Gobierno abierto, voluntad relativa

Carlos Mármol | 4 de marzo de 2011 a las 6:30

PSOE y PP prometen potenciar la participación ciudadana gracias a internet. La apuesta supone transformar todo el Ayuntamiento.

En la teórica lluvia de propuestas (todavía escasas) que se supone debe ser cualquier campaña electoral de unos comicios locales hay que diferenciar entre los globos sonda, las ideas realmente sólidas y los planteamientos de moda. Cualquier político con opciones de tocar poder sabe que, aunque la mayor parte de los mensajes de su estrategia política se centren en exaltar sus propias virtudes (todas teóricas; uno no puede comprobarlas hasta que finalmente llegan al gobierno), hay que aparentar, por lo menos en alguna ocasión, contar con alguna ocurrencia que conecte con las inquietudes del electorado. Usualmente el programa electoral (si se tiene; no es lo mismo decirlo que tenerlo) se dosifica en función de cómo vayan las cosas y de la segmentación concreta de los votantes que convenga movilizar. Lo que explica el nacimiento, casi siempre virtual, de las distintas ciudades temáticas (de los niños, de la cultura, de la música…) con la que los cabezas de lista simulan sorprendernos.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, no hay planteamiento electoral que se precie que no incluya un capítulo específico –amplio, extenso y lleno de lugares comunes– sobre el concepto del Gobierno abierto. Esto es: los mecanismos que un candidato concreto se compromete a poner en marcha para potenciar el uso de internet como nuevo vehículo de participación social. En estas lides, como en tantas otras, una cosa es predicar y otra, distinta, dar trigo. El cereal de los candidatos, además, suele ser más o menos previsible, Casi siempre es el mismo: la instalación de puntos de wifi gratuitos en plazas y edificios públicos, como si la participación política de los ciudadanos (hastiados ante el panorama circundante) dependiera sólo de una conexión de internet.

Es cierto. La tecnología disponible tiene una potencialidad mayúscula. Aunque, a pesar de lo que suele defenderse en público, el compromiso de los políticos con la verdadera filosofía de las redes suele ser bastante relativo. Son políticos, al fin y al cabo. Y a ningún poder le resulta agradable mostrar sin maquillaje sus tripas. Zoido y Espadas, los dos grandes candidatos a la Alcaldía, hace tiempo que presentaron sus ideas sobre Open Goverment (en inglés parece que suena más importante ¿verdad?) para tratar de encandilar a la Generación 2.0. Desde entonces se han limitado a refrescarlas con nuevas aportaciones, casi todas sugeridas por los internautas habituales, convertidos (aunque de forma algo distinta a los cauces tradicionales) en un nuevo lobby. Todas son magníficas. Otra cuestión es que realmente lleguen a convertirse en ciertas. Del dicho al hecho, ya se sabe.

qqqqqqqqqqqA

Zoido (Juan Ignacio) vende a los sevillanos su programa sectorial Sevilla+democracia, que viene a ser algo así como un pack integrado de servicios electrónicos con foros de discusión sobre cuestiones municipales a través de las redes sociales. La oferta incluye una web participativa (yodecidosevilla.com) en la que los jóvenes pueden colgar sus sugerencias. Espadas, que tiene algo descuidada últimamente esta cuestión, se mostró en su momento partidario más o menos de lo mismo, singularizándose por su intención de llevar la red a los distritos (en todos existe, que se sepa) de forma fácil, accesible y gratuita. Sin negarle méritos a ambos, a los que la buena intención se les supone (son candidatos, pero también personas) la hermosa Sevilla digital que pregonan por ahí se antoja difícil de creer a pies juntillas.

Los motivos son dos: el cambio de actitud que suele acontecer a todos los gobernantes cuando llegan a un cargo y la situación de partida, que no es otra más que la estructura municipal heredada. El gran mal de Sevilla y, es de suponer, que de otras muchas urbes. Sobre el cambio de perspectiva que se produce en el viaje desde la oposición a la Alcaldía hay precedentes ilustres: repárese en Monteseirín, el alcalde bloguero, que dedica su espacio (suyo es; en esto no hay nada que discutir) a vender su gestión, pero que rara vez suele facilitar a los ciudadanos a través de su bitácora lo que realmente interesaría: la documentación, pagada con dinero público, a partir de la cual se podría contrastar cuál ha sido su gestión. En esto ningún regidor es ejemplar: todos confunden la red (obvian su condición de espacio libre, abierto, transparente) con su afán de protagonismo. Los ciudadanos (sobre todo si comulgan de la filosofía 2.0) no quieren oír las virtudes de los gobernantes, sino tener acceso a la información pública. Justo lo que el poder, cualquiera que éste sea, trata de evitar por todos los medios.

Sobre la administración local no descubro nada: el Consistorio es una organización decimonónica que, por muchas webs que abra, rara vez se mueve (cuando se mueve) en función de la calle. Sigue sus propios usos y costumbres. A internet, a este respecto, le pasa ya lo mismo que a la televisión: es un medio poderosísimo que, desde el prisma político real, sólo se usa para entretener a los ciudadanos (haciéndoles creer que realmente participan en política) más que como herramienta para poder influir en la toma de decisiones. El Open Goverment que prometen los candidatos, además, es una cosa muy antigua. La inventaron los griegos hace siglos. Se llama democracia.

  • pasabaporaqui

    sin duda tiene razón, open goverment es democracia. La que ya ha llevado IU al Ayuntamiento a través de los presupuestos participativos, por ahí se empieza…


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

Notificarme los nuevos comentarios por correo electrónico. Tambien puedes suscribirte sin comentar.

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber