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¡Que viene el lobo!

Juan Parejo | 26 de febrero de 2014 a las 17:30

campana1¡Tiemblen!, abnegados diputados mayores de gobierno. ¡Tiemblen!, sufridos fiscales de paso. ¡Tiemblen!, sumisos diputados de tramo y fiscales de cruz. ¡Que viene el lobo! O al menos eso es lo que quieren hacernos creer. Se anuncian nuevas normas de cara a la próxima Semana Santa -que en realidad no lo son tanto- con mucha mano dura. Pero la realidad es que estas normas básicas “para conocimiento y cumplimiento de los responsables de las cofradías” se llevan aplicando desde hace más de 10 Semanas Santas. Cada año, las sanciona el vicario general -hay que recordar que don Antonio Domínguez Valverde llamaba cada día al palquillo de la Campana para interesarse sobre cómo iba discurriendo la jornada- y cada año sufren alguna leve modificación en su articulado. Y eso es, ni más ni menos, lo que ha pasado este año.

Se anuncia que el Consejo de Cofradías va a ser implacable con las hermandades que no cumplan. ¿Es acaso ése el espíritu del Consejo? No conozco ninguna cofradía que salga a la calle con la intención de dejar 20 minutos en la Campana o para hacer la puñeta a la hermandad que va detrás. Otra cosa es que, por imprevistos y por circunstancias, en el 95% de los casos justificada, una hermandad deje algún retraso. A nadie se le escapa que también hay muchas, muchísimas cofradías, que andan muy cortas de tiempo de paso y no pueden hacer milagros.

Las nuevas normas presentan básicamente una novedad con respecto a las del año pasado, o el anterior, o el anterior… La regulación de la lluvia. ¿Qué ocurre si una hermandad se tiene que refugiar en un templo? ¿Cómo deberán ser los traslados de regreso a sus iglesias? ¿Cómo se regula el aplazamiento de la salida? Los puntos VI, VII y VIII tratan de dar respuesta a estas preguntas aplicando el sentido común y poniendo negro sobre blanco lo que se ha venido improvisando en las últimas Semanas Santas tan pasadas por agua.

Respecto a la implacable actuación que tendrán los delegados de día, todo lo que se recoge en las normas es antiguo. ¿O un delegado de día, u otra persona designada, no tiene potestad para decirle a una hermandad que acelere el paso? ¿O las normas no recogían desde hace años la facultad para poner los nazarenos de a tres? Busquen y comparen.

Con el miedo no se consigue nada, la filtración interesada para que cunda el pánico ha provocado el revuelo de muchos hermanos mayores a los que los delegados de día han tenido que tranquilizar asegurándoles que el palquillo de la Campana no se va a convertir un tribunal del Santo Oficio, de cofradieras maneras, en el que el delegado de día actuará, como si fuera Risto Mejide, auscultando y vigilando cada movimiento de las hermandades y sus responsables. “Tranquilo, que es lo mismo de siempre”.

Otra cosa es la patata caliente del régimen sancionador, que está en los estatutos por exigencia de Palacio, pero cuya aplicación es más que compleja, como reconocen abiertamente muchos integrantes del Consejo. La facultad sancionadora, como bien defendía Adolfo Arenas, en cualquier caso debería recaer en la autoridad eclesiástica, no en la asamblea de hermanos mayores ni en la junta superior.

Con estas nuevas normas, y todo el revuelo provocado de manera interesada, se está intentando meter miedo a las hermandades. Pero se obvia una cosa: el tiempo de paso de las cofradías por la carrera oficial es el que es. No se puede empezar a las doce de la mañana. Y el número de nazarenos de las hermandades también es el que es. Hagan la ecuación y resultará que es prácticamente milagroso que los retrasos que se producen sean tan insignificantes. Eso sí, si se trataba de acelerar el paso de las hermandades por la Campana podrían haber suprimido el artículo que obliga a parar el paso ante el palquillo.

Y a todo esto, el tío del carro de los cirios sigue sin poder entrar en la carrera oficial… así nos va.

Dime de que lado te sientas…

Juan Parejo | 26 de noviembre de 2012 a las 20:23

En una de las entrevistas que le pude hacer a Adolfo Arenas mientras fue presidente del Consejo me confesó que las cosas se ven de manera muy distinta según el sitio en el que estés sentado. Es decir, frente a la junta superior o frente a los hermanos mayores. Arenas fue cocinero antes que fraile y no le faltaba ni un ápice de razón en esa aseveración. En otra charla distendida a cuenta de la redacción de los nuevos estatutos también acertó a decir: “El Consejo será lo que las hermandades quieran que sea”.

Y la pregunta es: ¿Qué quieren las hermandades, o sus hermanos mayores, que sea el Consejo? Pues parece que no tienen mucho interés en que sea lo que tiene que ser: una institución modélica y eficiente. En el Consejo de Cofradías todos pugnan por ser los que más mandan. Los hermanos mayores frente a la junta superior, o los cargos generales frente al conjunto de consejeros (y viceversa). Por supuesto quien salen perdiendo son las Hermandades y Cofradías.

Ahora hay quien está empeñado (con razón o no) en que se convoquen elecciones de manera anticipada. Hay un grupo de hermanos mayores que están locos por la música (gregoriana). Desde su óptica (con la junta superior enfrente) piensan que las cosas se pueden hacer de otra manera. Que hay otros modos de gobernar. ¡Ay! Pero ya lo dijo Arenas, las cosas son muy diferentes según el lugar desde el que se miren. Le pasó a él y seguro que a todo el que ha ocupado ese sillón. Si este movimiento consiguiera su propósito y en un futuro a corto-medio plazo (después de Semana Santa) o largo (dentro de 3 años y medio) llegan a la junta superior, se darán cuenta de lo difícil de su propósito. Frente a ellos se sentarán otros señores que les reivindicarán lo mismo que ellos hacían y se darán cuenta de lo difícil que es estar al otro lado y sentirse atado de pies y manos y víctima de mil presiones.

“El Consejo será lo que las hermandades quieran que sea”. Es hora de que todos, hermanos mayores y junta superior, se den cuenta de que el futuro de la institución está en juego. Todos tienen que arrimar el hombro por el bien común y pensar en el colectivo antes que en lo individual. El día 15, durante la asamblea de aprobación de los nuevos estatutos, se dará una ocasión más que propicia para demostrarlo. Es hora de apartar los egos y las vanidades por el bien de las cofradías, la Semana Santa y la Iglesia de Sevilla.

Dime de que lado te sientas… y te diré quien eres.

Madrugar en domingo

Diego J. Geniz Velázquez | 18 de marzo de 2010 a las 11:47

18marzo_madrugar

Vienen con sus abrigos, cuando el sol de la mañana interrumpe el último sueño. Llegan en grupos, nunca por separado. Sus labios aún traen el sabor amargo del primer café, el que se toma a secas para resucitar al cuerpo en jornada festiva. Hay cabelleras albas, pobladas y en peligro de extinción.

Es marzo y el frío todavía no ha acabado de marcharse. La cita es todos los años la misma. La lectura larga y prosaica de una memoria que sólo guardó el instante que erizó la piel. Lo demás es pura estadística.

Sobre el gélido mármol catedralicio estos hombres de acicaladas estéticas dan fe de calles cortadas, obras y obstáculos varios. Cambios necesarios para que todo siga igual.

Tras reivindicar lo que consideran justo abandonarán el templo y llegarán por el camino más corto al rincón de los místicos, cuarteles de primavera donde la mantequilla y el aguardiente reverberan lenguas somnolientas (algunas de punta muy afilada).

Luego a disfrutar del gozo de las vísperas. Apretada agenda de estos sevillanos que madrugan en día de precepto. Cosas de cofrades.

El verdadero peso de las hermandades en la ciudad: Ejemplos prácticos

Carlos Navarro Antolín | 10 de febrero de 2008 a las 21:13

Los detractores de las cofradías se quejan habitualmente desde el atasco de tráfico que puede provocar un ensayo de costaleros hasta del dinero que gasta el Ayuntamiento en horas extraordinarias de los agentes de la Policía Local en las procesiones de gloria. No se olvide que de las arcas del Consistorio salen 5,3 millones de euros para la organización de la Semana Santa. La logística tiene un precio, como se nos ha recordado intencionadamente la semana pasada. ¿Pero por qué no dicen las autoridades municipales cuánto negocio genera la Semana Santa? ¿O por qué no se hace un estudio para saber cuánto dinero se ahorran los servicios sociales gracias a las obras asistenciales de las hermandades? No faltan quienes se quejan del mimo de los políticos con las cofradías. Son aquellos que denuncian que las cofradías lastran la evolución de la ciudad. Pero hay casos prácticos de la vida cotidiana en lo´s últimos años que demuestran que las hermandades no gozan precisamente de privilegios en la ciudad.

  • Las hermandades van al Boletín Oficial de la Provincia como cualquier otro contribuyente si se olvidan de pagar un recibo del IBI. No se les ofrece pagar en especie, como sí se ha hecho con los clubes de fútbol no hace mucho tiempo, a los que se les consistió ponerse al día con el Fisco local mediante la organización de un torneo de fútbol en el estadio de la Cartuja. Una competición de medio pelo.
  • En el año 2001, decenas de estudiantes ocuparon el andén del Ayuntamiento en protesta por la nueva legislación universitaria. Cuando se acercaba la cuaresma, a las cofradías se les dejó muy clarito que no se aceptaría ninguna presión para echar a los estudiantes y permitir el tradicional paso del Museo por el andén. Las cofradías, callaron y comprendieron, como no podía ser de otra forma. No hubo entonces nadie que resolviera aquello en 48 horas, como sí ha ocurrido a finales de 2007, cuando nada más y nada menos que el gerente de Urbanismo, Alejandro Martín, se hizo cargo de las negociaciones para que los cocheros de caballos liberaran el ‘andén’. La solución con los cocheros fue inmediata. En 2001 se hizo de rogar y, por supuesto, no se podía dar la imagen de que las cofradías presionaban.
  • El Consejo de Cofradías tuvo que vivir hace cinco años el sobresalto de que la Policía Local desmontara la tribuna de Campana un Viernes de Dolores por las quejas de un comerciante de la calle Martín Villa. Las cofradías, si cabe con mayor ejemplaridad, recibieron el oportuno castigo ‘mediático’ consistente en la foto de los agentes escoltando a los operarios que deshacían las estructuras de tubos con el presidente y el tesorero del Consejo como testigos nerviosos de la escena. El entonces consejero de la Junta y ex delegado de Fiestas Mayores, el andalucista Juan Ortega, tuvo que intervenir para resolver la polémica, mediando ante los entonces ediles andalucistas de Urbanismo y Fiestas Mayores, Rafael Carmona y Paola Vivancos.
  • El Rectorado de la Universidad se negó a que el Tiro de Línea cruzara por la Lonja de la Universidad para evitar destrozos en los jardines, la suciedad de cera en el pavimento y tener que tener abiertos los urinarios. Los sufridos nazarenos de Santa Genoveva dejaron de gozar del oasis universitario.
  • El Ayuntamiento logró el pasado mandato municipal meter la mano en la organización del Pregón, un acto tradicionalmente dejado al arbitrio del Consejo. El Consistorio reivindicó legítimamente su cuota en la intendencia del acto.

¿Conocen ustedes más ejemplos que cuestionan el mito del peso de las hermandades en la vida diaria de la ciudad?

¿Sabe de más casos en los que las autoridades no sólo no dan un trato de favor a las cofradías, sino todo lo contrario?