Día Sin Procesiones. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 25 de junio de 2017

La Asamblea General de la UNESCO, reunida en la plaza de Fontenoy de París bajo la presidencia de Stanley Muntumba, ha acordado por unanimidad de sus 197 miembros declarar el 24 de junio como Día Internacional Sin Procesiones, siguiendo las recomendaciones de su directora general , IrinaBokova. Con tal fin todos los años se pedirá a los estados miembros, a entidades y Ayuntamientos que ese día en concreto no pueda salir a la calle ninguna procesión de ninguna naturaleza o religión. Ni el Rosario de la Aurora ni aniversarios ni coronaciones ni novenas triduos o besamanos, ni visitas a otros templos ni Magnas Marianas o Magnos Marianos. Ninguna. Coincidiendo con ese día se pedirá a los capillitas que se relajen y sean felices, que cuelguen los trajes y las medallas, guarden la gomina y no quemen incienso. A las bandas de música se les pedirá que dejen de tocar sus instrumentos. En definitiva, la UNESCO pretende que el que quiera expresar su devoción lo haga en cada templo sea de la confesión que sea: calvinista, presbiteriano, metodista, anglicano, evangelista, católico, musulman, mormón, testigo de Jehová, judío, budista, confucionista, hinduista, jainita, animista, chamanista o cadista. Cada uno a su templo y las calles para todos. Piensa la UNESCO que si coincidiendo con el Día Internacional Sin Procesiones se decretara una amnistía sobre las terrazas, aunque fuera un solo día, veríamos las calles desde otra perspectiva, como si fueran de todos los ciudadanos. Los niños podrían jugar libremente en las plazas, los peatones podrían transitar con tranquilidad sin que le obstruyeran el paso en cada esquina y el personal allí agolpado hubiera tomado posesión de la calle, sin olor a incienso, sin cera en la calzada, sin ruido de cornetas y tambores, sin fanáticos que hubieran entrado en posesión del espacio público. Una ciudad de todos, amable y cosmopolita. Sería increíble. Veríamos otra dimensión , sentiríamos que todos somos vecinos con los mismos derechos y no solo unos pocos , sean estos capillitas u hosteleros. Qué tiempos aquellos en que los niños bajan solos a las calles y podían jugar sin peligro de un maniguetazo , el martillazo de un capataz o la bronca de un camarero. Añoranza de un tiempo en que Cádiz era emporio del orbe porque el espacio común era para el disfrute ciudadano y no para el negocio de unos pocos. En principio la UNESCO ha puesto el 24 de junio pero tengo para mí que de aquí a nada se trasladará al 28 de diciembre.

Fernando Santiago

El martes en Las Libreras

Fernando Santiago Muñoz | 25 de junio de 2017

Sesión continua

Fernando Santiago Muñoz | 25 de junio de 2017

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Esta banda de Puerto Real el viernes con los Juanillos y el sábado con la Magna Mariana

Climatización en San Juan de Dios

Fernando Santiago Muñoz | 25 de junio de 2017

Carga y descarga en la Glorieta

Fernando Santiago Muñoz | 25 de junio de 2017

Busto de Antonio Martín

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

Denuncia social

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

Patrocinio

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

San Juan. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

El verano comenzó la madrugada del pasado miércoles 21 a la 1.24 horas,
pero la celebración de su llegada tiene lugar hoy, festividad de San Juan y
Día Internacional de la Masonería. Las fiestas de San Juan se celebran a
todo lo largo y ancho del planeta, en el hemisferio norte se festeja el
solsticio de verano, mientras que en el hemisferio sur se recibe al
solsticio de invierno; fiesta simétrica a la Nochebuena, inicio del
invierno en el norte y del verano en el sur. Son las dos grandes ceremonias
en torno al ciclo solar, a su orto y a su ocaso, respectivamente. Es
también Día Internacional de la Masonería, que este año adquiere especial
relieve pues hace trescientos años esas sociedades, en su origen de
carácter gremial, generan la masonería moderna y filantrópica a través de
la fundación de grandes logias; el 24 de junio de 1717 cuatro logias
británicas fundan en el pub “Goose and Gridiron” la Gran Logia de Londres.
Poco después, el año 1735, el papa Clemente XII, llamado Lorenzo Corsini,
publica la Bula “In Emimenti” que condena con pena de excomunión a todos
los masones, lo cual testimonia la importancia y extensión que durante esos
años experimenta la masonería.

Resulta muy extensa la relación de francmasones que han jugado un papel
histórico relevante, como Le Corbusier, maestro de la arquitectura moderna,
a quien las aguas del Mediterráneo se lo llevaron para siempre durante el
verano de 1965, tal vez buscando Ogigia, la isla donde según la Odisea
habita la ninfa Calypso. Contaré la historia tal como yo la percibí hace ya
52 años. Estos días he nadado largo rato en las aguas del Océano de Cádiz,
adoro la mar tal vez porque mi niñez transcurrió feliz entre las olas, el
sabor salobre de las aguas atlánticas es mi particular magdalena de Proust,
de forma que cuando hace poco braceaba tragando agua como nadador torpón
que de todas formas soy, recordé aquel verano del 65 durante el cual
disfruté mis últimas vacaciones estivales completas de mi juventud en
Cádiz. Luego, la Universidad, los viajes por Europa y las milicias, sólo me
dejaban breves visitas a Villa Carmen, que así se llamaba la casita
familiar de tejas verdes sobre ese solar que ahora ocupa la Comisaría de
Policía Nacional, ¿se habrá quedado allí mi colección del Capitán Trueno?

Pensar ahora en ese verano me permite recordar también dos hermosas
películas: "Verano del 42" (Robert Mulligan, 1971) y "Las largas vacaciones
del 36" (Jaime Camino, 1976) que tratan de los veraneos adolescentes en un
mundo complejo; la primera durante la Segunda Guerra Mundial, la segunda en
la Guerra Civil española. Historias de descubrimiento del sexo y del amor
entre jóvenes ajenos a los acontecimientos que más allá de sus veraneos se
venían desarrollando. Poco supe entonces del mundo alejado de un Cádiz
alegre y confiado, de todo eso me enteré mucho más tarde. Pero sí recuerdo
esa portada de Paris Match, revista francesa que recibían mis padres, en la
cual se veía de espaldas a Charles-Edouard Jeanneret adentrándose en esas
aguas que no lo devolverían. Le Corbusier, como se le conocía por vestir
siempre de negro, fue un personaje de enorme talento que formuló los
principios de la arquitectura del Movimiento Moderno, nos dejó el 27 de
agosto de 1965, cerca de su Cabanon, casa mínima construida en
Roquebrune-Cap Martin, muy cerca de la mar que se lo llevó.
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Otro mamotreto

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

Nostalgia

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

Juego de palabras

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

¿Por qué es tan difícil dejar de creer en la información falsa? Silvio Waisbord en The New York Times

Fernando Santiago Muñoz | 24 de junio de 2017

Credit Dibyangshu Sarkar/Agence France-Presse — Getty Images

WASHINGTON — Para quien cree que el debate público debe estar basado en hechos demostrables, es entendible el desánimo frente al ascenso de la posverdad. Hace unas semanas, miembros de un sitio digital dedicado a verificar los discursos de funcionarios públicos confesaban su desazón en vista de la impunidad de políticos que continúan haciendo afirmaciones falsas, aun cuando sus mentiras hayan sido desmentidas. Si a esto le sumamos la amplia presencia de convicciones falsas en segmentos de la opinión pública, es entendible el escepticismo sobre el impacto de la verificación de hechos.

En medio de la explosión de las noticias falsas, redes sociales (Facebook), buscadores de internet (Google) y medios de prensa (BBC News) han instalado mecanismos de verificación de información. En la última década, en América Latina, también surgieron iniciativas dedicadas a verificar las declaraciones de políticos como la argentina Chequeado. Y, más recientemente, La Jornada lanzó un verificador de noticias que funciona en Twitter.

El contrapunto de esta tendencia es la proliferación de sitios dedicados a producir información falsa, ya sea para generar ganancias o formar opinión, alimentando la ignorancia y las pasiones ciegas. A estas usinas de mentiras se suman hostigadores y propagandistas digitales que, a sueldo o de forma voluntaria, siembran confusión difundiendo falsedades.

EXPLORA NYTIMES.COM/ES

No es claro que los realistas vayan a prevalecer sobre los embusteros en esta disputa por la verdad. El chequeo de la información puede tener impacto positivo, pero es erróneo pensar que inevitablemente obligue a los políticos a decir verdades, corrija la amplia desinformación ciudadana, o elimine las noticias falsas de internet.

Estudios recientes muestran los efectos limitados de la verificación. Por ejemplo, es inusual que las correcciones modifiquen percepciones incorrectas sostenidas por determinados grupos ideológicos con fuertes creencias sobre diferentes temas políticos. Las percepciones incorrectas preexistentes están relativamente blindadas a la información que contradice. Por el contrario, hay casos de “efecto búmeran” cuando, lejos de modificar opiniones erradas, las correcciones fortalecen las creencias falsas. Somos reacios a aceptar correcciones aun cuando los datos contradicen nuestras convicciones. El principal obstáculo es el “razonamiento motivado” por convicciones partidarias, ideológicas y religiosas. Abundan percepciones incorrectas difíciles de modificar. Los ejemplos abundan: el contenido de políticas públicas, el cambio climático, los efectos de la vacunación, el impacto del matrimonio igualitario y las propuestas políticas de candidatos presidenciales.

Hay creencias resistentes a la información, especialmente si están sólidamente engarzadas con identidades individuales y colectivas: si son parte de un “cerebro ideológico” que filtra la realidad según convicciones férreas sobre el mundo. De hecho, la información puede inducir una “resistencia motivada” cuando pone en jaque convicciones y valores personales. Las falsedades son “pegajosas” si están arraigadas en sentimientos de identidad.

Esto explica por qué es más factible que “información chequeada” sea compartida en Twitter y otros “medios sociales” cuando refuerza simpatías partidarias que cuando las contradice, como muestra un estudio reciente. Seleccionamos toda la información, incluidas las correcciones, para mostrar que estamos en lo correcto y que nuestros adversarios están equivocados. Cuando los datos están de nuestro lado, los hacemos públicos En cambio, cuando nos contradicen, los rechazamos o los ignoramos. Difícilmente le diremos al mundo que estábamos equivocados y creíamos en fantasías.

Pensamos socialmente. No somos Robinson Crusoe cuando pensamos o tomamos posiciones, sino que estamos influidos por la aceptación social, más allá de si tenemos evidencia. El apetito narcisista que busca conseguir un me gusta en Facebook ejemplifica la disposición por el “pensamiento de grupo” más que por pensar con evidencia o tener la mente abierta. Importa ser aceptado socialmente más que tener ideas correctas. Desarrollamos opiniones fuertes aun cuando tengamos solo un milímetro de evidencia para sostenerlas.

Por eso no sorprende el limitado impacto de la verificación de información en modificar opiniones. Esto no implica que no sea importante. Puede tener impacto en grupos que carezcan de convicciones definidas sobre un tema, o en cuestiones que no están vinculadas a identidades partidarias, religiosas o culturales. Asimismo, importa quién es la fuente de la información. Fuentes reconocidas y respetadas pueden modificar opiniones más que alguien desconocido.

De igual manera, la verificación es importante porque documenta la realidad. La verdad nunca es simple, ya sea sobre cuestiones políticas, históricas o científicas. Es difícil y discutible. Suele ser escurridiza y lleva tiempo desentrañarla.

En internet circula un caudal incalculable de información errónea que no puede ser eliminada completamente por ejércitos de verificadores. Las falsedades siempre encontrarán canales para llegar a quienes se aferran a fantasías.

Sin embargo, la búsqueda de datos es fundamental considerando la “tormenta perfecta” de mentiras en el caos informativo contemporáneo. Abundan intereses políticos, religiosos y empresariales dispuestos a respaldar invenciones y entelequias para conquistar a públicos escandalosamente desinformados.

Y ahí los enemigos de la democracia llevan las de ganar. Los autoritarios siempre se encaraman sobre la desinformación y la propaganda. De ahí su enorme desprecio por instituciones dedicadas a producir y verificar hechos como el periodismo, la ciencia y la justicia. Cualquier autoritarismo comienza con la negación de la verdad y la manipulación de los mecanismos que puedan poner sus mentiras al descubierto, y se consolida cuando la ficción se convierte en la realidad.

Frente a esta situación, hay que insistir en el principio de que cualquiera tiene derecho a sus opiniones pero no a sus hechos. Los hechos son obstinados, como observara John Adams. Son la única herramienta para combatir falsedades e informar al público. Sin hechos, el debate público queda sepultado bajo un manto de mentiras en el que toda opinión vale por igual y domina el relativismo simplón.

Reivindicar el compromiso con los hechos es particularmente importante frente al renovado debate sobre las “noticias falsas”. Siempre ha existido información errónea, que no corresponde con la realidad, diseminada para obtener réditos económicos o políticos. De hecho, la circulación de información falsa tiene una historia más extensa que la información debidamente verificada frente a los datos de la realidad. El colapso del dique de información pública ocasionado por la red digital deja al descubierto la eterna e inconclusa disputa por la información y la verdad. En una red horizontal de intercambio de ideas es infinitamente fácil difundir mentiras y propaganda a escala global, evitando los filtros de los modernos árbitros de la verdad como la ciencia y la prensa, justamente las instituciones que los autoritarismos siempre se proponen maniatar o desactivar.

Mamotreto

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Juanillos

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Los suelos de Delphi

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Y ahora que sigan con Canal Sur

Fernando Santiago Muñoz | 23 de junio de 2017

Igual que han hecho con RTVE que lo hagan con Canal Sur, que lleva con un consejo de administración en funciones dos años y con un subdirector general haciendo de director general otros dos. Que se haga un concurso para seleccionar al director general entre profesionales que presenten un proyecto y que sea preciso el apoyo de una mayoría cualificada del Parlamento. Como en el Congreso. Así nos evitaremos el sonrojo de una televisión y una radio al servicio del susanismo donde se veta a quienes no comulgan con lo que piensa el alto mando, donde se realizan los nombramientos en función de la docilidad con el poder, donde ser felpudo del susanismo es el principal mérito. Donde, por cierto, en los últimos cuatro años la audiencia se ha colocado en el 9% a pesar de los Juanes Imedio y el resto de programas para analfabetos sobre ferias, semana santa, toros, Rocío, básculas , coplas y demás. Ciudadanos hace un papelón de categoría porque no tiene ni consejeros.

Sincorbatismo. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 23 de junio de 2017

La etiqueta municipal es un misterio al nivel del tercer secreto de Fátima o la declaración de la renta de CR7. Nunca se sabe qué esperar: a veces camiseta, a veces chaqueta sin corbata, a veces traje de Eutimio, a veces camisa mao. Todo depende del humor con el que se levante el alcalde, no del acto al que vaya a acudir. Como las banderas de la Plaza de Sevilla: quitando el Día del Orgullo y el de Andalucía, las banderas se ponen por el riguroso procedimiento del pinto pinto gorgorito. No está claro si hay criterio y quién lo aplica, más parece que lo deciden al azar la cuadrilla de izadores .  El caso es que el martes vino el Jefe del Estado al aniversario de este periódico y el alcalde pensó que era bueno como contrapunto republicano no usar corbata. Entre los 700 invitados había solo algunos que dejaron de lado la famosa prenda masculina que pusieron de moda hace siglos los habitantes de Croacia. Es el caso de Manolo Muñoz Fossati, que optó por la pajarita. Téllez y David Palomar no llevaban corbata pero se les puede excusar porque son artistas cada uno en lo suyo. Tampoco la llevaba Ignacio González Dorao, quizás porque se ve a sí mismo como un artista original y extravagante, la nota de color en el clan, aunque iban de rigurosa etiqueta su tío y su primo, presentes en el acto. Camelot es lo que tiene: un Kennedy va de una forma y otro de otra. Puede también que el descorbatado Bobby  se haya soltado la melena después del conflicto interno en Ciudadanos o para pasar a la posteridad por algún motivo. El Libi llevaba una corbata morada no se sabe si por su devoción al Nazareno, a Podemos, a la república o la Fiorentina. El resto de asistentes cumplieron las normas incluidos José Vicente Barcia y Rubalcaba Porquicho. Eso que llaman los americanos dress code. La nota de color la puso Ignacio Casas, con un traje de La Familia Pepperoni, como le dijo alguien en el ágape. Las señoras podían vestir con traje de cóctel y  los brazos al aire con lo que se libraron de los rigores de la temperatura que tuvieron que padecer el resto de invitados. Fuera del círculo de agraciados poseedores del tarjetón que acreditaba como invitados al acto se quedaron muchos que hubieran dado un brazo por estar en el recinto de la antigua estación al objeto de formar parte del  club de integrantes de lo que antes se llamaba “todo Cádiz”. Alguno forzó la máquina para ir con la parienta por si caía  fotito con Felipe VI: había gente con espacio reservado en el Facebook desde hacía semanas.

Fernando Santiago