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Notarios sin lirios y fruteros tristes

Carlos Mármol | 10 de mayo de 2011 a las 6:05

Zoido promete no defraudar a los socialistas que le presten el voto en Sevilla mientras en Tomares el segundo teniente de alcalde del regidor José Luis Sanz le acusa de engañarle. ¿Resistirá la burbuja electoral del PP en Sevilla?

La campaña electoral del 22-M, definitivamente, se ha convertido en uno de esos concursos de la televisión (preparados al milímetro, sin posibilidad de espontaneidad alguna, rotundamente falsos, en los que todos sonríen mirando al vacío) a los que para darles cierta sensación de credibilidad se enseña de vez en cuando a un supuesto notario.

–Que venga el notario.

–Buenas.

–Levante usted acta de que aquí no engañamos a nadie, por favor.

–Bueno, yo lo que puedo hacer es decir que usted dice que no engaña a nadie, pero entrar en el fondo de la cuestión no es la responsabilidad de un fedatario público. Yo certifico sólo lo que diga, no que sea cierto.

¿Sirve de algo un notario? ¿Tiene utilidad en las lides políticas? Si se presta oídos al ilustre colegio del ramo (que siempre lleva estos adjetivos mayestáticos; los periodistas no tenemos más que una asociación silvestre) se diría que sí, que son los auténticos garantes de la legalidad en España. Palabra de notario, verdad revelada. Cualquiera que haya firmado algo alguna vez en una notaría quizás no muestre tanto entusiasmo: los notarios tienen fama de caros y se limitan, salvo notables excepciones, a mirar el carné de identidad y a cobrar los correspondientes honorarios. Cobran el folio más caro que Ken Follet, que, como es sabido, es millonario. Hay una notable excepción en el viejo dicho de Larra –escribir en España es llorar– que se llama notaría. Quienes allí escriben facturan por línea bastante más euros que muchos best-sellers. No es raro que Pablo Neruda soñara con asustarlos con “un lirio cortado”. ¿Hay algo que sea menos lírico que un señor (o señora) notario?

Pues bien. Zoido (Juan Ignacio) ha llamado a un notario con la pretensión de que sus dos adversarios políticos en la lucha por la Alcaldía –Espadas (el senador) y Torrijos (el Júpiter tronante)– se avengan a razones y se comprometan por escrito a dejar gobernar la ciudad a la lista electoral que resulte más votada el 22-M. Parece como un juego infantil. Y probablemente lo sea, a tenor de las declaraciones que ayer hizo Beltrán Pérez, uno de los más jóvenes candidatos de la lista electoral del PP. “Quienes se niegan a que gobierne la lista más votada están reconociendo su derrota”, dijo. Y agregó: “Zoido tiene confianza en alcanzar la mayoría suficiente para ser alcalde, pero los ciudadanos tienen que acudir a las urnas sabiendo a qué candidato votan, a qué equipo de concejales apoyan y qué programa asumen para evitar que un pacto de perdedores varíe el equipo al que votan y el programa que apoyan”.

Volvamos el asunto por pasiva, como suele decirse: ¿En unas elecciones no son los políticos los que deben someterse a la opinión libre de los ciudadanos? Por lo visto, según Pérez, en Sevilla los votantes sólo pueden apuntarse a una única cofradía: la de los zoidianos proclamantes. Por eso, antes de que hablen en las urnas, lo suyo es ir todos juntitos al despacho del señor notario a ponerlo bien clarito y por escrito.

–Tranquilo, Juan Ignacio, que sí, que te vamos a dejar gobernar aunque no tengas al final los votos suficientes. Total, ¿qué nos importa lo que decidan los sevillanos?

Verdaderamente, la escena parece algo surrealista. La burbuja Zoido, que todavía no se ha roto, y quizás no llegue a hacerlo nunca, lleva unos pocos días dando la asombrosa sensación de estar a punto de pinchar. A los hechos me remito: Primero, el patinazo con los carteles electorales colocados antes de tiempo en plena Feria. Después, los debates electorales selectivos (en momentos de escaso impacto y sin auditorio que replique). Por último, la historieta del notario. Desde que el CIS sacó su célebre sondeo parece que la rotunda seguridad en la victoria es ahora algo menos entusiasta en las filas populares, a las que además ayer se le abrió un inesperado frente en Tomares cuando el segundo teniente de alcalde mandó a la prensa una carta abierta en la que sostiene que el alcalde de la localidad (José Luis Sanz, presidente provincial del PP) le engañó y denuncia que el gran referente popular en la provincia –al decir de Arenas– se ha gastado “240.000 euros en un teleférico imposible que no sirve para nada”. En el PP se insinúa que el edil está resentido porque no va en las listas. Puede ser. Claro que eso no le impide llegar a tener razón o ejercer la libertad de decir lo que piensa. La credibilidad siempre es una cualidad personal, no resultado de ninguna bandera o carné.

La cosa tiene interés sobre todo desde el punto de vista estético. Por contraste: Zoido pidiendo en Sevilla a los socialistas desencantados que le presten su voto para poder gobernar y prometiendo no decepcionarles nunca, poniendo como portavoz de su movimiento interclasista a un tendero de barrio y, al mismo tiempo, alguien que respondería precisamente a este mismo perfil de derecha amable –tradicionalista y popular– sosteniendo en público que el presidente del PP de Sevilla se ha aprovechado de él. Con nombre y apellidos. Sin ocultarse tras los seudónimos. Firmado: Faustino, el frutero.

En el PP, la verdad, nunca han acertado con los fruteros. Es el segundo que les sale rebelde. El anterior –Manolo García, hoy Hermano Mayor de la Macarena, concejal con Becerril, comerciante de la Encarnación– nunca llegó a escribir una nota similar expresando su cabreo. Pero lo tuvo bastante parecido. Desfogaba en foros con pretensiones clasistas el enfado que cogió tras ser sacado de las listas debido a su nefasta gestión al frente de la grúa municipal. Su gran problema: peligraba el cobro de su pensión política. Al final, terminó su carrera política como edil en un pueblo aljarafeño para evitar la merma económica. Vanidad, dineros e intereses lo explican casi todo en la vida. Incluso entre tan buenos cofrades. Laus Deo.

Tiempo, bendito tesoro

Carlos Mármol | 30 de abril de 2011 a las 6:30

Los socialistas centrarán la fase definitiva de la campaña electoral en los distritos Este, Cerro-Amate y Macarena. Espadas intenta limar el escepticismo de los simpatizantes del PSOE con su presencia personal.

No hay mejor forma de mantener un secreto que dejarlo a la vista. Quizás por eso las agendas electorales encierran misterios dichos casi a voces. Basta analizarlas con cierto detenimiento para caer en la cuenta. ¿No me creen? Les resumo el plan de trabajo que tenía ayer el equipo electoral de Juan Espadas, el candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla. De entrada, un chat [conversación] con los internautas [ciudadanos] antes de las inminentes elecciones municipales. Un poco de campaña 2.0, que tiene su publico.

Después, un acto político en el barrio de San Jerónimo (distrito Macarena) para presentar el programa electoral diseñado para este barrio. Es de suponer que (en el interín) algo de descanso y comida. Por la tarde vuelta al tajo: visita al barrio de Torreblanca, donde tenía prevista una reunión con la entidad femenina Siete Rosas y el mítico club deportivo de los Diablos Rojos, el orgullo del barrio. Por último, visita a la barriada de El Parchís, uno de los habituales puntos calientes de Sevilla Este.

¿Encuentran algún sentido a esta sucesión de actos? La campaña. Claro. Pero la pregunta correcta sería otra: ¿Qué campaña? Si se analizan los actos de las dos últimas semanas la cosa empieza a aclararse. ¿Cuántas veces ha ido Espadas a Torreblanca? ¿Cuántas propuestas han tenido a San Jerónimo como protagonista? Los socialistas afrontan la fase decisiva de esta campaña electoral muy cortos de tiempo. De recursos tampoco han ido muy sobrados desde el mes de enero. Cosa llamativa si tenemos en cuenta que hablamos de la que está considerada la agrupación más importante del PSOE en toda España.

Dentro de sólo unos días comenzará oficialmente (en el tramo final de la Feria) la campaña electoral. Dos semanas y media en la que la presión sobre los electores será brutal con el fin de animarlos a ir a las urnas. Los socialistas, que en la pugna por la Alcaldía llevan tiempo en una posición secundaria en relación al PP, saben que si logran un volumen de participación suficiente el 22-M tienen ciertas opciones de aguantar el batacazo electoral que pronostican los sondeos.

Les falta tiempo (al PP, en cambio, le sobra; Zoido desearía que se votara mañana mismo) y horas del reloj para poder agarrar con su mensaje a los posibles simpatizantes. Un destacable dirigente del PSOE lo resumía el otro día de forma gráfica: “Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano, pero realmente no sabemos si nos dará tiempo a llegar a todos los sectores que necesitamos”. Tiene razón: la campaña la iniciaron de forma muy tardía (con el problema de la permanencia del alcalde en el cargo) y Juan Espadas, a pesar de ir mejorando en parte su bajo nivel de conocimiento, dejó correr unos meses preciosos hasta poner de verdad a funcionar a su (reducido) equipo de trabajo. Su campaña, en términos efectivos, empezó en enero: apenas cuatro meses antes del 22-M.

No es raro que las cuentas (del calendario) no les salgan. Aunque por eso no dan la batalla por perdida. En los quince días largos que restan para los comicios verán ustedes mítines con los principales dirigentes (estatales y autonómicos) del partido respaldando al candidato. Verán imágenes en la televisión, análisis en prensa, comentarios en la radio. Por todas partes el mismo mensaje: “podemos darle la vuelta a las encuestas”.

Lo que probablemente no verán (demasiado) es la verdadera campaña que los socialistas van a tener que hacer en las próximas tres semanas si realmente quieren retener la Alcaldía. Presencia continua y constante (mañana, tarde y noche) en los tres distritos donde se juegan el gobierno de la ciudad. Aunque, en honor a la verdad, lo de la presencia socialista en realidad es un eufemismo. El partido ha contribuido de forma muy relativa: algunos directamente han entorpecido (obsesionados con tiempos ya pretéritos en los que gozaban de determinado protagonismo público) y otros siguen sin abandonar la desgana.

Otros, los militantes con menos hambre de cargos sí han apoyado, pero los quince días que quedan va a tener que echárselos en el cuerpo el candidato Espadas, cuya campaña está siendo inusualmente personalista, paradójicamente, por motivos opuestos a la de Zoido. En el caso del PP, el mensaje tiene algo de peronista: el culto al líder.

En la situación por la que pasan los socialistas, la explicación es otra: debe ser el candidato en persona quien desactive los focos de irritación de los militantes, intente animar a los simpatizantes y, en definitiva, aguante la sangría electoral en estos tres barrios de la ciudad (Este, Macarena y Cerro-Amate) para poder tener opciones. Un trabajo que además Espadas no puede delegar (suponiendo que tuviera en su lista políticos con un perfil que le permitiera hacerlo) y del que depende el estrecho margen que va de la cima a la sima.

El PSOE no puede dejar de tocar todos los registros: a sus bases y a las clases medias que, en función de las circunstancias, les han apoyado o les han castigado. Irán a todos los debates (si es que Zoido no sigue rechazando ofertas) y mostrarán músculo en los momentos culminantes. Todo esto no les quitará votos. Tampoco se los dará. Su futuro (Alcaldía u oposición) depende de los vecinos de tres distritos. Y del tiempo, ese bendito tesoro que tanto han desperdiciado.

Farolillos y bombillas

Carlos Mármol | 29 de abril de 2011 a las 6:35

Zoido presenta un plan para ampliar “la Feria en casi 200 casetas y hacer un aparcamiento junto al club Náutico. Espadas promete crear hasta 64.000 nuevos empleos “en sólo cuatro años.

Dicen que las promesas definen la personalidad. Sobre todo en el caso de los líderes políticos que se encuentran en pleno proceso electoral. Ayer tanto Zoido (Juan Ignacio) como Espadas (el senador) dieron muestras de esta máxima que sostiene que, igual que somos lo que comemos, o dirigimos justamente como somos, prometemos precisamente aquello que pensamos que le interesa a los demás.

Vayamos por partes. O, mejor, por escenarios. Exterior día. Real de Los Remedios. Vísperas de Feria, cuyo primer tramo se anuncia lluvioso. Un atril mecido por el viento: habla el candidato del PP. Lo rodea su equipo de fieles ejecutores. La propuesta del día de Zoido:”ampliar el actual recinto de la Feria en 200 casetas más y dar uso al cordel de Los Gordales (el nombre del Real) durante todo el año con equipamientos vecinales efímeros. No parece mala idea. Sobre todo por lo de reutilizar estos terrenos todo el año.

Sobre la ampliación de la Feria me surgen ciertas dudas. ¿Para qué necesita la Feria tener 200 casetas más? ¿Por la demanda? ¿No sería más lógico liberar de las barreras de entrada las casetas existentes, como hacen en otras ciudades? Supongo que el Zoido-team piensa que ante la cercanía de los farolillos iban a captar la atención general con una idea de semejante tenor. Puede ser. Aunque resulta llamativo que Zoido esté haciendo una campaña que insiste en plantear determinadas ideas ignorando el marco legal existente. Lo digo porque, con independencia de la buena voluntad (que se le supone) algunos de sus planteamientos reabren debates que, desde el punto de vista jurídico, están más que cerrados.

La Feria es uno de ellos. Como recordarán, el Plan General planteaba su traslado al Charco de la Pava. Zoido dijo ayer que esta idea es inviable. ¿Por qué? Rosamar Prieto (edil de Fiestas) también la rechaza (proponiendo Tablada, cosa harto significativa; llevar allí la Feria cuestiona el carácter no urbanizable de estos terrenos) sin explicar las razones. ¿Las hay? No cabe, se dijo con la boca chica. ¿Por qué entonces el Ayuntamiento aprobó un Plan General que habilita el Charco de la Pava para este fin? ¿No es una contradicción? La Feria cabe perfectamente donde dice el PGOU. Otra cuestión es que ahora se quiera cambiar de opinión. O que Zoido, si llega a la Alcaldía, cambie el Plan. Dígase claramente. No pasa nada. Contar media verdad es peor que mentir.

Sobre la reutilización de Los Gordales para albergar dotaciones públicas para Los Remedios, cosa que parece correcta, conviene saber para valorar la idea que, jurídicamente hablando, esto no es posible: Los Gordales son suelos estatales cedidos al Ayuntamiento gratuitamente exclusivamente para albergar la Feria. Si se introducen otros usos debe pedirse permiso al Gobierno central. Y es de suponer que, con el pleito urbanístico sobre estos terrenos en el aire, la cosa se antoja difícil. ¿No sería mejor desarrollar lo que dice el PGOU para esta parte de la ciudad?

El Plan contempla construir un campus universitario y dotaciones permanentes, no efímeras. Zoido plantea ahora otra idea con parking incluido. Curiosamente casi todo lo que plantea el candidato del PP (el Distrito Judicial, por ejemplo) va con un gran parking incluido, lo que implica que, si gana, Zoido será el alcalde del perpetuo parking. Habrá a quien le parezca bien. Aunque el problema de Sevilla, sobre todo en Los Remedios (en el centro es otra cosa) no es tanto que no haya plazas de aparcamiento disponibles (en algunas zonas sí; en otros lugares, no) sino que los sevillanos sencillamente no quieren pagar dinero por aparcar. Cosa bastante diferente.

Mientras Zoido planteaba su particular plan farolillo, Espadas se iba a ver a las patronales (que ya recibieron esta semana la visita del alcaldable del PP) para contarles su programa económico, lleno de bombillas. Esto es:”ideas. A juzgar por la opinión de algunos de los presentes, el acto tuvo cierto éxito. Espadas prometió crear 64.000 empleos en sólo cuatro años (parecen demasiados dado cómo está el patio) y reivindicó asuntos más o menos previsibles:”la ampliación de Cartuja 93 (prevista en el PGOU), la potenciación de Aerópolis, la mejora de los polígonos industriales y alguna cosa más.

Buena parte de estas cuestiones no se han acometido durante estos años por falta de diligencia de las administraciones (en unos casos) o por una notable ausencia de compromiso del tejido empresarial. Un ejemplo: la transformación de los polígonos industriales, a los que el Plan General permite crecer en altura y densidad urbana si los propietarios de las empresas instaladas en ellos cumplen unas determinadas condiciones. El marco urbanístico para acometer este proceso existe desde hace ya cinco años. ¿Cuántas empresas se han apuntado? Nadie lo dice.

Los líderes empresariales pidieron ayer al socialista que no ceda el área económica a Izquierda Unida. Los socialistas ya han dicho repetidamente que no piensan hacerlo. ¿Cumplirán?”La decisión final no depende ni de unos (los socialistas) ni de los otros (los empresarios), ni siquiera de los afectados (IU), sino de los electores. Los sevillanos votan dentro de menos de cuatro semanas. La aritmética electoral dirá. Nada impide que uno exprese sus deseos políticos y personales. Pero el gobierno local no es cosa de farolillos ni de bombillas, sino de las urnas. Afortunadamente.

Zoido: energía renovable

Carlos Mármol | 27 de abril de 2011 a las 6:38

Todo es posible. En esta campaña ya no hay que extrañarse de casi nada. Salvo de que a estas alturas aparezca alguna idea salvífica contra la debacle general en la que se encuentra Sevilla. Igual que el cabeza de lista socialista a la Alcaldía, Espadas (el senador), ha abrazado con entusiasmo los ritos cofrades (su entrega a las bandas de cornetas se diría que resulta excesiva; sus paseos por los templos en Semana Santa han sido significativos), un terreno que, no se sabe muy bien las razones, la derecha sevillana siempre ha considerado cosa suya, el alcaldable del PP, Zoido (Juan Ignacio), se ha convertido ahora en un candidato amante de la sostenibilidad y de las energías renovables. Sí, como lo oyen. Zoido se ha hecho verde.

La confesión (de la conversión) ha sido en esta ocasión algo más discreta que cuando el aspirante popular a la Alcaldía se declaró a última hora partidario del carril-bici (con gran escándalo en las filas de IU, que se la tienen igual de jurada que su Zoido-team a Torrijos) tras años de poner en cuestión esta iniciativa. Según el PP, en realidad ellos no están en contra del carril-bici, pero los matices (ya se sabe) son muy importantes. Las cosas no son blancas o negras, sino grises. Y al PP siempre le han ido los tonos sobrios.

Ayer, por ejemplo, hubo muchos ternos oscuros (ese azul que, junto al verde cacería, tanto gusta en cierta Sevilla) en la presentación a las dos patronales locales (CES y Cámara de Comercio) del programa económico del PP. Zoido les explicó sus recetas políticas (sin política, según él) para salir de la crisis y revitalizar la actividad económica. Al principio, las propuestas discurrieron dentro del campo de lo previsible.

Lo habitual: un poco de acuerdos de colaboración público-privada (hay que ver bien las condiciones de estas fórmulas de concertación; el candidato popular no las ha explicado todavía en detalle), agilización de los trámites administrativos municipales (siempre lentos y complicados; la burocracia es lo que tiene), apoyo decidido a los comerciantes (tema del que el PP ha hecho bandera electoral al oponerse claramente a las peatonalizaciones)y las esperables apelaciones a la seguridad jurídica.

A continuación llegó la sorpresa: el aspirante popular a la Alcaldía declaró que su apuesta para mejorar la actividad económica global en la ciudad pasa por la aeronáutica, la agroalimentación y las energías renovables. Esto es: los tres temas (o al menos dos de ellos) de los que los socialistas vienen hablando con fe de carbonero desde hace unos años (aunque con resultados discretos) como sectores clave para “cambiar el modelo económico”.

Si se fijan, el candidato Espadas, con independencia del asunto metropolitano, lo que ha hecho desde enero ha sido apoyar las expectativas económicas del Puerto (dragado y esclusa incluidos), elogiar el proyecto del avión A400M y la industria auxiliar y hablar mucho de nuevas tecnologías y sostenibilidad. Tampoco es nada nuevo: Monteseirín lo hizo en su día. Griñán lo hace con frecuencia. Incluso Chaves lo hacía.

A los ciudadanos, me temo, debe darles la ligera sensación de que los políticos son como discos rayados: siempre dicen lo mismo, se repiten. ¿Síntoma de concordia? Sospecho que más bien falta de ideas: cuando todo el mundo coincide en estos mismos temas sin saber explicar (con cierto detalle) cómo piensan sacar adelante las estrategias económicas que prometen yo tiendo a pensar que sencillamente es que no tienen nada mejor que ofrecer. Y ante la duda, mejor repetir la fórmula habitual. Aviones y renovables.

Desde la calle probablemente se intuye que el resultado efectivo de estas apuestas será más bien a muy largo plazo, cuando no resultan –directamente– incomprensibles. Su impacto en términos de empleo de urgencia se antoja bastante relativo. Por otro lado, es significativo que, a pesar de esta evidencia, todos los mensajes de los candidatos, con independencia de su solidez argumental, se vinculen siempre al empleo.

Aquí en Sevilla, por lo visto, cualquier cosa sirve para crear empleo: la Semana Santa, la Feria, el Rocío, el Día del Libro… Si fuera verdad toda esta cantinela probablemente por estos pagos no tendríamos paro hace tiempo. Actividades (lúdicas y primaverales) nos sobran. Incluso fiestas trascendentes. El problema de la falta de trabajo tiene –intuyo– otras causas distintas. Es un tema demasiado serio para frivolizar. Tampoco debería servir de coartada para según qué cosas.

De los planteamientos económicos del candidato del PP (al que el PSOE le recrimina que promete todo a todos todo el tiempo) llama la atención una frase: “Si soy alcalde voy a facilitarles las cosas a los que traigan nuevos puestos de trabajo o mantengan los existentes siempre que cumplan las normas”. Parece una declaración de principios excelente. ¿Quién va a negarse? Claro que todo no es tan simple. Ni tan sencillo. Un ejemplo: Altadis. Esta multinacional cerró hace unos años su factoría en Sevilla. Destruyó empleo. Ahora los dos grandes candidatos tienen propuestas parecidas para reutilizar sus terrenos previa compensación económica. ¿No es contradictorio?

En Sevilla tradicionalmente se han facilitado las cosas a algunos (con independencia del empleo que creaban) mientras a otros se les ponían bastante difíciles (a pesar de crear trabajos). Más que criterio, aquí lo que siempre ha existido es cierta arbitrariedad. Tiene razón Zoido: va siendo hora de renovarse. ¿Qué tal idénticas reglas del juego para todos?

El mensaje metropolitano

Carlos Mármol | 26 de abril de 2011 a las 6:00

Espadas reúne a los 46 candidatos del PSOE en el área metropolitana para acordar un proyecto conjunto. Zoido defiende que se ‘blinde’ al tráfico el barrio de Tablada durante la Feria.

Apenas quedan cuatro semanas. Un mes justo. Tras la Semana Santa, y camino de una Feria que se comerá los actos oficiales de inicio de la campaña (sin auditorio disponible hacer el teatro electoral será un episodio digno de ver), los dos grandes candidatos a la Alcaldía de Sevilla, Zoido (Juan Ignacio) y Espadas (el senador) volvieron ayer a retomar sus respectivas agendas políticas con ritmos divergentes.

El PP, como suele hacer, sin matarse: Zoido se reunió con los vecinos del barrio de Tablada (de origen militar) para criticar que el gobierno local (ya en fase de despedida) no lo haya incluido en el plan de emergencias de la Feria. Cuestión de Estado, al parecer. El PSOE, en cambio, continúa intentando ganarle horas imposibles al calendario a base de atracos en plan puerta a puerta (puerta fría, se le llama a la figura en el gremio de los comerciales), presentación de programas de barrio y, como colofón, puesta de largo colectiva de uno de los grandes ejes de la campaña de su candidato: el mensaje metropolitano.

De todo este menú, que parece amplio pero en realidad no lo es tanto, me llaman la atención dos cuestiones. La primera: la idea de Zoido sobre el barrio de Tablada. Parece lógico que esta zona de Sevilla, que es una de las que más sufren la celebración de la segunda gran fiesta de la ciudad dada su cercanía al Real (es un avance que un político, sobre todo de derechas, entienda que existen sevillanos que no participan de la alegría de las vísperas), sea incluida en el dispositivo de seguridad.

Claro que, puestos, quizás habría que incluir a media Sevilla dentro de estos planes especiales. El problema de la Feria y de la Semana Santa es que afectan de lleno a determinadas zonas de la ciudad cuyos residentes, en ciertos casos, no participan con el entusiasmo debido de este tipo de ceremonias tribales. Parece razonable que se intente reducir sus molestias. Sin diferencias, además.

Dicho esto, lo llamativo es que Zoido pidiera ayer una especie de blindaje del barrio de Tablada para que los feriantes (los que van a la Feria) no taponen sus calles, rompan sus aceras y, en general, los vecinos tengan que soportar la falta de educación de quienes van a divertirse al Real sin importarle nada más. Nada que objetar a la idea. Sólo me surge una cuestión: ¿Lo que, según Zoido, es lógico en el caso de Tablada no lo es igual para el Casco Histórico?

Lo digo porque el candidato popular se ha posicionado en contra del plan de cierre al tráfico del Centro que, a pesar de todos sus errores, que son muchos, no parece que al final haya sido una tragedia y, sin embargo, ahora reclama ese mismo tratamiento en un zona urbana concreta. ¿En qué quedamos? La diferencia es de tamaño y de tejido comercial, se dirá. Puede ser. Pero el problema de fondo es el mismo: hay quien cree que la libertad consiste en entrar con el coche propio donde le plazca y aparcar en cualquier sitio (sea Tablada o el Centro) y que los que allí viven no tienen derecho a abstenerse del entusiasmo general.

Segunda cuestión: el proyecto metropolitano de Espadas. Ya hemos dicho aquí que el candidato socialista debía pasar de las palabras a los hechos. De esta cuestión se viene hablando en Sevilla, sin resultados reales, desde hace ya más de dos décadas. Incluso desde antes. Hasta ahora poco se ha avanzado. Esencialmente porque los alcaldes (socialistas) de las localidades afectadas han mirado con desconfianza la idea.

Ayer Espadas se hizo una foto con los 46 candidatos del PSOE a las alcaldías de esos municipios para evidenciar que se trata de un proyecto conjunto, colectivo. Sin echar las campanas al vuelo, que no es prudente, parece un buen comienzo. Esperemos que no se quede en eso: en un reiterado comienzo. La vertebración metropolitana de Sevilla es el único activo real con el que cuentan la capital y su entorno para poder captar inversiones económicas y atenuar el paro. No es un asunto fácil, pero resulta inevitable.

En economía no existen los milagros. Quienes durante los últimos años pregonaron la bondades del caso español ocultaban que el sueño era el germen de una pesadilla: la falta de alternativas a la actividad inmobiliaria. Cuestión de cimientos. El documento presentado ayer por los socialistas sobre la Gran Sevilla no es, digamos, de perfil popular. La gente quizás no entienda del todo lo que son las economías de escala, sabe relativamente poco de la sostenibilidad, aunque les suene la palabra, y anda muy justa de conceptos como los clústeres transectoriales. A los socialistas les haría falta menos prosopopeya a la hora de explicar los beneficios de desarrollar una estrategia económica única en el área metropolitana. No es tan complicado.

Basta bajar a la calle. Cualquiera entiende que, con la que está cayendo, la suma de esfuerzos es obligada. Una empresa de Tomares puede contratar trabajadores de Sevilla. Y viceversa. Hasta ahora sólo ha existido una cierta visión metropolitana, pero desajustada, en el mundo del ladrillo. Va siendo hora de buscar otros campos de actividad. Existe además un Plan Metropolitano que identifica suelos aptos para proyectos industriales. Ya es algo.

Faltan otras cosas: una política fiscal similar, la coordinación de los programas de formación y sustituir la habitual competencia entre los municipios sevillanos por la colaboración real. Recorrido por hacer hay. Habrá que ver qué ocurre. Aunque este asunto supera la inminente pugna electoral. Sencillamente es cuestión de vida o muerte.

El ‘carril bici’ de Espadas

Carlos Mármol | 15 de abril de 2011 a las 6:32

El socialista desvela su proyecto para regenerar los barrios de Sevilla gracias al ahorro energético. La iniciativa permite invertir en los distritos con menos dinero público gracias a la colaboración privada.

Aviso para navegantes distraídos: en democracia las elecciones deberían ganarse por el cerebro y prescindiendo, en lo posible, del estómago. Con buenas ideas capaces de solucionar los problemas comunes. No siempre pasa: hay quien se impone por retórica, quien construye una imagen (artificial) de sí mismo que sin embargo enamora al cuerpo electoral, quien llega al puesto de mando atacando al adversario (sin afirmarse salvo por la negación) e, incluso, casos existen en la historia reciente, quienes terminan al frente del poder municipal sencillamente por casualidad o por azar. Todo es posible en Sevilla.

La política tiene muchas caras. Múltiples enfoques. Unos mejores que otros. Pero el más noble (desgraciadamente minoritario) es el que se vislumbra a la hora de plantear una propuesta seria a los ciudadanos. Implica, además de respeto hacia el que escucha, el valor de arriesgarse. Casi desnudarse: detrás de las ideas políticas, una vez desmontadas, aflora una determinada escala de valores. Por eso hay que desconfiar de los candidatos que no proponen nada o que, al fingir hacerlo, se quedan en la mera epidermis de las cosas, sin llegar del todo a concretar.

Espadas (el senador), alcaldable del PSOE el 22-M, hizo ayer una de estas propuestas de largo alcance, definida e interesante. Enorme sorpresa. Decíamos ayer, emulando a Fray Luis de León, que el socialista, cuya campaña se inició muy tarde y en las peores circunstancias políticas posibles, probablemente tenga excelentes intenciones (es de suponer que igual que Zoido) pero sus proyectos hasta ahora pecaban de inconcretos y parecían huérfanos de un sistema de financiación realmente sólido. Hay una excepción.

Habrá quien no lo entienda (y también quien sencillamente no lo quiera comprender por pereza o, acaso, porque no le convenga), pero el asunto que ayer desveló el alcaldable socialista, por primera vez en esta larga y sesteante campaña, conjuga todos los elementos que, a mi juicio, centran el tiro en la diana, ya que toca el verdadero problema de Sevilla: el profundo desequilibrio social que existe entre sus diferentes zonas urbanas. Por explicarlo al modo de los expertos en la materia, digamos que versa sobre cohesión social.

Por supuesto, habrá quien no lo crea. Quien desconfíe. Es lógico. Yo diría que hasta sano. No hay tampoco forma de impedir que algunos, al oír el término urbanismo energético, en lugar de sentir curiosidad (que es lo que haría cualquier mente abierta) resople, diga eso de ojú (interjección tan sevillana y graciosa) y mire buscando consuelo intelectual, sobre todo ahora que estamos en las vísperas, hacia el palquillo de toma de horas, que quizás sea concreto (por las horas) pero no creo que demasiado útil a una ciudad en la que la gran tarea pendiente (mejorar los barrios) está por hacer.

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¿En qué consiste la idea de Espadas? Esencialmente en un sistema para que las empresas privadas se comprometan en tiempos de crisis con la rehabilitación de las barriadas de Sevilla. Convertir los distritos en oportunidades de negocio razonable para los inversores particulares. El método de trabajo se sustenta en la construcción de aparcamientos para residentes (equipamientos, según el PGOU) pero, sobre todo, en la gestión mercantil del ahorro energético colectivo de una determinada barriada.

Una vía factible (la energía es un mercado, aunque algunos aún no lo sepan) para generar ingresos a unos inversores (hablamos de firmas que cotizan en bolsa) que se dedicarían a cambio de este dinero a mejorar las zonas comunes de los bloques residenciales: fachadas, cubiertas, accesos, ascensores y espacios colectivos.

La piedra angular es la financiación. Este tipo de iniciativas han dependido hasta ahora en tres cuartas partes del dinero de la administración pública, que subvencionaba un 75% del coste. El 25% restante salía directamente del bolsillo de los beneficiados. El contexto económico actual hace inviable que esta fórmula se mantenga en el tiempo. No hay dinero.

¿Cómo suplir la parte que ni la Junta ni el Ayuntamiento van a poner? Cubriendo la diferencia con la presencia de operadores energéticos (empresas) que asuman el desajuste a cambio de poder comerciar con el ahorro conseguido. La viabilidad definitiva de la propuesta requiere cierto volumen: para que los números cuadren es necesario hacerlo en barrios enteros, previo acuerdo de las comunidades vecinales. El elegido por los socialistas es el Polígono de San Pablo, donde la mayoría de las viviendas son de los años 50.

Los cálculos de Espadas son que rehabilitando 100.000 viviendas cada año se crearían hasta 58.000 empleos, se generaría un movimiento económico de 3.600 millones de euros y se reducirían emisiones de CO2. No es un camino fácil: hablamos de operaciones a veinte años vista. Pero, con independencia de lo que ocurra el 22-M, de momento es la única fórmula puesta encima de la mesa para, sin un dinero público que no existe, poder intervenir en los barrios de forma sistemática.

También supone un giro copernicano a la política de estos años, exclusivamente concentrada en el casco histórico. Pronóstico: con ella ocurrirá igual que con el carril bici. Cuando IU pedía su construcción, muchos se reían. “¿Bicis en Sevilla? ¿Es que somos chinos?”, decían los costumbristas. Hoy algunos hasta tienen el carné de Sevici. Es cuestión de tiempo.

La retórica positivista

Carlos Mármol | 14 de abril de 2011 a las 6:22

El discurso de Espadas, el candidato socialista, predica soluciones optimistas en tiempos agónicos. El PSOE defiende propuestas que no ha acometido en estos años

Retóricas electorales. Parte segunda: Espadas (el senador). También conocido como el candidato que viaja en coche eléctrico. El discurso electoral del aspirante socialista a la Alcaldía de Sevilla está lleno de ilusión (la suya) y, probablemente, de cierta ingenuidad. Algo lógico si tenemos en cuenta que se trata –como Zoido en el año 2007– de un principiante en el mundo de la política municipal, aspecto que arroja luces (frescura) y también sombras (indefinición).

El PSOE, que tras un sinfín de conflictos internos con el todavía alcalde decidió cambiar a su cabeza de lista (esencialmente para huir del rechazo popular que la figura del regidor provocaba en amplias capas de su propio electorado), ha apostado por Espadas por su fama de gestor eficaz y solvente. Un alcalde (potencial) con experiencia de gobierno para un momento (sobre todo social) difícil. El único problema es que, además de por la situación económica general, la operación quizás se abordó excesivamente tarde, sin tiempo material para que los ciudadanos conozcan a un alcaldable cuyas propuestas, hasta el momento, si pecan de algo es de exceso de optimismo. Buen rollo. Algo por otra parte previsible tratándose de un candidato cuyo lema esencial es Sevilla en positivo.

Los pilares del proyecto Espadas, según confesión propia, son tres: la descentralización municipal, una decidida apuesta por el empleo y la formación (lo que el PSOE llama la gestión del talento) y la revitalización del río Guadalquivir. Probablemente los tres ejes les suenen. Nuevos no son. Más bien son clásicos populares de la vida política municipal. Cosa que, con independencia de cómo sea percibido por los electores, no supone demasiada sorpresa. Al menos, masiva. Más bien la de los socialistas es una estrategia basada primero en un acto de contricción (los excesos de la era Monteseirín) seguida de más buenas intenciones. ¿Suficiente?

Sobre la reforma municipal las propuestas de Espadas son escasamente concretas. La descentralización administrativa del Ayuntamiento ha sido una promesa recurrente de casi todos los partidos políticos. Nunca se ha hecho realidad: el miedo a abordar la remodelación integral del Consistorio (que funciona con una lógica decimonónica en pleno siglo XXI) y las presiones sindicales han pesado hasta ahora más que las evidencias.

Durante la Alcaldía de Rojas Marcos, los andalucistas fueron quienes más avanzaron en este terreno. Por vía indirecta: crearon el plan director de centros cívicos (los primeros equipamientos que aparecieron en muchas zonas extramuros de Sevilla en toda su historia) e incluso inauguraron algunos edificios. Los socialistas emularon al PA (para algunos fue al revés, pero esto es secundario) y, a raíz del escándalo de las facturas falsas del distrito Macarena, prometieron abordar un proceso global de descentralización con seguridad jurídica que a efectos prácticos ha sido incipiente.

Que Espadas prometa ahora un ayuntamiento de los distritos entra dentro de esta lógica histórica. Lo que no está aún claro es cómo va a abordar la cuestión: si adelgazando las plantillas (lo que augura hipotéticos pero probables conflictos laborales), reasignando funcionarios, reduciendo la administración paralela creada durante estos años por Monteseirín o trasladando todo el protagonismo político a las juntas de distrito. En todos los casos, habrá resistencia al cambio, aunque es la única dirección posible para que el gobierno local se adapte a los tiempos.

Sobre el empleo y la formación (la gran apuesta de los socialistas) las evidencias mandan: es la principal inquietud social. Parece lógico que Espadas (y el resto de candidatos) sitúen ambas cuestiones como prioridades políticas. En esta cuestión, sin embargo, el margen de movimiento es relativamente escaso. Las competencias en la materia son autonómicas. El Consistorio, aunque en los últimos tiempos ha intentado mejorar la formación de los desempleados (cuestión de la que IU ha hecho bandera), carece de recursos suficientes para la tarea.

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Quizás esto explique que Espadas formule su propuesta a escala metropolitana: con todos los problemas competenciales que estos años han impedido avanzar este viejo proyecto político (al que paradójicamente se han opuesto con fuerza algunos de los grandes regidores metropolitanos, mayoritariamente socialistas) la apuesta de Espadas (atraer inversiones: convertir al alcalde en el primer comercial de la ciudad) no tiene lógica alguna para los mercados exteriores, entre otros factores, si no se plantea de verdad en un terreno de juego mucho más amplio que el añejo concepto del término municipal.

La revitalización de la dársena fluvial es la tercera pata de la retórica socialista. También usual. Los andalucistas sentaron las bases para el desarrollo del Muelle de las Delicias. El actual gobierno PSOE-IU ha recuperado el Muelle de Nueva York y ha colocado pantalanes en la Cartuja. Ambas operaciones son temerosas incursiones en una cuestión que lleva casi dos décadas presente en todos los discursos políticos pero que choca, una y otra vez, con intereses particulares y la falta de decisión política.

El verdadero problema del Guadalquivir no es sólo urbanístico, sino de conservación y mantenimiento. Algo que requiere dinero. Los socialistas cuentan con remanentes autonómicos para impulsar su proyecto fluvial. Aunque, al igual que sus promesas relativas al Metro, la falta de un marco financiero definido hace cojear ambos argumentos. Espadas ha elegido trasladar a los sevillanos un mensaje positivo. El positivismo (la doctrina filosófica que se basa en la ciencia, lo que en política vendría a ser algo así como la gestión presupuestaria), en cambio, se echa de menos. Nadie puede ser buen gestor sin un presupuesto.

Apocalípticos e integrados

Carlos Mármol | 13 de abril de 2011 a las 6:30

El alcaldable del PP saca de la chistera a tres ‘independientes’ para los primeros puestos de su lista. El ‘núcleo duro’ de su equipo acapara el resto de la candidatura.

Era casi obligado. No había más remedio. Después de que los socialistas provocaran un pequeño tsunami en el interior de su siempre revuelta organización tras la inclusión de tres independientes en los puestos de salida de la candidatura de Juan Espadas (los otros dos incluidos en la lista van en puestos sin garantía real de éxito), los populares sabían que antes o después debían hacer lo mismo. Caso contrario hubieran admitido ante su electorado más equilibrado una cierta vocación endogámica que, en los tiempos que corren, no es políticamente correcta.

La inclusión de tres profesionales independientes en los primeros puestos de la candidatura de Zoido (Juan Ignacio) no supone pues sorpresa alguna para cualquiera medianamente neutral, aunque habrá quien a buen seguro entonará una loa sobre las virtudes de la sociedad civil. Bueno está. Tampoco servirá, en términos políticos, para dar ningún impulso extra al viento favorable que, al parecer, empuja al aspirante popular hacia la Alcaldía: al apurar los plazos legales al máximo (una vieja costumbre de la casa) los estrategas conservadores ya contaban con que el efecto sorpresa lo aprovecharía quien diera primero. En este caso, los socialistas. En la vida, los segundos en hacer las cosas rara vez sorprenden: según algunos, emulan; según otros, se mueven simplemente en una dirección inocua, tibia. Quizás lo único que le hubiera perjudicado al PP a estas alturas sería no haberlo hecho. En este sentido, Zoido ha acertado.

Al contrario de lo que ocurre en el caso de los socialistas, donde la disidencia es una vieja costumbre, con la que se convive históricamente, en el PP cualquier movimiento ajeno al aparato (que siempre es el mismo, por cierto) se considera un pecado mortal. Ya se sabe: estos yerros sólo son objeto de perdón si se cuenta con el confesor adecuado. De ahí que la nómina de personas que acompañarán a Zoido en su sueño por llegar al poderrefleje cuál es la visión política del aspirante popular: continuismo con algún leve aderezo de novedad. No está mal. Siempre son bienvenidas las caras nuevas (¿o no?).

Aunque hablar de renovación en este caso se antoja algo excesivo. Van a oír ustedes en los próximos días diversas lecturas sobre el movimiento electoral de la lista del PP. Algo magnífico: pluralidad de opiniones. Les apuesto sin embargo lo que quieran a que casi nadie va a usar en este caso el argumento que tanto se ha utilizado (interesadamente) con los socialistas: la tesis de que la inclusión de los independientes va a provocar tal malestar entre la militancia vieja que su campaña quedará herida en su movilización electoral.

Una de tres: o en el PP no existen militantes reivindicativos (cosa que no me parece probable), o no necesitan movilizarse (siempre será poco, en todo caso) o más bien quizás algunos tienen una doble vara de medir que dice que cualquier diminuta queja en el seno de los socialistas debe convertirse en categoría mientras las voces discrepantes del PP, que existen, sencillamente deben ignorarse. Acaso será falta de oído. O sencillamente una cuestión de olfato ¿Quién sabe?

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El equipo natural de Zoido durante su etapa en la oposición ocupa la práctica totalidad de los puestos a repartir. Es su núcleo duro. Quienes le han acompañado no tanto en el Ayuntamiento, sino en la campaña perpetua en la que ha estado inmerso el candidato desde que aquella noche de 2007 en el balcón de la calle San Fernando se diera cuenta –aunque el discurso oficial de su partido todavía sostenga lo contrario– que ganar sin mayoría para gobernar no es, en realidad, ganar, sino sencillamente perder.

En términos coloquiales, y sin ánimo de ofender (tengo pendiente un café con alguno), siendo sencillamente descriptivo, podría considerárseles como los apocalípticos. ¿La razón? El grueso mensaje catastrofista (según ellos realista) sobre la situación de la ciudad. Nada personal, supongo. Sencillamente una táctica que persigue, como es obvio, inclinar la balanza a su favor: dibujar una Sevilla caótica para que tenga cierto predicamento su mensaje esencial, que es que todo se arreglará gracias a Zoido.

Después vienen los integrados, que son los independientes. El nombre más conocido es el del ex decano de Económicas, Javier Landa, catedrático de universidad. Al suyo se suman una funcionaria municipal especialista en cuestiones fiscales (Asunción Fley) y una jurista con experiencia en administración patrimonial (María Dolores de Pablo-Blanco). El acta de concejal de Juan García Camacho (presidente de una entidad social) depende de la mayoría absoluta.

Como suele ocurrir en la vida, también hay gente fuera de foco: los que se van. La tesis oficial es que lo habían pedido. Puede ser. Aunque quizás tenga algo que ver el hecho de que gente como Vicente Flores (catedrático e independiente, igual que el nuevo número dos) fuera del equipo político de Jaime Raynaud, el anterior portavoz del PP, o que Joaquín Peña, otro de los que no repetirán, tuviera la osadía (valentía, según algunos) de intentar encabezar en 2008 una alternativa al actual presidente del partido, José Luis Sanz. Rara avis en el PP.

Se acabó el petróleo

Carlos Mármol | 12 de abril de 2011 a las 6:33

Espadas augura tiempos de austeridad . Anuncia una reorganización de la Gerencia de Urbanismo. Defiende la vigencia de la filosofía del PGOU ante los constructores.

Tiempos de austeridad. Inevitables, por otra parte. El aspirante del PSOE a la Alcaldía, Espadas (el senador), tuvo ayer un repentino (aunque sospecho que la cosa se va a convertir en algo permanente) ataque de sinceridad. En los dos actos de campaña previstos durante la jornada (una reunión con universitarios y una conferencia en el Foro Gaesco) empezó a admitir que los tiempos que vienen, incluso si llega a la Alcaldía, traerán consigo una inevitable contención del gasto público y la ralentización del mapa de infraestructuras de Sevilla. Malas noticias. Pero absolutamente ciertas. Es lo que hay.

Habrá quien piense que reconocer ambas cuestiones a 45 días del 22-M viene a ser algo así una locura. Cosas de un inconsciente. Es una opinión. Los socialistas, sin embargo, parecen querer abrir con este movimiento una línea de agua en la estrategia electoral del candidato del PP, Zoido (Juan Ignacio), que suele prometer –sin mesura– casi todo aquello que le piden colectivos y entidades sociales sin reparar –al menos de forma pública– en el coste económico exacto de sus promesas. La cuestión ya se la preguntaron a bocajarro hace sólo unos días en Antares: “¿Cómo piensa usted gobernar con una deuda municipal de casi 700 millones de euros?”. “Se pueden hacer muchas cosas sin tener mucho dinero”, vino a decir Zoido.

Espadas, por el contrario, parece haber optado por admitir las evidencias para ganar en credibilidad. Ante los universitarios anunció un plan de austeridad municipal que reducirá los sueldos de los altos ejecutivos de las empresas públicas, eliminará muchos cargos de confianza y diluirá la grasa (sin ánimo de ofender) que durante estos años ha marcado la etapa de gobierno de Monteseirín. No será el único cambio: anuncia una reforma a fondo de toda la estructura municipal. Por la tarde, ya ante los constructores, que llenaron el salón del NH Plaza de Armas para oír al alcaldable socialista, fue algo más concreto. Se va a tocar incluso la configuración de la Gerencia de Urbanismo, considerada por muchos como el castillo donde realmente mora el verdadero poder municipal.

¿Va usted a prescindir de los 550 empleados de Urbanismo dado el escasísimo volumen de licencias”, le preguntaron. El candidato dijo que reorganizará a los funcionarios para que estén más cerca de los problemas. Esto es: saldrán de la Cartuja e irán a los distritos. “No va a haber ningún sancta sanctorum en el Ayuntamiento”, insistió. Una respuesta que desencajó la cara de algunos de los altos cargos municipales –allí de cuerpo presente– que asistían a la ponencia. Unos, con la esperanza de sobrevivir a la era Monteseirín (en la que cosecharon poder e influencia) si el PSOE gana; otros, dejándose ver para dar la sensación de ser espadistas de toda la vida. Cosas de la condición humana.

CUADERNO martes 12baja

El discurso del candidato del PSOE ante los promotores inmobiliarios fue muy curioso. El hombre quiso hacer una disertación amena, sin leer (con un guión general) y, aunque tiene sobrado oficio en la materia (fue consejero; y se sabe que ésto imprime carácter) la intervención se le fue algo por las ramas (exceso de teoría) y cuando quiso rebajar el registro una buena parte del auditorio ya estaba preguntándose (para sus adentros, claro; la diplomacia ante todo) aquello tan usual de vale ¿ y de lo mío…qué?

Los inmobiliarios venían de un foro anterior en el que conocieron la Sevilla de Zoido, que les dijo que piensa cambiar el PGOU todo lo que sea necesario. Espadas dijo ayer todo lo contrario: “el Plan General es avanzado, valiente, se adapta a lo que queremos”, sentenció. Aunque admitió que su capítulo económico (diseñado en tiempos boyantes) debe revisarse. ¿Cómo? “Ensanchando el campo de juego”, explicó. En ese momento los empresarios, acostumbrados a algo tan concreto como un balance de pérdidas y ganancias, parecían no entender del todo el mensaje. El candidato socialista les explicó su afán de reconducir la estrategia urbana de Sevilla hacia el área metropolitana (cosa que el PSOE hasta ahora ha sido incapaz de hacer), les animó a concentrarse en la verdadera demanda de vivienda (10.000 solicitudes en Sevilla capital, no precisamente de renta libre) y, sin salirse de la doctrina que la Junta le repite al sector en cada encuentro, les instó a innovar en cuestiones como la rehabilitación de la ciudad existente y el alquiler.

A estas alturas algún que otro ilustre promotor ya miraba la hora. Incluso se diría que alguno pensaba, como después verbalizaría Juan Aguilera, maestro de ceremonias de Gaesco, que era “el momento de la cervecita”. Tuvieron que esperar. Espadas (el hombre que viaja en coche eléctrico) comenzó entonces a desgranar uno de sus proyectos estrella: la rehabilitación de los barrios de Sevilla gracias a la financiación asociada a políticas ambientales. La cuestión es interesante, pero probablemente resulte complicada de entender (de golpe) para un sector que hasta ahora pensaba casi exclusivamente en las promociones de nueva planta y que, a nivel nacional, pide subvenciones para seguir construyendo, sin reparar quizás en que su problema es el exceso de oferta sumado al cierre del grifo del crédito. El candidato socialista no les dio tregua: explicó su idea con devoción y dejó a los allí congregados con la mirada en el horizonte (salvo por las cortinas que impedían ver la Cartuja desde el salón). “Así que esto es lo de ensanchar el campo de acción”, me dijo, irónico, uno en la puerta.

¿Y Zoido? Ayer hizo su tournée electoral prometiendo inversiones para los polígonos industriales. de Sevilla ¿Les suena? En el Ayuntamiento se viene hablando de esto desde hace al menos doce años. Lástima que los polígonos no hayan tenido tanta suerte como el Parasol. Aunque no todo es responsabilidad municipal, claro: ¿cuántos empresarios se han acogido a las fórmulas de renovación del PGOU? Pocos. Es natural. La sensación general se parece mucho a aquella película que hizo Pepe da Rosa (padre) vestido de beduino en un velador del bar Citröen del Prado. Se acabó el petróleo.

Zoido festeja la imputación

Carlos Mármol | 9 de abril de 2011 a las 6:35

El candidato del PP arrancó aplausos entusiastas en Antares al proclamar que “Torrijos debe pasar a la historia”. Se posicionó contra la Torre Pelli y dijo que “abrirá el PGOU”

No era una fiesta. Ni una boda. Ni siquiera se trataba de una comunión, aunque al final se le cantó el cumpleaños feliz a una amiga del candidato. Pero por un momento casi lo pareció. La puesta de largo del candidato del PP a la Alcaldía, Zoido (Juan Ignacio), en el club Antares la noche del pasado jueves tuvo un protagonista involuntario (o quizás no tanto) que no fue precisamente el ponente, sino el ausente Torrijos, imputado por la juez Alaya en la instrucción del caso Mercasevilla.

Tras los postres, con una luz artificial casi de penumbra, muy dada a las confidencias, y sufriendo un calor inusual para las fechas que corren, el auditorio circundante (relativamente discreto si se tiene en cuenta que el PP suele plantear estas escenografías públicas como muestras de poder) le preguntó al aspirante del PP por el que su equipo de campaña ha convertido en su gran adversario político, cosa llamativa si se tiene en cuenta que Zoido quintuplica en número de concejales a la federación de izquierdas.

“¿Torrijos? Cuanto antes pase a la historia ese señor será mucho mejor para todos”, afirmó rotundo Zoido, con una dureza casi se diría de juez en el momento mismo de emitir sentencia. De pronto brotó de las mesas un repentino aplauso, con varias réplicas menores, que obviando cualquier norma de protocolo (Torrijos acudió en su día al mismo foro para exponer su idea de Sevilla) evidenció que el agresivo discurso del PP contra el candidato de IU se ha convertido en una bandera política que parece no necesitar otro motivo para su proclamación que un mero pie escénico. “No se puede entregar una ciudad a una minoría. Doy mi apoyo a los que tienen que aguantar a este señor. Ni yo quiero su apoyo político ni él me lo iba a dar a mí”, apostilló el alcaldable del PP.

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En Antares semejante ceremonia era de esperar. A pesar del espíritu independiente de dicho foro, de vocación empresarial, la sociología manda. Y se nota. Ya ocurrió cuando le tocó ir a Juan Espadas, el alcaldable socialista, aunque entonces la cosa fue algo más discreta, siempre dentro de la diplomacia cortés: hubo quien le deseó al socialista una “mayoría holgada” para no tener que depender de nadie y quien se alegró de que los socialistas excluyan de un posible pacto de gobierno el área de economía. Se percibía muy claramente cuál era el mensaje de fondo, pero sin perder nunca las formas.

Con Zoido de protagonista la contención se terminó. Hasta el punto de vitorear cualquier mención negativa contra “el tal Torrijos”. Resultaba doblemente ilustrativa la situación porque el alcaldable popular, al contrario de lo que suele ocurrir, dio titulares interesantes. Fundamentalmente tres: su vehemente oposición a la construcción de la Torre Pelli, su insistencia en la decisión política de “abrir el PGOU” todo lo que sea necesario y sus críticas al Parasol de la Encarnación.

Ninguna de estas tres cuestiones, objetivamente importantes, que dan idea de cuál es el modelo que abandera el aspirante popular, provocó entusiasmo entre los allí presentes, que (esencialmente) fueron cargos y militantes del partido (las listas están por cerrar), algún que otro ilustre empresario (no una legión, como ha ocurrido en otras ocasiones) y la habitual sociología conservadora sevillana. Media de edad muy alta.

No se produjo ninguna avalancha de asistentes (aunque el auditorio se llenó) y durante la cena incluso hubo algunos asientos vacíos, cosa que no sucedió la noche de Espadas. Lo más divertido fue ver entre el público a determinados altos cargos municipales –nombrados por el actual gobierno que todavía forman PSOE e IU– que no se sabía muy bien si ejercían de “empleados de la Corporación” o fueron al coloquio a título personal. Mejor no preguntarlo. Por si acaso.

Todo fue amable, cordial y educado, como digo, hasta que se mentó a Torrijos. Se percibió entonces, cuando muchos de los representantes más liberales del PP se habían ido a casa tras el obligado acto de presencia, que se daba como rienda suelta a una obsesión. Para entonces Soledad Becerril, la ex alcaldesa, siempre un ejemplo de diplomacia, se había ausentado de la mesa presidencial y los gestos de complicidad con Zoido de algunos de los presentes superaban los recibidos por los otros alcaldables.

Sobre la Torre Pelli el candidato fue rotundo: “Desde el punto de vista financiero su construcción no se sostiene. Es un proyecto inviable. Un capricho [no dijo de quién] y un despropósito fruto de una mentalidad faraónica que se quiere mantener”. Me pregunto: ¿Le está haciendo el candidato del PP un favor a Cajasol con este discurso? A muchos se lo parece. Sobre el PGOU remarcó, y mucho, su posición: “Modificaré el PGOU lo que sea necesario para que vengan empresas a Sevilla. Abriré el Plan las veces que haga falta en beneficio de la ciudad”. No aclaró el alcaldable en qué consiste este concepto. En relación a las setas también fue claro: “Recuperar la inversión es imposible. Sólo espero que no se caigan”, dijo.

Llegadas las doce, cada uno a su casa y es de suponer que Dios en la de todos.