Naïf

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Hoy se inaugura

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Descuidado

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Sábado y domingo

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Urnas

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Más votos que personas

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Llorad Piqué. Jorge Bustos en El Mundo

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Caía la tarde del domingo ominoso cuando en la redacción alguien ahogó un grito de terror:

Piqué está llorando!
De inmediato se formó en torno a la pantalla un remolino de periodistas incrédulos, con lo caro que se ha puesto sorprenderse. Pero no mentía. Era Gerard Piqué y estaba llorando. Los motivos por los que rompe a llorar un multimillonario, casado con una atractiva estrella del pop, que se gana la vida jugando -al fútbol, al póker, a la consola-, siempre despiertan una natural curiosidad. Entre hipadas, los ojos hinchados como si acabara de perder dos Champions seguidas, don Gerard balbució un deseo largo tiempo reprimido de expresión nacional que hasta la fecha habíamos creído satisfecho, y hasta avalado por un par de Eurocopas y un Mundial.
Nos engañábamos. Piqué no era el muchacho risueño de carcajada abierta, aficionado a bromear en Twitter y a proyectar cariñosos escupitajos sobre los compañeros para regocijo general de su nutrida audiencia. Esa no era más que la máscara profesional de un hombre atormentado por un drama interior, por un amor que no se atreve a decir su nombre. Piqué vestía la camiseta de España como los gays se casaban en la era victoriana: para salvar las apariencias. Piqué es el Oscar Wilde del derecho a decidir -de hecho afeó a Rajoy que no supiera hablar inglés-, y con sus lágrimas no hacía otra cosa que escribir su particular De profundis: «¡Los catalanes no somos los malos, queremos simplemente votar!».
No, Gerard. Esto es más complicado que cabecear un córner. Verás: el derecho a decidir de un catalán supone arrebatarle el suyo a uno de Fuentealbilla, consagrado en la Constitución. Supone segregar a la mitad atemorizada de tus vecinos y segar la solidaridad con todo nacido más allá del Ebro. Y supone cagarse, entre lágrima y lágrima, en los sentimientos de todos los españoles que vitoreaban tu nombre hasta que empezaste a avergonzarte de ellos. Algunos en Estocolmo todavía te defienden.
-Ir a la selección no es una competición de patriotismo. Es ir ahí y jugar lo mejor posible para intentar ganar.
O sea, el fútbol como oficio y el Estado propio como pasión. El revés exacto de la normalidad.
El día que le revelen que su club condecoró a Franco no una sino dos veces, le baja el Llobregat entero por las mejillas.

Calor en la noche

Fernando Santiago Muñoz | 4 de octubre de 2017

Increpan a José Yélamo en Barcelona

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Cadistas a lo Piqué

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Museo del Carnaval

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Excelente Soledad Gallego en la SER

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Una de las principales dificultades para saber lo que ocurre en Cataluña es que, a estas alturas, no existe ni un dato que pueda ser dado por cierto, porque no hay autoridades independientes del propio Govern que los respalden. La Generalitat afirma que el domingo votaron 2,2 millones de catalanes, es decir el 42% del censo y que apoyó la independencia un poquito más de dos millones, es decir un 38% y todos repetimos esas cifras como si tal cosa, pero la verdad es que se pueden haber contabilizado esos 2,2 millones de votos o se pueden haber calculado a ojo de buen cubero. No hay manera de saberlo porque no hay nadie con credibilidad a quien acudir. No existe una junta electoral ni organismos judiciales implicados. Sorprendentemente, no parece que a muchos catalanes esa circunstancia les parezca relevante. Mas bien da la impresión, como se dice ahora en el nuevo lenguaje digital, que, sobre todo, los independentistas están dispuesto a pasar pantalla sobre ese detalle. Esperemos que eso no se convierta en una costumbre y que, en la nueva situación política de Cataluña y a partir de ahora, resulte que a nadie le importen los auténticos resultados de una votación. Tampoco es fácil saber exactamente qué cifra de heridos se registró como consecuencia de la brutal actuación policial. Sean los que sean, son muchos, desde luego, demasiados, y no están nunca justificados, pero aun así estaría bien tener algún punto de referencia que no sea la propia Generalitat. La consejería de Salud aumentó ayer el número de personas atendidas por profesionales de los servicios de emergencia a 893, pero no distingue entre heridos y contusionados (una contusión es un golpe que no causa herida). Lo único seguro, comprobable, es que cuatro personas permanecen ingresadas en hospitales, dos de ellas graves.

Algunas personas pueden pensar que esos son detalles de relativa importancia, pero no es así. Manejar datos tan serios como esos requiere un mínimo de comprobación e independencia y todos sabemos, incluso por acontecimientos internacionales recientes, lo peligroso que es olvidar esos requisitos.

Almudena Grandes

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Excelente escritora. Estoy acabando “Los pacientes del Doctor García”. Para mí el mejor de la serie es “Inés y la alegría” . En completo desacuerdo con su comentario “España es una idea de derechas”. Estoy convencido de que los protagonistas de sus novelas no comulgarían con esa idea: los que pusieron un restaurante de cocina española en Toulousse, el que quería llegar a Madrid para beber vermú de grifo. No creo que estuvieran de acuerdo toda esa generación de comunistas exiliados o que combatieron el franquismo: Manolo Delicado, Ignacio Gallego, Tomás García, Simón Sánchez Montero, Marcelino Camacho, Santiago Álvarez, Dolores Ibárruri, Horacio Fernández Iguanzo, Gregorio López Raimundo. Incluso Rafael Alberti: “hoy las nubes me trajeron volando el mapa de España”. Todos ellos sentían España en su piel y en sus venas y nunca quisieron ser otra cosa ni quedarse a vivir en otro país.

En cambio estoy muy de acuerdo en la soledad de la izquierda.

Un país de taxistas

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

España es un país de taxistas. Ya saben: esto lo arreglaba yo en cinco minutos. Unos: mandaba allí a la Legión. Otros: que se vayan, no pasa nada. Soluciones simples a problemas complejos. Yo no tengo ni la más remota idea de cuál es la solución. Sí sé que en situaciones de crisis emergen los líderes: pasó en la Transición, pasó en la Segunda Guerra Mundial. Ahora tenemos el problema de que en el peor momento de la historia democrática española tenemos a los peores líderes (en todos los partidos, sin excepción). Todos se dejan llevar por las emociones o por el oportunismo, todos miran al efecto electoral de sus puntos de vista. Luego están los dialoguistas, los buenistas, los equidistante: dialoguen, hablen, parlem. Sí, claro. ¿Quién va a estar en contra del diálogo? Nadie. Ahora bien ¿cuál es la solución? El Gobierno no puede dar la independencia a Cataluña ni convocar un referéndum secesionista. Reformar la Constitución con este fin requiere unos trámites tan largos y complejos que es casi imposible. Los independentistas catalanes (lo que los fantásticos colaboracionistas de Podemos llaman indepes) no quieren otra cosa que no sea la independencia. Darle un fuero a Cataluña es retirar dinero de la caja común española y empobrecer a los demás. Y la guardia civil no puede estar en el puerto de Barcelona de por vida.

Me sorprende a quienes le molestan las  banderas españolas en los balcones cuando las estrelladas (lo que en catalán se llama estelada) llevan colgadas en muchos balcones catalanes desde hace años sin que nadie hubiera dicho nada. Tampoco creo que nadie sea facha (atención al artículo de Carlos Yarnoz en El País) por usar o poner una bandera constitucional. Yo no lo hago pero no veo el problema en que lo haga nadie. Reitero: un jugador que pretende destruir España no puede representarla. Máxime cuando ha cometido un acto ilegal. Por muy bueno que sea. Por menos que eso no va Benzema con su selección. Hay otros jugadores catalanes que van a la selección y ninguno ha dicho nada (Busquets, Jordi Alba, Deulofeu, Cesc de vez en cuando). La selección no es un equipo de fútbol, es la representación de un país. Y sobre Xavi Hernández, que desde su retiro dorado en Qatar ha dicho que es una vergüenza lo que pasó en Cataluña: tendría valor que fuera capaz de denunciar la situación de semiesclavitud en la que viven dos millones de personas en Qatar, el país que le paga generosamente para que tenga un retiro dorado. Pakistaníes, hindúes, srilankeses, viven hacinados en barracones sin sanidad, sin vacaciones, sin derecho a la huelga o al voto, sin derecho de reunión, expresión o manifestación, sin posibilidad de hacer huelba, con un mes de vacaciones cada cinco años, custodiados por el ejército. Eso sí es una vergüenza y él calla. Si tuviera el valor de denunciar la situación de todos esos sirvientes que le atienden cada día, esos que convierten Qatar en un país feudal de 500 mil personas y dos millones de esclavos. Que Xavi se preocupe por esos dos millones de personas. A los que se manifiestan en España para apoyar a los independentistas portando una bandera de la república: fue el gobierno de la república el que suspendió el Estat Catalá y metió en la cárcel a Companys, Comorera y compañía. Solo para recordar.

Ya que a Baldomero Toscano no le gustan las citas de Chuchill voy a referirme a Manuel Vázquez Montalbán, barcelonés cuyos comentarios echamos mucho de menos. En su libro “Manifiesto desde el planeta de los simios” dice algo así como (cito de memoria): “es posible ver el bien y no apreciarlo pero es imposible ver el mal y no darse cuenta”. Pues eso me pasa a mí. Sé lo que está mal pero no sé por dónde se podría tirar. Eso me provoca hasta angustia. En fin, otro rollo más.

Reactivan el pleito por el legado de Alberti. En Radio Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Tras años de silencio, el pleito inconcluso por el legado del poeta portuense Rafael Alberti, vuelve a tomar notoriedad. Un bufete de abogados de Zaragoza ha iniciado una nueva investigación para determinar la validez del último testamento del autor, considerado un “expolio” por su hija Aitana, y el número de obras exactas que contenía su catalogo (tanto de obras propias como de valiosos libros o pinturas de otros autores de la Generación del 27 que le fueron regalados).

Una experta del bufete zaragozano, que representa los intereses de la sobrina de María Teresa León, la primera esposa de Rafael Alberti, tiene previsto establecer mañana primeros contactos con la Diputación de Cádiz con el fin de obtener el certificado que detalla la relación de originales que la corporación provincial cedió en 1991 al Ayuntamiento de El Puerto para dar contenido al entonces proyecto de una casa-museo gestionada por la fundación creada años antes por la corporación provincial, que recibió la colección por expreso deseo del autor.

En una segunda fase, los expertos del gabinete zaragozano pretenden cotejar ese listado con las obras expuestas o custodiadas por la Casa de Alberti en El Puerto, con el fin de conocer si todas ellas siguen bajo control de la Fundación.

Fuentes consultadas en la Diputación de Cádiz y el Ayuntamiento portuense han coincidido en señalar su disposición a colaborar con los abogados porque se trata, en todos los casos, de “documentos públicos”.

El Ayuntamiento de El Puerto es el actual gestor de la Fundación Alberti, que se encuentra técnicamente inhábil tras la dimisión en 2010 de la, hasta entonces, presidenta de la entidad, la Viuda de Alberti, María Asunción Mateo. La sociedad acumulaba una deuda de unos 300.000 euros, que ha sido cubierta parcialmente por el Ayuntamiento con la intención de crear un nuevo órgano de gestión.

 

El testamento de Alberti

Junto al paradero de cada una de las piezas del catálogo, el testamento de Alberti ha sido cuestionado reiteradamente por las ramas familiares perjudicadas por el documento, la de su hija Aitana, que quedo prácticamente olvidada del reparto y las del resto de herederos de su primera esposa, María Teresa León, sin presencia en el mismo.

Según ha denunciado Aitana, hija de Alberti y María Teresa León, la última voluntad del artista solo le reconocía la propiedad de obras que, en vida, le había regalado su padre.

El testamento adjudicó a Aitana y sus hijas un original de Miró, otro de Robert Motherwell, cartas manuscritas y grabados de Picasso y Neruda, un dibujo de García Lorca, 33 cuadros de Alberti, los derechos de autor del poemario El amor y Los Ángeles y el manuscrito original de El cuaderno de Rute.

En su testamento Alberti cedió a su última esposa, Maria Asunción Mateo y los hijos de esta, David y Marta, entre otros, los derechos de La Arboleda perdida, Sobre los ángeles, A la pintura y Retorno de lo vivo y lo lejano. Además, les transmitió los derechos de Marinero en tierra y Ora marítima. En definitiva, las obras de mayor valor comercial, según la versión de Aitana.

A este reparto se llegó tras numerosas modificaciones realizadas por Alberti en sus últimos años de vida. Entre 1991 y 1996 registró diez testamentos distintos y el último y definitivo no reconocía, según los abogados de Aitana, la parte de herencia legítima y forzosa que le correspondería por derecho de sangre.

El último testamento firmado por Rafael Alberti fue registrado el 10 de diciembre de 1996 ante el notario Andrés Tallafigo Vidal. Se trata de un documento de ocho páginas en las que se detalla la última voluntad del poeta, cuando tenía 93 años.

Obra inédita

El prolífico legado de Rafael Alberti aún no ha salido a la luz en su totalidad. Su “musa” a finales de los años ’70 y principios de los años ’80, Beatriz Aposta, recibió como regado del portuense un voluminoso poemario, compuesto por unas 300 obras, y agrupado bajo el título de “Amor en vilo”.

Si bien algunos de esos poemas han salido a la luz en los últimos años, la mayor parte del libro continúa inédita. En caso de ser publicado, Aposta no recibiría ninguna remuneración económica porque el control de las publicaciones y los derechos de imagen de Alberti pertenecen a la sociedad “El Alba del Alelhí”, creada por María Asunción en vida del autor.

Poeta, pintor, dramaturgo, senador, luchador de los ideales de la izquierda, mito universal de la poesía de la Generación del 27, Rafael Alberti falleció a los 96 años de edad.

Pescar ratas

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Esto es un sin parar

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Para los catalanes

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Yo estuve allí y esto es lo que viví. En El Español

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

La autora, magistrada, relata su experiencia en la jornada del referéndum ilegal, ante un colegio habilitado para la votación.

Olga Bautista Camarero

1 de octubre en cualquier lugar de Cataluña. No quería que me lo contasen, ni unos ni otros, por eso a las 8 de la mañana estaba en la esquina del colegio electoral de mi barrio. Había unas 200 personas, y poco a poco iba llegando más gente de todas las edades, sólo uno se arropa en la estelada, pero alguien le indica que se la quite y lo hace. Hay gente también en el patio del colegio, la puerta está cerrada, pero se encaraman en la verja. Son jóvenes; algunos, niños.

Una pareja de mossos d’Esquadra está en la esquina opuesta a la mía. No hacen nada, miran al infinito. Una joven se acerca a darle dos claveles blancos, que no rechazan, pero acto seguido los dejan en un banco cercano. Una madre con sus dos hijos pequeños, de entre 5 y 7 años, se acerca a la puerta del colegio. Los niños sacan unos instrumentos de música y se ponen a tocar Els Segadors. La gente se calla, escucha, uno de los mossos comenta que le parece emocionante; yo no doy crédito a tal comentario.

Por medio de megáfonos organizan el comienzo de la votación. Piden a los niños y a la gente mayor que se coloque en la puerta, que se forme un pasillo que proteja a los que van a votar. Hay hasta un octogenario con una silla que se ha traído de casa. Se forma una fila considerable de gente dispuesta a votar. Se comenta que se puede hacer sin sobre, en cualquier colegio y con cualquier papeleta que se hayan traído de casa. Todos consultan las redes sociales para tener información.

Me encuentro mucha gente conocida, me miran con perplejidad, les comento que he venido a verlo porque no quiero que me lo cuenten. Parece que les sorprende gratamente, me comentan la emoción que han sentido cuando, de madrugada, han llegado las urnas. Yo callo.

Sólo quedan dos minutos para que se abra el colegio, reconozco que no entiendo la pasividad de los mossos y que empiezo a indignarme. De pronto alguien avisa de que viene la policía.

Unos cinco furgones de la Nacional avanzan por la calle. Se deshace la fila y se forma una piña en la puerta del colegio. La gente sale a los balcones, la policía se despliega en silencio, comienzan los gritos de “asesinos”, “hijos de puta” y ”votaremos”. Se intentan acercar a la puerta del colegio, les increpan, les tiran agua. Aguantan impertérritos.

La gente forma una cadena abrazándose unos a otros para que no entren en el colegio. Los agentes disparan al aire, los niños se asustan y lloran y entonces la gente les insulta porque no tienen vergüenza, “¿no veis que hay niños?”. Y yo me pregunto, ¿qué hacen aquí estos niños? ¿No han sido sus propios padres quienes les han colocado en la puerta del colegio sin pensar en su integridad? Nuevamente siento vergüenza.

Vienen más furgones, salen rápidamente los policías y se avivan los insultos, las consignas, los gritos. Algunos empiezan a correr, no sé muy bien por qué. Aumenta la tensión. Y entonces, por primera vez en mi vida, me identifico con el carnet profesional ante el inspector al mando interesándome por si puede haber problemas. Me indica que tienen orden de no cargar, pero me ofrece un asiento en un vehículo si la cosa se pone fea. Se lo agradezco, pero estoy como espectadora y no tengo intención de molestarles en su trabajo. Me mantengo fuera del cordón policial.

La policía se mueve rápido. Algunos agentes forman un cordón protegiendo los vehículos e impidiendo el paso de la gente mientras el resto entra en el colegio a retirar las urnas y las papeletas. Y sí, hay un herido. La gente grita con fuerza que son “asesinos”, y vuelven los insultos. Comentan que es “violencia” ante un “acto democrático”.

De entre el tumulto sale mi madre, catalana y firme defensora del hecho diferencial, pero no independentista. Indignada me comenta que bastante había aguantado ya el policía al energúmeno que le escupía, insultaba y empujaba, y textualmente dice: “Antes le hubiera dado yo”.

Los agentes no miran a la cara de los que, sin ningún pudor, se les colocan delante para insultarles, reclamándoles respeto a la “democracia”, recriminándoles su “opresión”, señalándoles como “invasores”. Son muchos, jóvenes, mayores, hombres y mujeres que sin reparo se colocan a escasos centímetros de los policías para increparles con todo lo que se les pasa por la cabeza.

Delante de mí un hombre descarga su ira verbal frente a un agente que desvía la mirada y ni se inmuta externamente; supongo que por dentro debe llevar la procesión. Cuando el individuo se cansa y se marcha, el policía me mira y no puedo reprimirme, vuelvo a sacar el carnet profesional, se lo exhibo al tiempo que le digo lo orgullosa que estoy de ellos. Sorprendido me sonríe y me da las gracias.

Incautadas las urnas se despeja la zona. Aquí no se votará. La policía se desplaza a otro punto conflictivo, y yo, después de dos horas de formar parte de la triste actualidad que nos ha tocado vivir en Cataluña, también me voy.

Siento indignación por lo que he tenido que escuchar, estupor por la ira que gran parte de la gente rezumaba, cierto temor por lo que pueda pasar mañana -y quien dice mañana dice de ahora en adelante-. Estoy convencida de que mi versión no será la que cuente la gente, porque no ofrece el victimismo buscado, pero yo estuve ahí, y esto es lo que viví.

*** Olga Bautista Camarero es magistrada y miembro de la Asociación de Jueces Francisco de Vitoria.

¿Dónde está la desproporción? Por Félix Ovejero en El País

Fernando Santiago Muñoz | 3 de octubre de 2017

Es inconcebible que se pueda calificar de “error” o “torpeza” que las fuerzas del orden encargadas de ejecutar la resolución judicial de impedimento del “referéndum” cumplieran, precisamente, con su cometido. ¿Cuál es el error? ¿Que usaran la fuerza? Oigan, un antidisturbios no es un filósofo de la palabra que aborde su tarea por el método deliberativo de disuadir con argumentos a quien con su comportamiento delictivo se apodera ilegalmente de locales públicos. La fuerza del orden interviene cuando el delincuente, persistente en su conducta, ya se ha desentendido de la fase deliberativa, que precisamente ha concluido con una resolución judicial que ha sido desatendida: por eso sólo queda el recurso de la fuerza. Porque el Derecho no es más que fuerza: es la regla que determina quién en un conflicto puede usar la fuerza y cuánta. Intelectualmente no se puede estar, como Pedro Sánchez, a “favor de la legalidad” pero en contra de su efectividad.

Estamos hablando de unos efectivos policiales que tuvieron que ejecutar una orden judicial de desalojo de espacios públicos de los que previamente se habían apoderado grupos organizados con el total apoyo logístico y material de toda una Administración autonómica actuando en abierta rebeldía delictiva y haciéndolo coordinadamente con la mayoría aplastante de una fuerza pública armada. Una fuerza pública que, en lugar de cumplir la orden judicial que la obligaba, llegó en algunos casos incluso a obstruir su ejecución y colaborar con los sediciosos. Aún no se han calibrado las gravísimas responsabilidades (descomunales e insólitas históricamente en Europa) que ese comportamiento inconcebible supone en una fuerza policial armada.

¿Desproporción? Según algunos relatos, desencantados con la efectividad del Derecho, se habría “reprimido” a casi 2.300.000 de supuestos “votantes”. Abstracción hecha de que la actuación de la fuerza pública se circunscribió, espacial y subjetivamente, a quien impedía por la fuerza la ejecución de la orden judicial, y no a los “votantes”, repugna a la mera lógica de los hechos que esa “brutal represión” sobre millones de personas haya arrojado el “brutal” saldo de un total de dos hospitalizados, uno de ellos un pobre anciano infartado. Si vamos a los “heridos”, que la Generalitat cifra en más de 800, en realidad estamos hablando de “atendidos” (es decir, personas que nunca pisaron un hospital aunque fueron objeto de examen y diagnóstico en la vía pública) pero incluyendo en la cifra las lipotimias, ataques de ansiedad e irritaciones por inhalación de humo. Y no olvidemos que estamos hablando de unos supuestos dos millones de personas que fueron desde los días previos instados desde la propia Generalitat, sus dirigentes y su formidable aparato mediático, a tomar parte colectivamente en actos delictivos para impedir por la fuerza la ejecución de una orden judicial ¿Y el balance son dos hospitalizados, y uno de ellos, un infartado? ¿Dónde está la desproporción en el uso de la fuerza?

Finalmente, resulta descorazonador el nivel intelectual y profesional de la prensa española, incluso cuando no actúa con intereses espurios. Ayer vimos un titular de un diario catalán, bastante ecuánime hasta ahora, que titulaba Dirigentes europeos critican la actuación policial y piden diálogo, ilustrando la noticia con una imagen de Angela Merkel y una falsedad (como se ha sabido hoy): esa primera ministra habría llamado a Rajoy “para interesarse por los heridos”. De inmediato me precipité a leer el texto: Ni rastro de Merkel, por supuesto, y ninguno de los “dirigentes” europeos dirigía nada, pues quitando al belga que gobierna en coalición con los nacionalistas flamencos (¡qué casualidad!), ni un solo jefe de Estado o primer ministro europeo ha hecho otra cosa que respaldar el Estado de derecho en España. El resto de “dirigentes” eran cabecillas de movimientos nacionalistas, como el de Escocia, o políticos y hasta excandidatos de partidos en la oposición en sus países respectivos cuyos planteamientos equivaldrían a los de Podemos en España.

Más vale que la prensa y la opinión pública tomen de una vez conciencia con responsabilidad del desafío de lo que se nos viene encima, y que como sociedad adulta asumamos que los derechos y libertades que la ley reconoce en la democracia se garantizan, si es preciso, por la fuerza, máxime cuando quienes los desafían desobedecen abiertamente la legalidad vigentes.

Un aviso: el artículo 155 desemboca en una resolución del Gobierno, previo aval del Senado, con medidas necesarias para obligar a una comunidad autónoma que atente gravemente contra el interés general al cumplimiento forzoso de sus obligaciones para la protección del mencionado interés. Pero para que se hagan efectivas esas medidas quizá haya que usar la fuerza de nuevo, y más vale que cuando llegue ese momento no tengan a una institución armada de su lado que se desentienda otra vez de la legalidad. Y si eso ocurre, que al menos la opinión pública asuma con madurez democrática cómo funciona el Estado; cualquier Estado.

Félix Ovejero es profesor de la Universidad de Barcelona y Alejandro Molina es abogado.