La fórmula de la Coca-Cola

Pablo Bujalance | 8 de mayo de 2013 a las 5:00

Un actor frente a un patio de butacas vacío

Un actor frente a un patio de butacas vacío

Con 1’8 millones de espectadores perdidos en ocho meses, el riesgo de que a alguien se le ocurra la fórmula de la Coca-Cola para salvar el teatro español se acrecienta cada día. Y, efectivamente, ha sido el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (Inaem), en boca de su director, Miguel Ángel Recio, el que ha terminado cayendo en la tentación. Una cosa es hacer política cultural en el fango, buscando soluciones mano a mano con todas las partes implicadas desde abajo, y otra muy distinta es sacarse de la manga parches de dudosa eficacia para arrojarlos después con la consigna de que el que quiera, que se lo aplique. En una entrevista reciente con la Agencia Efe, Recio anunció un plan para el fomento de la contratación de espectáculos por parte de los teatros municipales, para el se espera la colaboración de la Federación Española de Municipios y Provincias. Y se trata, tal y como afirmaron Maquiavelo primero y Lampedusa después, de cambiarlo todo para que todo siga igual.

Conviene analizar el dichoso plan punto por punto. Partimos, ante todo, de un panorama desolador en el que la programación municipal ha caído en España a niveles desastrosos, en una tendencia que se viene dando desde mucho antes de la subida de la aplicación del IVA a la venta de entradas del 8% al 21%. En esta situación, el Inaem se ofrece como árbitro y mediador entre teatros gestionados por ayuntamientos y compañías para que los primeros contraten a los segundos. Y ya se sabe que esto es cuestión de dinero. A los teatros que quieran participar se les exige que se hagan cargo de toda la cobertura técnica y publicitaria, que no tengan deudas con la Seguridad Social y que, atención, tengan una programación estable, lo que deja fuera de juego a miles de teatros y auditorios de municipios de toda España que en los últimos años se han visto obligados a cerrar al no poder hacer frente a los gastos de una programación al uso; o, lo que es lo mismo, el plan viene a poner la tirita donde no hay herida, o donde la herida duele menos. Pero sigamos. A las compañías se les exige que, en consonancia con una contratación profesional, no sean “amateurs ni universitarias” y que presenten, en palabras de Recio, “espectáculos que tengan un nivel”. Hasta aquí, de acuerdo: el sector profesional de las artes escénicas es el primero que hay que rescatar. Pero la cláusula que de manera más directa atañe a las compañías es que para apuntarse al plan tienen que ir a taquilla. Es cuanto menos paradójico que ahora el Gobierno pida a través del Inaem a las compañías que vayan a taquilla cuando la mayoría de ellas (especialmente las que trabajan sin apoyos directos de entidades públicas) se han visto obligadas a hacerlo en los últimos años a causa de las deudas contraídas por el mismo Gobierno y las comunidades autónomas. Eso sí, en el caso de que las compañías lleven un caché y de que lo recaudado en taquilla no alcance a cubrirlo, el Inaem se compromete a financiar la cantidad que reste. Es decir: los ayuntamientos tienen que invertir en publicidad y el acondicionamiento técnico, sin saber si su porcentaje correspondiente del ingreso por la venta de localidades cubrirá los gastos; las compañías se ven obligadas a trabajar a taquilla sí o sí y, en el caso de que habláramos de una de las pocas que presentan aún un presupuesto previo, tendría que contentarse con el porcentaje pertinente de la recaudación y una nueva deuda pública que añadir a su colección; el Inaem se limitaría, por tanto, a completar los escasos cachés que quedaran por cubrir sin comprometerse dentro un determinado plazo (¿Alguna de las pocas compañías españolas que todavía funcionan a caché se prestaría a participar en un proyecto semejante?) y a, eso sí, trasladar a Hacienda lo recaudado con un IVA del 21%. Pocas horas después de que se anunciara el plan, consulté el asunto a un concejal de cultura de un importante ayuntamiento andaluz gobernado por el PP y su respuesta no pudo ser más aclaratoria: “A ver si nos pagan lo que nos deben y entonces nos creeremos que de verdad quieren ayudarnos”.

¿Cuál sería la solución? Evidentemente, rebajar el IVA cultural del 21% al 8% de partida o cuanto menos a un 10%, tal y como han planteando los gobiernos autonómicos de Extremadura y Andalucía. Recio afirma al respecto que reducir el impuesto “es complicado”, pero además señala que el mal no es tanto: “La subida del IVA ha reducido considerablemente el margen de beneficio del empresario, pero éste ya era muy poco”. Sobre los 1’8 millones de espectadores perdidos desde septiembre de 2012, por ahora, no hay reflexión. Pero la desfachatez definitiva se produce cuando, en previsión de que el plan salga tan estupendamente como el Inaem espera y asistamos a multitudinarias giras de las compañías españolas por todo el país, Recio reclama “un cambio de mentalidad en muchos teatros que estaban subvencionados y en los propios ciudadanos: una cosa que para los madrileños estaba en 20 euros no puede estar para otros ciudadanos a 5 euros”. Además de que semejante afirmación delata un desconocimiento profundo de la realidad (¿En qué teatro público se venden entradas a funciones de producciones nacionales por 5 euros?), si ésta es toda la respuesta que el Inaem es capaz de ofrecer ante la desaparición casi absoluta de las giras que teóricamente forman parte de su competencia, mejor echa el telón y vámonos.


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber