Escribo sin ánimo de convencer. Escribo para aclararme, que cuantos más años sumo, más dudo. Lo hago con el ánimo inquieto, porque a los hijos de puta que decidimos publicar fotos de muertos en un atentado estas cosas nos afectan. Los muertos.

El jueves llegaron a las redacciones de todos los medios de comunicación vídeos del atentado en Barcelona. Material gráfico que, con una crudeza extrema, mostraba lo ocurrido.

En El Independiente estábamos preparando una pieza sin ese tipo de imágenes, pero decidimos añadir dos secuencias muy crudas. Consideramos que no había que ocultar las consecuencias del terror. Dudé. Dudé tanto que sigo dudando. Continuó la reflexión. Retiramos las imágenes. No sé si fue la decisión correcta.

  1. Correcto o no, hubo un proceso de reflexión en la redacción.
  2. Correcto o no, retiramos los vídeos.
  3. Correcto o no, elaboramos un vídeo propio en el que incluimos imágenes de víctimas, pero evitando la crudeza que (reflexionemos) todos vimos.

Lo que quiero decir es que las decisiones pueden ser acertadas o no, pero no son producto de la improvisación.

Más tarde llegó una foto de la Agencia Efe que, a mi juicio, informaba de lo ocurrido. En ese caso, perdón, no dudé. Pixelamos a todas las personas que había en ella. La publicamos.

Se nos ha insultado -como a otros medios- en las redes sociales, se nos ha llamado sinvergüenzas y algunas cosas más. Es evidente que nuestro trabajo está sometido a escrutinio público como cualquier otro. Faltaría más. En cuanto a las redes sociales, siento decir que ni marcan ni marcarán lo que debemos hacer.

Publicamos la foto porque era una foto informativa. Punto. Lo es. Punto. (Sí, demasiada categórica la frase para uno que duda).

Pero escribo porque pasado el tiempo no cesan las críticas, cuando no las magistrales clases de periodismo. [Muchas de ellas de profesionales que nunca jamás han ido más allá de la esquina a ver si llueve].

Esa foto (u otras igual de explícitas) se han publicado en portada de periódicos de España, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Chile, Argentina, Francia, Brasil… En medio mundo. ¿Todos se equivocan? ¿Se equivocan prestigiosos medios como The Times, The Guardian , The New York Times, Le Monde, Corriere della Sera, El Mercurio…? Creo que no. Parece, por tanto, que existe un criterio compartido: hay que enseñar el horror.

¿Límites? Claro. Los vídeos que publicamos durante media hora violentaron lo que debe ser la información. Pero es mi criterio y no juzgaré a quien decida emitirlos.

No sé si ustedes han visto muertos. Muertos en una tragedia, digo. No he estado en guerras, pero los he visto. La primera vez tenía 23 años. Hubo un accidente de autobús a la altura de Puerta de Hierro (salida de Madrid hacia La Coruña) y más de una decena de muertos. Me enviaron desde la redacción de El Mundo. A reportear. Eso hice. Volví al periódico y trabajé. Creo que fueron cinco o seis páginas de información. Las fotos, recuerdo, eran de Fernando Múgica. Duras. Cuando llegué a casa, vomité. Vi muertos entre el lodo tras una riada en Badajoz. He visto mujeres con Síndrome de Down prostituidas en las calles de Madrid y yonkis caminar como muertos en las calles de barro de Las Barranquillas. Todo eso y mucho más existe. Es la vida.

No, los medios no publicamos determinadas fotos por placer, por negocio; tampoco vamos a determinados lugares por morbo. Es nuestro trabajo.

Dudo. ¿Por qué sí se puede dar la imagen de niños refugiados muertos y no las del atentado de Barcelona? ¿Por qué las de cadáveres acumulados en pateras y no las del atentado de Barcelona? ¿Por qué unas son un icono que sacude conciencias y otras son “una vergüenza”? Sí, soy así.

He leído en Twitter tantas sentencias que estoy perplejo. La gente no duda. La gente defiende sin pudor que la imagen de un niño en una playa sacude la conciencia, pero que las de un atentado son morbo y que si no entiendes la diferencia eres, sencillamente, un tarado. De acuerdo, soy un tarado.

Una última reflexión apurada. Disculpen. Identifico a la derecha más reaccionaria con una alcaldesa que tuvo Madrid. En ocasiones se le ocurrían cosas como limpiar las calles de pobres y putas. Para que no se vieran. Si no lo ves, no existe. Si no lo ves, no sientes. Tengamos la fiesta en paz y retíreme a esos pobres del portal, por favor.

Me repugna tanto eso como los que confunden -esa misma señora es el paradigma- la caridad y la solidaridad.

Gracias a todos los que estos días nos han explicado lo que hay que hacer en este oficio. Enhorabuena a los que no dudaron y decidieron no dar fotos –aunque en un claro autoengaño reprodujeron las portadas llenas de muertos de los medios impresos de medio mundo- de la carnicería de Barcelona. Gracias a todos los que han lanzado campañas contra El Independiente y otros medios por haber tomado una decisión. Me han hecho pensar. Sigo en ello.

Quizá nos equivocamos. O no.