Ignorancia o intolerancia

Pablo Bujalance | 7 de febrero de 2016 a las 23:48

La cachiporra de Títeres desde Abajo.

La cachiporra de Títeres desde Abajo.

Cuando escribo estas líneas, dos miembros de la compañía Títeres desde Abajo continúan en prisión desde el pasado viernes a cuenta de la representación de la obra La bruja y don Cristóbal en Madrid. No he visto la obra ni conozco a la compañía, así que me veo obligado a escribir con mucho tiento y procurando sustraerme de todo el ruido, lo que no resulta precisamente sencillo. Los asuntos relativos a la libertad de expresión son muy delicados y no soy lo suficientemente versado en derecho (más allá de lo que profesionalmente me atañe, aunque mis lidias son otras) para pronunciarme con determinación, así que no lo voy a hacer. Pero hay algo que resulta desconcertante en este caso: que los responsables de la obra lleven tres días en prisión acusados de enaltecer el terrorismo cuando los motivos que sustentan esta acusación son, cuanto menos, discutibles. ¿Se puede enaltecer el terrorismo desde una obra de teatro? Por supuesto. ¿Es lo que ha sucedido? A tenor de la escasa información fiable que circula, todo invita a pensar que el problema es otro. La denuncia de enaltecimiento del terrorismo proviene del lucimiento en la obra de marionetas de un cartel que reza: Gora Alka-ETA. Se trata, al parecer, de un juego de palabras derivado de la expresión en euskera gora alkatea (viva el alcalde). Fuentes del entorno de la propia compañía, fundada en Granada en 2012, han explicado que son unos personajes de la obra los que cuelgan el cartel al cuello de otro para vincularlo ante la opinión pública con ETA y así garantizar su defenestración; un guiño a la actualidad grotesco y seguramente no muy afortunado, pero que, dado el correlato con ciertas actitudes exhibidas en los últimos años por el partido del Gobierno hacia sus adversarios políticos, no pueden considerarse per se un ejercicio de enaltecimiento de ETA sino, precisamente, una crítica abierta a esta estrategia. En todo caso, hablamos de teatro; y un juez debería saber (no digo que no lo sepa) que el lucimiento de un determinado lema en un escenario nunca puede evaluarse e interpretarse del mismo modo que fuera del mismo. La escena ofrece un contexto muy poderoso que modifica (a veces radicalmente) los significados y es desde este contexto como han de ser considerados los mensajes. Sí, es teatro. Así funciona. Y quienes se han mostrado favorables a la pena impuesta a los titiriteros no parecen, a tenor de sus declaraciones, conscientes de que en el teatro una cosa es el mensaje y otra el contexto; y que el arte dramático sucede, en gran medida, cuando un contexto escénico modifica el significado que un mensaje tendría fuera del mismo. Es decir, lanzar aberraciones contra el cartelito sin reparar en las causas, procedimientos y connotaciones con los que éste aparece ante el público sí puede considerarse un síntoma de ignorancia respecto a las leyes interpretativas del teatro. Yo quiero ser prudente aquí y reclamo la misma prudencia a todo el mundo. Si esta visión se extendiera, no sólo habría que prohibir el teatro de cachiporra, violentamente explícito hasta, a menudo, lo aberrante; también, por las mismas razones, a Shakespeare (ya la que fuera candidata republicana a la vicepresidencia de EEUU, Sarah Palin, incluyó en su programa la eliminación de todas las obras del Bardo en los teatros y bibliotecas públicas exactamente por estos motivos) y casi todo el Siglo de Oro español. Quiero creer que quien ha decretado una orden de prisión tan rápida y fulminante sí entiende la diferencia. Lo que no comprendo es cómo ésta no ha quedado dilucidada después de tres días.

Posiblemente, quién sabe, se esté buscando una solución que dé satisfacción a todas las partes, lo que no resulta sencillo. También son apasionantes los asuntos relacionados con la libertad de expresión, por cuanto entran en el debate público dictámenes propicios a lo absoluto, con la desconfianza asegurada a cualquier intento de matización. Pero también resulta difícil justificar que se mantenga en prisión a dos personas sólo para, de alguna forma, contentar a quien mira al teatro con intolerancia, a quien sostiene que nadie aquí se debe salir del tiesto. Cuando Leo Bassi estrenó en España su espectáculo La revelación hubo, además de un atentado frustrado, discursos encendidos que reclamaban su supresión y la sanción al autor porque se afirmaba, entre otras cosas, que, en su imitación del Papa, Bassi hacía como que consagraba preservativos a imagen de la sagrada forma, lo que era rigurosamente falso (únicamente los repartía entre el público). A menudo, a la hora de ver el mal en una obra de teatro, los acusadores llegan a imaginar agresiones retorcidas que superan con mucho la intención real de los artistas. Pero ya advirtió Erasmo que en el ánimo censurador pesa mucho más la facilidad de sentirse ofendido que el deseo de ofender. Y sospecho (insisto, sin haber visto la obra) que con Títeres desde Abajo ha sucedido algo parecido.

También se presenta como agravante el hecho de que la compañía actuara ante un público infantil. Sobre esto, la verdad, hay poco que decir. La responsabilidad última corresponde a los programadores, que, tal vez, tratándose de un espacio público y de un equipo de gobierno local reciente, han pecado de pardillos (a menudo se incluyen directamente las obras de títeres en programas infantiles únicamente porque se da por sentado que son para niños). Tanto es así que la compañía aloja en su página web vídeos de todas sus producciones, así que sólo con un poco más de interés se habría evitado tan desafortunado estropicio. Me cuesta mucho calibrar, en todo caso, el alcance de la agresión a un público infantil que seguramente no sabrá de qué va todo esto. De todas formas, es responsabilidad de los padres explicar a sus hijos lo sucedido, como a seres inteligentes, sin miedo y sin supersticiones (con todo esto quiero dar a entender que, si bien el error de los programadores puede ser grave, tampoco los hace merecedores de la hoguera, en tanto que, seguramente, las consecuencias no deben ser difíciles de reparar; por otra parte, yo tengo una hija de siete años y cuando la llevo al teatro, cosa que hago a menudo, me preocupo por enterarme en la medida de lo posible de qué vamos a ver; sólo por lo que La bruja y don Cristóbal exhala a primera vista, nunca se me habría ocurrido llevarla a ver una obra así; pero la responsabilidad de los padres es otro asunto no menos delicado). Nada de esto, en cualquier caso, justifica una estancia en prisión tan dudosa y con tan pocas garantías. Conforme pasa el tiempo, más feo se hace el cariz del asunto, también en lo político. Imagino que episodios así son normales en un país que desconoce profundamente lo que es el teatro, y ya sabemos que la ignorancia conduce a la intolerancia. Lo de sacar el cartelito, a un servidor, que ha dejado bien a las claras y muy a menudo en cantidad de artículos lo que opina de ETA y de cualquier intento de relativizar su tiranía criminal, le parece una estupidez. La acusación de enaltecimiento del terrorismo, un sinsentido. No se percibe que digamos mucha madurez. Y esto sí que da pena.

  • Bobo Tremendo

    Además del obvio absurdez y abusividad de penas carcelarios por meramente exhibir una pancarta, estamos frente de la estupidez tremenda de quien tiene que interpretar los leyes. Un juez incapaz de distinguir entre el enaltecimiento de un idea y la representación en una obra teatrica de alguien que enaltece esta idea, debería estar inhabilitado para ejercer su supuesta profesión. En este caso el hecho es aún más grave. La obra no representa alguien que enaltece el terrorismo, sino alguien que comete el abuso de atribuir tal enaltecimiento a quien no lo ha hecho, circunstancia que, ironicamente, es exactamente lo que pasa con los titiriteros encarcelados.

    Esto es una farsa tremenda, y la connivencia de todos los actores en el espectro político da vergüenza ajena. Parece que nadie tiene el coraje para decir lo obvio. Son penas desproporcionadas propias de las dictaduras más rancias, como las de Franco o Stalin, y es una interpretación del ley y los hechos lamentable por su cegura.

  • JUAN GUERRERO

    SI HUBIERA JUECES COMO ESTE EN EDINBURGO, EN EL FRINGE FESTIVAL HABRIA 10.000 0 15.000 EN EL TALEGO. MENOS MAL QUE ALLI CREEN EN EL ARTE Y NO EN IDEOLOGIA POLITICA. ASI ESTAMOS, QUE NO SACAMOS NINGUN ARTISTA A NIVEL INTERNACIONAL

  • David

    Es absolutamente escalofriante, y la mayor parte de la prensa escrita, en lugar de salir a defender la libertad de expresion se dedica a difundir mentiras para vender ejemplares. Lamentable.

  • Mr Droap

    Totalmente de acuerdo con usted. Que enchironen a Lorca que en el retablillo de don Cristóbal hacía apología de la violencia. Ah, que a Lorca ya lo mataron! Vaya, han llegado tarde los de la TDT party

  • Paco Campos

    Lo que es lamentable es intentar manipular y transmitir a los niños como valores el odio y el fanatismo político disfrazado de cultura
    Y por favor no ensuciar mas la palabra de titiritero que jamas ninguno de los buenos profesionales que llevan años trabajando con los niños se hubiera atrevido a intentar manipular con semejante acto ruin…

  • Vicente Ruiz Raigal

    Inquisidores siempre los vamos a tener en este país de charanga y pandereta. La cultura, y por ende los artistas que la hacen posible, siempre vamos a estar en el ojo del huracán caciquil, mierdoso y embustero de la progesía de hogaño y la burguesía de antaño. Libertad de expresión bien definida ya, porfa!

  • Pipo Lobo

    Aquí no salimos de los tópicos inyectado en vena, que si país de Charanga y pandereta, que si Franco, que si Stalin…Quizás se hayan pasado de la raya con la condena, que se haya interpretado de manera rigurosa la ley, pues sí, puede. Yo no soy jurista, aunque aquí parece que todo el mundo entiende de leyes.
    De lo que no debe haber discusión es que es que como dice Paco campos es lamentable esa burda manipulación y fanatismo político disfrazado de cultura (más excrable en un contexto infantil, ¿dónde está el Defensor del Menor o la fiscalia? ¿viendo el twiter de Fran Rivera?).
    No sólo se ha trivializado (no satirizado) con el Terrorismo, sino con otras formas de violencia como la de género ( o es que una monja no es una mujer). Pero lo más grave es llamar a este bodrio Sátira (lo han visto, véanlo) y comparar a estos “activistas” del tres al cuarto con Lorca, eso sí que merecería cárcel incondicional. Pero ya sabemos que esto es lo que quieren y buscan con estos “pollos” televisados; los radicales sólo se sostienen y encuentran su razón de ser en el Victimismo (de ellos, claro)

  • Libertad, sólo para los de un bando.

    Estoy absolutamente seguro de que en nombre de la libertad de expresión D. Pablo Bujalance no tendrá el más mínimo inconveniente en que se represente una obra de guiñol para público infantil en la
    que se exalte en pancartas a la Triple A, se violen feministas, se apaleen inmigrantes o se asesine a miembros del Partido comunista. ¿ O acaso me equivoco D. Pablo? Total , si siguiendo sus propias palabras “un público infantil seguramente no sabrá de qué va todo esto “…

  • Pablo Bujalance

    Hola, con respecto al último comentario: me refería sólo a que difícilmente un niño va a interpretar un cartel en el que reza ‘Gora Alka-ETA’ como apología del terrorismo. Algunos padres que estuvieron tanto en la función de Madrid como en la de Granada han confirmado que fueron advertidos del contenido de la obra antes de la representación y que, en su opinión, nada en la obra hacía enaltecimiento del terrorismo ni de la violencia. Siempre, insisto, dentro de los códigos del teatro. Lo que digo es que, en última instancia, es responsabilidad de los padres, y más si son avisados, el quedarse a ver la obra o marcharse. Gracias

  • Mª Dolores

    Me parece mentira que a este bodrio se le pueda llamar teatro y hablen de libertad de expresión, Sr. Pablo no intente defender lo indefendible. Una obra para NIÑOS que exhibe violaciones, a monjas precisamente, que ahorcan a jueces, precisamente y enaltecen a asesinos no es libertad de expresión es un ultraje y una vejación a ciertas instituciones. Qué pasa que aquí vale todo, pues no Señor. Tengo tres hijos educados en la lectura desde pequeños y siempre me he preocupado de ofrecerles la correspondiente a sus edades. Esta obra no era para niños y así lo ha reconocido la propia Cármena y no se ha avisado a los padres antes de la función. Hombre ya está bien de tanta manipulación, que siempre son los mismos. Que la cultura no entiende de derechas ni izquierdas. Lo que hay que hacer son obras que transmitan valores y dejarnos de tanta mediocridad.

  • Pablo Bujalance

    Hola María Dolores, mil gracias por su comentario. Quizá la mayor confusión de esto deriva de que la obra, efectivamente, NO era para niños. La compañía afirma que lo advirtió tanto al Ayuntamiento como al público antes de la función. ¿A quién creemos? Yo también tengo una hija de siete años y créame que sé bien lo que hago cuando la llevo al teatro, algo que ella adora y que contribuye, y mucho, a su formación como persona. Nunca la llevaría a ver una obra así. Pero si eliminamos del teatro todo lo que suene a violencia, agresión y vejación, habría que prohibir para siempre a Shakespeare, Sófocles y Esquilo. No defiendo la vejación ni la agresión, sea a quien sea, de un partido o de otro, de un lado o del contrario, y casi me da vergüenza tener que aclarar esto. Defiendo que en el teatro se puede decir TODO porque es eso, teatro. No saquemos más las cosas de quicio. Un saludo.

  • El gato con botas

    La apología del terrorismo lo es se haga en la calle o en un escenario (por cierto, era en una plaza pública). Naturalmente se acepta la crítica a los errores, hipocresías pero no a un conjunto de profesionales porque sí haciendo extensivo el comportamiento de uno o unos.
    Cuando la crítica es sistemática y tendenciosa a una parte de la sociedad, obviando la de otra parte ya se trata de crear, en este caso en unos niños, prejuicios hacia esas personas.