica de Murcia cuando un escándalo obligó a dimitir al concejal del PP Francisco Villareal, corrió la lista y llegó hasta él(de oca a oca y tiro porque me toca), que se vino para Cádiz y debió hacer los suficientes méritos en el partido para seguir . No debería estar muy contento con sus títulos por lo que se buscó la manera de sacarse un doctorado para lo que recurrió a un amigo de su colega Rafael Contreras, Carlos Guillén. En este punto viene el meollo: Ramoní, presidente de Aguas de Cádiz, le encarga al artefacto administrativo creado por Guillén un informe, unas jornadas o no se sabe muy bien qué porque no hay constancia. Se desconoce si hubo un concurso público para licitar el trabajo pero sí se sabe que el pago fue fragmentado y rápido. Los verdaderos doctores tendrán que dirimir si la adjudicación se hizo de manera correcta. El caso es que la ciudad se gastó 42 mil euros en el director de la tesis de Ramoní y todo el mundo en Cádiz, que somos muy mal pensados, hemos creído que había una relación causa efecto entre la tesis y el pago. Doctores tiene la iglesia, perdón por el juego de palabras, poe lo que la justicia determinará si el procedimiento y el pago se ajustan a la ley. Si hubo malversación o si se evitó la ley de contratos del estado, qué sabe nadie. Lo de Cifuentes es un trato de favor de una universidad amplificado con mentiras , cinismo y soberbia. Lo de Ramoní son 42 mil eurazos. Estos del PP parecen la chirigota de Antonio Matos Las Azafatas del Palacio de Congresos: “yo no tengo cursos, yo no tengo máster, lo único que tengo son dos cachas pa matarse”

Fernando Santiago

La olimpiada de los colegios públicos

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

Alojamiento junto al mar

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018

Cacao sevillano

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018