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La herencia inevitable

Carlos Mármol | 9 de marzo de 2011 a las 6:24

El candidato del PSOE busca perfil institucional en el propio Consistorio y asume la herencia de Monteseirín. Toda la estructura institucional de la Junta se moviliza para criticar a Zoido.

Existía algún precedente. Sobre todo, ferial. Pero hasta ayer por la mañana las coincidencias habían sido contadas. Más privadas que públicas, además. Los socialistas parecen haber dejado de lado la prudencia y han decidido lanzarse a tumba abierta. A por todas. Si el lunes su alcaldable sorprendió apareciendo junto a dos consejeros de la Junta en el acto de salvación de la factoría de Pickman-La Cartuja, ayer hubo otra escena notable: se volvió a ver (uno más sonriente que otro) en un mismo sitio y a la misma hora, compartiendo protagonismo, a Espadas y Monteseirín. Principio y fin de dos eras políticas municipales ocurra lo que ocurra en las elecciones del 22-M.

¿Espadas junto a Monteseirín? Muy mal debe estar la cosa en el PSOE para tener que forzar la máquina de esta manera. Que el alcaldable socialista tenía que entrar de una y otra forma en la vida municipal antes de los comicios es evidente. Demasiado ha tardado en hacerlo. Igual le ocurrió a Zoido en 2007. Claro que los populares, por ser gente de orden, son mucho más disciplinados que los socialistas: Raynaud, todo un señor, en su día tuvo que ver cómo su espacio político (el Pleno, del que era aún el líder de la oposición) tenía que ser cedido manu militari a su sucesor para que hiciera (desde el público) por primera vez bandera de una ley de capitalidad que, si se fijan, es otro de los mensajes de su campaña actual.

En el PSOE hasta ahora la cosa no estaba para experimentos similares. Durante la primera fase de la precampaña (cuando Espadas no arrancaba) su equipo electoral temía que la actitud del alcalde saliente (y de su núcleo de confianza, cada vez más reducido) fuera a generarle problemas. Así ha sido hasta la elaboración de las listas, en las que el PSOE ha cerrado (gráficamente, además) una etapa –la que simboliza el aún regidor– para abrir otra. No podemos decir que el proceso haya sido indoloro (hay ciertos rebrotes rebeldes a la inclusión de los independientes) pero lo cierto es que, en general, el cambio de caras ha sido bastante bien acogido. Además, no quedaba otra: todas las encuestas señalan desde hace años que la valoración política de Monteseirín es la gran debilidad electoral de los socialistas. El motivo real de su jubilación municipal, que ni es voluntaria ni libre.

Todo el discurso de la dirección del PSOE hasta el momento ha consistido precisamente en marcar distancias (sobre todo personales) con el actual equipo de gobierno. Se respetaba el modelo y se hablaba diplomáticamente de relevo para no caer en la inevitable contradicción que es cambiar a quien ha dirigido una labor que ahora se quiere defender ante los electores. La muda de criterio llegó ayer. ¿Por qué? Se dirá que no es tal, que Espadas ha señalado ya claramente su voluntad de cambio (con la lista, viéndose con colectivos como Aprocom, muy críticos con Monteseirín) y reconociendo los errores. Según esta tesis, lo de ayer era natural. Bueno. Desde luego ni Espadas ni Monteseirín parecían muy naturales ante las cámaras.

ESPADAS Y MONTESEIRIN 

Es verdad que el candidato del PSOE ha hecho todos estos gestos de diferenciación, pero también lo es que la necesidad de ganar credibilidad pública (lo que implica conseguir mayor cuota institucional) es imperiosa. Si no, ni se entiende lo de Pickman ni lo de ayer con Monteseirín diciendo que lo mejor que le puede ocurrir a Sevilla es que “el alcalde sea Espadas”. Viniendo del regidor, cualquiera sabe si le hacía un favor a su sucesor (igual era su intención) o más bien justo lo contrario. Claro que lo mejor (o lo peor) que le puede pasar a Sevilla a partir del 22-M lo decidirán los ciudadanos. Desde luego, Monteseirín va a ser que no.

Resulta evidente, en cualquier caso, que hay una orden de arriba. Disciplina castrense, muchachos. Todos deben ponerse al tajo. Unos atacando (Chaves lo hizo ayer en sede parlamentaria al volver a acusar a Zoido del ERE de Riotinto) y otros ayudando a cuestionar el discurso del popular. Véase en esta clave el acto del consejero Pizarro previsto para hoy para volver a poner la primera piedra de la Ciudad de la Justicia en Los Gordales. ¿Alguien quiere apostar si Espadas (en una de sus múltiples condiciones) irá al acto?

Zoido, por su lado, presentó ayer su napoleónico proyecto para el Prado a los procuradores. Estaban de acuerdo, claro. Los jurídicos no quieren salir del barrio. Les ocurre igual que a los comerciantes: creen que lo mejor para la ciudad son sus intereses. Lo más llamativo del encuentro fue el comentario de que el solar de Los Gordales “no tenía suficientes accesos”. Por allí pasa la SE-30.

Mientras el popular triunfaba entre un público seguro, el candidato socialista ponía su pica institucional (con chaqueta y corbata) junto a Monteseirín en Santa Clara, donde tocaba hablar del siempre nebuloso Plan Estratégico. De nuevo el PP hizo su pregunta: “¿En calidad de qué fue Espadas en el acto?”. La respuesta oficial es que se invitaron a todos los candidatos y el único que mostró interés fue el socialista. Ya. El PP dice no haber sido citado. Claro. ¿Se creen ustedes a alguno de los dos? Yo no.

Da igual. La estrategia está más que decidida. Los socialistas van a seguirla a sangre y fuego. Saben que el tiempo para mejorar en los sondeos cada vez es más escaso. Ya superaron la fase de los barrios, los colectivos sociales, la Sevilla Eterna y la habitual agenda de clásicos populares sevillanos. Su misión ahora es dar por tierra mar y aire sensación de eficacia ante un electorado (probablemente afín) que, con la que está cayendo, no está por la labor de ir a las urnas el 22-M. Espadas necesita aparecer como un político capaz de arreglar cosas. No farolas, ni bancos, ni aceras rotas, sino empresas (Tussam). Un político capaz de proyectar el futuro de Sevilla (Plan Estratégico). Y, si para eso hay que comerse la herencia inevitable de Monteserín, pues va uno y se la come. Salud, hombre.

¿Dónde está mi cámara?

Carlos Mármol | 8 de marzo de 2011 a las 6:16

Dos consejeros de la Junta dan protagonismo a Espadas en el acuerdo para salvar a Pickman. Zoido sigue con su galería de denuncias y pide para Sevilla torneos mundiales de tenis.

Se sabe: las campañas electorales son un avispero. Es tanta la sensibilidad a flor de piel de los contendientes (por emplear el mismo término usado por Curro Pérez, el jefe de campaña de Zoido) que cualquier cosa que se diga se presta a los celos y a los ataques de inseguridad. Juan Espadas, el candidato del PSOE a la Alcaldía, al que las encuestas no dan la victoria pero le permiten abrigar la pálida esperanza de movilizar a los indecisos, se presentó ayer en la fábrica de la Cartuja Pickman (todo un símbolo de Sevilla) para aparecer (con todo el rostro) en la presentación del acuerdo de salvación de la factoría. En el acto estuvieron los sindicatos, los trabajadores y dos consejeros de la Junta.

Todos (salvo CCOO) llamaron la atención al “agradecer” vehementemente su papel de mediación. Caramba. Tan excesivos fueron que, sospecho, el socialista debió sufrir un ataque de rubor (momentáneo). No por ello renunció a acudir a la cita. Se trataba de salir en la foto (apareció en las secundarias; en la principal era ya demasiado) y provocó la inmediata reacción del PP, que comenzó, por las redes, a expandir la duda: ¿En calidad de qué estaba allí? El PSOE alega que su alcaldable ha colaborado para solucionar el problema a petición del comité de empresa. Ya.

También dan otras razones: “Es senador, miembro de la Ejecutiva, un político con experiencia de gestión”. Parece todo más fácil: con independencia de sus supuestas dotes, lo de ayer consistía más bien en utilizar un foro institucional (y una noticia positiva) para tratar de ganar algo de credibilidad. ¿Es que no se tiene?

La estrategia es de libro. Aunque conviene recordar que los relatos políticos (para ser creíbles) requieren algo que quizás faltó en la puesta en escena: continencia. Tanta alabanza inevitablemente genera sospechas. Tampoco es la primera vez que pasa: en un debate de televisión hace unas semanas el senador socialista acudió a debatir con los candidatos (a concejal) del resto de fuerzas políticas y el zoido-equipo, siempre presto al ataque, argumentaba que en realidad el socialista se coló en la cita. Los chicos del PP amenazaron incluso con hacer público un fax donde la participante en el encuentro por el PSOE era otra persona. Según ellos, los socialistas no tienen derecho a cambiar de opinión. Vaya.

Claro que ya lo dice el refrán: cuando se trata de correr siempre habla un cojo. Los populares llevan ya algunos años haciendo justamente lo mismo, aunque a su estilo. El PP pregona un teórico efecto Zoido que es algo así como una aparición mariana, casi un episodio milagroso. Consiste en que todo lo que toca con el dedo su alcaldable (banco, farola y acera rota) inmediatamente se arregla. Si es magia o fe ciega lo desconozco. Elijan ustedes mismos. También aquí se echa de menos un cierto sentido de la mesura.

O lo que decía el Quijote: “Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”.

Los socialistas, por lo general agnósticos (aunque no todos, claro, los hay incluso de la Hermandad del Baratillo), no han llegado en este punto a emular los cuadros literarios expresionistas de Ramón del Valle Inclán sobre mendigos y santos. Lo suyo es otra cosa: como más cerebral e institucional. Aunque si tuvieran todas consigo (que no las tienen, evidentemente) no tendrían que forzar tanto las cosas.

La Junta debe ser la Junta. Y el candidato, el candidato. Mezclar ambos elementos, con independencia de todas las explicaciones que se quieran dar al personal, se antoja un recurso excesivo. Parece incorrecto. En realidad muestra carencias, más que fortaleza. Cada uno puede ir donde quiera. Otra cosa es dar la imagen contraria a la que se pretende.

Quizás los socialistas, con el gesto, quieran darle la vuelta a la vieja acusación del PP que censura a Espadas haber hecho toda su carrera profesional en la administración. Al parecer, esto es un defecto. El PSOE ironiza: “Por lo visto tenemos que pedirle permiso a Zoido para elaborar la agenda de nuestro candidato”. Surrealista, la verdad. Tanto como buscar la cámara a toda costa.

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Zoido, en la táctica del salvador de empresas, lleva en realidad la delantera. Este domingo ya lo hizo con el nuevo centro de Ikea, que sufre cierto retraso en su tramitación urbanística. El alcaldable del PP aprovechó la jornada (día escaso de noticias) para clamar por la cuestión. “Se están poniendo en peligro 4.000 empleos con este retraso”, dijo.

El Ayuntamiento, cuyo gabinete de prensa estaba lo que se dice out (en campaña es imperdonable), respondió ayer dando un dato llamativo. Lo hizo el gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán: “El PP no apoyó en el Pleno la modificación urbanística necesaria para Ikea, que requiere modificar el Plan General”. Y agregó: “Es un ejercicio de doble moral: Zoido reclama en prensa lo mismo que bloquea en el Ayuntamiento”. ¿Se puede urgir a hacer lo que uno previamente no ha aprobado? Se antoja algo incoherente. Aunque tratándose de Zoido no descarten que se deba a otro milagro.

El alcaldable del PP, mientras sus ediles siguen con sus denuncias sobre los desastres cotidianos –ayer un presunto desvío de fondos a dos entidades municipales no constituidas–, mandó a los medios una foto con Rafa Nadal (una de esas imágenes circunstanciales que los hinchas se hacen con sus ídolos) y prometió que cuando llegue a la Alcaldía la ciudad será “una referencia mundial” en el tenis. El aspirante popular tuvo que irse hasta Bruselas para buscar la placa. ¿Dónde está mi cámara?

Espadas descubre el río

Carlos Mármol | 5 de marzo de 2011 a las 6:22

El candidato del PSOE desvela el primero de sus grandes proyectos de reforma urbana. La financiación de la propuesta es su punto débil: todo depende de la Junta de Andalucía.

Estamos de enhorabuena. Juan Espadas ha descubierto el Guadalquivir. El candidato del PSOE a la Alcaldía, tras varios meses de dosificarse, amagar y no llegar a concretar –ni siquiera en el debate televisivo de Giralda TV–, con el argumento de que Zoido podría copiarle su programa electoral, se decidió ayer a presentar en sociedad su primera gran apuesta programática: la recuperación integral de la dársena histórica.

Probablemente la historia les suene. Desde hace más o menos dos décadas largas (es lo que da de sí la memoria inmediata) todo aquel que pretendía jugar algún papel relevante en la política municipal (ni siquiera como alcalde, bastaba con aspirar a ser un humilde edil de la oposición), se ponía a reflexionar en silencio sobre el futuro de esta urbe y fijaba de pronto su mirada (en unos casos de halcón, en otras de gobernante visionario) en la lámina de agua que separa las dos orillas de Sevilla. Eureka. La solución es el río.

Convertir el Guadalquivir en la calle ancha de Sevilla es un tema del que se viene hablando con persistencia retórica desde siempre, aunque casi nadie (al menos de forma integral) se ha puesto manos a la obra. Es lógico: el reto requiere mucha capacidad de gestión, dinero y el raro valor de no aceptar algunas hipotecas heredadas que, amparadas en un falso sentido del derecho, impiden el disfrute de los ciudadanos del principal activo paisajístico y natural de la ciudad.

Con el río (lo dijo Fustegueras cuando redactaba el PGOU) en Sevilla se produce el fenómeno contrario al de las ciudades costeras con la playa. Todo el mundo acepta que una playa es un bien común y no debe bajo ningún concepto ser objeto de apropiación. Aquí, en cambio, ha ocurrido lo contrario: muchos de los enclaves privilegiados del viejo y secular Guadalquivir han sido y son pasto de negocios particulares, áreas vedadas a la gente del común y, en general, un territorio tan alabado como escasamente cuidado. Pura contradicción sevillana: la que consiste en exaltar algo, hasta el hartazgo, casi, para acto seguido no tener empacho alguno en abandonarlo.

Con todos estos precedentes sobre la mesa es lógico que la propuesta del socialista se analice con cierto escepticismo. No tanto porque el candidato Espadas no merezca algún crédito (cuestión ésta que siempre es fruto de las preferencias personales) sino porque la experiencia de todos los años previos obliga a ver con distancia este tipo de grandes proyectos urbanos, tan ideales. El oficio manda.

En realidad, lo que propone Espadas para el Guadalquivir es un proyecto tan hermoso como vaporoso. Su hipotética bondad deviene de dos elementos: la voluntad de aceptar la realidad (algo que con Monteseirín no era nada fácil) y la decisión de intentar cambiarla. Es nítido que el río es ahora un espacio desaprovechado, en muchas partes olvidado, que sirve para las fotos (de lejos y sólo en ciertos tramos) pero que puede y debería funcionar (tiene agua suficiente además) igual que el frente marítimo de Vigo o el antiguo cauce del viejo río Turia en Valencia. Algo que, por cierto, en su día ya planteó Jaime Raynaud, antecesor (magnífico) de Zoido en la candidatura del PP a la Alcaldía.

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El plan de Espadas surge como una réplica del proyecto de potenciación turística que en los últimos tiempos ha venido desarrollado la Junta de Andalucía con el Ayuntamiento. Una idea, liderada por Antonio Muñoz, director general de Turismo y ahora en la lista del alcaldable del PSOE, que se dotó hace años con 22 millones de inversión. Gracias a estos fondos el alcalde saliente pudo rehabilitar el Costurero de la Reina, el Museo de la Inquisición de Triana y el Museo de la Cerámica. Otro que tuvo la posibilidad de poder rentabilizar como propio semejante presupuesto público fue Celis en su etapa como edil de Turismo.

La opción ahora es usar los remanentes de aquella iniciativa, con alguna aportación externa extraordinaria, para prolongar la utilización del cauce fluvial hacia el Norte a través de una serie de espacios dotacionales nuevos. De acuerdo. Muy bonito. Pero ¿dónde está la pasta? El punto débil de la propuesta es su financiación, en principio dependiente sólo de la Junta de Andalucía (no están los tiempos para alegrías) y de acuerdos con inversores que ahora mismo son hipotéticos. A la espera de conocer las contraprestaciones que esté dispuesto a aceptar el candidato a cambio del dinero, lo cierto es que la viabilidad de su Guadalquivir es relativa.

La cara: el candidato se ha atrevido a fijar su posición en este importante debate –quiere un río abierto a usos públicos– y lo ha hecho además desde el prisma de la cohesión social (sin excluir a ningún barrio, desde Los Remedios a San Jerónimo, pasando por todo el Casco Histórico). Esto último, por cierto, es lo que le faltaba a la idea (homóloga) de Zoido del distrito judicial del Prado de San Sebastián.

La cruz: Espadas renuncia a entrar en los conflictos previos (clubes deportivos) y abre algunas cuestiones sin cerrarlas con alternativas. Quizás por falta de cierto análisis. Por ejemplo: la desaparición de la estación de autobuses de Plaza de Armas. ¿Hay alguna idea de dónde reubicar las actuales líneas de Cercanías? Otro: Altadis. ¿Cuál debe ser la posición de negociación con una empresa que cerró una factoría histórica para Sevilla hace menos de un lustro?

Y sobre todo: ¿Tendrá mayoría suficiente el candidato socialista para recalificar la fábrica sin contar con IU? Parece que no.

Gobierno abierto, voluntad relativa

Carlos Mármol | 4 de marzo de 2011 a las 6:30

PSOE y PP prometen potenciar la participación ciudadana gracias a internet. La apuesta supone transformar todo el Ayuntamiento.

En la teórica lluvia de propuestas (todavía escasas) que se supone debe ser cualquier campaña electoral de unos comicios locales hay que diferenciar entre los globos sonda, las ideas realmente sólidas y los planteamientos de moda. Cualquier político con opciones de tocar poder sabe que, aunque la mayor parte de los mensajes de su estrategia política se centren en exaltar sus propias virtudes (todas teóricas; uno no puede comprobarlas hasta que finalmente llegan al gobierno), hay que aparentar, por lo menos en alguna ocasión, contar con alguna ocurrencia que conecte con las inquietudes del electorado. Usualmente el programa electoral (si se tiene; no es lo mismo decirlo que tenerlo) se dosifica en función de cómo vayan las cosas y de la segmentación concreta de los votantes que convenga movilizar. Lo que explica el nacimiento, casi siempre virtual, de las distintas ciudades temáticas (de los niños, de la cultura, de la música…) con la que los cabezas de lista simulan sorprendernos.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, no hay planteamiento electoral que se precie que no incluya un capítulo específico –amplio, extenso y lleno de lugares comunes– sobre el concepto del Gobierno abierto. Esto es: los mecanismos que un candidato concreto se compromete a poner en marcha para potenciar el uso de internet como nuevo vehículo de participación social. En estas lides, como en tantas otras, una cosa es predicar y otra, distinta, dar trigo. El cereal de los candidatos, además, suele ser más o menos previsible, Casi siempre es el mismo: la instalación de puntos de wifi gratuitos en plazas y edificios públicos, como si la participación política de los ciudadanos (hastiados ante el panorama circundante) dependiera sólo de una conexión de internet.

Es cierto. La tecnología disponible tiene una potencialidad mayúscula. Aunque, a pesar de lo que suele defenderse en público, el compromiso de los políticos con la verdadera filosofía de las redes suele ser bastante relativo. Son políticos, al fin y al cabo. Y a ningún poder le resulta agradable mostrar sin maquillaje sus tripas. Zoido y Espadas, los dos grandes candidatos a la Alcaldía, hace tiempo que presentaron sus ideas sobre Open Goverment (en inglés parece que suena más importante ¿verdad?) para tratar de encandilar a la Generación 2.0. Desde entonces se han limitado a refrescarlas con nuevas aportaciones, casi todas sugeridas por los internautas habituales, convertidos (aunque de forma algo distinta a los cauces tradicionales) en un nuevo lobby. Todas son magníficas. Otra cuestión es que realmente lleguen a convertirse en ciertas. Del dicho al hecho, ya se sabe.

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Zoido (Juan Ignacio) vende a los sevillanos su programa sectorial Sevilla+democracia, que viene a ser algo así como un pack integrado de servicios electrónicos con foros de discusión sobre cuestiones municipales a través de las redes sociales. La oferta incluye una web participativa (yodecidosevilla.com) en la que los jóvenes pueden colgar sus sugerencias. Espadas, que tiene algo descuidada últimamente esta cuestión, se mostró en su momento partidario más o menos de lo mismo, singularizándose por su intención de llevar la red a los distritos (en todos existe, que se sepa) de forma fácil, accesible y gratuita. Sin negarle méritos a ambos, a los que la buena intención se les supone (son candidatos, pero también personas) la hermosa Sevilla digital que pregonan por ahí se antoja difícil de creer a pies juntillas.

Los motivos son dos: el cambio de actitud que suele acontecer a todos los gobernantes cuando llegan a un cargo y la situación de partida, que no es otra más que la estructura municipal heredada. El gran mal de Sevilla y, es de suponer, que de otras muchas urbes. Sobre el cambio de perspectiva que se produce en el viaje desde la oposición a la Alcaldía hay precedentes ilustres: repárese en Monteseirín, el alcalde bloguero, que dedica su espacio (suyo es; en esto no hay nada que discutir) a vender su gestión, pero que rara vez suele facilitar a los ciudadanos a través de su bitácora lo que realmente interesaría: la documentación, pagada con dinero público, a partir de la cual se podría contrastar cuál ha sido su gestión. En esto ningún regidor es ejemplar: todos confunden la red (obvian su condición de espacio libre, abierto, transparente) con su afán de protagonismo. Los ciudadanos (sobre todo si comulgan de la filosofía 2.0) no quieren oír las virtudes de los gobernantes, sino tener acceso a la información pública. Justo lo que el poder, cualquiera que éste sea, trata de evitar por todos los medios.

Sobre la administración local no descubro nada: el Consistorio es una organización decimonónica que, por muchas webs que abra, rara vez se mueve (cuando se mueve) en función de la calle. Sigue sus propios usos y costumbres. A internet, a este respecto, le pasa ya lo mismo que a la televisión: es un medio poderosísimo que, desde el prisma político real, sólo se usa para entretener a los ciudadanos (haciéndoles creer que realmente participan en política) más que como herramienta para poder influir en la toma de decisiones. El Open Goverment que prometen los candidatos, además, es una cosa muy antigua. La inventaron los griegos hace siglos. Se llama democracia.

Dialogar sin claudicar

Carlos Mármol | 3 de marzo de 2011 a las 6:40

Espadas promete prudencia y sentido común para aplicar las nuevas políticas de movilidad ante la asociación de comerciantes. Zoido dice en la Alfalfa que el centro es un lugar peligroso.

Ya no cabe la menor duda. Los socialistas están siguiendo la receta de los viejos guardias civiles. Paso corto, mirada al frente y, en lugar de la célebre mala leche, que en campaña electoral no funciona, muchas sonrisas, complicidad y buena cara a pesar de todas las tormentas. El candidato a la Alcaldía por el PSOE, Juan Espadas, decidió ayer meterse directamente en la boca del lobo. Acudió, con la número 4 de su candidatura, Susana López, a una reunión de trabajo con la patronal del comercio tradicional (Aprocom).

Mejor dicho: fue a un encuentro con sus dos representantes más habituales (hace tiempo que no se ven caras nuevas en el sector comercial), José Cañete y Tomás González. Los dos empresarios, que se dedican al noble oficio de la confección de trajes y ternos, destacan desde hace ya casi veinte años por su furibundo rechazo a los planes de peatonalización y restricción del tráfico privado en el centro de Sevilla, donde ambos tienen sus propios negocios particulares. Junto a Enrique Arias, dueño de locales y de las famosas (en su tiempo) Galerías Madrid de la calle Cuna, forman el lobby más activo contra la Sevilla de los peatones.

Lo suyo no es de hoy, sino de siempre. No han cambiado de posición en los últimos doce años de la era Monteseirín. Ni tampoco antes. Hasta Rojas Marcos tuvo que vérselas con las singulares perspectivas ópticas de la federación de comerciantes. Desde el mismo día en que el andalucista se empeñó en peatonalizar la calle Tetuán, ahora la más cara de Sevilla, Cañete y González vienen sosteniendo, haciendo caso omiso a todas las evidencias visuales, que con tráfico particular vendría mucha más gente a sus dos tiendas y el sector comercial de toda la vida vendería más.

Espadas, que quiere vender otra cosa (diálogo sin claudicación y cercanía) se fue a la sede de la asociación para discutir con ellos sus propuestas sobre la materia. Se llevó (es de suponer que como embajadora) a Rosamar Prieto, que es la edil de Turismo y Comercio, además de responsable de Fiestas Mayores. En el PSOE se la conoce sobre todo por su gran capacidad de confraternización con la Sevilla Eterna, a la que los socialistas (extrañamente) todavía insisten en seducir incluso sospechando, como sospechan, que ésta es una batalla perdida. No les votarían ni como Rosamar: por equivocación.

El candidato socialista, al que el PP le reprocha que vaya a todos los foros disponibles (como si la imagen de un político dependiera sólo de sus interlocutores en lugar de sí mismo), les explicó con su habitual talante (hablemos de Sevilla en positivo, hombre) que no tiene previsto modificar el fondo de la política de movilidad de estos últimos años, pero sí la forma. En parte ya está hecho: el actual edil de Tráfico no va a repetir en las listas.

El esfuerzo pedagógico de Espadas, que tantos problemas hubiera evitado al gobierno saliente, es de agradecer. Aunque sospecho que el intento le servirá de poco con Aprocom: si después de quince años de evidencias manifiestas los representantes de los comerciantes no se han dado cuenta de que cualquier peatonalización beneficia a sus negocios raro sería que ahora experimentaran (como Zoido con el carril bici) una conversión repentina.

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Aunque el objetivo de los socialistas, supongo, más que cosechar votos, lo que busca es lanzar el mensaje de que su alcaldable está dispuesto a sentarse con sus contrarios (lo que no solía hacer Monteseirín) y discutir, sin acritud, sobre todo lo que sea menester. Incluso sobre la opción de resucitar el desastroso (por inexistente) plan de aparcamientos que tantas veces se ha prometido y nunca se ha acometido. A los comerciantes igual no les sirva. Pero ya es algo. A ellos en realidad les ocurre lo mismo que a algunos profesores: piensan que todo el mundo está confabulado en su contra y que, si la gente ya no compra cosas, la culpa es de todos menos de ellos. Principalmente del alcalde correspondiente. No sé si con Zoido esta costumbre, secular, cambiará. Puede que sí. O que no.

El guión de Espadas, además de la disposición a hablar, tenía como prioridad otra cuestión: recordar a todo aquel que quiera oírle que las políticas de economía y empleo, confiadas a Izquierda Unida en la actual coalición municipal, van a ser cosa exclusiva de la Alcaldía. No es la primera vez que lo dice. La reiteración parece querer usar a su favor el elevado grado de repulsa que la figura de Torrijos, el candidato de IU, genera en ciertos sectores tradicionalistas de Sevilla.

No sé si recordarán el ilustre precedente: los empresarios, recién iniciado el actual mandato, pretendían decidir ellos (no el alcalde, que es a quien correspondía) quién debía ocupar este área municipal. Pidieron a Rosamar. Y Monteseirín les puso a Jon Ander Sánchez (hasta que se peleó con Torrijos) y después a Carlos Vázquez, conocido como el edil piquetero. Espadas se llevó ayer a Rosamar. No se emocionen sus exégetas, que esperan la menor ocasión para entonar una loa a la concejal. Es circunstancial porque ya no va a ir en las listas.

¿Y Zoido? El hombre que necesita Sevilla se fue a la Alfalfa porque (dice) los bomberos no pueden acceder hasta el centro, que se ha vuelto un sitio peligroso por culpa de peatonalizar “a las bravas”. Tiene razón: hay puntos donde deben mejorarse los planes de emergencia, aunque sospecho que para él, que ha prometido derogar el Plan Centro, lo realmente peligroso son las bicicletas y los peatones. Donde se ponga un coche que se quite todo lo demás. Y los demás.

Candidatos sobre el vacío

Carlos Mármol | 2 de marzo de 2011 a las 6:00

Espadas se apoya en la imagen de Alfonso Guerra para presentar su lista electoral y multiplica su presencia mediática. El PP lanza su campaña Zoido, Sevilla en persona.

Parece difícil de creer. Lo sé. Pero es absolutamente cierto. El otro día me encontré con Juan Espadas y me asusté. No fue en persona, claro, donde el candidato socialista gana enteros (a otros no les sucede), sino a través del ordenador. Miraba tumbado en el sofá unos videos musicales indies en el You Tube y, de pronto, en mitad de un solo de guitarra mercurial (Migala se llama el grupo; se lo recomiendo), apareció, arriba, a la derecha, una imagen parpadeante (un archivo jpg, según la terminología actual) en el que el cabeza de lista del PSOE, sonriente, me prometía respuestas para Sevilla. Caramba. Parece que no hay tregua.

Quizás para otros este tipo de encontronazos virtuales sea habitual. Para alguien (asocial por carácter) que no milita aún en el furor de las redes sociales (siempre me ha parecido mucho mejor hablar cara a cara) el episodio revela hasta qué punto los partidos políticos piensan darnos la tabarra con sus promesas para el 22-M. Aunque, si somos rigurosos, lo cierto es que la cantinela que se nos avecina en realidad tiene muy poco que ver con sus propuestas (todavía leves e inconcretas) y mucho, casi todo, con su imagen. Ellos mismos son hasta ahora todo su mensaje.

Los socialistas, que dejaron pasar la semana pasada casi sin actividad política, dan ahora la sensación de haber decidido apretar el acelerador. Ayer, por partida triple, el cabeza de lista del PSOE se esmeró en reforzar su imagen en todos los foros disponibles. Por la mañana, encuentro (reunión y foto) con los miembros de su candidatura. Después, debate sectorial en Giralda TV (Espadas se midió con representantes secundarios de PP e IU) y, por la noche, visita a Santa Clara con las bandas de cornetas y tambores. El menú era para volver loco a cualquiera, sobre todo por la música cofrade.

La foto con Guerra buscaba despertar en los militantes históricos, los más críticos con Zapatero, un cierto sentimiento de pertenencia a las esencias del partido que tan bien representa el reciente hijo predilecto de Andalucía, cuya pieza retórica del otro día en el Maestranza ya dejaba claro que no se puede ser nada en ningún futuro inminente si uno no tiene claro antes cuál es su pasado. La potencialidad electoral de Guerra está fuera de toda duda. Hasta Zoido, en un alarde de nobleza (esperemos que sincero) lo felicitaba el otro día a través de su propio twitter. Claro que el candidato del PP hasta el momento felicita a todo el mundo por cualquier cosa. Tanto buenrrollismo siempre tiene el riesgo de parecer impostado.

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Lo del debate resultó más extraño. ¿Espadas midiéndose en público con segundos y terceros de las listas contrarias? Habrá quien lo considere un error táctico (uno, al parecer, sólo debería polemizar con sus iguales) pero desde las filas socialistas se ve como un valor positivo ante el electorado el tono humilde y cercano que el candidato quiere dar a su campaña. Si esta lectura bondadosa no les gusta, también hay otra: se debatía sobre educación e igualdad, temas esenciales para Espadas que, quizás, apuntan los socialistas, hubieran requerido la presencia de Zoido. El alcaldable del PP no cayó en la tentación de improvisar un cara a cara. No estaba en sus planes. Siguió el guión oficial previamente fijado.

¿Y cuál era el guión del PP? Presentar al candidato en afiche, como dicen los argentinos. Ayer tocaba enseñar la campaña de imagen con la que los populares pretenden meterse en la casa de los votantes. La puesta de largo fue con un autobús y el gran Curro Pérez, su jefe de campaña, glosando la filosofía profunda del despliegue popular. Zoido no habló (queda feo que uno hable bien de sí mismo) pero esto tampoco tiene demasiada importancia. Tiene lista de espera.

Sus huestes, juveniles, destacaban precisamente esta idea a través del ciberespacio: “Zoido no necesita popularidad. Lleva cinco años trabajando. Está por encima de las ideologías”. Bueno, es una manera (evidentemente parcial) de verlo. Cierto es que el alcaldable del PP ha creado una marca de sí mismo (Zoido, alcalde) y que este producto (así lo llamó alguna vez el propio Curro Pérez, quizás en un descuido) lleva un lustro en el escaparate municipal. Son hechos. Otra cuestión es que, según las encuestas, este factor sea la clave para que los indecisos (el 45% del electorado) le voten o dejen de votar a los socialistas, los dos escenarios en los que se apoyaría la mayoría absoluta que ahora adjudican los sondeos al PP.

El tono de la nueva campaña (Zoido. Sevilla en persona) es continuista. Personalista. El argumento esencial no requiere explicación. Viene a ser algo así como Zoido es el hombre. Una variante de aquella broma que adjudicaba al alcaldable del PP la condición de macho alfa en las redes sociales. Claro que si uno se pregunta los motivos por los que es el hombre la cosa se complica.

Los populares dicen que en Sevilla existe un “vacío de poder” desde que en la Alcaldía estuvieron “Becerril y Rojas Marcos”. Parece contradictorio con sus críticas al difunto (políticamente) Monteseirín. Vacío de poder no existe. No hay más que mirar, cosa inevitable, por otro lado, al Parasol de la plaza de la Encarnación para darse cuenta.

Mociones trucadas

Carlos Mármol | 26 de febrero de 2011 a las 6:30

Los socialistas y los populares llevan al Pleno mociones que les permiten erosionar la imagen del contrario ante los electores. Espadas sigue fuera de la melé.

No hay foro como un Pleno municipal para hacer campaña. Aunque, según Zoido, lo que interesa a los sevillanos en realidad no es la ideología, sino la eficacia. Sin quitarle la razón al candidato del PP –aunque me temo que la única forma de evaluar tal cuestión es ver cómo se asignan los recursos públicos, cosa que en el caso del Ayuntamiento ya no abunda– hay que reconocer que en la larga carrera en dirección a la Alcaldía de Sevilla no todos los días se puede ser, como dijo Baudelaire, sublime sin interrupción.

Los equipos de campaña están que no dan abasto –será peor a medida que se aproxime el 22-M– y, entre acto y acto electoral, siempre viene bien tener una jornada sobre seguro, sin demasiadas sorpresas. Que no es lo mismo que tener un día en blanco: sin presencia política. El Pleno, a este respecto, resulta ideal: un foro institucional con repercusión suficiente para poder seguir lanzando mensajes al electorado sin tener que patearse los barrios. Sin despeinarse.

Quizás por eso los socialistas y los populares, cuya necesidad de mantener la tensión es mayor, decidieron ayer reproducir en el Salón Colón las habituales escenas de confrontación a la que nos tienen acostumbrados en el terreno electoral. Que el lugar fuera institucional, y que en él no estuviera el candidato del PSOE (que lleva unos días como desaparecido; otra vez, por cierto) era lo de menos. No hay ocasión mala si se pueden arañar algunos votos.

La táctica de ambas fuerzas políticas fue gemela: llevar mociones trucadas a aprobación en el máximo órgano de gobierno que, siendo más o menos justificables desde el punto de vista municipal, buscaban sobre todo el pronunciamiento político expreso (el de Zoido también, aunque él diga que nunca habla de política) del contrario. Esencialmente para poder, en el momento de la réplica, erosionar la imagen del adversario. Nada nuevo, por otro lado. Nada más sencillo, en realidad.

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Zoido (Juan Ignacio) se movió dentro del guión trazado. Igual que los mensajes predominantes de su campaña son que la ideología no es importante y que la corrupción inunda las filas socialistas sin distinción, el discurso de ayer en el Consistorio versó sobre la famosa comisión de investigación del caso Mercasevilla, fin y principio de toda la estrategia de campaña de los populares.

Novedad, lo que se dice novedad, no era. Van ya cuatro intentos. El de ayer, además, salió en primera instancia bien porque la presidenta del Pleno, Rosamar Prieto, tuvo un desliz (o quizás no) y votó a favor de la investigación. Hubo que dar marcha atrás, cosa a la que tan aficionado era Monteseirín por –como ayer apuntaba una agencia de noticias– “gentileza de Zoido”. El asunto se dirimió gracias al voto de calidad del alcalde.

Uno, quizás por oficio, tiende a desconfiar de tan repentina amabilidad: el objetivo del PP probablemente no era tanto lograr abrir la investigación municipal sobre esta cuestión, sino más bien repetir por tierra, mar y aire que los socialistas no quieren investigar, luego algo tendrán que ocultar. Si se hubieran dejado las cosas como estaban de arranque (con la investigación aprobada) este discurso se desmontaba.

Y lo de Rosamar, en realidad, no es la primera vez que sucede: en su día ya dejó colgado al alcalde cuando pensaba usar su voto de calidad para aprobar el sobrecoste del Parasol. Se fue de romería. Nada grave, según sus exégetas, que siguen diciendo que es una concejal como la copa de un pino. Lo será, quién lo duda, pero las romerías y los lapsus plenarios tienen a los suyos desconcertados.

El PSOE, consciente de que la repercusión exterior del affaire Mercasevilla no les beneficiaba nada, plantearon a modo de defensa táctica una extraña moción para reclamar al PP que desistiese del recurso presentado en su día contra las bodas gays. ¿Todavía estamos con esto?

Pues sí. La iniciativa no tenía como misión forzar a recapacitar al alcaldable popular (como es un asunto político, no hay lugar), sino más bien tener motivos sólidos para decir que el PP margina al colectivo homosexual al tratar de recortar su derecho legal al matrimonio. Bueno, a lo que ellos llaman matrimonio, porque ya se sabe que, según el PP, las uniones homosexuales no son tales, sino peras con peras y manzanas con manzanas.

Sea como fuere, ambas partes vieron cumplidas sus expectativas electorales sin problema. Todos contentos. Cabría preguntarse, en todo caso, si a una ciudad en la grave situación económica y social de Sevilla le beneficia que los capitulares y candidatos –en su doble condición, inseparable a menos de cien días para votar– se permitan el lujo de que su principal foro de representación política se entretenga en estas luchas florentinas, en lugar de discutir y acordar soluciones para atenuar la debacle general.

Los particulares intereses electorales mandan. Marcan el camino. De esta espiral de partidismo, a la que esta semana hasta se ha sumado el PA, sólo ha logrado escaparse –hasta ahora– Espadas, dada su condición de candidato ajeno al Consistorio. Su raya en el agua está bastante bien trazada. Ya se verá si con éxito o no.

La bomba de humo

Carlos Mármol | 25 de febrero de 2011 a las 6:22

Los andalucistas intentan ganar algo de protagonismo en la precampaña electoral pidiendo a la juez Alaya que cite a Torrijos como “testigo” por el polémico caso Mercasevilla.

Si tenemos que ser sinceros, hay que reconocer que el mérito es de Zoido (Juan Ignacio). El candidato del PP a la Alcaldía hace ya varias semanas que optó por centrar toda su campaña electoral –para lo bueno y para lo malo– en la denuncia masiva de los supuestos casos de corrupción que orbitan alrededor de Mercasevilla. La apuesta política es total. Tanto que el PP no ha dudado en señalar con el dedo acusador a todo aquel que, de una u otra forma, con razón o sin ella, ha estado relacionado con la gestión de los expedientes de regulación de empleo de la Junta de Andalucía, la última derivada del caso.

El inmenso ruido ambiental generado por los populares, que desde entonces no sólo no ha cesado, sino que ha ido en aumento después de que los socialistas decidieran utilizar idéntica fórmula para responder a la ofensiva del PP, está condicionando por completo la precampaña electoral en Sevilla. Hasta el punto de que ya casi nadie espera –esperamos tan poco de ellos, en realidad– que algún aspirante a la Alcaldía nos suelte alguna idea. O una propuesta contra la crisis. ¿Para qué? Eso no vende, piensan algunos.

Debe ser cierto, aunque las dudas, al menos en mi caso, las tendré hasta el 22-M. Uno es así: alguien sin remedio. El menú ofrecido hasta ahora a los electores por los grandes candidatos está bastante limitado. Los mensajes esenciales son los siguientes: los socialistas son todos unos corruptos y, por tanto, es hora de un cambio (PP); los del PP tienen tanto que explicar como nosotros, que somos los únicos que de verdad colaboramos con la justicia (PSOE); nosotros somos la izquierda transformadora (IU). Poco más. De pena.

Con tal cosecha intelectual (salvo en el caso de Zoido, que ya saben que él es el único político que en realidad nunca habla de política) mejor que a nadie se le ocurra plantear otro encuentro a tres. Tampoco un cara a cara. No servirá más que para certificar lo que pudo verse la noche de Giralda TV. Cada uno está en lo suyo (parecen agentes comerciales, salvo Torrijos, que viene a ser algo así como un profesor añejo) y esto es lo que hay. No busquen más.

sssssssssssss

La estrategia de empozoñamiento general de la vida política municipal abierta por el PP está provocando tal devoción que ayer, dado que hasta ahora no han tenido una presencia mediática demasiado intensa (será por algo, claro), se sumó al carro de heno –la célebre pintura de El Bosco– Pilar González, la candidata del PA a casi todo (incluida la Alcaldía hispalense).

Los andalucistas llevaban varios días planeando una –al parecer– espectacular puesta en escena. Con dedicación e interés. No crean que ellos improvisan. Ni que les falta imaginación, que eso siempre ha sido lo suyo. Sobre todo en su etapa en urbanismo. Lo primero, intentar crear cierta expectación:

–Estate atento, Mármol, que este jueves vamos a dar un pelotazo informativo en la campaña.
–¿Ah sí?
–Sí, pero es secreto.
–Ah, bueno.

Acto seguido activaron su plan: mandaron a todos los periódicos un extraño paquete a modo de convocatoria de prensa. Un cofre con una pipa en su interior (el artefacto parece que es incluso bueno) con un lema sin demasiada tibieza: Mercasevilla huele a chamusquina. Después llegó el notición: “El PA pide a la juez Alaya que Torrijos comparezca en el juzgado por la venta de los suelos de Mercasevilla”.

Si se bucea algo en la petición se verá que, en realidad, es light. Se pide que Torrijos vaya a declarar como “testigo” (no llegan a imputarle los andalucistas) porque, en su opinión, debía saber cómo se produjo la supuesta adjudicación irregular del suelo de Mercasevilla a la inmobiliaria Sando. “Torrijos era conocedor de las decisiones, no sabemos si como autor o como ideólogo”, dicen. Conociendo la devoción que el líder de IU tiene por las fecundas lecturas de Gramsci, es de suponer que lo segundo. Torrijos, incluso cuando duerme, es un ideólogo.

Los andalucistas, como parte del caso, están en su derecho de solicitar a la magistrada que instruye el affaire Mercasevilla aquello que estimen conveniente. Faltaría más. Nadie les hurta su papel como acusación particular. Otra cosa es que sea presentable que por gozar de un minuto de gloria en los medios (se lo estamos dando, en cualquier caso) parezca que ellos también se suman al hondo espíritu de cruzada que impide lo que debería ser una discusión colectiva sobre cómo sacar a Sevilla del pozo negro y decadente en el que se encuentra.

Que el afectado (relativo) del ataque sea el candidato de IU es lo de menos. Probablemente la táctica del PA sea vincularse a la corriente abierta en su día por Zoido –con cierto éxito, por otra parte– de señalar al portavoz de la coalición de izquierdas como el Gran Satán de la ciudad. Un lectura de la realidad tan gruesa que se antoja infantil. Y que, cuando se sale de los cauces de la legítima crítica política, tiene mucho de insensata.

Teniendo tantas vías de ataque contra el líder local de IU, que lleva ocho años en el gobierno con una gestión más que discutible, que todo se reduzca a la amortizada broma de la pipa (Torrijos fuma a través de este nobiliario artilugio) no dice demasiado de los andalucistas. Aquí sólo puede citar o imputar la juez. Todo lo demás es mero seguidismo político. La gran bomba informativa de los andalucistas se ha quedado al final en humo. El PA, decididamente, ha parido un ratón. Enhorabuena, Pilar.

Teoría del paraguas

Carlos Mármol | 24 de febrero de 2011 a las 6:30

El PSOE recrudece la ofensiva contra Zoido a todos los niveles mientras el alcaldable popular defiende su papel como Delegado del Gobierno. El portavoz municipal irrumpe en la liza

La inspiración metafórica, cuando suele proceder de la imaginación de un político, parece tener mucho que ver con la actualidad. Y no sé si lo saben, pero hace un par de días salió Gadafi en un célebre video sentado en un extraño coche, dentro de un almacén lluvioso, sosteniendo con desgana un paraguas. Una imagen desconcertante teniendo en cuenta que hablamos de un longevo sátrapa que probablemente esté en sus últimos días. Quizás por eso el portavoz municipal del PSOE, Alberto Moriña, dijo ayer en una rueda de prensa: “Zoido y Arenas son los paragüeros del PP en Andalucía. Abren el paraguas para que no les llueva, pero esta vez el paraguas se ha vuelto del revés”.

Que Moriña irrumpa en la campaña electoral es toda una novedad. Resulta inusual escuchar al portavoz municipal –declarado susanista, más que vierista– en el cuerpo a cuerpo político. Nos suele hurtar sus valoraciones políticas (salvo en los Plenos) porque su costumbre hasta ahora era despachar su cometido de vocero de los socialistas en el Ayuntamiento con alguna que otra nota de prensa. Hasta ayer, que convocó a los periodistas en persona para decir lo que días antes ya habían apuntado claramente desde el ministro de Trabajo a la consejera de Presidencia, pasando por el vicepresidente Manuel Chaves. A saber: “Que el PP debe dar explicaciones del ERE de la empresa Riotinto”. No había pues riesgo alguno de desentonar. Jugaba sobre seguro. Tampoco necesitaba paraguas.

Moriña, siguiendo tardíamente la línea argumental de su partido, acusó ayer a Zoido (Juan Ignacio) de tener responsabilidades en el citado ERE, firmado durante su etapa como delegado del Gobierno en Andalucía. “Los señores del PP querían ir de caza y han resultado cazados” sentenció. Esto último quizás podía habérselo ahorrado porque seguro que le trae algún problema. Al tiempo. De todos es sabida la gran afición a la caza del secretario general del PSOE, José Antonio Viera, al que el PP ha querido convertir en uno de los máximos responsables de la supuesta trama política para falsear los expedientes de regulación de empleo de la Junta.

El tiempo dirá si el portavoz de los socialistas en el Consistorio va a jugar algún papel más activo en la campaña electoral o lo de ayer es flor de un día. En la lista electoral figura en el quinto puesto (había quien lo quería en tercer lugar, pero Espadas preferió su alineación de independientes). Como ya hemos dicho en alguna ocasión (con cariño, claro) la escasa actividad política del portavoz municipal le resta a la candidatura del PSOE a la Alcaldía un activo esencial en una campaña electoral: alguien que sepa contestar con firmeza al adversario político.

Como Espadas prefiere estar fuera de la liza (a pesar de que el PP ha hecho todo lo posible por meterlo dentro de la sopa agria de los ERES), los socialistas carecen de un referente político local para poder combatir (mediante la dialéctica de las declaraciones, si me permiten la exageración) los diarios pildorazos del PP. En los tiempos en los que Monteseirín era candidato por vez primera a la Alcaldía (1999) este papel lo jugó, con cierto éxito, el ex edil Carmelo Gómez. En la actual situación, sin embargo, la portavocía municipal parece estar vacante. Vacía.

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Ni Moriña (hasta el momento) ni nadie del nuevo equipo del candidato del PSOE ha asumido hasta el momento el papel de ariete contra el PP, no se sabe muy bien si porque Espadas quiere que la campaña sea de guante blanco o porque en realidad no hay nadie con el perfil necesario. De todas formas, en el asunto de los ERES este punto flaco se disimula. Al haberse convertido en una cuestión de política autonómica (e incluso nacional), la batería de ataque de los socialistas es de primer nivel. Ayer, por ejemplo, volvieron a remover la cuestión Luis Pizarro, Chaves y hasta Griñán. La vieja guardia, como se conoce al chavismo, no está dispuesta a prolongar la sensación de desconcierto que se percibió durante los primeros compases del duro ataque popular. No van a responder con el silencio. No callarán.

Hasta donde pueda llegar el enfrentamiento aún es difícil de augurar. La cosa, de hecho, parece ya salida de madre definitivamente dadas las gruesas acusaciones de ambas partes y el mutuo espíritu inquisitorial, que no hace ningún favor a lo más importante: el avance de la causa judicial, que al final es el único mecanismo real con el que cuentan los ciudadanos para hacerse una idea de cuál es realmente el alcance de este escándalo global.

Zoido, al que todas las miradas señalan ahora como colaborador necesario en uno de los ERES en cuestión, no dudó ayer en replicar. Y lo hizo acusando a los socialistas. “Se sabe quiénes son”, dijo.“Cuando se empieza a mirar para otro lado y poner el ventilador, algo en lo que el PSOE es experto, es como cuando se detiene a un delincuente con las manos en la masa y éste se golpea para autolesionarse y poder echar la culpa a la Policía”.

La última frase es antológica: a juicio del alcaldable popular, favorito en las encuestas, los delincuentes son los socialistas (obviamente por ser socialistas) y el PP es la fuerza de orden público. “Se va a saber toda la verdad”, insistió. Tras oírle no parece necesario: los populares ya han decretado cuál es la verdad útil y los socialistas cuál debería ser la verdad necesaria. A este paso la auténtica verdad de los hechos no importará nada. Estamos en campaña. No se extrañen. Todo es posible.

El contraataque

Carlos Mármol | 23 de febrero de 2011 a las 6:34

Los socialistas aplican a Zoido su propia medicina y tratan de implicarlo en el caso de los ERES fraudulentos. El candidato del PP a la Alcaldía anuncia “nuevas sorpresas” en la investigación.

Bueno, pues ya tenemos a la Santa Inquisición en los dos bandos. Era de esperar. Los socialistas, a los que el PP lleva semanas castigando en todos los foros políticos, institucionales y mediáticos a su disposición con el affaire Mercasevilla –transmutado ya en el caso de los ERES irregulares, del que los medios nacionales hacen monográficos bastante parciales–, decidió ayer contraatacar con la misma medicina que Arenas y Zoido les dedican: sembrando sospechas, insinuando, rasgándose las vestiduras y pidiendo investigaciones que, en manos de los mismos que utilizan estas gravísimas cuestiones para sacar réditos electorales, al final sirven de bastante poco. Es una sencilla evidencia: nuestros órganos parlamentarios no se parecen nada a los norteamericanos, donde los políticos responden ante los ciudadanos en lugar de ante la dirección de sus respectivos partidos. Sus amigos, vaya.

La ofensiva del PSOE tiene pinta de tener recorrido. Se ha planteado además al máximo nivel. Espadas sigue fuera de la disputa: una estrategia hábil que le permite –por ahora– seguir siendo un candidato que ante los ciudadanos no pisa la zona sucia en la que determinadas prácticas políticas quieren convertir la vida pública. Correspondió ayer el protagonismo a la consejera de Presidencia (Mar Moreno) y a Manuel Chaves, el vicepresidente tercero y ex presidente de Andalucía hasta el inicio de la era Griñán.

Ambos, en foros distintos, lanzaron el mismo mensaje: si hay que dar explicaciones del escándalo de los expedientes de regulación de empleo en Andalucía en la lista deben estar también desde Zaplana y Arenas hasta Zoido, que casualmente era Delegado del Gobierno en Andalucía cuando se autorizó el ERE de la empresa Riotinto. Más claro: cuidadito, que aquí puede salir manchado hasta el apuntador.

Si en su día (con gran incomprensión de algunos, que eran parte interesada, claro) defendimos que las denuncias políticas amplificadas ad nauseam en una materia tan sensible como las políticas de empleo, donde no sólo está en juego el dinero público, sino también la honra de muchas personas, debían tratar de canalizarse por las vías políticas ortodoxas mientras se dejaba trabajar con independencia y serenidad a la justicia, el hecho de que los socialistas se apunten ahora al mismo carro de Zoido no hace sino reiterarnos en lo mismo.

Acusar a todo el que se mueve de cometer posibles delitos sin tener pruebas sólidas es condenable lo haga quien lo haga, aunque el fondo negro del que parte la denuncia inicial del caso Mercasevilla –proceso que hay que recordar que inició en los tribunales un empresario, no ningún político justiciero– sea lógicamente objeto de discusión política. Faltaría más.

qqqq

Para algunos, probablemente, hablemos sólo de las formas. Obvio. Sucede sin embargo que con mucha frecuencia las formas son el fondo. Y el carácter, el destino. Quien se arroga la condición de juez de los demás puede terminar siendo juzgado en el mismo fuego que había prendido con otras intenciones. ¿Significa eso que hay que callar porque todos tienen que perder?

Todo lo contrario: debe investigarse hasta el final –es lo que está haciendo la juez–, dejar hablar a todas las partes implicadas –incluidos todos los imputados, que tienen derecho a defenderse, aunque la credibilidad de algunos no sea igual a la de otros– y poner a disposición de los ciudadanos toda la documentación pública existente. Los políticos, de uno y otro bando, están hace tiempo en una lógica distinta: emponzoñar mutuamente el ambiente, como si no estuviera ya suficientemente negro, para dejar a los ciudadanos como única conclusión la certeza de que sistema no funciona y que todo esto no es más que un teatro agrio.

Zoido (Juan Ignacio) no se dio ayer por aludido de la ofensiva del PSOE. El candidato popular siguió con su táctica –la marca de su campaña electoral– de seguir removiendo el caldo espeso de Mercasevilla a la menor ocasión. En su acto del día –una visita al Polígono Sur– el alcaldable del PP, favorito según todas las encuestas, aseguró que la reciente imputación del actual gerente de Urbanismo en una de las piezas del caso es “un paso más” –no explicó para qué– y auguró “nuevas sorpresas” en la investigación.

El PP, en lugar de dar toda la información a los ciudadanos para que se formen su propio criterio sobre esta cuestión, la raciona a su antojo. A algunos nos inquieta sobremanera que el ex juez que ahora ejerce de candidato insista en hacer de portavoz oficioso de la magistrada que instruye este caso, que como profesional seria que es sólo emite su criterio a través de sus autos. Zoido no le hace ningún favor a la juez. Ni contribuye a que la instrucción sea impecable.

Claro que esto, para algunos, es relativo. Lo que es evidente es que ambos bandos chapotean ya en la misma sopa tibia. Los socialistas usaron ayer no sólo los altavoces de Junta y Congreso para su contraataque, sino las habituales (y concurridas, aunque siempre por los mismos) redes sociales. Cientos de mensajes (con nombre y anónimos) aireaban la tesis que este lunes avanzó el ministro de Trabajo en su visita a Sevilla. Aquí todos tienen que explicar muchas más cosas de las que parece.

El equipo de asistencia de Zoido puso de inmediato a trabajar a sus fontaneros digitales: otra avalancha de mensajes en defensa del candidato popular intentaba sepultar a los críticos. Se aprecia, sin embargo, una diferencia: uno de ellos pedía “prudencia”. No es mal consejo. Pero para todos. Sin excepción.