Tomar decisiones

Juan Parejo | 29 de septiembre de 2017 a las 16:04

La propuesta de las hermandades del Martes Santo para realizar la carrera oficial al revés, ha sumido al Consejo de Cofradías en una crisis de consecuencias impredecibles. La junta superior que preside Joaquín Sainz de la Maza sigue sin tomar una decisión al respecto y continúa buscando un apoyo externo para declinar la balanza a favor el “sí” o del “no”.

Como era de esperar el Arzobispado se ha lavado las manos y ha puesto el foco en la “ambigüedad” de los estatutos aprobados en una asamblea a finales de 2012. El Ayuntamiento, por su parte, tampoco va a emitir ningún dictamen sobre el asunto. El delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera, ha recordado que el Consejo es quien tiene que tomar estas decisiones. Tanto el poder civil como el religioso han dejado vía libre a las hermandades para que demuestren lo que siempre han defendido y reclamado: su independencia.

Pero el Consejo no es capaz de tomar una decisión. En la junta superior no tienen claro si es mejor convocar un Pleno de hermanos mayores o decidir ellos mismos. La determinación que tomen puede dejar a la institución en una situación muy difícil y a muchos preguntándose cuál es verdaderamente su utilidad. Si la junta superior no es capaz de decidir por sí misma, ¿para qué sirve? ¿Para montar y organizar la carrera oficial? Para eso se puede recurrir a una empresa. ¿O para elegir el pregonero, el cartelista, etcétera? ¿Acaso eso no lo podrían decidir los hermanos mayores en pleno o mediante una comisión creada para ello?

La propuesta del Martes Santo ha demostrado dos cosas: que cuando las hermandades quieren son capaces de tomar una decisión con altura de miras (como se les había reclamado) y que los estatutos son una chapuza. Y lo son porque las cofradías nunca han querido darle mucho poder a la junta superior para que actúe por sí misma. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Joaquín Sainz de la Maza y su equipo tienen una solvencia demostrada para resolver el entuerto. Lo tienen todo sobre la mesa. No es necesario recurrir a ninguna ayuda externa. Optar por un pleno de penitencia podría sumir a la institución en una crisis aún peor, con hermandades enfrentadas entre sí y hermanos mayores señalados por proponer soluciones para arreglar los problemas de su jornada; y dejaría al presidente y a los cargos generales en una posición de debilidad extrema ante una sección que no le dio su respaldo mayoritario en las pasadas elecciones.

El Consejo no puede esconder más la cabeza, ha de demostrar su utilidad y aprovechar la situación para dejar clara su independencia.

Es la hora de tomar decisiones.


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