Lo que me traje de la Semana Santa

Alvaro Martín | 29 de abril de 2011 a las 0:34

Una vez más, no pude hacerlo, la semana santa, como a la mayoría de los andaluces, me gusta, pero la verdad es, que la posibilidad de darme un viajecillo, me puede más. Conocer nuevos lugares, compartir experiencias, improvisar soluciones a los pequeños problemas que se plantean, comer en sitios nuevos, conocer gente diferente y por supuesto, catar nuevos vinos…es algo que hace que no pueda quedarme quieto una semana entera…

Y esta vez, como últimamente me está ocurriendo, no se por qué…;) volvió a ser Cataluña, esta vez acompañado del sur de Francia.

Figueras, museo de Salvador Dalí; Costa Brava, salto en paracaidas, Cadaqués, la casa de Dalí, Castelló d’Empúries, lo que os cuento; Roses, el Bullí, que por cierto no fui capaz de encontrar; Montpellier, gran paseo por el centro, pedazo de cenita y café matinal;Narbonne grandes paseos y Carcassonne, pedazo de ciudad medieval… en fin, para mí cada lugar una experiencia nueva, buena e inolvidable, y como siempre en la mejor compañía.

La verdad es que ha sido el Ampurdán la zona que a nivel de vinos más me ha sorprendido en esta ocasión. No paro de alucinarme en cada viaje de la cantidad de viñedos que hay en España por doquier, y por desgracia del desconocimiento que hay en cada zona de sus propios vinos…nadie es profeta en su tierra que se dice…una pena. El caso es que después de entrar en varios bares de la zona e incluso en algún restaurante, casi me daba por vencido y me marchaba sin probar  un buen vino de la D.O. Ampurdán.

Por fin en Castelló d’Empúries, paseando tranquilamente y visitando la antigua Harinera de la ciudad, por casualidad, dí con una enoteca o más bien una tienda con productos autóctonos, donde lo que se ofrecía con más cariño eran los vinos y aceites de la zona.

Charlando con Ana, la propietaria, un encanto, disfrutamos una barbaridad escuchándola hablar de los grandes vinos que allí se elaboraban, y lamentándose de la pena que le daba de que no se les prestara la atención que merecían. Su local de hecho, era una inversión a muchos años, no por el gran capital empleado, sino por los pocos ingresos recibidos hasta la fecha, sin embargo, era  la felicidad que le aportaba la idea en si misma lo que hacía que le mereciera la pena seguir con él

Probamos un par de vinos allí, y nos concertó la visita a una bodega cercana, “La Vinyeta” creada, y gestionada por Josep, un joven enólogo que con mucho trabajo e ilusión , había embarcado en el proyecto a familia y amigos, y que la verdad daba gusto escuchar tanto enseñándonos su bodega, como dándonos a catar sus vinos.

Muy buenos vinos elaborados a partir de algunos viñedos antiguos, de los que compraba la uva, así como de los jóvenes de su propia plantación de  apenas más de 5 años.

Catamos blanco joven, rosado, tinto joven con algo de barrica, crianza y por último un dulce que no dejaba  indiferente. Para mi gusto, como suele ocurrirme, cosas que tiene uno…los mejores, los tintos. Vinos muy elegantes, con amplio recorrido aún algunos y otros ya en su momento óptimo de consumo. Bodega muy recomendable de visitar, donde también en breve dispondrá de algunas habitaciones donde dormir. Un proyecto envidiable en una zona envidiable.

Os lo recomindo, y para no variar, brindo por la Vinyeta!!

 


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