Archivos para el tag ‘Cádiz’

Mercedes Fórmica

Fernando Santiago Muñoz | 6 de octubre de 2015 a las 10:47

FórmicaFórmica 2Es evidente que la escritora y abogada gaditana Mercedes Fórmica fue militante de Falange. Eso no impide valorar su lucha durante el franquismo por la igualdad de mujeres y hombres, haber sido una de las primeras mujeres abogadas en España y su lucha incansable de la que dio ejemplo con su vida. Es increíble que ahora se retire su busto de la vía pública en un ejercicio de sectarismo sin precedentes. No sé si ahora a cada escritor o artista al que se le haya dedicado un homenaje se le pasará por la prueba de su pasado: ¿Chano Lobato cantó para algún jerarca del régimen franquista?¿tuvieron carnet del sindicato vertical los gitanillos de Cádiz o La Perla?¿cometió alguna atrocidad Blas de Lezo?

Me parece bien que se elija a la gerente de la Fundación de la Mujer en un concurso entre empleados municipales en lugar de fichar a alguien de fuera.

 

La fortaleza de piedra en la bocana de la Bahía. Por Julio Malo

Fernando Santiago Muñoz | 3 de junio de 2014 a las 7:11

El recinto amurallado que se alza sobre la mar configura Cádiz como una fortaleza marina en la bocana de la Bahía para custodiar este puerto natural entre el Mediterráneo y el Océano. Un Mapamundi Simbólico que se conserva en la British Library, atribuido a San Isidoro de Sevilla (siglo VII) consiste en un círculo dividido en tres partes sobre las cuales se grafía el nombre de cada uno de los continentes del Viejo Mundo (Europa, África y Asia) y en su inferior Gades, vértice del mundo.

A su vez se percibe como un Palacio Marino cuyos corredores son calles tensadas que dan a la mar. Esta voluntad de acordelar la trama se encuentra ya en la villa cristiana cuando se levanta en 1262 para recuperar el promontorio como cabeza de puente para nuevas aventuras comerciales y coloniales. El modelo reticular contrasta con el urbanismo medieval, y adelanta ideas renacentistas.

Así se produce la reconstrucción de una ciudad que siempre fue lugar de encuentro en el mapa de los mares. No podía ser de otra manera en ese Cádiz que renace como eje entre el mundo mediterráneo y la inmensidad atlántica: los finisterres noreuropeos, el continente africano y las Indias Occidentales, esa América aún no abierta a la colonización pero ya visitada por pilotos que guardan celosamente sus cartas secretas. ¿Cómo no va a ser diferente la construcción de esa ciudad referencia de todas las rutas?

La vista aérea de Cádiz de Wyngaerde (siglo XVI) permite contemplar una bella ciudad amurallada mediante altos lienzos con abundantes y esbeltos torreones. En 1596 la ciudad fue destruida por una escuadra anglo holandesa. Felipe II piensa trasladar la plaza fuerte, pero no pudo contradecir la lógica de miles de años durante los cuales la configuración del mundo exigía que existiera Cádiz. Comienza entonces la ingente labor que conduce a la construcción de uno de los recintos amurallados más interesantes del mundo y que sirve de banco de pruebas para otros tantos como: La Habana, Panamá, Cartagena de Indias, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Cuba, Montevideo, Manila y varios más.

Durante el siglo XIX, al hilo, tanto de la prosperidad por repatriación de capitales indianos, como de nuevas ideas progresistas, la ciudad se remodela y florece, ornada de jardines y espaciosas plazas, asomada a la mar sobre una muralla que antaño la encerraba y es ahora su mejor espacio público. Se recomienda al visitante llegar por mar o en ferrocarril hasta la Estación Término, en el corazón del centro. Acceder al Centro Histórico a través la ciudad reciente es como entrar en un palacio por la puerta de servicio. Tampoco se recomiendan los itinerarios, se trata de un espacio para reconocer mediante caprichosos paseos pues por todas partes hallará lugares atractivos. Hay tantos caminos como caminantes y cada cual puede elegir su propia ruta.

El origen de “En Cádiz hay que mamar”. Por Antonio Burgos

Fernando Santiago Muñoz | 12 de mayo de 2014 a las 7:51

“Quien no vio Sevilla no vio maravilla”, que era el lema clásico, o “en Sevilla hay que morir”, que lanzó una sevillana muy popular cuando el “boom” de este género en los años 80… “Todo es posible en Granada” hasta fue el título de una película de aquellos nuestros años 50 de cines de verano con cartuchitos de pipas y pregones de gaseosas, época en que frente al technicolor de Hollywood aquí teníamos el autárquico ferraniacolor de Cifesa, al que llamábamos “tomatecolor”. Córdoba seguía lejana y sola desde el verso de Lorca. Huelva estaba a la orilla de las tres carabelas desde el poema de Manuel Machado. Cádiz, que era la “señorita del mar” de Pemán, la “salada claridad” de la geografía lírica andaluza de Manuel Machado, andaba, sin embargo, falta de un lema popular, al modo del “I love Nueve York” que en los años 80 llenó todos los coches con las pegatinas que nos traían los que vivían su primer sueño americano con aquellas ofertas del Club de Vacaciones que por 20.000 pesetas te ponían hasta quince días en un hotelucho de la calle 47, después de trasladarte en un “expantoso” avión de Spantax que hacía una interminable escala en el aeropuerto de Gander, razón por la cual una generación entera pisó tierra de Groenlandia sin habérsele perdido allí nada, que íbamos camino del Nueva York de Woody Allen, de Andy Warhol y de Tom Wolfe, a ver si en las rebajas de agosto en Macys encontrábamos un traje blanco como el suyo de mil dólares de entonces.

A Cádiz no le llamaban Cádiz, que le llamaban Tacita de Plata, y Cuna de la Libertad, pero faltaba esa frase popular y redonda de circulación universal. Así fue como vino “en Cádiz hay que mamar”. Frase que no consideré nunca en absoluto ordinaria y mucho menos erótica, sino por el contrario entroncada en la cultura romana del Gades de la Bética. Que el gaditano dice que “en Cádiz hay que mamar” con los pies asentados en la misma cultura con que el romano contempla a Rómulo y Remo en las ubres de la Loba Capitolina. El gaditano, con esa frase, proclama a su ciudad Loba Capitolina de la cultura andaluza, modelo de sabiduría, crisol de civilizaciones. Frase cuyo origen no he visto que nadie haya investigado, pero que comencé a oír, con circunloquios y edulcoramientos, en los años en que, tras “Los Dedócratas” el Carnaval no sólo resucitaba, sino tomaba mayor fuerza que nunca. Epoca de Los Cruzados Mágicos, de Los Pequeños Cantores del Viena, de La Plastilina, de Agua Clara, del Callejón de los Negros, de Los Celtas Cortos, de Los Cegatos con Botas, años del pregón de Cantinflas, de las primeras retransmisiones de Carnaval a través de Telesur, a las mismas tantas y a deshoras, cuando acababa la programación de Televisión Española.

“Aquí hay que mamar” es frase popular andaluza, que los gaditanos siempre dijeron, y especialmente sus artistas flamencos. Para mí que saltó del flamenco al Carnaval, en esos dos hemisferios absolutamente independientes en que está dividido el mundo del gadirense arte popular. El “aquí” fue sustituido por “en Cádiz”. Pero tardíamente. La primera vez que vi que una agrupación carnavalesca llevara el tema que ya en “Una chirigota con clase” era una proclamación de gaditanismo fue en “Los Guanches”, una de las primeras comparsas de Joaquín Quiñones. “Los Guanches” iban de lo que su mismo nombre indicaba, que eran años en que aún no se estilaba esos títulos rebuscados que no describen el tipo. De haber salido hoy, “Los Guanches” se hubieran llamado “Una hora menos”, porque iban de sabandeños, con sus mismas capas. Y en su estribillo fue donde primero advertí una apología y proclamación de la, digamos, lactancia cultural gaditana. Decía aquel estribillo, comparando el Carnaval de las islas Canarias con el gaditano:

 El Carnaval de las islas

tiene luz, color y samba,

pero al ver este de aquí

con su gracia extraordinaria

no puedo más que decir:

Máma aquí…

papá en Canarias…

Me quedé con aquella copla, y en la cabeza la tenía cuando Jesús Quintero, nombrado pregonero del Carnaval por Manolo González Piñero, vino a que le echara un cable en la redacción del texto. Quintero tenía pensado que iba de Loco de la Colina, con Josele y El Beni de loqueros, y que iba a llegar en una ambulancia, con una camisa de fuerza, a la plaza de San Antonio, donde hipotéticamente le daban permiso como las monjitas de Capuchinos se lo daban a Macandé. Pero tenía un texto tan alejado de Cádiz como de San Juan (de San Juan del Puerto, no de San Juan de Puerto Rico, que está ahí al lado). Le escribí entonces aquel exordio a los chicucos, a los “armarseneros” y a los gallegos del freidor. Y acordándome del estribillo de la comparsa de Quiñones, le eché el cable de las tres razones por las que tenía Quintero que decir que había aceptado ser pregonero: primero, porque en Cádiz hay que mamar; segundo, porque en Cádiz hay que mamar, y tercero (y ya estaba seguro que lo coreaba la plaza entera), porque en Cádiz hay que mamar… Quintero no hacía más que devolver a Cádiz lo que de Cádiz era, codificado anteriormente por Quiñones y conmigo de intermediario. En cuanto a que lo vendió como suyo y dijo que se le había ocurrido a él, es la mejor demostración de que, en efecto, en Cádiz hay que mamar…

Fuente

Teófila justifica el uso partidista de las instituciones

Fernando Santiago Muñoz | 9 de mayo de 2014 a las 16:44

Más sobre Americádiz en los fardos de Pericón (que alguien corrija el plagio o cite la fuente)

Fernando Santiago Muñoz | 16 de marzo de 2013 a las 15:03

Americádiz


Fotografía: Jaime Gorospe

La vida no le dio a Camarón la oportunidad de estudiar a Lorca, sin embargo lo intuyó y, a su forma, lo comprendió. Ricardo Pachón le acercó a Federico, en clase de bulería por soleá, con textos que hablaban de cuándo había que cortar las adelfas de un patio o, a ritmo de tango, de lunas que venían a la fragua, pongamos que de su padre Luis Monge, cuando templaba las alcayatas gitanas. José interpretaba La Tarara, y con la te y las tres mismas vocales –ahora en tiempo de bulerías de Cádiz– le cantaba también a La Tarraya (voz cubana, puertorriqueña y nicaragüense), o sea, al decorado marino que le había oído a La Perla y a su madre Rosa, con el arte de pesca (y el arte flamenco) que atrapaba en su red “un bichito mu feo por la orilla de la playa”; el mismo litoral donde se cantaban las playeras, siguiriyas de Cádiz y los Puertos, barrio y playa… de Santa María, en ambos casos.

Salitre de Fernando Villalón del barquito de vapó, el que echándole carbón navegaba contra marea; de la Viña o del Nuevo Mundo reflejado en el sainete de González del Castillo; o del Viejo Mundo del poeta árabe Omar Khayyam, en bulerías frigias o cadencia andaluza de La leyenda del tiempo.

Ya contamos aquí, que detrás de la fabulosa imaginación de Pericón aguardaba, asimismo, una poderosa intuición: Juan le fantaseó a Ortiz Nuevo, vía los Mellizos, sobre el proxeneta de un pulpo que le suministraba piedras preciosas, sin saber (o quizá sí) que a los simpáticos cefalópodos, todo lo que brille le servirá luego para decorar la entrada de la cueva marina, lo mismo una concha de nácar que un anillo de oro. Lo saben bien los mariscadores. ¿Lo sabía Pericón? Seguro que sí. Como también intuía que la música más rica del mundo es aquella tremendamente mestiza, capaz de contagiarse, porosa y permeable; la que más y mejor haya incorporado los elementos externos, melódicos, rítmicos y armónicos, por eso su disparatada teoría del origen del flamenco, aquél navío que encallara en La Caleta, allá por 1512, esparciendo los fardos con las partituras flamencas (cuyos mejores pentagramas se quedaron, por este orden: en Cádiz, Jerez y Sevilla), tiene, como toda leyenda, un substrato de verdad. Los últimos hallazgos historiográficos (léanse Bohórquez, Gamboa y Barberán en torno a El Planeta y El Fillo) le está dando la razón a Pericón, demostrando su sabia clarividencia.

Cachuchas, fandangos, jaleos y olés se oían en el Teatro del Balón durante el asedio de 1812, y un corpus de cantiñas daban fe de la contienda y sus destrozos; un parte de guerra de romeras, de rosas, caracoles, alegrías y mirabrás con “barrios desgraciaítos”; un parte descriptor de “la batalla del Cerro”, con “voluntarios que sueltan carabinas”, dibujando “baluartes invencibles” y “murallitas que son de piedra y no se notan”:

¡Viva Fernando y Jorge
muera el francés!
que luzca en la diadema
palma y laurel

La petenera fue veracruzana antes que de la rivera de Paterna, en boca flamenca del cantaor Lázaro Quintana (teatro del Balón), como el tango americano, ya imbuido del elemento afro-negroide, se instaló en Cádiz… y lo bailó Curro Dulce: De la Habana vengo, señores, / de bailar un fandango / entre mulatas y chinas / que ya lo están chancleteando; y las autoridades municipales gaditanas discutieron y trataron de legislar sus diferencias, buscando la imposible cuadratura de un círculo rítmico que los buenos musicólogos (escuchen bien a Faustino Núñez) definen el compás con una ‘palabrota’, tan técnica como aclaratoria: ‘anfíbraco’.

De Guatemala a Puerto Rico
como tan chico
a Veracruz
traigo la fama de una habanera
tan hechicera
como eres tú

Cádiz

San Juan de Puerto Rico

Guarachas y danzones, sangá, sangá de Viejas Ricas con el güiro del caribe triunfando en Argentina, a la vera de D. Antonio Chacón; guajiras, vidalitas y milongas de Pepa Oro, que desembarcaron en Puerto Piojo, tras la corrida centroamericana de Bogotá, Lima y La Habana, de su padre Paco de Oro… y grana.

Cádiz

San Juan de Puerto Rico

La Habana y Santiago
y la Guayana,
conservan una huella
que es gaditana.

<

San Juan de Puerto Rico

Huella lexicográfica, arquitectónica y de cantos populares. Y zarzuela que viene y cantable que va; género ínfimo con la marea del muelle gaditano al corazón del porteño de Buenos Aires; al uruguayo de Montevideo. Y llega a Villoldo –sombrerito Orión– la copla lunfarda y canalla en un pentagrama escrito a Tiza –con el sombrero en la mano, como personas de diplomacia–. La arribazón de la polirritmia desembarca en el Río de la Plata y lo hereda Gardel, del arrabal a París, con un Cádiz en medio, puerto y puerta de cantes que recibe y que da, situado en el eje geográfico de todo este proceso que Fernando Quiñones bautizó: “De ida y vuelta”.

Cádiz. Fotografía: Rafael Tamayo

San Juan de Puerto Rico


Cádiz

De la Guaira hasta Cienfuegos,
de Veracruz a Caracas,
de San Juan a Barranquilla,
hay detallitos del Mentiero

San Juan de Puerto Rico

Cádiz

La Bodeguita del Medio, La Habana (Cuba)


Y en el Mentidero pirulís de La Habana, sultanas de coco, guayaberas y tejeringos de La Guapa. Latitud americana y Longitud africana. Ése fue el rumbo. Ésa la rumba. ¡Y punto! (el punto cubano).

“Home date cuenta que en aquella época para uno de Cái era más fácil embarcarse pa la Habana que ir a Madrid…”
(Marcos Zilbermann) 

Taberna El Manteca, Cádiz

La Habana, Castillo del Morro

“Hay que recordar aquí la vinculación constante de Cádiz con La Habana, a través de un tráfico ininterrumpido. Las clases más modestas de Cádiz nutrían aquellos buques de camareros, marmitones y marineros. Tripulaciones y tripulaciones gaditanas se impregnaban de los ritmos dulces y cadenciosos de ultramar. La población de Cádiz, año tras año, se renovaba en aquellos buques, y los que volvían traían para siempre una añoranza que unía más y más con los puertos del otro lado del mar Océano. La Habana fue, de todos ellos, el que más se vinculó a Cádiz en su folklore. Sólo un gaditano con añoranza pudo cantar”:

(Ramón Solís)

Cádiz, Castillo de San Sebastián
Me gusta por la mañana
después del café bebío
asomarme por La Habana
con mi cigarro encendío.

(1)

(1) Artículo publicado en el periódico El Conciso, 26 de julio de 2012, (Pág. 8. Tercera época. Número 7), cabecera conjunta, editada por Diario de Cádiz con motivo del Bicentenario de las Cortes.

Aguas de Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 12 de junio de 2012 a las 10:20

Prueba irrefutable de la decadencia de Cádiz es que lo que se ofrecía en el Corpus era agua. Hemos pasado de la croquetada al agua. Por eso no se vio por allí a Sendero Luminoso.

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Lavapiés vallado

Fernando Santiago Muñoz | 25 de mayo de 2012 a las 8:09

Debe ser para evitar los baños si el domingo sube el Cádiz

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Perros del Bicentenario

Fernando Santiago Muñoz | 21 de mayo de 2012 a las 10:30

Vestidos como le gusta a Javi Osuna: les falta la madroñera de Don Pan. Ayer en el Parque Genovés.

 

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Las playas de Cádiz vistas en Cataluña

Fernando Santiago Muñoz | 17 de mayo de 2012 a las 10:17

La Vanguardia le dedica un reportaje a las playas de la provincia. Tomado del twitter de José Luis Porquicho.

Sensaciones en la Costa de la Luz

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Qué bien luce la Plaza de España

Fernando Santiago Muñoz | 16 de mayo de 2012 a las 11:52

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Denominaciones de las calles

Fernando Santiago Muñoz | 11 de mayo de 2012 a las 8:48

Cronologia de las denominaciones de las calles de Cadiz

Cortesía de Pepe Vázquez.

El presente documento contiene la relación cronológica de las distintas denominaciones que, a lo largo de la historia, han tenido las calles de Cádiz.
Solo se hace referencia al Casco Antiguo de la ciudad (zona de intramuros), por ser la que tiene un mayor contenido histórico.
Las vías se hallan ordenadas alfabéticamente según la denominación oficial de las mismas. Las “denominaciones anteriores” se hayan ordenadas cronológicamente, de la mas antigua a la mas moderna.

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Especial Cumbre de Cádiz

Fernando Santiago Muñoz | 11 de mayo de 2012 a las 8:15

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Callejón del Tinte

Fernando Santiago Muñoz | 11 de mayo de 2012 a las 8:13

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Qué antiguo

Fernando Santiago Muñoz | 30 de abril de 2012 a las 8:53

 

Señales en Cádiz.

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Peligro de extinción

Fernando Santiago Muñoz | 30 de abril de 2012 a las 8:15

Una ocupación en peligro de extinción:el afilaor o afilador.

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Y la capital de la provincia es…

Fernando Santiago Muñoz | 30 de abril de 2012 a las 8:04

Ciudad fortificada

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2012 a las 8:47

Decepcionante

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2012 a las 8:31

Esta es la exposición sobre Tabacalera y Cadiz. Seis vitrinas. Lo único divertido el documento de 1937 sobre la falta de papel para elaborar los Ideales (cellophan decían).

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Cartel confuso

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2012 a las 8:21

El que haga caso de la indicación va de cabeza a la fuente de Lavapies.

Señal de tráfico Plaza de España- Ayuntamiento Cádiz

 

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San Servando o San Germán

Fernando Santiago Muñoz | 29 de abril de 2012 a las 8:07

San Servando o San Germán (¿quién es quién?), se encuentra en un lamentable estado. Se le ha caído la cruz que sí conserva aún en su mano San Germán ¿o San Servando?, está grapada la piedra en varias partes, y le falta una gran porción de la parte inferior trasera como se observa en la foto. Eso nos pasa por ser tan chulos, de tener dos patronos en vez de uno.

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