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Vuelve el gran lujo a Ubrique

Fernando Santiago Muñoz | 27 de octubre de 2013

En El Mundo de hoy:

 

Esquina calle Serrano y María de Molina, Madrid. «¿Sabes quiénes son esos de Ubrique?» Un empresario chino recién llegado de Guangdong le hace esta pregunta a un paisano suyo que reside en Villaviciosa de Odón, periferia de la capital. El uno al otro le va describiendo cómo el pueblo de casi 20.000 habitantes, ubicado en la sierra de Cádiz, está quitándole clientes al dragón, antaño invencible. Ambos son dueños de enormes factorías de bolsos en China. Capaces de producir, cada uno, 10.000 al día.

—Se quedan con lo más goloso— le dice el forastero al local. Se frota con fuerza el pelo corto, casi rapado.

—¿Con las grandes firmas?— pregunta el hispano-chino. Su interlocutor asiente. Conversan de un éxito apabullante. Y de cómo una localidad de artesanos de la piel ha derrotado, a los todopoderosos chinos. A ellos. Y, de paso, a los italianos.

En la semana en que se ha anunciado que España sale de la recesión, Crónica viaja al corazón de Ubrique, ejemplo de recuperación económica. Juan María Menacho Pérez acaba de inaugurar nave industrial para su empresa Avana. Hasta hace unas semanas tenía sus talleres distribuidos en casitas de la localidad. Se ha mudado con enorme esfuerzo: económico y físico. Ojeras, dolor de espalda. Mas cuando ve por el cristal de su despacho a sus más 40 trabajadores cambia el semblante. Pletórico, sin perder la cautela. «Es una apuesta única. Fabricamos para las marcas más importantes del mundo. Ahora lo importante es seguir creciendo». Al caminar por su línea de producción se pueden ver las tripas de bolsos de más de 1.500 euros que se venderán desde París a Los Angeles. «Somos capaces de producir accesorios de 30.000 euros». En una esquina está una mochila hecha en piel de pitón. «Se les ha ocurrido plastificarla y se hace».

Es el colofón de una historia que comenzó funesta. Que casi aniquila a la localidad. Entre 2005 y 2008, la deslocalización a China y los estragos del inicio de la crisis, destruyeron gran parte de una tradición de cientos de años [hay vestigios de trabajo en piel de la época romana]. Sólo en el último semestre de 2008, 40 empresas cerraron, un 25%. La producción se redujo en un 60%. Las grandes marcas habían optado por el low cost del país asiático. Al año siguiente la sangría continuó. En 2010 saltaron las primeras voces de alerta entre los supervisores de calidad de las marcas de lujo. Algo andaba mal en las enormes factorías orientales. La calidad no llegaba a niveles mínimos. «Muchas de las grandes firmas nos traían lo que habían hecho en China para reparar el estropicio», dice un empresario que aceptó entonces el pedido y hoy no lo haría. «Estábamos desesperados». La española Loewe fue entonces la primera en retornar, arrepentida. Un pedido de 12.000 bolsos rescató de la quiebra a decenas de proveedores en la comarca. Fue sólo el inicio.

Después se descubrió que si se producían 20.000 bolsos originales en China, por la puerta de atrás se vendía el doble de falsificaciones exactas a precios ínfimos en los grandes mercados de Shanghai y Pekín. Lo peor, que a veces las grandes colecciones estaban antes en manos de los piratas que en las flagship stores de los Campos Elíseos o Rodeo Drive. Además, los salarios allí suben rápidamente. Como resultado, entre 2011 y 2012, el regreso fue paulatino. Las marcas tímidamente iban volviendo. Pequeños pedidos primero. Hasta llegar, en 2013, a confirmarse el boom. Dior, Lanvin, Hermès… Prácticamente todas las marcas de lujo producen bolsos y accesorios de piel de alta costura en Ubrique. Incluso el pret-a-porter, lo más masivo dentro de las compañías de lujo, está volviendo.

El anuncio de Chanel de que una buena parte de su línea de producción llegará a Ubrique es algo que ha encendido la euforia. El empresario que está lidiando con sus diseñadores y supervisores de calidad ha comprado un enorme terreno en el mismo centro. Un antiguo teatro —que ha sido cine de verano, incluso parking— sería la sede de la gran fábrica. Pero no sólo esa marca. Firmas como Jil Sander, Hackett, Tumi, Montblanc, Alfred Dunhill… llegan a Ubrique para quedarse. Smythson —empresa de marroquinería que presume de clientes como la familia real británica, Madonna, Grace Kelly…— hace sus accesorios aquí. Concretamente una línea cuasi desconocida: accesorios de tecnología. Fundas de piel de más de 300 euros para iPads [y móviles de última generación]. Eso y clásicos como pitilleras y portahabanos de piel.

¿Por qué el excesivo precio? Es el valor de no usar una máquina informátizada, es el hecho a mano. Bajo una técnica llamada hormado se da forma al cuero. Se trabaja con utensilios clásicos como el patacabra, el palillo y la esteca. Se cose y se solidifica dejándolo secar en el palillero. Uno de los grandes expertos mundiales en esta técnica es la pyme Don Puro. Manuel Fernández, su dueño, cuenta cómo ha cambiado. «Antes mi oficina era de un par de metros cuadrados. Los talleres, en garajes». Ahora ocupa unos 200 metros. «Antes, nos impedían cualquier referencia a España. Después veíamos cómo les ponían la inscripción made in Italy o made in France. Ahora piden el sello made in Spain y eso nos hace sentir orgullosos».

ALIANZA MAFIA Y LUJO

Otro triunfo de los de Ubrique es sobre los antaño invencibles talleres italianos. Roberto Saviano —en su libro Gomorra, por el que le ha puesto una diana la Camorra— sembró la duda de los diseñadores. En su best seller destapó la alianza de la mafia con quienes producían sus prendas de lujo. Bajos salarios, dinero negro, patrones enviados a China… Y la debacle. Eso además de la merma de la calidad. Una supervisora franco-italiana de una de las más grandes firmas de alta costura del mundo, fundada a principios de siglo [la omisión de nombres y marcas en ciertas partes del reportaje corresponden a compromisos de confidencialidad que les exigen a los emprensarios], comenta que «se ha elegido Ubrique por su insuperable calidad». Ningún taller especializado del planeta tiene hoy su nivel de especialización. «Sus acabados son fabulosos. Superan a los artesanos italianos más reconocidos».

El fenómeno es clarísimo. Las exportaciones españolas a Francia e Italia en el rubro de marroquinería aumentan año a año. El año pasado se les facturó, en este rubro, 195,3 millones de euros y 48 millones, respectivamente. Un aumento del 13%, en ambos. ¿Específicamente el crecimiento en Ubrique en este mismo periodo? Un espectacular 30,2%, unos 50 millones. ¿El paro? De los 5.715 contratos de nueva creación en este municipio gaditano, 2.774 eran por este sector. Y las expectativas para este año son fabulosas. El paro se ha reducido, entre abril y septiembre de 2013, en 8%, 298 personas.

Hay mucho con lo que luchar aún. Según un estudio de Caja España-Caja Duero de 2011, era el pueblo con más parados de España: 3.696 desempleados, 31,23%. Aún con la notoria recuperación, cuando es muy complicado hallar un petaquero —especialista en piel— en la calle en horario laboral, a septiembre de este año hay 3.280 apuntados en el INEM [en abril, 3.578]. ¿Por qué? Economía en negro, mal endémico. Según distintos empresarios, el de paro real no llegaría al 20% [hay quienes lo sitúan incluso en torno al 10%]. Notable en un lugar donde un oficial de primera está entre los 950 y 1.500 euros netos al mes, dependiendo si la paga es en A o en B.

Se siguen suscribiendo contratos con enormes corporaciones. Aparte del inminente arribo de Chanel, Pielfort una empresa superespecializada en elaborar álbumes fotográficos forrados en piel, está ad portas de sellar un acuerdo con Marvel Comics. Lo adelanta a Crónica, Rafael Romero, director de ventas e hijo de los fundadores. «Demostramos que se puede conseguir todo si se trabaja bien. Hemos tenido que probarle a una multinacional que podíamos estampar en cuero a Spiderman. Es un producto único». Lo dice mientras sujeta una de sus creaciones con Hulk en portada. Dentro, un sello numerado y un holograma que certifica que se fabricó en Ubrique. La lucha de Empiel [asociación de empresas de complementos de moda y piel], es que se le otorgue una denominación de origen europea a los productos fabricados en la zona. «Un signo de calidad. Por lo pronto estamos entre la veintena de productos no alimenticios que podrían conseguirlo», afirma Juan Gutiérrez, secretario general de la organización.

Los tractores remueven la tierra en el polígono industrial. El movimiento es constante. Aparcar en el centro del pueblo es tan difícil como en las zonas más céntricas de Barcelona y Madrid. Contribuyen sus calles estrechas y el continuo paso de furgonetas y camiones. En pleno centro de la ciudad, en la calle Jesús, están los talleres de El Francés. Es uno de los más activos. De allí salen algunas de las mejores piezas del orbe. Es quien estaría negociando el acuerdo con Chanel. Discreto, como los grandes empresarios del municipio, no presume. Aguarda.

¿Y los chinos? Para luchar contra el aumento de salarios ya están instalando fabricas en África. Los empresarios originarios de Guangdong concluyen su plática con una idea clara. Si quieren calidad, ¿por qué no apostar por Ubrique? En el pueblo nadie los ha visto. Aún.


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