Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2013 a las 11:17
Hay en esta ciudad una tendencia enfermiza a los debates eternos. Como si viviésemos en un bucle temporal perpetuo, cada equis meses reaparecen polémicas sobre el futuro del Aeropuerto, las parcelas ilegales, el centro de congresos o las naves de Colecor. Produce hastío y verdadera pereza tratar una y otra vez las mismas cuestiones y observar cómo nadie tiene de verdad una solución, está dispuesto a dar su brazo a torcer o se plantea aportar algo. Quizás por ello, lo que esta semana ha hecho el consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Luis Planas, con el plan de la carretera de Palma y con las naves de Colecor me parece merecedor de una sonora ovación por varias cuestiones.
El consejero ha decidido, con el apoyo de sus técnicos –no lo olvidemos– que en las naves de Colecor va a haber usos comerciales cuando las ranas críen pelo. Y lo ha decidido sólo, sin pedir permiso, sin ceder a presiones y sin concesiones poco confesables. Y por qué. Pues porque ha sabido deslindar su faceta de militante de la de cargo institucional –por mucho que a Durán le escueza–, porque tiene por Andalucía varios frentes muy complicados ante los que no puede dar ninguna señal de flaqueza; porque lo que pretende legalizar el Ayuntamiento –y aquí entra todo el Pleno– es una aberración con agravio comparativo hacia usted y hacia mi que cumplimos la ley, y, finalmente, porque es una persona que sabe lo que pasa en esta ciudad, aunque haya estado destinado en medio mundo, y siente la misma vergüenza que usted y yo cuando ve a todos los grupos políticos darle carta de naturaleza a la obra ilegal, chulesca e impresentable que se marcó Rafael Gómez.
No es esta última cuestión baladí, porque no me canso de decir que me causa un azoramiento de proporciones enormes asistir al ridículo que han hecho nuestros partidos locales en este tema. Ver cómo se han plegado ante un monumento a la ilegalidad, un homenaje a los pretéritos tiempos de la servidumbre social ante los billetes del promotor y una puñalada trapera a los derechos del resto de ciudadanos cumplidores conla Hacienday normativa pública. Eso es lo que han sido las naves de Colecor.
Por eso, lo que Luis Planas ha hecho y ha dicho muy claramente es: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que debería hacer el Ayuntamiento –todo el Pleno– es dejarse de milongas y mentiras de una vez y coger el toro por los cuernos. Quizás ha llegado la hora de perder los miedos o servidumbres que han llevado a ver actitudes bochornosas de no pocos representantes públicos de esta ciudad –algunos con sonados cambios de opinión inexplicados e inexplicables– y tomar decisiones de gobierno en favor de la gran mayoría social de esta ciudad. Que un consejero tenga que recordarle a un portavoz municipal que antes del partido está el bien común es muy grave. Que un alcalde pregunte qué debe hacer con una obra ilegal es sencillamente para abuchearlo. Y que abran la boca quienes desde el gobierno permitieron semajante tropelía con su silencio y ocultación es simplemente impresentable. Y ya está bien de aguantar hombre. Así que mi ovación para usted don Luis. Ahora sólo le queda tirarlas.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de febrero de 2013 a las 9:40
Si no fuera porque han florecido los trajes de chaqueta cofrades por las calles, pensaría que todavía estamos en Carnaval. Y si no fuera porque lo que suena ahora en la calle son marchas procesionales creería que lo vivido esta semana en el Ayuntamiento de Córdoba era parte del popurrí o la parodia de un cuarteto obra de la avezada y ácida pluma de algún autor carnavalesco. Pero, lamentablemente, no es así. Lo vivido esta semana en el Ayuntamiento de Córdoba ya no es un homenaje a don Carnal, más bien es una pantomima en toda regla que habremos de purgar durante estos días de ayuno y abstinencia.
Entre el miércoles y el jueves hemos vuelto a comprobar que en Capitulares existen inhibidores de frecuencia que no sólo bloquean las señales de los teléfonos móviles, sino que también causan interferencias cerebrales en algunos de nuestros concejales. Porque de otro modo cuesta entender que a un hombre como Rafael Gómez se le siga permitiendo expresarse a gritos y en lenguaje patibulario en un lugar en el que se defiende la soberanía popular. Sus voces, imprecaciones y gestos aturullados en el pleno del miércoles retratan a un hombre sin más discurso que el de construir pisos, saltarse la ley y no responder más que ante Dios de sus hechos. Una vergüenza ante la que al fin parece que hay unanimidad para trasladar al fiscal la sarta de acusaciones vertidas en tan serio edificio por quien hace unos años fuera uno de los empresarios más respetados de la ciudad. Va siendo hora de poner a este hombre en su sitio, de exigirle que demuestre lo que dice y de reclamarle de una vez la compostura propia de quien representa a 25.000 cordobeses.
Como hay que exigirle compostura a la oposición a la hora de cumplir sus obligaciones. Su pantomima de plante en el pleno extraordinario del jueves para tratar –por enésima vez– la liquidación dela Davises sencillamente impresentable. Y lo es porque no se puede decir que no llegó la convocatoria cuando todos los medios habían publicado que había pleno; y lo es porque no se puede decir que el día después de una sesión se llega más tarde a trabajar –algo que insulta a los demás trabajadores–, y, en definitiva, lo es porque no uno no está en Capitulares para defender intereses personales sino colectivos. Es cierto que el equipo de gobierno se marcó una chulería bastante impropia con tan veloz convocatoria, pero ante esto se reacciona como un hombre serio, yendo y expresando el malestar donde debe hacerse. Con luz y taquígrafos, con actas. Y luego, si uno quiere, se va.
El Ayuntamiento se está convirtiendo en lo más parecido a una ópera bufa. Las querellas, insultos y faltas de respeto se mezclan con infantiles debates sobre el uso de las redes sociales en los que se pierden horas inútilmente. (Sonroja ver a hombres hechos y derechos actuar en twitter). En una sociedad en la que los ciudadanos denuncian lejanía y falta de representación, lo que estamos viviendo en el Consistorio no es de recibo. La ciudad quiere más soluciones y menos peleas de cara a la galería. Un gobierno que actúe, decida y ejecute y una oposición que trabaje y plantee alternativas. Lo que no quiere nadie es un circo.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de febrero de 2013 a las 10:00
No sé si les pasará a ustedes, pero últimamente me huele todo mal. Paseo por la calle y huele como a servicio de estación o a urinario de campo de fútbol. El aroma que flota es como el de Sevilla después de tres semanas de huelga de basuras; orín y podredumbre, vótimo y náusea. No hay lejía que pueda con esta sensación, ni limpiador que acabe con esa vaharada que nos invade cuando abrimos una puerta. Es un olor profundo e insistente: el olor de la corrupción. Ha calado profundo y no se quiere ir.
España siempre ha tenido algo de corrupta, un espíritu de Lazarillo más dado a la remanguillé que a la luminosidad, una tendencia al pecadillo venial con compungida confesión posterior. Está en el ADN del país. Por eso, cuando Rafael Gómez ha denunciado esta semana que durante años estuvo recibiendo favores, beneplácitos y palmadas en la espalda por parte del gobierno que presidía Rosa Aguilar nadie se ha sorprendido. Quizás porque todos teníamos en la memoria aquellos tiempos en los que el de Cañero era Virrey de Córdoba y todo el mundo se ponía –o nos poníamos– firmes a su paso. Por eso, a muchos les saltaba una sonrisa burlona cuando el ahora líder de la oposición denunciaba públicamente que él hizo sus obras con permisos verbales de la exalcaldesa y su sucesor, Andrés Ocaña. Tras tantas fotos juntos, pocos dudaban de que su relación era más que estrecha.
Sin embargo, lo que hizo el miércoles Rafael Gómez, Sandokan para los amigos, es destapar una alcantarilla de la que emanan vapores mortales. Si es cierto lo que el otrora agasajado empresario dijo ante la prensa –y no digo yo que lo sea–, estaríamos ante un caso de tráfico de influencias, prevaricación, cohecho y vaya a saber usted qué más. Porque no es sólo que hubiese reuniones “clandestinas” –esas sí me las creo– con la exregidora y su entorno, sino que el dueño de Arenal 2000 acusa a la actual diputada socialista de haberle comunicado la multa de la Colecor en una cena pijotera –por las pijotas– en la que le dijo que no se preocupara porque todo quedaría en “6.000 euros”. Porque cuando el empresario se enfrentaba al comienzo de su caída, hubo una llamada de teléfono de la exalcaldesa anunciándole que “lo peor estaba por venir”, y una semana después el de Cañero era detenido en el caso Malaya. Porque “tú no le puedes poner una multa así a quien te ha dado todo lo que has necesitado”, dijo el de UCOR, en referencia a la compra de cuadros, la venta de terrenos para el Hipercor y sabe Dios qué otros favores.
Rafael Gómez no es un santo, ni mucho menos. Ha coleccionado una gama de irregularidades e ilegalidades urbanísticas tan grande como fue su imperio económico por las que ha de pagar hasta el último céntimo. Pero Rafael Gómez tampoco es tonto. Puede ser un iluminado, un hombre que se cree un visionario, un ser al que las leyes no le van bien, pero no es un tonto. Esta semana se ha dudado mucho de sus denuncias, y eso está bien porque la presunción de inocencia debe regir por encima de todo y para todos.
Sin embargo, ya les digo yo que cuando salgo a la calle me huele raro. Esta peste a corrupción no me gusta nada. Que la limpien.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de diciembre de 2012 a las 18:44
Dice Rafael Gómez, desafiante y retador, que las naves dela Colecorson suyas –“ustedes creéis que son de mi prima la pelá”– y que no las va a demoler porque “sería absurdo y contraproducente”. Y se queda tan pancho. El histriónico propietario de UCOR y líder de Arenal 2000 –¿o es al revés?– vuelve a lanzar su enésimo reto a sus compañeros de corporación, ala Juntade Andalucía, a la ley y a quien se le ponga delante para dejar claro que él hizo lo que hizo por que le dejaron –algún día debería decir claramente cuándo y cómo se sentó con Rosa Aguilar y Andrés Ocaña si es que esto es cierto– y que su intención no era más que crear empleo para Córdoba, por lo que no hay motivo alguno para modificar ni un ápice de su construcción. Además, el empresario afirma que a él no le han dejado hacer lo que a otros y vuelve a denunciar una especie de cacería en su contra. Dicho con sus palabras: “Aquí vienen los franceses y les ponemos el culo”. Y se queda tan pancho, otra vez.
Que Rafael Gómez tiene una concepción laxa de la legalidad no es algo que nos sorprenda a estas alturas y por eso es inútil intentar explicarle que él construyó40.000 metrosde naves en un espacio con protección, que lo hizo sin papeles y que debería afrontar las consecuencias. Lo que es más grave es la lamentable actitud de los restantes grupos municipales del pleno cordobés. Empezando por el PP, que ahora que es gobierno apoya el mismo plan ante el que se abstuvo en 2010 _–“no podemos dejarlo dormir eternamente”, Luis Martín dixit–, y pasando por IU y PSOE, que llevan años intentando sacar adelante esta ilegalidad con argumentos poco creíbles y menos serios. Es una auténtica vergüenza que desde el Consistorio se amparen estas conductas ilegales al mismo tiempo que a cualquier hijo de vecino le meten un paquete de no te menees si pone más mesas de las debidas en su bar, aparca donde no le corresponde o se retrasa quince días en abonar el IBI. Es una vergüenza que desde el Consistorio se ampare esta ilegalidad y encima se encojan los hombros y se ponga cara de pez para justificar la decisión.
Ahora toca ver quién recurrirá el plan de las naves, seguro que algún vecino lo hace, y contemplar sila Juntaes capaz de mantenerse en sus postulados de siempre o cede a los deseos del partido –apuesto por esto–. Vivimos por momentos en una ciudad de cachondeo en la que se practica la ley del embudo y se pretende hacer ver a los ciudadanos que legalizar lo ilegal es el mejor camino. Una vergüenza.
Por cierto, no se olvide usted de ir a pagar su multa, que, como la de Gómez no va a llegar a la caja, hay que tapar con su dinero los agujeros presupuestarios.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de diciembre de 2011 a las 9:59
El año que hoy termina deberá recordarse en el futuro alrededor, sobre todo, de tres fechas. La del 22 de mayo, la del 28 de junio y la del 8 de octubre. A su alrededor ha girado toda la actualidad informativa de este 2011 que hoy cerramos y a su alrededor se agrupan los anhelos, sueños y decepciones de los cordobeses. Ha habido, sin duda, otras citas relevantes en el calendario y ha existido por encima de todas ellas una realidad: la de la crisis y el desolador paro, que sólo con mencionarla se explica sola. La provincia ha alcanzado en este 2011 su mayor tasa de desempleo desde que se elabora la medición de datos y ya son más de 85.000 cordobeses los que esperan un puesto de trabajo según los datos del Inem. A la vez, la destrucción de empresas no se detiene y tuvo su ejemplo más descarnado con la desaparición definitiva de la actividad en la histórica factoría de Locsa en el barrio de la Electromecánica.
Esta pésima perspectiva económica se encuentra entre los factores que explican por qué, el 22 de mayo pasado, el Partido Popular de José Antonio Nieto se convirtió en la primera fuerza política de la provincia de Córdoba y dio un vuelco histórico a los resultados en una provincia tradicionalmente de izquierdas. Un giro copernicano que apenas seis meses después, el 20 de noviembre, se veía confirmado con un arrasador triunfo en las elecciones generales. Dos aspectos hay que destacan por encima de todo en estos resultados: la entrada por primera vez en el gobierno de la Diputación y la confirmación de Nieto como el hombre en el que Córdoba capital confía su futuro. En la sede de La Merced, María Luisa Ceballos se encontró de golpe y porrazo con un cargo que ni se había imaginado. La también regidora de Priego de Córdoba –otro gran éxito popular del 22-M– intenta ahora hacerse con las riendas de una institución marcada por tres décadas de poder omnímodo socialista, lastrada por una profunda falta de credibilidad y obligada a convertirse en la muleta que salve las maltrechas economías de unos pueblos en cuyas arcas no hay más que telarañas por los excesos de los años de expansión. Ímprobo esfuerzo el que les resta a los populares en la institución provincial.
Lo de la capital y el voto popular es otra cosa. El 22 de mayo José Antonio Nieto se convertía en el primer alcalde con mayoría absoluta en Córdoba desde finales de los 80, con Herminio Trigo en Capitulares, y lograba 16 ediles frente a los 5 de la Unión Cordobesa de Rafael Gómez y los cuatro de IU y PSOE. Una rotunda victoria que se vio certificada el 20 de noviembre cuando en las generales el PP duplicó en votos a los socialistas en la capital. Ni el efecto Rosa Aguilar, ni el anuncio de subidas en las ordenanzas fiscales, ni el más que previsible recorte laboral en el Ayuntamiento para 2012 frenan la marea azul que ha provocado una catarsis política en la provincia. Nieto es alcalde con mayoría absoluta y tiene enfrente a una oposición frágil, desestructurada y escasamente representativa. Encara un mandato municipal extremadamente complejo en el que el aval de las urnas le permitirá llevar a cabo las reformas que considere oportunas. Eso sí, ha de permanecer vigilante ante los excesos y la tentación del cesarismo que devienen de tan amplias mayorías.
Ese cesarismo es lo que define el fenómeno de UCOR. Su éxito es una llamada de atención a la clase política local, que ha visto cómo en su estreno en la arena electoral Rafael Gómez ha sido de captar 25.000 votos en zonas obreras y deprimidas con un mensaje muy simple: el empleo. El populismo, trufado de actuaciones histriónicas y promesas imposibles, acabó en un resultado espectacular. Mientras, la izquierda cordobesa atraviesa por su peor momento. La debacle de Izquierda Unida, que pasó de 11 a cuatro concejales, y la incapacidad del PSOE de rentabilizar ese desastre –salvó por los pelos el cuarto edil–, han situado a ambas formaciones ante una grave crisis. Las dimisiones y ceses han sido la tónica de una marejada interna que dará la cara en el 2012 que mañana arranca. El modelo de gobierno que heredó Andrés Ocaña de Rosa Aguilar en coalición con el PSOE fue aplastado por la realidad de unos cordobeses hartos de ver mala gestión, nulos avances y peor comportamiento por parte de quienes les gobernaban. Y lo peor es que ninguno de los dos partidos, al menos en sus direcciones, parece que haya asumido el mensaje.
Sí estuvo a la altura de las circunstancias la ciudadanía cordobesa el 28 de junio cuando Manfred Gaulhoffer pronunció el fatídico veredicto que convertía a San Sebastián en la Ciudad Europea de la Cultura de 2016. Córdoba demostró, y aún lo hace en sus ventanas y balcones, que el sueño colectivo caló hasta lo más profundo de su ser y dio una lección de implicación ciudadana e ilusión colectiva. Pasados seis meses del fallo del jurado cabe comenzar a asumir los errores de una propuesta que, a buen seguro, no supo aprehender los requisitos que exigía Europa y que quizás pecó de un exceso de triunfalismo que hizo aún más dura la derrota. Del mismo modo, habría sido deseable una mayor implicación de la Junta en respaldo de Córdoba más allá de una absurda neutralidad activa que, a la postre, de nada ha servido. (Igualmente faltó respaldo para que los Patios fueran Patrimonio de la Humanidad de la Unesco). Sin embargo, ello no debe hacernos olvidar que el veredicto se vio condicionado por unas alusiones impresentables y vergonzosas a un proceso de paz que nunca fue requisito para optar al premio. Tampoco es serio que el Gobierno español haya pasado por alto la implicación y colaboración directa de una de las integrantes del jurado, Cristina Ortega, con la candidatura donostiarra. El camino judicial emprendido por el Ayuntamiento no parece que vaya a conducir a ninguna parte, pero al menos satisface el derecho al pataleo de quien se ve robado en su propia casa. Ahora toca reponerse de la decepción.
Y en su casa y sin poder hacer nada está desde el 8 de octubre Ruth Ortiz, la madre de los pequeños Ruth y José, de 6 y 2 años, que permanecen desaparecidos desde aquel día. Dos niños que, según el testimonio de su padre, José Bretón, se perdieron en el Parque Cruz Conde, pero a los que nadie vio llegar allí. Las dudas que rodean el caso apuntan al progenitor como causante de dicha desaparición y el juez instructor de la causa así lo entiende al mantener a Bretón a la cárcel desde hace más de dos meses acusado de detención ilegal y simulación de delito. La Policía Nacional ha peinado todos los escenarios posibles en busca de los pequeños en el entorno de la finca familiar de Las Quemadillas, el juez ha reconstruido los hechos en varias ocasiones y centenares de cordobeses se han manifestado para pedir el retorno de los pequeños. José Bretón permanece impasible, mantiene su tesis inicial y reclama verse con su esposa para poder aclararle en persona sus afirmaciones. Mientras, el circo mediático generado entorno al caso y fomentado en buena medida por el abogado del padre ha provocado escenas lamentables, acusaciones infundadas y un juego por la audiencia de la que se han desmarcado ambas partes. Lo importante, tal y como repite hasta la saciedad la familia materna, es que 2012 nos traiga, sobre todo, la recuperación de dos niños, Ruth y José, cuya ausencia se nos hace a todos insoportable.
Con este panorama termina un difícil 2011 para Córdoba y afrontamos un aún más complicado 2012. La crisis apunta a unos primeros meses negros en cuanto a empleo y actividad económica, dos motivos más para que los diferentes equipos de gobierno surgidos de las urnas redoblen esfuerzos en busca de soluciones y para que los partidos de la oposición tengan altura de miras para respaldar aquellas iniciativas que saquen a Córdoba de su parálisis. Los cordobeses tienen claro lo que viene; han optado por el esfuerzo, la austeridad y las reformas como salida del túnel y son los primeros dispuestos a sacrificarse. Todo sea porque dentro de un año podamos terminar estas líneas con algo más que la palabra esperanza.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de septiembre de 2011 a las 13:57
Rafael Gómez ya es miembro de pleno derecho del consejo rector de la Gerencia de Urbanismo de Córdoba en representación de Unión Cordobesa (UCOR) y en sustitución fulminante del portavoz municipal de esta formación, Juan Miguel Alburquerque. El empresario de Cañero accede por la vía democrática a un lugar en el que ha sido protagonista durante los últimos años no precisamente por actuaciones respetuosas con el orden legal. Nada se puede decir de esta presencia, más allá de que desafía a todos los principios de la ética y desafía a los controles públicos a permanecer en permanente estado de vigilancia. Él mismo lo ha dicho: “Yo no vengo aquí a resolver mis problemas, a mi eso me trae sin cuidado, yo vengo a trabajar por todos los cordobeses”. Inocente y cándida declaración de intenciones de quien tiene tras de sí, y no lo olvidemos nunca a la hora de hablar, el respaldo de 25.000 personas. Más que ningún otro partido de la oposición municipal.
Hasta aquí estaríamos hablando de algo llamativo pero legal. Un nuevo resquicio de la democracia por el que se cuelan protagonistas rodeados de un aura sui generis. Sin embargo, Rafael Gómez no dijo dentro lo mismo que manifestó antes de entrar. En la reunión, el empresario se quejó amargamente de que su grupo municipal no ha tenido acceso a la documentación del expediente de la multa de las naves de la Colecor. Criticó abiertamente al equipo de gobierno por negarle unos papeles que considera que su formación está en pleno de derecho de poseer. Y se quedó tan pancho. Aquí es donde entra el peligro de don Rafael. Aquí es donde estamos en nuestro derecho de pedirle que nos explique para qué quiere su formación esos papeles si él, como parte implicada en el proceso judicial en curso, tiene acceso a toda la documentación del caso. El dueño de Arenal 2000 queda en evidencia tan sólo minutos después de proclamar su limpieza de sangre y contribuye a que todos tengamos cada vez más dudas sobre los motivos reales que le mueven a estar presente sólo en las cuestiones urbanísticas tanto en el Ayuntamiento como en la Diputación.
Gómez parece no haberse dado cuenta aún de que la representación del pueblo es algo más serio que una serie de discursos más o menos vacuos. No se puede ir por ahí desafiando a la legalidad, proclamando que no se pagarán multas y amenazando veladamente con tirar de la manta y decir quien te permitió cometer una ilegalidad y luego pretender que nos creamos que se trabaja en defensa del pueblo. No se puede pretender representar la legalidad vigente y proponer acto seguido que se conmuten las multas de los parcelistas y se legalicen las construcciones que conculcan la legalidad. No se puede, en resumen, fabricar una realidad a la medida que obvie lo que no conviene y subraye lo que mejor viene. Esto de ser concejal es más serio y, sobre todo, menos negociable.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de septiembre de 2011 a las 9:59
Se acabó la Davis, terminó el verano, llega el otoño y se cumplen cien días. Llega la hora de la verdad para José Antonio Nieto y su equipo; el momento en el que deben demostrar si están capacitados para gobernar y tomar las decisiones pertinentes para hacer avanzar a Córdoba. De entrada, hemos de admitir que la cosa tenística salió bien: llenó hoteles y restaurantes y hasta los taxistas anduvieron felices. Córdoba salió mucho en la tele y, si no fuera porque el baloncesto jugaba una final, nos habría ido aún mejor. Pero eso se acabó y ahora toca gobernar. En estos tres meses y pico, el PP ha dado muestras claras de bisoñez dejando que asuntos menores como la Velá de la Fuensanta o los comentarios de algún edil le enturbiaran una pacífica transición, pero también ha dejado claro que su mensaje electoral de austeridad y reestructuración no era falso. En la reestructuración cabe incluir la reorganización de la Policía Local en distritos y el borrador de reglamento de la Feria, toda una vuelta de calcetín a la fiesta principal de la ciudad que, a buen seguro, va a dar que hablar. Recorte de duración, posibilidad de cerrar para socios, establecimiento de un tipo de música fijo…. medidas todas que iban contempladas en su programa y cuya puesta en marcha va a medir la capacidad de diálogo del controvertido Rafael Jaén. Muchos cambios para una Feria que, sin duda, necesita una redefinición sincera y alejada de demagogias. Eso en la reorganización. En los recortes la cosa va más dura. El proyecto de ordenanzas establece subidas al IPC de agosto –medida dura en un escenario casi de recesión–, inclusión de nuevos cobros –casi por todo lo cobrable– y congelación de impuestos que eran difícilmente incrementables. Nieto ha dado orden de sanear el Consistorio y, estando el panorama como está, no parecen desafortunadas las decisiones tomadas. Polémicas sí que son, que eso de cobrar por ir a la Ciudad de los Niños o por casarse en el Alcázar seguro que hay muchos a los que no les gusta. A otros tantos les parecerá que mejor eso y buscar ingresos que dejar de pagar facturas atrasadas y nóminas municipales. (Llamativo me parece que el anuncio de recortes en el Pacto por el Empleo no haya suscitado ruido. ¿Será por su utilidad demostrada?). En el tintero de estos cien días se quedan medidas anunciadas y muy esperadas; entre ellas el futuro de Cruz Conde. Ahí se verá la firmeza de palabra de un partido al que más que medírsele por temas económicos se le espera en el terreno del diálogo con todos. Porque estos cien días también han demostrado que la oposición no va a salir de Capitulares sino de los colectivos –sindicatos, vecinos, comerciantes…– afectados por esas decisiones.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de mayo de 2011 a las 13:08
No va más. Fin de trayecto. Próxima parada, las urnas. Después de quince días bastante más aburridos de lo esperado, esta medianoche se echa el cierre de la campaña electoral al mismo tiempo que se encienden las luces de la portada de la Feria. La de verdad, me refiero, que las campañas electorales tienen mucho de feria también, aunque más de vanidades que de otra cosa. En las horas que quedan los candidatos harán un llamamiento masivo a la participación para que no gane el contrario. Está gracioso esto de la participación porque en la izquierda mantienen que si se participa mucho los mayores beneficiados son ellos, mientras que el PP afirma que para lograr la absoluta necesita diez puntos más de participación para no volver a quedarse en el intento. Eso sin contar que con la boca chica todos dicen que si la participación se desata puede favorecer a Rafael Gómez, muchos de cuyos electores potenciales son abstencionistas profesionales. Y ahí entramos en el anatema de la campaña, en la amenaza fantasma, en el miedo que recorre el espinazo de los equipos de campaña. ¿Logrará el empresario de Cañero dos concejales, como dicen la mayoría de los sondeos, o se disparará hasta los cinco que le auguraba uno esta semana? Si le hacemos caso a él “nos va a votar la marabunta, hermano”. Ya veremos. Ése es el miedo general. Luego está el que atenaza a PSOE e IU por el impacto que sobre ellos pueda tener la candidatura de Ecolo, un grupo por el que pocos daban nada al principio de la campaña pero que en estos días ha demostrado una gran capacidad de movilización y sorpresa. Tanto, que el Ayuntamiento, en una jugada poco estética y más bien sucia, les ha desmontado esta madrugada el escenario desde el que querían cerrar su campaña esta noche en La Corredera. Ya saben, una putadita para ver si les aguan el final de fiesta. Porque los chicos de Ecolo rascan ahí donde duele, en la izquierda ecologista, en la de los ámbitos universitarios, en la de los profesionales liberales que están hartos -¿les suena?- de dos formaciones que llevan demasiados años gobernando de la mano. Y queda la última incógnita, la de los movilizados del #15M. La de esa masa informe que está hastiada de todos los políticos y sus mediocridades y que está en la calle protestando por lo que consideran una situación insostenible. ¿A quién beneficia su presencia? Si se atiende a la caverna todo es culpa del Gobierno. Si se mira al PSOE, se observa tal cara de pánico ante la duda que da hasta penita. Y se se mira hacia IU, se ve otra vez cómo un movimiento que se enmarca dentro de su ideario se les ha vuelto a escapar vivo. Así las cosas hay dos posibilidades: un incremento de la abstención y el voto e blanco, o un castigo trasladado hacia Ecolo u otras opciones regeneracionistas como UPyD. A Gómez no, pues representa ampliamente muchos de los vicios que se denuncian en la acampadas. Hasta aquí llega la campaña, ahora queda esperar al domingo disfrutando de la Feria. No se pongan nerviosos, en apenas 72 horas saldremos de dudas.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de mayo de 2011 a las 7:00
Dentro de una semana, miles de cordobeses irán a las urnas para elegir a sus nuevos alcaldes. Día D y hora H. Ya no habrá más mensajes ni más indicaciones que las que le marque la conciencia a cada uno en la soledad de la cabina de voto o con las papeletas en casa. Será el momento mágico de la democracia, ése que debe ser una fiesta general por el mero hecho de existir. Miremos al norte de África para darnos cuenta de lo afortunados que somos o pensemos en los 40 años durante los que nuestros padres o abuelos estuvieron secuestrados de democracia para convencernos.
Y después de convencernos acudamos a votar con conciencia crítica. Aunque creo que de eso no va a faltar. Estos diez días de campaña me han servido para comprobar cómo están los ánimos en esta convocatoria electoral. El mejor elemento para ello ha sido la página de Facebook Si yo fuera alcalde que hemos puesto en marcha para conocer lo que harían los cordobeses si gobernasen sus ciudades, lo que esperan de sus regidores y cómo consideran a los que están o aspiran a estar. Y aquí es donde el viernes hubo una respuesta que me dejó estupefacto: “Si yo fuera alcalde me avergonzaría de ser político”. Una frase corta, directa, sencilla, sin alharacas ni oropeles. Una opinión de tal dureza en su simplicidad que mueve a la reflexión. La sentencia sintetiza muchas otras de días precedentes y cataliza un sentimiento ciudadano que viene reflejándose en las encuestas desde hace años: los políticos no son vistos como parte de la solución sino como parte del problema. La credibilidad de la clase política atraviesa por sus cotas más bajas; tanto que más abajo ya no hay más que el núcleo terrestre.
Quizás por ello esta campaña electoral está siendo tan plana y poco movilizadora. No se ven mítines masivos ni se aprecia a la ciudadanía con ganas de aprehender propuestas de futuro. Quizás por ello sólo llena sus mítines Gómez con sus músicos, sus mensajes poco profundos y menos complicados. Quizás por ello los partidos tradicionales sean cada día más conscientes del peligro que representa para ellos el empresario de Cañero y su recolección del voto cabreado e insatisfecho. Quizás por ello, Ocaña, Nieto y Durán no se cansan de repetir que votar a Sandokán es perjudicar a Córdoba, temerosos de que “la marabunta” que pronostica el de Cañero pueda tener de cierto más de lo esperado.
Son los miedos que surgen tras gestionar mal la democracia. El riesgo de que una opcion cuando menos poco fiable se haga un hueco que condicione la vida futura d ela ciudad. Claro que si eso ocurre la culpa no será de los cordobeses, sino de quien les llevó al extremo por su escasa credibilidad. De todos.
Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de mayo de 2011 a las 11:46
Hemos pasado ya el ecuador de la campaña y los partidos, a falta de grandes proyectos con los que atraer a las masas, han optado por enfocar sus mensajes hacia una llamada a la participación de los ciudadanos. Participación para mejorar lo que las encuestas auguran o participación para consolidar lo que los sondeos predicen. Participación, al fin y al cabo.
Si estos fueran unos comicios normales, el tema de la asistencia de votantes a las urnas tendría la lectura habitual: la izquierda esperanzada en ese dogma de fe de que cuantos más voten mejor para ella y la derecha pertrechada en una base fiel hasta la muerte que no le falla nunca. Sin embargo, la irrupción de Rafael Gómez en la campaña le da un significado especial a la participación en esta ocasión. El candidato de Unión Cordobesa parece que aglutina, por un lado, entorno a sí a votantes que proceden del abstencionismo, que nunca se han esforzado por ir a las urnas. Por otro lado, el empresario de Cañero puede atraer a los cabreados, aquellos electores que están hartos del statu quo, de los partidos tradicionales y de los pactos registrados hasta ahora. Estos votantes se supone que a quien más van a dañar con su modificación de voto es a IU, que paga el peaje de haber gobernado durante muchos años, y al PSOE, al que, salvo de la muerte de Manolete, se puede culpar de casi todo. Aun así tampoco debe relajarse el PP, pues Gómez es posible que rasque sufragios de algunos cordobeses que en 2007 comenzaron a optar por Nieto y los suyos. Todo esto, eso sí, si el peculiar empresario es capaz de aguantar el tirón y situarse en esa orquilla de entre 1 y 3 ediles que le auguran los sondeos.
Al margen de esta “anomalía”, la paticipación es fundamental para que Izquierda Unida no ya repita los resultados de 2007, sino que impida el fuerte retroceso que le auguran los sondeos -públicos y sin publicar-. Andrés Ocaña es consciente de que la desmovilización de los suyos es enorme y se esfuerza por convencer a sus indecisas bases de que el domingo 22 deben ir a las urnas para impedir el cambio de gobierno. Lo cierto es que IU se juega el ser o no ser en estas elecciones y de su capacidad de movilización depende en gran medida medir el impacto de la salida de Rosa Aguilar y sus opciones de continuar como una fuerza decisiva en la ciudad.
Al PSOE la participación tampoco le obsesiona, consciente como es de que su resultado en Córdoba es muy difícil que caiga a la vista de su historia y de que la ola nacional tampoco es que sea la mejor para sacar la cabeza. Sí es cierto que una participación mayor puede devolverle algunos de los votos que históricamente se han ido a IU, sobre todo a Rosa Aguilar, pero de ahí a dar un salto sustancial parece que va un trecho largo.
Y por último está la llamada a la participación del PP. Nieto sabe que la diferencia entre su suelo y su techo electoral es limitada y que la diferencia entre la mayoría absoluta que persigue y los 14 ediles que tiene se sustancia en muy, pero que muy, pocos votos. Al candidato popular no le vendría mal, por tanto, que la cifra de cordobeses que fueran a las urnas rondase el 65% del censo de modo que a sus seguidores de siempre pueda sumar algunos de los que votaban a IU por Rosa Aguilar y otros socialistas que quieran castigar a Zapatero y Griñán.
Éste es el panorama general a una semana del cierre de campaña. Veremos qué ocurre al final… Y eso sin hablar de ferias, peroles y playas.