Las crónicas de Cádiz (Cap. 50)

Hilda Martín García | 13 de diciembre de 2010 a las 18:57

Resumen capítulo anterior: En un Puerto Real en el que huele a primavera, Fray Damián y Diego encerrados en la sacristía de San Sebastián, continúan de forma frenética escribiendo panfletos y denuncias contra los traidores. Para la gente que sufre, a las del pueblo oprimido por los arbitrios e impuestos, estos escritos subversivos se han convertido en su única esperanza.

LOS escritos pululan por las tabernas, los molinos y los lugares de siembra. Mis escritos, que acompañados por la sutil ironía de los dibujos de Federico Puig se extienden como la pólvora entre la gente que ansiosa de venganza los rescata, los guarda y casi los venera. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 49)

Hilda Martín García | 6 de diciembre de 2010 a las 18:55

Resumen capítulo anterior: Los relatos apasionantes de Rivera y la descripción de los paisajes vistos en sus viajes por América animaban a Diego a escribir y criticar la labor traidora de los hombres vendidos al ejército francés. La caída de las bombas sobre el entablamento de la iglesia interrumpía la lectura de la dedicatoria que sobre la imagen de la Virgen de Guadalupe, una madre escribía a sus hijos en el frente de combate.

HOY es el segundo día que vengo a esta escondida sacristía. Hoy, sábado santo de una semana de Pascua que paso sin pena ni gloria en mi encierro. Estoy restablecido de mis males y no sé si conseguiré por mucho tiempo continuar al servicio de este fraile que me trae y me lleva por todos los lugares de esta tierra, esta tierra que se marchita día a día. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 48)

Hilda Martín García | 28 de noviembre de 2010 a las 18:54

Resumen capítulo anterior: Muy en la mañana, Diego y Fray Damián se dirigen a Puerto Real, hacía la iglesia de San Sebastián. Bajo la sacristía, el olor a tinta y el ruido de la impresión de la maquina, despertó el recuerdo de los días de trabajo en el periódico de Madrid. Los libros que habían logrado ocultar antes de la llegada de las tropas, se amontonaban en los bancos desvencijados y rotos.

PERO el tiempo se detuvo en aquella reducida estancia. Es cierto que el aire apenas circulaba y que la incomodidad por la cantidad de muebles, libros y cestos almacenados en ella no permitía mucho movimiento. Sin embargo, ¡qué satisfacción para mis oídos escuchar a Alonso! Creo que fray Damián me conocía mucho mejor de lo que yo creía, sabía que era el modo más factible para que me rindiera de forma incondicional a su causa, el papel que me rodeaba, las cuartillas de periódicos pasados y los libros cubiertos de polvo fueron suficientes para mi sumisión. Eso sin contar con los relatos apasionantes de Rivera, los paisajes vistos en sus viajes, expuestos y descritos con tanta minuciosidad, con tanta perfección de adjetivos y metáforas, que el color de los cielos mexicanos, de los mares caribeños y las selvas ecuatoriales aparecían frente a mis ojos. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 47)

Hilda Martín García | 23 de noviembre de 2010 a las 18:52

Resumen capítulo anterior: La lectura del Diario de Madrid sobresaltó a Fray Damián que no se resigna a creer que los españoles han sucumbido ante la presencia francesa. Del mismo modo que aumenta su odio al observar a los hombres que están contribuyendo con su esfuerzo a la ruina de nuestro país en vez de oponerse abiertamente, aunque pierdan en ello la vida.

COMO una losa soporto en mi cabeza las idas y venidas con el fraile, un fraile cada vez más descontento y excitado que se arriesga en las entregas de individuos que pasan por Santa Ana hasta Sancti Petri. Consigo estar junto a él sin ocasionarle más presión que la que soporta, camino a su vera, le acompaño y escucho todo lo que dice. Aprendo de su capacidad de aguante, de su ilusión por la lucha, de su valentía y del ímpetu que demuestra en sus acciones. Su forma de hablar, el coraje de sus palabras se enquistan en mis oídos, despiertan mis ansias de venganza, sobretodo porque me hacen extrañar más a María, más el dulzor de las calles gaditanas, el agua clara de sus aljibes, el aire fresco de la bahía, las calles salteadas de arena en los días de levante. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 46)

Hilda Martín García | 18 de noviembre de 2010 a las 18:44

Resumen capítulo anterior: Fray Damián acude a casa de los generales Villate y Senarmont para confesar a sus esposas. Sin miedo se adentra en sus aposentos y consigue hacerse con ejemplares de periódicos editados en Madrid y en Cádiz. Entendiendo la inquietud de Diego que por leer esas cuartillas, le llevó a una casa cercana donde se cocía pan.

LA casa era fresca a pesar del calor del horno y del sol intenso que apretaba fuerte sobre el techo fino de cerámica partida y colocada a trozos. Una mujer de grandes nalgas y caderas amasaba pan sobre el hogar; mientras, un anciano de rostro puntiagudo y aguileño afilaba sobre la mesa los cuchillos y las tijeras, sobre una piedra rígida asentada en un pedestal de madera. Las chispas de colores que brotaban por la fricción de la hoja de metal daban un aspecto siniestro al pobre hombre, que cansado y asfixiado paraba a cada momento queriendo coger aire. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 45)

Hilda Martín García | 6 de noviembre de 2010 a las 18:42

Resumen capítulo anterior: Diego visita junto al fraile el convento de San Telmo, donde una fila larga de vagabundos y pobres pedían el pan de solemnidad y la sopa económica hecha con restos de reses y arroz. En el refectorio, los administradores de la villa de Chiclana, españoles siervos del francés, sin ningún atisbo de patriotismo y decencia repartían los bienes de la gente.

Los días se hacen cortos ante el trabajo continuo que desempeño con los frailes de San Telmo, y doy gracias al cielo de que así sea. Muchos de los prisioneros que aquí se encontraban conmigo han sido llevados no sólo a las obras que se realizan en Fort Luis, peor aún que esto, han sido llevados lejos, hacia algunos países extranjeros, para luchar bajo bandera francesa. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 44)

Hilda Martín García | 30 de octubre de 2010 a las 18:41

Resumen capítulo anterior: Dalaki y otros compatriotas polacos, reciben la comunión a diario en la Ermita de Santa Ana en Chiclana. Hombres extranjeros que, sin pertenecer al ejército francés, estaban obligados a servirle. La propia ocupación de su país les trajo a España, donde el pillaje y la blasfemia eran algo intolerable para un hombre de fe.

Terminada la misa, fray Damián y yo recogimos los bártulos y subimos al carro. Creí que volvíamos al pinar al que ya todos conocen como de los franceses, donde tenía mi destino de preso. Sin embargo, la mañana no había concluido y mis quehaceres como hombre sometido al fraile no habían hecho más que empezar. Bajamos desde el cerro hasta el camino que conducía a las fuentes termales; no hablaba, pero tenía un semblante alegre, esbozaba una sonrisa que me cautivaba. Arengaba al mulo para que apresurara su paso, mientras los soldados franceses transitaban hacia la playa con pesados carros cargados de munición y armas. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 43)

Hilda Martín García | 25 de octubre de 2010 a las 18:40

Resumen capítulo anterior: En un carro de heno, atraviesa Chiclana el fraile y Diego hacía la ermita de Santa Ana, donde a diario, celebra misa para las tropas extranjeras que sirven al ejército francés. Allí, se abre ante sus ojos un túnel por donde Fray Damián libera a los presos españoles, recibe correspondencia y papeles de la España libre.

LOS ejércitos polacos y franceses son mejores en los campos de batalla, el campo abierto es el escenario natural en el que mejor saben defenderse, las grandes contiendas les benefician. Están mejor armados, sus líderes son más expertos, sus estrategias de combate más definidas y devastadoras. Pero no son nadie ante las temibles guerrillas españolas que les hostigan, les impiden las requisas, que siembran de miedo y terror con una crueldad a veces extrema su existencia. Los guerrilleros les privan del sueño, la vigilia es continua, les hace estar de forma permanente en alerta, siempre escasos de aprovisionamiento, la mayoría de las veces, hambrientos, deambulan por las tierras españolas. Fray Damián conocía a estos hombres extranjeros que, sin pertenecer al ejército francés, estaban obligados a servirle, sabía que estos hombres habían tratado una y otra vez de frenar el comportamiento cruel y asesino de la tropa gala. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 42)

Hilda Martín García | 16 de octubre de 2010 a las 18:39

Resumen capítulo anterior: Fray Damián ha conseguido convencer a los mandos franceses que necesita de Diego para realizar su trabajo y así poder salir a diario de donde está prisionero. Descubre en el camino que lleva a Santa Ana, mientras que las cañoneras apostadas en el caño de Mínguez abren fuego sobre los carros, que el fraile esconde entre el heno a un soldado español.

CUESTA arriba era el camino hacia la ermita de Santa Ana, aquella atalaya de renombre entre los antiguos navegantes, torre vigía que dominaba desde el cerro la entrada a la bahía, punto final de nuestro viaje en un carro cargado de lastre, José, al que Fray Damián protegía como un tesoro a costa de su propia vida. La vieja mula, traída quién sabe de qué lugar en estos días de guerra, a duras penas podía con el peso de los tres hombres que descansábamos sobre el banquillo y el heno. Las callejuelas pequeñas por las que transitábamos, a pesar de lo temprano del momento, estaban llenas de gente del pueblo y de soldados que, atareados, comenzaban los quehaceres del día. En Chiclana la gente se dedica a las labores de la tierra, a la siembra, al cultivo de vides, cereales y frutos; también los hay que se dirigen a la mar, a la pesca de sardinas y atunes cuando es tiempo de almadraba. Leer el resto del artículo »

Las crónicas de Cádiz (Cap. 41)

Hilda Martín García | 12 de octubre de 2010 a las 18:37

Resumen capítulo anterior: Diego pudo escribir una carta a María, era el pago por convertirse en redactor de panfletos y pasquines subversivos a las órdenes del fraile Damián. La primavera llega al pinar de la Algaida y las aves comienzan a llenar los humedales.

AUNQUE no tendré pruebas fehacientes de que María haya recibido mi carta, me conforta la idea de que la tenga ya entre sus manos y que cese su segura inquietud. Los días pasan de forma inexorable y mi pierna está mucho mejor, aunque mi cojera es pronunciada. Las noticias de lo que ocurre en uno y otro lado de la bahía llegan con la mañana, una mañana llena de una luz que huele a primavera. Los humedales están atestados de aves, las lluvias de estos últimos meses han convertido esta zona en una eclosión de vida. Charcas y esteros empapan los arenales cercanos a este pinar y la gente rezuma, a pesar del desconcierto de la guerra, otro talante. Leer el resto del artículo »