Cuerpos que se mueven

Pablo Bujalance | 2 de junio de 2016 a las 5:00

'Conditions of being a mortal', de Hodworks.

‘Conditions of being a mortal’, de Hodworks.

El tiempo pasa volando pero, afortunadamente, no contra nosotros: Cádiz en Danza celebrará su decimoquinta edición (ahí es nada) del 4 al 11 de junio con un programa que reúne a treinta compañías (locales, nacionales e internacionales) con cerca de cuarenta funciones en doce espacios de la ciudad, escénicos y urbanos, conscientes e inconscientes, propios y extraños. Y lo suyo es acercarse, porque el certamen ha preparado para la ocasión un menú apetitoso para todos los gustos que permitirá, una vez más, calibrar qué puñetas se cuece en la danza contemporánea y, más aún, tomar el pulso a los contextos más próximos respecto a lo que sucede en los menos. Conviene no perderse, de entrada, al bailarín y coreógrafo Guy Nader, que junto a María Campos y su compañía GN|MC, con sede en Barcelona, presenta en la apertura del festival en el Falla Time takes the time time takes, después de su puesta de largo en los Encuentros Coreográficos de San Denis en París. Otra propuesta imprescindible es la que presentan los húngaros de Hodworks, con Adrienn Hód a la cabeza: Conditions of being a mortal, que tendrá en Cádiz su estreno andaluz, es una celebración brutal y explosiva de la carnalidad, la se(n)sualidad y la sexualidad, que ofrece un retrato abismal del hombre contemporáneo, tristón, gris y urbano, a base de zarpazos, jadeos, combates cuerpo a cuerpo y descomposiciones anatómicas en grado sumo. Yo tampoco me perdería Über Die Absicht, la breve pero elevada creación de Sofia Pintzou, con sus dosis de violencia y su itinerario político, que debe disfrutarse a lo grande en la Central Lechera; ni el monumental Venere de Daniel Abreu con sus seis bailarines en escena y su celebración clásica de la contradicción; ni la participación de la japonesa Ruri Mitoh con Matou; ni el Zero existencial de Cuenca / Lauro, ni tantas otras propuestas que hacen de Cádiz en Danza un festival necesario y urgente, flexible y maleable, capaz de concentrarse en lo mínimo para que toda una ciudad respire danza durante una semana, lo que no resulta precisamente sencillo. Las nuevas propuestas del Centro de Creación Contemporánea (Ecco) y las alianzas con otros certámenes como el Festival Fiver, A Cielo Abierto, el Circuito Danza a Escena y el Certamen Coreográfico Masdanza de Canarias revelan que Cádiz en Danza es, a sus quince años, precisamente, lo que debe ser: un adolescente inquieto, que quiere conocer gente, salir de casa, conocerse y (re)conocerse en lo que hace y en todo a lo que aspira.

Ahora que, definitivamente, el público español de danza sigue estando en otra parte, quizá lo apropiado consista en intentar que vuelva. Seguramente, la mejor conclusión de la programación de Cádiz en Danza, talleres formativos incluidos, es la certeza de que la danza es un arte necesario sin el que, necesariamente, somos menos humanos. Los replicantes, ya se sabe, no bailan. Y de éstos ya tenemos demasiados en todas partes.


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