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Nuevo blog

Elena G. Antón | 27 de febrero de 2011 a las 16:03

Olvidé comentar aquí, por si acaso alguien ha entrado esperando continuidad en este blog durante este Carnaval 2011, que me he mudado. Podréis encontrar mis nuevos post en 28 días en el Falla. Un saludo a todos.

Hasta pronto (esta vez sí)

Elena G. Antón | 2 de marzo de 2010 a las 10:16

No iba a terminar este nuevo periodo de ‘Con todas las eses’ sin despedirme otra vez, claro que no. Pero no podía hacerlo sin que el Carnaval hubiese acabado del todo. Había que esperar al Chiquito.

El año pasado creo que ni salí este último domingo de Carnaval. Y si salí, ni lo recuerdo. Por lo que no sería para mucho. Pero hombre, después de la mala sensación que se me había quedado de la fiesta en la calle, normal que un día más se me presentara más como una cruz que como un milagro.

Este año, sin embargo, he estrenado esa buena sensación que se experimenta cuando, tras una semana intentando hacer el cuerpo a que la vida ya no es Carnaval, de repente vuelven a sonar coplas mientras andas por San Francisco, o te cruzas con gente ataviada con su tipo y oyes un bombo y un pito.

Ojalá pudiera ser así con todas las cosas que nos gustan. Que después de volver de unas vacaciones maravillosas en yo no sé dónde, y después de tu semana de síndrome postvacacional, de repente te vieras por un día de nuevo en aquel sitio. Que tras acabar una relación, y en lo que estás con la bajona del corazón partío, una semana después vivieras un día de amor perfecto con esa persona. Todos los finales deberían ser como el Carnaval Chiquito; especiales, mágicos, después.

Sí es cierto que tampoco pude disfrutarlo demasiado. Jugarretas del destino, estuve viendo durante ocho horas desde la ventana del trabajo un sol espléndido. En lo que comí, el cielo se encapotó. En lo que iba de camino al centro, empezó a llover como si no hubiese un mañana. Así que, al final, pude ver poco. Pero suficiente para sentirme de nuevo en Carnaval.

Además, curioso, lo último que ví fue una agrupación llamada ‘Las puestas de sol’, parodia de las madrileñas (¿desfasadas?) que vienen en verano a Los Caños de Meca. Repertorio flojito aparte, me hizo mucha gracia escuchar cómo intentaban imitar el acento madrileño, (grandes intervenciones en los cuplés como: perdona, ¿el barrio de Lass Viñasss?) porque tengo que decir que somos igual de esperpentos los castellanos imitando el acento andaluz que los andaluces imitando la pronunciación de los ‘capitalinos’.

He esperado también a que pasara ayer, porque al ser fiesta sabía que algunas agrupaciones volverían a salir. Pero al final, entre toda la tarde trabajando y el frío polar que hacía cuando salí, no hubo lugar para más Carnaval.

Así que, ahora sí, me despido. No sé qué será de mí de cara al próximo Carnaval, no sé ni siquiera si, aún estando todavía aquí, tendrá sentido volver a retomar este blog. No lo sé. Pero lo que sí sé es que no puedo decir adiós, es una palabra que sentencia demasiado.

Así pues, me despido con un hasta pronto, pero no sin antes haceros partícipes de lo buena que ha sido esta nueva experiencia en el blog y, por supuesto, no sin antes dar las gracias a todas las personas que lo han seguido. A los que han compartido sus impresiones y opiniones, y a los que lo han seguido en silencio. A los amigos y a los desconocidos. Todo esto no tiene sentido si no hay nadie al otro lado, así que MUCHAS GRACIAS por haber estado ahí.

Hasta pronto…

Días de lluvia y mero

Elena G. Antón | 22 de febrero de 2010 a las 12:41

En lo que intento reconstruir mentalmente el puzzle de las vivencias de la última semana, desordenado por algún vasito de manzanilla de más, haré un esfuerzo por sintetizar aquí los hitos más importantes.

En primera instancia, sin duda, debo confesar la abismal diferencia que ha existido entre cómo he vivido y percibido este Carnaval en la calle frente al pasado. Ya intuí, y no me equivocaba, que de vivirlo como madrileña 100% a vivirlo como el híbrido gadileño que ahora soy, la cosa variaría bastante. No veas.

Este año he sabido buscar lo que quería y evitar lo que me desagradaba. El primer sábado de Carnaval, por ejemplo, había hecho la firme promesa de no salir, después de la grotesca experiencia del año pasado. Pero como tenía visita madrileña, a ver quién convence a mis paisanos de no salir el sábado para disfrutar por derecho el dominguito de coros (¡¿el dominguito de qué..!?) Y salí sí, pero de otra manera. Lejos de meterme en la jungla del megabotellón, me fui a la calle La Palma, donde se estaba divinamente, y ahí pasé un sábado de Carnaval como Momo manda.

El resto de los días, también sumamente aprovechados y agradables (dejando a un lado las malditas lluvias y el frío que hicieron que haya ido arrastrando un tremendo resfriado durante toda la semana). Hoy pa’ la Viña, mañana nos vamos a buscar ‘ilegales’, al otro a algún tablao… Cada día era parecido pero diferente, lejos de aquellos días de marmota y pescadilla del año pasado.

De hecho, a la pescadilla le ha relevado en esta ocasión el mero, protagonista de uno de los mejores cuplés que he oído yo en todo lo que he escuchado de Carnaval. Absurdo hasta decir basta, como me gustan a mí las cosas, y con una originalidad que me encandiló. Me reitero en lo que digo siempre; no es necesario tirar de borderíos ni de topicazos para hacer un cuplé.

Entre las callejeras hay auténticos despropósitos y casi obras de arte (galardono a ‘Esta noche toco’ por su humor fino, sin chistes fáciles, y su bonita música y afinación ¡Encima de hacer gracia, es que cantan bien los tíos!), pero casi todo tiene su encanto. Hasta los más malos malísimos consiguen hacerte reír, aunque sólo sea por su poca vergüenza a la hora de ponerse ahí a soltar grandes pamplinas.

Y, por otro lado, también he descubierto el encanto que no ví el año pasado de ver en la calle y en los tablaos a las agrupaciones que han participado en el COAC. Encima de las tablas, el cachondeo y la improvisación que añaden a sus repertorios es digno de ser visto, porque la cosa varía bastante respecto al Concurso. Y verlos en una esquinita, cantando para unos cuantos, lo cierto es que tiene una magia que no cabe en el Falla.

Así a grandes rasgos quedaría por mencionar que este año, evidentemente, pasé de la cabalgata; que pese a la incomodidad y el fastidio de la lluvia, creo que ésta ha hecho un gran favor en la lucha contra los olores pestilentes; que el descenso en la afluencia de gente este año ha propiciado un mejor Carnaval y, que, ahora sí, me quedo con todo lo que compone esta fiesta; Concurso y calle.

Y, completas o incompletas, creo que hasta aquí llegan las memorias de mi semana carnavalera en Cádiz. Espero haber variado la imagen de ‘derrotista’ con la que algunos me tacharon el año pasado. Aunque, sinceramente, no es que me importara demasiado. Para mí lo primordial es la sinceridad y saber basar lo que uno dice en argumentos coherentes, lejos de intentar quedar bien sin más.

Al fin y al cabo, como dirían las novicias de Soweto, yo soy una mera aficionada.

Cumpleaños Final

Elena G. Antón | 13 de febrero de 2010 a las 14:38

Ayer empecé el día llorando. Era mi cumpleaños y, por primera vez desde hace 26 febreros, no tenía cerca a ‘los míos’. Siempre es difícil vivir lejos de tu tierra, de tu gente, de las calles en las que ha ido formándose la persona que ahora eres, pero parece que en las fechas señaladas se clava mucho más. Sin embargo, teniendo que ser así, me consolaba sobremanera saber que, al menos, pasaría la noche de mi cumpleaños en la final del Falla. Tanto tiempo después he descubierto que he nacido en el mejor mes del año.

Estar allí fue como asistir a la mayor fiesta cumpleañera que jamás me hubieran organizado, aunque no tuviera nada que ver conmigo. Si bien el ambiente durante todo el Concurso ha sido magnífico, la magia que flota en el aire de la final es mucho más embriagadora.

Lo cierto es que viví una gran noche, arropada por la familia sin lazos de sangre que formamos todos los que estamos allí. Por si eso fuera poco,  a mitad de la sesión me sacaron engañada a la calle para allí descubrir que habían venido dos grandes amigas de Madrid a darme una sorpresa. Qué grande. Y, si ya eso parecía insuperable, encima la noche me hizo otro gran regalo: que el fallo del jurado cumpliera, en su mayoría, el orden de premios que yo quería y, sobre todo, que ganaran ‘Los que van por derecho’ y ‘Los santos’.  Tremendo.

Una vez terminado el Concurso, mientras me iba reponiendo del colocón de sorpresas y alegrías, fui recogiendo mis cosas. De repente, desapareció todo lo demás de mi cabeza y sólo tenía espacio para un pensamiento, para una nostalgia, para un sentir. Mañana no volvería, ni pasado, ni al otro. Ya, si el destino quiere, me estaba despidiendo de la que ha sido mi casa y mi vida durante el último mes por lo menos hasta el año que viene. Qué bajón más grande.

Miré al escenario y tragué saliva. Pasé por los camerinos, vacíos, callados, desangelados, y las imágenes de todo lo que había vivido allí empezaron a llenar cada rincón. Me despedí de algunos compañeros, casi de nadie, porque cada despedida amenazaba más con poner el lagrimal en funcionamiento.

No soporto la idea de que esto haya terminado. Pero, ahora, mientras voy haciéndome a la idea, sólo puedo decir GRACIAS. Gracias a todas las personas con las que he compartido buenos momentos de esta experiencia, gracias a todas las agrupaciones que me han conquistado con sus coplas y han colaborado amablemente con mi trabajo. Gracias, Cádiz, por hacerme un sitio en tu Carnaval.

Ayer también terminé el día llorando. Era la segunda vez, en 26 febreros, que dejaba un trozo de mi vida en el teatro Falla.

Por mis cajones 2010

Elena G. Antón | 11 de febrero de 2010 a las 5:48

“Cincelándose la agudeza con el paso del tiempo, supongo que uno aprende a salir de casa con paraguas”. Aquello dije hace un año en ‘Por mis cajones’, sí. Pues bien, hoy llevaba paraguas porque llovía, pero puedo asegurar que el chaparrón del jurado de hoy me ha vuelto a calar hasta los huesos.

Me lo temía, lo peor es que me lo temía. Este año, una vez aparcada esa impoluta inocencia carnavalera con que veía todo el pasado, ya tenía tablas para intuir la decepción. Pero aún estaba ahí esa eterna golfa que siempre se va la última. La esperanza.

Pero no, ni ‘Las noches de bohemia’ ni ‘Volver a empezar’ estaban entre los nombres de los finalistas. Cachis en la mar. Quizá me lo esperaba más de la comparsa de Tino Tovar, la cual había ido dando por perdida a tenor de lo que había ido oyendo a los “entendidos”. Pero me fastidia, claro que me fastidia. Lo primero porque me gusta de verdad, a pesar de que no sea de las que mejor pueda sonar, muchas de las letras me parecen de altura. Y, lo segundo, lo reconozco, porque siento que en este mar de incoherencias y fanatismos que rodean al Carnaval, Tino es una de las personas más lógicas y razonables que he conocido.

Pero ya lo de ‘Las noches de bohemia’ me ha superado. Yo lo reconocía, quizá no sean las letras más competitivas para este Concurso porque van, para mi gusto, mucho más allá de lo tan acá que se premia aquí. Pero me parecen, con diferencia, de lo mejorcito que yo he escuchado en estos dos años. Y ni ‘juancarlismo’ ni pamplinas de esas, que yo no soy de nadie más que de quien me conquiste con su puño en cada sesión. Y a veces sonaba estridente, sí. Pero, por favor, yo no he oído nada mejor que esa voz penetrante e inagotable del ‘Pellejo’.

En chirigotas, la verdad es que este año me daba un poco más igual. No tenía grandes favoritos. Sí me alegro, sin embargo, de que haya pasado la de Vera Luque. Pero no por ‘Los que van por derecho’, que me parece que están bastante bien pero no me han llegado a conquistar. No como lo hicieran el año pasado ‘Los mákina’. No entiendo cómo el grupo de este año ha podido causar kilómetros más de sensación que el del pasado, que a mí me parecía sencillamente genial. Pero por eso mismo, a modo de justicia divina, me alegro muchísimo de este triunfo de la agrupación.

Pero esa misma justicia, en otro caso, se me ha antojado injusta, aunque la primera injusta pueda ser yo al afimar esto. El que hayan pasado ‘Los que no se enteran’ lo cierto es que no me termina de convencer. Personalmente considero que otras chirigotas eran mejores y más originales (porque para mí el grupo de este año no deja de ser darle la vuelta al del pasado, tirando del mismo estilo de gracias que les dieran el primer premio popular). Y aquí sí considero que se ha intentado redimir, de todas todas, el ‘fallo’ del año pasado. Pero bueno.

Sobre la justicia o la injusticia del pase del resto de finalistas, ya me quedo yo con mis impresiones, que tampoco es cuestión de aburrir a nadie. En todo caso, les doy la enhorabuena a todos ellos. Y mucho ánimo y muchas gracias a los que, aunque se hayan quedado a las puertas de la Final, a mí me han hecho pasar grandes ratos en el Falla. Nos vemos en mi mp3.

Quiniela de amigos

Elena G. Antón | 10 de febrero de 2010 a las 19:49

Hoy voy a ser muy clarita, sin introducciones biensonantes: me parecen bochornosas las reacciones de los ‘amigos’ frente a las quinielas sobre los finalistas que hacen algunos carnavaleros. Este año, cuando voy a preguntarle a la gente su apuesta y me dicen que no, tiro del que creía que sería un buen recurso. “¡Pero si el año pasado me la diste!” A lo que la mayoría responde: “Ya, por eso mismo, no sabes la que me dieron…”

Como es lógico, los miembros de las agrupaciones tienen amigos en muchas otras agrupaciones. Pero lo que no es lógico es que, si no incluye el grupo de todos sus amigos en su apuesta, la gente se enfade y recrimine que le ha dejado fuera.

Creo que somos todos suficientemente mayorcitos, y deberíamos ser suficientente razonables, como para actuar de una manera más adulta. No es una quiniela de a ver quién me cae mejor o con qué amigo yo muero más, es simplemente una apuesta personal, y no siempre de los que quieren que pasen si no de los que creen que van a pasar, sobre los finalistas de un concurso de coplas. A veces estarás dentro de los elegidos de tu amigo, y a veces no. Dependerá no sólo de lo que tu grupo haya hecho ese año, que puede considerarlo igualmente bueno, si no de si considera que hay tres que pueden estar por encima. No por eso es menos amigo ni peor persona.

Al final, esto se convierte en un vértice más para el enfrentamiento dentro del Carnaval. O lo que es peor, dentro de la vida personal de los que se dedican al Carnaval. Me parece absurdo, de verdad. Así, es normal que este año me esté costando la misma vida convencer a las personas de que me den su apuesta. Total, yo no les prometo que puedan ganar nada y, en cambio, por lo visto si pueden perder algún amigo. Qué despropósito.

Maltratando a la originalidad

Elena G. Antón | 8 de febrero de 2010 a las 2:32

Sólo llevo dos años escuchando Carnaval. Y no sé si es que ha coincidido que en estos dos años se habla de lo mismo, o si es que siempre es así.

Ya el año pasado me sorprendía la cantidad de letras que se dedicaban a los mismos temas, pero yo me decía, bueno… eso es porque ahora son los que están en el candelero. Pero qué va. Es que hay temas muy fáciles de cantar y parece que nunca se ve agotado el cupo de pasodobles.

Debo reconocer que los primeros que escuché sobre el maltrato, me llegaron. Unos más y otros menos, dependiendo de variantes como la música, las voces o, sobre todo, el enfoque. Los había más originales y menos originales, claro. Pero, hoy por hoy, reconozco que ni el giro más radical que un autor pudiera darle a un pasodoble sobre el maltrato, conseguiría que esa copla a mí me llegara a ninguna parte. Bueno sí, a la parte del cerebro donde nacen los ¿otra vez?

Me parece un tema necesario en el debate social, me parece muy bien que sea un tema que haya estado presente sobre las tablas del Falla. Pero creo que ya se ha convertido en un tema muy trillado, muy fácil, en el que todo el mundo estamos de acuerdo y, por tanto, con el que es muy fácil conseguir el beneplácito y el aplauso de todos.

Creo que en el Concurso falta originalidad. Faltan temas que tocar, enfoques novedosos de aquellos que se hayan tratado en poca medida, ideas frescas y originales. No se puede convertir un concurso en una retahíla sin fin de coplas que cantan una y otra vez a lo mismo y de cuplés que repiten una y otra vez las mismas gracias, sin gracia casi siempre. (Sobre los cuplés se podría escribir una tesis doctoral, en serio. ¿Por qué el 90% tienen que ser bordes, hablar de los órganos sexuales de ambos géneros, o de la suegra, o de la ‘parienta’, etc, etc.? ¿Por qué una chirigota que es capaz de mantener la gracia y la originalidad en casi todo su repertorio tiene que terminar tirando de esos topicazos para cantar un cuplé? Como digo, de tesis).

Yo he llegado a un punto en el que casi que me da igual cómo me canten. Ya sólo me dejo conquistar por lo que me cantan. Me gustan los grupos que suenan bien, claro está. Es una delicia oir a ‘Los caballeros de la piera reonda’, por ejemplo. Suenan  con una afinación y un empuje que podrían convencerte casi de cualquier cosa. Pero, dejando aparte los pasodobles, que sí los hay originales y de altura, lo demás es como si todas las frases fueran una sucesión infinita de Cádiz y Caleta unida por otro tipo de palabras secundarias. Vale, yo soy de fuera, no puedo tener ese sentimiento hacia esta tierra que tienen los gaditanos, pero en serio, aún para los que sois de aquí y con mucho orgullo, ¿de verdad que no cansa nunca estar continuamente escuchando Cádiz, Cádiz, Cádiz, Caleta, Caleta, Caleta? Me parece un extremo inquietante del chovinismo el que se pueda seguir vibrando con esas letras año tras año tras año. Disculpad la apreciación y si con ella causo alguna ofensa, pero en serio que no lo entiendo.

La vida tiene muchas aristas como para hablar siempre de lo mismo. El año pasado me chocó bastante, pero hoy lo aplaudo. Un pasodoble a una cama, pues sí señor. Sólo por originalidad, ya me parece un triunfo.

(Apunte posterior, tras el primer pase de semifinales: me quito el sombrero ante ‘Las noches de bohemia’. Los dos pasodobles que han cantado hoy me parecen, además de grandes letras, ese algo diferente que echo en falta).

Nada personal

Elena G. Antón | 3 de febrero de 2010 a las 18:38

Ayer volví a sorprenderme gratamente. Cuando el cuarteto ‘¿Qué hacemos con el pavo?’ volvió a “meterse” con las ninfas y ellas, como el primer día que actuó este grupo, volvieron a reírse. Y es que la verdad es que el año pasado se me quedó una sensación muy extraña cuando este mismo cuarteto hizo un chiste a costa de la supuesta no-belleza de las ninfas, y éstas pusieron cara de póker y les hicieron la cruz, no volviendo a aplaudir ni a sonreír mínimamente en las actuaciones de los chavales. Yo entonces pensé ¿y de verdad esto es el máximo ejemplo y exponente de la gaditana?

Pero el otro día y ayer las ninfas se rieron, y aplaudieron. Al igual que Martínez Ares, que no es precisamente pequeña la que le están dando las agrupaciones. Que si su carita de muñeca, que si sus cejas depiladas. Pero, al menos por lo que se ve, él lo asume como parte de esto y lo lleva de la mejor manera posible. A todos nos gusta más que nos llamen guapos, listos y divinos. Pero no creo que eso sea precisamente la gracia del Carnaval.

Esa gracia, de hecho, se nutre más de hacer bromas a costa de los demás. Sin embargo, creo que en algunas ocasiones es algo que dista bastante de lo personal. Si llaman a las ninfas feas, no están realmente hablando de las caras concretas de las elegidas ese año, es simplemente un chiste a costa de un ente ‘abstracto’. Da igual que sea Fulanita, o Menganita, que sea guapísima o no lo sea tanto. La cosa va con ‘las ninfas’, no con ellas.

Desde luego, si Teófila Martínez tuviera que tomarse a pecho todas las críticas que se hacen en el Concurso a su belleza, la señora alcaldesa no ganaría para kleenex. Se pasaría las noches llorando y mirándose al espejo acomplejada. A esos chistes es mejor que no les haga caso, que se los tome con la guasa con la que los cantan, y que encienda mejor su piloto de recepción de mensajes que tomarse en serio cuando le canten letras a su gestión y a la de su equipo de Gobierno. Ahí sí que no es broma.

Hay que saber diferenciar y asumir los mensajes y las críticas que se lanzan en Carnaval. Siempre y cuando las agrupaciones no sobrepasen la línea del respeto y el buen gusto -que muchas veces claro que se sobrepasa- hay que tomarse esto con humor y sin darle demasiada importancia.

Error de planteamiento

Elena G. Antón | 30 de enero de 2010 a las 17:05

Al fin hoy acaban las preliminares. Y es que, por mucho que te guste el Carnaval, esta fase es tremendamente larga y pesada. Sobre todo, porque de diez agrupaciones por noche, quizá sólo dos o tres merezcan la pena finalmente. Algunos pensarán que me estoy contradiciendo con lo que dije en ‘Una gran familia’, pero no es así.

Sí es verdad que opino que esta primera fase debería ser a puerta cerrada, como una preselección de la que salieran agrupaciones con un mínimo de calidad. Todo concurso tiene su casting. Pero éste no y, según está planteado, es por lo que defendía y defiendo que, como todos sabemos cómo va este concurso, todas las agrupaciones merecen respeto. El problema está en la organización del COAC, no en ellas. Si uno considera que es bueno como para ir -por más que luego el 99% de la gente piense que no-, y tiene ilusión, ¿por qué no intentarlo? En los casting de Operación Triunfo, por ejemplo, nos hartamos de ver en la tele ‘frikis’ que iban al casting a hacer auténticas mamarrachadas. Están en su derecho. Pero para eso estaba el casting, para no permitir que eso fuera a concurso.

Pero aquí hay que aguantar el tirón, al menos hasta que algún día la organización decida modificar esta parte del COAC. Hay que aguantar, y se aguanta. Pero eso no quita para que me reitere en mi primera afirmación; al fin hoy acaban las preliminares.

Curas de humildad

Elena G. Antón | 26 de enero de 2010 a las 20:19

Será que no soy de aquí ni de allí, de unos ni de otros, lo que me hace tan neutral y, en consecuencia, hace que no entienda y que me causen tan mala sensación los enfrentamientos.

Hay rivalidades externas y rivalidades internas en esto del Carnaval. Vendría a ser algo como las que son por sí mismas fuera de todo esto, y se reflejan (Jerez-Cádiz, Sevilla-Cádiz, por ejemplo) y las que nacen dentro del propio Carnaval (entre autores, entre posturas, entre gustos, entre opiniones sobre el ranking…)

Algunas parece que ya están medio salvadas, como la enemistad entre la capital gaditana y la hispalense, pero otras siguen ahí latentes. Encuentran rendijas por donde colarse en letras de coplas y en el público entre sus reacciones y comentarios.

El pueblo es quien crucifica a una agrupación por hacerse con un primero, como si ella lo hubiera elegido (ojalá eso se pudiera elegir), quien crea un enfrentamiento entre dos autores que, repito, no han escogido su posición en el podio. Algunos letristas se dejan llevar también y terminan haciendo alusión en alguna letra a favor de uno o, lo que es peor, en contra del otro como para rendir homenaje al primero.

Son los tópicos y los resquemores enquistados los que hacen que alguna letra tenga el valor de hacer un chiste con la desgracia de una ciudad que ha sido anegada por las lluvias. Sólo porque es el enemigo (no sé muy bien por qué, pero lo es). Y, al enemigo, ya se sabe, ni agua. O, en este caso, que se joda con su agua.

Y, como en estos ejemplos, veo como el Carnaval, en vez de ser una fiesta que luche por hermanar a los pueblos y a las personas, es un escaparate donde ponerlos a retarse con dardos envenenados. Y me crispa.

Será por eso que cuando escucho coplas como en la que Jesús Bienvenido alaba y reconoce admirar o envidiar los aspectos positivos de Jerez y le tiende su mano ante la desgracia de las inundaciones, o como en la que Kike Remolino le entrega en forma de pasodoble el primer premio al Selu, porque así lo quiso el pueblo, se me alegra el alma y recupero un poco la confianza en el género humano y, más particularmente, en el género gaditano y su Carnaval.

Y, además, lo curioso es que esas curas de humildad, son las que levantan los mayores aplausos y ponen al público en pie con mayor firmeza. ¿Será entonces que todos queremos que acaben de una maldita vez los enfrentamientos? Así pues, ¿por qué como pueblo, como espectadores, como personas, no ayudamos más a que esto termine? Una copla es más vistosa, más grandilocuente, pero todos, aún sin ser copleros, podemos llevar esos mensajes cantados a nuestras acciones y comentarios más cotidianos.