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La fórmula interclasista

Carlos Mármol | 8 de abril de 2011 a las 6:28

El candidato del PP a la Alcaldía orienta su campaña con una lógica transversal que persigue diluir el rechazo que genera su partido en algunos barrios. La fórmula: interclasismo y una política sin ideología.

Los mensajes políticos, en especial en estos tiempos llenos de desasosiego, están contaminados por la publicidad. Y ya se sabe: la propaganda no requiere ser verdad para poder funcionar. Basta con un requisito algo inferior: simular su mera apariencia. No siempre fue así: hubo un tiempo, aunque ahora nos parezca muy lejano, incluso se diría que irreal, en el que un orador (para gobernar era necesario antes saber hablar sin tener otro asidero para discutir que uno mismo) trataba de convencer a los demás mostrando sus principios con sinceridad, en lugar de ocultándolos.

Los tiempos, huelga decirlo, han cambiado. Ahora vivimos en un océano de medias verdades (en el mejor de los casos) o directamente en un mar de mentiras. La verosimilitud, el recurso básico que hace que funcione cualquier ficción, se ha sustituido por la insistencia. Y la argumentación, esa vieja disciplina que no es más que la utilización inteligente de la lógica clásica, se ha visto reemplazada por la reiteración.

Ambas circunstancias han terminado configurando un lenguaje político muy pobre con el que los candidatos (sobre todo si están inmersos en una campaña electoral) intentan vender su mercancía (incluso a sí mismos; ellos a veces son su único producto) como sofisticados chamarileros. Persuadir se ha convertido en una actividad innecesaria. Todo se resume ya con un verbo comodín: comunicar. Aunque rara vez la cosa consista precisamente en esto.

Cada partido construye su propia retórica para poder disponer de su discurso particular. Hecho a imagen y semejanza de sí mismo. Cuando está bien tramado, suele funcionar. Detrás del acceso democrático al poder siempre suele haber un buen constructor de relatos. Después dirán algunos que estudiar literatura no sirve de nada. En otras ocasiones, el mensaje electoral permite adivinar las incoherencias o las tácticas fallidas de los diferentes referentes políticos.

Merece la pena pues hacer una serie de artículos sobre las retóricas electorales. Empezamos hoy con el favorito en las encuestas. El discurso del PP en Sevilla resulta además paradigmático. Su candidato, Zoido (Juan Ignacio), lleva cinco años en una campaña constante cuya orientación se resume con una lista de mensajes cerrados. Primero: corrupción=PSOE. Segundo: los problemas de Sevilla sólo tienen una solución=votar a Zoido. Tres: las elecciones municipales=trámite. Zoido será alcalde de forma natural, inevitable.

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Mucho más llamativo es el trasfondo de la estrategia electoral, que ha optado por un discurso (aparentemente) horizontal en el cual se insiste en disimular (sin ocultarlo del todo, cosa que llamaría demasiado la atención) las siglas partidarias que representa el candidato conservador. De hecho, este adjetivo colisiona con la construcción de su propia imagen: los populares han llegado al punto de renegar de sí mismos (de su ideología, al menos) con el fin de diluir el efecto negativo que su marca electoral ha tenido históricamente en muchos barrios de Sevilla.

La intención es bastante evidente: votar a Zoido, según la lógica electoral del PP, no es votar a un partido, sino a un hombre. Un candidato predestinado. Porque, como defiende el relato oficial del candidato del PP, es el hombre que Sevilla necesita. Este discurso electoral requiere obviamente una puesta en escena acorde. Adecuada.

Ejemplos de esta retórica son los carteles que Zoido ha diseminado por Sevilla (su lema es Somos la Sevilla que quiere un alcalde) y se vieron en un acto celebrado por las huestes populares en el hotel Al Andalus, donde reunieron a casi doscientas entidades (de diverso tipo) para enseñar una foto gigante de su candidato y proclamar, como han venido haciendo en los últimos tiempos, que su opción no es realmente ideológica, sino sencillamente transversal.

La idea: lo importante a la hora de acudir a las urnas el 22-M no es tener en cuenta lo que un elector piense de la gestión política municipal, ni tampoco los programas electorales, sino la aspiración compartida de que Sevilla funcione. Algo a lo que además nadie debería negarse. ¿Cómo oponerse a la llegada de un nuevo renacimiento a esta ciudad?

Zoido promete un gobierno local sin ideología, cuya voluntad no es hacer política, sino sencillamente gestión. Que será eficaz, en lugar de partidario. La pregunta esencial que surge tras escrutar la buena nueva popular (el tono de algunos de sus recursos visuales recuerda vagamente a las películas bíblicas en technicolor) es si todo esto es posible.

O también otra: ¿Por qué se presenta Zoido como candidato a unas elecciones (el único acto político que permite a los ciudadanos la democracia formal en la vivimos) si dice abiertamente no creer en las diferencias políticas? A priori hay dos opciones potenciales. Una: porque su discurso electoral es un simple recurso (en realidad cree en la política, pues se presenta a los comicios del 22-M). Dos: acaso porque las elecciones son el único medio, más que el fin necesario, para alcanzar el poder.

El británico Roger Griffin ha descrito de forma luminosa la retórica de los proyectos políticos heroicos. Todos ellos, cuenta este prestigioso catedrático de Oxford, parten del mismo mito: “La creación de un único movimiento populista e interclasista de purificación, un renacimiento (en este caso local) que detenga la ola de decadencia” en la que está sumida Sevilla. Pura épica interclasista. ¿Efectiva? Lo sabremos en menos de 50 días.

Zoido se hace igualitario

Carlos Mármol | 7 de abril de 2011 a las 6:30

El candidato del PP se descuelga con un amplio programa en favor de la conciliación familiar. El actual gobierno municipal le acusa, de nuevo, de copiar sus proyectos.

Enfrentamientos de fondo, lo que se dice de fondo, no es que haya habido demasiados. Las formas, además, salvo alguna que otra excepción, de momento se están guardando por ambas partes. Esta (pre)campaña electoral es una balsa de aceite. Hay sin embargo quien todavía se extraña de que Guerra (Alfonso), el histórico líder de los descamisados (dado el repentino calor de estos días lo absurdo sería continuar llevando chaqueta), recurra a su habitual demagogia retórica en barrios como Torreblanca. ¿Desde cuándo un mitin de barriada debe ser una pieza de Cicerón? Comparando su arenga dominical con lo que se dice determinadas noches en ciertas cadenas de televisión, la cosa tampoco es para rasgarse las vestiduras. Lamentablemente, la demagogia es moneda harto común en todas las citas electorales. Por ambos bandos. Aquí no hay santos.

La gran virtud de Guerra, frente a sus excesos mitineros, acaso consista es saber cambiar de registro en función de la situación. Otros, en cambio, aplican la misma salmodia gruesa en casi todos los lugares con independencia de cuál sea el auditorio. Igual que un antiguo magnetofón. Son formas diferentes de ser. Pero cada vez influyen más. En la organización de cualquier campaña electoral la personalidad de su beneficiario condiciona demasiado. Todas se han convertido ya en campañas ad hominem. Altamente personalistas. Hechas para contentar los deseos de un líder que debe ser (en todos los supuestos, casi por obligación) carismático.

Hablando de carisma. ¿Que hizo ayer Zoido (Juan Ignacio), el alcaldable del PP? Presentar su programa electoral en materia de igualdad. Caramba. Tenía además todos los focos para él solo porque Espadas estaba en el Senado. Los socialistas sólo pudieron compensar tan repentina orfandad (en unos casos más sentida que en otros) con una reunión del equipo económico de la candidatura con los comerciantes sevillanos. A algunos les parecerá un asunto menor en comparación con lo de Zoido. No lo es: las agrupaciones de comerciantes llevaban años sin tener un interlocutor válido con el actual gobierno local. Si los socialistas hubieran hecho en los últimos tiempos desde el Ayuntamiento un poco más de pedagogía ciudadana las cosas no estarían tan difíciles.

Zoido, que lo tiene todo a favor, según las encuestas, puso ayer en escena su conversión al igualitarismo de la mano de la portavoz parlamentaria de su partido, Soraya Sáenz de Santamaría. Y sorprendió (cosa llamativa) por plantear toda una serie de medidas sobre las que su partido, históricamente, no ha sido lo que se dice excesivamente entusiasta. Claro que el concepto genérico que agrupa todos estos asuntos (las políticas de igualdad) significa cosas muy diferentes según los barrios y cada una de las grandes fuerzas políticas.

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Para IU, por ejemplo, la igualdad es el eje troncal de su programa. Ellos consideran al PP el partido de los poderosos. Según IU, ya se sabe cómo son: gente que quiere aprovecharse de los débiles. El PSOE concibe la igualdad casi monográficamente en clave femenina, con su habitual elogio de la discriminación positiva, aunque no venga a cuento. ¿Y el PP? El PP quiso ayer abrazar todas estas diversas opciones (quedan menos de 50 días para el 22-M; no hay que ponerse estupendo ni exigente) e hizo una suerte de frito variado con todas ellas. Conciliación familiar, sensibilización en las empresas privadas, más guarderías públicas y eliminación de la lacra de la prostitución callejera, asunto éste en el que el gobierno local ha sido activo, aunque en términos más publicitarios que efectivos.

La oferta igualitaria de Zoido está dirigida sobre todo a los funcionarios municipales. No se emocionen. No se sabe si el alcaldable del PP hará con los empleados del Consistorio lo mismo que Arenas en la Junta –discriminar entre los que ellos llaman los empleados públicos y los colocados– pero al menos la propuesta la formuló ayer en clave global. Todos los funcionarios tendrán ventajas para conciliar su vida personal con la laboral, dice Zoido.

¿Es que ahora no las tienen? Sin faltar a nadie –existen todo tipo de situaciones en todas partes– parece que un trabajo a media jornada (¿ustedes han visto trabajar a ciertos funcionarios por las tardes?) es aparentemente más favorable para coordinar familia y trabajo que uno a horario completo.

La idea de Zoido recuerda bastante a la que en su día hizo, como ministro de Administraciones Públicas, el socialista Jordi Sevilla, que ayudó a los funcionarios estatales a conciliar pero se olvidó del resto de la sociedad: todos aquellos que no pueden hacerlo porque las empresas no son flexibles, receptivas o, sencillamente, no les importa lo más mínimo la vida (de la felicidad ni hablamos) de sus empleados.

¿Cuál es la solución de Zoido para los trabajadores sevillanos que no dependen laboralmente del Ayuntamiento? “Hacer campañas de concienciación”. Yo me pregunto: ¿No hubiera podido incluirse la cuestión en la última reforma laboral, que además no ha frenado el paro en Sevilla? A los socialistas no les sentó bien que el alcaldable del PP se apunte (a medias) a la corriente de la conciliación.

Prueba de ello es que por primera vez en mucho tiempo –salvo cuando el portavoz Moriña, poco dado a hablar a pesar de su condición, decide hacerlo– quien tuvo que responder al PP fue la delegada de la Mujer, María Dolores Rodríguez, que acusó al candidato del PP de copiar sus proyectos. La cuestión no es baladí: quedan menos de 50 días para ir a las urnas y en el PSOE todavía no tienen a nadie de peso para contestar a Zoido. ¿Pasa algo o sólo son imaginaciones mías? Debe ser lo segundo. Tanto calor de golpe suele nublar la vista.

Espadas: sesión continua

Carlos Mármol | 2 de abril de 2011 a las 6:25

El candidato del PSOE anuncia cambios en el actual marco de gobierno si se ve obligado a pactar con IU. Admite que el problema del Parasol es su elevado coste.

Lo dijo Espadas (el senador) el jueves por la noche en Antares. Hacía ya un poco de calor y habían recogido incluso los postres. Tiempo de confidencias públicas. “El pasado sólo conduce a la melancolía”. Desde luego. Sobre todo si no se tiene claro el futuro. La puesta de largo del candidato del PSOE en el club social del (sevillanísimo) barrio del Porvenir demostró que los tiempos (siempre subjetivos) que ahora coexisten (con cierta dificultad) dentro de la organización que agrupa a los socialistas sevillanos no terminan de aclararse. Unos están en el pretérito inmediato. Otros viven en un porvenir relativo. Casi nadie en el presente. Y el presente, dicen los sabios, es lo único que existe.

Es normal. Si algo quedó claro esta semana en el acto de Antares (el próximo jueves visitará la plaza el candidato del PP; Torrijos lo hizo hace unos días) es que Espadas escribe sus propios discursos (estuvo tocando el texto hasta última hora) y que la obsesión mayoritaria en su partido consiste en encontrar un asiento en el que poder sentarse. No lo digo de forma metafórica. Es literal: el auditorio de Antares es bastante empinado (como la vida política) y antes de que el alcaldable pudiera tomar la palabra en dicho foro hubo cierto litigio a la hora de repartir los asientos de las primeras filas.

Nada achacable a la organización. Más bien fue cosa de algunos de los asistentes, que se pasaron por el arco del triunfo la primera norma del protocolo (no te sientes donde hay un cartel que dice: reservado) debido a su obsesión por posicionarse de forma visible y adecuada para las habituales fotos que suelen mostrar a conferenciante y auditorio en animada dialéctica escénica.

Como mientras más arriba caigas menos opciones tienes de salir, hubo quien optó por la autogestión, poniendo en un aprieto a las azafatas. “¿Cómo no me voy a sentar en este sitio aunque esté reservado? ¿Usted sabe quién soy yo?”. En este plan era la cosa. Aquí siempre me acuerdo de los excepcionales párrafos que Umbral dedica en su Trilogía de Madrid a aquellas jornadas de hipódromo de los años del tardofranquismo, cuando le tocaba describir como gacetillero aquel ambiente. “Eran todos importantes. Y aunque no lo hubieran sido. Igual daba. Ellos creían serlo”. Lo mismo pasaba en Antares. A menor jerarquía, más afán por aparentar justo lo contrario.

Lo más interesante de la noche (periodísticamente hablando) no fue tanto el discurso del candidato socialista (muy aplaudido) sino la perspectiva desde la barra de la cafetería-bar. Allí se daban cita, antes o después, los distintos ejemplares de la siempre singular fauna socialista, dicho sea con todo el cariño. Especies protegidas, aves rapaces, pocos versos sueltos (éstos siempre son molestos) y un grupo (cuya entidad es variable) que hasta hace poco se denominaba a sí mismo como los imprescindibles, dándose ahora la paradoja de haber sido justamente los primeros prescindibles tras la última de las guerras perpetuas que tanto gustan de entablar las distintas familias del PSOE local.

Estuvieron varios consejeros de la Junta (se fueron pronto, en todo caso), vieristas (hechos una piña junto al líder orgánico, sumido quizás en cábalas sobre determinadas estadísticas no del todo favorables), susanistas (Díaz protegía de malas influencias a su tito: el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos), alfonsinos críticos y casi todos los secretarios generales de las distintas agrupaciones de la capital, incluso alguno que hasta hace nada amagaba a gritos con dimitir sin llegar nunca a hacerlo, claro está. Coherencia, se llama.

Espadas sesión continua baja

Empresarios hubo pocos. Alguno muy notable, aunque no vamos a dar nombres concretos porque después el Zoido-team pasa lista y empiezan a llegar los reproches sonrientes. Es una lástima. Pero la cosa ya está así un mes y medio antes del 22-M. Qué le vamos a hacer. Precisamente a las relaciones con el empresariado dedicó tras la cena casi todas sus intervenciones el candidato socialista. El foro era, claro está, de índole patronal. Hablaban esencialmente de lo suyo. Había dos variantes: quienes prevenían a Espadas sobre los graves peligros de otro pacto con IU y los que le deseaban una victoria holgada (uno diría que lo que se percibía era pánico ante el hipotético reforzamiento de la coalición de izquierdas).

El alcaldable del PSOE respondió que si tiene que pactar con IU –cosa que no desea– el actual marco de gobierno cambiará. La relación con los empresarios tendrá otros interlocutores. Espadas también admitió que el asunto de la deuda municipal requiere “un ajuste de uno o dos mandatos” y reconoció que “el problema de las setas es su elevado coste”. “No vamos a sentarnos en la Encarnación a ponernos a llorar, pero hay que esperar cinco años”. No fue el único distanciamiento táctico hacia Monteseirín. Hubo otros, más finos. “Quiero irme dignamente del cargo y con la sensación de ser un alcalde querido”.

Sobre Zoido estuvo sutil: “No haré jamás la oposición que ha hecho él: cuatro años diciendo que nada funciona”. Alguien le preguntó: “¿Qué razón hay para votarle a usted y no a él?”. La respuesta de Espadas consistió en recomendar un vídeo de youtube. Se llama Zoido 11. “Dormirán mal cuando lo vean, pero entenderán los motivos”, bromeó. El vídeo, elaborado por el Zoido-team, tiene un tono bíblico similar al de los predicadores de Texas. Describe a un mesías que dice: “Sígueme”.

Dos mundos en el Polígono Sur

Carlos Mármol | 1 de abril de 2011 a las 6:11

Zoido y Espadas coinciden en el Polígono Sur con apenas una hora de diferencia. El candidato popular promete policías y limpieza. El socialista, formación y atención social.

Seguimos con las coincidencias. ¿Casualidades? Me inclino por pensar que en una campaña electoral el azar no existe. Es como una fruta extraña. Imposible. Los dos grandes candidatos (apelo aquí a la benevolencia, siempre infinita, de Torrijos y Pilar González, los alcaldables de IU y el PA) a la Alcaldía, Espadas (el senador) y Zoido (Juan Ignacio), pasearon ayer con apenas una hora de diferencia por el mismo enclave urbano: el Polígono Sur.

Natural, dirán algunos. Caramba, dirán otros. Hablamos de un barrio con (múltiples) problemas históricos que lleva demasiadas campañas electorales viendo pasar a los distintos aspirantes a las urnas (locales, autonómicas) sin que ni por casualidad acompañen a estas visitas las soluciones para sus demandas. El Polígono Sur, uno de los agujeros negros de Sevilla (aunque este término se use precisamente en favor de los vecinos, que no les gusta ser estigmatizados) es una de las grandes cuestiones pendientes de la política local (y regional). Y lleva demasiado tiempo abierta. Con buenas palabras pero con escasos resultados.

Tal circunstancia, en parte, explica el hondo escepticismo con el que los ciudadanos del barrio suelen ver el desfile electoral. La gira que hacen los sucesivos candidatos cuando les conviene. Probablemente esperan otro tipo de cosas (atención, dotaciones; política, en el mejor sentido del término) pero, inevitablemente, sólo ven discurrir a los políticos, sus séquitos y, en muchos casos, sus palabras hueras. Estamos en campaña.

Lo llamativo de la visita de Zoido y Espadas ayer al barrio no es tanto la cercanía horaria (hubiera estado bien verlos ir juntos: si hay un barrio que merece que colaboren es justamente el Polígono Sur) sino los discursos que uno y otro hicieron durante el paseo. Zoido, como lleva ventaja en las encuestas, llegó primero: a las 10.30 el candidato popular estaba en la Barriada Murillo.

El aspirante del PP a la Alcaldía anunció tras reunirse con un grupo de vecinos que piensa llevar al Pleno municipal (donde procede) una propuesta para que mejoren los servicios municipales de seguridad y limpieza. “Los vecinos se sienten engañados porque les prometieron un plan integral que nunca ha llegado”, dijo el portavoz del PP en el Consistorio. “Aquí existe una inseguridad tremenda y nadie les atiende”, agregó.

El resto del mensaje era el usual: “cuando Sevilla funcione estas cosas dejarán de pasar, las promesas serán para cumplirlas, habrá una reorganización de la plantilla de Policía y nuevos agentes que darán lugar a más presencia de efectivos”. La doctrina está clara: Sevilla no funcionará hasta que Zoido se haga cargo del poder municipal. Ya saben sobre lo que tienen ustedes, señores electores, que elegir. Entre el orden o el caos. Bueno.

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Espadas llegó a su paseo a las 11:30 acompañado por el gran Rafael Pertegal, que lleva más de veinte años haciendo de cicerone (cosa que nadie le podrá nunca pagar) para políticos, periodistas y cualquiera que quiera acercarse a Las Vegas con ciertas garantías de seguridad. Pertegal le hizo la habitual visita por edificios demacrados y esos territorios donde el Estado de derecho no existe. Es de suponer que la experiencia sería enriquecedora para el candidato del PSOE. De hecho, lo es para cualquiera que quiera ver cómo hay muchos distritos de Sevilla lejos de la ciudad del Quatrocentto que durante los últimos doce años ha vendido el actual equipo de gobierno con un éxito relativo.

Espadas no habló de policías y de limpieza. Al menos, no sólo. El discurso del socialista empezó con una autocrítica (el Plan Integral cuya existencia niega Zoido existe, el problema es que no ha dado los resultados esperados) y después pasó a marcar diferencias con los planteamientos de Zoido. “Hay que invertir más”, dijo. ¿En qué? “En programas de atención social y formación para el empleo, antes que en viviendas”.

Hasta ahora la labor coordinada de las instituciones en la zona se ha centrado más en la legalización (parcial) de los pisos que en estas cuestiones asistenciales. No es que estos programas no existan. Más bien lo que pasa es que no dan frutos. En tiempos de crisis menos. La solución de Espadas para el Polígono Sur parece mucho más amable que la de Zoido. Otra cuestión es que dé resultados. Y, sobre todo, que les parezca necesaria a los vecinos.

El socialista, por la noche, se plantó en Antares para pregonar (dada su inmersión en el mundo cofrade el verbo se antoja adecuado) su modelo de ciudad. No hubo sorpresas: prometió transparencia (hacer públicos los sueldos de los cargos de confianza en el Ayuntamiento y las empresas municipales) y dedicar el mandato a Tablada, el Metro, el Guadalquivir, la rehabilitación de los barrios y el impulso del área metropolitana.

Fines nobles, qué duda cabe. La cuestión es cómo hacer todo esto con los magros recursos existentes después de más de una década de locuras como la Encarnación. El alcaldable del PSOE sostiene que el Ayuntamiento no puede limitarse a “prestar servicios”, sino que tiene que “liderar un proyecto económico ambicioso”. La duda esencial es si para conseguir este objetivo, acaso, quizás, no habría que disolver el Ayuntamiento y volverlo a fundar. Desde el origen.

Intertextualidad: la odisea

Carlos Mármol | 31 de marzo de 2011 a las 6:30

Zoido se acerca a la UPO y promete exactamente lo mismo que el PSOE anunció en noviembre. Los socialistas acusan al candidato popular de plagiar sus ideas.

La situación me recuerda mucho a aquella famosa frase de Fernando Arrabal en la tele, de madrugada. “¡El mileniarismo va a llegaaaaaaaar!”. Bueno, pues ya está aquí. Se me acaba de hundir un mito. Y no doy crédito, la verdad. Todo debe ser fruto de un error. Involuntario, por supuesto. Sencillamente resulta imposible. Inaudito. A todas luces incomprensible: el hombre que necesita Sevilla no ha podido incurrir en semejante desliz. ¿O quizás sí?

–¿De qué hablas, Mármol?

De la visita que ayer hizo Zoido (Juan Ignacio), el candidato del PP a la Alcaldía, a la sede de la Universidad Pablo de Olavide (UPO). El alcaldable popular se plantó con sonrisa y entusiasmo (y es de suponer que en su autobús electoral) en la segunda institución docente de la ciudad, situada entre los términos municipales de Sevilla, Alcalá de Guadaíra y Dos Hermanas. Iba a reunirse con el rector.

–¿Y eso qué tiene de extraño?

Nada, salvo por las promesas electorales que a la salida anunció ante los siempre sufridos periodistas. A saber: hay que buscar una sede en el centro para la UPO, debemos mejorar el sistema de transporte público que llega a la zona y es preciso extender hasta el campus el servicio municipal de Sevici (una idea de IU, por cierto). Otra cosa más: queremos trabajar junto a la entidad docente para que “el talento” de los jóvenes y los profesores que allí estudian y trabajan mejore nuestra ciudad. Es de suponer que Zoido sabe bien de lo que habla: su propio jefe de campaña, el gran Curro Pérez, es profesor en dicha universidad.

El problema llegó apenas unas horas después. Nota de prensa incendiaria desde Luis Montoto: “El PSOE acusa a Zoido de utilizar la fotocopiadora de forma descarada ante su evidente falta de ideas y de proyectos”. Les ahorro a ustedes la coletilla habitual de “sevillanos y sevillanas” porque la cosa ya carga un poquito. Caramba. Houston, tenemos un problema. Los socialistas clamando por tierra, mar y aire. Rasgándose las vestiduras: “Zoido recurre de forma burda y descarada a copiar las propuestas del PSOE”. ¿Plagio?

–Mármol, usted desvaría. No puede ser. Eso son palabras mayores. Los candidatos podrán decirse lo que quieran durante la campaña electoral, cosas gruesas y eso, pero incurrir en una violación del sacrosanto derecho a la propiedad intelectual es sencillamente imposible. El PP es un partido que respeta la propiedad.

Para salir de dudas hice lo pertinente: contrastar. ¿Cómo? Pues revisando la reseña que el Zoido-team había colgado en la web de su líder –muy bonita, a colores, pero sin comentarios de los visitantes– y compararla con la que los socialistas mandaron en el mes de noviembre de 2010, cuando todo el mundo decía (yo entre ellos) que la campaña de Espadas no terminaba de arrancar. El resultado empírico: dos gotas de agua.

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El alcaldable del PSOE fue a la UPO antes de Navidad. Se reunió con el rector y, a la salida, hizo lo mismo: prometer instalar una estación de bicis en la universidad, integrar a la comunidad universitaria en la vida política municipal y negociar con el Ayuntamiento la cesión de un espacio en el centro para que la UPO tenga “presencia física” en el centro. ¿Notan ustedes alguna diferencia sustancial con las propuestas que ayer anunció Zoido? Yo no. Sencillamente no la hay. Son las mismas.

En todo caso, si no me creen (les entiendo, esto es un verdadero desengaño para todos), y para mayor fiabilidad general, pueden formarse su propio criterio (si tienen ganas, claro) consultando ambos textos en las respectivas webs de los candidatos. Tengan antes en cuenta un matiz: Espadas (el senador), como es más fino que Zoido, no la incluyó ayer en su twitter. Tal función le correspondió a su portavoz oficial, Miguel Ángel Vázquez.

En vista de las evidentes evidencias (si me permiten la redundancia expresiva, enfática), me surgió de pronto otra duda (atenazante). ¿No será todo esto una confusión? Dadas las frecuentes loas a la efectividad mediática del equipo de campaña de Zoido, que está dedicado a esto en cuerpo y alma (ya se sabe que para el PP los socialistas no tienen alma ni creen, muchos de ellos, en Dios), es difícil imaginar que la cabeza pensante que concibió el famoso efecto Zoido haya caído en el síndrome de Ana Rosa: publicar un libro (una propuesta, en este caso) fusilando las ideas del alcaldable socialista. Lo digo porque, si se fijan, tampoco es que las propuestas en cuestión sean lo que se dice de Inmmanuel Kant, el filósofo de Königsberg. Más bien parecían hechas para salir de un trance.

Con objeto de despejar mi congoja (les confieso que escribir de la campaña es una labor ingrata; nadie está nunca contento) investigué, arriesgando la integridad espiritual, en los usuales caladeros de la muchachada del PP, siempre activa, para ver su posición al respecto. No había fuente alternativa: Zoido eludió la cuestión. Ignoro los motivos y me acuerdo de un refrán: quien calla, otorga. El caso es que, tras un rato, encontré en la red las siguientes perlas. Primera:  “Las propuestas de Espadas para los universitarios son paro y botellón”. Algo subjetiva. Segunda: “Zapatero miente, Rubalcaba miente, Griñán miente, Monteseirín miente, Espadas miente”. Excesiva. Tercera: “Aquí el único que copia es el PSOE, fuera ya”. Elude la cuestión de fondo.

Me pareció más que suficiente. Fin de la odisea. Dado el edificante tono de las respuestas (la retórica del Zoido-team es toda de este tenor) he concluido que indudablemente estamos ante un claro caso de intertextualidad (in)voluntaria. Esto es: la singular relación de copresencia que un texto mantiene con otro, que puede ser, según el caso, una cita, una alusión y un plagio. Elijan ustedes. Yo lo tengo claro.

Torrijos, en tierra extraña

Carlos Mármol | 30 de marzo de 2011 a las 6:25

El candidato de IU resume su programa en una conferencia en Antares . Zoido pone a Valencia como modelo político a seguir. Espadas desvela sus propuestas culturales.

Torrijos ha decidido salir a escena. Ya era hora. El candidato de IU a la Alcaldía de Sevilla, algo rezagado en relación a Zoido y Espadas, se estrenó ayer en uno de los atriles que suelen asociarse a la Sevilla previsible: el Foro Antares. Lo de previsible lo digo sin ánimo de ofender: uno acude a oír una conferencia a este club social del Porvenir y más o menos ya sabe lo que va a encontrarse. De todo. Aunque, principalmente, cierto predominio del habitual mundo empresarial sevillano, entendido éste en su acepción más patronal u oficial. Algunos llaman a esto la sociedad civil. También. Aunque no es la única, claro está.

El Foro que dirige el compañero Fernando Seco (al que desde aquí mando mis respetos) ha tenido la estimable iniciativa de hacer pasar por allí a todos los partidos con opciones más o menos ciertas de tener voz en el próximo ayuntamiento (incluidos los andalucistas) para que hablen de sus respectivos proyectos. Pilar González, la alcaldable andalucista, estuvo francamente bien en su puesta de largo. Lo de ayer tenía otro matiz: ver al candidato de la coalición de izquierdas esbozar su programa (que es tan denso que daría para varias semanas de discusión y algún inevitable bostezo) en un foro aparentemente ajeno a los que acostumbra a frecuentar el ex sindicalista.

Había quien pensaba que el líder municipal de IU viajaba a tierra extraña. O, directamente, a territorio enemigo. A mí, sin embargo, me parece muestra de normalidad que cualquier político pueda usar una tribuna neutral para decir justo lo que piensa. Sin hipotecas. Torrijos debió decir lo que le pareció conveniente. Con independencia de si se está o no de acuerdo con muchas de sus tesis, la verdad es que de su discurso no se desprende la leyenda urbana (bastante interesada, por otra parte) que suele acompañarle. Normal.

El PP lleva más o menos dos años convirtiéndolo en protagonista único de la vida política local. Un evidente caso de sobrevaloración interesada. IU sólo tiene tres ediles en el Consistorio y, aunque es esencial para los socialistas sin mayoría, su capacidad de influencia es relativa, por mucho que el propio alcaldable de la coalición insista siempre en que su papel resulta fundamental en el gobierno.

Sucede sin embargo que la propaganda que gusta en dibujarlo como el diablo (un ogro, también) resulta tan exagerada que se torna casi irreal. No pasa del Júpiter tronante. Y sólo a ratos. Evidentemente habrá quien piense lo contrario, no pasa nada, pero oyéndolo hablar ayer en Antares uno no pensaría que está ante un radical, sino ante un político (de izquierdas, claro) que incluso pudiera llegar a llevar la responsabilidad social corporativa de una empresa, sobre todo si es de economía social.

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Salvo por los previsibles dardos a Zoido (artífice de su notable fama) y al PSOE, al que acusó de desviarse del camino recto (basta ver la agenda política reciente de lo que llaman reformas para constatar que éstas recortan políticas sociales), el candidato de IU dedicó su intervención en Antares a defender la vigencia del empleo, la economía social, las pequeñas y medianas empresas, el comercio, el turismo, la sostenibilidad y la participación ciudadana como grandes asuntos públicos. ¿Alguien encuentra algo contestatario en estas palabras?

Obviamente habló del “sistema capitalista” (en el que todos, incluido él, tratamos de sobrevivir) pero eludió cualquier referencia al caduco modelo cubano. Lejos de su caricatura, defendió que Tablada sea un parque (y un símbolo) y alertó, cual Chanquete en Verano Azul, que no piensa moverse de sus posiciones ideológicas. En IU, al contrario de lo que el PP sostiene sobre sí mismo, sí hay ideología. Probablemente hasta en exceso. Incluso en las cosas más ínfimas. Acaso esto explique su discreto respaldo electoral en una sociedad que se sabe tibia. Ni frío ni calor.

Como ayer era día de puestas en escena, a la intervención de Torrijos en Antares habría que añadir la que por la mañana protagonizó Zoido (Juan Ignacio), que se fue hasta la Buhaira (un centro cívico) a hacerse una foto electoral con la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. El candidato popular dijo que Valencia ha captado hasta 200 millones de euros en ayudas europeas mientras Sevilla no hace lo mismo, cosa que se dispone a solucionar en un par de meses. ¿No lo hace? ¿Con qué dinero se han pagado los proyectos de reforestación del río Guadalquivir? Claro que pedir dinero de Europa justo cuando España va a perder o ver sustancialmente reducidas las ayudas a la cohesión es algo llamativo. Quién sabe. Puede que estemos ante el anuncio de un nuevo milagro de los panes y los peces. De la escasez, al diluvio de fondos. Seguro.

¿Y Espadas? Pues de programa cultural. Había expectación porque el mundo cultureta es uno de los que más miman los socialistas –hasta que Plata llegó a la consejería– en vísperas electorales. La cosecha, sin embargo, no fue muy novedosa. Buenas intenciones sí, pero ideas sin presupuesto. Y el compromiso de gastar el 2% del dinero en cultura. Descentralización en favor de los distritos y apoyo al flamenco (las peñas son muy distintas, por ejemplo, a los artistas que van a la Bienal), la eterna promesa de la Ciudad de la Música –¿no lo prometieron ya Rojas Marcos y Becerril?– y hasta una propuesta para crear un órgano municipal para asesorar a las industrias culturales. ¿Para qué, si la Junta ya tiene el Proyecto Lunar? Lo dicho: escenografía. Mucha escenografía.

Santas milongas

Carlos Mármol | 29 de marzo de 2011 a las 6:30

Espadas y Zoido vuelven a activar sus agendas tras el receso triunfal del Parasol de la Encarnación. El líder del PP se fue al Zodiaco y el del PSOE se sacó el carné de donante.

No sé si alguno de ustedes ya lo conocen, pero, en caso negativo, métanse ya en el Spotify y disfruten del humor inteligente. Daniel Melingo, el maestro del tango burlesco, histriónico, oscuro, el vate de Barrios Patricios, distrito porteño, tiene un disco delicioso que se llama Santa Milonga. Tango: género musical ideal para sobrellevar el primer día de vacío.

–¿Vacío?

–Pues sí. Vacío. Spleen, incluso.

La primera jornada Post-Parasol (en el que algunos parecen haber encontrado por fin cierto sentido de la modernidad y otros sencillamente ven un dislate capital) aconseja tomarse la función con calma, porque esto va a durar. Y, sobre todo, echar mano, si es posible, del sentido de la ironía, tan salvífico. Los aires del bandoneón siempre han sido reconfortantes: permiten contemplar, desde el asiento, con cierto relajo, cómo la nueva etapa municipal –la que personifican los actuales candidatos a la Alcaldía– empieza a transitar ya sin la enorme rémora de la historia, que en este caso se llama (a sí mismo) Monteseirín, que casualmente ha pasado de la cumbre (de las setas) al juzgado (como testigo, no se asusten) en horas veinticuatro.

Como el regidor ya es historia, sobre todo después de inaugurar el domingo su artefacto (que pagamos todos), deberíamos centrarnos de forma definitiva en sus sucesores, los alcaldables, que, por cierto, hasta ahora no han dicho ni media del sublime Parasol. No fueron a la fiesta. O igual es que (ambos) piensan que en realidad no hay demasiado que celebrar.

¿Sería acaso por la banda municipal? No creo, porque a los dos, la verdad, parecen gustarles los vientos. ¿Qué tipos más desagradecidos?, pensaban ayer en cierto despacho de la Plaza Nueva. Ni una palabra de aliento en favor del gran hacedor. Ni siquiera uno de los suyos (es un decir), Juan Espadas (el senador), ha tenido a bien decir unas palabritas de agradecimiento al insigne e incomprendido regenerador de la Sevilla caduca. Lo de Zoido (Juan Ignacio) era totalmente de esperar, por supuesto. Pero lo de Espadas no tiene nombre. O quizás sí: distancia inteligente, se llama.

Terminado el hito (es otro decir, porque aún quedan un par de meses de obras en la Encarnación), volvemos a la triste realidad, que consiste en barrios con problemas, dificultades, gestos, sonrisas y posicionamientos que no hagan daño. O no demasiado. No está mal después de doce años de guerra perpetua. Casi se diría que entramos, vivos y en paz, en un nuevo tiempo donde nada parece que va a ser emblemático, en el que la sobriedad se impondrá (no queda un euro en las arcas públicas) y las nuevas prioridades políticas de Sevilla ineludiblemente van a cambiar. ¿Para mejor? Ya se verá.

cuaderno martes 29 baja

Hacía mucha falta que corriera el aire. Quizás por eso Espadas y Zoido obviaron ayer cualquier referencia a la grandilocuencia del regidor saliente y se centraron en lo suyo, que es prometer y mirar hacia adelante. El candidato del PP sólo apuntó que las inauguraciones (falsas) son menos importantes que los problemas. Poco más. El líder conservador se fue hasta la barriada El Zodiaco para reunirse con los vecinos y reclamar soluciones a sus problemas. ¿Tienen problemas en El Zodiaco? Seguramente será porque no han visto bien el Parasol. Tras su visión cualquier mal se diluye. Desaparece. Es hipnótico. Medicinal, casi.

Según Zoido, y los vecinos, claro (el candidato lo que suele hacer ante la prensa es repetir lo que los residentes previamente postulan), el gobierno municipal todavía no ha solucionado su grave problema de aparcamiento y, para colmo, sufren malos olores porque Emasesa hizo en la zona unas obras no muy bien resueltas. Zoido no sorprendió: su menú es siempre el mismo. “Un Ayuntamiento no está para crear problemas a la gente”, dijo. Y reivindicó que cuando alcance la Alcaldía los problemas de los vecinos tendrán solución. Aquí pegan unos aplausos, pero eso ya lo dejo de su propia cosecha. Quien guste, que proceda. Yo me reservo.

Espadas (el hombre que viaja en coche eléctrico) dedicó la mañana a reunirse con las asociaciones de transplantados de órganos, a las que prometió estudiar la gestión de los pisos tutelados para las familias que reciben tratamiento en el Virgen del Rocío. El gesto estuvo bien. Tanto que los miembros de su candidatura parece que se sacaron, en bloque, el carné de donantes de órganos. Con independencia del matiz electoral, que alguno encontrará mal, es un bello gesto ante un problema que puede afectar, antes o después, a cualquiera.

El socialista presentará hoy su programa cultural (junto a su número dos, Mercedes de Pablos) y por la tarde tiene visitas a los barrios con la ayuda de la consejera de Bienestar Social, Micaela Navarro. Seguimos con la estrategia de que los actos de campaña del candidato estén trufados por la presencia de los consejeros de la Junta. Navarro es de las que mejor imagen tienen del Gabinete Griñán (mérito suyo y, también, de su equipo de prensa) pero, en otros casos, no sé yo si tanto consejero junto al alcaldable socialista le beneficia o le perjudica.

En el PSOE se dice que esta escenografía institucional es una forma de potenciar la credibilidad del candidato ante los posibles electores. Lo de siempre: ser y parecer. Dos cosas distintas. Me da la sensación de que alguien no ha pensado en la posibilidad, por remota que parezca, de que los votantes al encontrarse con un candidato (cualquiera de ellos) piense justo en lo que tan bien canta Melingo. Santas milongas.

La sinfonía del Metro

Carlos Mármol | 26 de marzo de 2011 a las 6:30

Los socialistas enmiendan su desliz con el Metro y ahora prometen llevarlo hasta los grandes barrios.  Zoido se marcha a Alcosa para no perder votos y critica ‘las setas’.

Tantos aires de grandeur para al final tener que refugiarse en la socorrida banda municipal, especialista, entre otras cosas, en marchas procesionales. Me cuentan que lo del domingo en la plaza de la Encarnación va a pasar a la historia. Es seguro. El protocolo no ha logrado presupuesto suficiente para contratar a ningún grupo misterioso y mercurial capaz de interpretar la banda sonora de la modernidad (siempre minimalista) que el alcalde oye en su cabeza cada vez que mira el Parasol. Han tirado de la gente de la casa para salir del apuro. Como si fuera el día del pregón. ¿Acaso va a ser diferente?

Hubo quien pensó en algo más fino: música clásica. Claro que la obra adecuada hubiera sido el réquiem de Mozart. Pelín fuerte para para amenizar el acto triunfal (en realidad, una despedida) de Monteseirín. Así que, debatiendo sobre si era mejor optar por el confutatis o, acaso, por la lacrimosa del genio de Salzburgo (esa ciudad que tanto le gusta a Soledad Becerril), los asesores municipales han pasado una semana de locura por culpa del tour de inauguraciones virtuales que ha organizado la Alcaldía para conmemorar el final de la era Monteseirín. Si sospechábamos que en ciertos asuntos los candidatos a la Alcaldía de Sevilla ya están algo alejados de la calle, en el caso del actual inquilino digamos que la cosa ha saltado de dimensión.

No es por desmerecer a la banda municipal, pero había otras alternativas sobre la mesa. Por ejemplo: el sevillano Albertucho, al que el alcalde suele meter en su blog. O Raphael, que viene a cantar a Sevilla en el mes junio (lo he visto en unos carteles en la Alameda) y que, a buen seguro, habría estado encantadísimo de cantar bajo el Parasol su célebre canción Mi gran noche junto a Monteseirín. Más o menos como aquella memorable estampa de Chaves cantando (con Joaquín Petit) la canción del Dúo Dinámico donde se dice eso de “quisiera ser, aurora boreal”.

Dirán ustedes que desvarío. No es cierto, aunque lo parezca. Es viernes de (pre)campaña electoral y, de nuevo, además del vacío de la semana política, los esfuerzos de los dos grandes alcaldables –Zoido(Juan Ignacio) y Espadas (el senador)– no han servido para casi nada. Todo vuelve a girar alrededor de Monteseirín.
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Es temporal, claro, pero a algunos les desasosiega tantas excepciones. Espadas tiene siempre este mismo problema. A otros no les pasa, claro. De hecho ya se están adaptando a lo que viene: me dicen que cierto notable municipal, antaño todopoderoso, anda estos días algo nostálgico, incluso con la primavera, porque determinados empresarios que antes lo adoraban ya ni le cogen el teléfono. Cuántos triunfos efímeros.

Que se hable de nuevo del alcalde a Zoido no le viene nada mal. Ayer el candidato del PP, que se fue al Parque Alcosa para no perder los votos hipotéticos con los que contaba en la zona (unos días antes fue Espadas, que acudió al barrio a prometer una línea de Metro), volvió a los cauces de la que –para su Zoido-team– hubiera sido la campaña ideal: el hombre que Sevilla necesita frente a Monteseirín. Victoria por goleada. Con Espadas, los indecisos todavía impiden cantar victoria.

Zoido criticó el boato con el que se van a inaugurar (sin acabar) las setas y auguró que los beneficios del artefacto de Jürgen Mayer en relación a su coste van a ser ridículos para la ciudad. Tiene toda la razón el líder de la oposición municipal. Más que un bendito. Para Zoido es “patético” (Beethoven) el ceremonial de inauguraciones a la carrera (que cuestan dinero; no se olvide) en el que andan sumidos los socialistas cuando las verdaderas necesidades de la ciudad son la falta de empleo. Ahora se mueven mucho, vino a decir el alcaldable del PP, pero dentro de unos meses en Sevilla no se va a mover (casi) nada. Ni una hoja. No queda ni un euro.

Espadas (el candidato del coche eléctrico), mientras tanto, intenta aguantar con todo el estoicismo que tiene la gente de La Trinidad (su barrio) el inaudito tramo final de su antecesor en la candidatura del PSOE. El hombre no se queja (otra cosa es lo que piense en su fuero interno) y sigue con su agenda con los emprendedores y la gente innovadora de Sevilla. Ayer se reunió con los jóvenes empresarios para proponerles convertir las naves de Renfe en San Jerónimo en un vivero de empresas. No es mala idea: muerta la Ciudad del Empleo, lo suyo es dejar el espacio para otros usos. La incógnita es la financiación de la iniciativa. Misterio.

Aunque el campanazo del día lo dio la Junta, que tras el error de libro de hace unas semanas –la consejera de Obras Públicas dejó en el aire la construcción de la red de Metro un día después de que el candidato del PSOE dijera que ésta sería su gran prioridad– ayer adelantó su informe de alegaciones para que las líneas (si se hacen algún día) lleguen a Alcosa, Torreblanca, Bellavista y San Jerónimo. ¿No son estos barrios de signo socialista? Pues sí. También algunos de los más poblados y peor equipados de Sevilla. Ambas cosas suelen ir unidas porque Monteseirín, pese a lo que pregona, el dinero lo ha puesto esencialmente en el Parasol. Espadas intenta coger oxígeno en los graneros electorales socialistas con la ilusión del Metro. No está mal. Pero es una utopía incompleta: la Junta sigue sin dar plazo ni garantizar dinero. La sinfonía del Metro todavía está muda.

Zoido: el fin del modelo

Carlos Mármol | 25 de marzo de 2011 a las 6:30

El candidato del PP confiesa que piensa cambiar el PGOU y ofrece la firma de nuevos convenios de gestión a los constructores. Su plan de tráfico devuelve a Sevilla a la ‘era Becerril’.

Empezamos a aclararnos. Ya era hora. Desde aquí hay que dar las gracias a Miguel Rus, el presidente de Gaesco, la patronal de los constructores sevillanos, que ha conseguido (milagro) que Zoido (Juan Ignacio) diera el miércoles por la noche alguna leve idea de cuál es su verdadero programa urbanístico para Sevilla. Bien es cierto que la cita –la comparecencia del candidato del PP en el Foro Gaesco– era más bien tardía. Y que el urbanismo, ya se sabe, es materia árida de la que casi nadie entiende pero a la que siempre suele estar atenta una minoría influyente que, por otra parte, goza de ciertas ventajas en la medida que la disciplina sea oscura, complicada y ajena.

Hasta ahora el candidato del PP, al que las encuestas señalan como favorito en la pugna por la Alcaldía, había avanzado algunos detalles de su programa urbanístico: el Distrito Judicial del Prado, un proyecto napoleónico donde la cohesión social es escasa; y el llamado Proyecto Corazón, que consiste en recuperar (en parte ya está hecho) el territorio de la Exposición Iberoamericana. Una idea que Curro Pérez, el jefe de campaña de Zoido, explica en su blog hablando de la necesidad de buscar un nuevo 29 para Sevilla.

Zoido, ante los constructores, entró algo más en detalles. No del todo (está en campaña) pero sí dando más pistas. El resultado inquieta. Al menos a quienes consideran que el modelo urbano del Plan General de Ordenación Urbana es la hoja de ruta correcta para la ciudad. Mejor o peor gestionado, el PGOU ha sido el principal recurso económico e ideológico de Monteseirín, que cuando llegó a la Alcaldía carecía de patrimonio intelectual y financiero para llevar a cabo los proyectos que después han marcado su etapa de gobierno.

El Plan se aprobó en 2006 con los votos de PSOE e IU (el PA votó en contra; el PP se abstuvo en el Pleno) esencialmente porque los socialistas y la coalición de izquierdas decidieron apropiarse políticamente de su contenido, renegando de su primera fase de gestación, cuando gracias a Rafael Carmona, edil de Urbanismo con el PA, se logró cierto consenso de mínimos. El viraje impidió a Sevilla contar con un Plan de todos. Claro que entonces en el PP municipal quien llevaba la dirección política era Jaime Raynaud, un candidato que entendía de estas cuestiones (y de tantas otras).

cuaderno viernes 25 baja

Zoido anuncia ahora que una de sus medidas de gobierno, si llega a la Alcaldía dentro de dos meses, consistirá en modificar el PGOU para “adaptarlo a su proyecto político”. Volvemos a incidir en el mismo vicio de PSOE e IU: capitalizar como cosa propia lo que, desde su origen, debería ser de todos.

El alcaldable del PP no ha aclarado aún en qué sentido piensa abordar estos cambios. Aquí radica el gran peligro: el PGOU no es intocable (es un documento que debe adaptarse a las necesidades) pero sí tiene una columna vertebral (el modelo urbano) que no debería alterarse porque va en la línea del urbanismo civilizado que se hace en Europa.

Vincular los errores de gestión del actual ejecutivo PSOE-IU al Plan General es interesado: si los problemas de tráfico, transporte, movilidad y cohesión urbana que existen en la ciudad no se han arreglado no es tanto porque el PGOU no proponga las soluciones adecuadas, sino porque los actuales gestores municipales no han sido capaces de lograr que Sevilla funcione.

Zoido pregona justo este mensaje: que Sevilla funcione. No es nada nuevo. Este humilde cronista ya lo escribió la víspera de las pasadas elecciones locales, cuando socialistas e IU querían hacer prevalecer su propia ideología sobre el sentido común. Zoido defiende que su programa político no es ideológico, sino técnico. Bueno. Tendremos (quizás) tiempo de confirmar esta afirmación.

Lo cierto, sin embargo, es que las pinceladas urbanísticas que esbozó en Gaesco sí son claramente ideológicas, cosa que no es intrínsecamente mala. El cambio del PGOU es la primera señal. El PP discute el modelo urbano de Sevilla y plantea una estrategia para adaptarlo a sus intereses. El proceso no será fácil. Ni estará exento de polémica. El Plan cuenta con su propio blindaje ante posibles cambios gratuitos. Si el PP se limita a hacer ajustes aprobados por consenso nada habrá que reprocharle a Zoido. Pero si lo que plantea es una revisión encubierta de un Plan aprobado hace sólo cinco años estaríamos en otro escenario.

Zoido ofrece a los constructores la firma de “convenios de gestión” (un proceso que debería explicar con detalle antes de ir a las urnas) para que utilicen los suelos del Patrimonio Municipal de Suelo sin intermediarios, crear centros comerciales abiertos, hacer aparcamientos (no aclara el PP si los cambios en el PGOU son para introducirlos dentro del centro o únicamente en la periferia del casco histórico), revitalizar el río (el proyecto esencial de Espadas) y hacer microplanes en los barrios.

Esto último no hace falta: el Plan General dedica todo un capítulo a la cohesión territorial. Sobre el blindaje del centro al tráfico nos retrotrae a la Sevilla de Becerril, cuando sólo era peatonal (y a medias) el triángulo monumental del Alcázar, la Catedral y el Archivo de Indias. Son sus apuestas políticas. Ideológicas. La modificación del Plan es una mala declaración de intenciones. Lo que Sevilla necesita, más que otro PGOU, es que se gestione mejor el que ya existe. Cambiarlo es empezar la casa por el tejado.

Relación de méritos

Carlos Mármol | 24 de marzo de 2011 a las 6:30

Los socialistas pregonan sus propias virtudes y endurecen su discurso contra el PP. Zoido calca la ‘solución Espadas’ para salvar Tussam aunque evitando dar detalles delicados.

El principal argumento de la campaña electoral en Sevilla, casi el motivo único que parece mover a los dos grandes candidatos a la Alcaldía, es un ejercicio endogámico que consiste en la vindicación de los propios méritos. Autocrítica cero. Ningún error. Humildad relativa. En algunos casos, nula. Cualquier votante que tenga la paciencia (infinita) de seguir los movimientos de Espadas (el senador) y Zoido (Juan Ignacio) en el tablero de ajedrez en el que se ha convertido la larga víspera de los comicios del 22-M llegará a un callejón sin salida: ¿existen realmente argumentos sólidos para votar a alguno de los dos grandes alcaldables?

Cuando hablo de argumentos me refiero a razones objetivas. Los candidatos han explotado relativamente poco, o de forma muy superficial, el campo de las propuestas. En cambio, saturan con la defensa de su imagen personal. Probablemente porque sus asesores les hayan contado eso de que la gente no entiende los matices y se guía sólo por la percepción que tengan de ellos, sea cierta o no. Esto explicaría que todo se reduzca a una obscena lista de medallas.

En el caso de Zoido el fenómeno del autoelogio es notorio: su equipo lleva cinco años con una mecánica que consiste en presentarlo ante los ciudadanos como un político de mirada limpia y con dotes milagrosas. Los socialistas han tardado algo más en despegar en este género. Aunque también están en ello. Ayer los simpatizantes del PSOE pregonaban por las redes (donde se visualizan los errores y las virtudes de las factorías de ideas de cada candidato) un mensaje demoledor: “Zoido contamina la ciudad porque va en su autobús gigante mientras Espadas, en cambio, utiliza un coche eléctrico”. Caramba. El argumento venía al caso por el debate televisivo del martes por la noche, en el que Espadas se enfrentó a Curro Pérez, el jefe de campaña de Zoido, en una discusión sobre la sostenibilidad de Sevilla.

Da la sensación de que el PSOE quería hacer de dicho encuentro una guerra cuando, probablemente, no sea más que una batallita. Muestra de ello es que antes de que el enfrentamiento se emitiera (era grabado) ya expandían –vía twitter– la tesis de que Espadas en realidad iba a enfrentarse “al sucesor de Zoido”, dando por hecho que el PP seguirá en la oposición y que, tal y como dijo en su día el popular, dejará la política municipal (hay otros mundos políticos a su alcance; por cierto, Zoido va a cerrar una convención municipal del PP en Toledo por decisión de Arenas) si no conquista la Alcaldía.

La tesis tenía un lado bueno para los populares: al menos admitía que Zoido puede ser un candidato de palabra. Si pierde, se irá. Claro que los socialistas, empeñados en endurecer el discurso (alguien les habrá recordado lo que le pasó en su día a Pepe Núñez, el candidato del PA que planteó una campaña limpia), probablemente no percibieran dicha contradicción.

cuadernos jueves 24 baja

Sea como fuere, los argumentos de Espadas fueron la defensa del modelo urbanístico del actual gobierno municipal, el transporte público, las peatonalizaciones y la la contradicción que, a su juicio, supone que el PP simule abanderar ahora estas cuestiones cuando, en realidad, lo que quiere es hacer un gigantesco párking en la Alameda de Hércules. En esto último tienen razón. En lo demás, quizás hay cosas que son discutibles. Los matices existen. Aunque ninguno de los dos bandos quieran verlos.

La comparación entre el coche eléctrico de Espadas y el autobús de Zoido sí resulta efectiva. Aunque hay que recordar a los socialistas que el Zoido-team pilló en su día al candidato aparcando mal dicho vehículo en la puerta de su sede. Cosas que uno hace cuando (cree) que nadie lo ve. En todo caso, si se fijan, no sé yo muy bien qué puede aportar a los indecisos (en los que el PSOE debería centrar toda su estrategia en los dos meses de campaña que quedan) semejante cuestión. Se da por hecho que los candidatos van a contar siempre lindezas de sí mismos. En esto de las batallas electorales rara vez se intenta (siquiera como recurso retórico) captar la benevolencia del público mostrándose diferente. La cosa sencillamente se limita a decir: “Soy el mejor”.

Desde luego, ni Zoido ni Espadas tienen en estas lides nada que hacer si se los compara con el alcalde saliente, Alfredo Sánchez Monteseirín, que parece empeñado en no dejar de estar en la foto. Mientras el candidato socialista se retrataba ayer con un empresario de la tierra (José Luis Manzanares, el dueño de Ayesa) y Zoido se reunía con los sindicatos de Tussam para prometerles que no piensa privatizar la empresa (previa auditoría incierta) y calcar, aunque sin dar los detalles comprometidos, la solución Espadas que los socialistas presentaron hace ya varias semanas, Monteseirín hacía arder el calendario con su propio tour de inauguraciones virtuales e interesadas. Menudo final de etapa.

El regidor, tras un tiempo en horas bajas, parece haber vuelto a su ser (el hambre de cámara) y no piensa dejar pasar ni una oportunidad para tapar a su hipotético sucesor. En Bellavista ya dio una pista: en lugar de limitarse a firmar el acuerdo para hacer las instalaciones deportivas anunció un centro de salud que bien podría haber cedido a Espadas. No lo hizo.

El domingo quiere abrir (como sea) el Parasol. Hoy anuncia la inauguración de la biblioteca dedicada a Felipe González en Torneo. Chaves irá al acto. Cosa llamativa dada la guerra civil existente entre la vieja y la nueva guardia del PSOE andaluz. ¿Tiene lógica que Chaves respalde a un alcalde que ya no es candidato a nada? No. Salvo que la jugada sea la contraria: restar puntos a Espadas, candidato de Viera y, por extensión, de Griñán. Méritos propios, deméritos ajenos. La guerras púnicas de los socialistas no han terminado. Al tiempo.