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Zoido cambia de registro

Carlos Mármol | 8 de febrero de 2011 a las 7:30

El PP intenta vincular al candidato socialista con el escándalo de los ERE de la Consejería de Empleo con escasa base documental. El tono de la precampaña electoral, hasta ahora razonable, empieza a agriarse.

Es una lástima. Pero no constituye sorpresa alguna: el movimiento ofensivo entraba dentro de lo previsible. El candidato del PP a la Alcaldía de Sevilla, Zoido (Juan Ignacio), decidió ayer darle un giro copernicano al tono de la precampaña electoral –hasta ahora razonable y, en líneas generales, incluso constructivo– al intentar vincular a su principal rival, Juan Espadas, con el escándalo de las irregularidades cometidas –presuntamente– por la Consejería de Empleo en la gestión de diversos expedientes de regulaciónde empleo.

Zoido, que tuvo un encuentro con los trabajadores de Lipasam, no desaprovechó la ocasión para reclamar explicaciones a Espadas por el ERE tramitado en la empresa pública Egmasa. Los socialistas sostienen que su candidato no presidía dicha sociedad pública en la época que tal expediente fue tramitado. Y lo dicen con datos. No ha servido de mucho. El PP ha seguido atacando; el PSOE defendiéndose. En un caso, con insinuaciones. En otro, con fechas.

Si se mira con cierta perspectiva, la situación es lamentable. El PP terminó la última semana de precampaña electoral en muy mala posición: había perdido claramente el liderazgo del debate político que, durante muchos meses, al menos hasta la presentación oficial del candidato de los socialistas, habían venido capitalizado con evidente habilidad. La táctica electoral de campaña de Espadas, aunque algo tardía, empezaba a dar sus frutos: ya nadie daba por completamente decidido el resultado de las elecciones.

El PP tenía que moverse. Y en ello está. Ya dijimos el sábado que el guión de movimientos de Zoido va a ser reescrito sobre la marcha: el candidato popular no dejó pasar el fin de semana sin tratar de ganar puntos entre los cofrades, sección bandas de música –que extrañamente se han convertido en protagonistas del singular flirteo electoral– y ha optado por iniciar la semana con una actitud agresiva. De ataque. Una conducta que parece ser más fruto de cierta inseguridad que sinónimo de fortaleza. Al tiempo.

cuadernos de campaña  BAJA

Hasta ahora, el candidato de los populares a la Alcaldía ha venido haciendo una precampaña de relativa baja intensidad: actos en barrios y otros ámbitos, propuestas (más genéricas que concretas) y escasas menciones voluntarias al nuevo cabeza de lista del PSOE. Incluso su negativa a acudir a enfrentamientos cara a cara con el alcaldable socialista. Hasta ahora, cuando la mención a Espadas se ha convertido en necesaria con objeto de desgastarlo políticamente adscribiéndolo a la investigación judicial que ha acometido la juez Mercedes Ayala sobre la falsificación de expedientes de empleo en Mercasevilla.

Zoido ha hecho un tránsito ilustrativo: ha pasado de no mencionar a Espadas a hacerlo para intentar involucrarlo en el mayor caso de supuesta corrupción de los últimos tiempos. Un episodio que ha trascendido además las fronteras de lo municipal para convertirse en polémica política regional.

Los socialistas no quisieron ayer entrar en el juego que, por otra parte, es bastante evidente y calca el que ha sido el único patrón de conducta del PP municipal a lo largo de los últimos tiempos: cuestionar la honorabilidad de los socialistas con base y también sin ella. En unos casos –Mercasevilla, esencialmente– la táctica le ha venido dando resultado. En otros –caso Unidad– la cosecha es algo más modesta. Pero inevitablemente el PSOE tenía que defenderse de las acusaciones ante el riesgo de otorgar.

Al contrario de lo que ha sido la tónica dominante en los últimos años en el gobierno municipal, la respuesta de los socialistas ha sido escueta y contundente: datos y cronología. Nada más. Lo que está por ver es que esta sobriedad a la hora de contestar sirva para combatir el ruido que el PP intenta amplificar con evidentes fines electorales. El tiempo lo dirá.
Lo que parece obvio es que el cambio de registro de la campaña ya está en marcha. Si hasta ahora la guerra de las municipales había venido discurriendo por un terreno razonable, serio y más o menos constructivo, el cambio de conducta de Zoido marca el fin de las buenas costumbres y abre un escenario nuevo en el que las acusaciones de corrupción –con más o menos base– van a jugar un protagonismo en las semanas venideras.

 Todavía es pronto para prefigurar el resultado de esta estrategia. Tampoco es seguro que los ataques vayan a beneficiar forzosamente a Zoido. Todo está por ver. Lo que sí es llamativo es que el cambio de registro, en lugar de venir del supuesto aspirante, venga del presunto ganador.

¿O quizás ya no tanto?

Resumen de noticias

Carlos Mármol | 5 de febrero de 2011 a las 7:00

El candidato socialista gana puntos en asuntos considerados coto de Zoido: cofradías, empresas y redes sociales. El PP advierte a sus bases sobre el exceso de confianza.

Cada uno elige su propia banda sonora. Música de cámara o música de capilla. Cornetas o tambores. Sinfonías o fanfarrias. Pero la partitura todavía no está escrita. Y esto es justamente lo interesante. La lucha por la Alcaldía de Sevilla cierra una nueva semana de pasión con un escenario radicalmente diferente al existente hace apenas dos meses. Si entonces los abundantes pregoneros de la buena nueva –que es la llegada de Zoido al poder; posible, según los sondeos– daban por hecho que el partido estaba ganado de antemano, sin siquiera empezar a jugarlo a tenor (según ellos) del respaldo de la (supuesta) sociedad civil, la cosa ya no está tan clara.

Habría que preguntarse si la devoción que logró aquel día el PP la provocó Rajoy, Arenas o Zoido. O los tres. O ninguno. Acaso fuera el mero hecho de la cercanía del poder potencial en su conjunto, algo que en Sevilla siempre se presta a las buenas caras y a las excelentes sonrisas. En cualquier caso, el partido ha avanzado algo desde entonces. Ahora está completamente abierto. Empezó a atisbarse después de que los socialistas enseñaran músculo orgánico en Fibes. Desde entonces por el camino se han sucedido algunos dramas menores –lo de Evangelina fundamentalmente, un asunto sobre el que en las agrupaciones ya ni se habla– y algunos reajustes internos. Nada trascendente.

El problema grave está fuera de la organización: en las cifras del paro, la crisis económica, la debacle de la normalidad doméstica tal y como la hemos conocido hasta ahora. La situación es mala. No es ningún secreto. Pero no todo está perdido, piensan en el PSOE. La percepción de Espadas, uno de los factores esenciales en unas elecciones, ha cambiado radicalmente desde las Navidades: el entonces candidato desvalido y desamparado al que hubo que hacer senador para dotarle de cierto rango externo, ya es sencillamente el aspirante socialista. El predestinado Zoido, en cambio, al que los números todavía le dan como ganador, aunque sin la holgura necesaria, se ha convertido en el hipotético probable alcalde. Dos adjetivos que antes casi nadie usaba.

¿Qué ha ocurrido? Sustancialmente dos hechos simultáneos. En primer lugar, la segunda fase de la estrategia de Espadas, que ha consistido en entrar a jugar en terrenos donde el PP hasta ahora creía –ingenuamente, por otro lado– tener una cierta patente de corso. Son tres: las cofradías, el mundo de la empresa y el universo de las redes sociales. En estos tres ámbitos el sanedrín de Zoido se arrogaba un liderazgo sólido tras cinco años de trabajo. No era poca cosa.

Los socialistas han demostrado que esta tesis es frágil. En el siempre proceloso ámbito de las cofradías, Espadas, a costa de tirarse en brazos de la Sevilla eterna, ha logrado adelantarse al PP al prometer edificios históricos a colectivos como la asociación de bandas de Semana Santa o el consejo de Cofradías. San Hermenegildo y Santa Clara, los dos en el casco histórico. Dos a cero. Que el PP encajó mal el gol lo demuestra el hecho de que ha reaccionado: no se extrañen si dentro de unos días Zoido se descuelga con algún guiño cofrade. Al tiempo.

En el mundo de la empresa, en teoría, Zoido no tenía rival. Y no lo tiene. Las patronales se han posicionado hace tiempo a su favor casi de forma tácita. Pura sociología. Claro que eso no quita para que el alcaldable socialista ganara puntos –visuales– gracias a un encuentro con notables empresarios sevillanos donde estaban, entre otras empresas escasamente fervorosas de los círculos patronales, nombres de grandes como Abengoa y Ayesa. ¿Quién tiene credibilidad ante los empresarios? Probablemente los dos, aunque de forma diferente.

El tercer elemento del ataque del PSOE ha sido el célebre encuentro sobre redes sociales, donde Zoido y Torrijos fueron con un folio y Espadas lució un Ipad. Dicen que Zoido esta semana ha paseado ya el suyo por Los Pajaritos. Prueba de que es necesario para dar la impresión –otra cosa es el fondo– de que se domina la materia. Las opiniones al respecto del duelo son variadas, pero por lo general vienen a favorecer a Espadas, aunque sin entusiasmo. Desde entonces, el equipo de campaña del PP no ha aceptado más debates que el de Giralda TV, solicitado antes del patinazo.

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¿Quién lleva ahora la iniciativa? Opiniones hay para todos los gustos. Objetivas y subjetivas. Pero nadie discute ya que estamos ante una pugna compartida. Las cosa ha dejado de ser un solitario para convertirse en un intercambio de dardos. La campaña afortunadamente discurre aún por cauces razonables –no se perciben gestos ni mal estilo entre los contendientes– y probablemente el PP esté reconsiderando su táctica actual de seguir a medio gas, casi dejándose llevar, como si Monteseirín todavía estuviera dentro del escenario político.

Su negativa a acudir a más enfrentamientos directos induce a pensar en un relativo temor. Impreciso todavía, pero creciente. Hasta el punto de que esta misma semana, y éste es el hecho simultáneo a la ofensiva del PSOE, Zoido ha advertido a las bases de su partido de los riesgos del “exceso de confianza”. El problema, más que de confianza, se antoja auditivo: en el equipo del candidato llevan demasiados meses retroalimentándose a sí mismos sin que las encuestas despejen la incógnita de la mayoría absoluta. Nada está perdido. Pero el triunfo, si llega, no será natural ni indoloro, sino consecuencia de la decisión de los votantes. Hay pues que votar. Roma no ha caído.

Espadas: inmersión total

Carlos Mármol | 4 de febrero de 2011 a las 7:10

El candidato del PSOE defiende ceder la iglesia de San Hermenegildo a las cofradías. Hace unas semanas hizo lo mismo en el convento de Santa Clara con las bandas de Semana Santa.

Espadas está que se regala. Entregado. El candidato del PSOE a la Alcaldía, que en su afán por recuperar el terreno perdido durante los meses previos de campaña ha iniciado una inmersión acelerada en la Sevilla eterna de proporciones mayúsculas –con cierto éxito en sus primeros lances, a juzgar por la reacción airada de la muchachada del PP–, se ha descolgado esta semana con la propuesta de que San Hermenegildo, antiguo colegio jesuita, debería destinarse a funcionar como sede oficial permanente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla. Casi nada.

Lo nuevo no es la idea, que los cofrades de profesión y condición vienen reclamando desde hace ya algún tiempo, sino las bendiciones inmediatas (estamos en tiempo de conversiones, en las vísperas; no se olvide) del candidato socialista, que apenas unos pocos días antes había sorprendido a la Sevilla culta –escasa, minoritaria quizás, melancólica casi siempre– con la propuesta de entregarles a las bandas de cornetas y tambores buena parte del convento de Santa Clara.

Los guiños que la candidatura del PSOE a la Alcaldía pretende hacer al mundo cofrade dan que pensar. Sobre todo en términos de contención. Habrá quien piense que tal cordialidad es impostada, fruto de la necesidad de cosechar votos, y quien estime que es algo natural. En política determinadas cuotas no son patrimonio de nadie. Aunque la verdad es que en Sevilla parece que todo el mundo oficial ha asumido la ficción de que cualquier aspirante al bastón de mando municipal debe ser aceptado por el lobby de las hermandades, dicho sea, por otra parte, sin ánimo de ofender.

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Hablamos, en la mayor parte de los casos, de gente de orden. Todo cordialidad. Algunos presumen de ir siempre de frente pero, a los hechos me remito, casi todos sus movimientos los hacen por detrás. Algo, por otra parte, corriente en Sevilla, donde las dagas se clavan entre sonrisas y loas a las vírgenes. La pretensión de las cofradías de tomar posesión de San Hermenegildo aspira a dotar de un edificio simbólico al creciente, al menos virtualmente, poder morado. La finca de San Gregorio debe parecerles poca cosa para la intensa actividad social y cultural que desarrollan durante todo el año. En esto último hay que darles la razón: están todo el año en lo suyo. Tienen afición.

Los socialistas parecen decididos a entregarles todo lo que pidan. Con el tiempo terminarán poniendo el palquillo en Plaza Nueva. No lo duden. No es la primera vez, además: el alcalde saliente, que siempre critica a los “sectores inmovilistas” de la ciudad, ha pactado con ellos en casi todas las posiciones posibles hasta llegar al punto de entregarles el patrimonio común. Ejemplos hay legión. Cito uno: la salida (después pospuesta) del área de Cultura de su sede de la calle El Silencio para cederla a dicha hermandad, una de las más reacias a admitir mujeres. Sin contar los abundantes cambios del nomenclátor, incluso de los escasos nombres históricos que nos quedaban, para mayor gloria de la operación mitológica de reinventar la Nueva Roma, como si Sevilla, además de ésta, no tuviera otras perspectivas.

En el caso de San Hermenegildo la cosa es doblemente llamativa. En primer lugar, por la justificación. Según la nota remitida ayer por el PSOE, la sede del reino cofrade “debe estar en el corazón de la ciudad porque tanto el Consejo como el Ayuntamiento lo primero que quieren es pensar en los sevillanos”. Me lo expliquen. ¿Si estuviera en El Porvenir no sería pensar en los sevillanos? ¿En Pino Montano sería un demérito? ¿No hay forma de que entiendan que en la Sevilla extramuros hay vida inteligente?

San Hermenegildo, como todos los edificios históricos, es demandado quizás por el deseo inherente a las cofradías de ocupar todos los espacios de representación social. No les basta con collaciones, iglesias, casas de hermandad, talleres y, si me lo permiten, la esquina de Catedral donde quieren colocar la estatua de Juan Pablo II. No es lo mismo, dirán. Claro, claro.

Es cierto que la antigua sede del Parlamento andaluz fue territorio jesuita. Hay quien interpreta que la vuelta a esta tradición eclesial está pues culturalmente justificada. Se olvida, sin embargo, que dicho recinto ha tenido otros usos que bien podrían inspirar a quienes desean su recuperación. Fue sede –efímera pero significativa– de las Cortes españolas en 1823, cuando Fernando VII trasladó la corte a Sevilla huyendo de los Cien Mil Hijos de San Luis.

La España oficial se cobijó bajo su techo mientras la Sevilla de entonces, extrañamente similar a la de hoy, sesteaba en su eterno letargo. Lo cuenta Rafael Sánchez Mantero: “Sevilla era entonces una ciudad provinciana, encerrada en sí misma, sin burguesía emprendedora que asumiese la tarea de dinamizar la vida económica, con una agricultura estancada e incapaz de benerar beneficios para impulsar una revitalización industrial. Sólo destacaban las industrias estatales”. Tan mal estaban las cosas que ese año “se suspendieron las cofradías y disminuyeron las ordinarias funciones religiosas”.

Hay que reconocer que en algo sí hemos cambiado: ahora a nadie se le ocurriría suspender las procesiones. San Hermenegildo también albergó en 2001 una exposición que a Espadas le ayudaría a entender que del pasado es de donde siempre brota el futuro. Pero de un pasado distinto. Se llamaba Memoria del Futuro. Y la organizaron dos arquitectos ejemplares: José Ramón Moreno y Félix de la Iglesia. Compendiaba una Sevilla utópica y excelente que, por desgracia, nunca pudo ser.

Tiempo de conversiones

Carlos Mármol | 3 de febrero de 2011 a las 7:07

Zoido se apunta ahora al carril-bici a pesar de criticar su ejecución tras elogiarlo el alcalde de Málaga. Torrijos tira de hemeroteca para recordarle su falta de fe en la movilidad sostenible.

Estamos en febrero. Todavía parece algo pronto para hablar del tiempo de las vísperas. ¿Vísperas de qué? Las vísperas del gozo, hombre, que esto-es-Sevilla. ¿Cómo? Los días exactos que quedan para el Domingo de Ramos. ¿Desde cuándo contamos? ¿A partir de diciembre? ¿Acaso desde enero? A juzgar por las súbitas conversiones que se suceden estos días en la precampaña electoral, hablando con propiedad habría que decir que sí. Ya estamos en vísperas. Si algo bueno tiene la cercanía del 22-M son las buenas intenciones y el aire de positivismo que inunda a los equipos de campaña. De los candidatos, ni hablamos. Se salen.

No se confundan. No me refiero de nuevo al afán de (casi) todos los alcaldables por atender los siempre inquietantes problemas de los humildes músicos cofrades o las hermosas devociones de distrito. No. La cosa hoy tiene más bien un matiz laico. Pero no se asusten: sólo es una palabra. No pasa nada. O sí. Sucede, que diría Neruda, que el candidato del PP a la Alcaldía, Zoido (Juan Ignacio), se cayó ayer del caballo de Pablo de Tarso y se montó (de forma figurada, claro) en la bicicleta, pues el predestinado líder descolocó a todos defendiendo las obras del carril-bici, aunque con matices. Nadie es perfecto.

El juego de cintura del popular era obligado después de que el regidor malagueño, Francisco de la Torre (PP), alabara algo de Sevilla, lo que no es común: el carril-bici. Espadas aprovechó para recordarlo en voz alta y, en el intercambio digital de lemas y otras lindezas con el que se entretienen los asesores de ambos equipos –sin mérito: todos están pagados–, salió de pronto Zoido en avatar: “Nunca me he opuesto al carril-bici, sí a la improvisación, a la falta de diálogo y a las obras mal hechas”. Caramba.

Torrijos, el candidato de IU, que llevaba algunos días sesteando, no podía dejar pasar semejante ocasión. En su blog acusó al PP de sumarse al ciclo ganador ahora que el 7% de los sevillanos usan la bici de forma habitual. Por moda. Aderezaba el líder de la federación de izquierdas su análisis (dialéctico, obviamente) con su particular hemeroteca, donde reproducía una intervención de la diputada y ex edil Alicia Martínez en la que criticaba el gasto de 6,7 millones de euros en la iniciativa. “El PP se quiere subir a lomos de este caballo ganador cuando en los inicios no hacían más que obstaculizar su implantación. El PP es una copia descreída. IU es el original”. Bueno.

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Debió sentar muy mal el golpe a la muchachada de Zoido –en las redes sociales los denominan con el gráfico calificativo de monaguillos– porque alguno quiso recordar que si Torrijos coge la bici es “porque es eléctrica”. Las huestes comunistas, ofendidas, lo negaron ipsto facto: “Torrijos no tiene bici eléctrica”. Uno, sin dar crédito, se hace una pregunta: ¿Todo esto es necesario?

En honor a la verdad hay que decir que, al menos en el momento que Torrijos cita en su blog, el PP no se oponía al carril-bici. Más bien hacía un doble discurso: criticaba el gasto pero sin discutir la mayor. Una vieja estrategia política destinada a poder decir una cosa y su contraria en foros distintos sin faltar del todo a la realidad.

No hace falta buscar antecedentes, en todo caso: el PP nunca ha creído en la bicicleta como alternativa de transporte. Lo veían como cosa de países comunistas (China, Cuba) hasta que algunos empresarios –sí emprendedores– se compraron una bici de montaña y empezaron a pasear por la Campana. Cuando la bici se puso de moda, todo cambió. Tampoco el PSOE, que también se apunta el tanto, creyó en la iniciativa en su origen. En realidad, incluso en ciertos sectores del comité central del PCA había sus dudas. Y eso que eran pocos.

Lo cierto es que el éxito del carril-bici se debe esencialmente al movimiento social (A Contramano), aunque es justo decir que su entrada por la vía institucional la impulsó IU. Fundamentalmente gracias a un abogado que se llama José García Cebrián y al que, que se sepa, ni unos ni otros han dado las gracias. De nada, de nada.

Todos los demás han venido a subirse al carro del triunfo –cosa muy común en Sevilla, por otra parte– con el tren en marcha. La verdad es que los 120 kilómetros de la red son un empeño de la federación de izquierdas cuya paternidad todos reclaman. No es malo: lo mejor del éxito es compartirlo, pero sin olvidar los tiempos oscuros en los que hablar de movilidad sostenible producía risas. Claro que todavía ocurre: hay quien piensa que la gente es gentuza cuando no se aparta al paso de su coche. De psiquiatra.

Dicho esto, hay que reconocer que si Zoido no cuenta con elementos para pedir que creamos que su conversión es sincera al menos sí tiene razón en los matices: hay tramos que están francamente mal hechos y que, sobre todo, priorizan al ciclista sobre el peatón. A riesgo de que Ricardo Marqués (principal defensor de la cosa) me sature el mail jurándome venganza eterna por escribir estas cosas (es lo bueno de la libertad), la realidad es indiscutible.

La iniciativa es buena, funciona pero, en lo que se refiere a su ejecución, deja algo que desear. Mejor que nada, dirán. Sí. Pero ¿por qué no mejorar? Claro que si el PP tanto descontento tiene con la ejecución de las obras ¿por qué desde la oposición no ha exigido a las contratas que las hicieron a cambio del dinero de los sistemas generales del PGOU mayor calidad en su trabajo? Quizás si empiezan a recordarse quiénes fueron los adjudicatarios (cada tramo tenía uno distinto) se entienda el silencio (parcial) de Zoido con este asunto.

Juventud, egolatría madura

Carlos Mármol | 2 de febrero de 2011 a las 7:45

Zoido intenta recuperar el terreno perdido ante Espadas entre los electores más jóvenes a través de la plataforma ‘yodecidosevilla.com’ un día después de fotografiarse con Aznar. gran baluarte ideológico del PP.

Bueno. Está visto que después de los sevillanos que aman el son de las cornetas –aquellos que dedican su tiempo libre a las marchas de Semana Santa– el colectivo más mimado por los dos grandes candidatos a la Alcaldía de Sevilla es el de los jóvenes, los nuevos electores –algunos ya no tanto– que oscilan entre la adolescencia prolongada y el inicio (siempre prematuro) de la madurez. No sé cómo estará ahora la cosa, pero hasta hace nada, según la Junta, uno todavía era joven con 35 años.

El alcaldable popular, Zoido, abrió ayer a los espacios digitales (siempre fecundos, siempre entretenidos, pero virtuales al fin y al cabo) una plataforma específica con la que persigue, después de varias semanas de estar ocupado en otras cosas, recuperar parte del terreno perdido entre los electores universitarios.

En esta cuestión Espadas le había sacado algunos puntos (relativos) después de dos reuniones con las asociaciones de estudiantes de las universidades sevillanas, aunque, a decir verdad, ahora que lo pienso resulta algo comprometido hablar de una sociedad abierta, sin mediadores oficiales, y empezar la interlocución juvenil justo con las delegaciones de alumnos, viveros de tanta vocación política. ¿Qué sería de la universidad sevillana sin sus delegaciones de alumnos?

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Hablábamos del PP. No nos distraigamos. En el equipo de campaña de Zoido, donde abunda la bisoñez, con todo lo bueno y malo de tal condición, siempre se replicó que en materia de juventud en realidad Espadas no hacía otra cosa más que copiar al líder Zoido. Lo de siempre: la teoría del efecto. Quizás. Muchachada desde luego tiene el PP de largo para saberlo de primera mano.

No digo yo que no tengan los chicos razón, pero sólo decirlo parece haberse demostrado algo insuficiente, o quizás es que quieren curarse en salud, porque finalmente han optado por poner en pie la campaña yodecidosevilla.com, con la que intentan implicar a los jóvenes en la tarea de pensar la nueva ciudad.

Como la presencia en la redes sociales es esencial, pero no sinónimo de triunfo, el propio candidato salió ayer en persona a presentar sus ideas para los jóvenes, incidiendo en la cuestión del empleo. En la web este aspecto queda algo difuso dada la inevitable vocación lúdica (frescura, lo llaman) con la que el PP tiende a vender su política sobre la materia. Debe ser cosa de tanto ir al Boss. Pero parece que tuvo éxito: hasta primera hora de la tarde habían visitado el portal unas cien personas (incluyendo a los periodistas).

 Algunas de las propuestas de Zoido están muy bien: incentivos a las empresas sevillanas que contraten –de forma estable, ojo– a los jóvenes, ayudas a la formación e itinerarios concretos para asesorar a los que busquen empleo. Otras ya no tanto. Que en el Ayuntamiento entren becarios puede dar que hablar entre el cuerpo de los funcionarios –ahora bastante críticos– y, sobre todo, se antoja algo peregrina la idea de crear un Observatorio Municipal de Empleo y un Instituto de Formación.

El PP tiende a ridiculizar la obsesión por los observatorios de los socialistas. Sobre todo, los de género. No se explica pues cómo, acaso contagiados por algunos de los electores socialistas que Zoido dice tener –”es que hasta me paran por la calle, oiga”–, han caído en lo que censuran. ¿No quedamos que había que desmontar toda la administración paralela?

Claro que siempre habrá quien considere estas cuestiones excepciones lógicas a la norma. Tenemos claro el sendero. Lo ha señalado Aznar. Zoido, justo por eso, se retrató, como se decía antiguamente, este lunes con el gran referente ideológico del PP. Parece natural que el candidato a la Alcaldía busque el respaldo de la dirección nacional de su partido. De hecho, lo tiene.

Pero si su intención de verdad es captar al electorado socialdemócrata desencantado y seguir con la tesis de que la política municipal no requiere ningún ejercicio de ideología, la placa con Aznar parece algo contradictoria. ¿La FAES no es pura ideología?

Aunque todo puede deberse a un exceso juvenil de madurez. Pasajero, sin duda. Baroja decía que la juventud es un periodo vital pleno de egolatría, en algunos casos múltiple. Lo decía con 40 años. Que Zoido intente captar el voto joven con el argumento del cambio es natural. Pero sus asesores deberían atenuar los excesos expresivos: eso de Yo decido Sevilla, más que suscitar la empatía de los posibles electores, puede ser usado como muestra expresa del afán personalista que tiñe toda su campaña. El PSOE sostiene que se lo ha copiado a su candidata en Tomares. Peor parece. En Sevilla o en Tomares siempre hay quien cree en los políticos predestinados. A otros les dan miedo. Todos votan. No se olvide.

Capitalidad recurrente

Carlos Mármol | 1 de febrero de 2011 a las 7:30

Zoido promete en Madrid una ley de capitalidad cuya elaboración no entra dentro de sus competencias. Espadas habla de ‘participación digital’: la eterna promesa fallida.

El guión, previsible. Sorpresas, las mínimas. Al igual que durante los primeros compases de esta larguísima precampaña ha aparecido, más pronto que tarde, la discusión sobre cuál es el concepto de la ciudad que tienen los candidatos a la Alcaldía de los grandes partidos políticos, era cuestión de oportunidad (electoral, se entiende) que en el rosario de debates inducidos brotara, como un misil, la eterna discusión sobre la condición y el rango de capitalidad de Sevilla, tema que acostumbra a poner nerviosas al resto de urbes andaluzas. Esencia y orgullo hispalense, dos asuntos que suelen a ir parejos y que, casi siempre, dan problemas.

Ha sido el candidato del PP quien de nuevo ha vuelto a enarbolar la cuestión como banderín electoral. Nada nuevo. En 2007 ya hizo lo mismo. Zoido se plantó entonces en el Pleno (cuando no era ni siquiera concejal, igual que hoy le ocurre a Espadas) para tratar de capitalizar, con Raynaud aún en activo, la discusión sobre la necesidad de que la Junta “compensase” a Sevilla por el hecho de ser capital regional. Aquel debate no fructificó en nada concreto, pero al PP le sirvió para fabricar otra afrenta del PSOE contra Sevilla. En el fondo, era de lo que se trataba.

Ayer repitieron la jugada, con alguna variante de ocasión, en Madrid. El foro: la fundación FAES, el think tank que preside Aznar, que ha iniciado una cruzada política para desmontar el Estado autonómico que, probablemente, aunque parezca una paradoja, puede terminar consolidando el inestable e interesado apoyo de los nacionalistas en favor de Zapatero hasta el fin de la actual legislatura.

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El alcaldable del PP, crecido por codearse con Aznar (lleva dos fotos con la plana mayor de su partido en apenas dos semanas; ¿se irá a Madrid si no gana?), prometió elaborar una ley de capitalidad para “blindar” los recursos económicos que Sevilla necesita dada su condición de residencia autonómica. La propuesta encaja dentro de la estrategia de los populares de aparecer como defensores de los ayuntamientos, cuya situación económica es más bien ruinosa.

La iniciativa, probablemente necesaria en términos objetivos, tiene sin embargo ciertos sesgos partidarios. Y alguna debilidad. En primer lugar, en lo que se refiere a su viabilidad. Zoido, incluso en la Alcaldía, no tendrá capacidad de legislar. Los municipios no hacen leyes, sino ordenanzas. La promulgación de dicha ley, por tanto, dependerá más bien de que el PP acceda a la Junta o al Gobierno central. La promesa, por tanto, habría que ponerla en cuarentena.

Obviamente, el candidato del PP sí puede reclamar su aprobación, como alcalde y como concejal, al resto de administraciones, donde los conservadores (según las encuestas) tienen opciones de ganar. En tal supuesto, la reivindicación carecería de sentido. ¿Motivos? Dado el respaldo expreso de Rajoy y Arenas a la figura del líder del PP municipal, es de suponer que una de sus primeras futuras medidas de gobierno será justo dicho punto. Más que nada para no dejar mal al (hipotético) futuro alcalde.

Por otra parte, habría que preguntarse a qué instancia compete en realidad la elaboración de dicha ley. En España existen dos modelos: el de Madrid y Barcelona, que cuentan con leyes orgánicas, y por tanto aprobadas en Madrid por el Ejecutivo central; y el de Santiago de Compostela y Palma de Mallorca, de ámbito autonómico. Ni que decir tiene que las capitales con mejor coyuntura son las dos principales urbes españolas.

El PP, sin embargo, ha enfocado desde el origen su reivindicación al ámbito autonómico, mayormente para abrirle una línea de agua a los socialistas, que, aunque incluyeron el asunto en el Estatuto de Autonomía, lo cierto es que no tienen intención alguna de dar un trato legislativo singular a Sevilla. El camino elegido por Zoido es de rango inferior al de Madrid y Barcelona. Dicho esto, estemos tranquilos: si el predicamento del líder del PP local en Madrid es el que aparenta en las últimas fotos, no cabe duda de que Rajoy modificará la ley de bases de régimen local para hacer en Sevilla lo que la Junta no ha querido nunca asumir: blindar sus recursos económicos. Seguro que ocurre. ¿Quién lo duda?

Lo mismo debería suceder si Arenas gana las elecciones regionales dentro de un año. Claro que si al final no sucede este supuesto, la cantinela de la capitalidad va a ser uno de los clásicos del alcaldable del PP si termina accediendo al poder. Algo similar a lo que en su día ocurrió con el Metro: Becerril lo reclamó durante años pero la línea 1 sólo se acometió cuando Rojas Marcos pactó con Chaves darle la Alcaldía a Monteseirín. Reivindicar no está mal, pero parece más efectivo pactar. Si se quiere, claro.

Espadas, de momento, no ha entrado en la cuestión de la capitalidad. Lo suyo es la Sevilla metropolitana y las nuevas formas de gobierno, asunto sobre el que ha abierto un foro en su web. El candidato del PSOE promete usar las redes sociales para dar más cauces de participación a los ciudadanos. ¿No están justo para eso? Claro que esto de la participación es un asunto relativo.

Participar, salvo para aplaudir, no sirve de nada si la información pública (los expedientes municipales) no está a disposición de todos los ciudadanos. Expedientes que pagamos todos. Hasta ahora el PSOE se ha caracterizado, al igual que el PP, por utilizar la información pública en su beneficio. Gobernar mejor no es usar internet, sino aceptar que en política debe haber luz y taquígrafos. Cosa mucho más difícil.

Largo me lo fiáis

Carlos Mármol | 29 de enero de 2011 a las 7:32

Espadas quiere dar becas para fomentar vocaciones empresariales en la Universidad con viajes al extranjero mientras Torrijos y Zoido trasladan la precampaña al Pleno del Ayuntamiento de Sevilla.

Debe ser fruto de un raro espejismo o, acaso, una suerte de combinación astral, pero lo cierto es que la precampaña tiene sus puntos muertos –aparentemente; las guerras de verdad siempre son subterráneas– casualmente todos los viernes o, al menos, un día concreto de la semana. La coartada acostumbra a ser de índole institucional –que si sesión en el Senado, que si Pleno en el Ayuntamiento– pero los hechos son que uno u otro de los dos grandes candidatos a la Alcaldía hispalense aprovechan para retirarse de los focos –o aparecer de otra manera– para no dar la sensación de que lo único que tienen en la cabeza es la carrera electoral. Existen otras cosas, claro está, entre ellas la familia. Sobre todo, la de sus principales asesores.

Ayer el paréntesis electoral le correspondió a Zoido, que tuvo la excusa del Pleno municipal, como si desde la Plaza Nueva no se pudiera –de hecho se puede– seguir haciendo propaganda política. El alcaldable del PP, que hace unos días presentó su propuesta para configurar una Zona Franca en el puerto de Sevilla, se encontró con la sorpresa de que los socialistas la aprobaron sin rechistar. Sólo Torrijos se le resistió. Cosa natural, por otra parte. Después de tanto dibujarlo como un Júpiter tronante no querrá el candidato conservador recibir cariño del agrio capitán de los comunistas, como insiste en llamar la muchachada del PP a los ediles de IU.

El triunfo de Zoido, ante un Pleno municipal en el que el alcalde estaba (políticamente hablando) todavía de cuerpo presente, hay quien lo considera, y así han dejado constancia, un ejemplo de cómo desde la oposición se puede mejorar la ciudad. Evidentemente, es una forma lícita (y entusiasta) de verlo. También hay quien piensa algo distinto: en realidad el PSOE, dado que la idea es un poco antigua, había sido incluso planteada por los empresarios y la Autoridad Portuaria en su día, no tenía motivos serios para oponerse. De paso, además, dejaba al candidato del PP sin uno de sus últimos banderines electorales. Si pasa a ser un proyecto de todos, dejará de serlo sólo de Zoido. La mejor victoria consiste en tratar de diluir al enemigo. Convertirlo en una víctima o en un héroe, como ha hecho el PP con Torrijos, sólo ayuda a que éste se haga notar mucho más. Y no conviene.

Torrijos, que también llevaba al Pleno dos mociones políticas de alto contenido electoral –su oposición a la reforma de las pensiones y sus críticas al incremento del recibo de la luz– no tuvo sin embargo la misma fortuna que Zoido. ¿Es el preludio de un singular pacto PSOE-PP contra IU? No lo parece. Sencillamente los socialistas no estaban por seguir la táctica del alcaldable de la federación de izquierdas, que, al igual que el Zoido durante los últimos seis años, quiere utilizar el máximo órgano de gobierno de la ciudad para dejar claro a los electores –que tengan la paciencia de seguir los plenos, claro– cuáles son sus planteamientos políticos.

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Espadas, en cambio, no tiene ese foro. El candidato del PSOE, de hecho, no ha pisado el Ayuntamiento todavía de forma oficial. Entre las filas socialistas hay quien considera que con esta decisión comete un error, aunque más bien, dado el interés de ciertos dirigentes de pasado crítico, y conducta tan voluble como sople el viento de las listas, tal cuestión tiene más de trampa que de consejo. ¿Cómo va a ir Espadas al Ayuntamiento si aún (al menos legalmente) allí el señor regente es Monteseirín? Sería una forma de quebrar el pacto de no agresión existente entre ambos.

El candidato socialista busca llegar a otros ámbitos y usa otras fotos distintas a las que perseguía Zoido en su estreno como candidato en 2007. No gana nada irrumpiendo en la vida municipal y sí opciones –al menos eso cree su gente– planteando sus propuestas contra el principal problema social: la economía. Ayer se reunió con los alumnos de las dos universidades sevillanas para explicarles que, además de contar con su opinión (en elecciones hay que contar con todo el mundo, como es sabido), piensa poner en marcha, si es alcalde, un programa de becas con el fin de que los universitarios aprendan a montar empresas. La idea es financiar salidas al exterior para que el talento que está en las aulas se traduzca en nuevas altas en el registro mercantil.

Sobre el particular habría que recordarle al candidato socialista lo de siempre: ¿de dónde va a salir el dinero? Por otro lado, resulta curioso que vayamos a convertir en becarios hasta a los empresarios (del futuro). Nadie nace sabiendo. Es obvio. El problema es que este proceso de formación de empresarios júnior –¿no sería mejor que algunos de los que ya están en activo aprendan cómo mejorar la productividad en sus empresas?–, con independencia de que pueda fracasar como resultado del síndrome Erasmus, se antoja de excesiva maduración política si se mira hacia los barrios y se percibe la insoportable cercanía de mayo. Largo me lo fiáis, que decía el clásico.

Candidatos de marca

Carlos Mármol | 28 de enero de 2011 a las 7:00

Espadas se salta los filtros patronales habituales y reúne a 30 empresas para vender su proyecto metropolitano. Zoido promete hacer un museo Pompidou en el mercado de la Carne.

La publicidad, como todas las artes, es un ejercicio de síntesis. De destilación conceptual. Su práctica, como es propio de todos los oficios creativos, consiste justamente en el hecho de saber simplificar lo complejo sin llegar a traicionarlo. Cosa harto difícil en los tiempos que vivimos, donde se tiende a confundir la propaganda con las ideas y el discurso con las ocurrencias; o con lo que algunos, en Sevilla sobre todo, llaman el ingenio. La bendita gracia.

En el ritual teatral que forzosamente es cualquier campaña electoral hace falta, evidentemente, un mínimo de dramaturgia; capacidad para la puesta en escena y, también, asunto que con frecuencia suelen olvidar los asesores de los candidatos, alguna habilidad para saber verbalizar ciertas ideas de forma que, sin caer en lo previsible, produzcan en los demás ese raro extrañamiento que es la génesis del interés.

Hay quien, en el juego por el poder que son unas elecciones, intenta emocionar y quien aspira a encarnar a Napoleón, pero rara vez se logra convencer a (casi) nadie si no se explica cómo se piensan hacer las cosas. Pedirle utopías a un político es lo habitual. Que las prometa, lo ordinario. Que las consiga se antoja ya mucho más complicado, sobre todo dada la situación económica del país y, en el caso de las elecciones municipales, del Ayuntamiento.

Ante tantas dificultades los candidatos a la Alcaldía de Sevilla decidieron ayer, con éxito relativo, tirar sólo de lemas para, a falta de números, resumir sus propuestas. El PSOE eligió la economía y el PP la cultura. En ambos casos, sin embargo, sus proyectos coincidieron en el mismo concepto: hay que hacer marca. Que haya algo detrás de esto es discutible. Al parecer, hacer marca es una forma de resumir, con una mera frase, sus intenciones, que, lógicamente, son formidables.

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Juan Espadas, el candidato socialista, presentó en sociedad su proyecto metropolitano, bautizado con el arriesgado nombre de Sevilla metrópoli. Aforo tuvo. Y cualificado: más de 30 empresas cuya virtud es ser referentes en sus respectivos sectores en unos momentos de debacle económica global. Habrá quien insista en decir que la sociedad civil, que no siempre se presenta a las elecciones, sigue sin acudir a los actos del alcaldable del PSOE, pero la nómina de asistentes aconsejaría cambiar de cantinela.

Estuvieron firmas grandes, medianas y pequeñas. Algunas alejadas de los habituales círculos patronales que, como todas las circunferencias, que se sepa, empiezan y terminan siempre, salvo que se demuestre lo contrario, en el mismo punto. Que su receptividad real ante la idea de Espadas de crear un consorcio metropolitano para poder captar inversiones sea mucha o poca se irá viendo, pero el hecho objetivo es que estuvieron, lo que demuestra es que en la lucha por la Alcaldía hay partido.

Para los socialistas no es poco, dada la tormenta que está cayendo a nivel nacional y la exitosa estrategia del PP de dar por descontada su victoria, como si las elecciones (el hecho nuclear) fuera poco más que un trámite. La prueba del algodón de la idea metropolitana que el PSOE insiste en abrazar en estos comicios, sin embargo, no es de índole privada, sino más bien pública. Hasta ahora sus ayuntamientos han boicoteado la propuesta.

Empezará a ser creíble cuando, además de los empresarios, que como personas educadas se sientan con cualquiera que proponga proyectos, se arrimen los alcaldes metropolitanos, casi todos del PSOE, por cierto. Al menos al asunto no le han llamado Gran Sevilla, nombre rutilante que, en el fondo, por lo menos en el célebre soneto con estrambote de Cervantes, no era más que una ironía sobre los aires de grandeza, paralelos a los de debilidad, de esta ciudad.

Zoido buscó ayer su sitio junto al mundo cultural sevillano. Pero, quizás porque en el fondo el tema le parecía algo etéreo, eligió un atelier como decoración para hablar de las “industrias culturales”. De los talleres a las industrias hay un trecho grande. Todavía nos queda para emular a Barcelona. Por otro lado, que la cultura genera empleo debe ser en la administración, porque con los tiempos que corren (con internet se piensa que nadie tiene la obligación de pagar por los contenidos) raro es el creador que puede vivir de su oficio sin entregarse en brazos del poder.

Zoido, que llama a su propuesta Sevilla, excelente cultura, dijo que su objetivo es “la defensa la creatividad” y convertirnos “en referente internacional”. Nada que objetar. En los aspectos culturales quizás es donde el alcaldable del PP menos quiere cambiar las cosas. Hasta parece que quiere conservar el Festival de Cine. Su enfoque, no obstante, parece ir siempre por el lado del turismo.

Cosa llamativa: que en una determinada ciudad exista cierto movimiento cultural, debate de ideas, controversia intelectual y algo de sentido crítico (algo que por aquí no abunda) no debería ser tanto un atractivo para los visitantes como un valor social para sus propios habitantes. Claro que esto, por lo general, suele molestar al poder, cualquiera que éste sea.

Sobre cómo lograr semejante transformación la receta se oscurece. Dinero público no hay. Privado tampoco. Basta ver a la Biacs. Este factor de momento a Zoido debe parecerle muy secundario. Ayer mandó a tomar viento su apuesta por la micropolítica (que en realidad es la política municipal de toda la vida) prometiendo hacer un gran museo Pompidou en el mercado de la Puerta de la Carne. Una duda me atenaza. ¿Hablamos del Pompidou de París o del de Metz? No es lo mismo.

Al fondo hay sitio

Carlos Mármol | 27 de enero de 2011 a las 6:35

Espadas persigue los votos de la Sevilla cofrade, sección bandas de cornetas y tambores, con una propuesta para ubicarlas en el monasterio de Santa Clara. Zoido sólo les prometió un local en Arte Sacro.

Cambio nave en un polígono industrial del Norte de Sevilla por parte de un convento restaurado en pleno Casco Histórico. Razón: candidato a la Alcaldía en las elecciones de 2011. ¿Ustedes qué responderían?

En el afán, casi se diría obsesión, de los alcaldables por agradar al personal (perdón, a los electores) la larga precampaña nos ha deparado ya algunas estampas singulares. Entre ellas, sin duda, está aquella célebre foto de Zoido, el predestinado líder del PP municipal, apoyando a las bandas de rock duro –mediante un plan de ayudas económicas a salas de propiedad privada; la dureza no excluye la subvención– y la que Juan Espadas se hizo ayer con el llamado consejo de bandas de música procesional de Sevilla, que, como la cita era de trabajo, fueron sin tambores y sin cornetas. Menos mal.

Este colectivo, que dice agrupar a algo más de 2.000 sevillanos que disfrutan en su tiempo libre tocando marchas de Semana Santa, reclamaba al candidato socialista lo mismo que en su día ya pidieron al del PP. Un espacio propio. Un lugar para ensayar. Lo de siempre. Una petición que, cualquiera que quiera dedicarse a la música en Sevilla, sabe que no es nada fácil de lograr. Salvo en campaña electoral.

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Sevilla es una ciudad paradójica. Teniendo toda una familia de equipamientos culturales de uso más bien limitado –Estadio Olímpico, Auditorio de la Cartuja, salas teatrales, bares– carece al mismo tiempo de espacios suficientes para ubicar al músico de base. Aquel que sólo toca un instrumento. Una de dos: o no aprovechamos lo que tenemos o los lugares disponibles se otorgan por aquello que dijo el clásico –ser vos quien sois– en lugar de con criterios objetivos.

El caso es que los músicos cofrades llevan décadas tocando en la calle. Casi siempre torturando al vecindario, incluso a aquel al que pudieran gustarle un rato las marchas militares y la música de las procesiones, que a mí, como dijera Brassens, ambas nunca me supieron levantar. Como en esta ciudad hay gente para todo –cosa que en ciertas ocasiones no quiere admitirse desde determinados sectores– el problema es tan común como independiente del género musical del que se trate. La Sevilla tradicional y la Sevilla rockera comparten idénticas carencias. Aunque, claro está, en las escalas modestas. Las altas, como ya sabemos, no tienen problema

La cuestión clave es cómo solucionar la vaina. El objetivo de los candidatos de ganar sufragios en estos sectores –el tiempo dirá con qué éxito– hizo ayer que Espadas penetrara, con aparente talento, en un territorio que, según ciertas lecturas sobre la sevillanía, a priori le debería resultar ajeno. El de la Semana Santa. Es lo que tienen las lecturas patrimonialistas sobre Sevilla.

El candidato del PSOE no sólo se reunió con las bandas de música cofrade, sino que les dijo que en lugar de a una nave en Arte Sacro –el polígono previsto junto a San Jerónimo– él les llevaría y daría cobijo en el convento de Santa Clara. Espadas quiso argumentar su propuesta por el lado del empleo –escuela de luthiers– pero la idea suponía un tiro a la candidatura de Zoido, que prometió lo mismo –incluida la red de locales en los distritos– hace meses, salvo que en su caso no llegó a hablar nunca de Santa Clara.

Habrá a quien la iniciativa le parezca bien. Y quien considere que es un desperdicio, otra muestra más del extraño interés de los socialistas por encandilar a los sectores más tradicionalistas. Es natural que la cuestión produzca por igual rechazo y entusiasmo. La Semana Santa es metáfora –para lo bueno y para lo malo– de Sevilla.

A mí sólo me gustaría apuntar, incluso a riesgo de que los pontificadores morados empiecen a disparar, que la propuesta presenta de origen dos reparos. El primero: vuelve a insistir en la perspectiva centrípeta que los políticos, y una buena parte de la ciudad oficial, tienen sobre Sevilla. ¿Por qué hay que ubicar este espacio en el casco histórico? ¿Por qué se acepta que en los barrios basta con hacer locales menores? Debe ser porque en el mundo cofradiero, salvo excepciones, todavía se habla por collaciones. Segundo: el plan inevitablemente implica la desnaturalización definitiva del plan de usos del Monasterio de Santa Clara, convertido ya en una macedonia tan variopinta como contradictoria.

El convento, cuya restauración debió terminar hace cuatro años, se lo han adjudicado hasta ahora a la Casa de los Poetas –los poetas no tienen casa ni patria, pero éste es otro tema–, al llamado Centro de las Músicas Históricas, al Festival de Música Antigua, a la Orquesta Barroca, a la entidad que administra el legado de Manuel Castillo, a parte de la Fundación Mario Maya, al archivo de Cansinos Assens, a los manuscritos de Machado, al Coro Barroco, a la Orquesta Bética e, incluso, a la Asociación de Periodistas Culturales. Debe ser para que a nadie se le ocurriera decir lo obvio: ¿no cabía allí nadie más?

Santa Clara, como explicó en su día el arquitecto responsable de su recuperación –García Tapial– necesitaba un proyecto cultural único para volver a renacer. Y eso es lo único que no tenemos: un proyecto participativo, dinámico y global. Integral.

En realidad, ni la ciudad ni por supuesto los candidatos saben qué hacer con esta joya. Lo mismo que con la Fábrica de Artillería, cerrada desde que los militares nos la dieron tras cobrar las recalificaciones del PGOU. ¿Cuántos proyectos se han planteado para tan fabuloso espacio? ¿Cuántos han prosperado? Es el sino de Sevilla, mucho más en elecciones: vender humo o, sencillamente, coger al primero que se presente.

Por cierto: ¿Y aquel Museo de la Ciudad del PA? ¿No era mejor idea?

Aviones, barcos y bicicletas

Carlos Mármol | 22 de enero de 2011 a las 6:15

Los candidatos a  la Alcaldía, ante la falta de propuestas propias en materia de empleo, tratan de capitalizar en beneficio electoral cualquier iniciativa ajena que tenga la mínima viabilidad.

Les digan lo que les digan durante los próximos cuatro meses no se engañen: un alcalde tiene poco que hacer en términos de creación de empleo. Puede colaborar para que una determinada iniciativa industrial se asiente en la ciudad, pero su hipotético papel como salvador frente el problema del paro, que es el que marcará el resultado de las elecciones locales, autonómicas y nacionales, depende en realidad de otros ámbitos de decisión.

Esencialmente de dos: el Gobierno central y la administración autonómica. Ambas instituciones se reparten casi todas las competencias en la materia, por lo que a los consistorios sólo les queda el urbanismo como única herramienta para poder atraer inversores. También algo de políticas de formación (los cursillos) y el capítulo de la promoción, sobre todo si es capaz –cosa que en Sevilla hasta ahora no ha ocurrido– de mirar fuera de sus fronteras para plantear este tipo de iniciativas en clave metropolitana.

La creación de empleo depende de la salud de la economía –ahora en fase de derribo–, del ambiente reinante y de la decisión de los únicos que contratan: los empresarios. Un alcalde puede influir, animar, persuadir, insistir y un sinfín más de acciones retóricas. Pero, salvo en las empresas municipales, no tiene la solución. Las arcas municipales, además, no están para alegrías. Ya hacen lo mismo que las empresas: amortizar plazas.

Siendo esto así, como ha sido siempre, resulta pertinente analizar los pronunciamientos de los candidatos a la Alcaldía en favor de la creación de empleo. Conscientes de que los electores tienen al paro en primer lugar en la lista de preocupaciones, Zoido, Espadas y Torrijos, cada uno a su manera, han querido en los últimos días capitalizar la atención de la audiencia con algún tipo de idea, iniciativa o actitud favorable al asunto.

Lo malo es que casi ninguna de sus propuestas son originales. Esto es: no se les han ocurrido a ninguno de ellos. Como pedir ideas a un político, por lo visto, va camino de convertirse casi en una quimera –se le puede pedir una sonrisa, una promesa, un mail, cualquier cosa menos una iniciativa sólida– pues la tónica dominante es apuntarse a lo que traiga la corriente del río, el cielo o el azar.

CUADERNO DE CAMPAÑA 5 baja

Zoido, por ejemplo, mira obsesivamente al Guadalquivir. Ayer se hizo una foto con un pastel junto a la Torre del Oro y el jueves se fue al antiguo Callejón de la Inquisición para presentar su propuesta de crear una Zona Franca en Sevilla. El equipo del candidato del PP, que suele trabajarse las puestas en escena, debió pensar que no merecía la pena ir a contar la historia al actual espacio portuario y, como si estuviéramos en el Siglo de Oro, presentó la idea junto al Puente de Triana, donde el puerto es historia.

Claro que la propuesta de la Zona Franca en realidad no es ninguna novedad. Los empresarios sevillanos y la actual dirección de la Autoridad Portuaria llevan tiempo acariciando dicha idea, lo que pasa es que hasta que no se despejen las dudas sobre el dragado del río –esclusa nueva ya tenemos– la cosa parece prematura. Y permite el ataque del enemigo, que sólo tiene que relacionar el término –Zona Franca– con los escándalos de corrupción que se sucedieron en la institución homóloga de Cádiz. Si alguien desea aplicar a Zoido su propia medicina –las denuncias sobre la honra ajena– tiene base, aunque el argumento sea demagógico. ¿Acaso importa?

Si Zoido apuesta por los barcos para combatir el desempleo, Espadas ha optado por los aviones. Desde luego, la iniciativa tampoco es suya. En su web el candidato socialista alaba la apuesta de la Junta por el sector aeronáutico que, gracias al proyecto del avión militar A400M, puede permitir mantener la incipiente industria auxiliar. Lo mismo hizo en su día Monteseirín, que se arrogaba la paternidad total de esta apuesta estratégica.

En honor a la verdad hay que decir que los primeros que, en un Pleno municipal al menos, hablaron de la aeronáutica como futuro para Sevilla fueron los chicos de IU. No se asusten: no fue Torrijos, sino el añorado Luis Pizarro. Las carcajadas del resto de concejales retumbaron aquel día en el viejo salón de Plenos. Lo que son las cosas: cuántos padres tienen las victorias. Espadas parece apuntarse a ser uno de ellos: insiste en que la solución al empleo puede venir por avión. Que sea militar o no –adjetivo que puede inquietar a cierta parte de su electorado– ha pasado a un segundo plano. Es lo que tiene ver a Sevilla sólo en positivo.

¿Y Torrijos? El empleo es una de sus líneas argumentales favoritas. Si hablamos de medios de transporte (barco, avión) al candidato de Izquierda Unida le queda la bicicleta, proyecto que el PSOE lleva tiempo intentando fagocitar. ¿Crean empleo? Depende. Es cierto que en Sevilla existe un servicio de bicis que antes ni hubiéramos soñado. Y que funciona muy bien. Pero el negocio de JCDecaux es la publicidad, no las bicicletas. ¿Qué le queda? Las empresas municipales, de cuya privatización no quiere ni oír hablar. Así se lo está diciendo a todos los comités de empresa. Para crear empleo, todos al Ayuntamiento. Otra cosa es que, si las cosas siguen así, haya dinero para pagarle a nadie.