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Ascensores. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 7:27

 

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” dejó establecido Groucho. La alcaldesa de San Fernando lo aplica a rajatabla. Convoca a los medios para hacerse la foto en un ascensor y luego se molesta porque lo publican. Esto de la política es igual en todos sitios y con todos los partidos, da lo mismo si la que fuera alcaldesa de Puerto Real inaugurase una marquesina, si en Rota inauguraron una rotonda o en Cádiz un semáforo. El caso es aparentar. Cavada tiene, por si fuera poco, en su socio de gobierno al ejemplo evidente de aquel que solo vive para las fotos. Se dice en San Fernando que cuando alguien entra en un photomaton la máquina pregunta “la quiere solo o con Fran Romero”, concejal andalucista de no se sabe qué organización que se mueve por La Isla acompañado por una corte de aduladores pagados con dinero público cuya única función consiste en sacarle fotos al preclaro líder. Como las elecciones municipales están próximas Patricia Cavada ha copiado la costumbre de su socio de gobierno con el añadido de los malos modos cuando alguien le afea que se moleste porque los medios han sacado la información para la que fueron convocados: la inauguración de un ascensor con el delegado de Fomento de la Junta de Andalucía. Somos muy malos y no comprendemos la grandeza de Cavada , se trataba de un empeño hercúleo que precisaba de toda una corte de corifeos y turiferarios a mayor gloria de la Gran Lideresa Cañaílla,siempre preocupada por sus vecinos, siempre tolerante, dispuesta recibir críticas con una sonrisa, desvelada por el interés general, heredera de Pablo Iglesias y su lucha por los desfavorecidos, diligente gestora. Si alguien le dirige una crítica responde con una sonrisa. Faltaría más. Para eso estamos en democracia, para que los ciudadanos puedan opinar .

Toda esta secuencia me recuerda a Woody Allen en la escena del ascensor de “Misterioso asesinato en Manhattan”: claustrofia y un cadáver, el colmo del neurótico.

Fernando Santiago

A ver si Ábalos aprende a hablar

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 5:04

Así lo dejaron los colegios católicos

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 4:25

El tristísimo manto de la marmota. Soledad Gallego en El País

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 3:35

Tened cuidado con no convertir en nimiedades cosas que son consecuencia de una gran herencia de ordenada libertad, reclamaba a sus discípulos un gran diplomático estadounidense. Mucho cuidado, nos diría hoy, con convertir en trivialidades cosas que forman parte de los esquemas ordenados de libertades en nuestro país: el caso Cifuentes, por ejemplo, no es una nimiedad; la llamada ley mordaza, que permite encarcelar a personas cuyas expresiones pueden ofender, pero que no están incitando a hechos violentos concretos, no es una minucia; que los responsables de la Generalitat en Cataluña (el Estado) dieran instrucciones a un cuerpo armado, como los Mossos, para que facilitara la actividad de quienes iban a desobedecer a los tribunales no es un detalle irrelevante. Y no se pueden convertir en nimiedades porque afectan a principios básicos de los acuerdos de convivencia.

Hay dos cosas que se aprenden pronto en periodismo: es mucho más útil para la sociedad plantear la crítica sobre la acción del Gobierno (sea estatal o autonómico) que sobre los errores de la oposición y es importante lograr que los problemas políticos se planteen en términos exactos, no en el marco confuso en el que los interesados quieran confinarlo.

El Partido Popular, en el Gobierno, es un especialista en convertir todo lo que le hace objeto razonable de crítica en nimiedades. Los portavoces populares quieren reducir ahora lo ocurrido en la Comunidad de Madrid a un caso de malas prácticas administrativas. Pero el llamado caso Cifuentes es mucho más que todo eso porque Cristina Cifuentes no es una ciudadana particular que padece irregularidades administrativas ajenas a su voluntad, sino la presidenta de la Comunidad de Madrid, un cargo político en el que maneja un presupuesto de casi 20.000 millones de euros, y que se ha beneficiado de documentos públicos que, según todos los indicios, han sido manipulados ilegalmente. Hasta hace poco un juez podía condenar en Madrid por delito de estafa o receptación a una persona que utilizara un abono transporte ajeno o que manipulara el documento para cambiar la foto. Y aun ahora, sin pena de cárcel, la multa es cuantiosa. El máster ficticio de la señora Cifuentes no puede esconderse bajo la niebla de la nimiedad, salvo que demos por bueno que una marmota gigantesca ha caído sobre este país: ¿cuantos días iguales hay que soportar antes de salir de este bucle? ¿Cuánto va a mantener Ciudadanos a los madrileños atrapados en el tiempo, como si esta ciudad fuera el diminuto condado de Punxsutawney y todos sus habitantes Bill Murray? ¿A qué hay que esperar para que Ángel Gabilondo devuelva el pulso, hasta las próximas elecciones, a una comunidad cansada y triste?

¿Cuánto va a mantener Ciudadanos a los madrileños atrapados en el tiempo, como si esta ciudad fuera el diminuto condado de Punxsutawney y todos sus habitantes Bill Murray?

Es cierto que el Partido Popular se ha encontrado en esta legislatura, porque así lo ha querido (o porque su presidente, Mariano Rajoy, pensó que era la única manera de conservar el poder), en una situación extraña, sin mayoría parlamentaria y sin acuerdo suficiente de gobierno, pero la estrategia adoptada a continuación ha agravado los problemas en lugar de aliviarlos. El PP ha renunciado a ocupar la agenda política con la acción de su Gobierno y nos ha metido a todos en una secuencia agotadora. Conste sin embargo que su obligación sigue siendo actuar, tomar la iniciativa política y demostrarnos que tiene algo que decir para salir del día de la marmota, en Madrid, en Cataluña y en donde sea. Es tristísimo que un Gobierno, sujetado con pinzas por Ciudadanos, que solo parece pensar en sus intereses electorales, sea incapaz de plantear sus propias opciones y de debatirlas públicamente con todo aquel que lo desee. Tristísimo un Gobierno que convierte en nimiedad parte de la buena herencia de libertades ordenadas.

AP

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 2:05

Sobre los colegios públicos

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 1:24

Ponme un guasap. Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 23 de abril de 2018 a las 0:32

Como si fuese uno de esos juegos adolescentes de expectativa y realidad, eso de «cuando lo pides en Aliexpress / cuando lo recibes», el mirador Entrecatedrales lleva desafiando al tiempo y al espacio desde 2009. Primo hermano y contemporáneo de otros mamarrachos construidos en nuestra ciudad, tiene la ventaja de estar ubicado en uno de los sitios más hermosos de la ciudad, pero sufre, igual que el polideportivo del centro histórico –con históricas goteras– o el de Astilleros –inaugurado tantas veces que se desconoce la fecha exacta de su nacimiento–, o el Teatro del Títere –al que tuvieron que cambiar el recubrimiento de fachada en más de una ocasión antes de su apertura– o nuestra bestia negra, la pérgola de Santa Bárbara, del mal de la crisis económica y la megalomanía de los últimos años del gobierno del Partido Popular. Forman entre ellos el conjunto arquitectónico que podríamos llamar «del dicho al hecho» y comparten, además de la mala factura de los proyectos, los peores materiales posibles para su ejecución.

Por si usted no se acuerda –tampoco se preocupe demasiado– el mirador Entrecatedrales llegó a ser finalista de los Premios FAD de Arquitectura y del Premio Europeo del Espacio Público Urbano en 2010, cuya web recoge –con faltas de ortografía, por cierto– el proyecto tal y como fue concebido por Alberto Campo Baeza. Mármol, piezas de lumaquela que combinaban con la piedra ostionera, vigas de acero sobre una retícula de pilares metálicos y todo tratado con una «pintura blanca que les protege de la corrosión del salitre»; adoquines biselados que minimizaban el riesgo de resbalones, y un perímetro de perfiles metálicos formando una barandilla. Eso, al menos, es lo que dice la descripción teórica –Aliexpress, el deseo–; y luego está la realidad. Esa realidad que desde el primer día se había empezado a oxidar, a deteriorar, a dejar al descubierto las mellas en la desdentada terraza, desde la que el mar se imponía como único valor –indiscutible, pero único– del mirador. Un millón y medio de euros fue lo que costó.

Infrautilizado, abandonado, deteriorado, se presenta como sombra de lo que pudo haber sido y no fue, como restos del naufragio de nuestro infortunio. Refugio de vándalos, vertedero de noches sin fin, y finalmente, tumba de la última víctima de la calle; como una macabra mueca del destino, el mirador Entrecatedrales languidece atrapado entre el pasado esplendoroso de las dos catedrales y el presente incierto en el que nos movemos. Patrimonio lo llaman, y nos escuece a todos cuando lo llaman así, porque eso sí, la conciencia ciudadana funciona también por el patrón expectativa/realidad. La conciencia ciudadana y la conciencia política, que lejos de procurar el mantenimiento de las infraestructuras urbanas y de los restos arqueológicos que aparecen por cada esquina, se ha conformado con encogerse de hombros como si la cosa no fuese con ellos. El deterioro no sólo del mirador de Campo Baeza, sino de los pabellones deportivos, de la pérgola de Santa Bárbara, de las mismas papeleras que tienen en la puerta del Ayuntamiento –¿están o son oxidadas?–, de las farolas, de las aceras, de los parques… siga, siga usted que se seguro que se ha fijado más que yo, empieza a ser preocupante.

Y lejos de tomar cartas en el asunto, nuestro Ayuntamiento vuelve a hacer un castillo de naipes activando un «Protocolo de Actuación para la conservación y protección del Patrimonio Histórico de la ciudad» que sirve, al parecer, para «garantizar la conservación de todos aquellos elementos heredados del pasado, además de convertirse en un instrumento de actuación para su conservación, protección y cuidado». Pues qué bien el protocolo, que incluye, además, la participación ciudadana. Y de esta manera, seremos los ciudadanos y ciudadanas, vecinos y vecinas, lo que podremos alertar sobre el deterioro o sobre algún problema detectado en el patrimonio histórico de la ciudad.

Así, si va paseando y se encuentra con que, en los restos arqueológicos de la plaza de Varela hay unos niñatos haciendo parkour –por decir algo–, o que los cañones de San Carlos sirven de apoyo para los restos de un botellón, pues le hace usted una foto y la puede enviar por correo electrónico o por whatsapp a la Delegación correspondiente, y tan contentos todos. Usted, porque ha hecho la foto –y el trabajo que debería hacer la administración– y el Ayuntamiento, porque le ha dado participación ciudadana y porque con esto se lava la mala conciencia del abandono al que ha estado sometiendo a la ciudad. Del correcto funcionamiento de este protocolo se encargará un comité de seguimiento que va a vigilar, no ya el estado del patrimonio –que eso lo tiene que hacer usted– sino el grado de progreso del plan estratégico. Nada dice de la actuación directa sobre el elemento deteriorado, ni sobre la protección y el mantenimiento de los mismos. Pero el primer paso, ya está dado. Como ve, todo son ventajas. Tiene usted a su disposición un número de teléfono para hacer todo tipo de denuncias, mediante whatsapp, –aún no se ha formado un grupo, pero déle tiempo– además. Así que, coja su móvil y piense que puede ir dejando de buscar Pokemons para empezar a buscar desperfectos en la ciudad, que va a estar la mar de entretenido. Lo mismo de eso se trataba.

 

Lo de ayer

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 8:24

Cavada contra Manzorro

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 8:08

Aparcamiento en la Glorieta

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 8:03

El doctor Ramoní

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 7:25

¿Qué me pasa , doctor? Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 7:01

 

A Emilio López le gustaba referirse a algunas personas según la versión popular de su nombre. De esta manera el periodista Augusto Delkáder era Augusto Del Carmen y el concejal Ignacio Romaní era Ramoní, en una mezcla con el portentoso segunda de Los Mafiosos. Al concejal del PP no le gusta la broma, según me dijo, lo que hace más divertido utilizarla , que para algo se dedica a la política. Ramoní era un empleado de la Universidad Católica de Murcia cuando un escándalo obligó a dimitir al concejal del PP Francisco Villareal, corrió la lista y llegó hasta él(de oca a oca y tiro porque me toca), que se vino para Cádiz y debió hacer los suficientes méritos en el partido para seguir . No debería estar muy contento con sus títulos por lo que se buscó la manera de sacarse un doctorado para lo que recurrió a un amigo de su colega Rafael Contreras, Carlos Guillén. En este punto viene el meollo: Ramoní, presidente de Aguas de Cádiz, le encarga al artefacto administrativo creado por Guillén un informe, unas jornadas o no se sabe muy bien qué porque no hay constancia. Se desconoce si hubo un concurso público para licitar el trabajo pero sí se sabe que el pago fue fragmentado y rápido. Los verdaderos doctores tendrán que dirimir si la adjudicación se hizo de manera correcta. El caso es que la ciudad se gastó 42 mil euros en el director de la tesis de Ramoní y todo el mundo en Cádiz, que somos muy mal pensados, hemos creído que había una relación causa efecto entre la tesis y el pago. Doctores tiene la iglesia, perdón por el juego de palabras, poe lo que la justicia determinará si el procedimiento y el pago se ajustan a la ley. Si hubo malversación o si se evitó la ley de contratos del estado, qué sabe nadie. Lo de Cifuentes es un trato de favor de una universidad amplificado con mentiras , cinismo y soberbia. Lo de Ramoní son 42 mil eurazos. Estos del PP parecen la chirigota de Antonio Matos Las Azafatas del Palacio de Congresos: “yo no tengo cursos, yo no tengo máster, lo único que tengo son dos cachas pa matarse”

Fernando Santiago

La olimpiada de los colegios públicos

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 5:16

Alojamiento junto al mar

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 5:15

Cacao sevillano

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 4:14

Hijos del levante

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 3:13

El gasóleo financia el estilismo

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 2:12

Agresiva política comercial

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 1:32

El Tourmalet

Fernando Santiago Muñoz | 22 de abril de 2018 a las 0:30

¿Sirve para algo la capitalidad iberoamericana del carnaval?

Fernando Santiago Muñoz | 21 de abril de 2018 a las 11:25

No dudo que con esta elección se le dé publicidad a Cádiz, lo que siempre viene bien, pero habida cuenta de cómo fue la anterior capitalidad no sé yo si los dineros que se van a emplear van  a servir de mucho. El único recuerdo que guardo es a Carlinhos Brown (Carlitos Marrón)  por la Avenida con el ridículo espectáculo de un cordón delante de la carroza para que los concejales del PP, sus familiares y amigos, pudieran ver el espectáculo mejor que  el resto de vecinos, como unos privilegiados. No se iban ellos a mezclar con el populacho.