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Antes que Miami fue Cádiz. Alfredo Relaño en As

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 4:24

Aquel viernes, 28 de agosto de 1959, el tren de Madrid rodeó la bahía de Cádiz entre clamores. Multitudes en cada estación. En el Puerto de Santa María, en Puerto Real, en Chiclana, en San Fernando… Aplausos desde las ventanas, repletas de gente, de las casas que miraban a la vía. ¿Quién iba en ese tren? Iban el Madrid y el Barça, al Carranza.

Sería el mejor Carranza de siempre.

Los dos grandes andaban en una edad de oro como esta. El Madrid había ganado sólo unos meses antes su cuarta Copa de Europa consecutiva, pero en España se había quedado en blanco. ¿Y eso? Porque el Barça, con Helenio Herrera enfrente, había hecho doblete. Ganó la Liga con cuatro puntos de ventaja, y la Copa, en la que eliminó a los blancos en semifinales, con un 2-4 en el Bernabéu.

Y todos venían juntos, en el coche cama, desde Madrid, revueltos, jugando a las cartas, amigos como eran. ¡Quién lo imaginara hoy! Les amaneció llegando a Sevilla. Por la mañana contemplaron admirados la expectación que levantaban a su paso.

Completaban el cartel el Milán, campeón de Italia y finalista en la anterior Copa de Europa, y el Standard de Lieja, campeón de Bélgica. Por si los atractivos fueran pocos, el Madrid presentaba a Didí, el cerebro del Brasil campeón del mundo en 1958, y a un extremo, Canario, que hacía ala con él.

Los abonos de 700 pesetas para los cuatro partidos se vendían a 1.500 por la calle y volaban. Cuatro radios, dos de Madrid y dos de Barcelona, iban a dar los partidos en directo. TVE desplazó un equipo. También el NO-DO. Se acreditaron 50 periodistas, de los que más de 20 eran de fuera: 12 belgas, cuatro italianos, tres franceses, un argentino y un brasileño.

El torneo se jugaba en dos días: sábado, semifinales; domingo, final de vencidos y final. Doble horario: 18.30 el primero, bajando ya el sol; 22.30 el segundo, para que hubiera tiempo de cenar entre uno y otro. Se admitían dos cambios por partido.

José María de Cossío es invitado el mismo viernes a dar una charla sobre Fútbol y Toros a la que acuden el Madrid y el Barça. La sala está a reventar. Muchos se enteran ese día de que Ignacio Sánchez Mejías, aquel de la muerte a las cinco de la tarde cantada por Lorca, fue en el curso de su breve y agitada vida presidente del Betis. Fútbol y toros no eran tan antagónicos como muchos predicaban aún.

Amanece el sábado. El sorteo ha sonreído al Barça, que abre plaza ante el Standard de Lieja. Se da seguro su paso a la final, a la que llegará algo más descansado. Helenio Herrera lo ve tan claro que reserva a Olivella, Segarra y Gensana. El ataque lo componen Villaverde, Kocsis, Kubala, Eulogio Martínez y Czibor. Fuera aún le quedan Tejada, Evaristo y Luis Suárez, figuras mundiales igualmente.

Los de HH arrancan muy bien y se ponen 2-0, pero los belgas no se rinden y aprietan cuando el Barça se confía. Y su meta, Nikolai, para horrores. Empatan. Hay que jugar prórroga. El Barça se impone y se clasifica por 4-3. Siete goles, paradas, prórroga, lujos… El público se va feliz a cenar.
¡Y ahora viene lo mejor del día!

El Madrid no reserva nada. En el ataque, Canario, Didí, Di Stéfano, Puskas y Gento. En el Milán hay celebridades como Buffon, Maldini, Liedholm, Altafinj, Danova… El partido es un festival. El Madrid se pone 3-0 en 14 minutos, con una salida fulgurante, y renueva la ventaja cada vez que el Milán se acerca: 1-0, 2-0, 3-0, 3-1, 4-1, 5-1, descanso, 5-2, 5-3 y 6-3. Se ha cumplió la ley de Di Stéfano, cuya táctica era “un, dos, tres y descansar”. Coger tres de ventaja para respirar y entregarse a los lujos. Y si el rival se acercaba, renovar la distancia de tres. Él cuidó personalmente la cuenta, marcando cuatro.

Antonio Calderón, el gerente, está eufórico y explica en Marca que el Madrid siempre cumple. Su caché era de 1.800.000 pesetas, por millón del Barça, 900.000 del Milán y 400.000 del Standard. “Póngalo, que lo sepa la gente, y que no defraudamos”, le dijo a Cronos. Y Cronos lo puso.

El domingo, el partido de la tarde es el único en el que no petan las escaleras. Gana el Milán, 3-2. Ya vamos por 21 goles en tres partidos.

En la final, se cuelan tantos que las pistas alrededor del campo están atestadas. El Barça saca a Olivella, Segarra y Gensana, descansados, y su ataque ahora lo forman Villaverde, Kocsis, Evaristo, Suárez y Czibor. Kocsis y Suárez entran de refresco. El Madrid repite el ataque de la víspera. Mete sólo dos jugadores nuevos: Pachín por Marquitos y Antonio Ruiz por Vidal.

El partido, que arbitra el belga Grandai, será de fábula. Se adelanta el Barça, pero acaba ganando el Madrid por 4-3. Con mucho esfuerzo y gracias a Gento, que hace una segunda parte fabulosa. Era incansable. El único de los que repitieron sábado y domingo que acabó fresco como una lechuga. Los jugadores madridistas levantan, como habían hecho el año anterior, el enorme trofeo, cuyo valor material supera las 300.000 pesetas. El público se va frotándose los ojos. Ninguno de los asistentes olvidará esos días.

Sólo a una persona defraudó. Antonio Díaz Cañabate, el autor de Historia de una Taberna entre otros éxitos. Hacía 30 años que no iba al fútbol, pero el torneo le pilló en Cádiz y asistió a la final. ABC, diario del que era el crítico taurino, le pidió una crónica que publicó en paralelo con la del especialista. No vio a Di Séfano superior a René Petit, aunque aclaró que podía deberse al marcaje tan estrecho que sufrió. Deploró la influencia de los entrenadores, las tácticas, la falta de libertad de los jugadores. Aventuró que el fútbol iría a menos por ese camino. ¡Eso después de un torneo con siete goles de promedio por partido!

Me pregunto qué pensaría hoy.

Jardines verticales

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 2:26

Tetada Popular

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 1:32

Apoyo al Rif

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 1:25

El Lute en el blog de Pepe Mendoza

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 0:29

MEJOR QUISIERA ESTAR LIBRE: EL LUTE Y EL PENAL DE EL PUERTO

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Se acaban de cumplir 36 años de dos efemérides que van indisolublemente unidas a la historia de nuestra ciudad. El 19 de junio de 1981, el gobierno de la UCD concedía el indulto a Don Eleuterio Sánchez Rodríguez, una persona que en su vida anterior había sido solo un personaje: El Lute. Apenas un mes más tarde, el 20 de julio, el Penal de El Puerto chapaba sus rejas para siempre, tras casi un siglo abierto como sucursal del infierno de Dante en pleno corazón de la Bahía. El Lute, cuando todavía era El Lute, y el Penal de El Puerto, cuando todavía era el Penal de El Puerto, sellan para siempre sus destinos en la Nochevieja de 1970. O tal vez en el Año Nuevo de 1971. Pero no adelantemos acontecimientos.

Los orígenes del Penal se remontan a 1891. Ese año se crea una Penitenciaría Hospital en el que fue el convento de la Victoria. El Gobierno decidió “crear un establecimiento especial para recluir a enfermos terminales y a otros de inutilidad parcial como ciegos, paralíticos, etc…”. Es nombrado director José Millán Astray, padre del futuro fundador de la Legión. Pero los problemas económicos del país demoran su apertura hasta 1896, año en el que llegan los primeros desahuciados sociales. La improvisación y la falta de seguridad hicieron que las fugas fueran constantes. Era fácil ver a los huidos corriendo por las calles de la ciudad ante el pánico de los vecinos. Según señala Manuel Martínez Cordero, autor del libro “El Penal de El Puerto de Santa María”, los internos convivían en “un antro de suciedad, de cochambre, donde se desconocía por completo el concepto de higiene… en un horrible hacinamiento, amontonados, como piaras de animales nauseabundos”. Esto hizo que los portuenses pidieran el cierre de la Penitenciaría Hospital. Las protestas fueron oídas y fue reconvertido como centro de reclusión de mujeres con capacidad para trescientas reclusas, aunque solo llegaron veinte a finales de 1902. En 1916, tras una gran reforma, pasó a ostentar la categoría de Prisión Central, sólo para internos varones.

El final de la guerra civil y la represión llevada a cabo por el gobierno franquista, sediento de cadáveres y venganza, convierte el Penal de El Puerto en uno de los centros penitenciarios más seguros y temidos del país. En 1940, el número de presos alcanza la cifra de 5.479, cinco veces más que antes del comienzo de la guerra. De una población masculina en la ciudad de 17.073 habitantes, 5.479 eran reclusos de El Penal, un 32,09 % del total de varones con residencia en el Puerto. Las cárceles españolas de la posguerra se parecen mucho a los centros de exterminio nazi durante la II Guerra Mundial. El historiador Gabriel Jackson afirma que entre 1939 y 1943 los prisioneros muertos por ejecución o por enfermedad en el país superan la cifra de 200.000. Martínez Cordero afirma que el número desproporcionado de presos en el Penal de El Puerto hacía que el ambiente en los dormitorios fuera irrespirable, a lo que había que añadir también la gran cantidad de chinches, piojos, pulgas y moscas en el contexto de una suciedad extraordinaria. El testimonio de un recluso hace también referencia al hambre: “el terrible fantasma había ya proyectado su siniestra sombra en el Penal de El Puerto”.

La muerte del dictador abrió un halo de luz y de esperanza entre las rendijas de los inexpugnables barrotes de ese pudridero de hombres. El 20 de julio de 1981, a las nueve de la mañana, el Penal cierra definitivamente sus puertas. Hoy es un lugar sagrado en el que se honra la memoria de tantos derrotados invencibles. La de miles de militantes de la vida sobre cuyo sacrificio está construido nuestro bienestar.

El Lute fue el delincuente más buscado del tardofranquismo. Quincallero pobre, portada de El Caso con la chaqueta raída y el brazo en cabestrillo, cara de Bélmez que aparecía y desaparecía misteriosamente, merchero experto en fugas que saltaba de los trenes en marcha como un Indiana Jones con hambre y sin glamour. En 1962, cuando fue detenido por primera vez por ser un reputado ladrón de gallinas, El Lute todavía no era El Lute, sino Eleuterio Sánchez Rodríguez, un chaval de 20 años, al que en su casa llamaban Terio o Luterio. En 1964 vuelve a ser apresado, ahora por el robo de cobre. Fue en 1965, tras el atraco a una joyería de Madrid junto a dos compinches en el que mueren un vigilante de seguridad y una niña, cuando Eleuterio pasa a ser rebautizado, por lo criminal, como El Lute. El policía que redactó la nota informativa de su detención fue el que le puso ese alias que terminaría convirtiéndolo en leyenda. A pesar de que nunca pudo probarse quién había sido el autor material de los disparos, un Consejo de Guerra le atribuye la autoría de los dos homicidios y le condena a muerte, pena que más tarde le sería conmutada por 30 años de prisión.

En los primeros días del mes de junio de 1966, cuando es trasladado desde el Penal de El Dueso a Madrid para testificar por el atraco a la joyería, El Lute se lanza de un tren en marcha y logra huir. Con heridas por todo el cuerpo, cruza a nado el canal de Castilla y recorre a pie 170 kilómetros. Caminar o reventar, no había más salidas. Dos semanas más tarde es detenido por la Policía de Tráfico en la carretera de Zamora-Salamanca. Un nuevo juicio por la fuga del tren, ahora en los juzgados de Palencia, le condena a 21 años de cárcel.

Las autoridades penitenciarias deciden trasladarlo al Penal de El Puerto, un centro de exterminio del que se hicieron eco hasta las coplas: “Mejor quisiera estar muerto que verme pa toa la via en ese penal del Puerto, Puerto de Santa María”. El Lute llega a finales de junio. Durante los cuatro años y medio de estancia en la prisión los funcionarios califican su comportamiento de ejemplar. El quinqui no sólo ha aprendido a leer y a escribir, sino que aprueba con buena nota la prueba de acceso a bachillerato de adultos. Los profesores del Instituto Padre Luis Coloma de la localidad vecina de Jerez de la Frontera, acuden a la prisión a examinarlo.

Pero las ansias de libertad, que es, como se sabe, uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, no se aplacan de la noche a la mañana por muy preso ejemplar que uno sea. En la Nochevieja de 1970, cuando España entera se tomaba las uvas, o tal vez en el Año Nuevo de 1971, cuando ya Torrebruno y José Luis Barcelona nos deseaban la mayor de las felicidades, pues nunca pudo precisarse el momento exacto de la fuga, El Lute atraviesa sin compañía el agujero que ha horadado junto a otros reclusos en un plan perfectamente diseñado meses atrás.

A partir de entonces, el Régimen vende a El Lute a la opinión pública como la mismísima reencarnación de Satanás, aunque con algunas de las virtudes todopoderosas del mismísimo Dios, pues, según los telediarios, se hace omnipotente y omnipresente el mismo día y más o menos a las mismas horas en Málaga, en Sevilla, en Madrid o en la frontera vascofrancesa. ¡Qué viene El Lute, nos asustaban los mayores! Y todos corríamos, muertos de miedo, más que Ángel Nieto, Luis Ocaña y Mariano Haro juntos. “Dicen que anda por la calle Larga, preparando fechorías”, susurraba escondida detrás de una taza de café mi abuela Teodora. Mis tíos Manolo y Luisa vivían muy cerca del Penal y yo no quería ir nunca a ver a mis primos. Me imaginaba al peligroso delincuente saliendo de detrás de un rematojo, arrancándome de la mano de mi madre y retorciéndome el pescuezo como a las gallinas que robaba.

En junio de 1973, la policía lo localiza en Sevilla en un coche amarillo con matrícula de Cádiz. Es arrestado junto a su hermano El Lolo. Si no fuera por los uniformes, la foto de la detención bien podría ser las de unos amigos que han salido de copas y posan felices para inmortalizar una inolvidable noche de juerga. El Lute es de nuevo carne de presidio. Comienza también la construcción de su leyenda. Vicente Aranda lleva su vida al cine, interpretada por Imanol Arias. El grupo Boney M. lo convierte en una especie de bandolero bueno de la Transición. Pero el ciudadano Eleuterio Sánchez Rodríguez, según confesión propia, va a odiar durante muchos años a El Lute. Cumplió 18 años de prisión, hasta que en junio de 1981 le fue concedido el indulto. Licenciado en Derecho, escritor y conferenciante sigue creyendo que las cárceles no rehabilitaban ni antes ni ahora. Dice que su reinserción se produjo a pesar de la cárcel. A sus 75 años, con cinco hijos y cuatro nietos, confiesa que ya se ha reconciliado con el mito.

Hace unos años volvió al Penal de El Puerto, que ya no era tampoco el Penal de El Puerto sino el Monasterio de la Victoria, a dar una charla. De esa prisión criminal ya felizmente clausurada, recordaba sobre todo que “los presos miraban siempre hacia abajo, como burros, sin ninguna esperanza”. “Cuando entraba, os juro que he estado a punto de volver a escaparme”, confesó. Como aquella Nochevieja de 1970 o aquel Año Nuevo de 1971, que nunca estuvo claro, en la que El Lute y el Penal pusieron a nuestra ciudad en el mapa de España y en los telediarios.

Una jaula de grillos. Por Yolanda Vallejo

Fernando Santiago Muñoz | 7 de agosto de 2017 a las 0:22

Lo del cambio climático no es para tomárselo a broma. Al menos, en lo que respecta a nuestros instintos más básicos, que en esto hemos evolucionado poco desde que andábamos colgados por los árboles. Conservamos una tendencia muy animal en esto de acusar los cambios de temperatura; el calor nos altera, el frío nos hace más vulnerables y la lluvia nos acobarda muchísimo. A poco de pasar la barrera de los cuarenta, nos duelen más las heridas y las articulaciones, presentimos las tormentas, y los vientos hacen estragos en nuestra poca cordura. De pronto, nos volvemos todos meteorólogos y nos da por interpretar las cabañuelas, la orientación de las colmenas –como si nos hubiésemos criado entre abejas-, la presencia de estorninos, y no nos conformamos ya con mirar la hora a la que sube o baja la marea, sino que apuntamos el coeficiente de la misma, como si el espíritu del capitán Cousteau nos poseyera cada mañana antes de ir a la playa. Confiéselo. Nunca había hablado usted del tiempo tanto como ahora, y eso solo puede tener una explicación. Nuestro atávico instinto de supervivencia anda avisándonos de la que se avecina.

Yo lo he comprobado en primera persona esta semana. He estado escuchando a los grillos cada mañana, como si de pronto, el almanaque se hubiese saltado el mes de agosto y estuviésemos terminando septiembre, que es la época más grillera del año. Porque, claro, usted dirá que en el campo los grillos, o chicharras, compiten durante todo el verano por hacerle la siesta insoportable. Pero eso, en el campo. En la ciudad, la presencia de los grillos se había reservado, tradicionalmente, para ese engaño con el que San Miguel nos advierte de que las oscuras golondrinas se van siempre por la misma fecha. Y es que los grillos están locos. Tanto como nosotros.

Si no, no me explico algunas cosas. Verá. El hospital Puerta del Mar –o del Mal, como usted guste- ha convocado esta semana dos concursos para buscar el logotipo y el cartel oficial, con que van a celebrar el cuarenta aniversario del centro. Sí, sí, ha leído bien y no es necesario que se ría. «40 años cuidando de tu salud. Tu hospital» es el lema que debe aparecer en los trabajos que se presenten al certamen. Un hospital que se cae a pedazos, y que el pasado mes de enero tuvo que disculparse públicamente por el estado en el que se encontraba una de las mesas de quirófano. Un hospital que cierra camas en verano, y que acumula listas de espera de más de un año. Un hospital al que se le ha pasado totalmente el arroz, mientras esperaba el tren de la oportunidad, ¿se acuerda? Íbamos a ser, también en esto, el asombro de Damasco. Había hasta un proyecto de nuevo hospital en unos terrenos que ahora son baldíos. En fin. Que con este desolador panorama, va la dirección del hospital, y organiza un concurso para vendernos que llevan 40 años cuidando de nuestra salud. «El hospital que sonríe» les ha faltado poner. Y eso que, en las bases, se han curado en salud –observe el guiño- y hablan del espíritu, de la población que atiende y de los profesionales que en él trabajan. Menos mal, porque del edificio que alberga el hospital se podría decir cualquier cosa. La más suave es que está pidiendo a gritos una piqueta, porque cumplir los cuarenta le ha sentado fatal. Afortunadamente, el premio es bastante cutre -»difusión de la obra del artista en diferentes medios, junto a un Certificado del galardón obtenido y un reconocimiento en forma de distinción honorífica del propio centro»- a la altura del hospital, donde se salvan –como en casi todas las administraciones- los profesionales que, muchas veces, con todos los elementos en contra, consiguen sacar adelante a montones de pacientes, a pesar de esta Andalucía imparable.

 Una Andalucía imparable que, aprovecha el afrecho y desperdicia continuamente la harina. Porque verá usted. A mí me parece muy bien que nuestra presidenta se sienta orgullosa de ser andaluza y de su acento andaluz. Yo, a veces, también, aunque prefiero pensar que el lugar donde uno nace no es más que una circunstancia. Los andaluces no hablamos ni mejor, ni peor, que el resto de los españoles con los que compartimos lengua, y esto tampoco me hace sentir orgullosa. La Junta de Andalucía está para gestionar el gobierno de la comunidad, no para entrar en polémicas de este tipo.

Que a un cónsul –ya no, afortunadamente- se le caliente el dedo en las redes sociales e intente ser gracioso –ya no, afortunadamente- como si estuviera en la barra de un bar, a costa del aspecto físico y de la supuesta manera de hablar de la presidenta de la Junta, me parece deleznable, despreciable e irresponsable. Porque un representante público, sea de lo que sea, tiene que comportarse como un adulto, y no como un quinceañero «en plan vamos a liarla».

 La alarma social que ha disparado la asquerosa actitud de Enrique Sardá, solo tiene una explicación. Y tiene que ver con lo que le decía al principio. Los humanos aún conservamos un instinto básico para notar cuando la aguja está mareada. Y aquí ya no pasamos ni una. Que se estaba convirtiendo este país una jaula de grillos.

Vuelve Reguera

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 10:21

Puestas de sol. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 7:26

Hace años se puso de moda en Ibiza poner una pieza de música clásica en los chiringuitos durante la puesta de sol. Parecía gustarle a los turistas que en ese instante (“cuando el mar se fue tragando , esa gran bola de fuego”) que los catetos llaman momento mágico hubiera una música suave que realzase el espectáculo que la naturaleza ofrece cada día. Comprendo que para gente que vive en grandes ciudades cuyo horizonte es el bloque de enfrente (aunque sea en el Barrio de Salamanca o en los Remedios) ver una puesta de sol frente al mar sea un disfrute que los gaditanos disponemos a diario. Los chiringuitos vieron que era un negocio que atraía a muchos clientes. Así que la experiencia se trasladó a otros lugares. Los madrileños la trajeron a El Palmar. Hay un sabio refrán que dice bienaventurados mis imitadores porque de ellos serán mis defectos así que en Cádiz hemos traslado la idea a lo bestia, por la megafonía de la playa, y con el estilo cutre que caracteriza a LLORECA y al Equipo de Gobierno. Música chunga y sonido a lata. La caspa se extiende de la mano de la concejala de Turismo de Cádiz, esa chica tan ilustrada, tan culta, tan refinada, tan original que ha sido elegida para participar en los designios de nuestra vida. No voy a decir que los de antes eran mejores: lo de iluminar la playa por la noche tenía el mismo aire casposo y cateto. Pero todo es susceptible de empeorar así que las descacharrantes puestas de sol con música de la Niña Pastori o de quien haga falta vuelven de la mano de la pareja de DJs Di Mari-Jiménez. La ciudad contenía la respiración. Se recogían firmas en change.org y en todo tipo de mesas petitorias. ONGs de distinto pelaje habían firmado un manifiesto. Se había creado una plataforma ciudadana. Todo el mundo quería música en las puesta de sol no vaya a ser que los clientes de LLORECA se marchasen a Conil o a Vejer. Lo mismo ampliamos una acera, defendemos una terraza como si fuera Stalingrado, cerramos los baños para que no los vayan a utilizar los que no son clientes y otras medidas enérgicas puestas en marcha por el presidente eterno de los hosteleros gaditanos. La pobre playa no se puede quejar y Di María ha pasado de ser representante del PP en el Palacio de Congresos a concejal número 11 del Equipo de Gobierno. La política hace extraños compañeros de cama, y de tumbona. Antonio Di María y Laura Jiménez han convocado una rueda de prensa el lunes para anunciar que han embotellado el rayo verde. Hacia el infinito y más allá, que dijo Buzz Lightyear.

Fernando Santiago

Camarón en RNE

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 6:28

Guarrería

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 4:12

Seguimos sin un duro. De la FRAC

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 3:11

El pelotazo del verano

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 3:08

Eugenio Belgrano organiza catas de vinos y quesos romanos

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 3:07

Disenso

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 2:06

Hostelería

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 1:13

Cerdos

Fernando Santiago Muñoz | 6 de agosto de 2017 a las 0:32

Kayak

Fernando Santiago Muñoz | 5 de agosto de 2017 a las 7:09

TVE

Fernando Santiago Muñoz | 5 de agosto de 2017 a las 6:11

Matorral genealógico. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 5 de agosto de 2017 a las 6:02

ABUELA_FotorHay cosas que todo el mundo debe saber pero parece olvidarse a veces:
Tenemos dos padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, 34
ascendientes en quinto grado; y así cada generación anterior duplica el
número de ancestros. Nuestro ADN procede al 50% de nuestros padres, el 25%
de cada abuelo, el 12,5% de cada bisabuelo, y sucesivamente del resto de
nuestros numerosos ascendientes. Si nos remontamos 30 generaciones, lo que
nos llevaría a mediados del siglo XIII, cada uno de nosotros tendría
1.073.741.824 antepasados; y si aún vamos más lejos en cada generación se
duplica el número. Algo llama la atención en este cálculo: un billón de
seres son muchísimas más personas de cuantas han existido durante toda la
historia de la Humanidad. Además en el siglo XIII la población humana era
muy reducida; la explicación es sencilla, pues descendemos de todos los
hombres y mujeres que había y además muy repetidamente de cada uno. En
otras palabras, somos descendientes de la mayor parte de los humanos de
aquel tiempo y por muchas líneas diferentes. Cuando decimos que todos somos
hermanos es porque lo somos realmente.

De cada uno de nuestros antepasados tenemos la misma carga genética. Da
igual que sea del que llevamos el apellido, que de la abuela de la abuela
de la abuela, de la cual ya no queda rastro alguno en la memoria familiar.
Cuando se pretende conocer a los descendientes de Moisés, Salomón,
Aristóteles, Cleopatra, Viriato, Telethusa o Averroes, la respuesta es muy
sencilla, ya que eran mis propios antepasados directos y los de quienes me
leen. Compartimos la sangre y el código genético de: reyes, sabios,
guerreros, artesanos, campesinos, artistas, poetas; y también de psicópatas
y de asesinos en serie. Cada uno de nosotros portamos genes de todos o de
casi todos los pueblos de la tierra. Hace algunos años se descubrió en la
ciudad inglesa de York un cráneo humano de unos ocho mil años de
antigüedad, una vez descifrado el ADN del resto antropológico se realizaron
muestras de código genético a una serie de personas residentes en la
comarca, de diferentes clases sociales y diversa procedencia, incluso
inmigrantes; todos resultaron ser descendientes de ese personaje ancestral
a quien ya se le conoce como “el abuelo de York”.

Hace un par de años, la revista de divulgación científica “National
Geographic” dio a conocer el trabajo de un equipo de investigadores
americanos quienes al estudiar muestras de ADN llegaron a una conclusión:
toda la actual población humana desciende de un solo individuo que vivió en
África hace unos 150.000 años. El “Hombre Moderno” es una especie reciente
que sin embargo se ha extendido en poco tiempo por todo el planeta,
diversificándose sin perder su condición de animal gregario. Al margen del
origen más remoto de la especie, la aritmética de nuestro entramado
genealógico más inmediato hace injustificable algunas de las lacras que el
mundo moderno padece, tales como: insolidaridad, opresiones, desigualdades
y guerras. Cuando el Emperador de Japón Hirohito, firmó en 1941 la
declaración de guerra contra Estados Unidos, a la cual se oponía pero era
un monarca constitucional y no podía negarse al acuerdo del gobierno,
escribió: “Todos los hombres somos hermanos, constituimos una gran familia,
¿por qué hemos de desatar esta tempestad?”. Pensar todo esto ahora induce a
recordar los valores de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y
fraternidad; principios que la sociedad moderna creía consolidados y la
crisis financiera desatada en 2008 ha querido cuestionar.

Ecologistas en Acción sobre La Leocadia

Fernando Santiago Muñoz | 5 de agosto de 2017 a las 5:36

 

Mortandad doradas Leocadia (4)
Junta y Demarcación de Costas deben anular la concesión de la piscifactoría
de La Leocadia

 

Ecologistas en Acción denuncia la pasividad de las administraciones públicas
ante el desastre ecológico anunciado que está teniendo lugar en la
piscifactoría La Leocadia, ubicada en pleno Parque Natural Bahía de Cádiz.
No se entiende que teniendo perfecto conocimiento desde hace meses del
estado de abandono de esta piscifactoría,  ni la Demarcación de Costas, que
otorga la concesión de los terrenos de dominio público, ni la Junta de
Andalucia, que otorga las autorizaciones para la explotación acuícola, hayan
hecho nada. Sólo inspecciones a golpe de denuncias que han comprobado la
gravedad de la situación… y poco más. 

 

Tanto la Ley de Costas como el Decreto de la Junta que regula la
piscicultura otorgan facultades a las administraciones para anular las
concesiones o autorizaciones cuando se incumplan de forma grave, como es el
caso, las condiciones de las mismas.

 

La Demarcación de Costas debería haber tramitado ya, y de forma urgente, la
caducidad de la concesión que otorgó a “Cultivos Marinos Integrales”, cuyo
actual titular es la empresa Proyet XXI Century, propietaria del ciudadano
ruso   Alexander Nazarov, por grave y reiterado incumplimiento de las
condiciones de dicha concesión.

 

La Consejería de Agricultura y Pesca también debería haber aplicado de forma
fulminante el artículo 24 del Decreto 58/2017, de 18 de abril, por el que se
regula la acuicultura marina en Andalucía: “La Dirección General competente
en materia de acuicultura marina, previa audiencia a la persona titular de
la autorización, declarará extinguido el título administrativo cuando
concurra alguna de las siguientes circunstancias: d) Cuando exista
incumplimiento de las condiciones establecidas en la Resolución de
autorización”. Más aún, este Decreto obliga al titular de la autorización a
reponer el daño causado y faculta a la Junta a mantener la actividad tras la
extinción de la autorización: “Extinguida la autorización de cultivos
marinos con ocupación en dominio público será obligación de la última
persona titular reponer a su cargo cualquier alteración que su actividad
haya ocasionado al medio, y restaurar la zona a su estado natural, previo
informe de la Administración Ambiental. No obstante, la Consejería
competente en materia de acuicultura marina podrá proponer el mantenimiento
de las obras e instalaciones… cuando estime conveniente mantener el uso
acuícola de las instalaciones, por existir demanda en el sector y considerar
que las instalaciones tendrían fácil aprovechamiento por un tercero”. ¿Por
qué no lo hacen?

 

También sorprende la pasividad mostrada por la Consejería de Medio Ambiente,
que gestiona el parque natural, y de la Junta Rectora de este espacio
protegido.

 

El escándalo de esta situación es mayor aún si se tiene en cuenta que esta
empresa ha recibido sustanciosas subvenciones, que superan el millón de
euros, de las administraciones públicas: Junta de Andalucía, Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación y, sobre todo, del “Instrumento financiero
de orientación a la pesca” de la UE.

 

La desidia, cobardía o incompetencia de las administraciones responsables de
estas concesiones y autorizaciones están llevando al parque natural a una
situación límite, que puede agravarse más aún, pues todavía quedan 80.000
doradas que pueden correr la misma suerte que las 20.000 que ya han muerto
por inanición o falta de oxígeno.