De encuestas y pulpos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de noviembre de 2011 a las 10:46

Ahora que entramos en el tercer día de campaña podemos decir que nunca nadie afrontó la recta final de su pelea por la Moncloa en peores condiciones que Alfredo Pérez Rubalcaba. Y no por lo que traía consigo ya antes de iniciar el esprint de los últimos metros, sino porque en estos primeros días de contienda le están dando tal mano de bofetadas desde todas partes que cualquiera habría colgado los trastos antes de empezar. El día de la pegada de carteles, el Gobierno hizo público un demoledor dato de paro de octubre: 134.000 personas se habían ido a las listas del Inem durante ese mes, una cifra inasumible de todo punto que retrotrae a los peores momentos de la crisis y anuncia un futuro trágico. Un día después, el CIS presentaba su encuesta directa de intención de voto y pintaba un demoledor panorama en las urnas el 20-N: el PP arrasa y los socialistas se depsloman hacia su peor resultado desde Pablo Iglesias hasta en su feudo andaluz. Hoy, ignorante de los que dirá otros medios, el Grupo Joly les ofrece una encuesta que da una clara ventaja al PP en Andalucía y una perspectiva de futuro aún más aterradora para el otrora invencible partido del puño y la rosa en nuestra comunidad. Como decía: tres días, tres datos demoledores. Y todo ello en un ambiente en el que la expectación alrededor de la campaña electoral es la más baja que recordemos. La prolongada crisis económica, los larguísimos años que llevamos viendo cómo el PP le zurra la badana al PSOE mientras Zapatero navega en mensajes contradictorios y opuestos a sus promesas y la nefasta opinión que los ciudadanos tienen de la clase política actual –precisamente por eso, por clase- hacen que casi nadie ande pendiente de lo que se dice en mítines y entrevistas y dedique su tiempo a labores más constructivas como podar los rosales de su casa, jugar a las chapas o ir a hacer la apasionante compra del mes en el centro comercial. Así de claro está el panorama electoral en un país que lo único que tiene entre ceja y ceja –sin zeta en esta ocasión– es ver un atisbo de luz en un horizonte demasiado invernal. Todo apunta a que Rajoy ganará de calle, lo dicen las encuestas, lo admiten los socialistas y flota en el ambiente. Triunfará sin decir qué va a hacer, no lo necesita. Su mensaje se basa en tres palabras sin más adornos a su alrededor: austeridad, reforma y rebaja. La inmensa mayoría del país no le pide absolutamente nada más. La cosa está tan mal que se admite pulpo como animal de compañía. Aunque no venga en las encuestas.