Delicioso

Fernando Santiago Muñoz | 29 de enero de 2012

¿Qué decir de Casa Hidalgo si llevo décadas cayendo en la tentación? No sabía que esta gloriosa canastilla de crema y manzana se llamaba fernandín. Siempre me ha llamado la atención que la fama del establecimiento tuviera que ver con las empanadas cuando a mí los pasteles me han parecido gloriosos toda la vida. Y el obrador me parecía similar al que sale en la película “El año de las lluvias torrenciales”: excita los sentidos sólo ver cómo se hacen los hojaldres, las cremas, la masa quebrada. El primor con el que se trabaja. He de confesar también que un aliciente extra para mí era conversar un rato con Pedro, el Maestropiero que le llamaba Quiñones. Yo entraba y decía “¿Maestropiero, come vai?” y seguíamos la conversación en intaliano macarrónica. Había días que me daba vergüenza entrar porque Pedro me solía invitar a un pastel y no quería yo ser un manguta. Siempre que nos hemos reunido un grupo de amigos por el Casco Antiguo terminábamos camino de la Catedral para comprar la merienda. Ahora veo que los gestores de Casa Hidalgo están en la web, están en facebook y en twitter . Me alegro que se difundan los valores de esta exquisitez. Y observo hoy en el Diario una foto de la boda del Maestropiero. Así que nada, el que quiera un pastel “de gran categoría” que diría Manzorro, pues a la plaza de la Catedral.


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