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Ideología, ese estorbo

Carlos Mármol | 22 de febrero de 2011 a las 6:00

Zoido e IU mantienen una disputa a cuenta de lo que el candidato popular a la Alcaldía llama “sectarismo deportivo”. El alcaldable del PP se confiesa optimista ante la ventaja que le otorgan los sondeos.

Está encantado. No lo puede negar. Aunque los que le susurran al oído, que ya hacen cola, le han advertido que es mejor que por ahora se muestre humilde. Sereno. Tranquilo. Todo lo contrario a la noche del famoso debate televisivo, cuando de pronto se vino arriba y terminó la ceremonia de los soliloquios municipales a tres voces con aquella frase de Sevilla es lo mejor del mundo. Toda una muestra de entusiasmo. Y, probablemente, una inconveniencia. En general, la gente no suele tratar bien a quienes se consideran a sí mismos triunfadores. Recuérdese además que el pecado nacional (español) es la envidia. Y en crisis, mucho más.

Zoido (Juan Ignacio), al que los sondeos siguen señalando como el hipotético triunfador de las elecciones municipales para las que todavía quedan tres meses, y que tiene como único obstáculo para llegar a la Alcaldía un océano de indecisión (el 45% del electorado no declara a quién votará, pero sí que irá a las urnas el 22-M), admitió ayer que está satisfecho por el resultado de las encuestas –todas coindiden en lo mismo– porque es fruto de todo un lustro de trabajo, pero no quiere echar las campanas al vuelo.

De eso ya se encarga su muchachada en internet. Se nota que no han leído a los clásicos: en lugar de recordar al César que era mortal, que es lo más inteligente para consolidar su ventaja, se dedican a pregonar con 140 carácteres por la redes sociales su buena nueva. El PSOE ya ha empezado a señalar cómo aplicará su antídoto: diciendo que el PP tiene un techo de cristal que no podrá superar. E insistiendo en que se quedará a las puertas de la Alcaldía. Veremos.

Con independencia de que cada parte, lógicamente, barra para casa (los socialistas no quieren mostrar ni el más mínimo gramo de preocupación por los sondeos, aunque son conscientes de cómo está el escenario), el candidato del PP, infatigable con su agenda, quiso ayer insistir de nuevo en uno de los argumentos esenciales de su mensaje. A saber: que en las elecciones a la Alcaldía la ideología es lo de menos. No es la primera vez que lo dice. De hecho, es sustancialmente lo que intenta transmitir a los electores: que esto en realidad no tiene nada que ver con la política, sino con el deseo de que Sevilla funcione. ¿Quién puede negarse a esto? Nadie

Las elecciones, que se sepa, son un acto político. Quizás el más trascendente. Pero el PP, consciente de que quizás sea verdad aquello que dijo Espadas en la convención de su partido –Sevilla es total y absolutamente socialista– intenta por tierra, mar y aire buscar un tono neutro que le permita recoger votos de todos los caladeros electorales posibles.

Ayer, sin embargo, no lo llegó a lograr del todo. Más que nada porque en su afán por reiterar que la política municipal no es en realidad política (cosa ontológicamente complicada de creer) cargó llamativamente contra Izquierda Unida –¿casualidad o estrategia?– al hilo de la presentación de su programa sobre deportes, que por la mañana contó al aire libre –en el Parque de Los Príncipes– y por la tarde en una emisora de radio.

Si Espadas presume de haberse rodeado de independientes para su candidatura –como todo el mundo sabe son en realidad socialistas (todavía) sin carné– el cabeza de lista del PP llamó a dos viejas glorias –dicho sea con admiración, por otra parte– del fútbol sevillano para que la cosa tuviera algo más de predicamento que sólo con su persona. No diremos glamour por respeto profundo a los dos ilustres deportistas. Gente seria. Zoido buscó cierto equilibrio: Pintinho (Sevilla FC) y Poli Rincón (Betis). No se vaya a molestar nadie, que aquí nadie va a hablar de política, sólo de deporte.

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Sin embargo, terminó hablando de política. O mejor dicho: empezó hablando de política y terminó haciendo lo mismo, aunque intentado –claro está– no hacerlo. Con independencia del contenido concreto de su plan deportivo (en realidad deberíamos hablar de un programa de equipamientos para los distritos), Zoido acusó a la coalición IU, responsable de la gestión del Instituto Municipal de Deportes (IMD), el que hasta ahora es el segundo organismo inversor del organigrama municipal, de practicar un “sectarismo” deportivo que consistiría en primar a ciertas entidades ciudadanas frente a otras. Vamos, en priorizar unos proyectos frente a otros.

Por si no había quedado claro el mensaje, el alcaldable del PP insistió en él: habló de “amiguismo” con asociaciones deportivas “cercanas al partido político que está al frente del deporte”. “Es inadmisible”, dijo. El popular no mencionó ni un ejemplo de lo que criticaba. No dio ningún un nombre. Tampoco suministró un sólo dato. Sencillamente opinó. Siendo juez, hizo un juicio sin pruebas. Punto.

Lo que sí sugirió es lo que hay que hacer dada la situación: “Hay que despolitizar el deporte”. ¿Y en qué consiste esto? En votar a Zoido, que, como habrán deducido, es el único aquí en Sevilla que, hablando siempre de su libro (Mercasevilla), en realidad es el político que nunca habla de política. ¿O acaso es política el deporte?

Los comunistas –como los llama la muchachada popular– no iban a quedarse callados. Es natural. Salieron a defenderse acusando al favorito en las encuestas de no tener “ni idea”. No es la primera vez que le ocurre. Para ser tan fieros como los pintan en el PP, los de IU estuvieron moderados. A lo del sectarismo no contestaron (¿quién calla otorga?) y se limitaron a recordar las inversiones realizadas, la existencia de un plan director de inversiones y a defender su trabajo al frente de este organismo municipal. Nada sorprendente. Obviamente, ellos sí tienen ideología, ese gran estorbo.

Espadas: año cero

Carlos Mármol | 19 de febrero de 2011 a las 8:00

Espadas pasa página a la ‘era Monteseirín’ con una lista en la que los primeros puestos son para simpatizantes no adscritos.

Unos piensan que lo mejor está al final. Otros, al principio. No se puede tener a todos contentos. La lista electoral que los socialistas presentarán a las elecciones del 22-M provocó ayer una pequeña revolución –no vayamos tampoco a exagerar, que la gente normal está en otras cosas– en el interior del PSOE de Sevilla, que llevaba semanas revuelto a la espera del escrutinio final. Todos colocados. ¿Quién sigue en Plaza Nueva?

El resultado es sorprendente. Entre esperanzador e inquietante a partes iguales. Depende del ángulo desde el que se contemple. Espadas puede que al final no termine ganando la Alcaldía hispalense pero, de cualquier forma, está decidido a darnos bastantes sorpresas. De momento ya ha conseguido mucho más de lo que todo el mundo sospechaba, con independencia de cómo resulte ser la lista de acompañantes en la carrera por el poder.

Me explico. Antes de empezar la batalla, la sensación entre muchos notables socialistas –en el PSOE de Sevilla, como en cualquier otro ámbito de la vida, existen las jerarquías intelectuales– era que Espadas, con total seguridad, nombraría al número 1 de la lista. ¿El número 1 no es él? Sí claro. ¿De qué se extrañan? Los opositores a la actual dirección, muy activos en su siempre eficaz tarea de propagar teorías peregrinas, sostenían que la candidatura sería decidida por completo por Susana Díaz, la número dos del PSOE andaluz, y aquí paz y después gloria.

Al final, hubo noticia. No tanto porque Díaz, todo un carácter, no haya metido mano (que lo ha hecho) sino porque parece que el candidato Espadas ha salido bastante bien parado de una coyuntura verdaderamente diabólica: tratar de montar un equipo de cierto perfil profesional sobre la estructura de un partido que se caracteriza por las cuotas, las componendas y las luchas tribales. Cosas de familia.

Decir que el alcaldable del PSOE sale reforzado políticamente del trance parece obvio. Puede decir que es su lista –en buena medida así es– y lanzar al exterior una imagen de renovación absolutamente necesaria desde el punto de vista electoral y operativo. No se podía construir nada con verdadera aspiración de perdurar sobre la herencia dejada por Monteseirín. El pase de página está consumado.

Los nostálgicos de antaño tenían, en secreto, o quizás no tanto, la ilusión de que al menos la candidatura incluyera en el último momento a algunos referentes previos. Había quien rezaba para que Evangelina Naranjo, la secretaria local de Miraflores, fuera rescatada. Su inclusión hubiera permitido un asidero a los ex críticos. El inoportuno canto del cisne de la propia ex consejera lo estropeó por completo, si alguna vez fue posible. Quizás por eso se sostenía que era una locura no incluir en la nómina a los secretarios locales de Sevilla capital. Claro que, ¿quién decía esto? Los secretarios locales. ¿Todos? No, algunos. Esencialmente tres muy concretos: Naranjo, Fran Fernández y Alfonso Mir. Todos parecen identificar a sus agrupaciones con su propia persona. Egocentrismo, se llama la figura.

CUADER

Prueben a volver el argumento del revés: ¿no es una locura que tampoco vayan los secretarios locales del sector oficialista? ¿No sería lo suyo que Susana Díaz, que lidera Triana, volviera al Ayuntamiento? La norma se ha aplicado al final a rajatabla, aunque quizás los motivos, en algunos casos, no fueran del todo inocentes, como tampoco son puras ni blancas las ambiciones personales y las envidias humanas.

No hay secretarios locales, aunque esto no implica que todas las asambleas socialistas no estén representadas. Cosa que nunca ha ocurrido en listas electorales anteriores. Serán discutibles muchos nombres, pero la candidatura tiene claramente dos divisiones: los no adscritos de Espadas y los representantes de las directivas (los secretarios de organización y similares) del resto de asambleas. Incluyendo gente de Mir, Fernández y Naranjo. El problema parece no ser tanto la falta de representatividad de la lista, sino el hecho –inevitable, por otra parte– de que algunos se van a quedar sin la amortizada nómina de concejal. Cosa muy distinta.

La movilización electoral se confía a los segundos de las agrupaciones y, sobre todo, a la inclusión de la figura de Alfonso Guerra como último en la candidatura. Algo que no había ocurrido nunca. La dirección del PSOE de Sevilla busca así que la militancia histórica tenga motivos para ir a las urnas. Desde luego, por el tirón de los independientes no va a ser. Entre éstos, además, se ha incluido a algún que otro clásico popular, como decía el célebre programa de radio. Más bien son simpatizantes no adscritos desde el punto de vista orgánico. Más largo pero más exacto. Forasteros en las agrupaciones, donde ayer el porcentaje de participación a la hora de refrendar la lista fue del 25%. La costumbre habitual: los desencantados no votaron en contra de la dirección. Sencillamente no fueron.

Sólo una pregunta: ¿qué ocurre si no se ganan las elecciones? Como sostiene uno de mis oráculos en el PSOE, subjetivo pero siempre brillante, la lista de Espadas quizás esté pensada para poder gobernar, pero si no se produce esta hipótesis y los independientes abandonan el barco –no sería la primera vez que ocurre– ¿con qué equipo político se quedará durante cuatro años largos el candidato para tratar de lograr el poder en un segundo intento? La intelligentsia política no resulta fácil de encontrar. No crece en los árboles. Ni abunda. Téngase en cuenta.

El voto de silencio

Carlos Mármol | 18 de febrero de 2011 a las 8:02

Torrijos, excepto para ir al debate electoral, ha limitado sus actos de campaña a los sindicatos y a los comités de las firmas municipales. Pareciera que no lleva ocho años en el gobierno municipal.

Las campañas electorales de Izquierda Unida siempre han sido singulares, distintas, desabridas. No es que a la coalición de izquierdas le sobre precisamente el dinero –en estos tiempos nadie tiene suficiente; algunos ni siquiera para pagar lo más básico– ni la imaginación. Aunque lo suyo, en realidad, es más bien una especie de fijación por el clasicismo del Novecento: cualquier acto político, incluso de índole menor, se concibe como un evento para poder reivindicar la estética de las viejas banderas, los lemas contra el capitalismo y las proclamas que defienden que el comunismo es la solución.

La renovación del mensaje político de IU, en líneas generales, está por hacer. Y eso que todavía en sus filas, al menos en las locales, hay cierta materia gris, aunque ésta tenga las más de las veces que lidiar con planteamientos generalmente mucho más dogmáticos que pragmáticos. Al ser una fuerza política minoritaria (todavía dentro del sistema, pero mental y electoralmente en su periferia), los representantes de IU pueden permitirse ciertas licencias que en el caso de los grandes partidos no son del todo factibles. Por ejemplo: decir justo lo que piensan, incluso aunque estén equivocados. Un sano ejercicio de libertad.

Hay quien dentro de la coalición relaciona esta costumbre con la tradicional herencia libertaria que vienen a tener todos sus grupúsculos internos, donde habitan diferentes ismos ideológicos sobre la estructura hegemónica del PCE. Sin embargo, con independencia de este supuesto origen noble, lo cierto es que en el caso de Sevilla esta sinceridad ha pasado por periodos en blanco notables. Momentos en los que no se decía no sólo lo que se pensaba, sino más bien nada. Cero.

Más o menos el voto de silencio, por llamarlo de alguna forma, se ha venido guardando, de forma intermitente, eso sí, durante los últimos ocho años, que son los que la coalición de izquierdas ha estado ejerciendo su papel de colaborador necesario dentro del gobierno local. Un rol esencial, por otra parte: a pesar de las críticas y de la intensa campaña de desprestigio de la que IU ha sido objeto por parte del PP, la aritmérica electoral dice que los tres votos de los concejales de la federación de izquierdas son los que ponen y quitan al alcalde. En los dos últimos mandatos decidieron sostener a Monteseirín, aunque en su día el propio Zoido, candidato del PP a la Alcaldía desde 2007, llegó a ofrecer algún tipo de acuerdo de colaboración a Torrijos, el portavoz local de IU. La propuesta, obviamente, no fructificó.

La conducta de IU a lo largo de este tiempo ha consistido en lavar los trapos sucios con el PSOE dentro de casa (sin vocearlos a los cuatro vientos), servir de sostén a los socialistas en los momentos críticos e, incluso, pactar con ellos las disensiones mutuas que fueran menester para no ser fagocitados por el partido mayor.

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El experimento, que en realidad fue obra de José Caballos, el líder natural del PSOE de Sevilla, permitió a Monteseirín contar con una estabilidad duradera hasta que sus propias decisiones fueron cavando su propia tumba política.

Al PSOE el matrimonio le ha salido en líneas generales bien, con independencia de las exageraciones del PP. Amla coalición, en cambio, no está tan claro. Es cierto que han disfrutado de una cuota de poder institucional que le ha permitido alimentar su débil estructura orgánica, además de ejecutar alguna de sus políticas. Pero, como no hay cara sin cruz, esta táctica les ha puesto en demasiadas ocasiones al borde de lo que el propio Torrijos llamaría “contradicciones”. ¿Cuáles? Intentar nadar y guardar la ropa.

Se nota más cuando llegan los vendavales electorales, como sucede ahora. Torrijos, que en el debate televisivo del otro día transmitía una imagen algo alejada de los tiempos, ha limitado hasta ahora su actividad electoral al ámbito municipal: reuniones con comités de empresa, en Tussam, en Lipasam y en otros foros con representación sindical.

No es que no haya salido a la calle (algún mercado que otro caerá cuando empiece el obligado paseíllo de las semanas previas al 22-M) pero casi. En IU son conscientes de que el acercamiento al votante es difícil en tiempos de crisis, que hay quien ha trabajado con entusiasmo por conseguir la muerte civil de su candidato y que no corren buenos tiempos para el rigor. Lo suyo, además, no es fingir.

El sendero que han elegido tiene riesgos: ¿cómo se explica a un trabajador municipal que han estado ocho años en el gobierno local votando decisiones que ahora dicen no compartir? ¿Cómo se reclama en público una solución para impedir la privatización de las sociedades municipales si durante dos mandatos han tolerado una gestión que ha puesto a alguna de ellas en situación de quiebra? Contradicciones.

Torrijos, claro está, siempre podrá decir –suele argumentarlo– que su posición política era dispar a la de sus socios de gobierno pero que el sacrificio del gobierno de progreso les obligaba. Bueno está. No digo yo que algún que otro sapo no hayan tenido que tragarse en este tiempo, pero es evidente que muchas de las decisiones municipales de los últimos años jamás hubieran podido salir adelante sin su anuencia. Marcar distancias cuando se aproximan las elecciones será natural, pero tiene el riesgo de que muchos no entiendan aquello de que donde dije digo no hice diego. Se entiende, ¿no?

Zoido: guiño a los jueces

Carlos Mármol | 17 de febrero de 2011 a las 8:00

El alcaldable del PP presenta su idea de crear un distrito judicial en el Prado y trata de rentabilizar el día después del debate. Espadas se deja ver con los hosteleros pero sigue enredado en las listas.

No dirán que no lo advertimos: el primero de los candidatos a la Alcaldía de Sevilla que sacara de la chistera algún tipo de propuesta más o menos aderezada se llevaría el gato al agua, nunca mejor dicho. Al menos, durante un cierto tiempo. Y en ello está ya Zoido. El alcaldable popular trató ayer de rentabilizar al máximo el eco (relativo) del debate televisivo entre los tres cabezas de lista de las formaciones políticas con representación municipal presentando en público su propuesta del distrito judicial en el Prado, comentando su visión del encuentro a tres bandas y proyectando la imagen de que, al menos, tiene una gran idea para llegar a la Alcaldía.

En esto de las propuestas urbanísticas hay que tener cuidado. No es oro todo lo que reluce. Incluso si no reluce demasiado. La propuesta del líder del PP local consiste en hacer una especie de Ciudad Judicial en pleno centro de Sevilla –aunque para algunos el centro sólo es el entorno de La Campana, pero ésta es ya otra cuestión– mediante la ocupación de parcelas públicas y tras derribar el edificio de los juzgados. Desde su punto de vista, su iniciativa no implicaría modificar el Plan General y sería viable a cambio de la participación de la iniciativa privada. Bueno.

Se trata pues de que alguien –todavía no se sabe bien quién– asuma la notable inversión necesaria a cambio de las plusvalías que renten los alquileres de todos los juzgados. Un edificio-puente pero a mayor escala. Imperial. El mismo sistema que el Parasol de la Encarnación: una suerte de concesión administrativa gigantesca. Reparen bien en la idea porque a buen seguro la van a oír más: el futuro de Sevilla, dado como están las arcas municipales, depende por completo de las concesiones administrativas, esencialmente de índole urbanística.

Nada nuevo, por otra parte. Lo hizo en su día el PA con su red de zonas deportivas privadas. Con éxito. Claro que el mercado inmobiliario entonces era muy distinto al actual. La propuesta de Zoido, a priori, sólo presenta algunos inconvenientes: en primer lugar depende de la opinión de la Junta de Andalucía, que en realidad es la única administración responsable de este proyecto. Sin un acuerdo cerrado con esta institución, el distrito judicial de Zoido es inviable. ¿Hay un acuerdo? Que se sepa, no. Dependerá, probablemente, de que a la hipotética victoria del PP en Sevilla le siga el triunfo de Arenas en la Junta. En caso contrario probablemente la idea será una de las reclamaciones políticas del alcaldable popular. O del alcalde. Ya se verá.

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Adolece también de algún exceso. Los socialistas ayer no desautorizaron la idea por completo –Espadas dijo que está dispuesto a estudiarla, pero reivindicó la ubicación en Los Gordales– aunque recordaron que incluye la parcela del Equipo Quirúrgico municipal, que ya ha sido destinada por la Junta al SAS. Y que, casualmente, el PP reclamó en su día en el Pleno. Los socialistas buscaban así dar sensación de improvisación a la propuesta de Zoido. También recordaron que la concentración de actividad puede generar problemas de tráfico de difícil solución. Más o menos lo mismo que la Torre Pelli. O sea, que al final va a resultar que no se diferencian tanto.

En cualquier caso, el punto más vulnerable es su ubicación: de nuevo en la Sevilla céntrica, sin atisbo de cohesión social, recuperando en parte el espíritu napoleónico del viejo edificio que en su día le encargara Soledad Becerril a Rafael Moneo para acoger oficinas municipales. Monteseirín, como recordarán, lo paró alegando que dichos recursos económicos había que destinarlos a los barrios. Doce años después, sin embargo, seguimos con el solar del Prado sin utilizar. Son hechos.

Probablemente el objetivo de Zoido no era tanto acertar con una idea factible como liderar el debate electoral. Y ayer, de momento, lo consiguió. Los socialistas, aunque salieron relativamente bien del debate televisivo, tuvieron que replicar a la propuesta del PP –su menú de ayer consistía en el enésimo compromiso para agilizar las licencias de apertura de los negocios de hostelería– y hasta el propio candidato tuvo que reclamar “paciencia” porque sus propuestas llegarán.

El lenguaje es traicionero: más bien puede que los socialistas, que han elegido un tono constructivo para la campaña y humilde en lo que se refiere a las puestas en escena, se estén preguntando si no hubiera sido conveniente quizás haber nombrado ante las cámaras alguna de las cientos de ideas que se debatieron en su reciente convención municipal. Desde luego, es para pensárselo. Su atención, en realidad, está ahora en el frente interno: están en plena madeja de las listas electorales. Un momento muy delicado porque de su resultado final depende el grado de independencia y renovación que proyecte el candidato. Asunto trascendente.

Zoido, por otra parte, volvió ayer a hablar nuevamente de su libro: dijo que si algo quedó claro tras el debate fue que sus adversarios (PSOE e IU) van a volver a pactar y representan la Sevilla del oscurantismo. “Me quedé con muchas preguntas sin contestar”, aseguró. No es el único: todavía no sabemos cómo van a poner en pie los distintos alcaldables sus promesas. Zoido sólo ha dado una levísima pista: con concesiones lucrativas privadas. La única duda es si éste es el proyecto que necesitan los barrios de Sevilla o los jueces. ¿Ustedes qué piensan?

Soliloquios a tres bandas

Carlos Mármol | 16 de febrero de 2011 a las 8:00

Los candidatos se centraron en los reproches mutuos más que en las propuestas.

Si son de aquellos que no esperaban sorpresas, acertaron. El debate sirvió para lo previsible: ver a cada uno de los tres candidatos haciendo de tenores de sí mismos. Con su propio estilo, sus gestos y su retórica, en algún caso bastante ajada, por cierto. Zoido, educadísimo con el moderador, fue sobre todo a hablar de su libro.

¿Su libro? Sí, ya saben: Mercasevilla, los ERE investigados por la Justicia, la corrupción. Tardó exactamente 13 minutos en mentar la bicha. A partir de entonces cada una de sus intervenciones terminaron con un pildorazo: “PSOE e IU son los responsables del paro”, “hablamos de una coalición política que resulta incompatible con el empleo”, “han sido condenados por acosar a trabajadores”. El resumen básico de todo su mensaje: sólo se puede confiar en el PP. Por donde yo paso, además, las cosas se arreglan. Bueno.

Tuvo a su favor la presencia escénica (su colocación en la mesa le benefició, el maquillaje también) y demostró estar mucho más suelto a la hora de criticar (Torrijos le llamó corneta del apocalipsis, gran hallazgo conceptual) que al exponer, previa lectura disimulada, cuál es su programa electoral, aunque incidió en su teoría de la ciudad ordenada y con un Metro que ya quisiera Londres. Al final del debate casi llegó a proclamarse a sí mismo ganador de la Alcaldía al hilo de la oferta de Espadas (captatio benevolentiae) de ser un portavoz de la oposición colaborador si no conseguía ganar las elecciones. Humildad calculada para un público que se siente frágil.

El relato de Sevilla del líder del PP parecía haberse inspirado en la Biblia, incluido el pecado original, que es el supuesto robo de la Alcaldía en 2007 por el pacto de gobierno PSOE-IU. Por tanto, no se cansó de repetir, como una salmodia: “¿Van a dejar gobernar a la lista más votada?”. Recuérdese en este punto un dato objetivo: hace sólo unos meses el PP sostenía tener ya mayoría absoluta.

Espadas, encajonado entre el moderador y Torrijos, arrancó quizás con un tono demasiado formal (sigue llamando servicios avanzados a lo que son sencillamente empresas modernas) y con cierta cara de resfriado. Estuvo constructivo y paciente, el hombre, aunque a decir verdad sus intervenciones se centraron más en defender la gestión heredada (con sus errores) que en desarrollar sus nuevas propuestas. Habló de la Sevilla metropolitana y del talento de los ciudadanos, además de su apuesta por el empleo y la educación, pero se echó en falta lo que en teoría podría ser su gran activo: explicar cómo se gobierna Sevilla con la actual situación económica. Sin prometer todo a todo el mundo todo el rato.

CUADERNOS MIÉRCOLES 16 baja

El socialista, que tenía la mayoría los elementos ambientales en contra, salió bastante vivo del aprieto. Su imagen, quizás la más fresca en comparación con el hierático Torrijos y con la formalidad a la antigua de Zoido, ganó enteros sobre todo en las réplicas. Esencialmente al abordar, sin miedo y de frente, el tema tabú: lo de Mercasevilla.

Su defensa de la investigación judicial dejó a Zoido sin argumentos para continuar amplificando la cuestión y, afortunadamente, logró que la discusión (relativa) volviera a los cauces lógicos: la perspectiva que cada uno de ellos tiene de Sevilla. La del PP mucho más negra (para resaltar su propuesta de cambio a la suiza: que Sevilla funcione como un reloj) y la de PSOE e IU bastante más positiva, aunque admitiendo los excesos del legado de Monteseirín (en el caso de Espadas) y con la numantina defensa de Torrijos del papel de su formación política como “herramienta eficaz contra la desigualdad”. Es lo que tiene el lenguaje de origen proletario.

De recursos el socialista tiró de estadísticas. Zoido las desmintió sin sacar las suyas. En términos de inversión es evidente que la comparación favorece a los socialistas. ¿No se lo creen? No hay más que ver el sobrecoste del Parasol para colegir que, evidentemente, dinero han gastado. Espadas no logró que Zoido entrase en la trampa de la privatización de las empresas públicas ni Torrijos en el eterno debate de Tablada. El popular estaba en lo suyo: decir, como al final insinuó, que Sevilla es lo mejor del mundo y que si ahora no funciona es sencillamente porque su formación política no gobierna.

Ganador, lo que se dice ganador, no hubo. Al menos, de forma clara y nítida. En esto, claro está, los militantes de uno y otro bando discreparán. Es normal. Todos barren para casa. Unos (el PP) dirán que tras el tropezón del encuentro 2.0 han estado muy dignos. Y otros (los del PSOE) que es una victoria salir indemne del trance dado lo que está cayendo fuera, sin pinta de escampar.

Si se quería plantear el debate como una suerte de partido de fútbol lo cierto es que el encuentro resultó bastante anodino, con quizás un justo reparto de puntos, y sin que los electores se llevaran más conclusión cierta que aquellos tres hombres (los candidatos) quieren hacer muchas cosas y todas buenas por Sevilla, pero siguen sin decir cómo piensan hacerlas. Las cosas están como están. Fue una suerte de soliloquio a tres bandas. Aunque seamos positivos: al menos no se habló del habitual marisco. Ese argumento tan recurrente e intelectual. Ya es mucho. Incluso suficiente.

Absolut Sevilla

Carlos Mármol | 15 de febrero de 2011 a las 8:00

Espadas vincula a la totalidad de Sevilla con el sentir socialista para animar a sus bases. Zoido esconde las siglas del PP tras un supuesto movimiento civil que reclama un cambio urgente.

No hay ninguna duda. La campaña de las elecciones municipales está teñida de sentimiento, esa cosa tribal que suele nacer a la altura del estómago. Los candidatos dicen contar con un programa –el detalle de sus propuestas todavía continúa siendo un misterio para la mayoría de los electores– pero a la menor ocasión disponible apelan una y otra vez al orgullo de sentirse parte de una especie de espiral de viento que, al parecer, debería llevarlos (a ambos) a la cima. Ya se verá.

Espadas, el candidato socialista, cerró la convención municipalista del PSOE de este fin de semana, lastrada en parte por la polémica del caso Mercasevilla, con una frase para la historia: “Sevilla es total y absolutamente socialista”. ¿Seguro? El mensaje era lógico dado el auditorio y el creciente entusiasmo que se percibe en el alcaldable socialista. Probablemente buscaba también movilizar a sus propias bases, deprimidas por la crisis económica –algunos no tanto; están blindados– y por el agujero que el PP parece haberles abierto en su autoestima con la táctica de amplificar la investigación judicial sobre los expedientes (irregulares) de regulación de empleo en Andalucía.

Parecía conveniente un cierto mensaje de ánimo. Claro que dado como están las encuestas –mejor que antes, pero todavía insuficientes– se antoja algo prematuro el mensaje esencial de Zapatero: “Juan, serás el alcalde de Sevilla”. Con Zapatero hay que tener tiento: no es la primera vez que dice algo –“la crisis es opinable”, sostuvo en su momento– y los hechos se encargan de desmentirlo.

Espadas está tratando de articular políticamente el deseo de buena parte de la ciudad de superar la obsesión con los añejos linajes sevillanos –en eso consiste su mensaje a los jóvenes, la vindicación del talento colectivo de Sevilla– pero este noble intento contrasta mucho con el discurso del presidente del Gobierno, que soltó una ristra de topicazos, incluida la mención a lo hermosa que es Sevilla –se nota que conoce poco ciertos círculos– y la habitual cita a esa extraña patología llamada sevillanía.

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Por otra parte, Espadas sigue preso, en cierto sentido, de la alargada sombra de Monteseirín. Es la consecuencia de tener que vender su gestión de los últimos años. El paso del tiempo y algunos hábiles golpes de efecto han ido fortaleciendo su imagen como rival de Zoido –el intento del PP de implicarlo en el caso Mercasevilla es la principal demostración– pero uno se pregunta si será suficiente la simple apelación al orgullo socialista para triunfar el 22-M. Mientras los partidos continúen tomando las citas electorales como previas de los partidos de fútbol, una parte significativa de la ciudad –la Sevilla que piensa, que compara las propuestas políticas– seguirá dudando. Tienen motivos.

Claro que, si se fijan, Zoido (Juan Ignacio) viene haciendo más o menos lo mismo desde hace un lustro. A su manera. Con su muchachada como infantería avanzada. Los populares, que siguen encabezando los sondeos, pero sin llegar a despegar, disfrazan su mensaje político –más bien publicitario– detrás de una serie de etiquetas (tags, que se diría en el lenguaje 2.0) que, al igual que la Sevilla socialista de Espadas, pretenden generar una reacción inmediata y visceral más que persuadir o incitar al ejercicio del intelecto. En su caso el mensaje es idéntico al que Rojas Marcos abanderó en 1991: cambio. No importa demasiado en qué dirección, ni con qué medios, ni siquiera para lograr qué objetivos. Todo su discurso es que la ciudad necesita cambiar para “volver a ser lo que fue”. Algo llamativo si se piensa –esto ya es cosa de cada uno– que Zoido es un candidato de una fuerza política conservadora.

La pantalla utilizada por los populares, como es evidente, no son sus siglas –que generan escaso entusiasmo en Sevilla, a la vista de los resultados electorales históricos– sino unos teóricos movimientos ciudadanos –la sociedad civil, según el PP, siempre está con ellos; los motivos, claro, nunca los explican del todo– que pretenden provocar una revolución urgente. Ya Sevilla. Se nota que no están muy dispuestos a esperar.

Zoido, al contrario que Espadas, que muestra con claridad, quizás incluso en exceso, sus rasgos ideológicos, busca convertirse en lo que Robert Musil llamaría un hombre sin atributos: alguien que vive en el terreno eterno de la posibilidad, sin ideología, sin más ambición aparente que la desinteresada, la que consiste en conseguir una ciudad ordenada. ¿Y cuál es la ciudad ordenada de Zoido? Un malévolo socialista, que evidentemente es subjetivo, pero también brillante, lo resume así: “Pues que los parques sean verdes, las carreteras sean grises y los semáforos tengan tres luces”.

Cada uno, como queda dicho, vende su mercancía. Lo que los une –existiendo tantas cosas que los separan– es curiosamente que en la Sevilla que proyectan parece no haber realmente espacio para todos esos electores que ni son socialistas de carné, ni están dispuestos a votar por un cambio sin saber bien cuál es el rumbo que se quiere dar a un barco –la ciudad– cuya principal muestra de decadencia es que muchos de sus jóvenes se plantean irse.

Sólo una pregunta: ¿En Sevilla no hay librepensadores? Debe ser que no. Ni se les espera.

Policías y distracciones

Carlos Mármol | 12 de febrero de 2011 a las 8:30

El candidato del PP quiere que el cuerpo local de seguridad asuma funciones de Policía Judicial. La puesta de largo de Espadas se topa con el debate de la sucesión de ZP.

Vamos a decirlo con simpatía, sonriendo: ¿Por qué los candidatos a cualquier cosa –la Alcaldía, en este caso– consideran que la cercanía a los ciudadanos consiste en utilizar el registro coloquial y el diminutivo para relajar el ambiente? ¿No hay otra forma algo más sobria de demostrar su empatía hacia los electores? El alcaldable socialista, Juan Espadas, celebró ayer su esperado chat con sus simpatizantes desde la web del PSOE federal y comenzó de esta forma: “Empezamos el trabajo del finde en la red. ¿Qué tal?”.

No es la primera vez: en aquel famoso artículo en el que se presentaba a sí mismo –Algo de mí: ¿Quién es Juan Espadas?– recordaba el candidato con nostalgia los años de la facultad de Derecho en los que iba a las siete de la mañana a sentarse en las escaleras de las aulas para escuchar, entre otros, a Clavero Arévalo, Carrillo Salcedo, Pérez Royo (no dijo cuál) y “a Rosi Valpuesta”. ¡Una señora catedrática de Derecho Civil!

Claro que, dicen los expertos digitales, el lenguaje de los chats debe tender a la cercanía (ciega) y los tiempos 2.0 que corren exigen que las relaciones sean horizontales. Aunque yo, la verdad, sigo viendo jerarquías, y no precisamente intelectuales, por todas partes. Sobre todo en los partidos políticos, donde el que manda siempre es el líder orgánico, no siempre la asamblea. En el PSOE, precisamente, están haciéndose esta misma pregunta.

Lo digo porque en vísperas de la convención municipal organizada en Sevilla, donde justamente Espadas va a tener su segundo empujón hacia la Alcaldía, algunos de los barones socialistas volvieron a resucitar ayer la discusión sobre si Zapatero (ZP) debe volver a presentarse a la presidencia. En teoría el asunto quedó cerrado –por el propio presidente– en la convención autonómica de Zaragoza. Pero se nota que algunos notables militantes no están del todo por hacerle caso. Vuelven a abrir el melón.

A Espadas, que sigue teniendo en su contra los efectos de la errática política económica del Gobierno central, este debate no le beneficia nada. Si nadie lo remedia, probablemente el cónclave de este fin de semana, en lugar de servir para debatir propuestas y armar el programa de los socialistas para las municipales, puede perderse por los eternos meandros de Mercasevilla o en las quinielas sucesorias. Las eternas distracciones internas del PSOE.

El candidato socialista, sin embargo, está decidido a que del encuentro broten ideas, ya que no brotes verdes. Ayer mismo dejó clara su postura: “El objetivo de esta convención es que el ruido de las vuvuzelas en que el PP ha querido convertir este país se convierta en soluciones de los candidatos del PSOE en España, al frente de los gobiernos locales, para que los ayuntamientos sean los motores de la salida de la crisis”. Por si tenían alguna duda, Antonio Hernando, el secretario de política municipal de los socialistas, el amigo de Celis –que ayer, por cierto, se hizo muchísimas fotos con Susana Díaz–, recalcó que en los planes de los socialistas no entra, bajo ninguna circunstancia, la posibilidad (remota, claro) de perder la Alcaldía de Sevilla. Los ciudadanos dirán si esta optimista previsión se cumple finalmente o todo el circo empieza a saltar por los aires.

opssssssssss

Mientras tanto, Zoido (Juan Ignacio) aprovechó la jornada posterior a su amplificatio madrileña sobre Mercasevilla para presentar su programa de seguridad ciudadana. El alcaldable del PP promete 300 policías locales más, tres nuevas comisarías –habría que preguntarse cómo las piensa construir sin dinero– y que sea el regidor (futuro) quien coordine en la ciudad a todas las fuerzas de orden público. Los socialistas, en sus incursiones por la red, quisieron tumbarle la propuesta alegando que cuando era delegado del Gobierno se perdieron en la ciudad 600 agentes. En la vida siempre se puede rectificar, hombre. Sobre todo si te presentas a unas elecciones.

La idea de que sea el alcalde quien coordine a todos los cuerpos policiales estatales ya parece algo más problemática. Con independencia de su viabilidad legal –hay quien lo pone en cuestión con el ordenamiento jurídico actual–, cuando era delegado del Gobierno el mismo Zoido no le hubiera dejado ni loco los policías y la Guardia Civil a Monteseirín. Por ello, desde aquí, le damos las gracias.

Lo más delicado de su idea, sin embargo, pasó ayer desapercibido a los propios socialistas. Yo no sé si es una trampa del subconsciente o, acaso, un exceso de su equipo de campaña. La cuestión es que Zoido quiere que la Policía Local –la que sí dirige el alcalde por ley– realice las labores de la “Policía Judicial”. ¿Cómo? Con la firma de un acuerdo con el Ministerio de Interior que permita a los agentes municipales ejercer esta delicadísima función. ¿Y por qué esto es malo?, dirá alguno.

Más que malo, parece harto inquietante dado el actual contexto político y (para desgracia de algunos socialistas) procesal.

Vamos a ver:¿quién hace los atestados policiales, interroga y detiene a los supuestos implicados en el caso Mercasevilla? La Policía Judicial.

¿Quién quiere Zoido que coordine estas nuevas competencias en Sevilla? El alcalde, a través de la Policía Local.

¿Qué pasa si Zoido gana las elecciones?

Pues blanco y en botella.

Duelo en seco, a cuchillo

Carlos Mármol | 11 de febrero de 2011 a las 8:00

Zoido se marcha a Madrid para tratar de colocar el caso Mercasevilla en la agenda política nacional. Espadas entra en la arena con críticas a su rival por no respetar la investigación judicial.

Zoido (Juan Ignacio) parece confiar por completo su hipotético triunfo en las elecciones del 22-M al impacto político del caso Mercasevilla. Si alguien pensaba que las elecciones se pelean desde las filas del PP sólo con proyectos e ideas tiene dos opciones: o sigue en Babia –la ilusión que no se la quite nadie– o mejor se traslada de municipio, porque el equipo de estrategia del alcaldable popular ha optado más o menos desde finales de la pasada semana por aumentar la presión –uno lo llamaría ruido, pero igual se me molestan– hasta límites inauditos. A los hechos objetivos me remito.

Probablemente ya lo sepan: la juez Mercedes Alaya está investigando una supuesta trama de falsificación de expedientes de regulación de empleo que afecta de lleno a la Junta de Andalucía y cuyo epicentro era Mercasevilla. De la importancia de este escándalo hay poco nuevo que decir: pone en crisis la credibilidad de la Junta, desvela las tripas del sistema y parece apuntar a la existencia de delitos que, a juicio de la magistrada, que es la que marca el paso, son ya más que suficientes para ordenar registros y detenciones.

El PP, sin embargo, tras hacer su lectura sobre el particular –reclamar una comisión de investigación, culpar a Griñán, a Espadas (con escaso éxito) y a cualquiera que esté más o menos a tiro– cree que los electores no lo tienen todavía suficientemente claro. Piensan explotar el filón hasta el infinito. Prepárense porque no van a hablar de otra cosa en semanas. No sólo están decididos a orientar toda su apuesta electoral por esta senda –se verá en el debate de la próxima semana en Giralda TV– sino que ayer mismo se fueron a Madrid para tratar de pregonar por la Villa y Corte las cosas del “régimen andaluz”. ¿Aquí no les hacemos caso?

ññññ

Habrá quien vea en este movimiento un ardid político de libro y quien lo considere excesivo. Nadie va a quitarles nunca, claro está, el derecho a hacerlo. Aquí todos somos libres. Dueños y señores de nuestros actos. Opiniones, además, debe haber ya para todos los gustos. Humildemente, sólo me atenaza una simple pregunta: ¿Su comparecencia con Esteban González Pons (el portavoz del PP) responde realmente al interés de la ciudad o exclusivamente al interés electoral de su partido?

Mientras reflexionan sobre esta cuestión, que presumo interesante, sepan que, a juicio del PP, la culpa, además de Griñán, la tiene el Fiscal General del Estado, el ministerio de Trabajo y Chaves. Que yo sepa ninguno se presenta a la Alcaldía. La cuestión es gravísima, como hemos contado, pero parece que no es suficiente que los electores se formen su propio criterio con información objetiva, sino que necesitan un guía que los oriente: Zoido.

Los socialistas, lógicamente, están muy preocupados por las consecuencias del asunto aunque quieran aparentar tranquilidad. Es natural: a partir de hoy celebran en Sevilla su convención municipal –con la plana mayor del partido– y no desean ser víctimas del nerviosismo. El argumento oficial es que la Junta es la primera que “está colaborando con la justicia”. Eso mismo, por cierto, era lo que siempre decía el alcalde Monteseirín –¿se acuerdan?– cada vez que tenía uno de sus numerosos frentes judiciales. La verdad, tenía escaso éxito.

Quizás presuma de tener algo más de credibilidad el nuevo candidato del PSOE. Juan Espadas decidió ayer entrar en la arena con el PP y, sin remilgos, tras reiterar que la Junta es la que está aportando datos al juzgado, no dudó en confrontar con Zoido al criticar que “se dedique a dar ruedas de prensa en Madrid o a ir a platós televisivos para asociar la imagen de la ciudad y del PSOE a casos conductas delictivas individualizadas”. “Hay que ser respetuosos con las instancias judiciales y parece mentira que alguien que ha sido juez no tenga claro cómo delimitar el debate político de un sumario judicial”. Pues eso.

Con independencia de las palabras expresas del alcaldable socialista, el mensaje que subyace tras el pronunciamiento es más o menos evidente: si el PP quiere guerra, la tendrá. No hay miedo. Espadas, que hasta ahora había sido discreto a la hora de diferenciarse de su rival en la lucha por la Alcaldía, insinúa pues estar dispuesto a entrar en el duelo en seco, a cuchillo, que persigue Zoido. Ya se verá quién gana.

Por otro lado, el candidato del PSOE estaba ayer deseoso de desmentir la tesis –defendida por un servidor– de que su programa electoral todavía es algo difuso. Su equipo de campaña dice contar con más de 800 ideas recogidas por los barrios, además de su apuesta por el empleo y el área metropolitana. Alguna de ellas deben discutirse en la convención de este fin de semana.

Hay propuestas y propuestas, en todo caso. Resulta evidente que dichas ideas, en caso de existir, todavía no han entrado a formar parte del debate municipal. ¿No sería necesario explicarlas algo mejor? ¿Basta con tenerlas en la caja roja? En el PSOE, entre Mercasevilla y los empujones de las listas, hay quien cree que queda poco tiempo para discurrir. De todas formas, el candidato da pasos evidentes para que se visualice que es él quien lidera el proceso. Ayer hizo de portavoz y explicó el calendario de la Ejecutiva. Espadas piensa ejercer el mando. O, al menos, lo parece. Veremos.

Huérfanos de ideas

Carlos Mármol | 10 de febrero de 2011 a las 7:32

El candidato del PSOE, que inunda la ciudad con su nuevo cartel de campaña, todavía no ha dado a conocer las líneas de su programa electoral. Anuncia un chat desde la web del PSOE federal.

Va a ser misión difícil aportar algo de análisis en mitad del ruido ambiental existente, pero el interés de los ciudadanos en vísperas de unas elecciones como las que se disputan el 22-M está –se supone– en las propuestas, las ideas y los programas de los candidatos con opciones reales de llegar a la Alcaldía. Probablemente la campaña derive por otros derroteros distintos –no precisamente muy edificantes– y sea casi un milagro que alguien se digne a escuchar el que debería ser el principal asunto de la nueva era municipal: ¿cómo se gobierna Sevilla sin dinero? Una pregunta que hasta ahora no han contestado ni Zoido, ni Espadas, ni Torrijos.

A pesar de los buscados golpes de efecto –unos relativos, otros hábiles pero generalmente sobrevalorados por los propios equipos de campaña– y de las viejas tácticas que consisten en intentar manchar todo aquello que se toca cuando no conviene a los propios intereses, lo cierto es que las estrategias de los dos principales líderes políticos que se disputan el Ayuntamiento han sido hasta ahora muy parcas a la hora de poner negro sobre blanco iniciativas programáticas serias. Por serias entiendo propuestas conceptualmente sólidas: con cierto grado de definición, algo de concreción técnica, un calendario de ejecución y, sobre todo, un presupuesto de recursos (propios o ajenos).

Se dirá que todo esto es prematuro. Que es pedir demasiado. Que sólo estamos en campaña. Vale. Aquí es justo donde está el problema:  en pretender convencer a un electorado que está mayormente hastiado –por motivos distintos– exclusivamente con buenas palabras, buenos deseos, intenciones nobles y abrazos. Todos estos elementos forman parte del manual al uso del buen candidato. No suponen ningún factor diferencial. No son estrictamente noticia. Lo llamativo, aunque hasta ahora mejor sería decir lo inaudito, sería encontrar un candidato con un proyecto de verdad.

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El PSOE y el PP, que son los que tienen opciones de conseguir la cabeza del león, han disimulado hasta ahora sus carencias políticas con recursos, digamos, periféricos. Zoido, el favorito según los sondeos, visita barrios, promete soluciones a todos los problemas (gesto noble, quién lo duda) y abre plataformas en las redes sociales para que sean los propios sevillanos los que le ayuden con su programa electoral. Hace algunas semanas los socialistas le reprochaban precisamente que repitiera el mismo proyecto de 2007. “Fue el que ganó”, replicaban sus huestes. El pasado es así. Se repite. Por otro lado, el candidato del PP recurre en función de la conveniencia del momento a la cuestión de la corrupción. Base tiene, otra cosa es que ciertos excesos en este campo puedan vincularse al perfil institucional que se supone a alguien que aspira a ser alcalde. Cada uno elige sus propias maneras, en todo caso.

Espadas, que ya ha colgado por las calles de Sevilla su nuevo cartel de campaña, promete respuestas para Sevilla. ¿Seguro? Bueno, también promete un chat con sus fieles –serán probablemente una legión de seguidores, claro– este viernes desde la web del PSOE federal. Esto sí que es toda una sorpresa. Mayúscula, además. Zoido se fue a hacerse la foto con Aznar y a Espadas le dejan la web del PSOE para hablar con sus simpatizantes. ¿Quién dijo que el centralismo (político, en este caso) había muerto? No hay nada como una bendición papal de Madrid.

Los chats de Espadas, además, no son precisamente una mina de propuestas. Hay quienes buscan en ellos puntos de ataque, pero lo cierto es que durante su celebración el candidato socialista, que siempre juega en territorio amigo –¿para cuándo un encuentro digital en terreno neutral o ajeno?–, se limita casi siempre a agradecer las ideas que le envían los internautas, a decir que estudiará sus propuestas con gran educación y a defender la gestión del actual gobierno local con algunos matices, casi siempre menores. Poco más. Su equipo de asesores también protesta por los espías del PP. Los foros, en todo caso, deben ser abiertos a todos siempre y cuando no se falte a nadie al respeto –algo cada vez más complicado en determinadas redes sociales, infectadas de talibanes– y, quién sabe, igual si descubren una buena idea quizás cambien de bando. ¿No?

A estas alturas de precampaña, el programa de los socialistas sigue siendo materia ignota. De Zoido ya sabemos que quiere arreglarlo todo. No sabemos, claro está, cómo va a hacerlo sin dinero. De Espadas, salvo los guiños a la Sevilla tradicional, que le han permitido que el PP local empiece a verlo como rival y a tratarlo como tal, cosa que a algunos ha desazonado, ni siquiera sabemos la música. De la letra, ni hablamos. En su célebre presentación en Fibes habló del río –proyecto secular de Sevilla–, de convertir a Sevilla Este en un nuevo centro urbano –mejor le hubiera ido al barrio si Monteseirín hubiera hecho el tranvía del centro desde la avenida de la Prensa al Palacio de Congresos– y de convertirnos en la ciudad del talento. Después se ha visto con empresarios de nivel –nada de patronales– y ha celebrado los proyectos del Puerto (dragado y esclusa) y del avión militar A400M. Todos son heredados. Es cierto que rompen el agrio discurso catastrofista del PP, pero ya están descontados.

Espadas ha tomado las riendas, dicen en el PSOE. Ahora sólo hay que averiguar hacia dónde va.

La guerra que viene

Carlos Mármol | 9 de febrero de 2011 a las 7:26

Zoido reorienta su táctica de campaña para intentar desgastar al PSOE con el caso Mercasevilla como motivo. El debate sobre propuestas municipales pasa a un segundo plano. El PP intenta sacar tajada electoral de la sólida investigación judicial.

Se terminaron las propuestas. Empieza la guerra. Mejor dicho: empieza la fase de la guerra sucia que, por desgracia, resulta ser casi inherente a cualquier confrontación electoral. No uso el término política porque, en realidad, lo que ha empezado a ocurrir en la precampaña por la Alcaldía de Sevilla tiene poco que ver con el honorable concepto que desde los clásicos se expresa con dicho término. Alguno, sin embargo, aún no se ha dado cuenta. Lástima.

Se veía venir. Desde lejos. Si la pelea hasta ahora se había circunscrito más o menos al campo de la imagen, las apariencias (sociales) y, tímidamente, a plantear algunas propuestas inconcretas de futuro, mucho me temo que el viraje que el equipo de campaña de Zoido pretende darle a la confrontación electoral va a marcar lo que queda de la pugna, que tendrá uno de sus momentos más interesantes en el cada vez más cercano debate en directo de Giralda TV. ¿Adivinan de qué va a hablar en dicho encuentro el candidato del PP? No hace falta ser muy listo.

Obviamente, base argumental tienen los conservadores para exigir responsabilidades, explicaciones y hasta dimisiones inmediatas por las noticias que se van conociendo del affaire Mercasevilla y de sus múltiples derivaciones. ¿Quién lo duda? El PP, que en lo que se refiere a supuestos casos de corrupción en los juzgados está, como todos sabemos, inmaculado, no hace más que cumplir con su función de leal oposición. El problema es otro. Consiste en que los socialistas –todos, como saben; en esto no hay excepciones ni valen el honor ni la honra, aquella virtud que reclamaban los antiguos– no hacen otra cosa que robarle a los ciudadanos en esta bendita tierra que es Andalucía.

Y en Sevilla, desde luego, mucho más. Estamos pues en manos de verdaderos muertos de hambre que se lo llevan con una visa electrón cada vez que van al cajero. Quizás por eso lo que Sevilla necesita con urgencia, ya, es un vengador justiciero. No tenemos al superhombre de Nietzsche, sino alguien mucho más doméstico, sonriente y afable, pero es capaz de ser duro y severo cuando la ocasión lo requiere.

El momento, además, ha llegado. Zoido ya tiene listo su sanedrín para lapidaciones. Por ahora están en twitter. Después pasarán al mundo real. Como es un hombre que medita tras la lectura de la Biblia –libro magnífico y terrible– está dispuesto a hacer por su cuenta y riesgo, y en su beneficio, claro, justicia política, ya que lo de la justicia poética debe parecerle una cosa extraña. De literatos.

En realidad, uno siempre ha pensado que lo trascendente en Mercasevilla es sencillamente hacer justicia. Sin adjetivos. Y en ello afortunadamente ya está la juez Alaya, que con las ramificaciones del frondoso árbol que tiene abierto en los juzgados cuenta, sin pretenderlo, con munición suficiente para tumbar a varios gobiernos. Los hechos objeto de investigación son gravísimos. Hay detenidos, informes policiales, indicios verosímiles de una trama. Suficiente.

Cualquiera que tuviera respeto al Estado de Derecho dejaría trabajar a la juez –que lo está haciendo excepcionalmente bien, por cierto– y se centraría en promover las necesarias iniciativas políticas en el ámbito institucional. Por ejemplo: lograr una comisión de investigación –necesaria no ahora, sino hace ya más de dos años– o dar nuevos elementos objetivos de juicio a la ciudadanía.

¿Hace eso el PP? A medias. A la juez, de momento, no la han cuestionado –los socialistas, en cambio, empezaron a hacerlo casi desde el primer día; lo que decía bien poco de su talante democrático– pero los frutos de su sólida investigación –los autos, los informes– están siendo utilizados por los populares a su antojo para amplificar sin límite alguno su singular discurso partidario: “ellos roban; nosotros [todavía] no”. La cosa parece algo más complicada.

CUADER~2

¿Es malo conocer las decisiones judiciales? Si se da toda la información, no. Es un ejercicio excelente. Pero cuando esta información viene sesgada –como suele ocurrir– hay que estar alerta. El gato suele disfrazarse de media liebre. Por otra parte, la verdad, que a buen seguro es bastante peor de lo que hasta ahora se sabe, no tiene dueño. Igual que los muertos por terrorismo. Son patrimonio de todos.

Así que con independencia de lo que ocurra con Mercasevilla, e incluso la noche del 22-M con la Alcaldía, sepan que el mérito de la investigación que está poniendo patas arriba la política andaluza no es de Zoido y Cía, sino de una mujer menuda que sigue el rastro de una liebre que parece infinita. Si en esta historia hay algún héroe no se presenta a las elecciones. Es una magistrada que, probablemente muy a su pesar, ha dejado de ser anónima sólo por hacer su trabajo con una tenacidad tan incómoda para el PSOE como molesta (en términos de autoría) para el PP. Todo lo demás son milongas electorales.