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Nadie convence a nadie

Carlos Mármol | 23 de marzo de 2011 a las 6:30

Zoido y Torrijos marcan posiciones en el Pleno municipal para tratar de fortalecer sus opciones electorales. Espadas busca votos en Alcosa prometiendo el Metro.

Lo cantaba Joan Manuel Serrat: “Cada loco con su tema, sobre gustos no hay disputas”. Cierto, aunque relativo. Al menos en el caso de las elecciones municipales a la Alcaldía de Sevilla. La primera parte de la frase responde a la verdad (aquí cada candidato hace la guerra por su cuenta)  pero la segunda no es exactamente verdadera: las disputas forman parte de la ración diaria de declaraciones, posicionamientos y estampas fotográficas en la que se ha convertido la campaña. Y todavía quedan nada menos que dos meses para el 22-M.

Si no me creen vean el ejemplo de ayer en el Ayuntamiento: los capitulares de la Muy Noble, a los que le quedan unos sesenta días más o menos en el convento, aunque con una Semana Santa y una Feria por medio, se reunieron en un Pleno extraordinario para votar el cambio de régimen social de un grupo de funcionarios municipales. La cuestión no parecía ser demasiado trascendente. En realidad, era lo de menos.

El Pleno se convocó porque en la sesión anterior Zoido aprovechó un error del PSOE (algunos de cuyos representantes se equivocan cada vez que tienen que votar; después pedirán a los ciudadanos que ellos no hagan lo mismo delante de la urna electoral)  para bloquear dicha propuesta, lo que motivó una sesión específica sólo para solventar el enredo.

Lo llamativo, evidentemente, no son estos antecedentes, sino el nuevo episodio de posicionamiento dialéctico (el adjetivo lo uso siendo generoso) entre los alcaldables de PP e IU, Zoido (Juan Ignacio) y Torrijos (el Júpiter tronante), que volvieron a liarse en una de sus habituales polémicas sobre si fue antes el huevo o la gallina.

¿Creen ustedes que lo hacen sólo por su afición retórica? ¿Acaso les gusta pelearse? Probablemente ambas cuestiones sean ciertas. Uno y otro disfrutan en el ejercicio, estéril desde el punto de vista ciudadano, que consiste en la mutua descalificación. Zoido, el hombre que Sevilla necesita, como tiene algo de beato (santo será si llega al poder; en caso contrario, ya veremos), no suele mancharse con las descalificaciones directas.

NADIE CONVENCE A NADIE SALVO A LOS SUYOS baja

Para eso tiene a su Zoido-team, que lleva dos años (más o menos) en una estrategia que consiste en demonizar al líder municipal de la coalición de izquierdas para que los votantes socialistas se abstengan de ir a las urnas el 22-M. La lógica (relativa) de su táctica es muy simple: si los votantes del PSOE que rechazan a IU llegan a la conclusión de que votando a su partido votarán a los comunistas (lo dicen así, como si fuera un insulto), quizás no respalden a Zoido, pero en todo caso se quedaran en su casa. Justo lo que necesita el PP para que lo que auguran las encuestas (una hipotética mayoría absoluta) se convierta en tangible. La victoria.

En ello están. Claro que en esta apuesta ha habido días en que se les ha ido la mano (Torrijos también les ha ayudado, aunque lo suyo es puro carácter) y prácticamente lo único que les ha quedado por pedir es la muerte civil del candidato de IU. Viniendo de un alcaldable con aspiración a la santidad no me dirán que no es contradictorio. Aunque ya se sabe: desde San Agustín sabemos que se puede tener una vida licenciosa antes de purgar los pecados.

Por otra parte, Torrijos lleva tiempo respondiendo al PP con la misma moneda. En su caso, sin llegar a pedir la muerte civil (a él le basta con hablar de la derecha sevillana) pero ocupándose cada vez más de que todos los plenos se conviertan en un pim-pam-pum contra el PP, con motivo o sin él. Últimamente, esta singular táctica se está intensificando. ¿Casualidad?

Más bien parece responder a la certeza de que entre las bases de IU (muy críticas, por lo visto) se valora muy bien el hecho de que su candidato sea un ariete contra la derecha y, de paso, compensa otras cuestiones gastronómicas (aquella foto) que no dejan demasiado bien al alcaldable de la coalición de izquierdas.

Entre unos y otros, que hacen estas cosas de cara a sus respectivas parroquias, el debate electoral no saldrá nunca del sopor en el que está sumido casi desde el comienzo. Claro que hay quien intenta (y quizás hasta lo consigue; ya veremos) sacar rédito de la situación. Se trata de Espadas (el senador), que ayer hizo un acto en Alcosa a dos meses de las elecciones para, entre otras cuestiones, prometer que el Metro llegará hasta allí.

No está demasiada clara la cosa, pero el socialista, al que los sondeos no dejan otra opción que convencer a los indecisos, sabe que tiene que potenciar su imagen en los distritos tradicionalmente afines al PSOE. Va pues a sus graneros: Alcosa es uno de ellos.

Espadas ha decidido además acudir en persona a todos los debates sectoriales que se organicen en la TV municipal (anoche participó en uno sobre Medio Ambiente, tema en el que es experto) para dejarse ver. El asunto está muy claro: hay que apretar el acelerador y no desaprovechar las oportunidades, por pequeñas que parezcan. A medida que pase el tiempo serán cada vez menos.

Lo cierto es que en esta campaña, en realidad, nadie convence ya a nadie que no sea antes de los suyos. Los candidatos dependen de sus propios fieles, no de los votantes libres. La endogamia es un mal común en casi todas las fuerzas políticas. Que se haya trasladado también al electorado se antoja más preocupante. En realidad todos quieren vencer. Convencer da la impresión de que, en el fondo, les parece secundario.

En busca de los indecisos

Carlos Mármol | 22 de marzo de 2011 a las 6:30

Espadas anima a ir a votar y promete una comisaría de Policía Local por cada distrito. Zoido presenta un plan para fomentar las vocaciones empresariales y la investigación.

Con un Espadas cada día más suelto de lengua, que ya apela con toda claridad a la importancia de ir a votar el 22-M (vía conversación virtual con sus electores) y un Zoido (Juan Ignacio) paseándose por Sevilla en su autobús electoral, con su habitual séquito napoleónico, ayer echó a andar la nueva semana de la precampaña electoral por la Alcaldía, en la que, a dos meses aún del día clave, los socialistas tratan de invertir el signo maldito de las encuestas y los populares siguen azotando el fantasma de la corrupción masiva para lograr que el electorado socialista, en teoría mayoritario en los barrios de Sevilla, se quede esa jornada en casa.

No esperen muchas sorpresas sobre esta situación de partida. Sospecho que ni los unos ni los otros se van a mover demasiado de estas posiciones de arranque. Lo que implica que el juego dialéctico en la batalla política por la Alcaldía va a ser realmente escaso. Por no decir nulo. Casi inexistente. Espadas anima (casi a gritos) a la participación porque sabe que ésta es su principal baza para ganar o, a lo sumo, no bajar de los 14 concejales, justo los que necesitaría para el pacto con IU. “Si quieres cambiar las cosas, participa y decide, pero no bajes los brazos”, proclamaba ayer en el chat que mantuvo por la tarde con sus simpatizantes, donde estuvieron (de nuevo) los habituales espías del Zoido-team y aparecía con reiteración alguna que otra sospechosa cuestión de ésas que sólo pueden contestarse con la frase habitual: “hombre, me alegra que me hagas esa pregunta”.

La conversación virtual del candidato socialista, que en los últimos tiempos había usado la web del PSOE federal para estas lides, y ahora vuelve a su propio sitio, bastante inactivo en comparación con el del alcaldable del PP, no nos descubrió nada nuevo. Más bien confirmó certezas. La primera: los socialistas tratan de que entre sus huestes no cunda el desánimo. Segunda: el PSOE sabe que los populares todavía no tienen la batalla completamente ganada. Y tercero: intentan por tanto que los indecisos se inclinen al menos por ir a las urnas ese día, hagan lo que hagan después. “Lo importante no son las encuestas, sino las elecciones. Ya veremos cuál es la opinión de los ciudadanos. Los socialistas preferimos ganar cuando lo deciden ellos; otros se tienen que conformar con encargar encuestas a ver si dicen algo distinto a lo que le dicen los ciudadanos a la hora de la verdad”, comentaba en su chat mensual el senador socialista.

cuaderno de campaña martes 22 baja

Es cierto: las encuestas no son infalibles. Y además se utilizan a conveniencia según quien administre la información. No sé si lo saben, pero lo habitual cuando algún político (generalmente secundario) trata de intoxicar a un periodista con algún sondeo electoral favorable a sus intereses es seguir el mismo protocolo: se queda en un bar con el gacetillero de raza (tiene que ser de estirpe, claro), se toma uno una cerveza (y, si puede, una ensaladilla rusa, que ya es época) y, entre una cosa y otra, se simula una confesión de riesgo sobre el hipotético número de concejales que tendrá cada partido político el día de autos. Por supuesto, ni un papel por delante. ¿Para qué?

En todas estas confidencias suele faltar el elemento esencial en cualquier sondeo político: el grado de abstención sobre el cual se dibuja todo el escenario electoral. El número de indecisos. Pronosticar una mayoría absoluta (con independencia de a quién beneficie la tendencia electoral dominante) con casi un 45% de votantes que no dicen realmente lo que piensan hacer viene a ser algo similar a proclamar un triunfo en un campo de fútbol sin que el partido en cuestión ni siquiera haya comenzado a celebrarse. Una victoria sin mérito alguno.

Espadas trata pues de colocar su mensaje entre los votantes (“hay diferencias entre socialistas y populares”) y, en paralelo, intenta dar pinceladas programáticas de su hoja de gobierno, que suele pecar de lo mismo que la de Zoido: buenas intenciones y escasos detalles sobre cómo conseguir los objetivos que se plantean. Ayer tocaba plan de seguridad ciudadana, uno de los asuntos a los que son más sensibles los sevillanos.

La propuesta de Espadas es poner una comisaría del cuerpo local de seguridad en cada distrito (parece inaudito que no existan ya) y abrirlas durante las 24 horas. La plantilla policial también crecería: 240 agentes más. Y se daría prioridad a la atención a los barrios. Nada que objetar a estos deseos. Sólo me surge una duda: ¿todo esto lo ha hablado ya el candidato del PSOE con el sindicato policial? Porque el principal problema de falta de atención policial que sufren los sevillanos no tiene que ver tanto con la Policía Local en sí (los agentes, en general) como con los representantes sindicales de estos policías.

Zoido, en cambio, dedicó la mañana de ayer a presentar sus planes para incentivar en Sevilla las vocaciones empresariales y la investigación. Batas blancas y empresarios. Usó un término que, a efectos electorales, ya utilizó antes Espadas: Sevilla, ciudad del talento. Bueno está. Sobre el talento hispalense habría mucho que hablar. Unos lo llaman ingenio. Otros, gracia. Otros, tontería. El candidato del PP promete transformar el ayuntamiento para conseguir una administración “eficaz, transparente y austera”. Sería maravilloso que Zoido fuera alemán. A mí me asalta otra duda: ¿Se puede lograr esto si se ha prometido todo a todos todo el tiempo?

Un alcalde porcentual

Carlos Mármol | 19 de marzo de 2011 a las 6:34

El bajo tono de la campaña electoral no augura para la jornada del 22-M un porcentaje de participación elevado. Un factor que marcaría la representatividad del futuro gobierno.

Los viernes se han convertido en una suerte de jornada terminal dentro de la interminable campaña de las elecciones municipales. Los dos grandes candidatos a la Alcaldía de Sevilla suelen liquidar el día con algún acto de compromiso con vistas a coger algo de aire y poder diseñar (en la medida de lo posible) la estrategia de la semana venidera. Zoido, el cabeza de lista del PP, acostumbra a dedicar este día al Pleno municipal, donde tiene la ventaja de hacer propaganda (política lo llaman todavía algunos) sin tener que levantarse del asiento del Salón Colón. Espadas (el senador), huérfano de representación municipal propia (a pesar de tener uno de los dos grandes grupos políticos municipales a su disposición) trata de equilibrar la desventaja con algún paseo sobre seguro. Ayer, por ejemplo, se dio uno con la antigua ministra (hoy secretaria de Estado) de Vivienda, Beatriz Corredor, por el Norte del Casco Histórico para vender un programa de rehabilitación urbana de los tiempos de Concha Gutiérrez en la consejería de Obras Públicas. Antes incluso de que él mismo fuera titular de la cartera de Vivienda y Territorio en el Gobierno andaluz.

Que la historia era algo añeja salta a la vista. No sólo por el exiguo presupuesto a celebrar (apenas 3 millones de euros), sino porque el equipo de prensa del candidato socialista debió sufrir un desliz (era viernes, ya digo) y, al enviar a los medios de comunicación la nota informativa sobre la cuestión, incluyó (es de suponer que por un error involuntario) la del día anterior, cuando el candidato del PSOE fue al Polígono de San Pablo a contar las ayudas autonómicas para poner ascensores en los bloques de pisos comunitarios. A fin de cuentas, la cosa iba de viviendas en barrios, ¿no? ¿Qué más daba una que otra? Total, si en las dos citas se dijo más o menos lo mismo. Una de dos: o Espadas se repite (cosa que empiezo a sospechar que ocurre) o estamos en mitad de un remake del célebre día de la marmota.

Que la campaña electoral sevillana tiene desde que se inició un tono gris es evidente. Casi se diría que es subterránea: escasas propuestas, más escenografía que contenido real y un sinfín de mensajes repetitivos que no parecen entusiasmar ni a quienes los lanzan. Los dos grandes partidos hacen lo que pueden, conscientes de que el ánimo del personal no está precisamente para escucharlos con demasiada atención. Claro que los efectos del aburrimiento son dispares. La tibieza electoral beneficia sobre todo a Zoido, que sabe que tiene todas las encuestas a su favor y, en realidad, hace campaña casi por cumplir. Si no la hiciera casi que daría igual. Los populares, que llevan un lustro con el mismo menú puesto sobre la mesa (farolas, bancos y promesas de todo tipo), han decidido que basta con pasearse por algunos barrios, agitar el fantasma de la corrupción (sin reparar en las formas) y dejar que los profundos efectos de la crisis económica (dramáticos en una ciudad como Sevilla) hagan el resto. Fruta madura.

CUADERNO ABSTENCION baja

Más extraña es la táctica de los socialistas. El equipo de campaña de Espadas está centrado en que su candidato aparezca como un político solvente y creíble. ¿Hay quien lo duda? Por lo visto sí, pues a este fin sacrifican casi toda su estrategia. Hasta el momento, la aportación programática del socialista es relativamente discreta. El tiempo corre. Sus mensajes (preocupación por la educación, obsesión por la creación de empleo y planificación urbana) sin que estén mal, son en realidad demasiado previsibles y no enganchan a un público, en general, depresivo. Bien es cierto que las convocatorias electorales en Sevilla nunca han sido demasiado sorprendentes. Quien suscribe estas humildes crónicas ha sufrido como periodista hasta cinco comicios municipales distintos. Pero ninguna ha llegado a ser tan plúmbea como la actual.

Dada la coyuntura, no sería nada raro que la participación electoral se venga abajo el 22-M. Siendo sinceros, el entusiasmo de la ciudadanía por la elección de los alcaldes siempre ha sido discreto. Los datos históricos marcan horquillas de participación de un máximo de un 63% [convocatoria de 2005] a un mínimo del 54% [2007]. Si estas cifras, en condiciones económicas mejores que las actuales, ya son intrínsecamente bajas, las perspectivas de que los indecisos (la mayoría de los electores, según los sondeos) vayan a votar son relativas. En la última encuesta elaborada por Commentia para este periódico se recogía la voluntad mayoritaria de los votantes de acudir a las urnas. Sin despreciar el dato, mucho me temo que la respuesta obedece más a que queda mal decir que uno no va a votar que a un interés real. Veremos.

El problema de la baja participación perjudicaría a los socialistas. Pero, sobre todo, al sistema mismo de elección. Si los resultados de las elecciones no representan al menos al 51% de los votantes ya me dirán qué apoyo popular real tendrá el nuevo alcalde. La fórmula electoral española obvia la creciente desafección de los ciudadanos hacia los políticos. Probablemente por entender que, aunque virtual, es mejor tener un gobierno que no tenerlo. Es un punto de vista. Ahora bien, en los tiempos que corren, en los que la democracia formal en la que vivimos está en cuestión por su escasa capacidad para encauzar la participación constante y continua de los ciudadanos, este factor no debería ser ignorado. Si el 22-M votan menos de la mitad de los electores tendremos gobierno municipal, sea el que sea. Aunque el alcalde que tengamos será un regidor porcentual. Adjetivo nada deseable.

Remedios mágicos que van por barrios

Carlos Mármol | 18 de marzo de 2011 a las 6:29

Espadas promete 7,5 millones de euros de la Junta para poner ascensores en San Pablo. Zoido plantea reconstruir Los Pajaritos.

Ayer tocaba gira, calle, saludos, sonrisas. Los dos grandes candidatos a la Alcaldía de Sevilla decidieron dejarse de colectivos sectoriales y movimientos sociales y sindicales (siempre más cómodos) y se pasearon a cuerpo (relativamente, claro) por dos de los barrios más pobres de Sevilla. La urbe real que suele pasar desapercibida y en la que (casi) nadie piensa cuando llega al poder. Zoido (Juan Ignacio) eligió la barriada de Los Pajaritos, donde se plantó de mañana con un séquito en el que destacaba la presencia de Juan José Cortés, el padre de Mariluz, la niña de Huelva. Espadas (el senador) dedicó su agenda a oír a los vecinos del Polígono San Pablo, a los que garantizó dinero (de la Junta) para un viejo proyecto pendiente: poner ascensores en todos los edificios comunitarios.

Uno y otro estuvieron muy en su papel. Pero, en términos escénicos, lo de Zoido funcionó bastante mejor. La compañía de Cortés, que trabaja a sueldo para el PP, parecía haber sido concebida exclusivamente para dotar al alcaldable popular de cierto predicamento ante los vecinos de la zona. ¿Lo necesita con todas las encuestas a su favor? El popular se plantó allí con los mapas de su proyecto para regenerar el barrio, un atril con micrófono (desde el que arengó el presidente de la entidad vecinal, que se refirió a Zoido como “Ignacio”, acaso por la lejana influencia de la canción de Lady Gaga) y mucha ilusión, a juzgar por el vídeo colgado en su web.

Les recomiendo que lo vean (visionarlo, como se dice ahora, ya es demasiado pedir) porque tiene un aire al antiguo Canal 47 más que notable. Es Zoido en bruto, sin retoques, espontáneo. Hace pues honor al lema de su campaña (Zoido, sin aditivos) pero con tanta espontaneidad que crea algunos problemas. En este caso, de tramoya. En el vídeo se oye al cámara decir sin rubor: “Escúchame, sigue saludando sin parar que voy a tomar más recursos”. Entonces aparece “Ignacio” sonriendo a las señoras del barrio y viendo, con desolación electoral, el lamentable estado de algunos bloques de viviendas, llenas de un paisaje de agua estancada. Una lástima. La voz en off había roto ya por completo el efecto dramático.

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Con independencia del desliz (el Zoido-team parece no tener tiempo para limar estas cosas dada su absoluta dedicación a las redes sociales) las palabras del candidato a los vecinos parecían sinceras. Presentó su idea como “un proyecto realista”: derribar todo el barrio, crear tres edificios-puente para realojarlos mientras duran los trabajos y volver a reconstruir la barriada desde la nada. La operación, según la valoración de los populares, duraría más de seis años y costaría unos 41 millones de euros. ¿Alguien se opone?

Mientras Juan José Cortés trataba de convencer a los vecinos de que lo que decía aquel hombre iba en serio (“es alguien en el que se puede confiar”, sostenía), Zoido improvisaba sobre la marcha una interesante variante: serán los propios vecinos, afectados por el paro, los encargados de trabajar en la rehabilitación. Una forma de involucrar a la población en la transformación de su entorno. Nada que oponer a la idea que, por cierto, es muy de Torrijos (por los célebres domingos rojos cubanos), siempre y cuando lo acepten las empresas adjudicatarias, que algo tendrán que decir.

El plan de Zoido para los Pajaritos sólo desconcierta por su coste financiero. Teniendo en cuenta que el presupuesto de inversiones de Urbanismo para todo 2011 no pasa de los 11 millones de euros, resulta difícil de creer que el candidato popular pueda hacer todo lo que dice con los escasos recursos disponibles. Aunque si no cumple, siempre podrá decir que la causa es la nefasta gestión de Monteseirín. Por otro lado, la idea se parece demasiado a la operación social que Emvisesa ya ha planteado durante este mandato municipal en Regiones Devastadas, el barrio que el PGOU proponía reconstruir desde cero. No es pues nada nuevo. Llama la atención además el escaso entusiasmo que mostró el PP con este antecedente. La coherencia no es su fuerte. Aunque tampoco voy a pedirle un milagro repentino al hombre que Sevilla necesita porque, en el fondo, soy consciente de que estamos en campaña.

Espadas hizo su tournée por San Pablo, un territorio electoral no especialmente incómodo para los socialistas. El candidato del PSOE intentó rentabilizar el compromiso de la Junta para reformar viviendas. Acuérdense: a la Junta, si el candidato del PSOE llega a la Alcaldía, vamos a tener que agradecerle a partir de ahora casi todo porque las arcas municipales están sin un euro. Cierto es que el alcaldable, que fue consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio, tuvo algo que ver en el programa autonómico de rehabilitación. Aunque su intención real ayer era poner en un aprieto a Zoido por su estrategia de pregonar los desastres cotidianos. “Ir [a los barrios] para poner en tela de juicio al Ayuntamiento es bastante cutre. Es oportunismo y demagogia”, dijo.

Al parecer, el PP lleva al Pleno de hoy una moción sobre la inversión autonómica en ascensores. El socialista espera que su rival felicite al PSOE en el Pleno. Me parece poco probable. Aunque igual ocurre. Total, a Monteseirín, que es a quien Zoido tendrá delante, le quedan sólo unos pocos Plenos más en el convento de Plaza Nueva. No le cuesta ni trabajo.

Promesas metropolitanas

Carlos Mármol | 17 de marzo de 2011 a las 6:30

Espadas anuncia la elaboración de un Plan Estratégico Metropolitano en un encuentro con el sindicato UGT. El PSOE lleva años prometiendo esta cuestión con escasísimo éxito.

Sin rival (por un día) porque Zoido (Juan Ignacio) dejó pasar la jornada sin actos de campaña de cierto lustre, el alcaldable socialista, Juan Espadas, tuvo ayer a su disposición todo el ancho escenario electoral para lanzar sus mensajes. ¿Aprovechó las circunstancias? Depende de cómo se mire. Tampoco estuvo la cosa para tirar cohetes. Probablemente los socialistas no esperaban la repentina ausencia de su adversario. O quizás es que su agenda de actos no está diseñada (salvo algunas excepciones dominicales, mucho más dadas a los excesos conceptuales) para la confrontación. El caso es que el menú disponible a priori no generaba excesivo entusiasmo.

Sea como fuera, el socialista vendió ayer tranquilamente al electorado un plan integral para intervenir en muchos colegios de la ciudad y se reunió con el sindicato UGT (aquí la cosa no tiene mucho mérito; jugaba en casa) para discutir diversas estrategias de reactivación económica, que es una de las líneas maestras de su campaña. Todo en plan constructivo. Serio. Y también muy previsible. Aunque, a decir verdad, nadie espera ya sorpresas en esta larga campaña electoral.

En relación al programa de inversión en los colegios del PSOE, no hay demasiado que comentar. Sobre el papel responde a lo usual en tiempo electoral: promesas. Anuncia un gasto global de 14 millones de euros para 104 colegios. Veremos. La cifra podría impresionar a algunos. Pero si se mira despacio es la mitad de lo que el propio Espadas dice que se ha invertido durante el último mandato, teniendo en cuenta que los pasados años el gobierno local contó con la ayuda financiera de los planes estatales y autonómicos contra el paro (los célebres planes E y Proteja) que, al cabo, no sirvieron para atenuar la profunda destrucción de empleo.

El alcaldable del PSOE se limitó ayer a dar su cifra inversora y, en el contexto de su encuentro con las asociaciones de padres (que es un término genérico) de alumnos, enchufó su discurso sobre la importancia que tiene para el futuro incidir en la preparación de los jóvenes. Ok. De acuerdo. Todos creemos en dicha idea. ¿Quién no? Las cifras de fracaso escolar existentes en Andalucía confirman que algo muy serio no funciona en el sistema educativo. Que se arregle la cuestión desde los distritos –como reza el discurso descentralizador del candidato del PSOE– es ya otro cantar.

Lo deseable, de todas formas, es que se arregle. Y pronto. Claro que el Ayuntamiento, salvo en lo que se refiere al mantenimiento de las dotaciones educativas, tiene poco que decir al respecto. Las competencias son todas autonómicas. Lo que implica que o Espadas, si llega a alcalde, tiene cierto predicamento ante el futuro Gobierno andaluz (las encuestas dicen que ganará el PP) o la cosa se quedará en las habituales escuelas-taller. Así llevamos lustros. Ayudan, no digo yo que no, pero parecen insuficientes para atajar el problema estructural que tiene la economía sevillana.

cuadernos jueves 17 baja

El encuentro con los sindicalista de UGT sí tuvo algo más de miga. Sin deslumbrar, en todo caso. La reunión consistió en un repaso al programa económico del PSOE –yo no lo conozco más que de oídas– y en pedirles su participación para la elaboración de un Plan Estratégico Metropolitano. Aquí, curiosamente, es donde se encontraba –perdida– la perla de la jornada, que parecía condenada a la grisura ambiental. ¿Un Plan Estratégico Metropolitano?

Que Espadas cree en la importancia de la planificación no es cosa nueva. Durante su etapa como consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía fue quien impulsó muchos de los planes subregionales (horroroso nombre, por cierto) pendientes de aprobar a lo largo del territorio andaluz. Que es un político que planifica, se sabe.

De hecho, la pasada semana ya se posicionó, en línea con Monteseirín, al defender el Plan Estratégico Sevilla 2020. Esto de los planes estratégicos les suena a algunos a broma cuando, como pasa ahora, se está cayendo el mundo cercano (por la crisis), pero prácticamente es lo único que pueden hacer los políticos: pensar qué hacer en lugar de hacerlo.

Dirán ustedes que es mejor hacer las cosas directamente. Claro. Querer quieren. Su problema es otro: Monteseirín no ha dejado margen presupuestario alguno; el mercado inmobiliario (principal sostén de la economía municipal) está en proceso de derribo, salvo excepciones; y los ingresos de los municipios han caído en picado. Existe además una ley que impide endeudarse. ¿Qué hacer? Anunciar un Plan Estratégico. Que parezca que tenemos ideas.

En realidad, si se fijan, no es falta de imaginación, sino de recursos. La propuesta de ampliarlo al ámbito metropolitano no es mala. Se antoja incluso necesaria. Pero la cuestión clave es si este mensaje, del que se viene oyendo hablar desde hace más de una década, está realmente asumido por los alcaldes socialistas. El PSOE es la fuerza dominante en la corona metropolitana y, pese a la obsesión que sobre el particular tuvo José Antonio Viera, hasta ahora la alianza metropolitana está por hacer. Ni hay una ley que regule esta figura (contemplada en el Estatuto andaluz) ni demasiado entusiasmo.

¿Podrá Espadas cambiar este escenario? Lo dudo. Pero Sevilla debe intentarlo. Nuestro agujero es, sobre todo, cuestión de tamaño.

El candidato te lo arregla

Carlos Mármol | 16 de marzo de 2011 a las 6:30

El alcaldable del PSOE capitaliza el acuerdo de la fábrica de vidrio de La Trinidad. Zoido denuncia el vandalismo incendiario que sufren los vecinos de El Juncal.

El mundo se tambalea. El pánico ante una catástrofe nuclear (tan presente durante los años sesenta, cuando la guerra fría) vuelve a resurgir tras el terrible terremoto de Japón. El paro continúa destrozando familias. Apocalipsis 2011. Todo se mueve a peor. Hay pánico, miedo, inseguridad, atisbos de ruina. Y, de paso, campaña electoral para elegir al próximo alcalde. ¿Le importa realmente a alguien? Indudablemente, a los partidos políticos sí. Son los principales protagonistas del circo en el que, por desgracia, se ha convertido la vida pública. También a algunos ingenuos. Y a la gente bienintencionada, que todavía cree que la política puede solucionar las cosas.

Para este último sector de la población, que todavía conserva algo de brillo en los ojos, a los que el desencanto todavía no les ha obligado a destrozar sus propios sueños de la infancia, trabajan los dos grandes candidatos a la Alcaldía. Zoido (Juan Ignacio) y Espadas (el senador) comparten, entre otras similitudes (al principio eran casi dos gotas de agua, pero el socialista adelgazó y se pasó a las lentillas; sospecho que para acentuar las diferencias), la idea de que la credibilidad ante los posibles votantes no se obtiene sólo con promesas y proyectos, sino tratando de arreglar las cosas básicas. O, si esto es imposible, fingiendo ser capaces de hacerlo.

Los populares, que llevan en la carrera cinco años (tanto tiempo agota e inevitablemente obliga a repetirse), ya acuñaron su célebre efecto Zoido. Dícese del mecanismo que consiste en llamar y cerrar una cita con su alcaldable como fórmula (indirecta) para que el gobierno local te haga caso y te arregle los problemas. Según la lógica de los populares, si Zoido se interesa por algo, la cosa se arreglan. Milagroso, desde luego. Y bastante excesivo también.

Bien es cierto que, entre algunos sectores, la doctrina ha tenido cierto éxito. Aunque, en el fondo, tiene su punto crítico en una mera cuestión de perspectiva: si eres tú mismo quien cuentas tus hazañas lo más probable es que nadie te crea. O que induzcas a la duda. Desde los griegos (caso de Homero) hasta los reyes medievales (véase el Cantar de Mío Cid) sabían que los logros de un poderoso deben ser narrados por alguien del común, sin (aparente) afinidad directa.

Si el PP es quien vende su propio efecto (lo que en parte lo invalida), los socialistas, que todavía conservan el gobierno local y, por tanto, tienen más recursos a su alcance, han optado por exponer las bondades de la campaña de su candidato pero sin ponerle nombre a la cosa. Ya se ha dicho: los propios logros siempre deben ser otros quienes los cuenten.

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Espadas tuvo ayer un día redondo. Al menos, es la primera impresión al repasar su agenda. Habrá quien lo dude (yo entre ellos) pero el candidato socialista fue capaz de cerrar dos acuerdos vecinales que le permiten alimentar su obsesión de ganar puntos ante los ciudadanos. El primero fue sobre el conflicto surgido en Bellavista (en la urbanización Jardines de Hércules) tras el cierre de la zona verde que da nombre al barrio. El segundo: el proyecto para conservar en su integridad la antigua fábrica de vidrio de La Trinidad. En ambos casos, si se fijan, ambas demandas eran sociales. Pura sociedad civil, de la que no acude a los cócteles, sino que sencillamente se mueve para reclamar aquello en lo que cree.

Claro que lo de Bellavista todavía está por hacer. Los socialistas prometen reabrir el parque de la polémica la próxima semana. En La Trinidad (el barrio natal de Espadas, según recalcan en el PSOE, como si él lo hubiera elegido), el candidato firmó con la plataforma en defensa de La Trinidad el acuerdo para su salvación. Qué bonito, ¿verdad?

Espadas, indudablemente, explota mucho menos que Zoido su perfil divino. Cuestión de carácter. Aunque su mensaje (se entienda como cierto o al contrario; esto ya es cosa de cada uno) consiste en algo así como: no te preocupes, que el candidato te lo arregla. Igual que el famoso Señor Lobo de Pulp Fiction, la película de Tarantino, aunque sin la frase (gruesa pero expresiva) que utiliza Harvey Keitel cuando los elogios por su providencial eficacia se tornan insoportables. Es natural: los candidatos están exponiéndose todo el rato. Requieren cariño.

Lo que llama la atención, visto con algo de la distancia, es que esta supuesta eficacia sólo se produzca en tiempo electoral. ¿No sería posible que esta actitud tan constructiva durara unos cuatro años? Estaría bien que la actual dedicación de Zoido y Espadas se trasladara de forma permanente a sus respectivos gobiernos, sea quien sea el que gobierne.

El candidato del PP ya parece que lo hace. Ayer se fue a El Juncal para denunciar (esperemos que si llega a la Alcaldía no se dedique sólo a señalar los incumplimientos de otras administraciones de signo distinto al suyo) la falta de seguridad que provoca el vandalismo incendiario. Según Zoido, El Juncal es una banlieue. Ya saben: los suburbios parisinos que ardieron en las revueltas juveniles de 2005. No le falta razón, aunque su exageración no ayuda. Alguno dirá que no conozco el problema. Error.

La exageración no radica en el vandalismo, sino en la solución del candidato. Dice Zoido que él lo arregla con 300 policías locales. Lo dudo: la Policía Local, al menos su sindicato, no pasa ahora por su mejor etapa. No es que no tenga prestigio, es que sencillamente no lo parece. ¿No me creen? Pregunten a Paco Macías, el fotógrafo municipal. Saldrán de dudas.

Las plazas que vienen

Carlos Mármol | 15 de marzo de 2011 a las 6:13

Zoido quiere crear nuevos espacios comerciales bajo pérgolas en la actual Plaza de Armas. Espadas plantea en su plan del río un ágora comercial junto a la estación de bus.

Seamos positivos. Aunque cueste. Ayer fue lunes. Hoy debe ser martes. La semana empieza de forma razonable, casi se diría rara: con propuestas concretas por parte de los dos grandes candidatos a la Alcaldía. Por fin ideas, dirán ustedes. No se confíen. Sólo es lo que parece. Si las miramos de cerca casi habría que decir aquello que sentenciaba el gran Pepe Guzmán, mítico periodista sevillano (de los de verdad; nada que ver con los costumbristas), en relación a los insignes capitulares municipales, cualquiera que fuera su sesgo ideológico:

Sentrañi, ¿qué hacemos? ¿Les decimos la verdad o dejamos que se mueran de tontos?

Sin ánimo de ofender, que nunca ha sido mi estilo, ni era tampoco la norma de conducta de Guzmán, uno de los mejores articulistas que han escrito sobre Sevilla en los últimos tiempos, y que nunca necesitó premios ni tertulias para demostrar su talento, ésta es la conclusión a la que cualquiera llegaría cuando oye ciertas cosas. Guzmán, que yo recuerde, lo dijo cuando durante la campaña electoral de 1991 los candidatos a la Alcaldía prometieron eliminar de las calles la plaga de gorrillas que extorsionaban a los conductores cada vez que dejaban su coche en algún sitio. Alguien tenía que hacerlo: decir a los ciudadanos que, oyeran lo que oyeran de los políticos, todo era para nada. Lo de los gorrillas no tenía remedio.

Con la conservación de las plazas públicas ocurre algo parecido. La cuestión no tiene en realidad solución si no son los propios ciudadanos quienes asumen la misión de cuidar su entorno. Ningún político puede (ni debería) hacer aquello que depende de cada uno de nosotros. Pensar lo contrario es la mejor manera de no querer asumir las propias responsabilidades.

Vayamos por partes. Sigamos el consejo de las encuestas. Hablemos primero de Zoido (Juan Ignacio). El cabeza de lista del PP se fue ayer a Plaza de Armas (ya saben, el enclave existente junto a la antigua estación de tren) a presentar una idea de su equipo particular de arquitectos –que al parecer reciben el nombre de Ya Sevilla– para dotar de “vida” a este espacio público, cuyos problemas de mantenimiento son notables desde que en 1992 se configuró por azar como resultado de la operación fallida para levantar en la zona una torre de oficinas.

Partimos de la base de que la idea de Zoido es noble. No lo dudamos. Otra cosa es la solución que plantea. El candidato del PP quiere, para evitar la degradación actual, instalar unas pérgolas que cubran toda la plaza y situar una estructura artificial para celebrar “mercados sectoriales temporales”. ¿Eso qué es? dirán ustedes. Habría que preguntarle a los arquitectos (es de suponer que jóvenes) que dice tener a su servicio el alcaldable del PP. Semejante concepto sólo puede salir de la mente de un arquitecto.

cuaderno martes 15 baja

A riesgo de equivocarme, yo diría, después de mirar los renders, que la cosa consiste sencillamente en construir (por un millón y medio de euros, que no es poco) una sede permanente para celebrar mercadillos rotatorios y un escenario para que actúen grupos musicales. Según explicó el alcaldable, se trata de “dar vida al centro comercial Plaza de Armas”. En esto, obviamente, discrepo. Yo diría que el centro comercial Plaza de Armas sí tiene vida. La gente entra y sale. Va al supermercado. A las tiendas. Al cine. Cada uno se mueve a su aire. De eso se trata. Otra cosa es el maltrato de la plaza trasera que limita con el edificio que González Cordón diseñara en los años previos de la Expo. ¿A nadie se le ocurrió exigir que el centro comercial mantuviera el espacio público? En realidad, esta plaza no funciona porque no es una plaza, sino sólo la cubierta del aparcamiento subterráneo. Lo mismo que el PP hubiera deseado hacer en la Alameda. Un aliviadero del centro comercial existente.

La idea de Zoido, no obstante, puede convencer a algunos. A mí me recuerda el modelo puesto en práctica por Soledad Becerril (gracias a la dedicación de la Caja Rural) en la plaza Josefa Reina Puerto, junto a la Magdalena, conocida popularmente con el cruel nombre de callejón de los pobres. ¿Qué es una plaza? Unos arbolitos, unas pérgolas, sombra, puestos de artesanía, bancos. Ya está.

No sé si Espadas, que ayer prometió más dinero para ejecutar el plan de regeneración de Tres Barrios-Amate, tiene su propia idea sobre lo que debería ser una plaza pública. De momento su única propuesta a este respecto es una especie de Plaza del Comercio junto a la estación de autobuses cercana a Plaza de Armas integrada en su plan para el Guadalquivir. De esto de momento ha hablado muy poco.

Claro que su antecesor (en la candidatura del PSOE), Monteseirín, ya se vanagloria de haber recuperado muchas de las ágoras del centro histórico. No estoy tan seguro: en unos casos, quizás sea cierto; en otros sencillamente las ha convertido en auténticos abrevaderos porque, según la singular mentalidad del alcalde saliente, todo aquello que no tenga un velador o sirva para hacer una verbena es un espacio muerto, aburrido, fracasado. Alguien debería explicarle a él (y probablemente también a Zoido) que una plaza quizás no sea más que un vacío urbano donde la gente se encuentra de forma espontánea, nunca reglada. Y donde, en teoría, uno debería poder estar sencillamente sin consumir nada. Mirando a los otros. Gratis.

Duelo de entidades

Carlos Mármol | 12 de marzo de 2011 a las 6:30

Los candidatos de PSOE y PP miden su capacidad de convocatoria entre las entidades sociales y vecinales. Zoido promete la accesibilidad universal; Espadas, un ‘Guadalquivir remix’.

Los viernes son días difíciles. Sobre todo cuando la rueda electoral, en la que llevamos inmersos más o menos desde inicios de este año, se mueve ya con cierta dificultad. Después de una semana interminable de actos, abrazos, promesas y sonrisas amables parecería lógico que los dos grandes candidatos a la Alcaldía –que son los que tienen más actos previstos– sintieran alguna fatiga. Ganas de estar un rato con la familia. No sé. Ansias por recuperar esa actividad llamada descanso. Dejar por un rato la máscara (persona, en griego) para volver a ser un ciudadano normal.

Hay quien no puede. Es el caso de Zoido (Juan Ignacio). No deberían extrañarse ustedes: sus exégetas sostienen precisamente que el alcaldable del PP es justo así. Infatigable, activo, batallador. No estoy seguro (hace algún tiempo ya que no hablamos) de si esto es realmente así (que puede) o acaso ocurra que el hombre que necesita Sevilla tiene la fortaleza propia que da llevar casi un lustro en permanente gira electoral por los barrios. Lo suyo es, con todas las distancias lógicas, como la gira interminable (The Neverending Tour) de Bob Dylan. Cada día en un sitio distinto, montado en su propio autobús (el Zoido-bus presentado hace sólo unas semanas) y con el mismo lema que sale en los carteles de los conciertos del bardo de Duluth. Ladies and gentleman, Zoido in person.

Los viernes parecen lunes para el candidato del PP. A juzgar por lo que se vio ayer en el hotel sevillano que algunos denominan ya el Vistalegre de Zoido, no es el único. El líder del PP local citó en una sala a casi 70 asociaciones sociales para declamar, como Neruda hacía con su Canto General, su programa de accesibilidad general. La cita perseguía enseñar músculo asociativo –si me permiten la expresión– en un momento en el que los políticos, en general, no levantan más pasiones que la de aquellos a quienes pagan (de una u otra manera) o de los que están con ellos en la carrera hacia el poder.

Se sabe: Zoido es desde hace tiempo pareja de hecho de Javier Arenas, el presidente del PP andaluz, que estuvo en la cita mientras su compañero de campaña (llevan muchos actos juntos además de sesiones en las Cinco Llagas) prometía crear diversos observatorios municipales para velar por la accesibilidad de los sevillanos con discapacidad y sacar dinero (fue nuestro consejo en materia de patrimonio conventual) de donde haga falta.

dónde está mi sociedad civil baja

La cosa iba bien. No hacía falta incurrir en los excesos verbales. Pero dado que el alcaldable del PP debe ser algo dionisiaco (a mí también me ocurre) nos brindó de pronto una frase rotunda: “Un alcalde no puede dormir tranquilo mientras a una asociación de atención a niños con discapacidad le falte un local para desarrollar su actividad con dignidad”.

Quizás ponerse tan italiano pueda lastrar el fondo de la cuestión, que probablemente es sincera y noble. Es cierto: los problemas sociales de Sevilla suelen ser un asunto secundario en la vida municipal, en los periódicos y en todos sitios. Nadie quiere hablar de más desgracias que las inevitables. En los tiempos que corren, menos. De ahí que la reunión tuviera interés objetivo. Otra cosa es la transmisión de sentimientos que hizo, vía redes, el habitual Zoido-team. En twitter se podían leer testimonios (previo filtro) de los asistentes.“Es un hombre honesto, te mira a los ojos y cuando da su palabra la cumple. No para hasta encontrar soluciones”.

Tanta amabilidad, en determinadas cuentas de esta red social, es cosa rara, extraña. Y, efectivamente, duró poco: al rato, entre un mar de agradecimientos a Zoido de las entidades invitadas al acto, se insultaba (así, en general) a los simpatizantes del PSOE al grito de “Socialistas, tramposos y manipuladores”. Tanta bondad y tan poco perdurable. Ni la cuaresma nos evitó semejante vaivén.

A los socialistas se les notaba ayer poco presionados. No tenían acto masivo (el punto alto de la semana fue la presentación del programa feminista de Espadas) pero, por aquello de marcar cierto territorio (con suavidad, en todo caso), el alcaldable Espadas decidió hacer un Guadalquivir remix de su programa para transformar el río en un espacio urbano dotacional. La idea no era mala pero pecaba de escaso sostén económico. ¿Importaba eso? No. El objetivo de los socialistas ayer viernes era equilibrar la estampa bondadosa del candidato del PP con algún respaldo de entidades vecinales de los barrios a los que, en teoría, beneficiará la remodelación de la dársena histórica. Duelo de entidades.

Los socialistas dijeron haber reunido a unas 30 asociaciones de barrios como San Jerónimo, Triana, Los Remedios, Casco Antiguo y Macarena para escuchar la idea. Espadas llegó incluso a prometer que, si llega a la Alcaldía, el proyecto se acometerá (si la Junta no desvía los remanentes del Plan Turístico del Guadalquivir) antes del verano. No es que no queramos creerle –¿cómo no dejarse persuadir por un candidato en campaña electoral–, pero se da la circunstancia de que esta semana los socialistas han tenido un grave desajuste a la hora de transmitir sus mensajes. Espadas, ante el foro del Plan Estratégico, prometió firmar un acuerdo con la Junta para impulsar la red completa de Metro. Un día después, en sede parlamentaria, la consejera del ramo dejaba el proyecto en barbecho. ¿En qué quedamos?

Argumentos igualitarios

Carlos Mármol | 11 de marzo de 2011 a las 6:26

Espadas defiende la discriminación positiva en su programa electoral sobre igualdad. Plantea primar
en las contratas municipales a las empresas con planes femeninos.

La política, incluso la municipal, parece haberse convertido en los tiempos que corren en una cuestión de cuotas, porcentajes y minorías. El candidato del PSOE a la Alcaldía, Juan Espadas, presentó ayer su programa de igualdad (aunque más bien tendríamos que llamarlo feminista) con vistas a captar el voto de las mujeres en las elecciones del 22-M. En esencia el proyecto incluye una serie de medidas de discriminación positiva entre las que destaca la idea de dar prioridad a la hora de contratar con la administración local a aquellas sociedades mercantiles que tengan en vigor un plan de igualdad. Una promesa que quizás persiga un objetivo loable (equiparar en oportunidades a la mujer con el hombre)aunque por unos medios que, acaso, no lo sean tanto.

Sin entrar en la discusión sobre si es necesario implantar este tipo de cuestiones manu militari (las empresas deberían tener derecho a ser contratadas por el Consistorio por factores técnicos, más que sexuales) lo cierto es que los socialistas, que hace tiempo que hacen bandera en este tipo de asuntos, creen que la principal vía para lograr la equiparación entre sexos consiste en establecer filtros que modifiquen la realidad.

No vamos ahora a descubrir los problemas que padecen muchas mujeres (y hombres) en su trabajo. Aunque creer que la igualdad se logrará con un hecho tan simple como dar todos los contratos a las empresas sensibles con esta situación se antoja algo demasiado sencillo. El problema, obviamente, existe. Aunque digamos que es de índole totalmente distinta a otros parámetros más cruciales: el presupuesto, la capacidad operativa de las empresas y la calidad de ejecución de los proyectos municipales.

Durante los últimos doce años de gestión de Monteseirín en el Ayuntamiento se han hecho muchas obras en Sevilla. Algunos, incluso el propio regidor, han dicho en determinadas ocasiones que han sido demasiadas. No lo parece: dadas las necesidades urbanas de muchas barriadas de la ciudad, los proyectos del actual gobierno local se antojan insuficientes para llegar a solventar el problema de cohesión social que existe en la mayoría de los distritos de la capital de Andalucía.

Hotel Barceló Renacimiento.

Hasta ahora, a las empresas que trabajan con el Consistorio se les exigía solvencia financiera (cosa que no siempre ha salido bien; véase el caso del plan de aparcamientos) y capacidad para terminar los encargos en plazo, sin salirse del presupuesto y con calidad. Estos tres parecen ser los principios lógicos, junto a la oferta económica, para adjudicar un concurso público. Por influencia de IU, que ha hecho prioridad política de la seguridad laboral, el Ayuntamiento introdujo en su día una cláusula para exigir a las firmas un plan integral de seguridad en el trabajo, asunto que provocó gran polémica con los empresarios. Parecía lógico que esta cuestión fuera objeto de valoración en los pliegos de las contratas municipales. A fin de cuentas hablamos de proteger la vida de los trabajadores, un asunto laboral.

En el caso de la discriminación positiva en favor de las mujeres, el argumento es diferente, al obedecer más a una determinada perspectiva política que a razones, digamos, inherentes a la materia. Evidentemente, siempre será mejor trabajar con firmas que no establezcan discriminaciones sexuales y sean capaces de dar oportunidades para conciliar la familia con el trabajo. Pero con carácter general, no parcial. Para las mujeres y para los hombres. Sin exclusión. Focalizar todo el problema de las dificultades para tener una familia y trabajar en una mera cuestión de sexo parece ser fruto de la necesidad de agradar al lobby feminista más que una consecuencia directa de cuál es en realidad el problema.

Los grandes errores de la era Monteseirín no han consistido en que las empresas adjudicatarias de las contratas municipales fueran más o menos ejemplares en relación a las mujeres, sino que, por lo general, las obras que han acometido ni se han terminado en plazo, ni en presupuesto (véase el Parasol), ni mucho menos con unos niveles mínimos de calidad. El factor de género no tiene, a mi juicio, demasiado que ver.
Cuando hablamos de las contratas municipales abordamos un capítulo trascendente de gestión pública. Cualquier ciudadano sabe que lo que se contrata a un precio y con un objetivo concreto debe ejecutarse sin sobrecostes y en calendario. La eficacia consiste en ser capaz de cumplir lo que se firma. Nada más. Nada menos.

El Ayuntamiento, por lo general, ha sido poco cuidadoso en esta materia. El proceso de la recepción de obras acostumbra a ser bastante flexible con las contratas y escasamente exigente con los resultados. La Encarnación es un magnífico ejemplo: la plaza, sin estar terminada, se inauguró en su día exclusivamente para alimentar las opciones políticas de Gómez de Celis (el anterior edil de Urbanismo) y, a la vista está, ha sido ejecutada con notable torpeza y sin cuidar en absoluto la armonía exigible en la configuración de los espacios públicos.

Que Espadas prometa ahora introducir una cláusula feminista en las obras es noble pero innecesario. Un guiño a un colectivo que tiene todo el derecho a defender la equiparación (cosa que hacemos todos) pero que, en la ejecución de proyectos, tiene escasa incidencia. El problema de las obras es que se hagan en tiempo y con respeto al dinero público, no tanto si éstas tienen color morado. Si, como dice el candidato socialista, el futuro de la ciudad no debería depender de las ideologías, se nota poco. La igualdad hay que perseguirla. Obvio. Pero, en materia de obras, lo necesario es la eficacia. No tanto el sexo.

Zoido: ruta de cuaresma

Carlos Mármol | 10 de marzo de 2011 a las 6:32

El alcaldable del PP presenta como propio un plan del gobierno local para recuperar los conventos que fue una idea del PGOU.

Zoido (Juan Ignacio), acaso sin sospecharlo, lleva últimamente un itinerario de campaña electoral que, al menos a uno, le parece que tiene cierto aire valleinclanesco. Ayer tocaba el capítulo de Flor de Santidad, la novela que don Ramón escribió en 1904. El candidato del PP se plantó después de los rezos de maitines –la primera hora canónica– en el convento de San Leandro para visitar a la comunidad de religiosas que habita en tan humilde y ajada morada. Gesto que le honra. Siempre es bueno ir a hacer una visita a las madres. Claro que la cita no era sólo para ver cómo estaban las monjas, sino aprovechar la ocasión (incluso aquí, en un recinto tan dado al silencio espiritual) para criticar al “gobierno del PSOE” porque –según su opinión– tiene abandonado este hermoso patrimonio religioso sevillano.

Los conventos, no sé si lo saben, ya no son lo que eran. Fíjense en el de Santa Lucía de Zaragoza: con un montón de billetes de 500 euros (ahora menos; se nota que Hacienda puede ser como Dios) perdidos en un armario. En Sevilla estas ciudades dentro de las ciudades –donde un día el tiempo se detuvo y sigue así, quieto desde entonces– por lo general tienen pocas residentes estables –la clausura no cuenta con demasiadas adeptas en los tiempos modernos– y presentan un estado de conservación deficiente. Resultado del tiempo y de los siempre escasos recursos de las comunidades religiosas.

Zoido, en su línea bondadosa, dijo ayer: “Nos han llamado las monjas. Se sienten abandonadas. Y por eso hemos venido”. Fueron. Censuraron la “dejadez” de la Gerencia de Urbanismo para reparar el convento –tras decir previamente que su intención no era criticar a nadie, sino presentar sus propuestas electorales– y plantearon a los periodistas (la escena pueden verla en su página electoral, donde han colgado un vídeo de youtube) un “proyecto ilusionante para organizar una ruta de conventos que permita crear puestos de trabajo en Sevilla”. Excelente idea, ¿verdad?

En los conventos siempre se ha trabajado mucho. No es broma: las monjas son laboriosas, cobran poco y gastan menos. En términos económicos son imbatibles, salvo por su desprendimiento y falta de amor al consumo, el gran pecado de nuestros tiempos, la rueda que mueve el mundo. Que los conventos sevillanos merecen dinero para su recuperación queda fuera de toda duda. En eso hay que darle la razón al candidato del PP. En lo demás, quizás ya no está tan claro.

Zoido fue ayer especialmente crítico con la Gerencia de Urbanismo, a la que acusó de iniciar la reparación de las cubiertas de la iglesia y de una nave con artesonado en el claustro y dejar la obra a medias, además de ralentizar una licencia solicitada para ubicar una residencia de mayores. Oyendo hablar al candidato popular, con la religiosa de San Leandro allí delante, cualquiera pensaría que Manuel Rey, el delegado de Urbanismo, no tiene ningún respeto a tan caritativa congregación. Diablo.

No es así, claro. En el fondo de este debate sobre la recuperación del patrimonio conventual suele existir mucha demagogia, que es una práctica muy sevillana que algunos confunden con lo que ellos llaman gracia. Como saben, se trata de una práctica política degenerativa de la democracia que consiste en perseguir el favor popular mediante el halago o la apelación a los sentimientos más elementales de los ciudadanos. Decir que los conventos de Sevilla deben ser reparados es toda una obviedad conceptual, aunque sea electoral. Lo importante sería analizar quién es el responsable de este abandono. Según el candidato del PP, la cosa está clara: el actual gobierno municipal.

ZOIDO VISITA EN CONVENTO DE SAN LEANDRO

La ley de patrimonio, que Zoido debe conocer muy bien dada su condición de juez, dice justo lo contrario. El responsable legal del mantenimiento de un bien edificado es su propietario. Extraña que el candidato popular muestre sólo la media mitad del problema, como si toda la culpa del derrumbe de las clausuras sevillanas fuera del equipo político de Monteseirín y de Torrijos, ese Júpiter tronante.

Pues no. Es la Iglesia quien tiene la obligación de cuidar su patrimonio, que es artístico pero también inmobiliario. Por supuesto, el candidato popular tiene la oportunidad de, emulando al abogado Moeckel, ese letrado con vocación de prohombre que litiga en todas las causas (unas más justas que otras), movilizar a la sociedad sevillana (en quien dice apoyarse: Somos la Sevilla que quiere un alcalde) para buscar fondos con los que arreglar los conventos. Nada se lo impide. Lo que no recuerdo (a riesgo de equivocarme) es a Zoido acudiendo a Palacio (como llaman los cofrades a la sede arzobispal) a exigir con idéntica vehemencia a la vicaria diócesis que cumpla con su obligación. Lo de Palacio, si se fijan bien, también es valleinclanesco.

Escena quinta de Luces de Bohemia: interrogatorio a Max Estella, el poeta ciego, transunto de Alejandro Sawa:
–“¿Dónde vive usted?”
–“Bastardillos. Esquina a San Cosme. Palacio”.
–“Diga usted casa de vecinos”
–“Donde yo vivo siempre es un palacio”.

Citas aparte, el proyecto “tan ilusionante” de Zoido no es ni siquiera nuevo. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), documento al que el PP se opuso en su día, incluía la idea de convertir no uno, sino casi veinte conventos en residencias turísticas, de estudiantes y de mayores. Una forma de justificar las inversiones públicas que necesitan las clausuras, que son edificios privados.

Cierto es que la gestión de este programa –en el que el arzobispado nunca ha tenido interés– no ha sido brillante. Pero si el Ayuntamiento paga obras en algunos conventos (con bastante arbitrariedad) es sin tener realmente obligación de hacerlo. Culparle encima se antoja excesivo. Claro que Zoido, además de en campaña, está en plena ruta de cuaresma. Ayer él mismo lo pregonaba en su twitter: “Hoy es Miércoles de Ceniza. Faltan 40 días para la Gloria”.

En su caso, algunos más. Quizás. Quién sabe.