Archivo de autor

Pasión

Fernando Santiago Muñoz | 20 de febrero de 2019 a las 4:02

Espacio Quiñones

Fernando Santiago Muñoz | 20 de febrero de 2019 a las 3:03

El photocall de La Mafia

Fernando Santiago Muñoz | 20 de febrero de 2019 a las 1:18

Pactos

Fernando Santiago Muñoz | 20 de febrero de 2019 a las 0:47

El verismo humanista de Pepe Baena. Por Diego Gadir

Fernando Santiago Muñoz | 20 de febrero de 2019 a las 0:12

674GEW70Miradas inmediatas

Sala Pescadería Vieja, Jerez de la Frontera.

Del 15 de febrero al 17 de marzo de 2019

 

 

Por Diego Gadir

 

 

Supe de la exposición actual del pintor Pepe Baena, colega y paisano, por este blog de campanillas, al que suelo llamar cariñosamente la plazuela de Santiago, como podría habérseme ocurrido la caleta de don Fernando. Pero resulta que este último nick ya estaba asignado, cuando menos tácitamente, a Fernando Quiñones, además de que la gracia que me sobrevino fue la primera, que resultaba, según advertí después, algo más jerezana… Y esto es todo como introito.

 

Y hablando de Jerez de la Frontera, allí que me desplacé para ver las pinturas de Baena lo antes que pude. Y no voy a ser hipócrita, nunca antes había visto, en persona, una obra suya. Sí en la red, donde he podido contemplar un par de pinturas premiadas, además de sus ya famosos churros sobre papel de estraza y cafelito en vaso de cristal, que me han retrotraído a aquellas mañanas de mi infancia con mi madre, Juana Rosa, y mi abuela Paca, en derredor de la Plaza de Abastos de Cádiz y la de las Flores, cuando el cielo era un piélago de ilusión sin murallas, las que luego va levantando, en la vida de los hombres, la necedad y su conjura.

 

No soy asiduo a las exposiones, precisamente. Me entristecen en alto porcentaje, como entristecía el avistamiento de una boda a las puertas de una iglesia a mi querido Félix Sáez Plaza, ese ingeniero de minas sevillano que colgó mis primeros lienzos adolescentes en su pub, el Zucchero, junto al Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tengo que recalcar que la exposición de Pepe no ha sido precisamente un suplicio. Y que ningún colega se me ofenda pues, como últimamente solo visito el seis por ciento de lo que se ofrece, por falta de tiempo, no soy quién para juzgar lo que me pierdo.

 

No conozco personalmente a Pepe Baena, todavía, lo cual, a la hora de valorar una obra en su justa medida, puede resultar una gozada, pues me siento realmente libre de compromiso y de condicionantes de índole personal. El lado malo es que casi me estoy enfrentando a una obra anónima, a ese mismo efecto. Pero esto, para mí, ahora, puede resultar positivo. Mi absoluto desconocimiento de las correrías biográficas de Francis Bacon, no me impidieron alucinar ante su obra, allá en mi adolescencia, cuando mis padres me compraron la mejor enciclopedia de arte contemporáneo del momento; nada sabía de la vida de Egon Schiele antes de la Navidad en que Rosa me regalara el libro de Alessandra Comini; nada conocía de Dalí, excepto su famoso Cristo mirando la bahía de Portlligat, que colgaba sobre la pizarra de mi clase, antes de que el pintor alicantino Antonio Olaya, a quien tanto quise, me prestase, a mis trece años, aquel librito mágico que atesoraba en su biblioteca.

Aun no sabiendo nada de Pepe Baena, sé que dicen que es un gran tipo. Ahora lo he visto por mí mismo… en sus cuadros. Dijesen lo que dijesen de él, sabría por los cuadros la verdad aproximada.  Han escrito que es un pintor que no puede ni quiere prescindir del ser humano. Dicen que es un hombre de su tiempo. Ahora, he visto todo eso con mis propios ojos.

 

Muy poca gente sabe realmente expresar con palabras el misterio de la comunión del alma con la pintura. Hay mucha verborrea y pocas nueces. Francamente, no creo que descubramos nunca el mecanismo mental que el cerebro utiliza a fin de trazar un mapa pictórico sobre un soporte, con ayuda de la retina y la mano. Hay mucho inconsciente, y mucho determinado. Y hay mucho de fortuito-controlado, como decía Francis Bacon. Cuanto menos hay de esto último, peor es la pintura, quizá. Pero, de cualquier forma, la pintura es y debe ser una cosa mental, aunque todos los sentidos participen, incluso más de los conocidos.

 

Alegremente, se decanta la gente a dictaminar la valía o no de un pintor. Aun cuando siempre se sabe algo, la pintura es un arte dificilísimo, en el podio de la dificultad, a la hora de practicarla y a la de juzgarla. Rilke nos recomendó abandonar todo análisis crítico y propuso que se la amara, como vía para su mejor conocimiento. Walter Benjamin trató en profundidad la problemática de la contemplación de una obra de arte, abogando por un recogimiento que permitiese al contemplador traspasar el umbral físico entre éste y la obra. Por otra parte, es fácil amar aquellas obras de arte que nacen de una auténtica admiración por la vida, como éstas de Baena.

 

En un email reciente, don Fernando Santiago me decía: “Un pintor amigo mío, Pepe Baena, es un gran admirador de tu obra y me pregunta si vas a exponer por aquí o vas a venir por Cádiz”. Le contesté inmediatamente. Pero necesitaba ver antes su obra en carne viva, como casi diría un angloparlante. Verla en justas condiciones de luz, espacio y silencio. Casualmente, he podido disfrutarla con absoluta tranquilidad y, afortunadamente, libre de esa jaqueca que me ha trastocado la percepción del mundo durante estos últimos días de contrastes barométricos y extrema amplitud térmica. Me viene a la memoria la maldita influencia que los dolores estomacales ejercían sobre la armonía espiritual de aquel arquitecto en la famosa película de Peter Greenaway, una crítica feroz a la manipulación ideológica del arte, y a la insana ambición capitalista.

 

En Pescadería Vieja, he visto cuadros con aura, producto más de una luz interior que la que surge del temblique de los fotones. Y también con ese aura del arte único, irrepetible y casi sagrado -Walter Benjamin- que, en principio, desprecia toda banal comercialización. En un plano más prosaico, he degustado cuadros, tan cuadros aún como aquellos que pintaban Altdorfer o Hals, óleo sobre lienzo, y eso me satisface por cuanto tiene de rito y de reto. Por cierto, Albrecht Altdorfer, el genial renacentista bávaro, anticipó esos rompimientos del cielo caletero gaditano que cuatro siglos después ha capturado con tanta belleza la cámara del gran Hans Josef Artz.

 

Me reconozco una especial querencia a la pintura de caballete, aun cuando sea pintada sobre un banquito de aluminio. Aunque, igualmente, logra asombrar mi espíritu una obra de arte trabajada sobre tela asfáltica, como aquéllas que mi amigo Paco Lara-Barranco pergeñaba en los años noventa, que ya hoy día, visto todo lo visto, deben resultar puras “academias” contemporáneas, como las vitrinas de Beuys. No te me enfades Paco, sabes de sobra que te admiro auténticamente, pero así es el retorno revanchista de la historia para todos nosotros. Tú y yo sabemos mucho a cerca de estos barroquistas advenedizos de hoy día.

 

En la sala jerezana, donde yo expusiera mis Manos manantiales allá por 1998, Pepe Baena ha colgado una serie de cuadros que son más veristas que realistas. Gozan, según he podido atisbar, de un matiz suplementario que otorga a la realidad representada un valor social -familiar y sentimental en Baena-. Un valor romántico, concretando.  Concluyo, mientras me fundo con sus pinturas, que Baena es un pintor muy peculiar que me interesa más y más cada minuto que permanezco encarrilado en aquel  cuadrilátero poblado de seres relacionados que nos abren su intimidad de par en par, por osadía de su retratista. Nos muestran sus espacios vitales; sus momentos de recogimiento y descanso; sus vínculos sanguíneos; sus semejanzas genéticas; sus mascotas y juguetes; sus angustias; su inconsciencia cotidiana y doméstica. Rasgos naturalistas de un tiempo presente que van mucho más allá de aquello que Chris Stevens, nuevo impúdico revanchista favorecedor del realismo británico, llamaba hace relativamente poco “la materia de la vida”. Baena va más allá de la materia. Lo que tal vez ignora Stevens es que, a pesar de haberse autocoronado al colgarse a sí mismo entre Freud y Rego, el realismo no es patrimonio de U. K., ni una marca geográfica que se pueda registrar. Le recuerdo que el mismísimo Enrique VIII contrató al alemán Hans Holbein, por consejo de Tomás Moro.

 

Noto que Pepe Baena es esa especie de pintor que me gusta encontrar y no abunda. Egoísta en sus pretensiones; ajeno a la complacencia. Artesanalmente elegante, pero sin repulidos. En un estado primario aún de lo podría llegar a ser más ásperamente humano. Esa pintura que tanto atraía al crítico australiano-británico Robert Hughes, de textura basta, alérgica al refinamiento (rough-hewn), y que yo empiezo a intuir aquí y antes otros vieron en los lamparones de la estraza. Su libre albedrío sabrá dónde llevarle. Lo que nunca sabré yo es por qué Mr. Hughes patinó tan estrepitosamente al valorar la postmodernidad, y a figuras como mi admirado Julian Schnabel, para mí el mejor pintor americano después de Rauschenberg.

 

Yo, a Pepe Baena, le animaría a que continuara tirándose, a cabeza abierta, en el verismo que él mismo ha apuntalado tan convincentemente. Al menos, que no se desilusione hasta haberle pisado toda la uva. Se ve que está cómodo. Y le conmino a que solo escuche la resonancia de la realidad en su alma, entrándole por esas retinas rapaces y capataces que lleva de serie. Fuera de ella, no encontrará nada relevante. Más adelante, sí. Todo llegará. Tal vez me esté equivocando, pero atisbo mayor corporeidad tras estos caldos moderados que son, en todo caso, lo mejor que podía dar a su edad, creo que casi cuarenta -un niño- y con solo una década de rodaje.

 

El problema podría llegarle cuando a los políticos les de por utilizar su obra, controversia que ya advirtieron Benjamin o Adorno. El arte debe estar en un limbo propio, ajeno a los poderes que pudiesen desgarrarle los brazos de cuajo para llevárselo a sus terrenos, deseosos de neutralizar su influjo noble y revolucionario por ser un tan noble residuo histórico enmedio de la espuria ambición… Y la incultura.

 

En principio es la pintura. Así debe ser. Y así lo he visto en Jerez. El verismo en Baena subyace, en verdad, como un mensaje de la obra, como un telón que le define como hombre. Pero tengo que reconocer que no dejo de ver la mano del pintor por delante de cualquier declaración de amor por su entorno humano. Ésta no es solo la exposición de un retratista en su acepción más utilizada. Lo es, quizá, en su propio autorretrato, en el de Perico o el de su padre. La excelencia retratista centellea en el rostro de la pequeña Sara, en carnaciones soberbiamente trabajadas bajo las que se advierten los veneros de la sangre encendida. Pero también hay, aquí, un descubridor de paisajes interiores, en los sofás tapizados, tratados como rudimentos de una vida sencilla -Esperando a Pepa-, recreados con cierto desdén en su calidad de muebles de uso cotidiano, muy lejos de cualquier preciosismo aburguesado como el del exquisito Domenico Gnoli, tan lejano, por otra parte, a este Pepe que desayuna churros de la Guapa y vela la fatiga diaria de la existencia… Como veló con sus pinceles el sueño de su pequeño Mateo al sol.

 

También caí prendado por Juan, ese delicioso perrito bodeguero a los piés del lecho de Adelaida, quien está, de nuevo, hecha soberbia pintura en su retrato en solitario, también más allá del mero retrato. Me interesó muchísimo Los bisnietos, donde las figuras luchan por salirse de sus carcasas realistas para hacerse especialmente veraces, por intervención mental, más o menos consciente, del pintor, aunque libremente decidida en sus células, con su repertorio de gestos vulgares, a fuer de tan reutilizados en la vida diaria; en el amor constantemente declarado; en el hastío, incluso, de los mohines cotidianos. Este cuadro, junto con La cena, me parece el menos reductible a una enmarcación geográfica o a una tradición histórica concreta, al menos cercana.

 

En los rostros de los personajes se aprecia un leve extrañamiento gestual, ligero pero evidente, muy propio del expresionismo centroeuropeo que se incuba en la primera guerra mundial. Rasgos no del todo esclavizados por el compromiso retratista realista. Es producto de una injerencia de la mente del creador, que procura a las figuras gestos peculiares, no siempre relajados y propios del acto pasivo de posar. Aquí se vislumbra la tensión del carácter o de un momento anímico -ligeramente digo-, pero hay menos complacencia que en los retratos de Perico, en el que creí ver a don Fernando Santiago, y en el de Paco Leal, en el que vislumbré a mi querido Rafa Grajales. Toda vez que eran para mí efigies desconocidas, funcionaron como contenedores vacíos que mi mente trató de ubicar en el imaginario de mi memoria. Son magníficos en su ejecución técnica.

 

Si algún referente se me aparece, como un espectro que no he escudriñado adrede para nada, es el David Hockney de principios de este milenio, menos chocante en el color, y que me encanta. En realidad, estas pinturas de Baena pertenecen a un realismo contemporáneo que se retroalimenta y trasvasa a través de internet y que tiene evidentes ecos británicos y europeos. También, algo del realismo de Antonio López, aunque menos. Este realismo que los británicos reclaman como tesoro propio se desnaturalizará, tarde o temprano, y se hará global, cosa que no podrá evitarse tratando de añadir distintivos u hormas antropológicas y geográficas, conmemoraciones y revivals, que es lo que tanto van a reclamar los políticos, más interesados en lo turístico que en el arte. Tampoco van a conseguir los interesados en el realismo como cruzada, acabar con el libre albedrío de los creadores y su legítima elección.

 

En esta exposición, Pepe Baena ya no ofrece pistas que permitan deducir que es un pintor gaditano, o andaluz, aunque se sienta orgulloso de serlo y lo diga su carné de identidad. Solo queda una vista de las salinas donde agarrarse, donde agarrarlo… Y algún personaje retratado identificable por algunos de sus paisanos. Imagino que seguirá pintando churritos de la Guapa y pescaíto del freidor, que nos harán viajar a nuestra infancia más gaditana… o, quizá, no vuelva a pintarlos. En cuanto a su pintura en Jerez, veo un artista que da y dará grandes emociones. Y esto es motivo de orgullo.

Triangular benéfico

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 19:06

Buscando cuelo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 19:01

Se nota, se siente

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 17:48

Yo había notado algo diferente en la Diputación, como otro brillo en la gestión, una eficacia distinta. Se notaba que algo ocurría y ya me he dado cuenta de lo que es: Lola Virués está de asesora de la Corporación Provincial. La que fuera concejala de Chiclana, directora del Instituto de la Mujer, asesora de la Consejería de Igualdad de la Junta, está ahora de asesora en la Diputación. Es lo que llaman ahora una persona dedicada al servicio público, una vocación.

Retransmisión

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 9:51

Los directivos de Canal Sur están que no cagan duro(con perdón). Conviene pensar que muchos llevan años ganando más que la presidenta (el presidente) de la Junta de Andalucía. Para ser exactos, un 30% más . El temor al cambio ha hecho que se haya acabado el papel higiénico en San Juan de Aznalfarache y aledaños. Son 30 años donde algunos llevan chupando del bote sin más mérito que la docilidad con el poder socialista. Ahora cambian las tornas. Ejemplo: Manolo Casal se ha instalado en el Falla como para recordarle al PP que él es en realidad un profesional sin adscripción política. El pobre perdería las dos terceras partes de su sueldo  ya que la plaza que tiene en Canal Sur es la de locutor.

Por cierto, el otro día Enrique Miranda y Mirian Peralta dijeron 15 veces que Er Chele Vara es una chirigota canalla. La definición que hizo el propio autor. Estaría bien ir a un diccionario de sinónimos para no decir lo mismo o al menos no repetirse.

Medallas

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 8:50

Ni que decir tiene que me parece fantástico que le den la medalla de Andalucía a Antonio Martín. Ya dije aquí que por primera vez en la historia la Diputación había anunciado  las medallas de la provincia antes de que la Junta anunciase las de Andalucía y se podía dar el caso que se ha dado: que Antonio Martín recibiese la de Andalucía con lo que deslucía la de la provincia. Es como ganar el Nobel y el Planeta. El primero ensombrece al segundo. Dicho lo anterior: enhorabuena al Niño de San Vicente.

Teófila

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 8:48

Me alegro por ella, si a ella le parece bien, como es de suponer. No sé yo si es lo mejor para el PP, desde luego, aunque para Juancho está bien que salgan de las listas quienes protagonizaron los 20 años de gobiernos del PP. Ya se fue Colombo ( gran titular del Diario: “Colombofobia”)  para abrevar en otros lugares, vivir del presupuesto para no tener que volver a la ventanilla de Uncaja. El pobre Ramoní buscando un lugar donde irse que no sea la Universidad Católica de Murcia, incluso había hecho un máster de gestión portuaria, el pobre. Pepe Blas ha anunciado que se va sin que nadie se lo diga y sin necesidad de buscar una canonjía porque tiene su propio despacho.

Gracioso el juego de las reprobaciones: el PP reprobó a Rafael Román y luego recurrió su propia reprobación. La de Román fue anulada. La de Teófila y Ramoní ha sido admitida, por ahora. Los reprobadores , reprobados. Politiquilla.

Por cierto, lo de Teófila se dijo aquí hace tiempo.

Pureza de sangre. Por Fernando Santiago en el Diario del Carnaval

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 6:53

Un fantasma recorre el Falla: acabar con el libre acceso al concurso. Ahora se han dado cuenta algunos que no puede ser eso de que cualquiera pueda cantar en el teatro como si viviéramos en un país libre, con solo rellenar un impreso y ya está. Hay que establecer una criba, como la fase previa de la Liga Europa que se juega a principios de julio entre el Sevilla y algún equipo de Chipre o de Azerbayán. Los que vienen de la provincia y de otros lugares de Andalucía que se graben con el móvil y lo manden al jurado para determinar si pueden o no pueden cantar en el llamado Templo de los Ladrillo Coloraos. De esta forma el concurso empezaría directamente en cuartos. Nos perderíamos a Pepito el Caja y el estilismo de Mirian Peralta pero es un sacrificio que debemos soportar para que no sea muy largo ya que, según parece, molesta que dure tanto. No lo entendía muy bien porque concursa el que quiere , compra las entradas el que quiere, retransmite el que quiere y lo ve en su casa el que quiere, pero debe ser muy molesto que cante cualquiera así que se impone reducir el concurso. Está en juego , según se ve, el futuro del carnaval. Qué se habrán creído esas pobres agrupaciones de Alcalá de Guadaira o Arroyo de la Miel, cantar en Cádiz como si esto fuera la Scala de Milán o la Ópera de Viena. Aquí no puede cantar cualquiera, hace falta una selección de la preselección, una barrera que demuestre que las agrupaciones que vienen de lejos tienen sus punteos, sus octavillitas, sus estribillos que luego nadie recuerda, sus chistes malos y su desafino como si fueran una agrupación de Puntales o de La Viña (por cierto ¿cuánta población tiene La Viña que hay decenas de agrupaciones de ese barrio?).

Establezcamos algún procedimiento para determinar la pureza de sangre no vaya a ser que a bordo de una patera llegue una comparsa de Senegal y eso sería ya el fin de los días, lo peor de lo peor, hasta que Santiago Abascal llega a La Moncloa a caballo, los meta a todos en un campo de concentración para devolverlos a su país. España para los españoles y Cádiz para los gaditanos.

Fernando Santiago

Romaní Chico

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 5:35

Visita del Presidente, elecciones

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 5:26

Queu

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 3:30

Antiguos urinarios

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 3:30

Pronto empiezan

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 2:29

Vándalos

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 2:28

El jueves asamblea local del PSOE

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 1:30

Para aprobar la lista electoral, llevada con secretismo por Fran González . Inquietud en la agrupación . Se espera un gran jaleo interno.

Santa Elena

Fernando Santiago Muñoz | 19 de febrero de 2019 a las 1:27