Para mañana

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

MUY BUENO

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

YOLANDA VALLEJO. ABRIENDO PUERTAS

La memoria está hecha del mismo tejido que los sueños, o que las pesadillas, según se mire. Un tejido tan sutil y tan delicado que deja al descubierto cualquier costura que esté mal hilvanada; que se arruga con facilidad, y que es muy difícil de planchar. Y que más que disimular, deja al aire todas nuestras miserias y todas nuestras mezquindades, empeñándose siempre en recordar, una y otra vez, que aunque se disfrace de selectiva, la memoria puede llegar a ser muy traicionera. Las hemerotecas suelen ser los cajones en los que mejor se conservan los recuerdos, y por eso, adoro tanto las colecciones de periódicos viejos que aún traen noticias del día, y que incluso se aventuran en redactar los titulares de mañana.

Verá. En agosto de 2014 –ayer, para algunos, hace tantísimo para otros– el Ayuntamiento de Cádiz, que por entonces aún sonreía, o funcionaba, o impulsaba, o sabe Dios qué cosa hacía, organizó unas jornadas «de puertas abiertas» en aquella manzana envenenada que «a coste cero» –entrecomillo porque tengo el periódico delante– había recibido de Altadis unos años antes. Los depósitos de Tabacalera y sus almacenes, ¿recuerda?, que se iban a convertir en –no sé cómo decirlo sin ruborizarme yo misma– el futuro de esta ciudad sin presente. Allí, como la lechera y su cántaro, nuestra antigua Alcaldesa iba diseñando en el aire lo que íbamos a ser, en una especie de ilusión óptica mediante la que «se pretende que el gaditano vea cómo se va adaptando este equipamiento a las necesidades de la ciudad». Ohhhhhh. Aquí estará la Facultad de Medicina, y aquí, en medio de la nada, surgirán zonas verdes, y pisos, y espacios culturales –eran los años de los grandes contenedores culturales, sin contenido, no lo olvide–, y aquí estará el «espacio polivalente» y en menos de una semana –anunciaba la noticia– «se va a llevar a cabo una experiencia piloto en este espacio con la celebración de un concierto en la nave abierta y una exposición en la primera de las naves cerradas».

Ya entonces aquello sonaba a García Márquez, a su senador Onésimo Sánchez y a esa maravilla de relato ‘Muerte constante más allá del amor’ que tendríamos que leer por prescripción facultativa al menos una vez en la vida. «Ya no seremos más los expósitos de la patria, los huérfanos de Dios. Seremos otros, señoras y señores, seremos grandes y felices».

Porque las mañas políticas son siempre las mismas, en la realidad y en la ficción; en el realismo mágico y en surrealismo de todos los días. Y mientras Onésimo Sánchez iba recitando su letanía de promesas que nunca iba a cumplir, sus ayudantes echaban al aire pajaritos de papel, y árboles con hojas de fieltro. Y crecido por los aplausos, hasta se atrevía a prometer «las máquinas de llover, los criaderos portátiles de animales de mesa, los aceites de la felicidad que harían crecer legumbres en el caliche y colgajos de trinitarias en las ventanas».

Sí. Nos reímos mucho entonces, en aquellas jornadas de puertas abiertas al vacío. Porque en el fondo, todos sabíamos que, una vez roto el cántaro, ni pollo, ni gallina, ni huevos, ni vaca… Ni nada. La nada. Por eso cuando llegaron las nuevas políticas, las de la transparencia y el olor a pan recién hecho, las de los vecinos y vecinas, y demás, volví a leer a García Márquez, y volví a ver a Blacamán, el vendedor de milagros.

Verá. El palacio de Recaño es uno de los edificios más bonitos que hay en Cádiz. Está ubicado en la zona más alta de la ciudad y la que se tiene por más antigua; una zona en la que conviven –como dice acertadamente Antonio Rivas en el vídeo promocional del «museo» del Carnaval– el cielo de la Torre Tavira y el suelo de Gadir. Un lugar mágico. Pero dicho esto, también hay que decir que el palacio está declarado Bien de Interés Cultural, que traducido resulta que su nivel del protección es tan alto, que cualquier intervención que se haga, necesita muchos papeles, no sé si me entiende, y que el estado del edificio, después de diez años cerrado, no es precisamente de revista. Y que empezar la casa por el tejado nunca ha sido buen negocio. Y que un proyecto museográfico atractivo, útil y moderno, y que cumpla con todos los estándares que exige la ley, no es tan fácil como creemos.

Así que volvemos al modelo Teófila: aquí estará el auditorio, aquí, queridos vecinos y vecinas, el centro de documentación; aquí el gorro de ‘La mar de coplas’ –ese no puede faltar–, aquí las cintas de Producciones Izquierdo. Ohhhhh. «Lo veo», dijo nuestro alcalde, y para que vosotros también lo veáis, las actuaciones y las visitas guiadas hablarán por sí solas, en el «segundo idioma que se habla en Andalucía» –no solo me gusta cómo escribe, sino cómo habla, es mi debilidad– y tendremos, señoras y señores, el gran museo del Carnaval que dará empleo y alimento, y del que hablarán generaciones enteras…

‘Ajolá’, que se diría. Me gustaría ilusionarme, de verdad pero he visto tantas veces el mismo capítulo, que sé lo que pasa al final. No se preocupe, no se lo voy a decir.

Para eso ya está la memoria, que es tan traicionera.

 

Otro robo

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

Buen cartel

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

Hoy en la Biblioteca Provincial

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

A las 19.30 el documental “Encuentro en Altagracia” organizado por el Centro Andaluz de las Letras

Acuerdo

Fernando Santiago Muñoz | 20 de noviembre de 2017

CR7

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Para mañana

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Propaganda

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Image-1Debe ser la décimoquinta visita guiada del alcalde al Palacio de Recaño donde pretende que se ubique el Museo del Carnaval. No hay proyecto de rehabilitación, no hay un proyecto museístico, no se sabe qué se va a exponer, no hay ni un solo céntimo presupuestado para su ejecución, no se sabe cuánto costará y cómo se financiará, no hay fecha prevista, obviamente, para el inicio de las obras, ni siquiera es seguro de que vaya a seguir en esta ubicación si Podemos llegase a perder las elecciones dentro de año y medio. Eso sí, cada dos por tres el alcalde hace de guía turístico .

La famosa foto que Pablo Juliá no hizo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

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Interesante entrevista de Tamara García al gran Pablo Juliá, excelente fotógrafo y gran amigo. Esperemos que el año que viene podamos ver una retrospectiva de su obra.

Boda

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

El debate del estado de la comunidad

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Patria. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Ahora que andamos revueltos con las naciones, mucha gente para escurrir el bulto repiten a Rilke con lo de que la patria de un hombre es la infancia e incluso algunos dicen que la patria es la lengua. Demos por buena la definición del poeta alemán para lo que nos viene al caso. Vamos a aceptar que la patria de cualquier persona es la infancia y mis recuerdos no son de un patio de Sevilla ni de un huerto claro donde madura el limonero sino de una casa de Cádiz en la calle San José . Como no tengo ni el oído ni el talento de Martínez Ares para escribir un pasodoble, voy a dejar en prosa cuál es la mía: la cafetería La Camelia, el bar El Baluarte,  la Cervecería del puerto, El Anteojo, El Telescopio, El Pedrín, el Velardes Plaza, el Tadeo, Las Olitas, el bar Ramón, el Mediabarba, el bar Jerónimo, el coche del Balneario, cuando en Plocia había bares de niñas como El Submarino y en la fábrica de tabacos trabajaban cientos de criaturas, AESA,CASA, el Horno de la Torre, Beltrami,Evelio Ingunza, juegos en la plaza Mina, Duke, el Congreso de Cultura Popular Andaluza, Alcances, los Festivales de España en el Teatro Pemán, las pipas en los cines de verano como el Terraza, el Brunete y el Caleta, El Arrecife en lo que hoy es el Paseo Fernando Quiñones, el Club Marte, el Hogar de antiguos caballeros legionarios, el club Náutico donde está el instituto, cuando se podía entrar al muelle y pasear por el cantil con solo saludar al carabinero de la puerta, el Morterá , el Mamiblú, el Ancoco y todos los pimpis del muelle, el JJ Sister y el Manuel Soto con destino a Canarias, el Barril, las ruinas del Balneario de La Palma, las casetas de madera, el paseo de cemento en la playa, la caseta 60 debajo del Europlaya, las familias de Jaén que freían las papas cada día y las vendían en la playa en unas bolsas de papel al grito de “¡Llevo el pico y la papa!”, los dobladillos de la Punta San Felipe, el Paseo de Santa Bárbara lleno de coches, Jesús Abandonado en la Alameda, el padre Araújo, mi hermana tirándome a una fuente en la misma Alameda, el Rápido el Expreso y el Talgo de Madrid, los Amarillos en Canalejas, los cuarteles llenos de soldaos, los objetores de conciencia en Santa Catalina, Chacolí en Canalejas, las obras del aparcamiento de Canalejas, los trolebuses, Los cinco en apuros, Martín Vigil y Pérez Galdós, Los Bravos y Aguaviva , la tía Elena que nos daba dinero cuando estaba en el Edificio Madrid (que tenía un acceso directo a la playa), ten cuidao José con las moscas de caballo y las fiestas típicas para veraneantes en el Teatro Pemán.

Fernando Santiago

La Manada

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Mañana se presenta en San Fernando

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

A las 19.30 en el Palacio de Congresos.PORTADA

Patrimonio

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¿Cuánto gasóleo hace falta para esos zapatos?

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Parecidos razonables

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Para mañana

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Los mojosos

Fernando Santiago Muñoz | 19 de noviembre de 2017

Que su ausencia se note

Cuando una obra de arte pública desaparece ante las narices de los responsables de su salvaguarda, perdemos todos. 

When a piece of art disappears in front of those in charge of keeping it, we all lose.

Con la desaparición del cuadro de Los Mojosos perdimos todos. Absolutamente todos. Y ‘todos’, implica a sus legítimos dueños. Sólo ganó ¿ganó? el que la sustrajo y aún así, todavía mantenemos razonables discrepancias de que aquella innoble mano, amiguísima de lo ajeno, ganase. Queda partido. Resta vida. ¡Cuadros más grandes han aparecido!

Pero la obra no desapareció por una pericia delictiva, antes bien por una obvia torpeza de custodia, que es bien distinto. Y por toneladas de nefasta praxis; cutre, propia de países con subdesarrollo.

¿Que usted quiere reproducir una obra pública inventariada ilustrando la portada de unas actas de un congreso? Muy bien, hágalo; pero no descuelgue el cuadro y lo lleve a la imprenta. En todo caso proceda a hacerlo al revés. De sentido común. De cajón de madera de caoba de Honduras. ¿O acaso alguien descuelga un Zurbarán del Museo de Cádiz y lo lleva a una imprenta para ilustrar un díptico?
Por primera vez desde que se tiene conocimiento de su desaparición (22 de enero de 2007) se van a exponer todas las pinturas de dicha colección temática, pertenecientes al Ayuntamiento de Cádiz, que en la década de los 80 encargó a Costus, Juan Carrero y Enrique Naya. ¿Todas? ¡No!…

Sigue faltando la pintura de marras y, en consecuencia, no debe perderse de vista esta circunstancia. Cuando en breve se inauguren las actividades paralelas del XX Congreso de Carnaval, organizado por la UCA, los días 1, 2 y 3 de diciembre de 2017 —entre las cuales se encuentra una Exposición: Costus y el Carnaval, cuyo espacio expositivo tendrá lugar en ECCO, Espacio de Cultura Contemporánea de Cádiz, en el Paseo Carlos III— se debe dejar un hueco bien visible. Se ha de notar su ausencia, siquiera para que no se olviden nuestras vergüenzas; que quede bien clarito como las aguas atlánticas de La Alameda con viento norte, que en las narices de nuestros gestores le robaron al pueblo de Cádiz una obra pictórica perteneciente a la ciudad.

Lo propondré en la Comisión Científica del citado congreso. Veremos si prospera.