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Una procesión más que aconsejable

Diego J. Geniz Velázquez | 23 de marzo de 2012 a las 6:36

A estas alturas de la Cuaresma, cuando el listado de besamanos visitados, conciertos escuchados y pregones sufridos en la capital supera el medio centenar es conveniente oxigenarse con una escapada a la provincia. Más allá del extrarradio hispalense (expresión barroca donde las haya) hay localidades que atesoran una Semana Santa rica en patrimonio y costumbres propias no contaminadas por el canon capitalino. Ejemplo de estas joyas de la Pasión es Alcalá del Río, una población a menos de 20 kilómetros de Sevilla.

Este municipio cuenta con una Semana Santa que es referencia obligada en el circuito cofradiero de la provincia. Imágenes del siglo XVI y palios de finales del XIX son testimonio de una devoción que no surgió precisamente ayer por la mañana. Cruceros y soleanos han rivalizado siempre por dar un gran esplendor a sus cortejos, de ahí el valioso patrimonio que atesoran tanto en enseres, como en piezas musicales y, sobre todo, en tradiciones locales.

Podría decirse que la Semana Santa ilipense (como así gusta llamar a los más rancios) comienza esta noche con la Bajada de la Virgen de los Dolores en Su Soledad Coronada a la parroquia de Santa María de la Asunción para el septenario, culto que cumple 200 años. Será a las diez de la noche cuando se abran las puertas de la Real Capilla de San Gregorio de Osseth (patrón de la villa) para que de ella salga el largo cortejo de hermanas soleanas con sus hachetas. Mujeres de todas las edades que preceden al paso de una de las Dolorosas más antiguas de la provincia, al estar datada a finales del XVI, de ahí su hieratismo tan alejado de las expresividad barroca. Pero si importante es la talla por los siglos que atesora no menos interesante es el paso sobre el que hoy sale a la calle. Se trata de uno de los palios más antiguos que existen en la provincia y su morfología se asemeja a las primeras representaciones gráficas que se conservan sobre este tipo de paso.

Contiene ocho varales de mediana estatura que soportan un palio de cajón de bambalinas muy cortas. En su interior se reproducen en plata los primeros versos del Stabat Mater Dolorosa, que un principio (siglo XVIII) estaban incrustradas en el exterior hasta que sus piezas fueron sustituidas por las bordadas del antiguo paso de palio del Viernes Santo, día en el que esta cofradía realiza su estación de penitencia por la calles alcalareñas.

Igual mérito tiene el manto bordado que luce la Virgen de los Dolores realizado a mediados de la centuria decimonónica. La iluminación también es especial, al estar conformada por candelabros de brazos, al igual que la exorno floral, constituido por calas que florecen en los patios soleanos estos días. Contemplar este paso supone volver la mirada a una Semana Santa que ya pocos recuerdan y en la que naturalidad era el sello común de una celebración que se ha sofisticado con los tiempos perdiendo, quizá, la autenticidad de otras épocas.

La procesión -en la que participa la banda del Carmen de Salteras- dura aproximadamente dos horas horas y concluye en la parroquia donde ya se encuentra montado el espectacular altar de septenario (con elementos creados ex profeso) que comenzará mañana y concluirá el Viernes de Dolores con la función principal y el besamanos de la Virgen. El Domingo de Ramos, de nuevo a las diez de la noche, tendrá lugar la procesión de Subida hasta la capilla, de donde saldrá la cofradía el Viernes Santo, en esta ocasión con el cortejo conformado por nazarenos y mujeres ataviadas de mantilla más los pasos de la Muerte (la Canina), el Cristo Yacente y la Virgen de los Dolores bajo su palio de finales del XIX.

Así, que ya sabe, si tiene la oportunidad de desplazarse esta noche a la antigua Ilipa Magna no lo dude. Le dejará un excelente sabor de boca.

PD: (Y en mayo no se pierdan la bajada de los titulares de la Vera-Cruz, de la que le informaremos llegado el momento)