La broma

Pablo Bujalance | 27 de agosto de 2015 a las 5:00

Como broma, no ha estado mal. Los rumores, idas y venidas respecto a una posible bajada del IVA cultural, alimentados con el cambio de titular en el Ministerio de Cultura, tuvieron su jarro de agua fría hace unos días servido, graciosamente, por Luis de Guindos: no habrá bajada. El impuesto se mantendrá al 21%. La estrategia es digna de Maquiavelo: la aniquilación de una expectativa generada por el poder a cargo del mismo poder constituye una demostración definitiva de quién manda y de qué margen de actuación disponen los súbditos. De cualquier forma, la temporada teatral que ya empieza lo hace sin perspectivas de cambio en el horizonte, con las mismas dificultades para producir, distribuir y programar y con serios obstáculos para ganarse al público más allá del talento y las consideraciones altruistas. En una de sus últimas intervenciones como ministro, José Ignacio Wert celebró el pasado mes de junio un ligero repunte en cuanto a la aparición de nuevas compañías, número de espectadores, apertura de salas y puesta en marcha de producciones, y habló expresamente de “datos alentadores”; suficientes, en todo caso, para que el Gobierno haya decidido mantener para el sector una carga impositiva inasumible, sin parangón en el resto de Europa. He aquí, entonces, un problema acuciante no exento de paradoja: el IVA al 21% no impide que acuda gente al teatro, ni que las compañías se busquen la vida, ni siquiera que sean más incautos los que decidan meterse en el negocio. Dicho de manera un tanto cruda: se le pincha al bicho, y el bicho no se muere. Así que se le puede seguir pinchando si con ello sacamos otra castaña del fuego. Pero aquí sale a relucir, de nuevo, la trampa sofista a la que tanto se arrima un sector público desquiciado: una cosa es que se siga haciendo teatro y que haya público dispuesto a ir a verlo, y otra muy distinta que no se estén destruyendo las artes escénicas como sector industrial y productivo. El teatro, como fenómeno intrínsecamente humano, tan antiguo como la especie, existirá mientras queden dos personas en la tierra; pero la mayor parte de quienes se dedican a él profesionalmente lo hacen en condiciones cada vez más ajenas a cualquier rango de profesionalidad: todo se resuelve de manera cada vez más gratuita, más amateur, más esporádica, sin fibra y con cada vez menos capacidad de proyección. Ampararse en el hecho de que la actividad escénica persiste para someterla a unas condiciones proclives a su extinción es un acto de cinismo. Pero habría que preguntarse por qué un Gobierno ha decidido desmantelar todo un sector de la economía, en el que cotizan no sólo actores, también programadores, técnicos, modistos, electricistas, carpinteros, transportistas y otros muchos trabajadores que, al prestar sus servicios a cualquier producción escénica, se ven obligados a presentar sus facturas con un 21% menos a cuenta del IVA; luego, para colmo, cunde la imagen del empresario o autónomo español que decide pasarse las facturas y el IVA por semejante sitio, con lo que la carga impositiva adquiere una connotación moral. Habría que preguntarse, de igual modo, por qué cuando otros muchos sectores han visto ya reducidos sus impuestos, por qué cuando hasta se ha decretado una bajada (ridícula, pero bajada) del IRPF, por qué cuando España crece ya a más velocidad que el conjunto de Europa, el teatro y la cultura siguen condenados a la economía de guerrilla que le proveyó la crisis. Resulta difícil no sospechar de un castigo ideológico. Pero esta otra broma también dura demasiado.

Me parece oportuno recordar una entrevisté que realicé hace unos meses al productor Jesús Cimarro, responsable del Festival de Mérida, cuyo contenido mantiene tristemente intacta su actualidad. Tras preguntarse “¿Cómo puede entenderse que el IVA aplicado a la pornografía esté al 4% y el del teatro al 21%?”, Cimarro afirma: “La subida del IVA ha afectado al precio de las entradas, que ha habido que subir, pero más aún a las empresas que producen, que se han quedado sin recursos. Quitar de la taquilla el 21% es una auténtica locura, y las empresas ya no pueden producir nuevas propuestas. Fíjate en la cartelera madrileña, está toda llena de reposiciones. Producir teatro se ha convertido en algo muy caro, y más aún desde la iniciativa privada. Tampoco es de recibo que la entrada al Centro Dramático Nacional no tenga IVA y que la entrada a cualquier otro teatro tenga un IVA del 21%. Es una competencia desleal, sobre todo si lo comparamos con el entorno europeo. Las empresas francesas pagan un 2,1% de IVA, con lo que una empresa española tiene un 19% menos de recursos. Lo lógico es que el impuesto vuelva a la posición que ocupaba, la del IVA reducido, como sucede en otros sectores de la economía española. Mientras no ocurra eso, lo que tendremos será una destrucción del sector cultural paulatina. En dos años más, quedará tocado de muerte. Esto es lo que el Gobierno ha permitido, que un sector de la economía productiva se destruya. Es incomprensible. Yo formo parte de la Asociación de Empresarios de Espectáculos Europeos, y cada vez que explico la situación en España nadie da crédito. En España tampoco lo entendemos”. Y añade: “Imagínate lo que habría dicho el turismo si se le hubiese subido el IVA al 21%. ¿Qué habría dicho el fútbol?” Pueden leer la entrevista completa aquí. Y extraigan ustedes sus propias conclusiones.

  • Camina o revienta

    Esta situación, además de todo lo expuesto, también plantea una gran contradicción ideológica y de principios. Si el gobierno mantiene y alimenta instituciones culturales públicas representativas como el CDN o la Zarzuela, las compañías nacionales, orquestas…etc nos está mandando un mensaje de que la cultura ha de tener cierta protección pública y de que es necesaria…; a la vez que hace esto sube y mantiene el IVA cultural al 21% con lo cual el mensaje que nos esta dando que para ellos la cultura es un “artículo de lujo”. Como casan ambas direcciones? Con esta catalogación de la cultura como “artículo de lujo” promovida por el gobierno lo coherente sería privatizar y demoler todas las “células culturales públicas” que mantienen. Ambos discursos son en si mismo contradictorios…nadie se imagina un gobierno subvencionando y manteniendo vehículos de lujo. Por esto creo que ni siquiera es una cuestión ideológica, es mas triste; es un castigo premeditado a todo un estamento social que en su día tuvo un protagonismo político que algunos no olvidan y todas las idas y venidas, además de mostrar una contradicción y una pelea intestina mas del partido que gobierna contra el propio gobierno, obedece a un plan sistemático para aniquilar un sector que incomoda y que, todavía, tiene cierta voz pública que es justo lo que no podemos perder

  • SILENCIO

    Es muy simple; se llama venganza contra el sector que movilizó a toda España contra una guerra injusta. Nada más. Es pura venganza

  • Pepo

    Estoy de acuerdo que es una venganza, pero esto funciona así desgraciadamente, saludos

  • Adrián

    Ha sido un guiño al sector del teatro haciendo un poco de teatrillo con que se iba a bajar el IVA cultural, ¿pero para qué si se puede recaudar más si no lo haces? y total, es sólo cultura… ¿no?

  • Hermanos Lopez

    Es una pena, dado que debería ser uno de los sectores que menos iva debería pagar, dado que es algo esencial.


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