Plataformas. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 12 de enero de 2018

 

En Cádiz una plataforma era lo que había en el Dique, como se llamó siempre a Matagorda ( ya saben el chiste: “¿ojú? Po ya no voy”). “Mi primo Federico estaba lanzando con mucho ahínco, se le clavó el anzuelo en el guardabarros de un R5, fue volando pal Dique y se clavó en una plataforma, mira por donde el gachó, entró fijo en Matagorda”. Con el paso del tiempo y la  irrupción de las nuevas tecnologías (esa entelequia llamada astillero 4.0 o como se le diga) se fue abandonando desde el vapor del Dique a las contratas de astilleros. Ahora hay empresas auxiliares y un clúster naval, aunque no sirva para nada. El caso es que las plataformas eran hace unos pocos años  iniciativas ciudadanas para la defensa de algún punto de vista. Yo, que como el Selu, llevo 30 años montando plataformas, sé de qué va la cosa. Plataforma contra el Palacio de Congresos en Santa Bárbara(éxito), plataforma  para que el solar donde está ahora el Hotel Playa fuera un espacio público (fracaso), plataforma Astilleros para Cádiz al objeto de que no se hiciese la City del Siglo XXI que pretendía hacer el PSOE (éxito), plataforma de apoyo al comercio tradicional para que no se hiciese un hiper de Alcampo en los terrenos que fueron de la Unión Cervecera (éxito), plataforma en defensa del Mora (fracaso) “yo quiero que cierren el Mora y se quede mi suegra dentro” según versión de Los Príncipes Encantados. Todo así. Llegó un momento en el que Antonio Hernández Rodicio me llamaba plataformista: y a mucha honra. Era una época donde los sindicatos, las asociaciones de vecinos y ese engendro que llaman sociedad civil tenía un cierto vigor en la ciudad y se involucraban en todo tipo de debates. Ahora en lugar de plataformas se crean mareas de todos los colores del arco iris, siempre compuestas por los mismos. Debe ser el signo de los tiempos. Las únicas plataformas en los últimos 20 años son las que se han formado para el mantenimiento y el derribo de la Aduana, asunto de alcance menor pero que ha adquirido un protagonismo en la ciudad lo que supone un síntoma evidente de su decadencia. Encima cada plataforma la constituyen dos personas. Plataformas por colleras se llama eso. La única diferencia son los pliegos de firmas que acompañan a cada cual. La ciudad mira con sonrisa escéptica ese agitado debate como si fuera una partida de tenis de dobles, con la indiferencia  habitual de los naturales de la Trimilenaria. Mientras tanto el alcalde está en lo que tiene que estar: el carnaval.

Fernando Santiago

  • Océano

    Fernando, en lo de la plataforma para que no se cerrara el Mora con la cual estuve de acuerdo, ¿se acuerda usted de la posición de los médicos??

  • Fernando Santiago Muñoz

    Océano: silencio.

  • Julio Malo de Molina

    Comparto tus opiniones querido amigo, plataformas las de antes. Con “Aduana” estamos de acuerdo en lo esencial, aunque mantengamos pronósticos diferentes. Con tu permiso, muy cutre “Trueno”, descalificando el informe de un especialista de probada solvencia, porque según dice “escribe al dictado”, ¿y los que su Foro usó para detener un proyecto razonable? En fin, estimado colega, como se dice: “el que tiene un vicio, o se mea en la puerta, o se mea en el quicio”. De últimas, ya lo sabes: estoy contigo, sabes mucho más de todo, y en especial, de opinión pública.

  • Julio Malo de Molina

    Un poco de morro ya tienes “Trueno”, tú que eres un jubilado de la UCA, ¿tienes potestad para enseñar y explicar a “un grupo reducido” el estado de conservación de un edificio del Estado? Yo alucino.

  • Trueno

    Demasiados cómics y demasiados libros de caballería.
    “Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento”.

  • Julio Malo de Molina

    Desde luego, la operación de resolver el espacio entre: Estación (nueva e histórica), muelles, murallas del XVIII, espacios públicos, nudo intermodal, carretera industrial y relación ciudad-puerto; requiere mayor estudio. Incluso entiendo que la demolición de Aduana debe esperar a una propuesta precisa en el área entre la Estación del XIX y la mar. Pero sí conviene revocar cuanto antes el acto administrativo de diciembre de 2009 mediante el cual se incluye el caserón en el Inventario de Bienes del Patrimonio Andaluz, ya que se hizo por razones de políticas coyunturales ajenas a la razón científica. El mismo “Trueno” confesaba ayer en el debate de la SER que se trataba de una pieza menor y desde luego fuera de época; semejante a otras como el Edifico Fénix, para mí algo mejor por mayor coherencia, y que no se encuentra inventariado.

  • Trueno

    Y demasiado Le Corbusier!!


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