La decisión de Nieto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de mayo de 2013 a las 14:29

 

El alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, pone de largo en una larga entrevista con este periódico con motivo de los dos años de mandato municipal que está dispuesto a jugar en la carrera sucesora popular. El regidor dice que su mirada está, hoy por hoy, en Córdoba, pero que si el partido le pide el sacrificio de ser candidato popular a las próximas autonómicas “lo seré”. Lo dice así, sin anestesia y dentro de esas frases que utilizan los políticos para intentar camuflar las decisiones trascendentes y los mensajes claros. Nieto se acompaña en la frase de Juan Ignacio Zoido y de José Luis Sanz, las dos principales bazas hasta el momento, y lo hace con toda la intención. Si hay que jugar el juego, se juega, viene a decir, aunque, por el momento, apártese de mi ese cáliz. 

El PP andaluz navega a la deriva desde que el joven Arenas se quedara con la miel en los labios en las últimas autonómicas y tuviera que salir al balcón a celebrar la victoria más amarga de su larguísima carrera política. Desde ese momento, los chicos de Rajoy en Andalucía no han levantado cabeza y caen a plomo en los sondeos ante un cogobierno que se refuerza por días fruto de las duras decisiones de Madrid y algunas medidas populistas surgidas en San Telmo. Ante esta situación, los populares están en ebullición, saben que no pueden tirar por la borda lo que tanto tiempo les costó ganar y se aprestan a renovarse para no morir. 

Y en estas está nuestro alcalde, el joven Nieto. Bien situado por la primera mayoría absoluta popular en la historia de Córdoba, tranquilo en su ciudad ante la inexistencia de una oposición que le ponga nervioso, el regidor lleva varios meses calibrando posibilidades y midiendo tiempos. Aunque aún le falta demostrar bastante antes de dar el paso definitivo a las grandes ligas, Nieto quizás sea consciente de que en esta carrera no se puede quedar atrás. Las variables son infinitas y, aunque es más que probable que el proximo candidato del PP a las autonómicas sucumba sin remisión ante la izquierda cogobernante, el regidor cordobés sabe bien lo que son las apuestas a largo plazo fruto de su extenso peregrinar como líder de la oposición local. Las palabras de Nieto situándote a disposición de sus mayores no tienen más intención, o la tienen toda, que enseñar la patita en Sevilla y, sobre todo, en Madrid, para que el partido le tenga en cuenta. 

Es el primer paso de un estrategia que quizás sea demasiado temprana o quizás se haya visto obligado a afrontar antes de tiempo. Lo que está claro es que antes de final de año sabremos qué horizonte temporal se marca uno de los principales valores con los que actualmente cuenta el PP andaluz. Eso sí, no haría mal en andarse con ojo y cuidarse para no perder en esas luchas el terreno que ya tiene ganado. Que también Rafael Merino tuvo sueños de grandeza y ha pasado por un largo desierto hasta recuperar el sitio que ahora mismo tiene. Se pone entretenida la cosa.

La logística del hachís

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de mayo de 2013 a las 18:14

Cuentan que un destacado dirigente cordobés se lamentaba el otro día, medio en serio medio en broma, de que los narcotraficantes se hubieran dado cuenta del poder geoestratégico de Córdoba antes que los empresarios. Venía el comentario a los más de 63.000 kilos -y siguen subiendo- de hachís que ha encontrado la Policía diseminados por varias naves de los polígonos industriales de Amargacena y la Torrecilla. La verdad es que la cosa tiene su gracia, ya que los dueños de la droga parece que no son de Córdoba, tiran más para Sevilla, y habrían decidido utilizar la zona industrial de nuestra ciudad para tener guardadito su material y poder posteriormente distribuirlo por España sin demasiados problemas gracias a las buenas conexiones con las que contamos. Supongo que el bajo precio de los alquileres en una zona que parece cada día más un descampado les habrá ayudado a tomar su decisión. 

La verdad es que el asunto no es para bromear, pero sí pone encima de la mesa la incapacidad para que quienes dirigen el cotarro político-empresarial de esta ciudad se den cuenta de algo que algunos venimos clamando en el desierto desde hace demasiados años: Córdoba está en el mejor sitio posible para ser el centro logístico de Andalucía y ya estamos tardando demasiado en asumirlo. Cierto es que el responsable político al que me refería al inicio poco a nada ha tenido que ver con las ocasiones desperdiciadas hasta ahora, si bien tiene en su mano participar con papel preponderante en las que se tomen a futuro. Hasta el momento hemos visto fracasar el polígono del Álamo, el parque logístico de la carretera de Palma -con púa de la Junta incluida-, la ampliación del aeropuerto y su plan estratégico y vaya usted a saber cuántas cosas más. Todo ello ante la pasiva mirada de quienes ostentan cargos de representación, más preocupados en meterle el dedo en el ojo al contrario que en escarbar en la superficie de Córdoba para limpiarla de roña. 

Si Córdoba quiere tener un proyecto de ciudad menos ligado al turismo y más apegado a una industria que crea un empleo más estable, aporta mayor valor en I+D y genera más riqueza -y que no se me mosqueen los hosteleros- quizás sería hora, de una vez por todas, de buscar a algún empresario que ponga aquí su centro de distribución, de montar un aeropuerto de mercancías que traslade la producción del granero de Europa a mercados internacionales y de crear un sistema ferroviario que conecte el puerto de Algeciras con la frontera francesa. Todo ello debe hacerse desde la unión de fuerzas para sacar a esta provincia del marasmo de desempleo en el que se encuentra hundida y anteponiendo a los colores partidistas el pendón cordobés. Porque está claro que el futuro de Córdoba pasa por ser nexo de unión con el mundo. Muchos llevamos diciéndolo mucho tiempo, tiene tela que tengan que ser unos narcotraficantes los que demuestren tan palmariamente esta realidad.

P.D.: Hoy, un día después de escrito este artículo, el comisario provincial, Manuel Bouzas, ha confirmado que los dueños del alijo de hachís eligieron Córdoba por la capacidad logística de la que aquí arriba se habla y no porque tuvieran su base operativa aquí. Así que más razón todavía para atender a la cuestión.

Mayo Festivo, ¿salvador?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2013 a las 9:42

Todos los años iniciamos el Mayo Festivo felices porque llega la hora de divertirse, de disfrutar de Córdoba llena de turistas y de pasarlo en grande con la familia y amigos con lo mejor de nuestras tradiciones. Todos los años escuchamos a los hoteleros y hosteleros decir que gran parte de su futuro se juega en este mes, a la vez que no son pocas las asociaciones, hermandades y colectivos diversos que fían al resultado de las cajas que hagan en alguna de las celebraciones la posibilidad de afrontar proyectos de uno y otro calado para el próximo año. Todos los años, en definitiva, hacemos del Mayo Festivo una especia de altar de salvación para superar nuestros males y alegrar nuestras tristezas. Este año, aún más necesario es que estos 30 días funcionen bien porque el grado de asfixia que sufren demasiadas personas en la ciudad es ya insostenible. Sin embargo, este Mayo Festivo es determinante por otra serie de cuestiones que van más allá de la liturgia repetida de cada año. En esta ocasión, la apertura del Mercado Victoria, la declaración como Patrimonio de la Humanidad de los Patios o la presentación de un proyecto serio para remodelar la Feria de Nuestra Señora de la Salud nos deben llevar a analizar algo más en profundidad lo que nos jugamos estos 30 días. Nos jugamos, en definitiva y de una vez por todas, dar ese salto de calidad y ese impulso definitivo del que tanto se habla pero muy pocas veces se concreta.

El Mercado Victoria, por ejemplo, supone una osada apuesta por colocar a la ciudad en la primera división del ocio gastronómico en una iniciativa que se ha realizado con mucha cabeza y en la que los propios dueños de los puestos tienen claro que con buenos precios y mejor calidad se aseguran un futuro mejor. Si esto ocurre y hay éxito en el tiempo, los hoteles verán incrementadas sus visitas, sus noches vendidas y sus cuentas de resultados. Los mismos hoteles que dicen ahora que la cosa va bien porque han bajado los precios –como si fuera normal pagar 200 euros por una noche en Córdoba como ha ocurrido hasta la presente–. Si Córdoba no incrementa sus pernoctaciones se debe también a que la planta hotelera de la ciudad es escasa, está poco repartida y ha tenido históricamente escasa capacidad de autocrítica. Lamentar con la que está cayendo que pese al incremento de visitas se ingresa menos es intentar hacerse trampas a un solitario que ya tiene las cartas muy marcadas.

Si mejora la oferta lúdica y hacemos más asequibles las pernoctaciones seguro que el impulso brutal que los Patios van a dar a Córdoba a partir de esta semana se podrá canalizar mucho mejor hacia un incremento de la calidad de vida de los cordobeses. Si nada se tuerce, lo que va a vivir Córdoba en este Festival de Patios va a ser un aluvión sin precedentes y de cómo se sepa gestionar el mismo depende buena parte de nuestro futuro. Superadas las críticas a la plataforma de reservas, y asumido que será imposible controlar las visitas sólo a través de la web, lo que toca es estar preparado y no dar la impresión de ciudad provinciana de ataque fácil y crítica destructiva. Este Mayo Festivo es especial. Actuemos como si lo supiéramos que ya habrá tiempo de lo demás.

Dar la cara

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de abril de 2013 a las 9:46

Cuando la gente lo está pasando mal, hay que tomar medidas difíciles y hay que pedir confianza si los resultados tardan en llegar, lo más importante que tiene que hacer un responsable político es dar la cara y estar con la gente”. Quien así hablaba el viernes era el portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y exalcalde de Vitoria, Alfonso Alonso. La afirmación, clara y contundente, no puede estar menos cargada de razón a la vez que es obvia en un sistema democrático en el que se supone que los representantes políticos del pueblo está ahí para darle explicaciones precisamente al pueblo. Pero vivimos tiempos en los que dar explicaciones está mal visto y los periodistas ya casi nos hemos acostumbrado a ruedas de prensa sin preguntas. Ya casi ni alteramos el gesto cuando se nos falta al respeto al actuar de esa manera y, sobre todo, se ignora a una sociedad que lo que demanda con avidez hoy en día son explicaciones. Estoy de acuerdo con Alonso, hace falta que los políticos den la cara, hablen claro, expliquen las cosas como son y ofrezcan sus soluciones con determinación y diligencia. No podemos enterarnos de que las cosas van a cambiar por entrevistas en medios internacionales o cuando el presidente del Gobierno se va de viaje al exterior. No es esa la manera de salir hacia adelante y generar confianza.

Claro que eso de dar la cara tiene una segunda derivada. Hay que dar la cara con las propuestas que se hacen y con argumentos en condiciones. Dar la cara no es sentarse a soltar un rollo de difícil cumplimiento o viabilidad ante los informadores. Dar la cara es asumir también los errores que se han cometido en el pasado cuando se ha estado gobernando. Hay veces en las que uno escucha, en esta ciudad y en otras muchas, tal sarta de majaderías que ya no sabe como aguantarse. El personal está cansado y aburrido de debates eternos y de escasa utilidad, de retruécanos y trucos verbales para camuflar la realidad. Dice el refrán que es mejor ponerse una vez rojo que ciento amarillo y a eso deberían dedicarse quienes dirigen las diferentes y pobladas administraciones de este país, comunidad autónoma, provincia o Ayuntamiento.

Dar la cara es intentar decirle a los 6 millones de parados qué pasa con lo suyo; admitir que el debate sobre el centro de congresos de Córdoba no le interesa más que a cuatro; asumir que hasta que esto reventó todos los que tenían un cargo o carguillo vivieron muy por encima de sus posibilidades; asumir que en la clase dirigente que sufre España hay una falta de formación y contacto con la realidad que da pánico; pedir perdón cuando las decisiones que se toman no salen como se esperaba y se estropean…. Dar la cara es demostrar que no se está por encima de la gente que te vota; porque no hay nada más cruel en esta vida que perder la posición y volver a descubrir que uno no es más que nadie por muchos cargos que haya ocupado. Dar la cara es la forma en la que gobiernan los políticos de verdad. A los otros es posible que algún día alguien les parta la cara para comprobar cómo la tienen de dura.

El síntoma Ropero

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de abril de 2013 a las 9:34

Imagínese que un día llega usted a su trabajo –si es que aún lo tiene– y le dicen en recepción que le quiere ver el jefe en su despacho. Cuando entra usted en la habitación, el dueño le dice que han detectado que durante diez años ha estado usted cobrando dietas de más, unos 50.000 euros aproximadamente, y que quiere que le dé una explicación convincente de por qué ha ocurrido esto. En ese momento, usted pone cara de sorpresa y afirma que ha habido un “error humano”, que no era su intención y que no se explica lo ocurrido. Es más, pide que el contable de la empresa investigue lo ocurrido para tomar una decisión.

Unos días después, le vuelve a llamar a usted su jefe y le dice que está todo analizado y revisado y que incluso se han encontrado justificantes de dietas en blanco pero firmadas por él y que el dichoso contable ha visto que usted pasaba hasta dos y tras dietas el mismo día. Vuelve usted a poner cara de pez y, como muestra de buena voluntad, promete pagar todo lo cobrado de más –aunque ya no sea obligatorio– para demostrar su buena fe. Su jefe, comprensivo y amoroso le dice que vale, que él con eso se conforma y que no pasa nada porque usted haya estado cobrando a espuertas a una media de 5.000 euros anuales. Es más, le dice que siga usted en su puesto como si nada hubiera pasado y le da un cachetillo amistoso para que no sea más pillín. Fin de la historia. ¿Se la cree? Yo tampoco podría.

En Benamejí, su alcalde, José Ropero, ha hecho algo así durante los últimos diez años con los fondos públicos. El regidor, que viaja más que Willy Fog, ha movido una considerable cantidad de recursos para abonar viajes, comidas y visitas a todas partes y todos los días del año. Ropero, que sólo lleva 22 años en el cargo, pone cara de incomprensión cuando se le saca el tema y defiende su inocencia sin el menor atisbo de abandonar su sillón. Es más, dice que en su buena fe va a devolver hasta aquello que no debería devolver porque la irregularidad cometida ya ha prescrito. Qué generosidad.

El jefe de Ropero, Juan Pablo Durán, cree que con esto basta, que su alcalde ha actuado con buena fe y que no son necesarias ningún tipo de medidas de carácter disciplinario porque el hombre no ha errado por él sino por culpa de los demás. Con esa perspectiva, Durán y todo el PSOE deberían dejar de criticar al PP por Bárcenas o Gürtel porque las acciones supuestamente irregulares no fueron obra del partido sino actuaciones personales y, en algunos casos, incluso sin conocimiento de cónyuge. En resumen, que José Ropero no ha hecho nada, cobró de más sin saberlo, efectivamente viajó todo lo que ha dicho que viajó de manera más que justificada y además es un santo varón que va a devolver hasta lo que no está obligado por ley –de ética y moral mejor no hablamos.

Y visto esto yo me pregunto. ¿Qué habría pasado si IU no destapa la cuestión? ¿Habría devuelto Ropero todo lo cobrado de más? ¿Si esto ocurre en Córdoba Durán no pediría la dimisión de Nieto? ¿Dónde quedó la vergüenza? Respóndase usted mismo. Así esta el patio.

Generosidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de abril de 2013 a las 10:54

El otro día, almorcé con un amigo que lamentaba la falta de argumentos y la simplicidad con la que se está tratando en estos momentos la situación de España. Vivimos en un maniqueísmo extremo en el que sólo hay buenos y malos -según donde uno se ubique el de enfrente es lamentable- que ha sido alimentado por los partidos políticos y los medios de comunicación. Hoy en día, lo que no es blanco debe ser, obligatoriamente, negro, y eso lleva a perder una amplia gama de matices y a fomentar posiciones que a nada bueno llevan. Ya pasó hace unos 80 años y miren ustedes como salió la cosa. Nos falta moderación, debate sosegado, análisis y reflexión. Somos víctimas de una partitocracia menor y falta de preparación; de un sistema mediático atenazado por el miedo a la crisis y poco responsable; de unos tertulianos profesionales adoctrinados y doctrinarios que de todo saben y de nada (o poco) entienden; de una monarquía a la deriva atrapada entre vicios pasados y pánicos futuros; de un nacionalismo regionalista que, como siempre que hay tormenta, trata de pescar en río revuelto… Somos víctimas, en fin, de eso que Machado definió a la perfección cuando le hablaba a su españolito: somos víctimas de España.

A lo largo de la historia de este país pocas veces hemos sido capaces los españoles de ponernos de acuerdo en algo como lo hicimos en la Transición. Con renuncias por ambas partes, cesiones y concesiones generosas que nos han llevado a vivir el mayor periodo de paz desde que don Pelayo dejó su casa en Asturias. Hoy corremos riesgo de perder todo aquello por culpa de una crisis que no entiende de barcos y por culpa de unos dirigentes que sólo entienden del suyo (barco, me refiero). Quizás vaya siendo hora de que nos planteemos cambios de verdad, modificaciones estructurales que nos permitan recuperar, no ya nuestro tejido económico -que recuperará la vida más tarde o temprano por las leyes del mercado-, sino nuestra vida pública y nuestro pacto de convivencia. Quizás va siendo hora ya de que quienes llevan en los mismos lugares desde que este país se regaló la Transición se planteen seriamente marcharse a casa. Quizás va siendo hora de que quienes crecimos en libertad tomemos las riendas de un cambio tranquilo, sin voces, estridencias, miopías, ni vacuidades y decidamos dotarnos del Estado moderno que necesitamos. Quizás va siendo hora de que haya cambios en la Zarzuela capaces de aglutinar a su alrededor el mismo consenso que se aglutinó hace casi cuarenta años. Quizás…

Tanta basura de Bárcenas, Gürtel, ERE, Botswana, dietas, comisiones y mierdas similares nos está haciendo perder la perspectiva de lo que tenemos en juego. No podemos dejar que quienes sólo saben hacer argumentarios de preescolar modelen nuestra vida en función de paradigmas de buenos y malos. Vivimos un cambio de época se dice una y otra vez y nadie parece preparado para plantarle cara. Nos ahoga el mañana inmediato y olvidamos que hay que poner las bases del pasado mañana. Y eso no se hace a voces ni gritos. Eso se hace hablando y siendo generoso. Y el que no pueda serlo que se vaya a su casa.

Planas y la Colecor

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2013 a las 11:17

Hay en esta ciudad una tendencia enfermiza a los debates eternos. Como si viviésemos en un bucle temporal perpetuo, cada equis meses reaparecen polémicas sobre el futuro del Aeropuerto, las parcelas ilegales, el centro de congresos o las naves de Colecor. Produce hastío y verdadera pereza tratar una y otra vez las mismas cuestiones y observar cómo nadie tiene de verdad una solución, está dispuesto a dar su brazo a torcer o se plantea aportar algo. Quizás por ello, lo que esta semana ha hecho el consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Luis Planas, con el plan de la carretera de Palma y con las naves de Colecor me parece merecedor de una sonora ovación por varias cuestiones.

El consejero ha decidido, con el apoyo de sus técnicos –no lo olvidemos– que en las naves de Colecor va a haber usos comerciales cuando las ranas críen pelo. Y lo ha decidido sólo, sin pedir permiso, sin ceder a presiones y sin concesiones poco confesables. Y por qué. Pues porque ha sabido deslindar su faceta de militante de la de cargo institucional –por mucho que a Durán le escueza–, porque tiene por Andalucía varios frentes muy complicados ante los que no puede dar ninguna señal de flaqueza; porque lo que pretende legalizar el Ayuntamiento –y aquí entra todo el Pleno– es una aberración con agravio comparativo hacia usted y hacia mi que cumplimos la ley, y, finalmente, porque es una persona que sabe lo que pasa en esta ciudad, aunque haya estado destinado en medio mundo, y siente la misma vergüenza que usted y  yo cuando ve a todos los grupos políticos darle carta de naturaleza a la obra ilegal, chulesca e impresentable que se marcó Rafael Gómez.

No es esta última cuestión baladí, porque no me canso de decir que me causa un azoramiento de proporciones enormes asistir al ridículo que han hecho nuestros partidos locales en este tema. Ver cómo se han plegado ante un monumento a la ilegalidad, un homenaje a los pretéritos tiempos de la servidumbre social ante los billetes del promotor y una puñalada trapera a los derechos del resto de ciudadanos cumplidores conla Hacienday normativa pública. Eso es lo que han sido las naves de Colecor.

Por eso, lo que Luis Planas ha hecho y ha dicho muy claramente es: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que debería hacer el Ayuntamiento –todo el Pleno– es dejarse de milongas y mentiras de una vez y coger el toro por los cuernos. Quizás ha llegado la hora de perder los miedos o servidumbres que han llevado a ver actitudes bochornosas de no pocos representantes públicos de esta ciudad –algunos con sonados cambios de opinión inexplicados e inexplicables– y tomar decisiones de gobierno en favor de la gran mayoría social de esta ciudad. Que un consejero tenga que recordarle a un portavoz municipal que antes del partido está el bien común es muy grave. Que un alcalde pregunte qué debe hacer con una obra ilegal es sencillamente para abuchearlo. Y que abran la boca quienes desde el gobierno permitieron semajante tropelía con su silencio y ocultación es simplemente impresentable. Y ya está bien de aguantar hombre. Así que mi ovación para usted don Luis. Ahora sólo le queda tirarlas.

Desahucio cerebral

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de marzo de 2013 a las 9:10

 

LA derecha de este país tiene un serio problema que debería hacerse mirar. Cada vez que las cosas se le tuercen o no les salen todo lo bien que querrían, los líderes populares sacan el fantasma de ETA a pasear para acallar críticas y distraer la atención. Como el partido político sin duda más castigado y amenazado por el terrorismo, los populares tienen derecho, como víctimas que han sido y son, a recordarnos cuán mal lo han pasado durante muchos años y exigirnos que no seamos débiles de memoria. Y tienen razón. Nadie debe olvidar el daño que unos obtusos cerebrales le han hecho a este país. Sin embargo, de ahí a patrimonializar determinadas cuestiones va un mundo. Ya se vio con la vergonzosa actitud tras el 11-M, que debería azorar el rostro de más de uno, y comienza a verse ahora con el tema de los llamados escraches por parte de miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. 

Vaya por delante que creo que todo acoso y persecución personal me parece lamentable, intimidatorio y mafioso. Sobre todo en un sistema democrático como el nuestro, en el que los cargos públicos de los partidos son poco más que marionetas al albur de las decisiones que tomen sus direcciones políticas. Es por eso que creo un error tremendo perseguir a un diputado, concejal o medio pensionista de la cosa pública para exigirle la rápida tramitación de la ILP a favor de la dación en pago. Me parece tan vergonzosa esta actitud como la que se practicó contra los cargos de la Junta hace bien poco aquí en Andalucía y de la que, por cierto, no se escucharon voces en contra desde la bancada popular. Eso también era escrache, aunque sin la cosa esta léxica que se gastan los argentinos -que para eso son argentinos. 

Y va todo esto porque la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ya ha lanzado la primera piedra para considerar a los que participan en estas manifestaciones como seguidores de las actitudes de los etarras y su entorno. Vamos, como accionista de la kale borroka. Cifuentes abrió la veda, le siguieron algunos de los suyos y la dirección de la Policía lo ha mejorado al ordenar a los agentes que se identifique a cuantos participen en estos actos. Creo realmente una aberración esta similitud, esta persecución y este argumentario. Creo que el terrorismo ha sido, y lamentablemente aún es, un problema tan grave que asimilarlo a otro tipo de protestas no hace más que calificar humanamente a quien así piensa. Y seguro que será una estrategia premeditada. 

Vivimos una época triste en muchos sentidos. Carecemos de líderes, no tenemos un Gobierno fuerte y creíble, de la oposición lo mejor que podemos decir es que se supone que existe, los movimientos sociales surgen y desaparecen a la velocidad del rayo y tenemos una banca que penaliza a quien deja sin casa de un modo inmoral, indigno y muy perseguible. Estamos desnortados, pero de ahí a que estemos mentalmente desahuciados va un trecho. Y eso por mucho que unos ladren y otros mujan, señora Cifuentes.

La Educación, un bien de Estado

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de marzo de 2013 a las 12:05

Desde hace 40 años, este país tiene un grave problema educativo: sus políticos. Desde que la democracia aterrizó en España, llevamos siete leyes educativas paridas para dar la mejor formación a nuestros hijos. De la lista de reyes godos y el “la letra con sangre entra” hemos pasado a los modelos coeducativos, no impositivos e integradores. De considerar al maestro una autoridad en lo suyo y respetarlo al máximo –recuerdo el miedo que daba llegar a casa con malas noticias del cole–, hemos pasado a tratarlo como a  un igual, a depauperar su labor y a no respetar en absoluto lo que hace. Nos ha ido tan bien con estas siete leyes que lideramos los informes de calidad educativa si los leemos de abajo arriba y tenemos una juventud –sobre todo la que fue víctima dela Logse– con unas carencias culturales que dan auténtico pavor.

En todos estos años, no ha habido una sola norma educativa que estuviese concebida para hacer el bien entre sus destinatarios –los estudiantes–, sino que hemos visto cómo un Gobierno tras otro modificaba la ley del anterior para imponer criterios poco formativos y muy adoctrinadores. Nuestros regidores no se han preocupado por tener una infancia y juventud formada en materias básicas –matemáticas, lengua, historia, ciencias, etc– si no en crear modelos a la imagen y semejanza de pequeños lobbies y localismos. (Excepción sea hecha del inglés, al que afortunadamente ya nos hemos incorporado). Da auténtica pena comprobar cómo los modelos educativos han caminado hacia el empobrecimiento cultural de nuestros chavales, cómo se han primado contenidos vernáculos en sustitución de aquellas materias que realmente nos hacen personas.

De la mano de estos cambios, le hemos perdido el respeto al maestro, al profesor. Hemos devaluado su profesión hasta el punto de que sea un refugio al que acudir cuando no se tiene media para otra cosa. Del profesor por vocación hemos pasado al enseñante-opositor que debe luchar contra unos padres insufribles, unos niños malcriados y unas carencias de base realmente estremecedoras. Hemos confundido el desarrollo tecnológico y la capacitación en nuevas herramientas con el olvido de las tradicionales. Nos hemos creído que se podía aprender sin estudiar y hemos caído en la vergonzosa paradoja de querer formar a niños permitiéndoles pasar de curso con un carro de asignaturas pendientes y sin conocer lo que es el esfuerzo ni el castigo a la vagancia.

Estamos hartos de escuchar a nuestros políticos decir que de esta crisis sólo se sale a través de la formación y la educación al tiempo que desmontaban el edificio común para imponer temas menores en los que prima la ideología por encima del bien común. Hemos creado la falsamente llamada generación mejor formada de la historia; una falacia en la que un exceso de titulitis convive en el Inem con una absoluta falta de formación. Tenemos miles de licenciados universitarios haciendo cola junto a sus coetáneos que dejaron los estudios en busca del ladrillo. Ésa es la dura realidad, fruto del egoísmo de quienes nos han gobernado. Siete leyes en 40 años para tener unos pésimos resultados. ¿Cuándo se darán cuenta estos de quela Educación es un bien de Estado?

Los Patios, sus dueños y los pegos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de marzo de 2013 a las 10:00

Recibir más ayudas y cobrarlas antes; utilizar los viveros municipales para obtener las plantas que necesiten; más control policial en el concurso para evitar aglomeraciones; mantener los premios del festival, y permitir el acceso a todo el que llegue, sin limitaciones ni reservas previas. Estas son las principales reivindicaciones que el medio centenar de propietarios de patios que participan cada año en el concurso le pusieron encima de la mesa el miércoles al Ayuntamiento. Lo hicieron los propietarios, no las asociaciones ni los mediadores internacionales, sino lo que cuidan 365 días unos recintos que se abren a Córdoba dos semanas. A mi me parecen lógicas, abrumadoramente lógicas. Y me explico.


El 6 de diciembre de 2012, la Unesco declaraba Patrimonio Intangible de la Humanidad a la fiesta de los Patios. Se reconocía una tradición de muchos años, muchísimos, que es única en el mundo y que se sustenta en el mimo, cuidado y generosidad de quienes durante 15 días permiten a los demás mortales pasear por el interior de sus casas, imbuirse de colores y olores y disfrutar de un espectáculo de belleza sin par. No se premiaba a instituciones, ni a asociaciones, ni a medio pensionistas de la subvención y la mano fácil. Se premiaba a Leonor, a Juan, a Blanca, a Antonio, a Francisco, a Josefa…

El 13 de marzo de marzo de 2013, tres meses y una semana después de la buena nueva, el Ayuntamiento convocaba a sus salones a los premiados para consensuar unas bases que decía haber consensuado ya y para certificar que esos dos meses de trabajo silencioso que el edil Torrico decía haber hecho habían servido para poco. Porque eso de reinventar el concurso con plataformas on line –bien costeadas, por cierto– que limiten el acceso el fin de semana no parece la mejor idea; sobre todo cuando esa plataforma ni está ni se le espera a un mes y medio del concurso. La idea podría estar bien para controlar en cierto modo las aglomeraciones, pero carece de valor si se lanza tarde, sin flexibilidad y sin consenso. Y tienen razón los propietarios cuando dicen que ellos no impiden la entrada de un autobús de turistas, o de uno solo, que no se haya enterado de la historia. Por otro lado, el Consistorio aboga por eliminar los premios este año para reconocer a todos los recintos y evitar que los galardones llenen unas y zonas y vacíen otras. Y no me parece mala idea, siempre y cuando quienes son premiados estén de acuerdo, que no es el caso. Y si no es el caso, a lo mejor debería tenerse en cuenta que sin Patios no hay Concurso y sin Concurso no hay Unesco y sin Unesco no hay turismo y sin trismo no hay empleo y sin empleo no hay… nada.

La improvisación y el empecinamiento del PP en aplicar la mayoría absoluta fuera del salón de plenos nada bueno puede traernos. Quizás un toque de humildad, de asunción de errores, vendría bien para que Córdoba aproveche lo que se prevé sea una avalancha de turistas. Y si en ese diálogo tenemos que entrar todos, hagámoslo. Del propietario al concejal, pasando por la oposición, los medios y los hosteleros –grandes beneficiados y nada colaboradores–. Pero no hagamos más el cordobés. No matemos a la gallina de los huevos de oro. Dejémonos de pegos.