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Con menos eses pero las mismas ganas

Elena G. Antón | 13 de enero de 2010 a las 20:07

Ni siquiera me despedí. Y pudo parecer todo menos lo que realmente era. Pude parecer maleducada, que mi trabajo había acabado, que ya no tenía nada más que decir, ni ningún interés por despedirme de aquellos que me habían seguido. Pero no, no era nada de eso. Despedirme, escribir algo a modo de colorín colorado, me daba tremendo coraje. Era como aceptar que la aventura bloguera de la madrileña en Carnaval había acabado, que se había consumido en sí misma. Y tomé la decisión de quedarme callada, en tierra de nadie, esperando una nueva oportunidad. Quizá ya no sería lo novedoso de la primera vez pero, qué carajo, yo seguiría siendo madrileña y, sobre todo, seguiría queriendo escribir sobre Carnaval. Y, fíjate tú, aquí estoy.

Sí debo confesar que en este año se me han ido cayendo las eses. Ya no las tengo todas, ni siquiera la mitad. Pero, en este caso, la pérdida ha ido significando una ganancia, la de la idiosincrasia gaditana. Aunque veces mi Vallecas natal sigue saliendo a la luz, también a veces me sorprendo a mí misma pareciendo casi casi de la Viña. Y, como no podía ser de otra manera, el Carnaval ha sido uno de los leitmotiv que ha estado presente en estos meses de gaditanización de mi persona.

Cuando llegué aquí y la gente me hablaba de que escuchaba Carnaval, o de que cantaba coplas cuando salía con los amigos, sinceramente me sonaba absurdo. ¿Es que acaso el Carnaval era algo que uno se metía en el mp3 como quien mete el último disco de su grupo favorito? Pues si hija, sí.

He escuchado Carnaval por la calle, tomando el sol, limpiando la casa, yendo en coche… Y, sobre todo, cada vez que salía de Cádiz. Por las calles o en el metro de lugares como Londres o Madrid, Carnaval era lo que me pedía el cuerpo más que nunca. Nostalgia prestada, supongo. Y también he cantado, claro que sí. En la ducha, en la calle, en las noches de verano de chiringuitos de playa, en coches aparcados bajo la lluvia.

Menos mal que al menos sé que esta patología no es aislada. Hasta tiene nombre. Jartible, soy una jartible. Pues muy bien. Y sí, tenía muchas ganas de que llegara enero de nuevo. Y aquí estoy, esperando ilusionada que pasen estos últimos días y que empiece el COAC 2010.

Ahora ya no todo será nuevo para estos ojos que el año pasado eran vírgenes carnavalescamente hablando. Pero estoy segura de que aún me quedarán cosas por descubrir y, en todo caso, sensaciones que compartir con aquellos que tengan a bien volver a dedicarme un rato de su tiempo. Así que sin más, bienvenidos de nuevo a esta humilde casa 2.0. Como si estuviérais en la vuestra.