Ojo con la barra libre. Javier Marías en El País

Fernando Santiago Muñoz | 13 de febrero de 2018

MUJERES VIOLADAS, acosadas, manoseadas sin su consentimiento, todo eso existe y ha existido siempre, por desdicha. Que haya una rebelión contra ello no puede ser sino bueno. Pero hay demasiadas cosas buenas que hoy se convierten rápidamente en regulares, mediante la exageración y la exacerbación y la anulación de los matices y grados. El estallido se produjo con el caso Weinstein, cuyas prácticas son viejas como el mundo. Ya hacia 1910 se acuñó la expresión “couch casting” (“casting del sofá”), para referirse a las pruebas a que los productores de Hollywood y Broadway sometían a menudo a las aspirantes a actrices (o a los aspirantes, según los gustos). En el despacho solía haber un sofá bien a mano, para propósitos evidentes. La costumbre me parece repugnante por parte de esos productores (como me lo parece la de cualquier individuo poderoso), pero en ella no había violencia. Se producía una forma de transacción, a la que las muchachas podían negarse; y una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban. “A cambio de que este cerdo se acueste conmigo, consigo un papel, iniciar mi carrera”. Pensar que la única razón por la que se nos dan oportunidades es nuestro manifiesto talento, es pensar con ingenuidad excesiva (ocurre a veces, pero no siempre). Con frecuencia hay transacciones, compensaciones, pactos, beneficios mutuos que entran en juego. La índole de algunos es repulsiva, sin duda, pero cabe responder “No” a tales proposiciones. Y tampoco hay que olvidar que no han sido pocas las mujeres que han buscado y halagado al varón viejo, rico y feo, famoso y desagradable, poderoso y seboso, exclusivamente por interés y provecho. No hay que recurrir a nombres para recordar la considerable cantidad de mujeres jóvenes y atractivas que se han casado con hombres decrépitos no por amor precisamente, ni por deseo sexual tampoco.

Ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten. En función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia, la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros. En vez de ser el denunciante quien debía demostrar la culpa del denunciado, era éste quien debía probar su inocencia, lo cual es imposible. (Si a mí me acusan de haber acuchillado a una anciana en el Retiro, y la mera acusación se da por cierta, yo no puedo demostrar que no lo hice, salvo que cuente con coartada clara.) De hecho, en esta campaña, se ha prescindido hasta del juicio. Las redes sociales (manipuladas) se han erigido en jurados populares, son la misma muchedumbre que exigió la ejecución de Jesús y la liberación de Barrabás en su día. Tal vez sean culpables, pero basta con la acusación, y el consiguiente linchamiento mediático, para que Spacey o Woody Allen o Testino pierdan su trabajo y su honor, para que pasen a ser apestados y se les arruine la vida.

Ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten

La justificación de estas condenas express es que las víctimas no pueden aportar pruebas de lo que sostienen, porque casi siempre estaban solas con el criminal cuando tuvieron lugar la violación o el abuso y no hay testigos. Es verdad, pero eso (los delincuentes ya procuran que no los haya) les ha sucedido a todas las víctimas, a las de todos los crímenes, y por eso muchos han quedado impunes. Mala suerte. ¿Cuántas veces no hemos visto películas en las que alguien se desvive por conseguir pruebas o una confesión con añagazas, porque sin ellas es palabra contra palabra y perderían el juicio? Así está montada la justicia en los Estados de Derecho, con garantías; no así en las dictaduras. Por eso me ha sorprendido leer editoriales y “acentos” en este diario en los que se afirmaba que las injusticias derivadas de todo este movimiento eran “asumibles” y cosas por el estilo. Es algo que contraviene todos los argumentos que, desde Beccaria en el siglo XVIII, si no antes, han abogado por la abolición de la pena de muerte. La idea de los defensores de la libertad, la razón y los derechos humanos ha sido justamente la contraria: “Antes queden sin castigo algunos criminales que sufra un solo inocente la injusticia de la prisión o la muerte”. Ahora se propugna lo opuesto. Si la falta de pruebas contra los acusados se extendiera a otros delitos, y aquéllos dependieran de las volubles masas, se acabaría la justicia.

Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien. Podrían inventar, retorcer, distorsionar, tergiversar impunemente y con éxito. El resultado de esta “barra libre” es que las acusaciones fundadas y verdaderas —y a fe mía que las hay a millares— serán objeto de sospecha y a lo peor caerán en saco roto, haya o no pruebas. Eso sería lo más grave y pernicioso.

  • Pepe

    Me parece un artículo bochornoso, más digno de una charla de barra de bar, por lo machista y lo misógino, que de un señor Académico de la Lengua.”Con frecuencia hay transacciones, compensaciones, pactos, beneficios mutuos que entran en juego”, dice en una de sus frases. O sea: o follas conmigo o no trabajas, muerta de hambre. Es el mensaje explícito de los Weinsteins de turno, el derecho de pernada de los señores feudales de toda la vida. Los negocios son los negocios y tu prestación en especie va a ser abrirte de piernas para mí, que soy el que pone la pasta, cariño. Asco.

  • Gala

    -La violencia no solo existe en sus aspectos tipificables penalmente, sino como manera global de relacionarse con el entorno.

    -“La desfachatez intelectual se sostiene sobre una impunidad generalizada, que nace de la ausencia de una crítica explícita a las opiniones de las principales figuras de nuestra clase intelectual”. Cita tomada de la “La desfachatez intelectual”, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

  • Uantuzri

    Gala, entre que lo tuyos no te entienden y que los demás no te hacemos mucho caso, te hartas de escribir pa ná!

  • mar

    Se nota que no ha sufrido desde niña a no poder salir sola por la calle a expuesta a que te digan cosas, a volver sola a casa que se te pude cruzar cualquier malages, , cuando en un autobús abarrotado con 14 añicos, se te ponga un tio a rozar te contigo y tenerteque bajarte asqueada del autobús, etc, etc todas las mujeres sufrimos episodios desde niñas porque cuando sale noticias de estas, siempre cuando hablamos pues a mi cuando tenía tal edad me paso esto o à mi un tio ….

  • Lineker

    Pepe, seguro que a lo largo de la historia se han hecho muchas mamadas no exigidas para obtener beneficios. Eso también es una transacción, y también da mucho asco.

  • Gala

    Uantuzri, ni falta que hace que me leas. Desde cuando es portavos-o coz. Quiénes son los míos y quienes son los demás. Ahórrese la respuesta.

  • Gala

    PD: he querido poner vox en vez de vos, y me ha salido una coz.

  • Uantuzri

    :)

  • Marcador simultáneo dardo

    Debo ser asexual o gay porque jamás le he dicho nada a una mujer por la calle ni se me ocurre rozarme con una en el bus

  • Fernando Santiago Muñoz

    Gala: qué gracioso Sánchez Cuenca que cuando él escribía en El País y firmaba manifiestos era todo un mundo maravilloso y cuando le echaron del periódico todo se volvió gris. Ese libro es una infamia.

  • Pepe Cabrales

    Estoy de acuerdo con Pepe. Según la tesis que sostiene Javier Marias, o él carece de ningún talento o, si lo tiene, habrá debido pasar por la cama de algún editor para publicar en El País.

  • Ozé Luí

    Yo me quedo con el párrafo final, con el que estoy de acuerdo: <>


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