Mayo se viste de verde

Diego J. Geniz Velázquez | 12 de mayo de 2017 a las 13:56

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En la serie de Cuaresma dedicada a las tradiciones peculiares de las cofradías de pueblo, dediqué un capítulo especial a la Soledad de Alcalá del Río, en concreto, a la procesión de bajada que tiene lugar el viernes anterior al Domingo de Pasión. Hoy volvemos a esta localidad ribereña para hablar de otro rito que se celebra en plena Pascua Florida: la bajada de la Vera-Cruz. Esta procesión se inicia a la 1:00 del segundo domingo de mayo y con ella se traslada a los titulares de la corporación ilipense -el Cristo de la Vera-Cruz y la Virgen de las Angustias Coronada- desde su sede canónica, la capilla de San Gregorio de Osset, hasta la parroquia de la Asunción, donde se desarrollará la semana siguiente el quinario en honor al Crucificado, una preciosa obra (de escala menor al natural) atribuida a Roque Balduque (siglo XVI). Un culto en un mes, el de mayo, en el que se conmemora la Invención de la Santa Cruz. El Santo Leño como símbolo de la Redención humana.

Si se acercan a esta localidad, enclavada en un montículo a orillas del Guadalquivir, háganlo bien temprano, pues minutos antes de la hora indicada el casco antiguo quedará a oscuras. Totalmente apagado. Las únicas luces serán las de los centenares de hermanos que componen el largo cortejo del traslado. Desde la cruz de guía hasta el Cristo todos serán hombres con cirios verdes. Del Crucificado a la Virgen de las Angustias Coronada (portentosa y bellísima imagen atribuida a Montes de Oca) la interminable fila la integran numerosas mujeres con hachetas. También se incluye en el cortejo un relicario con el Lignum Crucis y otro con una reliquia de San Gregorio de Osset, patrón de Alcalá del Río.

Es digno de destacar la manera en que son portadas las imágenes. No van en alto. Al Cristo lo llevan tres hermanos, en posición horizontal y sin ser alzado. La Virgen, en unas pequeñas andas, es trasladada casi a ras de suelo, a la misma altura de los devotos que la portan, como si fuera una mujer más de las tantas que la preceden con sus luces. El silencio sólo es interrumpido por el rachear de los pasos. No se escucha nada.

Todo cambia al llegar a la parroquia. Allí ya está todo preparado para los cultos mayores de los cruceros. Gradas de plata, magnífico dosel, centenares de velas y un enorme velo verde esmeralda bordado por las hermanas con lentejuelas. Una vez colocados los sagrados Titulares en el presbiterio se hace la luz. Comienza entonces un pequeño traslado hasta el baptisterio, que contiene una reja de madera que fue utilizada antes en la capilla que la hermandad posee en San Gregorio. Las imágenes son alzadas ahora entre cánticos. Al llegar la Virgen a la capilla bautismal es de nuevo descendida. Se le despoja de la corona para salvar la pequeña altura del arco ojival. Empiezan entonces a escucharse los vítores más sentidos.

Esta noche es el pistoletazo de salida para una semana completa de actos y cultos. El lunes tiene lugar la exaltación. Desde el martes al sábado, el quinario, que, como curiosidad, se inicia a las diez de la noche, pues se mantiene la tradición de que a esa hora, cuando ya se ha ocultado el sol, volvían los devotos que trabajaban en el campo. El domingo es el Día de la Cruz, con función principal por la mañana (a la que acuden las hermanas luciendo mantilla blanca) y el paseo de la banda. Luego, por la tarde, sale en un pequeño paso la cruz con las cruceras más jóvenes vestidas de flamenca. Al día siguiente, en horario vespertino, tiene lugar el besapié del Cristo de la Vera-Cruz y el besamano de la Virgen de las Angustias. Una ocasión perfecta para deleitarse con la belleza y valía artística de ambas imágenes, referentes devocionales de la provincia, así como con el rico ajuar que poseen y que en nada tiene que envidiar al de las imágenes más veneradas de la capital hispalense. Luego, a las doce de la noche, los titulares regresan a San Gregorio con un traslado similar al de la bajada (en este caso llamado la subida) pero con un recorrido más reducido.

Una ocasión que nos brinda este tiempo pascual para conocer cofradías que constituyen el valioso patrimonio material e inmaterial del que presume la provincia.

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Las sombras, las luces

Diego J. Geniz Velázquez | 20 de abril de 2017 a las 20:25

SEMANA SANTA 2017.

 

Somos hijos del Barroco. La ciudad romana, la del esplendor almohade y la que fuera capital del mundo tras el Descubrimiento de América decidió quedarse con el arte que afloró en su decadencia. Fiel reflejo, quizá, de su espíritu. En esa época de pestes y podredumbre sacó lo mejor de sí misma. Entre las sombras y las luces halló la verdad de su ser. Esa certeza que sale a relucir una semana al año, aunque hay quienes se empeñen en hacerla durar 365 días. A continuación, un repaso por la subida al cielo y la bajada a los infiernos que tanto gusta por estos lares:

-Las pajaritas. Tras años en los que se recuperó este complemento, dejaron de verse este Domingo de Ramos, a Dios gracias. Aportaban muy poco. O nada. Pocas personas sabían lucirlas adecuadamente. Por desgracia, aún se siguen contemplando algunos ejemplares -nada gratos a la vista humana- en los cultos cuaresmales. Esta Semana Santa parecen haber pasado a mejor vida.

-Las mantillas. En general, bien. Se ha progresado en la correcta indumentaria que requiere. Atrás quedaron esos claveles reventones en las sienes, tan propio de los 80, la década en la que todo se sacaba fuera de quicio (incluidas esas frondosas esquinas de gladiolos). Eso sí, conviene recordar a quienes la portan que pocas cosas hay más antiestéticas que una mujer vestida de mantilla y con un botellín en la mano. Lucir dicha prenda conlleva también un recato en el comportamiento.

-Los mantillos. Bien también. Traje y corbata oscura, tonalidad acorde con la solemnidad del Jueves Santo. No se vieron muchas incorrecciones en este sentido. Tengan siempre en cuenta un detalle: deben acompañar a la mujer vestida de mantilla del brazo y no cogidos de la mano, cual adolescentes que viven su primer y edulcorado amor.

-Figurones. Personajes carentes de notoriedad pública en otro ámbito que no sea la Semana Santa. Se lucen a cara descubierta. Por lo general, portando vara. Consentidos por las cofradías. En realidad, las hermandades ponen en práctica con ellos una labor de caridad: dotarles del protagonismo que no tienen ni profesional ni personalmente. Tras lo visto este año, dicha especie está lejos de extinguirse.

-Trajes de anticuario. Maravillosas piezas de costura que los cofrades exhiben en pregones, cultos y Semana Santa. Algunos ejemplares son dignos de ser sometidos a los estudios del IAPH. En la Cartuja se han restaurado bordados con menos años. Reliquias del tiempo. Gloria patrimonial.

-Capataces juglares. Van en aumento. Dentro de este colectivo destaca, cada vez con mayor fuerza, la variante del capataz pregonero. Un instinto que se despierta cuando ven cercano un micrófono. Rapsodas al compás del martillo. Insufribles.

-Caídas estáticas. Se imponen. Modas pasajeras que hablan de la poca personalidad de muchísimas cofradías. Quede para alegría de la retina el airoso y elegante movimiento de dos palios: la Amargura y la Bofetá. Dos cofradías clásicas sin complejos. En algunos barrios hubo palios que parecían llevados por ruedas.

-Neomisticismo. Unido a lo anterior. La ciudad vacila, como un péndulo, entre el folclore negro de diseño y la muchedumbre que vitorea el izquierdo por delante y el solo de corneta. A Dios, si acaso, lo dejamos para otro momento.

-Autenticidad. La que se sigue encontrando en las devotas del Cautivo del Tiro de Línea o en las de la Virgen de los Dolores, del Cerro. Ahí radica la verdad de la fiesta. Lo que lo sustenta todo. Vienen de lejos para enseñarnos lo que nunca debió perderse.

-A dúo. Modalidad de saeta interpretada entre dos voces. Muy de moda esta Semana Santa. Chirría más que agrada.

-La basura. Las Postrimerías de Valdés Leal habitan entre nosotros. Putrefacción tras la fiesta. Todo es tan efímero como la hamburguesa consumida -y consumada- por los abonados de la Campana. Tras los oros subyace la ciudad de la cochambre. Barroco puro.

-La Madrugada. No juguemos al CSI. Dejemos las investigaciones para los profesionales. Aunque una cosa está clara. El público de la noche difiere bastante del de la tarde del Jueves Santo y del de la mañana del viernes. Llegan a mansalva. No sólo con la silla de los chinos, sino con mesa de cámping y viandas de oferta. Incluso con esterillas. Son espectadores pasivos. Sedentarios. Incapaces de moverse en una bulla. Colonizadores de metros cuadrados. De forro polar y ropa cómoda. Quizá, la solución a la jornada haya que buscarla ahí. Y no fuera.

-Viernes Santo. Un bocado de buen gusto. Lástima que a esas alturas de la semana los cuerpos estén lacerados por el cansancio. Esa tarde reconcilia el alma.

Semana Santa 2017.

-Montes. A destacar los del Señor de las Penas (San Roque), el del Museo y el del Cristo de la Fundación. Se rompen así las alfombras uniformes de una sola flor y se logra un aspecto mucho más natural.

-Flores. Ante tanta variedad exótica en los palios hace falta un cursillo acelerado de botánica cuando llegan los días santos. De ahí que ya lo raro sea el clavel, flor esencial en pasos como el de la Virgen del Subterráneo, la Amargura, Dolores de San Vicente, el Dulce Nombre, el Valle o el de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. En la vertiente más innovadora, destacar el exorno de la Virgen de los Dolores (el Cerro), el de la Virgen de los Ángeles (los Negritos), el de la Esperanza de Triana, el de la Virgen de las Angustias (los Gitanos) y el de la O.

-Túnicas. De agradecer a la Hermandad de Pasión que el Señor luciera la túnica de los cuernos de la abundancia. Así lo concibió Martínez Montañés: portando prendas bordadas. Y así ha de mantenerse. Fuera complejos y minimalismos demagógicos. Jesús reina en Majestad.

-Potencias. Las que le pusieron al Cachorro el Viernes Santo. Un acierto junto a la corona de espinas. Atributos propios del dolor y la divinidad. Iconografía completa. Y perfecta.

-Atavíos. Muy buenos. Por citar algunos, el tul de la Virgen de Gracia y Esperanza, la naturalidad en la Virgen de las Tristezas, la perfección en la Esperanza de Triana y la expresividad otorgada a la Soledad de San Buenaventura. También destacar la saya rosa del Dulce Nombre, color patrimonial de esta hermandad. Nota a tener en cuenta: el palio está concebido para representar a la Virgen como Reina. Los experimentos en este campo, con gaseosa (La Casera, a ser posible).

-Traseras. No confundir con esas calles que sirven de urinario público. Malolientes y nauseabundas. Hablamos de la trasera de la Amargura. Ver alejarse este palio por cualquier calle es reconciliarse con la fiesta. En Ella está todo el Domingo de Ramos. Lo apolíneo vence a lo dionisiaco.

-Pascua. Un triunfo. Eso ha sido el cambio horario de la Resurrección. La cofradía de Santa Marina hace suyo el Domingo de Pascua. Atrás quedó la noche. Por delante, el día. Luz al final del túnel. Toda la claridad que necesita esta Semana Santa. A toneladas.

75 años del Nazareno. 75 años de caridad en Escacena

Diego J. Geniz Velázquez | 7 de marzo de 2017 a las 13:33

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75 años tras de Ti. Así se titula la conmemoración de los tres cuartos de siglo del Nazareno de Escacena, una de las imágenes de mayor devoción en la comarca del Condado de Huelva. El motivo de que esta hermandad sea protagonista hoy de este blog no es otro que la importantísima labor social que desarrolla durante el año y que se ve reflejada en muchas instituciones de Sevilla.

Las cifras de dicha acción hablan por sí solas. El año pasado se donaron (en números redondos) 14.000 kilos de naranjas y mandarinas, 6.300 kilos de caquis, 2.600 de garbanzos, 900 de arroz, 1.200 litros de gazpacho, 150 kilos de tomate, 840 litros de leche, 1.000 kilos de pescado, 260 botes de gel de baño y 490 botes de perfume, entre otros muchos alimentos y productos de higiene.

Entre los beneficiarios de estas donaciones se encuentran las Hijas de la Caridad que regentan los comedores sociales del Pumarejo y de Pagés del Corro, la Orden de Malta que atiende a otro comedor en el casco antiguo de Sevilla, así como el que gestiona la Hermandad del Dulce Nombre de Bellavista. También se han repartido tales víveres entre la Asociación Tú sí puedes, las hermanas del Pozo Santo, la Compañía de las Hermanas de la Cruz, las clarisas de Santa María de Jesús, la Cocina Solidaria del Polígono Sur y el Centro Amigo, de Cáritas Diocesana de Sevilla.

Una labor que sería impensable si no se contase con la ayuda de numerosos hermanos de la corporación y de voluntarios que pasan muchas horas al año dedicadas a satisfacer las necesidades elementales de los más necesitados. De ahí que en el boletín anual de la hermandad se dediquen 13 páginas a este trabajo de caridad, sin duda, el mejor patrimonio del que pueda presumir una hermandad en los tiempos actuales.

Una acción social que se convierte en la mejor manera de festejar el aniversario de una imagen que se ha consolidado a lo largo de estos 75 años en referente de la religiosidad popular del Condado de Huelva. Por tal motivo, el próximo viernes se celebrará en Escacena el vía crucis de los Nazarenos de esta comarca, presidido por esta bendita imagen. El acto piadoso comenzará a rezarse a las 19:30 en el interior de la parroquia del municipio para salir después a la calle con la sagrada imagen del Nazareno, que será portado en unas pequeñas andas. Una buena oportunidad para comprobar la devoción que Nuestro Padre Jesús genera entre los vecinos de esta localidad y de las poblaciones cercanas. El domingo tendrá lugar el pregón de esta efeméride, que correrá a cargo de Antonio Vázquez Miranda.

Una vez pasadas las vacaciones estivales, el sábado 30 de septiembre, el obispo de Huelva, monseñor José Vilaplana, oficiará la misa pontifical por los 75 años de la hechura del Nazareno, que saldrá después en procesión extraordinaria.

Un aniversario que, más allá de los cultos, está labrado con letras de oro por la caridad. El sendero que traza cada Semana Santa Jesús Nazareno en Escacena y que en Escacena se ha sabido seguir en estos 75 años.

Era viernes. El primero de marzo

Diego J. Geniz Velázquez | 3 de marzo de 2017 a las 14:04

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Fue un viernes. El primero de marzo. Por delante, la agenda de visitas propias de esta jornada escrita con la tinta del rito y la regla. No recuerdo si el reloj pasaba de las nueve de la mañana. Lo único que mi memoria alcanza fue la detención del tiempo. Hay noticias que secuestran las horas, porque a partir de conocerlas poco importa lo que se tenga planeado. John Lennon lo dijo: “La vida es aquello que te pasa mientras estás haciendo otros planes”. La información llegó por whatssap. Al instante, se multiplicó en las redes. Todo sucedió la noche anterior. En soledad.

Un año después, este marzo que se inició con una luz nueva se ha cubierto de ceniza. El cielo parece haberle robado los pinceles a noviembre. Devotas con paraguas en San Ildefonso, donde el Cautivo estrena composición con la Virgen de la Esperanza en Su Soledad y una imagen de San Juan. El viento se lleva las últimas hojas en San Lorenzo. Quinario soleano en la parroquia  y sinfonía de alhelíes en la basílica. La Virgen del Mayor Dolor y Traspaso extiende su mano con suma delicadeza. Lirios morados en San Antonio Abad. Túnica del delantal para el Dulce Nazareno.

El día se ha metido en agua. Por la tarde vendrán los vía crucis. En la Casa Pilatos. En la Macarena, al coincidir con el primer viernes de Cuaresma. Pero ya nada es igual. En este día un escalofrío recorre el cuerpo en vertical a esa hora imprecisa en la que llegó la noticia. La que partió en dos la víspera. Herida en el calendario. Y sonrisa en el recuerdo. Hay a quienes sólo se les puede añorar con la alegría legada. La de aquellos abriles ganados a la vida. La memoria esboza hoy el puente de los bomberos y una mueca de Esperanza. La que siempre acompañaba a un profesional en el arte de contar las cosas. A un compañero. A un amigo.

Era viernes. El primero de marzo.

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Una calle sin anuncio

Juan Parejo | 2 de marzo de 2017 a las 17:01

IMG_9753Los escaparates de la confitería La Campana con su desfile de nazarenos de caramelo; las banderolas del Círculo Mercantil, llamando a las exposiciones; y el escaparate de Martian con el anuncio visual de la Semana Santa. Este año se ha roto la ecuación. Los miles de sevillanos y turistas que pasean a diario por la calle Sierpes ya no podrán admirar el cartel de la Semana Santa realizado por José Cerezal, una obra que el Consejo de Cofradías exponía cada año en le tienda de cerámica Martian.

Los empleados de la institución recibieron órdenes la pasada semana para retirar el cartel tras las críticas vertidas por algunos internautas en las redes sociales que consideraban que no era el mejor lugar para su exposición. Es cierto que el escaparate de una tienda no es el mejor sitio para mostrar una obra de este tipo; pero es mejor que esté ahí que arrumbado, como está, en uno de los salones de San Gregorio, 26.

Se podría decir que el Consejo abusa cada año de la buena voluntad de un pintor que, gratuitamente, asume la realización del cartel de la Semana Santa de Sevilla con todo lo que ello supone. Su exposición cada año en Martián es una manera de recompensar al cartelista dándole una gran difusión a la obra.

Apenas ha comenzado la cuaresma y el Consejo todavía está a tiempo de devolver el cartel de Cerezal a la calle Sierpes. A menos, claro, que los señores de San Gregorio, que han demostrado con la retirada del cartel una gran sensibilidad a las críticas, hayan encontrado un lugar más adecuado para enseñar el cartel, y por tanto la Semana Santa, a propios y extraños.

La felicidad, bajo una ojiva

Diego J. Geniz Velázquez | 19 de agosto de 2015 a las 13:22

La Asunción de CantillanaÚltimos minutos del 15 de agosto en Cantillana. Calle Martín Rey. Encontrar un metro libre en esta vía se convierte en cuestión bastante dificultosa. Abanicos remueven el escaso aire. La bulla arrastra una masa de devotos que fijan su mirada en un único Punto de Fuga. Sobre una nube emerge la sagrada imagen de brazos abiertos y mirada a los cielos jironados de bombillas. Fuegos de artificio pespuntan la oscuridad de la noche. Gallardetes, reposteros y colgaduras componen el regio atrezzo de la festividad. Aquí la mejor ropa se guarda para los días marcados en rojo. Y el meridiano de agosto lo es. Y tanto que lo es.

Dentro de los hogares se vacía la despensa. Nada queda en sus entrañas. Chacina, marisco, ensaladilla y fina repostería local dan forma a estos barrocos bodegones con claros síntomas de horror vacui. Sin espacio libre en la mesa ni en la calle. En los balcones, tres cuartos de lo mismo. Jornada de puertas abiertas en las casas de Alfredo Fernández y Antonio Meléndez, hasta donde llegan -como anfitriones de la fiesta- José Antonio Ortiz y el pregonero de este año, Manuel Serrano, con una legión de foráneos. La mandíbula no conoce descanso. Hospitalidad celeste y blanca.

El reloj pasa de las doce de la noche. Ya es 16, pero sigue siendo 15. Se entona el himno. La solera otorga la compleja proeza de cantar al unísono sin desafinar. Caen pétalos. Más que de una lluvia se trata de una tormenta. Gota fría de verano. Escorrentía multicolor que pigmenta la blancura de los nardos. Los devotos siguen cantando. Coplas transmitidas de madres a hijos, que aquí la mujer desde tiempo inmemorial jugó un papel fundamental sin necesidad de discursos de género.

Cantillana presume de su particular ojiva. Arquitectura efímera para instantes eternos. Franquicia del paraíso en la antigua calle Veredas. Allí se obra el milagro. La sonrisa de la Asunción. No hay cielo suficiente para la alegría de una Madre, de todas las madres.

Cernuda lo tenía claro. Los asuncionistas también. La felicidad siempre aguarda tras un arco.

No fue una anécdota

Diego J. Geniz Velázquez | 4 de abril de 2015 a las 17:00

Madrugá Peleas y gente corriendo en la calle Cuna y Encarnación.

Calle Orfila. Madrugada del Viernes Santo. El reloj acaba de pasar de las 4:30. El sueño se apodera del penitente de la Virgen de la Concepción, parado justo delante de la capilla de San Andrés, que tiene sus puertas abiertas. Hay bastante público en esta calle. Más, incluso, que en Cuna, aunque eso sí, menos silencioso. A lo lejos se escucha la banda del Carmen de Salteras. La Macarena está llegando al Duque. El penitente, con la mirada clavada al frente, oye cierto murmullo. En un principio, lo atribuye al alboroto propio de la entrada de la Virgen de la Esperanza en la Campana. El ruido va en aumento. Se escuchan gritos. El suelo tiembla. El penitente mantiene la compostura hasta donde puede. Se aferra a la cruz como único elemento que le aporta seguridad en unos instantes en los que todo es incertidumbre. Parece que de un momento a otro se lo llevará por delante una turbamulta. La gente empieza a meterse por la fila. Lo arrolla. La avalancha lo arrastra hasta un bordillo. Allí una madre se agarra a sus hijos para no perderlos. En este intento rodea con sus brazos las piernas del nazareno, que cae de bruces contra el suelo. Con él, la cruz. Logra levantarse y llegar hasta Javier Lasso de la Vega. La calle Daoiz -tan protagonista esta Cuaresma- se convierte en vía de escape de todo el que sale corriendo. Ya en Lasso de la Vega, este nazareno es calmado por una persona mayor que insta a no huir. “No corred. No ha pasado nada. Están intentando cargarse la Madrugada desde el 2000”.

Bajo el antifaz, este nazareno percibe como hay otros penitentes presos de un estado de pánico. No les ha quedado más remedio que descubrirse. El miedo les impide respirar. En la acera de enfrente hay niños abrazados a sus padres llorando, como también lloran otros visitantes que han acudido por primera vez a la Madrugada de Sevilla. Algunos, como este nazareno, no han conocido hasta ahora lo que es el verdadero miedo. A los pocos segundos llega un policía calmando al público: “Tranquilos, no pasa nada”. Sus palabras no calman. Lo que calma al nazareno protagonista de esta triste historia es escuchar que la banda que acompaña a la Macarena sigue tocando. Al menos, la histeria colectiva no se ha adueñado esta vez de la carrera oficial.

Todo el tramo de penitentes está desconfigurado. El nazareno encuentra su cruz a cinco metros de donde se la habían tirado. Totalmente rota. En menos de tres minutos la cofradía se recompone. Continúa su discurrir como si nada hubiera pasado. Pero había pasado. Y mucho. La procesión que iba por dentro sale a flote en el atrio de San Antonio Abad. Caras totalmente descompuestas. A más de uno les costará conciliar el sueño este Viernes Santo.

Quien esto narra es el nazareno protagonista del relato. Un penitente al que le irritan no sólo ya que las autoridades municipales califiquen este incidente de pura “anécdota” -entendible en su intento de calmar a la ciudadanía y evitar el deterioro de la imagen turística- sino que algunos medios de comunicación hayan usado el mismo término para zanjar el asunto. No. Desgraciadamente no fue una anécdota. Lo sufrido por los primitivos nazarenos constituye el más fiel reflejo de la actual Madrugada, la noche más bella de la ciudad -o la que debería serlo- está abonada al niñateo, a jóvenes borrachos con ganas de buscar bronca y a personas no tan jóvenes que ni siquiera se levantan de la famosa sillita para dejar paso a los nazarenos. Ésta es la verdadera Madrugada. Al menos, la que discurre antes de que despunte el alba. La que condensa la falta de valores y respeto de la sociedad actual. La jornada más vulnerable de la Semana Santa y que ante cualquier chasquido salta por los aires.

No. No fue una anécdota. Pero en una fiesta donde la estabilidad meteorológica se ha convertido en el único requisito para la felicidad, es comprensible que un incidente de estas características no requiera ni un minuto más de reflexión. Resulta más cómodo debatir sobre horarios, itinerarios y planes B. Habrá que acostumbrarse a ver nazarenos arrollados, tirados por los suelos y con cruces rotas como parte del paisaje de una nueva Semana Santa con la que cada vez menos sevillanos se sienten identificados. O al menos, esos cofrades conscientes de la inquietante realidad eclipsada por quienes se conforman con siete días plenos de sol.

La lluvia, al final, no es tan cruel como la pintan.

Al expirar de la tarde

Diego J. Geniz Velázquez | 1 de abril de 2014 a las 13:57

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  • Cartel de la Semana Santa de La Algaba 2014
    Fotografía de Sebas Gallardo. Santísimo Cristo de la Vera-Cruz.

Cae la tarde en ese suspiro breve, preciso, en el que las agujas del reloj parecen dilatarse. Un Hombre muere en este contraluz de jueves. Queda sumergida en sombras lo que antes fue carne joven. Poco más de treinta años le han bastado para saber que no puede escapar de la sentencia del tiempo. Cruel condena de cualquier mortal. Destino de dioses.

Un cielo entre dos luces recorta la silueta que se funde en el más oscuro de los abismos. Aire velazqueño para un paraíso anhelado. Quedan tres días para alcanzarlo. Promesa dictada al pie del Calvario. La Verdadera Cruz se yergue cual frontera entre la realidad y el deseo. Entre la tierra y el infinito. Entre el hombre y Dios.

Expira el moribundo sol. La noche presenta sus credenciales. Ahora, y más que nunca, se enciende la Esperanza.

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¡Que viene el lobo!

Juan Parejo | 26 de febrero de 2014 a las 17:30

campana1¡Tiemblen!, abnegados diputados mayores de gobierno. ¡Tiemblen!, sufridos fiscales de paso. ¡Tiemblen!, sumisos diputados de tramo y fiscales de cruz. ¡Que viene el lobo! O al menos eso es lo que quieren hacernos creer. Se anuncian nuevas normas de cara a la próxima Semana Santa -que en realidad no lo son tanto- con mucha mano dura. Pero la realidad es que estas normas básicas “para conocimiento y cumplimiento de los responsables de las cofradías” se llevan aplicando desde hace más de 10 Semanas Santas. Cada año, las sanciona el vicario general -hay que recordar que don Antonio Domínguez Valverde llamaba cada día al palquillo de la Campana para interesarse sobre cómo iba discurriendo la jornada- y cada año sufren alguna leve modificación en su articulado. Y eso es, ni más ni menos, lo que ha pasado este año.

Se anuncia que el Consejo de Cofradías va a ser implacable con las hermandades que no cumplan. ¿Es acaso ése el espíritu del Consejo? No conozco ninguna cofradía que salga a la calle con la intención de dejar 20 minutos en la Campana o para hacer la puñeta a la hermandad que va detrás. Otra cosa es que, por imprevistos y por circunstancias, en el 95% de los casos justificada, una hermandad deje algún retraso. A nadie se le escapa que también hay muchas, muchísimas cofradías, que andan muy cortas de tiempo de paso y no pueden hacer milagros.

Las nuevas normas presentan básicamente una novedad con respecto a las del año pasado, o el anterior, o el anterior… La regulación de la lluvia. ¿Qué ocurre si una hermandad se tiene que refugiar en un templo? ¿Cómo deberán ser los traslados de regreso a sus iglesias? ¿Cómo se regula el aplazamiento de la salida? Los puntos VI, VII y VIII tratan de dar respuesta a estas preguntas aplicando el sentido común y poniendo negro sobre blanco lo que se ha venido improvisando en las últimas Semanas Santas tan pasadas por agua.

Respecto a la implacable actuación que tendrán los delegados de día, todo lo que se recoge en las normas es antiguo. ¿O un delegado de día, u otra persona designada, no tiene potestad para decirle a una hermandad que acelere el paso? ¿O las normas no recogían desde hace años la facultad para poner los nazarenos de a tres? Busquen y comparen.

Con el miedo no se consigue nada, la filtración interesada para que cunda el pánico ha provocado el revuelo de muchos hermanos mayores a los que los delegados de día han tenido que tranquilizar asegurándoles que el palquillo de la Campana no se va a convertir un tribunal del Santo Oficio, de cofradieras maneras, en el que el delegado de día actuará, como si fuera Risto Mejide, auscultando y vigilando cada movimiento de las hermandades y sus responsables. “Tranquilo, que es lo mismo de siempre”.

Otra cosa es la patata caliente del régimen sancionador, que está en los estatutos por exigencia de Palacio, pero cuya aplicación es más que compleja, como reconocen abiertamente muchos integrantes del Consejo. La facultad sancionadora, como bien defendía Adolfo Arenas, en cualquier caso debería recaer en la autoridad eclesiástica, no en la asamblea de hermanos mayores ni en la junta superior.

Con estas nuevas normas, y todo el revuelo provocado de manera interesada, se está intentando meter miedo a las hermandades. Pero se obvia una cosa: el tiempo de paso de las cofradías por la carrera oficial es el que es. No se puede empezar a las doce de la mañana. Y el número de nazarenos de las hermandades también es el que es. Hagan la ecuación y resultará que es prácticamente milagroso que los retrasos que se producen sean tan insignificantes. Eso sí, si se trataba de acelerar el paso de las hermandades por la Campana podrían haber suprimido el artículo que obliga a parar el paso ante el palquillo.

Y a todo esto, el tío del carro de los cirios sigue sin poder entrar en la carrera oficial… así nos va.

El estreno de la marcha ‘Amor de Madre’

Juan Parejo | 9 de octubre de 2013 a las 13:18

De vez en cuando en la historia de la Semana Santa han surgido genios que han supuesto una evolución en la manera de hacer las cosas. Que rompieron el concepto del arte en la Semana Santa. Ocurrió, por ejemplo, con Martínez Montañés o Pedro Roldán en la imaginería, con Juan Manuel Rodríguez Ojeda en el bordado y en el diseño, con Cayetano González en la orfebrería, con López Farfán en la música, o, más recientemente, con Manuel Palomino en la priostía, que también es un arte. Ayer la banda de las Cigarreras publicó en twitter el vídeo del estreno de la marcha Amor de Madre, allá por al año 1991. Aquel fue un momento histórico para las bandas de cornetas y tambores y, por tanto, para la Semana Santa, puesto que la música, es un arte más, pese a que la compuesta para pasos de Cristos sea ninguneada y despreciada en muchas ocasiones.

¿Y por qué fue aquel un momento histórico? Porque supuso una ruptura definitiva con lo anterior, con lo conocido. Supuso seguir y ahondar en una senda que ya había empezado a recorrer Bienvenido Puelles con ¡Y tú, Estrella! Para muchos, entre los que me incluyo, Amor de Madre es la marcha por excelencia de las cornetas y tambores. Para las Cigarreras es un himno.

El vídeo es un documento digno de analizar. Se puede comprobar el alto nivel que ya tenía la banda en aquella época. Un nivel que ha aumentado año a año sin que se sepa donde está realmente el techo de esta formación que, sin excesos y sin buscar protagonismo, persigue la excelencia. Cuando termina la marcha, muchos de los componentes abrazan con fuerza al autor, Francisco Javier González Ríos, para felicitarlo por el estreno de su ópera prima. Parecen ser conscientes de que han vivido un momento histórico. Y hoy, 22 años después, está claro que así fue. Francis González Ríos es uno de esos genios que aparecen de vez en cuando en la Semana Santa para regalarnos lo mejor que llevan dentro. A él y a Dionisio Buñuel, que hoy está al frente de la banda, hay que agradecerles que se preocuparan por la formación musical, por querer llevar a las cornetas y los tambores a cotas inimaginables entonces.

La música es tan importante en la Semana Santa como lo es la imaginería, el bordado, o la orfebrería. Invita a crear esa atmósfera que hace única a la fiesta. Francis González Ríos ha contribuido con su música a hacer más grandes a nuestras cofradías. Como lo hicieron Montañés, Roldán, Rodríguez Ojeda… Sólo hay que citar algunas de sus composiciones: Amor de Madre, Pasión, Muerte y Resurrección, Refúgiame, Eucaristía, Al pie de tu Santa Cruz, Dios Padre, Dios del Amor… Siempre dando un paso más allá. Desafiando los límites de la corneta.

No se pierdan esta joya publicada en Youtube por “Bormukiko” difundida por la banda en su cuenta de Twitter.