Encuentro en el Terraza

Fernando Santiago Muñoz | 19 de marzo de 2017

Despesque en el Manguita. Foto de Pablo Juliá

Fernando Santiago Muñoz | 19 de marzo de 2017

En defensa de los asesores. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 19 de marzo de 2017

Ahora que la prensa y la policía tienen acosado a François Fillon por haber colocado de asesora a su mujer creo llegado el momento de reivindicar la figura de los asesores, esos expertos sin los cuales la administración no podría funcionar. Sería menester crear un Sindicato de Asesores y un Colegio Profesional de Asistentes Técnicos de la Política para  contribuir a dignificar su trabajo y a garantizar que las mejoras que han conseguido algunos se pudieran generalizar . Por ejemplo ¿porqué demonizar que se contrate a las novias como asesoras?¿Está mal visto porque son mujeres?¿si fueran los novios de una mujer con cargo público se formaría lo mismo? Lo digo por Albita o por Eva, injustamente tratadas por ser parejas del jefe del gabinete del alcalde o de un exconcejal. Es injusto. Hay que denunciar esas actitudes machistas. Al fin y al cabo esto no es Francia ,allí se puede empapelar a un político por contratar a su mujer pero esto es Cádiz y aquí hay que mamar. Por ejemplo: si el asesor sanluqueño de la Diputación tiene plaza reservada en el aparcamiento oficial ¿porqué no la pueden tener todos los asesores? Digo más: si un asesor andalucista en la Diputación tiene un coche oficial a su servicio ¿por qué no lo pueden tener todos los asesores?¿Qué mal hay en ello? Digo más, si un dirigente socialista coloca a su hijo de asesor todos los dirigentes podrán colocar  también a los suyos. No veo el problema. Repito: esto no es Francia, no nos pongamos estupendos. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos así que no hay que  escandalizarse por algo así. No hay que mesarse los cabellos porque se contrato a un imputado por enchufe como el tipo ese de Arcos que ha fichado el PP. Tampoco veo problema en la captación de asesores fuera de la ciudad . Podemos traerlos de Getafe, de Lavapiés de Córdoba o de algún remoto pueblo de la provincia de Sevilla Tampoco hay que exagerar con que asistan cada día a su puesto de trabajo, que se puede asesorar desde cualquier lugar. Eso del presentismo es una antigüedad. Por último está el tema de la formación académica: se puede asesorar sin haber pasado por la universidad ni tener currículo. Un poner: uno es un cateto pelao de un pueblecito de Sevilla, nunca ha pisado la ciudad de Cádiz, le llaman de Podemos para asesorarles y no se puede negar, sobre todo porque no tiene otro curro aunque no  queda otro remedio que decir que se sacrifica por la revolución proletaria, que está para poner fin a la deuda ilegítima, que se va a ir a Bruselas para que se entere Junker y todo lo demás.  Qué sería de nosotros sin ellos.

Fernando Santiago

Entrevista en la BBC

Fernando Santiago Muñoz | 19 de marzo de 2017

Coincidencia

Fernando Santiago Muñoz | 19 de marzo de 2017

Premio Emilio López

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Decisiones importantísimas

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Introduzcamos la carga a costal

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

El sorteo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Ha muerto el padre del alcalde

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Esta madrugada ha muerto José María González Taboas,de 71 años, padre el alcalde de Cádiz. Sus restos mortales se encuentran en el Tanatorio Cádiz, Glorieta de la Zona Franca. Desde aquí le quiero transmitir mi pésame a José María González Santos y a su familia. Descanse en paz

Speer arquitecto de Hitler. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

untitledCuando termina nuestra guerra civil con la rendición de Madrid, el Nuevo
Estado comienza a organizarse entre las ruinas del país devastado por una
guerra muy cruenta. Como en muchas otras áreas, también en arquitectura se
adoptan modelos importados de la Alemania nacional socialista, hasta el
punto que Paul Bonatz (1877-1956), arquitecto del equipo de Albert Speer,
se traslada a Madrid como asesor en la materia. Los nuevos regidores
rechazan el Movimiento Moderno cuyos principales impulsores se habían
vinculado a la causa republicana. Oriol Bohigas en su libro “Arquitectura
Española de la Segunda República” (Tusquets Editor, Barcelona, 1970) cita
una larga relación de arquitectos fallecidos, exilados, encarcelados o
depurados; y añade: “¿Quién quedó en España para luchar contra la
imposición de una arquitectura monumental, para esforzarse a favor de la
vanguardia moderna que el nuevo régimen asimilaba a la España vencida?”.
Pero ese estilo de inspiración nazi duró tan poco como la guerra mundial.
Speer fue procesado en Núremberg y condenado a veinte años de prisión; su
arquitectura también fue condenada por los especialistas como modelo del
totalitarismo derrotado. Franco intenta contener a los aliados quienes aún
planeaban intervenir en España para restaurar la democracia; por eso
abandona los modos nazi-fascistas; y así desde el poder se facilita que los
mejores arquitectos vuelvan a la  modernidad, sobre todo los jóvenes.
Quedan epígonos, entre arquitectos mediocres, como la Aduana de Cádiz, de
Manuel Ródenas López, terminada en 1959 cuando ya la arquitectura oficial
por lo general adopta un lenguaje moderno.

Hitler había intentado sin éxito ingresar en la Academia de Bellas Artes de
Viena, y acaba por trabajar como dibujante para arquitectos que intervienen
durante la etapa del gobierno socialdemócrata de la ciudad, conocida como
“Viena la Roja”. Posteriormente y ya líder del Partido Nazi intima con el
arquitecto Albert Speer que forma parte de su círculo más próximo cuando en
1933 llega a ser nombrado Canciller del Reich Alemán. El Fhürer hizo de
Speer el “arquitecto de Alemania”; sus proyectos no presentaban calidad
arquitectónica pero encandilan a Hitler por su grandilocuencia. Ambos
defendían la Ley de las Ruinas, según la cual todo cuanto se levantara en
Alemania debía dejar vestigios para las generaciones futuras.

Como ministro de armamento y construcciones desde 1942 Albert Speer idea
fábricas secretas subterráneas utilizando mano de obra esclava, donde
trabajaron millones de prisioneros, en especial soviéticos y franceses.
Juzgado en Núremberg declara estar arrepentido por usar a los prisioneros
como mano de obra, y confiesa: “El régimen era criminal y acepto que soy
culpable junto con los demás”; así elude la horca e ingresa en prisión.
Cumplida su condena se instala en el Reino Unido donde escribe varios
libros de memorias. Acaba de publicarse el ensayo “Speer, el arquitecto de
Hitler”, de Martin Kitchen, quien nos muestra a un tipo carente de talento
como profesional, narcisista, ambicioso y servil, que supo captar lo que
Hitler quería en obras tales como: la Tribuna de Núremberg (1934), el
Estadio Olímpico de Berlin (1937), y la Remodelación de la Cancillería
(1939). Esta arquitectura, ecléctica, historicista, y megalómana, fue el
modelo que la España de posguerra adopta; su mejor ejemplo es el Ministerio
del Aire, de Gutiérrez Soto quien presentó una propuesta más clasicista al
modo de los Nuevos Ministerios de Secundino Suazo; fue Bonatz quien impuso
el referente escurialense que entendía como más vernáculo. Pero ya en la
década de los cincuenta los arquitectos de la nueva administración
recuperan la modernidad truncada.

Una programación hecha con desgana

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Parecidos razonables

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Lo que somos. David de la Cruz en La Voz del Sur

Fernando Santiago Muñoz | 18 de marzo de 2017

Creo que nadie lo entendió cuando llegué al convite con la camisa arrugada y las botas de fútbol dentro de la mochila negra.

-¿Te vas? Pero si acabas de llegar.

-Es que estamos en semifinales. Justifiqué sin convicción.

Sólo mi madre guardó el reproche, más por verlo como un caso perdido -un defecto incorregible- que por comprensión. Menos mal que mi sobrino no se acuerda y perdonó la falta en su bautizo.

Hasta se rieron los compañeros de Universidad cuando en mitad de su borrachera en el viaje de fin de carrera me pegué tres horas descalzos, con unos desconocidos, detrás de la pelota.

-Cojones, que estamos en Punta Cana, soltaron con la lengua trabada por los mojitos.

-Quillo que eran italianos, a mí no se me olvida lo del 94, había que darle un baño.

O aquella mirada de quien observa a un loco, a eso de las seis de la madrugada, después de un día entero de cervezas.

-Cómo, ¿vas a jugar ahora a las diez?

-Ya he dicho que sí, además así sudo la resaca.

También la mañana de lluvia y tormenta, tras varios días de fiebre.

-Hoy no jugarás, supongo.

-No sé, por qué no, contesté con boca chica.

Las pasiones, los delirios y los venenos no se eligen, se clavan, y no hay razón que pueda combatirlos. Por eso nadie escuchó a mi hermano cuando tras una liguilla de desengaño pregonó que no volvía a hacerse socio del Cádiz. “Ya cicatrizará”, pensé para adentro por no llevarle la contraria. A las dos semana se escapó al estadio a escondidas, como un amante, para hacerse socio y renovar el compromiso vitalicio.

“Me enamoré del fútbol (…) de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo”, escribió Nick Hornby en Fiebre en las gradas, el libro con el que más identificado me he sentido jamás.

Y no es porque se trate del fútbol, sustituye por la escritura, literatura, la guitarra, el surf o emborracharse cada sábado hasta poder olvidar lo inolvidable. Luego, amóldalo al personaje hasta encontrar el sinsentido por el que pierde la cordura.

No acabará la crisis y las guerras cuando celebro y siento, pero volveré a gritar si sale el chillido de adentro. Por supuesto que soy consciente de que se trata de una estupidez, a los años, el derrochar las horas en algo tan básico y que no ofrece ningún beneficio más allá de la satisfacción personal, pero el sábado de nuevo ataré los cordones.

Quizás sienta vergüenza. Quizás trato por fin de justificarme. Como la vez que escapé de clase con la excusa de que tenía cita médica y descubrieron las botas en la mochila. Vale, no era por salud, teníais razón, sino por algo inexplicable.

Hoy en Chiclana

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017

Referéndum capilla. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017

Hasta 1989 en el cantón suizo de Appenzell funcionaba la democracia directa. Una vez al año se reunían en la plaza del pueblo los varones mayores de edad, provistos de una espada, y votaban todo lo concerniente a la política local. Estuvieron 500 años haciéndolo hasta que ellos mismos acabaron con la tradición y decidieron dar participación a las mujeres. Atacados por la fiebre de la democracia directa que recorre el mundo (Reino Unido, Italia, Colombia) los capillitas deciden ahora todo mediante votación entre sus hermanos. Creo que se llama cabildo. A qué hora salen, cuál es el itinerario, si llevan banda de música, de qué color son las flores, cómo se van a gastar su dinero. Asuntos de especial trascendencia. Contenemos el aliento ante tamaño esfuerzo democrático en las hermandades. La Iglesia lleva 2.000 años y se adapta con lentitud al paso del tiempo. Mientras el mundo contiene el aliento por las elecciones americanas, holandesas o francesas, en Cádiz no dormimos solo de pensar a qué hora saldrá el Perdón, por si a los capillas gaditanos les dará tiempo de ir a Sevilla a ver La Madrugá, que es lo que en realidad les gusta. Se parten la camisa por Cádiz 364 días al año y uno se lo toman de asueto en Sevilla, Madre y Maestra. Si hasta el Altísimo descansó al séptimo día , los capillitas gaditanos pueden descansar uno al año. Así toman nota del señorío sevillano y lo trasladan a la ciudad.

Estaba pensando en estos asuntos trascendentales cuando leí que la Policía Local había incautado una bolsa con 100 crucifijos a algún vendedor ambulante durante el carnaval. ¿!00 crucifijos? ¿Se venden símbolos religiosos en carnaval? Comprendo que se requisen todos los productos, perecederos o no, que se incautó la policía, incluso un artefacto denominado “cubo de pedos” que no se sabe qué función tiene, si es como las bombitas fétidas de nuestra infancia, un lugar para aligerar la presión gaseosa o un homenaje al pasodoble del Yuyu. Esta ciudad es muy misteriosa con sus cosas. Yo me había quedado en los martillitos y la Tere con su Tartana. En carnaval se venden crucifijos y los que defienden las tradiciones se van de Cádiz. No me extraña que al Ecce Homo le costara tanto dar entrada a mujeres entre sus filas, aunque fue por la mínima y en el tiempo de descuento. Eso pasa por acabar con tradiciones centenarias así, sin ton ni son. Se empieza dando entrada a las mujeres y se termina cargando a costal. No somos nadie. El Kichi tiene la culpa.

Fernando Santiago

De votos. Arcadi Espada en El Mundo

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017

La renovación de la vida pública pasa por la necesidad de que los nuevos actores examinen las viejas rutinas. Así el partido Podemos y la retransmisión de la misa dominical por la cadena pública. Es razonable que hayan pedido su supresión. Aún recuerdo con melancólica nitidez cuando a las 12 en punto, y en Radio Nacional de España, el gran Luis del Olmo interrumpía sus programa y proclamaba solemne: “Es la hora del Ángelus”. El espacio público no es la suma de las opiniones privadas sino de aquello que tienen en común las opiniones privadas. Ni la religión ni cualquier otra forma de adoctrinamiento deben tener cabida. Mucho más, técnicamente considerado, cuando la Iglesia católica tiene infinidad de recursos y posibilidades para airear la llamada palabra de Dios.

La propuesta del partido Podemos tiene, además, una loable capacidad preventiva. La inmigración, genéricamente considerada, solo ha traído beneficios salvo en un asunto concreto, que es precisamente el religioso. La mayoría de inmigrantes llevan consigo extravagantes creencias, no necesariamente católicas y mucho peor que las católicas, sobre la proclamación del mundo, que incluso en el Occidente aún tenuemente religioso pertenecen al dominio de las fábulas entrañables. Si hay misa católica en la televisión pública no se ve por qué deberían vetarse allí las ceremonias de cualquier otra religión. Y espero que en este punto a nadie se le ocurra aludir la audiencia y caer en la blasfemia de pasar a dios por el share.

En términos estrictamente estéticos la religión es la más exitosa de las ficciones basadas en hechos reales, siendo, en este caso, el hecho real la muerte. Hay millones de personas interesadas en sus prácticas concretas y por lo tanto es natural que estas personas reciban su satisfacción. Pero siempre y cuando el estatuto ficcional quede preservado. En términos éticos, no puede haber dudas de que la televisión pública debe informar sobre los actos y las ceremonias religiosas y sobre sus protagonistas y sus disputas. Así lo hace con la política. Pero todo eso es muy distinto de la retransmisión semanal de un mitin. Conozco algún socialdemócrata que en su ontológica doblez estaría dispuesto a transigir con la misa, siempre que pudiera escribir las homilías del capellán, al modo como el Gobierno escribe el discurso del Rey. No es mi caso. Yo quiero una Iglesia libre, pero en su sitio. Por las mismas razones que las diabólicas tetas de Rita Maestre no deben violentar la eucaristía, tampoco no debe la eucaristía desbordar el espacio reservado a la doctrina, que en la tele pública se organiza en temporada de voto y etiquetado con la palabra propaganda.

Erre que erre

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017

Juan Carlos I

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017

Audiencias

Fernando Santiago Muñoz | 17 de marzo de 2017