Archivo de autor

Buenismo

Fernando Santiago Muñoz | 9 de octubre de 2017 a las 3:57

Tardá vs Nart

Fernando Santiago Muñoz | 9 de octubre de 2017 a las 2:55

Pepe Mendoza tan perplejo como yo

Fernando Santiago Muñoz | 9 de octubre de 2017 a las 2:53

PAISES ANDALUCES
Van ustedes a pensar que les estoy vacilando, o que me han metido un golazo por la
escuadra los de El Mundo Today, pero ya les digo yo que no, que la noticia  que voy
a contarles aparece esta mañana en algunos periódicos digitales. La ANA, que no es
una amiga de Facebook con la autoestima baja, sino las iniciales de Asamblea
Nacional Andaluza, acaba de ponerle fecha a la independencia de nuestra tierra. Como
lo leen. Se declarará el próximo 4 de diciembre, aún no han dicho si por la mañana o
por la tarde. Por respetar las tradiciones y no empezar con el lobby del carnaval en
contra, yo esperaría por lo menos a que Los Majaras cumplieran con su cita anual en
la calle Ganado para cantar el pasodoble de García Caparrós, aunque sea por última
vez. Es más que probable que para el señor Pedro Ignacio Altamirano, líder de la
ANA, el verso “pues no renunciaremos a nuestra autonomía”, tan reaccionario y corto
de miras, sea la raíz de todos los males políticos que hoy nos asolan.

Lo cierto es que a partir de ese día ya no seremos Andalucía guapa gitana mujer
morena, pues despertaremos libres de nuestras cadenas bajo el nombre de “Países
Andaluces”, en plural, con un par, no como los muertos de hambre del Norte,
gallegos, vascos y catalanes, que solo tienen uno y la mar de chico. Bajo esta nueva
denominación de origen volveremos a ser lo que fuimos hace 3.500 años, cuando éramos
Tartessos y el  PSOE ya hacía campaña en la primera Edad del Hierro para hacerse
para siempre con el gobierno de la Comunidad.

Pero, ¡agárrense a Junior que vienen curvas!, nuestra República Federal pretende
anexionar a la causa a  Murcia, el Algarve portugués y el Rif marroquí. Sobre estas
tres sorprendentes incorporaciones, la ANA ha dicho que “los consideramos parte de
Andalucía por lazos culturales y sociales”. O sea, que habrá que organizar un mínimo
de cuatro referéndums, con sus correspondientes urnas y papeletas y sus cuatro
declaraciones unilaterales de independencia, lo que nos va a salir por un pico y una
pala, por lo menos en kilometraje y dietas. Se nos irá también una pasta en las
academias de idiomas, pues tendremos que tener por lo menos el B1 en  las cuatro
lenguas oficiales que serán implantadas: andaluz, portugués, murciano y valenciano.
Sobre el árabe, menos mal, no han comentado nada. Parece que de momento vale con el
marroquí nivel regateo.

Han dicho  también que la mayoría de andaluces somos descendientes de castellanos
ocupantes. Ha sido leerlo y he empezado a odiar con todas mis fuerzas
independentistas la sopa castellana, el solomillo a la castellana y hasta los
zapatos castellanos. Lo que hubiera cambiado nuestra ancestral historia de tiesos
si, en vez de descendientes de castellanos ocupantes, hubiéramos sido descendientes
de castellanos ocupados.

Semillas de suspicacia. Por Soledad Gallego en El País

Fernando Santiago Muñoz | 9 de octubre de 2017 a las 1:51

“Si cenas con caníbales, tarde o temprano, querido, terminarás en la olla”, cantaba hace unos pocos años el australiano Nick Cave. Si aceptas que se puede declarar la independencia unilateral de Cataluña sin haber reunido nunca una mayoría clara de los votos a favor, es decir, sin hacer patente, cara al mundo entero, que cuentas con la mayoría social suficiente, terminarás siendo devorado.

No hay justificación para que personas razonablemente formadas ignoren un principio tan evidente. Es verdad que la pasión, y se supone que el nacionalismo se comporta como tal, proporciona a veces ideas peregrinas, pero, como dijo alguien, el mundo no ha sufrido nunca por un exceso de razón y nada corta más rápido el diálogo y la conversación que las emociones. Lo que se necesita ahora, lo que se ha necesitado siempre, es un pensamiento basado en la razón, una razón que se mueve siempre con el diálogo y la duda, que permite romper con la cadena acción-reacción y que en lo más duro de la batalla busca siempre armisticios. El director de New Republic, Chris Hugues, escribió que la razón nos indica el peligro de quienes, en lugar de hablar de cómo mejorar la prosperidad y la libertad, se empeñan siempre en zanjar previamente grandes cuestiones de principio e identidad, que normalmente exigirán grandes sacrificios y seguramente acarrearán mucho dolor.

 La declaración unilateral de independencia de Cataluña no puede llevarse a cabo, no ya porque sea ilegal, que lo es, sino, sobre todo, porque es antidemocrática y va contra la razón y porque, si se abre esa puerta, nos acercaremos todos, a pasos muy rápidos, a la olla. A la independencia no se llega porque un grupo muy grande, millones de personas, así lo quiera, sino porque una mayoría clara, la mayor parte del censo, así lo vota, de manera consolidada.

“En política”, dijo esta semana en el Parlamento Europeo el portavoz liberal Guy Verhofstadt, “llegar a un compromiso no es ninguna vergüenza. Yo llevo toda la vida haciéndolos y aún estoy vivo”. Se trata de un principio político muy sano, y como la historia muestra que no se debe sacrificar lo posible a lo impracticable, la manera más rápida de lograr ese recuento es unas nuevas elecciones autonómicas en las que quienes creen en la independencia puedan proponerla como primer objetivo de su programa electoral. Lo que, hasta ahora, nunca han hecho.

Es posible que los acontecimientos se deslicen, imparables, por el peor de los canales. No hay que descartar nunca que las cosas pueden ir a peor. Lo que sí hay que descartar es que sea inevitable; hasta el último minuto e incluso después, se puede esquivar el peligro. La única condición es huir como de la peste de quienes piensan que “cuanto peor, mejor”, esos caníbales que siempre nos invitan a cenar.

Negar la realidad es una pésima decisión. Lo fue el empeño de Mariano Rajoy en ignorar el problema político que se estaba planteando en Cataluña. Su responsabilidad es enorme porque fue él además quien alejó del PP a algunas de sus personalidades con mayor inteligencia y capacidad política. Sería, de nuevo, una pésima idea creer que esta situación se arregla vía tribunales. Pero los independentistas y quienes sin serlo les apoyan no pueden tampoco ocultar ya los efectos de sus propias decisiones, una realidad nueva y muy desgraciada que han provocado ellos mismos. En Cataluña, por primera vez, se ha levantado un muro de profunda desconfianza entre la comunidad “española” y la catalana. Se cosecha lo que se planta, y por mucho Rufián que se exhiba, lo que se lleva plantando desde hace un tiempo son semillas de suspicacia y cautela.

Acertada conclusión de Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 9 de octubre de 2017 a las 0:49

#HABLAMOS?

Ahora que está el mundo pendiente de nosotros, es el momento de mirarnos en el espejo. No en los espejos deformantes que, a la puerta de este circo, nos devuelven una imagen grotesca de lo que somos; sino en el espejo del tiempo, el implacable juez que a cada uno lo pone en su sitio. A veces las preguntas asustan más que las respuestas, y el ¿cómo hemos llegado hasta aquí? se plantea como la ecuación más difícil que hemos de resolver, ya que ninguna de las incógnitas puede ser despejada buscando denominadores comunes. «Caminando en línea recta –decía El Principito– no puede uno llegar muy lejos». El camino, el que dicen que se demuestra andando, llega hasta aquí. Desde este punto, ya no hay hojas de ruta, ni atajos, ni líneas rojas que cruzar; ni puentes, ni puertas, ni senderos conocidos. Solo la incertidumbre de algo terrible que sabíamos que ya ocurrió alguna vez, pero que ni en nuestras peores pesadillas, se aparecía de un modo tan real, tan terriblemente real.

Somos la prueba evidente del fracaso político. No del fracaso ideológico, ni del fracaso institucional, ni siquiera del fracaso social. Del fracaso político, en el sentido más literal del término –actividad del ciudadano cuando interviene en las cosas del gobierno y en los negocios del Estado con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo–, porque todos tenemos responsabilidad en esto; de palabra, de obra y hasta de omisión, y si me apuran, no en este orden precisamente. Porque la omisión ha sido seguramente el pecado capital de los españoles en los últimos veinte años. El dejarnos llevar, el mirar para otra parte, el votar de manera irresponsable… y el lamento medieval cuando la leche ya está derramada. Nunca se nos dio bien lo de distinguir lo importante de lo urgente, las voces de los ecos, que decía Machado. Y los cantos de sirena no tienen partitura.

Pero ahora que ya estamos en el borde mismo de nuestros propios abismos, conviene parar y analizar los sentimientos que en la última semana se han ido posando en nuestros hombros. Indignación, miedo, impotencia, rabia, solidaridad, odio, admiración, culpa, tristeza…. Sentimientos encontrados –que frase hecha más tonta– que definen nuestra indefinición. Somos demócratas, constitucionalistas, legitimistas, pero también somos patriotas, idealistas, sensibles; y somos blandengues y duros; y somos tolerantes y rectos; y somos tercos y dialogantes. Y en esa dicotomía tan maniquea somos muy fáciles de manipular. Muy fáciles.

 La manipulación, ya lo sabe, es la herramienta con la que se pone en marcha el motor del adoctrinamiento. Su profeta sabemos quien fue, pero me niego a nombrarlo en este contexto –ya ve, yo también caigo en la trampa de que lo que no se nombra, no existe–. El ministro de propaganda más siniestro de la historia desplegó con orgullo un muestrario de estrategias para consolidar su ideología. Un muestrario convertido en manual de instrucciones: Simplificación, contagio, transposición, exageración, vulgarización, orquestación, distracción, verosimilitud, viscerabilidad, y por último, el principio de unanimidad, o lo que es lo mismo, convencer a las masas de que existe una simpatía unánime por el gobierno y sus líderes. Aplíquelo ahora, sin miedo –bueno, con un poco de miedo sí, para qué desperdiciar el valor en esto- a eso que ya se llamará en los libros de historia «el desafío independentista», y puede que vaya entendiendo muchas más cosas.

Y puede que entienda que hay una generación teletubbie para la que todo tiene una repetición, una segunda vez, otra oportunidad. Y entienda que esta generación –no necesariamente cronológica– se mueva por un buenismo y un pacatismo absolutamente irracionales. Y entienda hasta por qué los niños de hoy siguen creyendo en los Reyes Magos.

La República Independiente de los Países Catalanes es tan de cartón piedra como el principado de Genovia, ese lugar en el que reinaba Julie Andrews. El problema es quién se lo dice a los millones de catalanes que aún se creen la mentira repetida de Puigdemont. Quién gestionará sus frustraciones. El Gobierno español es tan irresponsable como mi hijo, que lo deja todo para última hora. El problema es quién se lo dice a los millones de personas que lo han votado. Quién gestionará sus frustraciones.

Hay una plataforma ciudadana apartidista –o eso dicen– que en los últimos días ha ido ganando peso en la opinión de la calle. Una iniciativa que denuncia la inoperancia de las instituciones políticas y que defiende que «España es un país mejor que sus dirigentes» –cosa que no quiere decir nada, pero bueno– y que ayer convocó manifestaciones en todas las ciudades españolas con el color blanco como única bandera. #Hablemos? exige una solución basada, en «la gente, el diálogo y la convivencia». Como campaña de propaganda, no está mal; como ejercicios espirituales, tampoco, como carta a los Reyes, tampoco – de hecho, hablan en su manifiesto de sacar un papel y escribir, incluso– pero conozco a alguien que piensa mal de manera preventiva, y termina por acertar todas las quinielas. Llegados a este punto, hablemos, pero dígame ¿Con quién? ¿De qué? ¿Para qué?

Todo es demasiado triste y como decía El Principito «cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol…»

Pues ya sabe, en Cádiz tenemos las más bonitas del planeta. O eso dicen.

 

Javier Ruibal

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 11:44

 

Hicimos dos series documentales para las que Javier Ruibal compuso una canción con la que terminábamos cada uno de los programas: “A galopar. Jinetes y caballos”  y el tema “Toda la mar por delante” para “El mar de la libertad” que Javier suele cantar e incluyó en uno de sus discos. Es una alegría que reconozcan a Ruibal su dilatada y existosa trayectoria. En la primera con la voz de Juan Diego y en la segundo con la de Juan Ochoa

Todos los días una procesión

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 11:39

Cocaína

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 11:37

¿Quién ha sido el loco que ha decidido traer a Cádiz el alijo de cocaína? El sábado por la mañana estaba la policía colocándola en el antiguo depósito, en el mismo lugar donde robaron el anterior alijo. Ahora no esta Javier De Torrente, ahora está uno de Jerez y el exsenador de Arcos al mando de operaciones. Es como colocar los fardos sobre el mostrador para ofrecer la mercancía. De aquí a nada se llevarán la droga y  Zoido les condecorará. El que viva lo verá.

Apocalipsis. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 7:16

Arrepentíos. El fin del mundo está cerca. Señales inequívocas así nos lo indican. Cuatro jinetes en representación del hambre,la peste, la guerra y la muerte bajan por el puente nuevo. Si queréis podéis ir a la notaría de Cotorruelo a hacer testamento no vaya a ser que Susana Díaz se quede con lo vuestro . Empezó todo cuando vino Rafael Zornoza y se trajo al comando Educatio Servanda con el ejército de Comunión y Liberación. Nadie le quiso dar importancia a todos los cambios en la diócesis, a los despidos, a la sustitución de órdenes en los colegios. Os lo fui avisando pero vosotros no me quisisteis hacer caso. Romo en Manteca había dado su pregón a hombros de los capitalistas en la puerta de cuadrillas con el chaqué alquilado en Isi. Martín José había llorado sobre el altar de San Francisco aquel aciago día en que la Divina Providencia había mandado agua. El Grimaldi sirvió tortillas con salmonelosis. Martínez Ares había vuelto con el viento en la carita. El jerezano Güiza se había convertido en ídolo de la afición cadista. La ciudad había elegido a un comparsista como alcalde. Teófila había dejado de salir en Onda Cádiz donde ya no se escuchaba la inconfundible voz de Guillermo Riol aunque seguía impasible al desaliento Manoli Lemos. Y de repente nos dimos cuenta: Antonio de María lleva dos semanas sin hablar. La desolación empezó a cundir en la ciudad. Esta señal no se podía ignorar. No sabíamos si podíamos orinar en los bares, si las terrazas eran lo suficientemente grandes o si el índice de ocupación de las calles había alcanzado el punto de no retorno. Empezábamos a notar algo extraño en el aire. Por si fuera poco al alcalde le entró la afonía como si tuviese la hipoteca en La Caixa, si es que los anticapitalistas tienen préstamos de ese tipo. Llevábamos meses sin saber si Alba del Campo había vuelto a Madrid o seguía aconsejando que pusiéramos la lavadora por la noche. Y en esto llegan las plagas : las ratas que el alcalde no ve inundan la ciudad, los grillos que González no oye atruenan en las calles, las gaviotas y las palomas nos persiguen como en una película de Hitchcok, el Cádiz de Cervera pierde de manera contundente, Martín José es sustituido al frente de los cofrades. Por mucho que nos tranquilicen algunas muestras de normalidad como la continuación de las peleas entre Vizcaíno y Pina, las croquetas en el Casino o María Romay que convierte en chungo todo lo que toca. Hay que interpretar las señales. Cataluña se ha ido y David Barral no ha vuelto.

Fernando Santiago

Llegada a la ciudad

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 6:27

Finanzas

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 3:25

Salida

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 2:24

Nuevo libro

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 2:23

Cambio de sede

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 1:22

Carlos Medina como fuerza de interposición

Fernando Santiago Muñoz | 8 de octubre de 2017 a las 0:19

ANA-PASTOR-FORO-J0LY-1710EGR0019

La foto es de Eulogio

Hoy en el Pay Pay

Fernando Santiago Muñoz | 7 de octubre de 2017 a las 7:41

La izquierda huérfana

Fernando Santiago Muñoz | 7 de octubre de 2017 a las 7:14

Cánovas del Castillo

Fernando Santiago Muñoz | 7 de octubre de 2017 a las 5:17

Llega el invierno

Fernando Santiago Muñoz | 7 de octubre de 2017 a las 5:16

Nueva moneda

Fernando Santiago Muñoz | 7 de octubre de 2017 a las 4:18