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Dejar en la estacada

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 8:27

La soberbia es mala consejera en política. La ministra de Defensa es el paradigma. En su comportamiento habitual ese tono altanero y prepotente , esa mezcla de quien se ve por encima de todo y de todos, una vida de la política a la justicia y de la justicia a la política. En lugar de decir: me equivoqué, rectifico, lo enreda todo. Hasta el Emérito fue capaz de pedir perdón pero se ve que Margarita Robles no se equivoca nunca aunque deje en mal lugar a su gobierno y a su partido.

Por si fuera poco ha utilizado una expresión poco apropiada en la Bahía de Cádiz: no dejar en la estacada a los trabajadores. Ya lo dijo Zapatero con Delphi.

Barriada España

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 5:46

Esto es Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 4:43

Mina Five se extiende

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 3:59

El estanque de los patos

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 2:58

Espacio Palomar

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 2:57

Paradoja

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 1:56

Fallo

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 0:55

Susto

Fernando Santiago Muñoz | 11 de septiembre de 2018 a las 0:00

Ninguno habla inglés

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 18:19

Medio PP sigue de vacaciones

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 15:03

Los pitos de las ollas.Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 6:53

Días pasados clamaba el alcalde por el derecho de los ciudadanos a que suenen los pitos de las ollas. Nunca había escuchado esa expresión, una metáfora relacionada con la olla exprés, supongo. O lo que es lo mismo: que los gaditanos tengan para comer . Un poco zarzuelera la expresión, si se me permite el comentario. No creo que haya en Cádiz problemas con los pitos de las ollas (qué calor: mejor un gazpacho o una ensalada) por mucho que en Podemos se empeñen siempre en ofrecer esa imagen de emergencia social . El alcalde venía a decir, con razón, que son importantes los puestos de trabajo de Navantia aunque sea para construir corbetas con destino a Arabia Saudí, por mucho que rechacemos las fechorías cometidas por el Gobierno de Riad sobre la población civil del Yemen y el postureo del gobierno de Pedro Sánchez al bloquear la venta de material de guerra a este país. El alcalde venía a reflejar el desagarro que produce el rechazo a los abusos saudíes y la necesidad de los puestos de trabajo. La solución al enigma de los pitos de las ollas la daba este periódico: Cádiz es la provincia con el mayor porcentaje de pensiones de invalidez. La tradicional paguita gaditana, la que antes se le daba a los sordos de astilleros o a quien fuera capaz de ofrecer una excusa . Recordaba el caso de una funcionaria de la Diputación que trabajaba en la oficina del PER pillada en la mangoleta que devolvió los 40 millones que le demostraron. y obtuvo una pensión por cleptómana. Un caso chusco sobre el que hay que añadir que su jefe era un dirigente socialista que no fue investigado e incluso tuvo después una carrera administrativa llena de puestos de responsabilidad bien remunerados, siempre por su alta cualificación y capacidad, tuviera que ver, no por ser del PSOE. Esa es la idiosincrasia gaditana, la picaresca, el cobazo, el lo quiere con IVA o sin IVA , el me pertenece, el de lo que no cuesta llena la cesta que empuja a cientos de personas a pasarse horas en una cola en la calle Columela para conseguir un neceser de gañote. Dado que la gente tiene tiempo para perderlo en la cola de la perfumería cabe pensar que la paguita debe estar generalizada y que no solo suenan los pitos de las ollas sino los móviles de última generación, las tabletas, las televisiones de Ultra Alta Definición de 60 pulgadas . Ya saben ustedes el refrán, quizás un poco reaccionario: mientras  la televisión más grande  la biblioteca más pequeña. Pero con los pitos del iPhone y de la olla a todo meter.

Fernando Santiago

Han vuelto

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 5:26

Mires donde mires siempre está Ramírez

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 4:38

Selva tropical

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 4:25

El día 20

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 3:37

Usos de la pérgola

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 3:35

Tony Carbonell

Fernando Santiago Muñoz | 10 de septiembre de 2018 a las 0:30

Santa Gadea. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 9 de septiembre de 2018 a las 6:24

Cuenta la leyenda que los balcones gaditanos denominados de buche de paloma se hicieron con el objetivo de que las damas vestidas con miriñaque se pudieran asomar para contemplar el ambiente callejero. La moda ha evolucionado desde aquella edad de oro de la ciudad que vio cómo era rechazado Lord Byron de una tertulia por no ir correctamente vestido lo que no impidió al poeta inglés decir que las mujeres gaditanas parecían reinas. A lo largo de los siglos las mujeres y los hombres de esta ciudad han evolucionado desde la levita a lo que nuestros abuelos en Cádiz llamaban sahariana (o seriana, para abreviar) y que ahora se empeñan en poner de moda con la denominación guayabera. Desde la enagua y el corsé femenino a la mantilla, que también tiene un grupo de personas que reivindican su uso (¿para cuándo la fusión guayabera-mantilla?). Desde ese punto hemos llegado a los vaqueros rotos que, como dibujó El Roto, sirven para ensalzar la pobreza hasta considerarla un estilo. O la indumentaria del macho alfa gaditano : calzonas, chanclas y camiseta de la tercera equipación del Cádiz en el último ascenso. Las modas van y vienen, basta sentarse un rato en la terraza de Los Italianos o el Liba y observar. Esa actitud me ha llevado a la conclusión de que la nueva moda gaditana en mujeres es la malla: el centro de Cádiz está lleno de mujeres en mallas que van o vienen del nuevo gimnasio abierto en el muelle que ya tiene lista de espera cuyo curioso nombre es Santa Gadea (“en Santa Gadea de Burgos, do juran los hijosdalgo, allí toma juramento el Cid al rey castellano”). Dicen que hay tres mil personas apuntadas, que no es lo mismo que usuarios. El caso es que mujeres con mallas de colores chillones las hay a montones. Los hombres en esto parecen más discretos. Se puede ver a la ida o a la vuelta del ya famoso gimnasio al portavoz socialista o al jefe del gabinete del alcalde sin mallas, aunque no es descartable que se las pongan para practicar zumba, spining o lo que sea que se haga en tal instalación. La irrupción del mencionado gimnasio es una pequeña revolución ciudadana que ríanse ustedes de las movilizaciones de Navantia o las mareas de todos los colores. Ahora que lo pienso ¿para cuándo una marea verde limón con todo el mundo en mallas reivindicando, qué sé yo, la sacarina o la stevia? Cádiz ha pasado en un siglo del club de tenis , el Mirandilla club de fútbol y la zahorra del Complejo al personal trainer y el dietista particular. El signo de los tiempos.

Fernando Santiago

Memoria de un fotógrafo

Fernando Santiago Muñoz | 9 de septiembre de 2018 a las 5:29