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Curas de humildad

Elena G. Antón | 26 de enero de 2010 a las 20:19

Será que no soy de aquí ni de allí, de unos ni de otros, lo que me hace tan neutral y, en consecuencia, hace que no entienda y que me causen tan mala sensación los enfrentamientos.

Hay rivalidades externas y rivalidades internas en esto del Carnaval. Vendría a ser algo como las que son por sí mismas fuera de todo esto, y se reflejan (Jerez-Cádiz, Sevilla-Cádiz, por ejemplo) y las que nacen dentro del propio Carnaval (entre autores, entre posturas, entre gustos, entre opiniones sobre el ranking…)

Algunas parece que ya están medio salvadas, como la enemistad entre la capital gaditana y la hispalense, pero otras siguen ahí latentes. Encuentran rendijas por donde colarse en letras de coplas y en el público entre sus reacciones y comentarios.

El pueblo es quien crucifica a una agrupación por hacerse con un primero, como si ella lo hubiera elegido (ojalá eso se pudiera elegir), quien crea un enfrentamiento entre dos autores que, repito, no han escogido su posición en el podio. Algunos letristas se dejan llevar también y terminan haciendo alusión en alguna letra a favor de uno o, lo que es peor, en contra del otro como para rendir homenaje al primero.

Son los tópicos y los resquemores enquistados los que hacen que alguna letra tenga el valor de hacer un chiste con la desgracia de una ciudad que ha sido anegada por las lluvias. Sólo porque es el enemigo (no sé muy bien por qué, pero lo es). Y, al enemigo, ya se sabe, ni agua. O, en este caso, que se joda con su agua.

Y, como en estos ejemplos, veo como el Carnaval, en vez de ser una fiesta que luche por hermanar a los pueblos y a las personas, es un escaparate donde ponerlos a retarse con dardos envenenados. Y me crispa.

Será por eso que cuando escucho coplas como en la que Jesús Bienvenido alaba y reconoce admirar o envidiar los aspectos positivos de Jerez y le tiende su mano ante la desgracia de las inundaciones, o como en la que Kike Remolino le entrega en forma de pasodoble el primer premio al Selu, porque así lo quiso el pueblo, se me alegra el alma y recupero un poco la confianza en el género humano y, más particularmente, en el género gaditano y su Carnaval.

Y, además, lo curioso es que esas curas de humildad, son las que levantan los mayores aplausos y ponen al público en pie con mayor firmeza. ¿Será entonces que todos queremos que acaben de una maldita vez los enfrentamientos? Así pues, ¿por qué como pueblo, como espectadores, como personas, no ayudamos más a que esto termine? Una copla es más vistosa, más grandilocuente, pero todos, aún sin ser copleros, podemos llevar esos mensajes cantados a nuestras acciones y comentarios más cotidianos.

Dos tazas de Falla

Elena G. Antón | 23 de enero de 2009 a las 19:00

Me siento como el amigo de Gurb, no sé si habrán tenido el placer de leer el libro de Eduardo Mendoza. Así, sintetizando, Gurb es un marciano que, no recuerdo por qué clase de error, termina en la Tierra y otro marciano amigo suyo va buscándolo, sorprendiéndose de todo lo que ve a su alrededor. Hombre, yo no vengo de otro planeta, sólo de Madrid, y ni vine aquí en busca de nadie ni lo mío fue a causa de un error -fue un aterrizaje premeditado- pero sobre eso de sorprenderse ¡de qué manera!

Como veía que la estrategia esa de hacerme con el acento y decir ‘killo’ no había sido suficiente para integrarme en el entorno, he aceptado a ciegas meterme de lleno en esto del Carnaval.

Llevaba años detrás del dichoso viaje, “este año a Cádiz” era la frase más oída en mi círculo de amigos por los meses de enero y febrero. Pero al final, por h o por b, nunca salía el plan adelante.

Tan sólo un año después del último intento fallido, me veo nada menos que viviendo en Cádiz y cubriendo el Concurso de Agrupaciones. Y ahora, mientras cojo impulso, se me reformula en la cabeza ese refrán popular que habla sobre caldo y dos tazas, y me digo a mí misma entre dientes: ¿No querías Carnaval? ¡Pues toma y ve al Falla!

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