El ‘carril bici’ de Espadas

Carlos Mármol | 15 de abril de 2011 a las 6:32

El socialista desvela su proyecto para regenerar los barrios de Sevilla gracias al ahorro energético. La iniciativa permite invertir en los distritos con menos dinero público gracias a la colaboración privada.

Aviso para navegantes distraídos: en democracia las elecciones deberían ganarse por el cerebro y prescindiendo, en lo posible, del estómago. Con buenas ideas capaces de solucionar los problemas comunes. No siempre pasa: hay quien se impone por retórica, quien construye una imagen (artificial) de sí mismo que sin embargo enamora al cuerpo electoral, quien llega al puesto de mando atacando al adversario (sin afirmarse salvo por la negación) e, incluso, casos existen en la historia reciente, quienes terminan al frente del poder municipal sencillamente por casualidad o por azar. Todo es posible en Sevilla.

La política tiene muchas caras. Múltiples enfoques. Unos mejores que otros. Pero el más noble (desgraciadamente minoritario) es el que se vislumbra a la hora de plantear una propuesta seria a los ciudadanos. Implica, además de respeto hacia el que escucha, el valor de arriesgarse. Casi desnudarse: detrás de las ideas políticas, una vez desmontadas, aflora una determinada escala de valores. Por eso hay que desconfiar de los candidatos que no proponen nada o que, al fingir hacerlo, se quedan en la mera epidermis de las cosas, sin llegar del todo a concretar.

Espadas (el senador), alcaldable del PSOE el 22-M, hizo ayer una de estas propuestas de largo alcance, definida e interesante. Enorme sorpresa. Decíamos ayer, emulando a Fray Luis de León, que el socialista, cuya campaña se inició muy tarde y en las peores circunstancias políticas posibles, probablemente tenga excelentes intenciones (es de suponer que igual que Zoido) pero sus proyectos hasta ahora pecaban de inconcretos y parecían huérfanos de un sistema de financiación realmente sólido. Hay una excepción.

Habrá quien no lo entienda (y también quien sencillamente no lo quiera comprender por pereza o, acaso, porque no le convenga), pero el asunto que ayer desveló el alcaldable socialista, por primera vez en esta larga y sesteante campaña, conjuga todos los elementos que, a mi juicio, centran el tiro en la diana, ya que toca el verdadero problema de Sevilla: el profundo desequilibrio social que existe entre sus diferentes zonas urbanas. Por explicarlo al modo de los expertos en la materia, digamos que versa sobre cohesión social.

Por supuesto, habrá quien no lo crea. Quien desconfíe. Es lógico. Yo diría que hasta sano. No hay tampoco forma de impedir que algunos, al oír el término urbanismo energético, en lugar de sentir curiosidad (que es lo que haría cualquier mente abierta) resople, diga eso de ojú (interjección tan sevillana y graciosa) y mire buscando consuelo intelectual, sobre todo ahora que estamos en las vísperas, hacia el palquillo de toma de horas, que quizás sea concreto (por las horas) pero no creo que demasiado útil a una ciudad en la que la gran tarea pendiente (mejorar los barrios) está por hacer.

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¿En qué consiste la idea de Espadas? Esencialmente en un sistema para que las empresas privadas se comprometan en tiempos de crisis con la rehabilitación de las barriadas de Sevilla. Convertir los distritos en oportunidades de negocio razonable para los inversores particulares. El método de trabajo se sustenta en la construcción de aparcamientos para residentes (equipamientos, según el PGOU) pero, sobre todo, en la gestión mercantil del ahorro energético colectivo de una determinada barriada.

Una vía factible (la energía es un mercado, aunque algunos aún no lo sepan) para generar ingresos a unos inversores (hablamos de firmas que cotizan en bolsa) que se dedicarían a cambio de este dinero a mejorar las zonas comunes de los bloques residenciales: fachadas, cubiertas, accesos, ascensores y espacios colectivos.

La piedra angular es la financiación. Este tipo de iniciativas han dependido hasta ahora en tres cuartas partes del dinero de la administración pública, que subvencionaba un 75% del coste. El 25% restante salía directamente del bolsillo de los beneficiados. El contexto económico actual hace inviable que esta fórmula se mantenga en el tiempo. No hay dinero.

¿Cómo suplir la parte que ni la Junta ni el Ayuntamiento van a poner? Cubriendo la diferencia con la presencia de operadores energéticos (empresas) que asuman el desajuste a cambio de poder comerciar con el ahorro conseguido. La viabilidad definitiva de la propuesta requiere cierto volumen: para que los números cuadren es necesario hacerlo en barrios enteros, previo acuerdo de las comunidades vecinales. El elegido por los socialistas es el Polígono de San Pablo, donde la mayoría de las viviendas son de los años 50.

Los cálculos de Espadas son que rehabilitando 100.000 viviendas cada año se crearían hasta 58.000 empleos, se generaría un movimiento económico de 3.600 millones de euros y se reducirían emisiones de CO2. No es un camino fácil: hablamos de operaciones a veinte años vista. Pero, con independencia de lo que ocurra el 22-M, de momento es la única fórmula puesta encima de la mesa para, sin un dinero público que no existe, poder intervenir en los barrios de forma sistemática.

También supone un giro copernicano a la política de estos años, exclusivamente concentrada en el casco histórico. Pronóstico: con ella ocurrirá igual que con el carril bici. Cuando IU pedía su construcción, muchos se reían. “¿Bicis en Sevilla? ¿Es que somos chinos?”, decían los costumbristas. Hoy algunos hasta tienen el carné de Sevici. Es cuestión de tiempo.

  • Adrián

    Carlos, esta propuesta la hizo hace meses, por ejemplo en el colegio de Administradores de Finacas. El que no se entere de la concreción de las propuestas es porque no quiere solo hay que escuchar un poquito.


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