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Por mis cajones 2010

Elena G. Antón | 11 de febrero de 2010 a las 5:48

“Cincelándose la agudeza con el paso del tiempo, supongo que uno aprende a salir de casa con paraguas”. Aquello dije hace un año en ‘Por mis cajones’, sí. Pues bien, hoy llevaba paraguas porque llovía, pero puedo asegurar que el chaparrón del jurado de hoy me ha vuelto a calar hasta los huesos.

Me lo temía, lo peor es que me lo temía. Este año, una vez aparcada esa impoluta inocencia carnavalera con que veía todo el pasado, ya tenía tablas para intuir la decepción. Pero aún estaba ahí esa eterna golfa que siempre se va la última. La esperanza.

Pero no, ni ‘Las noches de bohemia’ ni ‘Volver a empezar’ estaban entre los nombres de los finalistas. Cachis en la mar. Quizá me lo esperaba más de la comparsa de Tino Tovar, la cual había ido dando por perdida a tenor de lo que había ido oyendo a los “entendidos”. Pero me fastidia, claro que me fastidia. Lo primero porque me gusta de verdad, a pesar de que no sea de las que mejor pueda sonar, muchas de las letras me parecen de altura. Y, lo segundo, lo reconozco, porque siento que en este mar de incoherencias y fanatismos que rodean al Carnaval, Tino es una de las personas más lógicas y razonables que he conocido.

Pero ya lo de ‘Las noches de bohemia’ me ha superado. Yo lo reconocía, quizá no sean las letras más competitivas para este Concurso porque van, para mi gusto, mucho más allá de lo tan acá que se premia aquí. Pero me parecen, con diferencia, de lo mejorcito que yo he escuchado en estos dos años. Y ni ‘juancarlismo’ ni pamplinas de esas, que yo no soy de nadie más que de quien me conquiste con su puño en cada sesión. Y a veces sonaba estridente, sí. Pero, por favor, yo no he oído nada mejor que esa voz penetrante e inagotable del ‘Pellejo’.

En chirigotas, la verdad es que este año me daba un poco más igual. No tenía grandes favoritos. Sí me alegro, sin embargo, de que haya pasado la de Vera Luque. Pero no por ‘Los que van por derecho’, que me parece que están bastante bien pero no me han llegado a conquistar. No como lo hicieran el año pasado ‘Los mákina’. No entiendo cómo el grupo de este año ha podido causar kilómetros más de sensación que el del pasado, que a mí me parecía sencillamente genial. Pero por eso mismo, a modo de justicia divina, me alegro muchísimo de este triunfo de la agrupación.

Pero esa misma justicia, en otro caso, se me ha antojado injusta, aunque la primera injusta pueda ser yo al afimar esto. El que hayan pasado ‘Los que no se enteran’ lo cierto es que no me termina de convencer. Personalmente considero que otras chirigotas eran mejores y más originales (porque para mí el grupo de este año no deja de ser darle la vuelta al del pasado, tirando del mismo estilo de gracias que les dieran el primer premio popular). Y aquí sí considero que se ha intentado redimir, de todas todas, el ‘fallo’ del año pasado. Pero bueno.

Sobre la justicia o la injusticia del pase del resto de finalistas, ya me quedo yo con mis impresiones, que tampoco es cuestión de aburrir a nadie. En todo caso, les doy la enhorabuena a todos ellos. Y mucho ánimo y muchas gracias a los que, aunque se hayan quedado a las puertas de la Final, a mí me han hecho pasar grandes ratos en el Falla. Nos vemos en mi mp3.

Una gran familia

Elena G. Antón | 19 de enero de 2010 a las 17:13

Cuando pisé el otro día el Falla, tuve la sensación de que no me había ido. El año ha pasado lento, sobre todo estos ultimos meses donde parecía que hacía un lustro desde el pasado Carnaval. Pero fue llegar allí y sentir que había sido ayer la final.

El teatro se convierte en la segunda casa de quienes estamos ahí día tras día durante todo el Concurso. Nos volvemos como una gran familia; periodistas,vigilantes, limpiadoras… Todos juntos apoyamos y amenizamos el trabajo de los otros.

Pero además de con los compañeros de batalla, también uno termina fundiéndose con el público y las agrupaciones. Te sientes parte de todo, te animas con su ánimo, te emocionas con su sentir, te enorgulleces de sus éxitos y te entristecen sus fracasos.

Pero esa múltiple personalidad que adquieres a veces supone un enfrentamiento entre las partes. Por ejemplo, cuando el público abuchea o se cachondea de una agrupación que está resultando quizá bastante mala o sonrojante, te pones en ambos papeles. Primero tu parte de espectador te dice que no has pagado para ver eso, pero luego sale tu chirigotero -por ejemplo- para recordarte la ilusión con la que has subido a esas tablas. Al final, la razón, la lógica, le dice al espectador que sabía a lo que se exponía viniendo en preliminares, y al carnavalero que intente hacerlo mejor para otro año. Y, en definitiva, que lo más importante es que ambos basen lo que hagan en el respeto.

El Concurso está así planteado y no queda más remedio que escuchar de todo. Supongo que ninguna de las personas que se sube a ese escenario va con la idea de llevar un mal repertorio, a todos nos suele gustar lo nuestro. Por eso, siempre que se cante desde el respeto y la cordura (aunque ésta también es algo subjetiva) creo que todos deberíamos jugar a la empatía. No cuesta tanto mantener las formas durante veinte minutos, que seguramente además no tendremos que volver a escuchar, después de que ellos empezaran hace más de 17.000 minutos a prepararlo.

Si algo caracteriza a Cádiz, es el buen humor y el calor de su gente. No merece la pena perder tan positivas características por un rato tan corto. Es mejor hacer de todos los que estamos en el Falla una gran familia, y apoyar y amenizar el papel que juegan los otros.

Para enfrentarnos, ya está la vida real. En Carnaval, al menos, dejémosla fuera atada en la puerta del coliseo.

Borrón y copla nueva

Elena G. Antón | 30 de enero de 2009 a las 16:59

Lo bueno que tiene ser nueva en esto es que eres una pizarra en blanco, como los niños cuando nacen. Y es gracias a ser recién nacida en esto del Carnaval que aún no tengo el criterio “envenenado”. Y es que me he dado cuenta de que la opinión gaditana, respecto a lo que se ve en el Concurso, está llena de frasquitos pequeños, de perfume o de veneno, predispuesta a favor de estos o en contra de aquellos.

Asisto a cada sesión oyendo de antemano quiénes son los buenos, cuáles los que “psé, tú sabes…” y quiénes los que son “pa´echarlos”. Y da igual lo que canten o cómo lo canten, los mayores vítores y ovaciones del público, las mejores críticas de los profesionales, se las llevan los que ya llevaban el cartel de número uno en la frente antes de salir a echar el resto en el escenario. Estoy segura de que si entre dos agrupaciones se intercambiaran los repertorios, estos podrían ser juzgados de manera totalmente opuesta.

Ciertamente, esto guarda bastante similitud con la política, por aquello de que casi nadie es capaz de juzgar las acciones por las acciones en sí mismas, sino que para emitir el juicio lo primero y más importante es saber de quién provienen. Imaginemos por un momento que desaparecieran de la vida pública los políticos, que trabajaran desde un despacho al fondo a la izquierda (porque a la derecha está el baño, no por nada más) y a los ciudadanos sólo nos llegaran las consecuencias finales de su trabajo, sin saber quién lo ha hecho. Las sentencias ciudadanas serían más coherentes, ¿verdad?

Pues bien, ahora imaginemos que todos fuéramos pizarras en blanco, que todos nos sentáramos a escuchar Carnaval desde cero, sin juicios moldeados por experiencias anteriores, sin carteles anticipados de éxito o mediocridad, utilizando sólo como instrumentos de valoración el oído y el corazón, el mecanismo que activa una risa sincera o el que pone los vellos de punta. Sería todo un poco más justo ¿no creen?