La izquierda blandiblú. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 17 de septiembre de 2017

Existe un problema en la política cuando los dirigentes en lugar de decir lo que piensan y ejercer un liderazgo social, se colocan a favor de viento. Es lo que unos llaman oportunismo y otros populismo, un mal que aqueja gravemente a España: quienes deben tomar las decisiones antes que reflexionar prefieren mirar las encuestas . A esta situación se le añade el hecho de que una parte importante de la izquierda española odia los símbolos del país que quieren gobernar y además se ven en la imposibilidad de alcanzar el gobierno a pesar de los numerosos escándalos de corrupción protagonizados por el PP. En estas circunstancias la izquierda no llega al gobierno y reacciona para derribar al gobierno a costa de lo que sea, incluido romper España. Una parte de la izquierda simpatiza con los independentistas catalanes como manera de darle una patada al PP y a Rajoy. Otra parte de la izquierda simpatiza con la ruptura de la soberanía nacional ante la falsa idea de la democracia, ese atropello a la razón que es el mantra de los sediciosos: poner una urna no puede ser delito, votar no puede ir contra la ley, el derecho internacional ampara la consulta. Mutatis mutandi : si yo pongo una urna en la plaza de San Juan de Dios para que la gente vote si quiere que José María González siga de alcalde y sale que no ¿se tiene que ir? Sí, ya sé que es una reducción al absurdo pero tiene la misma base argumental.

El caso es que falta una izquierda española sin miedo a reconocerse como tal. La soberanía nacional es el conjunto de los 45 millones de españoles, incluidos los 11 millones que votan a la izquierda. No se puede trocear. Toda esa monserga acomodaticia del choque de trenes y del siéntense a dialogar esconde una extraordinaria cobardía de quienes no quieren defender los derechos de todos los españoles. Prefieren reclamar esa majadería: hay que hacer política con mayúsculas. En una democracia si no se cumple la ley la primera obligación del gobernante es hacer que se cumpla por todos los medios democráticos que ofrece el Estado. Luego se pueden reformar las leyes por los procedimientos establecidos pero no se puede reclamar política como el que pide que no se cumpla la ley. Hasta que la izquierda se olvide de esos complejos y sea capaz de defender los intereses generales es difícil que pueda ganar unas elecciones. Hay dos millones de catalanes enfadados porque quieren la independencia. No pasa nada, somos 45 millones . Yo también estoy enfadado porque el Atleti no gana la Champions .

Fernando Santiago

  • Gustavo

    Ciudadanos,¡no votéis! por Carlos Jiménez Villarejo…

    https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/ciudadanos-no-voteis_87584_102.html

  • Eppur si muove

    LA TRIBUNA

    Régimen del 78: ‘game over’

    El autor aboga por sentar las bases de un nuevo sistema democrático en España que permita superar los errores de la Transición.

    Javier Castro-Villacañas 16 septiembre, 2017

    El hecho político de la derogación del Estatuto y la Constitución por el Parlamento de Cataluña supone un punto final a nuestro sistema institucional. Esta es la única certeza que tenemos ante un futuro plagado de incertidumbres. Ese inevitable 2 de octubre en el que nuestros políticos quieren ya situarnos. Se mire como se mire, se ha cruzado el Rubicón de un final de régimen.

    Hace unos días, José Manuel García-Margallo exculpaba a la clase política y a nuestro sistema institucional de lo sucedido en Cataluña y esparcía la responsabilidad sobre el conjunto de los españoles: “La situación en Cataluña se explica por el silencio de los españoles”, sentenciaba categórico el ex ministro de Asuntos Exteriores de Rajoy. Sin embargo, todo apunta a que ha sido justo al revés: mucha responsabilidad política y falta de fortaleza institucional. Acudiendo a la raíz de los hechos quizá se puede entender lo ocurrido. Aunque estos acontecimientos ocurrieran hace ahora, justamente, 40 años.

    Se nos dijo que los objetivos de la Transición eran más amplios que la lógica de organizar una democracia formal
    El error original está en el carácter transicional del régimen político surgido en España tras la muerte del general Franco. La naturaleza transitoria con la que se definió, desde su origen nuestro sistema marcó su devenir. En pura lógica “la Transición” tendría que haberse reducido al breve periodo entre la muerte del dictador y la aprobación de una nueva Constitución. Sin embargo, en España lo transitorio se convirtió en el propio régimen en sí.

    Con esta denominación se conoció nuestro sistema tanto dentro como fuera de nuestras fronteras: “el régimen de la Transición”. Pero, ¿transición hacia dónde?, ¿cambio hacia qué dirección?, ¿por qué hacer permanente lo que tenía que ser temporal? Toda transformación política siempre tiene un término. Pero ¿cuál era el desenlace que se buscaba en el caso español?

    Se nos vendió que el destino final era la democracia. Pero no una democracia cualquiera, lo nuestro tenía que ser un sistema de libertades especial. Una democracia avanzada, nos insistían. Por eso la Transición no concluyó con la aprobación de la Constitución. Se nos dio una explicación de lo más plausible: los objetivos de la Transición eran más amplios que la lógica de organizar una democracia formal.

    El ‘prodigioso’ cambio de régimen desde una dictadura a una democracia ocultó varios engaños en su singladura
    El milagro de la Transición (así también se denominó) consistía en superar nuestras discordias civiles y, lo más difícil todavía, conseguir la integración definitiva de los nacionalistas en el nuevo régimen constitucional. Para ello habría que aceptar la premisa de que el trayecto quizá no acabara nunca. Una Transición interminable. Una especie de viaje a una Ítaca mítica que no se alcanzase jamás. Porque el trayecto, el régimen de la Transición, era lo importante.

    Así se nos llenó la cabeza de palabras mágicas que no significaban nada. Por ejemplo: había que “diseñar el proceso autonómico de tal manera que los nacionalistas se sintieran cómodos dentro del Estado”. Para conseguir lo anterior se dejó la Constitución voluntariamente abierta, como si la organización territorial de un Estado pudiera depender del devenir partidista futuro.

    Si analizamos lo prometido hace 40 años y lo conseguido finalmente, podemos constatar que la estación de destino no ha sido la esperada. Y es que el prodigioso cambio de régimen desde una dictadura a una democracia ocultó varios engaños en su singladura. El principal de ellos, la ausencia de libertad constituyente en el proceso.

    Las Cortes del 77 no fueron Constituyentes. Fue un poder constituido que se declaró a sí mismo constituyente
    Lo viene denunciando desde 1976 el pensador republicano Antonio García Trevijano. Es constituyente la libertad colectiva que decide en referéndum, y no en plebiscito, la forma de Estado (Monarquía o República); la forma de Gobierno (parlamentaria, presidencialista o partitocrática…); la forma de organización territorial (autonómica, federal, unitaria…); el sistema electoral (mayoritario, proporcional puro o corregido…). En definitiva: la existencia de libertad constituyente determina el momento fundacional de la libertad política. Sin una no existe la otra. Y con la ausencia de las dos no podemos hablar de una verdadera democracia.

    Y es aquí donde está el error matriz de nuestro sistema político. La Constitución de 1978 ya estaba precocinada de antemano. La forma de Estado ya venía decida: la monarquía. La forma de Gobierno ya estaba regulada desde la Ley para la Reforma Política de 1976: parlamentaria. La organización territorial (clave en esta crisis), estaba decidida por Decreto Ley antes de aprobarse la Constitución: tenía que ser autonómica. El sistema electoral, proporcional corregido, ya vino invocado desde la Ley para la Reforma Política de 1976 y sellado por el Decreto Ley de marzo de 1977 que reguló primero las elecciones de junio de 1977 e inspiró después nuestra vigente Ley Electoral. Todo estaba ya decidido. Por eso las Cortes del 77 no fueron nunca, ni en la forma ni en el fondo, Cortes Constituyentes. Fue un poder constituido que se declaró a sí mismo constituyente.

    Es por eso que los nacionalistas tienen razón cuando invocan que el reconocimiento autonómico por parte del Estado es anterior a la Constitución. Así la Generalitat, con carácter provisional, fue legalizada en septiembre de 1977 y el Consejo General Vasco fue aprobado por Decreto Ley en mayo de 1978, mucho antes de que, en diciembre del 78, los españoles refrendáramos el sistema autonómico establecido en la Constitución.

    La famosa Ley de Transitoriedad desprecia olímpicamente el concepto básico de ‘libertad constituyente’
    Dejar el proceso autonómico abierto fue otra grave equivocación de nuestra norma suprema. Error que se acrecentó al aceptar como parlamentaria nuestra forma de Gobierno, con una ley electoral proporcional (donde el presidente del Ejecutivo ha requerido para ser elegido, en muchas ocasiones, de una mayoría parlamentaria de difícil consecución debido a un sistema D’hondt y a la circunscripción provincial de nuestro sistema).

    Este encaje entre una forma de Gobierno parlamentaria y una organización territorial (Estado de las Autonomías) no cerrada -todo el Título VIII de la Constitución es una estructura institucional al descubierto-, con apaños ad infinitum permitidos por los artículos 148, 149 y 150 de nuestra norma máxima, ha conseguido todo y más para las pretensiones nacionalistas. Eso sí, previo pago de investiduras de Gobierno y estabilidades políticas que duraban lo que un ejercicio presupuestario.

    No sorprende, por tanto, que estos nocivos hábitos constitucionales -todo lo malo se copia- hayan sido calcados en espíritu y letra por los separatistas en su apuesta hacia la independencia. La famosa Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República Catalana, recientemente aprobada por el Parlament, desprecia olímpicamente el concepto básico de “libertad constituyente”. Requisito imprescindible para aprobar una Constitución democrática.

    Llama la atención que sean los partidos constitucionalistas los que se nieguen a aplicar la Constitución

    En la Catalunya de los separatistas, al igual que ocurrió en la España de 1977, todo está ya decido de antemano: la forma de Estado, Republicana; la forma de Gobierno, parlamentaria; la ley electoral, proporcional; el poder judicial sometido a la partitocracia… Lo mismo que ocurrió en nuestra sacrosanta Transición: un poder constituido que elabora el menú obligatorio a un parlamento que ya nunca podrá ser constituyente. De ahí que no haya extrañado tampoco el nombre elegido por los secesionistas para su aventura: Ley de Transitoriedad.

    Por eso llama la atención, ante la violación de la legalidad cometida por los separatistas, que sean los llamados partidos constitucionalistas los que se nieguen a aplicar la Constitución que tanto defienden. Pocas situaciones tan claras de desobediencia y atentado a los intereses colectivos que la encabezada actualmente por el president de la Generalitat Carles Puigdemont y otros.

    Ante esta situación, la aplicación del artículo 155 de la Constitución es indiscutible. Pues no, los partidos constitucionalistas (todos: PP, PSOE, Cs) no quieren aplicar este precepto. Se declaran los más constitucionalistas pero ahora quieren reformar la Constitución. Eso sí, después del 1 de octubre y, como siempre, a favor de los separatistas. Ahí tenemos el reciente anuncio realizado por Mariano Rajoy en la sesión de control al Ejecutivo. Es aquí, en este nuevo tablero de la reforma constitucional, donde se va a jugar en pocas fechas el futuro de nuestra patria.

    Se va a querer aplicar idéntico bálsamo de fierabrás que hace cuatro décadas: más izquierda y más separatismo
    Como uno va conociendo a sus clásicos, no es difícil pronosticar que se va a querer aplicar idéntico bálsamo de fierabrás que hace cuatro décadas: más izquierda y más separatismo. Aunque la anuncie Mariano Rajoy y se sume a ella Albert Rivera la futura reforma constitucional está liderada por el PSOE y tutelada de cerca por Podemos y los nacionalistas. Ahí está la carta dirigida al rey por la banda de los cuatro: Puigdemnot, Junqueras, Forcadell y Colau, instando al monarca a pactar un referéndum legal. Ahí están los aspectos claves de la futura reforma que por anunciados ya no sorprenden a nadie. Se trata de introducir los conceptos de “nación de naciones”, “estado plurinacional” y “derecho a decidir” (referéndum de autodeterminación con todas las garantías). Todo dentro de la legalidad, como le gusta repetir a Mariano Rajoy. Estas propuestas, ya lanzadas por Pedro Sánchez y recogidas por Rajoy, las veremos reiteradas de aquí en adelante.

    Y es en este escenario donde los nuevos aprendices de brujos van a intentar encontrar solución a otro de los problemas de la política española: la necesidad de legitimidad del actual monarca. Algunos ya anticipamos, y el tiempo nos ha dado la razón, que Felipe VI no podía heredar un régimen tan personalista como el que había creado su padre: el juancarlismo. El juancarlismo era un pacto de poder entre los herederos del franquismo (con el rey Juan Carlos a la cabeza) con la izquierda (PSOE y PCE) y los nacionalistas. Eso es lo que ha saltado por los aires en este momento político. Por eso, en esta reforma constitucional que nos van a intentar vender al pueblo español como solución a todos nuestros males, piensan contar con el abanderamiento del rey Felipe VI. Piensan repetir la fórmula del 77 y conseguir para el monarca una oportunidad de legitimación.

    Dadas las circunstancias, refundar un nuevo consenso constitucional va a resultar mucho más difícil de lo que ellos piensan. Los separatistas y los comunistas de Podemos van a poner el listón muy alto. Además, las cesiones señaladas (España nación de naciones y derecho a decidir) son rechazadas mayoritariamente por el pueblo español. Se va a necesitar mucha ingeniería social para cambiar el sentir de la opinión pública. Instrumentos tienen para ello: la mayoría de los medios de comunicación y la ausencia de principios en nuestra clase política. No habría, por tanto, que descartar ningún escenario futuro por estrambótico que pareciera.

    La solución pasa por dar voz y decisión al pueblo español y que los políticos queden determinados por esa decisión
    ¿No existe otra alternativa? ¿No hay otra posibilidad? Precisamente audacia y fortuna es lo que requiere la crisis que padecemos. La única solución para dar estabilidad y duración a un régimen democrático en España, sería hacer todo lo contrario de lo que se hizo en 1977. Esto es, consistiría en no pactar y en iniciar un proceso de “Libertad Constituyente” donde los españoles podamos decidir libre y democráticamente sobre qué queremos para nuestro país: monarquía o república; parlamentarismo o presidencialismo; autonomías, federalismo o Estado descentralizado; representación política o sistema partitocrático; sistema electoral mayoritario y estable o sistema proporcional e inseguro como hemos tenido hasta el momento; Poder Judicial independiente o sometido a la partitocracia como el actual.

    No sería tan complicado. Consistiría en dar voz y decisión al pueblo español en su conjunto y que los políticos estuvieran determinados por esta decisión. Todo lo contrario del programa que Rajoy y Pedro Sánchez quieren liderar a partir del 2 de octubre. El tocomocho de un nuevo 77, 40 años después. Una vieja Transición ya descarrilada.

    “Libertad Constituyente” es la única solución para alcanzar la democracia y mantener la unidad de nuestro país. Un verdadero derecho a decidir. Un auténtico proceso constituyente. Y no lo que lleva sucediendo desde hace tanto tiempo en España y hoy se ha transmutado a su criatura del siglo XXI: la farsa separatista catalana.

    *** Javier Castro-Villacañas es abogado y autor del libro ‘El fracaso de la monarquía’ (Planeta, 2013).

  • hartodetodo

    El tacticismo político del corto plazo del PSOE y el PP a lo largo de tantos años, donde han prevalecido sus intereses de partido sobre el concepto de Estado nos ha traído hasta aquí. A ver cómo salimos de este “match ball”.
    Mucho más importante, si salimos de esta, es qué van a hacer estos dos partidos a partir del día 2-O. Si no se cambia el rumbo de manera drástica a base de que el Estado recobre las competencias en educación, policía, respeto e implementación de las decisiones judiciales, recorte de administraciones paralelas, servicio exterior, prohibición de uso torticero de medios de comunicación públicos, subvenciones al sentimiento secesionista, etc, -y no parece que las cosas vayan por ahí porque se impondrá siempre la visión cortoplazista partidista y los complejos- los nacionalistas, caso de que pierden el primer envite, seguirán criando músculo social para ganarlo al segundo o tercer intento, será solo cuestión de tiempo y de que sepan controlar su propia impaciencia.

  • Océano

    Totalmente de acuerdo, yo no reconozco a la izquierda actual, no hay un partido que la represente y tenga claro lo que ella supone en la actualidad, la mayoría de los partidos que se llaman izquierdistas proponen saltarse la ley a la torera y eso no es ser de izquierdas, eso es ser antidemocrático y de alguna manera facista o totalitario, van dando bandazos a diestro y siniestro(ejemplo claro la Colau), no tienen una idea clara ni de Estado, ni de nación, ni de región y por supuesto no han leído la Constitución , ni el principio de jerarquía de la leyes.

  • Trueno

    De los complejos de la izquierda española para defender abiertamente la unidad de la Nación -a 42 años vista del anterior régimen-, que sería lo más justo y solidario para todos los ciudadanos, se han aprovechado los movimientos más carcundos y terruñeros del país. Lo más vomitivo es cuando éstos energúmenos utilizan la palabra pueblo para referirse a ellos mismos y se arrogan un aire de modernidad. Y ahí siguen con sus grandes boinas negras, unos, y rojas, otros.

  • MAI

    Acertada reflexión que molestará a más de un mindundi.

  • Gustavo

    Esta mañana: soldadito español de Cádiz, apostado a las puertas del ayuntamiento, armado hasta los dientes, presto a acudir a Cataluña a sofocar la rebelión. Pero antes, está a la espectativa por si tiene que asaltar el ayuntamiento y llevarse a más de uno por su apoyo más o menos disimulado a la traición. ¡Tiembla Kichi! Véase el carácter intimidatorio del militar mirando a la cámara (yo estaba acojonado)…

  • Un Tal Iván

    ¡Que tiempos aquellos los de la izquierda internacionalista y el eurocomunismo!

    Ahora los que se dicen de izquierda están en contra de Europa, de la globalización y a favor de la “autodeterminación de los pueblos”.

    Lo que significa: fronteras, fronteras y más fronteras.

    Pero luego bien que se llevan las manos a la cabeza si se ponen trabas a la inmigración. Entonces ¿en qué quedamos?

  • Océano

    Un Tal Ivá,fijate que han quitado hasta la pancarta que había en el balcón del ayuntamiento, aunque siempre me ha quedado la duda si ha sido por esto o porque estaba en un edifico BIC.

  • Pablo

    Pienso que en España somos mas papistas que el Papa. Es una evidencia histórica que la constitución estuvo condicionada sin duda por el contexto social, político del momento con presiones desde luego de todas partes, aunque menos de las que parece. También es cierto que fue votada ampliamente en toda España. Ahora miro las constituciones de nuestros socios de la UE y de países muy avanzados y ve una enorme presión para elaborar las constituciones en un sentido o en otro. Véase la alemana de 1949, prácticamente elaborado por los aliados para alejar toda posibilidad de comunismo y o de autoritarismo nazista, la italiana de 1947, un cuarto de lo mismo. La francesa de 1958 con presiones derivado de la guerra de Argelia ( por cierto falta airear el papel de Francia durante el nazismo que se obvio en esa constitución). Es decir que habría que ver a estos QUE AHORA GRITAN QUE FUE UNA COSNTICIOIN IMPUESTA Y BLABLABLA que votaron o cuantas criticas han hecho de ella. Parece que se han caído del caballo.

    Ello no obsta para que se adapte y si hace falta se reconozca una nueva realidad catalana pero entre todos.

  • Gala

    ‘Los que quieren acabar con España han decidido acabar primero con sus símbolos y los que debían defenderlos ofrecen diálogo y comprensión a secesionistas de toda índole y condición’. Palabras de Aznar hace 10 años. Entonces el enemigo era el PSOE de Zapatero. Ahora la diana está puesta en otros. Me pregunto qué significa una verdadera izquierda sin complejos.

  • Julio Malo de Molina

    De acuerdo básicamente con Fernando, pero como Dupont a Dupond, yo diría aún más. Las formaciones políticas democráticas de España aún pagan las consecuencias del conjunto de operaciones que se produjeron durante la Transición, organizada por el aparato del Estado para mantener el “statu quo” de la dictadura en el marco de una democracia limitada. Y eso condujo a una Constitución “manifiestamente memorable”, y a la sumisión de los partidos de la izquierda histórica a las reglas de juego que implantó el viejo régimen. El PSOE asumiendo el poder para hacer políticas neoliberales, y el PCE desmovilizando a sus bases que habían protagonizado la lucha por un cambio democrático que no se produjo, al menos de forma plena.

  • Océano

    Ya es muy tarde para leer pamplinas. Hasta mañana.

  • Pablo

    A mi me gustaria saber en que consiste una democracia alcanzada de forma plena y quien la ha alcanzado. Como se ha llegado hasta ella y si los paises mas avanzados del mundo so democracias liberales o no?

  • Emi

    Los catalanes votaron ampliamente a favor de esta Constitución. Habrá que cambiarla o no, ya se verá, pero jamás sintiéndonos presionados por el desplante de los convocantes del seudóreferendum.

  • Emi

    La Historia da vaivenes. Una reforma constitucional puede quitarle “café” a todas las autonomías. En 1977 se descartó el sistema de autonomía administrativa italiano. Podríamos adoptarlo ahora y cerrar 17 parlamentos autonómicos. No toda reforma constitucional ha de conllevar más y más autonomía.

  • Océano

    Emi lo mismo nos llevamos una sorpresa hay españoles harto de tanta pamplina anacrónica que es lo que es un nacionalismo. En educación por ejemplo sería muy bueno adoptar el ejemplo francés centralizado.

  • Gala

    Y de camino junto al poder centralizado un único partido.

  • Julio Malo de Molina

    Parece que mis modestas opiniones han desatado las iras del airado Poseidón en el fondo del Océano quien me descalifica por “chufla”…lo cual es un gesto de intolerancia que deploro con humildad y me recuerda un amable chiste publicado en el Diario del Carnaval donde me llamaban “Paso de Pamplinas”. Comprendo que mi rápido comentario puede parecer reduccionista, aún así defiendo mi crítica a la Transición que he mantenido en otros foros con mayor argumentario. Por supuesto que puedo equivocarme, pero aún así reitero mi opinión, y pienso que de aquellos polvos, estos lodos. Ah y corrijo una errata en mi comentario de ayer: donde dice: una Constitución “manifiestamente memorable”, debe decir: una Constitución “MANIFIESTAMENTE MEJORABLE”

  • Julio Malo de Molina

    Añado: si la “Transición” desnaturalizó a la izquierda histórica, también podemos lamentar la incapacidad de generar una derecha moderna y progresista como la que hemos podido conocer en la República Francesa, la UCD fracasó y el PP no ha podido superar la raíz franquista y de esa “España de charanga y pandereta” que citaba Antonio Machado. Si se me permite una “boutade”, citaré una conversación en Cádiz con Joan Margarit y Pere Rovira, en la cual acabamos por concluir que la mejor solución podría ser plantear la incorporación de toda España a la República Francesa. Ah, la Republique!

  • Fernando Santiago Muñoz

    Gala: Francia es jacobina y hay muchos partidos. No creo que esa reducción al absurdo sea muy ingeniosa.

  • Fernando Santiago Muñoz

    Pablo: claro que no existe. Alguien dijo (igual fue Churchill) que la democracia representativa es el peor sistema político si exceptuamos todos los demás.

  • Fernando Santiago Muñoz

    julio: pues de Dupont a Dupont (Hernández y Fernández), diría más, que no estoy de acuerdo contigo.

  • Gustavo

    Éramos pocos y parió el Coleta: “Pablo Iglesias convoca una asamblea de parlamentarios y alcaldes ante la crisis catalana”. Se nota la pérdida de protagonismo del “Yo, yo mismo e Irene” y las encuestas a la baja de estos último día/semanas. No se resigna a no ser actor principal de la tragicomedia. ¡Ridículo personaje!…

    http://www.lavanguardia.com/politica/20170918/431387106094/pablo-iglesias-asamblea-parlamentarios-alcaldes-crisis-politica.html

  • Fernando Santiago Muñoz

    Gala: es difícil no largar un rollo grande. En todo caso creo que una izquierda que tenga un proyecto para toda España y que no pretenda congraciarse con sectores independentistas en algunas comunidades, que no quiera acabar con los símbolos del Estado ni trocear la soberanía nacional. No basta con estar contra la corrupción del PP. Eso es algo obvio.

  • Julio Malo de Molina

    Sorry Fernando, supongo que me equivoco, como Hernández y Fernández, o sea los Dupont y Dupond de Hergé. No suelo ser muy agudo en cuestiones políticas, será porque soy un viejo del 68, sólo aspiro a abrir el debate a otras perspectivas, pues sólo de una cosa estoy casi seguro: todos los sistemas de análisis no son más que meras aproximaciones a la realidad.

  • Gala

    Fernando, ese proyecto ya existe, no hace falta a una izquierda es el que defiende el PP y su muleta, a cambio la corrupción y su maquillaje.

  • Willy

    No sé yo quienes pueden ser los de la verdadera izquierda, Gala, pero si te digo que los de la CUP y los anticapitalistas que tenéis incrustados en Podemos, esos no son de izquierdas, nunca lo han sido, son anarquistas que solo van a lo suyo que es minar las estructuras del Estado para hacerlo desaparecer, así que no hay que sorprenderse de que estén a favor de la independencia de todo aquél que lo pida, aunque eso sí, como dijo el líder, siempre que lo hagan de manera insistente. Y me pregunto cómo puede un hombre que apoya la independencia de los territorios de España postularse para presidir su gobierno.

  • Fernando Santiago Muñoz

    Gala: si te refieres al susanismo, eso no es la izquierda.

  • Fernando Santiago Muñoz

    Julio: es muy fácil criticar lo que ocurrió en la Transición con los ojos y la experiencia de 40 años después.Entonces nadie dijo nada.

  • Pablo

    Parece que los españoles que votaron masivamente la cosntitucion no tenian la sabiduria ni la agudeza intelectual ni vision historica y critica de la que gozan ahora determinados jovencitos que nos estan enseñando de manera pedante el camino de la verdad.

  • Yomismo

    Fernando: y menos él.
    Los de la CUP y los anticapitalistas no son anarquistas son unos amargados en contra de todo, sea lo que sea…estos no le llegan a los anarquistas ni a oa suela del zapato.


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