Contratar consigo mismo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de abril de 2017

Las cofradías se ven de pie. Rafael Avilés en El Correo

Fernando Santiago Muñoz | 18 de abril de 2017

  • Las cofradías se ven de pie
    Varios nazarenos de la Esperanza de Triana, con la cofradía rota en la entrada de Reyes Católicos. / José Manuel Vidal (Efe

    Yo creo que todo comenzó con las dichosas sillitas. No, no le echemos la culpa simplemente a eso, por supuesto. Estoy de acuerdo en que hay una profunda crisis de valores en la sociedad: se ha impuesto lo zafio sobre las buenas maneras, en todos los órdenes de la vida, y la Semana Santa en la Sevilla actual no es más que su reflejo. Pero el asunto de las sillitas es, al menos para mí, paradigmático.

    Tengo 44 años. Cuando de niño salía con mi padre a ver cofradías, nadie, absolutamente nadie se sentaba a ver pasar una procesión, a no ser que estuviera en una silla de la carrera oficial, como es lógico (donde casi todos aún se levantan al menos cuando pasan los pasos). Sentarse en el suelo, por ejemplo, no sólo era una falta de respeto cuando pasaba un cortejo, sino que estaba mal visto. Era de guarros, digámoslo con la palabra exacta que se empleaba entonces.

    Años después, cuando estaba en la Universidad, sentarse en el suelo estaba ya relacionado con la rebeldía de los jóvenes con determinado juicio crítico, tal vez más izquierdosos. Sin embargo, aun entonces, nadie, absolutamente nadie se veía sentado viendo cofradías.

    Pero llegó la década de 2000 y con ella, casi de pronto, hordas de personas que de repente sufrían dolencias en las piernas y la espalda, lo que al parecer les impedía estar de pie esperando a que pasaran los cortejos. Se ha achacado al aumento del número de nazarenos las largas esperas para verlos pasar desde la cruz de guía hasta el palio. Miren, en los años 90, por ejemplo, había un buen número de cofradías que tardaban ya casi dos horas en pasar, y no se veía en la plaza del Duque un campamento de sillitas, como ahora, que cualquiera que llega se ve raro estando de pie.

    Como a mí, seguro que a usted le gusta mirar fotografías antiguas de cofradías en la calle. Buscar los detalles. Busque, por ejemplo, a gente sentada. No, no la encontrará. Tampoco verá gente mal vestida, ni siquiera en los años del hambre, en los que muy pocos tenían ropa digna con la que vestirse. Lo mejor del triste armario de las casas de entonces se lo ponía uno esos días. Por respeto.

    En esos años (décadas de los 20 a los 60) había poquísimos nazarenos en los cortejos. Sin embargo, las cofradías tardaban muchísimo en pasar. Los palios especialmente se recreaban en determinados puntos del recorrido, en unos años en los que había muy poco control en el palquillo de la Campana. Y sin embargo, es tan difícil ver a gente sentada en esas fotografías en sepia…

    Recuerdo mi primera Madrugá acompañando a mi padre a ver las cofradías más grandes de Sevilla. Acabábamos de hacer nuestra estación de penitencia en las Cigarreras, así que imagínense qué cuerpo tendría ese niño de 11 años. Esperando a que el Silencio embocara la calle Placentines, me dio por sentarme en las gradas de la antigua mezquita. Todavía me duele la colleja que me dio mi padre. Fue la primera y la última vez que me senté viendo pasar una cofradía.

    Ahora no se dan collejas. Por supuesto, es mejor hablar y explicar a los niños. Son otros tiempos. Pero algo debe de estar fallando en el proceso de ese mensaje, porque no sólo se ven niños de 11 años sentados por todas partes, sino que sus padres también lo están. Padres de mi edad, a los que probablemente también les enseñaron en los 80 y los 90 que sentarse viendo pasar nazarenos era una falta de respeto para quienes allí estaban haciendo estación de penitencia.

    Este viernes entrevistaba a uno de los heridos en las avalanchas de la Madrugá. Me contaba que en la carrera por Reyes Católicos mucha gente cayó al suelo porque tropezaron… adivinen con qué. Si no se topaban con gente sentada, lo hacían con las sillas que habían dejado tiradas los sedentes que habían salido corriendo. Mire la magnífica fotografía de José Manuel Vidal hecha en esa misma zona, la que ilustra este artículo. ¿Ve lo que hay en el suelo? Mire la fotografía siguiente, la de los objetos requisados a los golfos que iniciaron las turmabultas. ¿Reconoce esas piezas?

    Seguro que ha sido usted testigo de alguna discusión en la calle por no poder pasar por un lugar en el que hay gente sentada en esas adefésicas sillitas. Muchas veces se termina a las malas, es cada vez más fácil que la discusión se caldee, tanto por parte de quien está sentado, como por la de quien quiere pasar. No recuerdo esas discusiones en mi niñez y juventud.

    Prohibir es algo políticamente muy incorrecto, pero a veces resulta efectivo. Yo lo pido a las autoridades desde esta humilde tribuna: prohíban esas dichosas sillitas. Prohíban sentarse en el suelo mientras pasa un cortejo. Es de muy mal gusto, ensucia la ropa (que debería ser la mejor que usted tiene en el armario, igual que hacían nuestros abuelos) y además puede ser peligroso.

    Por supuesto, las causas de estos disturbios son mucho más complejas y difíciles de solucionar. Hay que reeducar a los padres de estos niños (niñatos son una minoría; la gran mayoría de jóvenes de nuestra ciudad son gente educada y amante de la Semana Santa). Hay que seguir confiando en las autoridades, que nos protegen mejor que nadie de posibles agresiones reales. Debemos mantener la calma y la compostura, igual que hacen la inmensa mayoría de nazarenos que se recomponen y continúan su estación tras haber pasado el enorme susto. Ni siquiera hace falta aplaudir, aunque está bien para quitarse el miedo.

    Siga usted de pie, conserve su dignidad. Si le duelen las piernas, quédese en casa viendo nuestro maravilloso canal de televisión. Pero mire, en la calle, las cofradías se ven de pie.

Hace 50 años

Fernando Santiago Muñoz | 18 de abril de 2017

La Máxima Autoridad

Fernando Santiago Muñoz | 18 de abril de 2017

Actuación de la Policía Local

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Lo público y lo privado. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Dice Ben Bradlee en “La vida de un periodista” : “senador borracho en su casa, asunto privado. Senador borracho en el senado de los EEUU, asunto público”. El Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Cádiz hizo público un comunicado oficial el pasado día 12 donde informaba que el alcalde iba a salir en la penitencia del Nazareno. Hacía sugerencias sobre dónde y cómo podían los camarógrafos y los fotógrafos hacer mejor su trabajo y captar el momento idóneo del alcalde con su madre en la procesión. El año pasado se dio la información en una conferencia de prensa del propio alcalde en las Casas Consistoriales. Aunque dijo “irá el hijo, no el alcalde” él mismo convirtió su participación en la penitencia del Nazareno en una actividad oficial. No hacía falta siquiera que este año se pusiese el traje oscuro y la corbata porque ya el Ayuntamiento, de manera oficial, había contado los pormenores de esa participación. Da igual si antes de ser alcalde acompañaba a su madre o lo hace ahora para presumir de buen hijo y de ferviente devoto de la imagen más venerada en la ciudad. Él, que presume de ateo y dice ser celoso de su vida privada, nos muestra oficialmente sus puntos de vista acerca de la Semana Santa y su propia vida. Él, que cuando se menciona a su hijo en un artículo se altera porque no puede mezclarse lo público y lo privado y reclama, con razón, que tengamos a su familia al margen de la vida pública. Él, ya digo, nos cuenta que sale con su madre y por tanto la exhibe y se muestra sin pudor. No parece tener aquí el menor celo por su vida privada ya que gusta de aparecer como el alcalde de las Tres Cés : sentado con su hijo y su pareja en un fondo del Estadio, se multiplica en el carnaval y nos cuenta que también es capillita pero ateo , lo cual es una extravagancia digna de un caricato de Dos Hermanas. Es cierto, si se me permite traer la frase , que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. El asunto es que cuando se abre la vida privada al escrutinio público, cuando una actividad familiar, según nos dijo, forma parte de la agenda oficial, cuando se invita a reproducir la imagen del alcalde en una procesión, en ese momento lo privado se convierte en público y nos da pie a poder hablar de cualquier otro asunto porque el propio José María González así lo ha querido. En este caso para obtener el beneficio publicitario de su acción como hijo y como devoto. Qué tiempos en los que José María González, en mangas de camisa, retiró el crucifico cuando prometió su cargo.

Fernando Santiago

Cuando el Ayuntamiento se la envaina

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Estupidez clasista. Javier Marías en El País

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

CUANDO DABA cursos de Teoría de la Traducción en Inglaterra o España, hace ya muchísimos años, dedicaba un par de clases a lo que George Steiner y otros han llamado “intratraducción”, es decir, la traducción que sin cesar llevamos a cabo dentro de la propia lengua. Ninguno hablamos de una sola manera, ni poseemos un léxico tan limitado (pese a que hoy se tienda a reducir al máximo el de todo el mundo) que no podamos recurrir a diferentes vocablos y registros según nuestros interlocutores y las circunstancias. A menudo nos adaptamos al habla de los otros, en la medida de nuestras posibilidades. Desde luego, para ser mejor entendidos, pero también para protegernos y conseguir nuestros propósitos; para caer bien y resultar simpáticos, ahuyentar la desconfianza, llamar la atención o no llamarla. A veces lo hacemos para quitarnos a alguien de encima y blindarnos, para excluir y subrayar las diferencias, incluso para humillar y decirle a un individuo: “No eres de los míos”. La lengua sirve para unir y para separar, para acercar y alejar, atraer y repeler, engañar y fingir, para la verdad y la mentira. Lo que es seguro es que nadie la usa siempre de la misma y única forma, que nadie es monocorde en su empleo, ni siquiera las personas menos cultivadas y más brutas que imaginarse pueda. En cada ocasión sabemos lo que conviene, y solemos saberlo instantánea e intuitivamente, ni siquiera hemos de premeditar cómo vamos a dirigirnos a alguien. Cuando somos adolescentes o jóvenes, no barajamos el mismo vocabulario con nuestros padres o abuelos que con nuestros compañeros. El que elegimos en cada caso es seguramente falso: reprimimos con los mayores las expresiones “malsonantes”, y en cambio con los de nuestra edad las exageramos machaconamente, por temor a ser rechazados si nos apartamos del lenguaje tribal “acordado”. No hablamos igual con un desconocido en el ascensor que con un amigo de toda la vida, y antes –quizá ya no ahora– nuestra gama de términos variaba si la conversación era con mujeres o con varones. A un niño no le decimos lo que a un adulto, ni a un anciano lo que a un coetáneo, ni a un taxista lo que al juez o al médico. Dentro de nuestro idioma pasamos sin transición de un habla a otra, traducimos continuamente, nuestra flexibilidad es asombrosa.

Tras unos años desde su nacimiento, sabemos que si algo distingue a Unidos Podemos es que sus dirigentes simpatizan con buena parte de las vilezas del mundo

Tras unos años desde su nacimiento, sabemos que si algo distingue a Unidos Podemos es que sus dirigentes simpatizan con buena parte de las vilezas del mundo (el chavismo, el putinismo, el entorno proetarra, los tuits venenosos), y se apuntan a casi todas las imbecilidades vetustas. Una de las más recientes ha sido proponer en el Congreso un léxico “de la calle” (“Me la suda, me la trae floja, me la bufa, me la refanfinfla”, ya saben), o, como también han aducido, “un lenguaje que entienda la gente”. Con esas argumentaciones han demostrado su señoritismo y su enorme desprecio por lo que ellos llaman así, “la gente”, que viene a ser una variante del antiguo “pueblo”. ¿Acaso piensan que la gente carece de la capacidad antes descrita, de cambiar de registro según el lugar, la oportunidad y los interlocutores? Tampoco “el pueblo llano” habla de una sola manera, ni es tan lerdo como para no entender expresiones como “me trae sin cuidado” o “me resulta indiferente”, que son las que probablemente habría pronunciado la gran mayoría, de haberse encontrado en el Congreso. Las personas desfavorecidas o sin estudios son tan educadas o más que las pudientes e instruidas (como se comprueba cada vez que salen a la luz grabaciones o emails de estas últimas), no digamos que los aristócratas españoles, malhablados tradicionalmente muchos de ellos, en absoluta correspondencia con su frecuente burricie congénita.

Esos miembros de “la gente” no dicen en toda ocasión “me la suda”, como si fueran prisioneros de un único registro. Es más fácil que recurran a “me da lo mismo”, sobre todo si están entre personas con las que no tienen confianza. Quienes hablan así todo el rato (con deliberación, esforzadamente) no son los trabajadores ni “las clases populares”, sino los imitadores que se quieren hacer pasar por ellos y así creen adularlos. La insistencia en ese léxico resulta siempre artificial, impostada, una farsa. Lo propio de todo hablante es oscilar, pasar de un estilo a otro, adecuarse a cada situación y a cada interlocutor. A veces por deferencia hacia éste, a veces por conveniencia. Todos somos capaces de instalarnos en lo grueso, nada más fácil, está al alcance de cualquiera, lo mismo que mostrarse cortés y respetuoso. Ninguna de las dos opciones tiene mérito alguno. Ahora bien, elegir la primera con pretextos “ideológicos”, con ánimo de “provocar”, en una época en que en todas las televisiones se oyen zafiedades sin pausa –se han convertido en la norma–, es, en el mejor de los casos, de una puerilidad sonrojante. En el peor, de una estupidez supina, y además clasista.

Las cinco esquinas del paro. En El Español

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Ha vuelto

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Barcia mejora su imagen

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Nota oficial

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Champions

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Contrastes

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

El señorío de la Semana Santa de Sevilla, Madre y Maestra

Fernando Santiago Muñoz | 17 de abril de 2017

Salvajismo

Fernando Santiago Muñoz | 16 de abril de 2017

Sevilla tuvo que ser

Fernando Santiago Muñoz | 16 de abril de 2017

Los contrabandistas de La Caleta. Por Fernando Santiago

Fernando Santiago Muñoz | 16 de abril de 2017

En “La posada de Jamaica”, novela de Daphne de Maurier con película de Alfred Hitchcock, un grupo de contrabandistas atraen a la costa de Cornualles a los navíos para hacerlos encallar y luego desvalijarlos. No digo yo que en La Caleta se haga de manera premeditada pero no es la primera vez que se saquea un barco que encallase en sus rocas. Recuerdo que hace años encalló en la Punta de la Nao un velero. Puestos a salvo sus tripulantes no tardó ni un día en desaparecer los objetos de valor de su interior. Como tardaban en reflotar el barco llegaron a quitarle el mástil: le aflojaron los pernos, empujaron un poco por el costado, cayó el mástil que arrastraron a la orilla donde lo enterraron un tiempo hasta que lo vendieron cuando ya nadie recordaba el suceso. En La Caleta siempre ha habido gente que se ha buscado la vida con este tipo de cosas, desde el contrabando a pequeña escala al tráfico de restos arqueológicos. Hace décadas La Viña estaba llena de ánforas que servían de macetas y existía un mercado de cañones, floretes y todo tipo de objetos desde los fenicios a la Batalla de Trafalgar, unos sacados en los alrededores de la playa y otros obtenidos por los buzos que tenían su sede en el Club. Incluso en el Castillo de San Sebastián había un buzo conchabado con un capitán para sacar y vender piezas hasta el punto de que el día que el Ayuntamiento se hizo cargo de la instalación todavía quedaban objetos en una bóveda como pudimos observar los que allí estábamos.

Cádiz siempre ha tenido contrabandistas, pimpis y gente que pasaba por alto(de la muralla) todo tipo de mercancías ocultas a los soldados del Rey o a la policía empezando en la época de Balbo hasta llegar a la de Felipe VI. Desde tabaco a cualquier otra mercancía conseguida en los barcos que recalaban en el puerto. Así que no es de extrañar que el pequeño yate del inglés supuesto dormilón haya sido saqueado en tan poco tiempo. Lo que es raro es que la policía y los incautos se tragasen la historia de un tipo durmiendo desde Marbella arrastrado por la marea hasta una playita gaditana. Como siempre el punto de opereta lo ponen las peleas de los políticos por ver quién retira los restos del yate, si la Ley de Costas dice, si el PP, si Podemos, si el Gobierno si el Ayuntamiento, todos al saco y el saco al suelo. La política siempre es más ridícula de lo que uno puede prever. Más incluso que un barco arrastrado por la corriente. Yo me ocupo de las olas, tú vigila la marea. ¿Y si era una avanzadilla de la Royal Navy?

Fernando Santiago

Sr. Obispo: Don Javier no fue absuelto.

Fernando Santiago Muñoz | 16 de abril de 2017

Rafael Zornoza, en una entrtevisa a Radio Cádiz, aclara que la Iglesia cuenta con árbitros elegidos democráticamente por las cofradías, que toman decisiones que “a veces gustan más y a veces menos”

El Obisdo de Cádiz, Rafael Zornoza

El Obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, ha reconocido haber vivido “con tristeza” el “espectáculo penoso” derivado del desencuentro entre el Consejo de Hermandades de Cádiz y la cofradía del Perdón de Cádiz, que no ha aceptado el horario de salida dictado.El Obispo, en el curso de una entrevista concedida a Radio Cádiz, ha explicado que en este caso “no estamos ante de un dogma de fe”, sino ante “una decisión práctica” relacionada con la organización de las salidas. Zornoza recordó que “para las cosas que se arbitran hay árbitros” elegidos “democráticamente” por las propias hermandades, y que toman decisiones “que unas veces gustan más y otras gustan menos”.

El Obispo reivindicó “el sentido común de las personas y su capacidad de diálogo” y concluyó que “cuando se llega al insulto y la ofensa, la cosa se ha ido de madre”. Con todo, en la entrevista “exculpó” a “los responsables de las hermandades” de las pintadas en la fachada del Consejo: “es inevitable que un devoto que está indignado por la razón que sea, haga un insulto”, pero eso “no se puede achacar a toda una hermandad”. El responsable de la Iglesia advirtió que “no se entiende que, por amor al Señor, nos tiremos los trastos a la cabeza entre cristianos”.

En la SER, el Obispo calificó de “gran cordialidad” las relaciones con “las personas del Ayuntamiento, incluido el alcalde”. Tras reconocer que el contacto “no muy intenso”, si afirmó que las veces en las que se ha encontrado con el alcalde, “hemos sido, los dos, muy cordiales”. En relación al Ayuntamiento el represetante de la Iglesia pidió que “respete la fe del pueblo”

Por otra parte, Zornoza, reconoció haber vivido “fastidiado y con enorme preocupación” el proceso judicial contra el ex director del colegio de los Salesianos de Cádiz, para el que el Tribunal Supremo ha ratificado recientemente la absolución de los cargos de abusos a menores. “A nadie le gusta encontrarse cada día en los medios con un culebrón” que ha afectado, además de a un clérigo, a una institución como Los Salesianos, “muy querida en Cádiz”. Dicho esto el Obispo aclaró que “por supuesto que, por encima de todo, todos defendemos la integridad de los niños y de los jóvenes, pero también hay que tener un poco de cuidado y respetar la presunción de inocencia”. El responsable explicó que la sentencia “le ha tranquilizado mucho”.

Preguntado por la próxima declaración como investigado de su antecesor en el cargo, el obispo emérito Antonio Ceballo, señalado por la jueza que analiza el caso de los ERE por la gestión de una ayuda finalista de la Junta, Zornoza ha aseguró en Radio Cádiz “nadie se esperaba semejante cosa”. En relación con el supuesto desvío del dinero consignado para atender bajas laborales a gastos generales de la Iglesia, el obispo aseguró que “todo se hizo conforme a la legalidad vigente” según le ha explicado “el equipo que hizo esas gestiones”.

Cargueti

Fernando Santiago Muñoz | 16 de abril de 2017