Carlos Mármol | 20 de noviembre de 2011 a las 6:00
Hoy se abren las urnas. Es el día. Y, como es costumbre, llega el momento de cerrar –por un tiempo– este cuaderno. Aunque, en realidad, motivos, más allá de los estrictamente oficiales, no existen: el circo electoral va a seguir abierto, en una espiral interminable, porque dentro de apenas tres meses, justo en primavera, se celebrará ante todos los públicos la verdadera batalla a cuchillo entre socialistas y populares:la guerra por conquistar Andalucía.
Es evidente, por tanto, que la campaña electoral –declarada o tácita– no termina con la votación de esta jornada en la que, si todos los sondeos no mienten, Mariano Rajoy conseguirá el billete de primera clase en dirección al Palacio de la Moncloa. Con el poder municipal y autonómico prácticamente en sus manos, y el Gobierno central recién conquistado, el líder del PP disfrutará de un respaldo popular equiparable al que en su día logró Felipe González.
En aquel momento se trataba de un cambio histórico: la izquierda llegaba al poder tras la Guerra Civil. Ahora lo que es histórica, por desgracia, es la negra situación económica de España, con la moneda única en serio riesgo y un horizonte de ajustes sociales que dejará en nada los duros años –ya lejanos– de las reconversiones industriales y el desmantelamiento de minerías, astilleros y todo aquel conjunto de fábricas herrumbrosas del Norte (y el Sur) en las que muchos obtuvieron el sustento que necesitaban sus familias. Ni eso nos queda ya por cerrar.
La economía global es virtual y financiera. Líquida. Información, innovación y conocimiento. España carece de todas estas costumbres, su educación no funciona, las empresas no logran crecer –y por tanto sobrevivir a las tempestades– y el índice de paro es casi subdesarrollado. Un panorama terrible. De décadas, además. Esto no parece cosa de un lustro. Ojalá no pase de los dos.
El PP anuncia que tendremos que hacer sacrificios inmediatos para poder salir del pozo. Los milagros no existen. El PSOE, sumido en la melancolía, comienza hoy a desenredar, seguramente a tirones, el bucle del poder orgánico, asunto para ellos más trascendente que las elecciones. En marzo, fecha propicia a las traiciones, se juegan todo su porvenir. Si pierden Andalucía, les espera lo que a todos los ciudadanos: el infierno, tan temido.