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Visita guiada

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 7:43

Oportunismo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 7:42

Sombrío agosto del 36. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 7:00

GUERRA CIVIL EN CA_DIZ 1.GUERRA CIVIL EN CA_DIZ. E	VA
Repaso un libro de la investigadora Alicia Domínguez, “El Verano que Trajo
un Largo Invierno” (Quorum, 2011), en el cual se describe la durísima
represión desatada por las tropas rebeldes en la ciudad de Cádiz cuando
ésta es tomada sin resistencia el día siguiente al pronunciamiento militar,
inicio de una cruenta guerra civil que estremeció a un mundo convulso.
Sorprende el despliegue de tanta violencia en una ciudad donde no se habían
producido conflictos antes de su ocupación, ni siquiera durante el corto
periodo de gobierno del Frente Popular, contra el cual se producía la
intervención militar. Como otros investigadores, Alicia Domínguez deduce
que la desmedida violencia planeada por los sublevados tenía una finalidad
más preventiva que punitiva; en otras palabras, la táctica era mantener muy
controladas las zonas ocupadas, a costa de eliminar a cualquier persona con
ideas próximas a las de ese régimen republicano, laico y progresista, que
se prendía abolir. Lo confiesa con contundencia el general Yagüe en una
entrevista concedida al corresponsal de “New York Times” después de fusilar
a más de cuatro mil personas en Badajoz la noche misma en que toma la
ciudad, un 14 de agosto de 1936: “Mis órdenes son avanzar sobre Madrid, no
quedarme de carcelero en Badajoz”.



Dos crímenes ilustran esta dura estrategia de guerra. Federico García Lorca
a sus 38 años ya era uno de los mejores escritores de la lengua castellana;
no pertenecía a partido o sindicato alguno, simplemente era homosexual y
masón, circunstancias sospechosas para quienes preparaban la destrucción
del orden republicano. Detenido en la casa granadina del poeta Luis Rosales
el 14 de agosto de 1936, tres días después le trasladan al Cortijo de la
Colonia, en la carretera entre Víznar y Alfacar, donde aún se hacinan los
restos de dos mil víctimas más. En la madrugada del día 18 le fusilan junto
a un maestro y dos banderilleros, en la ejecución participaron diez
militares que fueron localizados y han descrito los hechos. El gaditano
José de Barrasa y Muñoz de Bustillo; hijo de almirante, diputado y senador,
se doctoró en Derecho en Madrid e ingresó en el Cuerpo Jurídico Militar;
personalidad culta, destaca también a través de sus artículos de prensa y
como concejal del Ayuntamiento gaditano. El 23 de julio un grupo de
falangistas registra su domicilio y le detienen por oponer resistencia; el
28 de agosto le fusilan junto a: Milagros Rendón, Manuel Morales y Manuel
Cotorruelos. Como en el caso de García Lorca no hay razones más allá de esa
estrategia “preventiva” que pagaron con frecuencia personas de acrisolada
honradez liberal.



Aquel tétrico verano abrió un oscuro invierno; pero como sostenía Neruda
“debajo de España latía España”, y en circunstancias adversas florecieron
ramilletes de cultura alegre, valiente y desenfadada, como la excelente
obra libre y rebelde del cineasta Basilio Martín Patino: “Nueve Cartas a
Berta” (1966), “Canciones para después de una guerra” (1971),
 “Queridísimos verdugos” (1973), “Caudillo” (1974); referentes de mi
generación, la que nació en posguerra y vivió la universidad inconformista
de principios de los setenta. En su último trabajo, “Libre te quiero”,
guiño cómplice al poema de García Calvo, con 81 años rueda a pie de calle
25 horas sobre el Movimiento 25M, retratando con pundonor de especialista
la felicidad callejera que devolvió a los jóvenes la ilusión por intervenir
en los asuntos públicos. El pasado 12 de agosto nos dejaba, definitivamente
agosto es mes que se nos ha dado mal a los españoles.

Jaime Rocha en Cuaderno de Bitácora

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 6:04

Concurso de relatos Café de Levante

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 5:07

Y el tesoro de La Mercedes sigue sin venir a Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 3:58

Azulinos

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 3:11

El Falla

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 2:09

Maestro chiringuitero

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 1:06

¿De qué presumen?

Fernando Santiago Muñoz | 19 de agosto de 2017 a las 0:05

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Presumir de las campañas en el pecio de La Mercedes cuando todavía no ha venido a Cádiz ni la exposición ni siquiera unas pocas monedas. De vergüenza.

Han tancat la Rambla. Por Enric González en El Mundo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 18:04

Callaré sobre los muertos, los heridos y quienes les lloran. Son lo más importante y creo que el silencio constituye una apropiada muestra de respeto. Los detalles sobre la tragedia y sus responsables los encontrarán en otros textos. Da igual no haber visto nunca el asfalto lleno de cuerpos y quejidos o haberlo visto unas cuantas veces en varios lugares distintos, en París, en Nueva York, en Jerusalén, en la frontera ruandesa: los sentimientos son los mismos. La rabia, el estupor, la impotencia, el tiempo detenido.

No conozco a las víctimas. Conozco un poco ese medio kilómetro de Rambla sobre el que han caído. Se trata de un lugar empapado en sangre vieja, en dramas, en sudor, en poesía. Es un espacio para multitudes deambulantes que durante siglos ha conocido violencia y sueños. Es, por definición, un espacio abierto, una representación (desaseada y ruidosa, si quieren) de la libertad.
En este pedazo de la ciudad, en 1937, se libró la peor batalla de la guerra interna que carcomía el bando republicano. Justo en la esquina con la plaza de Cataluña, en 1981, se desarrolló un célebre y truculento atraco al Banco Central. Aquí, en Canaletas, se apedrean las cristaleras y se celebran los títulos del Barça, se tima a los turistas y se les denuesta, se pasea en las mañanas soleadas de Sant Jordi, se lamenta en qué se ha convertido Barcelona y se disfruta de esta ciudad, tan invivible que medio mundo quiere vivir en ella.
En este medio kilómetro, este paseo desde Canaletas hasta, más o menos, el Teatro del Liceo, se concentra la esencia de una ciudad que es un oxímoron. A veces mística y reaccionaria, como Antonio Gaudí; a veces racional e incomprendida, como Ildefons Cerdá; a veces golfa y alegre como aquel Ocaña que recorría la Rambla hasta que se disfrazó de sol y murió quemado.
El 31 de marzo de 1987, Ramón Cabau, farmacéutico, restaurador y payés, acudió como cada día al mercado de La Boquería y, copa en mano, saludó uno a uno a sus amigos. Fue una gran despedida, teatral, barcelonesa. En la copa había cianuro. Cabau cayó frente a la parada de setas de su amigo Patrás. Todo el mercado se echó las manos a la cabeza. Qué quieren, la civilización es eso: la tragedia personal convertida en ópera urbana.
La civilización es la pequeña coctelería Boadas, que no cerró mientras anarquistas y comunistas se disparaban ante sus puertas en la batalla de 1937. Una mañana de 1981, entré en Boadas cubierto de sangre (acababa de socorrer a una accidentada de tráfico); la dueña, María Dolors Boadas, hoy fallecida, levantó un poco las cejas y, sin un solo comentario, me preguntó qué me apetecía.
Las clases de solfeo en el Liceo, con la señorita Sadó, eran también civilización. Uno de los alumnos, mayor que yo, se llamaba Javier Patricio Pérez. Más tarde, convertido en Gato Pérez, puso acento argentino a la rumba barcelonesa y un poco de guasa entre tantos asuntos importantes.
La civilización es el recuerdo de Manolo Vázquez Montalbán bajando la Rambla de camino a una comilona en Casa Leopoldo; es Maruja Torres tomando copas en el Café de la Ópera; es el fantasma de Jaime Gil de Biedma, saliendo de Tabacos de Filipinas con su traje de ejecutivo y enfilando el camino hacia el puerto; son los quioscos y las flores y las madrugadas insomnes. La civilización es la historia: la Rambla fue un albañal y una frontera entre los pudientes, bajando a mano izquierda, herederos del Barrio Gótico y protegidos por la muralla, y los desposeídos, a mano derecha, hacinados a las puertas de la ciudad. Algo de aquella tensión antigua sobrevive en el ambiente.
Una tarde de 1975, quizá en primavera, yo estaba sentado sobre una baranda de Canaletas leyendo un libro. Se preparaba una manifestación, como casi cada día. Para mi desgracia, yo leía ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’, una hilarante colección de cuentos de Woody Allen, y se me escapó una carcajada. Un antidisturbios se tomó a mal la risa y me clavó en la cara la bocacha del fusil. Uno de sus compañeros le reconvino con una frase memorable: “¡Estemos a lo que hay que estar, hombre!”. En ese momento, no sé muy bien por qué, fui consciente de que la dictadura se acababa. Seguí leyendo (y riendo) ajeno a todo, mientras a mi alrededor comenzaba la bronca.
Hace años, Jaume Sisa, chico del Poble Sec y, por tanto, de los barrios bajos, escribió una canción desolada con el título ‘Han tancat la Rambla’. Traduzco del catalán la primera estrofa: “Han cerrado la Rambla, han echado a todo el mundo, han vaciado los árboles de pájaros y flores”. Esta vez, la Rambla se cierra por matanza. Tras el horror del crimen, el asombro ante lo imposible: ¿cómo imaginar cerrado el espacio más abierto del mundo?

Minuto de silencio

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 17:56

Barcelona

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 9:03

Hoy el gran Reguera

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 8:59

El cielo se puso rojo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 8:58

Runners de Cadi Cadi. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 7:05

Un amigo se compró unas zapatillas, unas calzonas, una camiseta, se las enfundó una mañana y salió a correr por el Campo del Sur. Dado el trote cochinero que llevaba , a los pocos metros le dijo un pescador “así me gusta, a poquito a poco”, lo que fue suficiente para que se diera la vuelta y acabase su experiencia como runner ocasional. Ahora que ha llegado la moda de la vida sana, Cádiz se llena de gimnasios grandes y pequeños, con TRX, con spinning o con sala de pesas donde las musculocas de turno dan rienda suelta al culto a su propio cuerpo mirando en el espejo cómo se desarrollan los músculos, algunas veces con la inestimable ayuda de la química. Ahora van a sustituir el Almacén número 1 del puerto por un gran gimnasio con piscina y todo tipo de actividades paralelas. Según avanzan las obras parece incluso que van a levantar otra planta . No sé yo si tendrá éxito una instalación tan grande pero dado el interés que tienen los gaditanos por la forma física, no es descartable.

Por las mañana se puede ver a mucha gente corriendo por el Campo del Sur y, sobre todo, por el Paseo Marítimo. En esta última zona a partir del mediodía los runners son sustituidos por los morsegones y las camisetas de deportes por las camisas hawainas. Algunos corredores hacen deporte con la camiseta del Cádiz y unos auriculares con música. La duda que se me plantea es: ¿irán a ritmo de tres por cuatro o a paso de horquilla? No he probado ninguna de las dos modalidades pero no tengo claro cuál es mejor para salir a correr. Ni siquiera me atrevo a preguntar a los corredores cadistas qué debe escuchar un gadita cuando sale a correr, si música de carnaval o de semana santa y si en este último caso es aconsejable una marcha procesional a ritmo gaditano o a ritmo sevillano. Según parece la música facilita el golpe de talón del corredor así que junto con el reloj Garmin que refleje pulsaciones, velocidad y distancia hay que establecer el ritmo adecuado según la capacidad física de cada cual y según la intensidad del gaditanismo del portador. No es lo mismo correr con Los Campanilleros que con Me han dicho que el amarillo, por decir algo. Quizás no es lo mismo si se corre por La Caleta que si se hace frente al Reina Victoria. Es diferente si uno se pone la camiseta del Cádiz con Socibus que si se la pone con Cádiz 92. Si la música la interpreta Manolito Santander o el Regimiento Inmemorial del Rey. El ritmo y la zancada no pueden ser igual. La pringue de La Alameda sí es la misma.

Fernando Santiago

El Príncipe de Asturias en Turquía y el Juan Carlos I en Cádiz.

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 5:16

Paradojas

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 4:11

Valla de diseño

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 3:09

Tolerancia

Fernando Santiago Muñoz | 18 de agosto de 2017 a las 2:07